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viernes, 9 de abril de 2021

Visto en Movistar: LA CAZA

Hay una serie de películas que siempre serán recordadas por haber sido de las primeras valientes en haberse estrenado tras el estado de alarma de 2020, cuando éramos tan ilusos de pactar que esto de la pandemia ya estaba quedando atrás. Son películas que, sin embargo, apenas tuvieron visibilidad, en una época donde la gente aún tenía miedo de salir a casa, los cines no tardarían en volver a cerrar y Santiago Segura era el único que se las apañan por recaudar algo de dinero.

La caza es una de esas películas, un guion que en circunstancias normales quizá ni siquiera hubiese pasado por salas, ya que su factura es más propia de festivales como el de Sitges que de salas de estreno.

Sorprende, sin embargo, encontrarse nombres bastante conocidos en sus créditos, como Hilary Swank, Emma Roberts o Ike Barinholtz, pero sin duda el más llamativo es el de Damon Lindelof, que figura como guionista y productor. Lindelof, que fue odiado por las masas por firmar el final de Perdidos y el libreto de la defendible Prometheus pero que posteriormente se reconcilió con el fandom gracias a las series de The leftovers y, sobretodo, Watchmen, parece haberse rondado este trabajo como un ejercicio de relajación tras habrá carga emocional. Quién sabe si el guion de La caza surgiese durante una noche de borrachera con Nick Cuse, el otro guionista, pero este empacho de sangre y vísceras parece más una broma pesada que un trabajo de tan reconocido escritor.

Y el caso es que la gamberrada les ha salido bastante bien, las cosas como son.

El tema de la caza de humanos no es novedosa en el mundo del cine desde que en 1933 El malvado Zaroff abriera la veda. Tema recurrente usado generalmente para reflejar la vileza del ser humano o la diferencia de clases, podernos recordar títulos como Blanco humano, con Van Damme en su máximo apogeo, La presa, o, sí mezclamos géneros, Perseguido o Noche de bodas. Si a ello le añadimos el detalle de que todo arranca con un grupo de desconocidos sin aparente relación entre sí que tras ser drogados despiertan en un lugar desconocido, podemos recortar sagas de terror como Saw o Cube. Y algo de todo ello hay por aquí.

Así que se podría decir que no hay nada nuevo bajo el sol, por más que Lindelof y Cuse se esfuercen en ofrecer unos cuantos giros de guion bastante sorprendentes (sobre todo respecto a la falta de un protagonista claro en su primer tercio), pero aunque rascando mucho se podría encontrar algo de crítica social, lo que parece evidente es que ellos se han divertido mucho escribiendo este guion, y con ello consiguen traspasar la pantalla y conseguir que el espectador se divierta mucho también.

Es una película cafre y excesivamente sangrienta, desde luego, pero ese es precisamente su encanto, un festival de mamarrachadas recital, filmadas con gran dinamismo por Craig Zobel, y que resulta ideal para pasar un diminuto por la tarde rodeado de amigos alrededor de un bidón gigante de palomitas.

 

Valoración: Siete sobre diez.

miércoles, 5 de junio de 2013

LA CAZA (7d10)

Lucas es un buen hombre pasando una mala racha. Vive solo, su exmujer apenas le deja ver a su hijo y ha cerrado la escuela donde trabajaba como profesor. Pero las cosas nunca son tan malas como parecen. Encuentra empleo como cuidador en un colegio donde los niños lo adoran, tiene extraordinarios amigos en el pueblo, su hijo se rebela para poder venirse a vivir con él y conoce a una chica con la que podría volver a sentir el amor. Su vida parece enderezar el rumbo hasta el fatídico día en que Klara, la hija de de su mejor amigo,  confundida por la mezcla de amor y admiración que siente hacia él y que su edad no le permite comprender la llevan a decir una pequeña e inocente mentirijilla que la directora de la escuela interpreta como un caso de abuso sexual por parte de Lucas. Se inicia entonces una verdadera caza de brujas contra Lucas que amenazará con arruinarle la vida de sin posibilidad de vuelta atrás.
Esta es la historia de La Caza, una producción danesa de Thomas Vinterberg interpretada por Mads Mikkelsen con una sobriedad excelsa. Con semejante temática habría sido fácil que director o actor se dejaran llevar en busca del sentimentalismo fácil,  pero la frialdad de la película nos permite observar la historia desde lejos, sin dejarnos manipular por sus realizadores, que optan por mostrarnos los hechos y que el público decida entre arropar a un hombre inocente o justificar los actos de aquellos que piensan que están protegiendo a sus niños. Por ello La caza es una película dura, pues si resulta fácil denunciar un tema tan despreciable como la pedofilia aquí se muestra el otro lado, el del acusado al que ante la supuesta gravedad de los hechos se le niega la presunción de inocencia y sus más íntimos amigos pasan a convertirse es justicieros depredadores dispuestos a darle caza.
Aunque la metáfora de la caza sea quizás un recurso demasiado evidente lo cierto es que la película está narrada con un buen ritmo, sin perderse en senderos secundarios que aborda pero sin llegar a distraer de lo verdaderamente importante (la relación de Lucas con una profesora, la aparición de su hijo...) manteniendo una tensión contenida durante todo el metraje que impide que la película aburra pese a la ausencia de acción (la escena en el supermercado es de las pocas excepciones) gracias en parte a la gran labor del actor protagonista (habituado a personajes oscuros y malvados, como el Le Chiffre de Quantum of Solance, el Rochefort de Los Tres Mosqueteros o el doctor Lecter de la serie Hannibal), que sabe reflejar en su rostro los diversos estados emocionales por los que pasa su personaje: asombro, preocupación, indignación,  temor, odio... aunque el verdadero descubrimiento del film es Annika Wedderkopp, que interpreta a Klara en su primer papel en cine y que transmite una mezcla de vulnerabilidad e inocencia que hace imposible odiarla (tanto al espectador como al propio Lucas) pese a ser la detonante involuntaria del descenso a los infiernos del pobre profesor.

Interesante reflexión sobre la condición humana y su facilidad para juzgar sin reconocer las consecuencias.