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sábado, 6 de octubre de 2018

BOOK CLUB

Aunque no sea catalogado como tal, existe un género cinematográfico que podría denominarse como “cine para mujeres”, que habitualmente suele estar conformado por comedias románticas, aunque nos ea necesariamente así. 
Sin que ello resulte para nada algo negativo (ni excluyente de que pueda gustar también al género masculino, por supuesto), Book Club pertenece claramente a esa categoría, a un cine por y para mujeres en el que Diane Keaton suele ser casi un icono. 
La inefable 50 sombras de Grey es otro ejemplo muy diferente de ese tipo de cine, aunque en este caso con un tono más (se supone) adolescente. Y es curioso que la referencia a la insufrible obra de E.L.James (novela, no película) sea el punto de arranque de esta comedia simpática y divertida, aunque sin demasiadas pretensiones, que tiene en su reparto su mejor baza.
Efectivamente, la película presenta a cuatro amigas que conforman el mencionado club de lectura del título que, tras compartir su afición por las letras con grandes obras universales, deciden dar un salto al vacío y aventurarse en los mundos del famoso Christian Grey y sus “juegos” amorosos. Repudiada al principio por ellas mismas, al elevado tono erótico de la obra terminará afectando a sus vidas personales, influyendo, de manera muy indirecta, eso sí (tampoco es que se trate de una obra que pueda cambiar la vida a alguien por sí misma), en sus decisiones futuras.
Una trama muy simple en la que lo más logrado está en la perfecta diferenciación de personalidades entre sus protagonistas (lo cual deriva también en sus diferentes actitudes ante la vida, desde el punto de vida sexual y sentimental, al principio, pero en general al final), por lo que de nuevo, tal y como sucedía en Todos lo saben (película que juega en otra liga, desde luego), el acierto en su casting es fundamental para el correcto funcionamiento de la película.
Book Club está conformada por grandes actrices, algunas ya viejas glorias, que lo dan todo para hacer más apetecible la película y que, cuanto menos, saben transmitir al público lo bien que ellas mismas se lo han pasado filmándola. La incombustible Jane Fonda, una Diane Keaton haciendo de Diane Keaton, la siempre interesante Mary Steenburgen y la olvidada Candice Bergen (aunque no ha parado de trabajar, ¿alguien la recordaba más allá de Murphy Brown?), a los que hay que añadir unos comparsas de lujo, como Andy García (recién salido de Mamma Mía!), Richard Dreyfuss (otro grande al que le tenía perdida la pista), Craig T. Nelson o, sobre todo, Don Johnson, que sigue teniendo el carisma suficiente para hacer crecer una película con su sola presencia.
Book Club está rodeada por situaciones previsibles y tópicas, desde luego, pero con la suficiente gracia y buen gusto como para permitir un visionado agradable y bastante divertido. Y es que, al final, va a resultar que las dichosas 50 sombras sí van a servir para algo...

Valoración: Seis sobre diez.

martes, 29 de diciembre de 2015

NAVIDADES, ¿BIEN O EN FAMILIA? (5d10)

Viendo el título de esta película, y contemplando el reparto o incluso el cartel promocional, lo fácil sería pensar que estamos ante otra comedia navideña más, la típica apuesta de estas fechas en los que se hace una burla a las etiquetas impuestas por la sociedad alrededor de la unión familiar que terminará derivando en un desastre muy divertido y que al final se solucionara en pos al espíritu navideño y los buenos deseos de todos.
Sin embargo, el directo Jessie Nelson (cuya última película, la conmovedora Yo soy Sam, data de 2001) y el guionista Steven Rogers (también afincado en el melodrama ligero) han querido dotar a esta película de un cierto aire trascendental, como una reflexión moral sobre el amor y la familia que termina dotando a la película de una incómoda pomposidad y, desde luego, nada de diversión.
Siguiendo el esquema clásico delas historias corales que terminan uniéndose al final de las mismas (al más puro estilo Love Actually), Navidades ¿bien o en familia? desgrana las miserias de un enorme núcleo familiar  y, basándose en los tópicos más recurridos del género (dos desconocidos que se conocen en un aeropuerto, el padre que ha perdido el trabajo y no se atreve a confesarlo a su familia, el anciano cargado de sabiduría, la familiar a la que rescatan de la residencia para pasar las navidades en familia o el inevitable susto que los lleva a todos a terminar en la sala de espera de un hospital) de una manera que, de haber apostado claramente por el melodrama, podría haber funcionado. 
Sin embargo, no es eso lo que nos quieren vender ( y la presencia de Ed Helms en el reparto así lo confirma) y la esperanza de entrar en la sala a ver esta película para reírse con las aterradoras reuniones familiares obligatorias en estas fechas y pasarlo bien por un rato se transforman en un jarro de agua fría al ver unos personajes desgraciados deambulando por la pantalla que me hacen dudar si la película (pese a su final) es decididamente pesimista o simplemente fallida.
Eso sí, en el lado positivo hay que destacar su impresionante reparto, en el que sobresalen sobremanera Alan Arkin, Marisa Tomei y John Goodman. Junto a ellos están Diane Keaton y Olivia Wilde haciendo unos personajes que suenan un poco a lo de siempre (Keaton lleva ya muchos años repitiendo el mismo papel, mientras que Wilde parece repetir el personaje autodestructivo de la también coral En tercera persona), pero no hay que olvidarse, entre otros, de la presencia de Amanda Seyfried o Anthony Mackie.
En resumen, una propuesta navideña que puede resultar interesante siempre que u8no sepa a qué atenerse. Su mayor pecado es aparentar algo que no es, aunque por lo menos, aunque todo suene a repetido, pretende tener una profundidad más allá de las típicas estupideces a los que nos tienen acostumbrados. Lo malo es que estas cosas les suelen salir mucho mejor a los británicos (y, tras ver Barcelona, nit d’hivern, a nosotros mismos), y esto no es más que una imitación americana muy descafeinada.

lunes, 24 de noviembre de 2014

ASÍ NOS VA * (4d10)

Podría ponerme en plan gafapastas y afirmar que Así nos va es una excelente metáfora sobre el paso del tiempo, el desgaste del talento desaprovechado y la demostración fílmica de lo cierta que puede ser la frase de que “cualquier tiempo pasado siempre fue mejor”.
O, dicho en otras palabras, estamos ante una tópica y simplona comedia romántica geriátrica protagonizada por un Michael Douglas más apergaminado que su propio padre, el eterno Kirk, una Diane Keaton muy distante de las damas elegantes y sofisticadas que tan bien encajaba en las película de Woody Allen y derivados, convertida ahora en una clon de sí misma encasillada en el permanente papel de “abuelita marchosa y guay” y, sobre todo, dirigida por un Rob Reiner que debe vivir de las rentas de su pasado y sobre el que debemos recurrir a la IMDb para comprobar que ha seguido activo los últimos años aunque su último éxito con algo de personalidad se remonte a un lejano 1995.
¿Quién podría reconocer aquí al fabuloso realizador que empalmó entre 1986 y 1992 cinco títulos tan dispares como geniales como fueron Cuenta conmigo, La princesa prometida, Cuando Harry encontró a Sally, Misery y Algunos hombres buenos?
Así nos va es la previsible historia de Oren Little un viudo huraño y cascarrabias que recibe sin previo aviso la visita de un hijo al que apenas ve para informarle de que está a punto de ingresar en prisión y debe dejar a su cargo a su hija Sarah, una nieta totalmente desconocida para Oren. Obligado por las circunstancias, Oren recibirá la ayuda de su vecina Leah (cantante de bar ocasional), la única de la comunidad con la que parece que el rango de odio y antipatía es algo menor.
A partir de aquí, ¿pues qué queréis que os cuente? ¿Me acusareis de spoilearos si os digo que la existencia de la niña logrará ablandar el pétreo corazón de Oren, que sus vecinos descubrirán en él a una persona que desconocían por completo o que su amistad con Leah se teñirá de rosa? No hay nada nuevo bajo el sol, y desde la primera escena la película sigue los cánones del género a rajatabla, sin reservarse la más mínima sorpresa ni apartarse un ápice del camino establecido. No hay nada en el film que pueda sorprendernos, por lo que solo nos queda disfrutar (o no) de un comedia de chistes fáciles, tan blanca como edulcorada y con el único aliciente de escuchar a Keaton cantando, lo cual, por cierto,  no hace nada mal.
Quizá sea una película adecuada para pasar una tarde lluviosa de domingo, pero poco más. Me temo que los antaño seguidores de Reiner debemos olvidarnos de su pulso firme y maestro como director y conformarnos con vivir del recuerdo y disfrutarlo ocasionalmente en su faceta como actor de paso en títulos como la relativamente reciente El lobo de Wall Street.
Habrá que conformarse.

lunes, 6 de mayo de 2013

LA GRAN BODA (6d10)

Nos encontramos ante una de esas películas francamente fáciles de comentar, ya que de antemano se puede intuir lo que va a ofrecer y en ese sentido no engaña lo más mínimo. Enmarcada dentro de un estilo específico de comedia romántica siguiendo la estela de , por ejemplo, Los padres de ella, se compone de una historia de enredos y malentendidos sin traumas demasiado fuertes (la comedia siempre prevalece, a diferencia de las comedias románticas de los noventa representadas por Meg Ryan o Sandra Bullock donde en ocasiones la melancolía terminaba por empapar las películas de tristeza, aunque solo sea porque ese tipo de films siempre ha tenido una segunda vida en la venta de sus bandas sonoras y las canciones tristes venden más que las alegres;  otra cosa es diferenciar si es comedia buena o no), con un ambiente generalmente ostentoso (enormes casas familiares con hermosos paisajes alrededor,  si es con posibilidad de lago, mejor) y un buen reparto (en este caso, extraordinario), capaz de aunar nombres con talento,  jóvenes guapos y algún punto intermedio que esté próximo al público objetivo, es decir,  mujeres de mediana edad en adelante. Una última posibilidad es la incursión de un personaje ligeramente externo a la trama como punto cómico (al estilo del cura que interpreta Rowan Atkinson en Cuatro bodas y un funeral).
La historia es enredosamente simple: Don es un hombre divorciado con dos hijos naturales y uno adoptado que vive actualmente con su pareja actual, la exmejor amiga de su exmujer. Todos se reúnen para la boda del hijo adoptado, a la que también asistirá la madre biológica del mismo y su hija. El problema es que estas son profundamente católicas y contrarias al divorcio, por lo que el joven, temiendo decepcionarlas, pide a sus padres adoptivos que finjan que siguen casados, con los equívocos, complicaciones y alborotos que ello conlleva (dato curioso: la madre biológica es colombiana y no sabe ni papa de inglés;  en la versión española,  para mantener los chistes derivados de los problemas de idioma, la han convertido en brasileña y todos tan contentos).

Como ya he dicho, el punto fuerte de la película es el reparto, siguiendo el esquema antes mencionado. Así,  tenemos a tres actores de sobrada calidad como son Robert DeNiro como el patriarca de la familia, Diane Keaton como se exmujer y Susan Sarandon como su pareja actual. Para la pareja enamorada tenemos a Ben Barnes (El retrato de Dorian Grey, Las Crónicas de Narnia: El príncipe Caspian)) y Amanda Seyfild (Mamma mia, Los Miserables) y los dos hermanos restantes son Tobey Grape (Spiderman 3) y Katherine Heigh (Anatomia de Grey y varias comedietas insulsas a cual peor). Y el secundario cómico lo compone el últimamente olvidado Robin Williams. Un reparto de lujo que conforman la mejor (y casi única) excusa para acercarse a una película de buenas intenciones y sonrisa fácil, pero que no llega a conseguir una carcajada abierta en ningún momento y a la que se le echa de menos un poco más de mala baba y diálogos más brillantes. Todo lo que sucede termina siendo completamente previsible,  con un final obligatoriamente feliz, perdonándose todos a todos y más contentos que unas monas. Pero teniendo en cuenta que eso es justamente lo que se espera de una película así, pues sería tonto sentirnos engañados o decepcionados.

Aceptemos esta lujosa invitación de boda, pasémoslo distraídamente bien un par de horas y olvidémosla al volver al mundo real. No hay que pedirle más.