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lunes, 25 de julio de 2016

ELECTION: LA NOCHE DE LAS BESTIAS: Brillante punto y final.

Resulta curiosa (y hasta confusa) la decisión que se llevó a cabo en España a la hora de traducir el título de la película de 2013: The Purge. Como si La Purga fuese algo difícil de entender, se decidió dejar el título en inglés y añadir el subtítulo de La noche de las bestias, manteniendo el absurdo en sus dos secuelas, de manera que la saga The Purge se ha convertido aquí en la saga La noche de las Bestias. En fin…
El caso es que aquella película de hace dos años con la que el guionista James DeMonaco se consagraba como director resultó ser una pequeña decepción ante lo enormemente interesante de su propuesta: en una sociedad ligeramente futura en los Estados Unidos se decide celebrar una noche al año donde los delitos de vandalismo u violencia gocen de total impunidad, permitiendo así dar rienda suelta a los instintos más bajos del ser humano y garantizando, supuestamente, que el resto del año la violencia será fácilmente controlada. Aunque ya apuntaba esa obra a denuncia social, la limitación de su presupuesto obligaba a que toda la acción se limitara al interior de una casa, con lo que el original punto de partida se volvía algo rutinario y repetitivo pese al buen hacer de sus protagonistas, Ethan Hawke y Lena Headey, aunque ya hacía gala DeMonaco de una puesta en escena impactante y un gran diseño de personajes, con unos villanos caracterizados con máscaras y atuendos realmente perturbadores.
La película funcionó lo suficientemente bien como para dar pie a una secuela (Anarchy) en la que el propio DeMonaco hizo lo que todo el mundo deseaba: trasladar la acción a las calles y crear un personaje, el Leo Barnes interpretado por Frank Grillo (una versión nada disimulada del Punisher de Marvel), que pudiera hacer frente a los violentos, amplificando el conflicto en lugar de limitarse a repetir el esquema de víctimas atrapadas luchando por su supervivencia. Ya se intuía aquí, además, que las intenciones del gobierno (esos autoproclamados Nuevos Padres Fundadores) no eran tan benévolas como decían.
He dedicado tanto tiempo a repasar las películas anteriores porque con la tercera (y presumiblemente definitiva) película de la saga, DeMonaco se ha quitado directamente la careta (pero no la de sus personajes, que siguen luciendo un  look gloriosamente grotesco) para señalar con el dedo a un gobierno corrupto ávido de poder y dinero pero con un ligero mensaje de esperanza. Los políticos no son todos malos, como se suele decir. Sólo los que gobiernan. Y en ello está la senadora candidata Charlie Roan (Elizabeth Michell, la recordada Juliet de Perdidos), que con la ayuda, de nuevo, de Leo Barnes tratará de hacer frente a la cúpula de poder que se escuda en la decadencia de la sociedad para seguir justificando una Purga que solo beneficia a los de arriba. Si es que logra sobrevivir a la noche, claro está.
Election: La noche de las Bestias es sin duda la mejor película de las tres, demostrando DeMonaco que es capaz de crecer con cada nuevo trabajo, que es capaz de sumar profundidad e intenciones sin abandonar las virtudes que definen la saga. Así, consigue que este nuevo film tenga mucha violencia y tensión pero sin dejar de ser por ello reflexiva y profunda. La decadencia de una sociedad donde se han perdido los valores y que, además, se vuelve ahora global (genial el concepto del turismo criminal) encuentra una pequeña llama de esperanza que invita a que la lucha, por fin, tenga sentido.
Pero lo mejor de esta última película es que, además, vista la saga en su conjunto, hace que la primera parte tome más sentido y gane en calidad. Lo que entonces parecía un film algo flojo se ha convertido en una brillante carta de presentación, en un simple primer acto de una historia que, dos años después, parece haberse completado.
No estoy seguro de si The Purge deba considerarse una saga de cine de terror, por más que la sangre fluya a borbotones y la violencia y asesinatos la definan, pero lo que está claro es que el retrato de DeMonaco del ser humano puede llegar a dar mucho más miedo que todos los fantasmas de James Wan juntos.

Valoración: Siete de diez.

lunes, 4 de mayo de 2015

DOBLE O NADA * (4d10)

Del antiguamente prestigioso Stephen Frears, que el año pasado pareció reconciliar a publico u crítica con Philomena (nominación al Oscar incluida) nos llega ahora su trabajo anterior, una película tan interesante en su reparto como decepcionante en su resultado final.
Demostrando que a Bruce Willis hace ya tiempo que se le apagó la estrella, Doble o nada está encabezada por una caricaturesca Rebecca Hall a quien la responsabilidad de sostener todo el peso narrativo parece venirle demasiado grande. Basada en una historia real, novelada además por la propia protagonista, Beth Raymer, la película sigue los esquemas clásicos de la chica perdida que sueña con triunfar en Las Vegas, aunque en esta ocasión el destino la salva de ser la típica camarera o bailarina de striptease para introducirla en el mundillo de las apuestas. Un argumento que invita al glamour y la intriga pero que se desarrolla con cierta apatía, resultando anodina y poco interesante. De poco valen las apariciones de rostros familiares como Joshua Jackson (recién salido de Fringe), Vince Vaughn, Frank Grillo o Catherine Zeta-Jones (la cual precisa de un agente nuevo de manera urgente), pues es el propio director (antaño grande entre los grandes merced de Las amistades peligrosas, Héroe por accidente o La reina) quien no consigue encontrar el ritmo adecuado a una película que oscila demasiado entre la comedia ligera y el drama, rescatando ligeras, ligerísimas pinceladas que podrían recordarnos a Ocean’s Eleven, El lobo de Wall Street o Showgirl pero que componen un batiburrillo que deambula sin rumbo fijo sin decidirse por ningún estilo propio.
Ninguno de los personajes tienen el carisma suficiente como para llegar a enamorarnos de él (por momentos no consiguen que los entendamos siquiera) y la total falta de empatía deriva en el bostezo continuo en una película que sin ser demasiado larga lo parece.
Me preguntaba qué había motivado a un film con semejantes actores y tan conocido director a ser estrenada con dos años de retraso y en cuatro salas de cine mal contadas. Ahora lo he descubierto. Una lástima, la verdad.

lunes, 4 de agosto de 2014

ANARCHY: LA NOCHE DE LAS BESTIAS (6d10)

Ya avisó en 2013 James DeMonaco que The Purgue : La noche de las bestias sería tan solo el primer capítulo de una saga que, tras los buenos resultados en taquilla, parece que va a tener representación anual, eso sí, cambiando intérpretes y esquemas.
Así, en Anarchy: La noche de las bestias (todo un despropósito de traducción al español del título original: The Purgue: Anarchy), nos encontramos de nuevo ante la fatídica noche en la que todo está permitido. 
Con la excusa de liberar a la bestia que todos llevamos dentro, durante esta determinada noche del año la ley no existe y los robos, asesinatos y violaciones no podrán ser juzgados ni castigados.
Mientras en el primer episodio del año pasado Ethan Hawke y Lena Headey descubrían que los sofisticados sistemas de seguridad de su casa de una rica zona residencial no iban a protegerles de la locura que se extendía la noche de la Purga, en esta ocasión nos trasladamos a los barrios pobres del extrarradio donde un variopinto grupo de desconocidos deberán aunar fuerzas para sobrevivir en plena calle.
Con un arranque que casi parece compuesto por tres historias diferentes, a modo de cortometrajes entremezclados que terminan confluyendo en una sola trama, vamos a conocer a Sergeant, una especie de justiciero (brillante Frank Grillo) que emulando a clásicos como Charles Bronson y un look que recuerda al Punisher de Marvel se aventura por las vacías calles de la ciudad con un objetivo en mente, aunque por el camino se verá obligado a salvar a Eva y Cali (madre e hija) y a la pareja a punto de separarse formada por Shane y Liz.
En la película que abría la saga, DeMonaco apostaba por una historia claustrofóbica que brillaba gracias al brutal concepto de la Purga y a la estética de los agresores, pero que se desinflaba a medida que avanzaba la acción, cayendo en tópicos y volviéndose previsible y rutinaria. 
Quizá para no atascarse más todavía, en esta ocasión ha cambiado radicalmente el escenario y ha apostado por los espacios abiertos, con persecuciones de coches y francotiradores que dificultan las odiosas comparaciones con el film de Hawke y Headey. Sin la posibilidad de sorprender que a priori ofrecía aquella, DeMonaco no se avergüenza en imitar, sobre todo en el tramo final del film, a otros títulos centrados en la caza al hombre, como El malvado Zaroff o Blanco humano
Con buenas dosis de acción y un ritmo ligero, DeMonaco se permite, además, tintar su película con un tono de crítica social que, curiosamente, se convierte a la vez en lo mejor y lo peor del film. Capaz de condenar la situación económica actual de un plumazo con una sola escena (un bróker ahorcado sobre la puerta de un juzgado), se podría aplaudir su discurso moralista contra el poder y la clase alta, aun rozando la demagogia, pero cuyas buenas intenciones caen en saco roto al reconocer en el mismo prólogo de la película que las intenciones de los llamados “Nuevos Padres Fundadores” con la Purga han conseguido sus propósitos y Estados unidos se ha convertido en una nación sin delitos, sin paro y sin pobreza. 
Así pues, DeMonaco bien podría haber apostado mejor por el debate entre la doble moral no ya de los gobernantes sino de nosotros mismos sobre si aceptamos el “todo vale por la causa” o preferimos ser libres e independientes a cambio de pasar hambre y penurias.
Pero tampoco vamos a exigir una lectura demasiado sesuda a una película que no pretende más que entretener con buenos momentos de acción y ligeras dosis de terror que, sin ser una maravilla, por lo menos logra distanciarse de su antecesora lo suficiente como para poder disfrutar de la misma sin tener la sensación de que nos quieren vender más de lo mismo.
No dudo que en un futuro muy cercano la propuesta se vaya a agotar y canse al más pintado, pero por ahora, sin ser una maravilla, cumple. Y con eso ya debe valer.