sábado, 21 de julio de 2018

HOTEL TRANSILVANIA 3: UNAS VACACIONES MONSTRUOSAS

Estamos en una época que salvo honrosas excepciones el cine de animación parece nutrirse casi exclusivamente de refritos de otros éxitos, creando sagas antes que películas. Gru, mi villano favorito, Ice Age: la edad de hielo, Shrek (esta, afortunadamente, extinta), Como entrenar a tu dragón... Incluso Disney/Pixar está abusando de ello y, mientras está a la vuelta de la esquina Los Increíbles 2, tiene en cartera Ralph rompe Internet, Toy Story 4 y Frozen 2).
La última saga animada en hacer acto de presencia es la de Hotel Transilvania, que estrena su tercera entrega bajo el subtítulo de Unas vacaciones monstruosas.
Dirigida de nuevo por Genndy Tartakovsky, el realizador que lo empezó todo no tenía pensado hacerse cargo de las aventuras de Drácula y su “familia” de monstruos hasta que sufrió una experiencia realmente desastrosa durante unas vacaciones y le llegó la inspiración para incluso participar en el guion de esta nueva aventura de Drácula, Mavis y compañía. Quizá eso se pueda traducir en que Sony le ha dado algo más de libertad creativa, de manera que si bien no es una grandiosa película, como no lo es ninguna de la saga, sí sube un poco el listón. A los monstruos le sienta francamente bien abandonar su entorno habitual y el delirio visual que supone esa Atlántida que es el destino final de sus vacaciones y el tono de slapstic que tiene el enfrentamiento histórico entre Drácula y la familia Van Helsing da mucho juego.
También ayuda el que uno ya se conozca a los personajes al dedillo, permitiendo enfatizar más los chistes basados en sus personalidades y haciendo la trama más coral, aunque luego se termine retomando los lugares comunes (el triunfo del amor, la familia por encima de todo) para caer en convencionalismos que impiden que la película destaque más de lo debido.
Con todo, este Hotel Transilvania 3 es, posiblemente, la mejor de la saga y funciona como imaginativo entretenimiento. Es de esas películas locas y divertidas que puede entusiasmar a los más pequeños y que, por lo menos, no se convierte en una tortura para los padres.
A veces, tampoco hay que pedir mucho más.

Valoración: Seis sobre diez.

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