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viernes, 25 de marzo de 2022

Visto en Movistar: NASDROVIA

Una cosa es opinar sobre una película o una serie y otra muy diferente recomendar. Lo segundo es mucho más complicado, ya que no solo cuenta el gusto del que escribe sino que debe tratar de identificar el gusto de aquel al que va dirigida la recomendación.

En ocasiones, sin embargo, es muy sencillo. Tal es el caso de Nasdrovia, una serie a la que me acerqué por sus actores y que, sin atraparme demasiado, terminé viendo casi de una sentada en su primera temporada. Recientemente, en Movistar se han dedicado a anunciar a bombo y platillo el estreno de la segunda, a la que ellos mismos califican como de «temporada final» y, antes de entrar a valorar sus virtudes y defectos, ya os anticipo una cosa: o vale la pena verla. Y no vale la pena verla porque, aunque ellos hablen de final, la realidad es que se trata de una cancelación en toda regla, y sin entrar en el spoiler ya os anticipo que el último episodio concluye con un cliffhanger enorme, tanto que aquí no cuela eso de «lo importante es el camino». Un final tan abrupto que me hace lamentar el tiempo que he dedicado a estas dos temporadas que ahora sé que no tienen sentido alguno.

Pero por si acaso alguien quiere atreverse aún a ver la serie, os informo de que se trata de una dramedia sobre dos abogados, expareja, que cansados de defender a corruptos se asocian con un cocinero para poner en marcha un restaurante ruso, sin saber que morirían de éxito y terminarían dando cobijo a un clan de la propia mafia rusa.

Tras una `primera temporada algo irregular, con Hugo Silva no demasiado metido en el papel y una Leonor Watling que se hace un poco cansina con el juego de romper la cuarta pared constantemente, en la segunda se sube la apuesta, ampliando escenarios y viajando hasta Rusia para profundizar más en la red mafiosa, pero noto como que les sigue faltando un punto para coger el tono adecuado. Hay momentos en que se ponen demasiado serios y reiterativos en sus discursos, haciéndole falta un poco más de locura y mala leche. Quizá el tono salvaje aunque inverosímil de, por ejemplo, Sky rojo, le habría sentado mejor.

En fin, que como propuesta no está mal del todo, teniendo sus puntos y aceptando las trampas que propone, pero todo eso cae en saco roto cuando el desenlace final está planteado para mostrarlo en una tercera temporada que nunca va a llegar.

miércoles, 16 de febrero de 2022

Visto en Movistar: TODOS MIENTEN

Pau Freixas, autor de un buen puñado de episodios de Pulseres Vermelles y creador, entre muchas otras, de la serie Sé quién eres, avala la nueva apuesta patria de Movistar+, Todos mienten, una lujosa producción de intriga y dramas familiares en torno a un asesinato en una elegante zona residencial donde, inevitablemente, lo primero que destaca es su espectacular reparto.

Todos mienten es tan adictiva como tramposa. Durante sus ajustados seis episodios la serie va dando saltos en el tiempo para narrarnos, en dos líneas temporales que pueden confundir un poco al principio, la relación de una profesora con un alumno y la posterior muerte de este.

Aunque los giros de guion son constantes y, como el propio título vaticina, todos parecen tener motivos para sospechar de ellos, la serie se desinfla en cierto momento, quizá por el abuso de un ecosistema tan limitado para el paisaje que se nos quiere mostrar. Estamos en una población aparentemente grande (lo que provoca otro punto de extrañeza, ya que el pueblo que se han inventado –que en realidad es una urbanización de Blanes- no tiene la presencia física necesaria, pareciendo como si las casas de los protagonistas y los pocos lugares comunes –la escuela, el hospital- pertenecieran a mundos diferentes), pero todo lo que sucede parece afectar tan solo a un puñado de parejas. Como dice una canción: «mira que el grande el mundo y esta ciudad es chica».

Todos mienten, aunque en apariencia no pretenda serlo, es una serie principalmente femenina (incluso algún personaje, como el de Ernesto Alterio, desaparece sin explicación de los capítulos finales), siendo ellas quienes llevan el peso de la acción, en especial unas muy correctas Irene Arcos y Natalia Verbeke. Esto, y la propia ambientación, hace que uno piense constantemente en los referentes que Freixas pudiese tener a la hora de crear (y vender) su propuesta. La primera que se me viene a la cabeza, por estilo y tono, es Mujeres Desesperadas. La segunda (que no deja de ser una variante de la misma), Big Little lies, de la que copia incluso el recurso narrativo de narrar pasado y presente en paralelo.

Compuesta como si de una obra de Agatha Christie se tratase, presentado a los sospechosos y empezando el descarte hasta quedarnos con la sorpresa final (tan inesperada que resulta algo forzada), la serie entretiene y se disfruta mucho durante su visionado, pese  a que se le intuyan las costuras, pero su desenlace se intuye algo artificial, dejando la sensación de que nos han tenido dando vueltas hacia cosas que, en el fondo, no importaban demasiado y haciendo que sepa un poco a timo. Siempre es interesante no poder acertar la identidad del asesino antes de tiempo, pero no si nos hacen trampas con la información.

En resumen, un buen trabajo interpretativo, bonitos paisajes y mucha tensión en una serie rápida de ver que se puede disfrutar tanto como olvidar después.

domingo, 23 de enero de 2022

Visto en Movistar: DEXTER: NEW BLOOD

Parece que hay como una maldición según la cual es imposible que una serie que ha alcanzado la categoría de mítica tenga un final que no genere polémica. Sucedió con Perdidos, se repitió con Juego de Tronos e incluso ha alcanzado al mundo de las sitcoms con ejemplos como Cómo conocí a vuestra madre o The Big Bang Theory.

No tenía yo la sensación de que Dexter, cuyo desenlace es cierto que no gustó demasiado, hubiese provocado las iras de sus seguidores, sobretodo porque a partir de la cuarta temporada la serie se empezó a desinflar y a perder a gran parte de estos, pero repasando ahora las crónicas de la época parece que sí, que el odio generado es superior, en muchos casos, al provocado por los adeptos a J.J.Abrams o George R. Martin hasta tal punto que, ocho años más tarde, los de Showtime han dado el visto bueno a una nueva temporada (ahora considerada como miniserie) para dar otro cierre a la historia del forense de la policía y su pasajero oscuro.

Dexter: New Blood nos presenta la nueva vida de Dexter, una vida en apariencia apacible y feliz, con una identidad falsa y capaz de haber encontrado el amor en el seno de una agradable y fría población de montaña. Vamos, todo lo apuesto a su Miami original.

Todo parece ir de perlas para el asesino más carismático de la historia de la televisión, pero el pasado es algo que siempre tiende a perseguirnos, y el suyo no iba a ser una excepción. Además, su pasajero oscuro sigue ahí, y tarde o temprano tiene que asomar para volver a tomar el control.

La gran duda que debate la serie es si el protagonista, por más que solo asesine a los «malos», siempre según el código que su padre le inculcó, merece redención por sus pecados o no. Por eso, más allá de las subtramas que se vierten en esta nueva temporada, con varios caminos abiertos entrecruzándose entre sí, es cuestión de la propia moral decidir el destino, ahora sí definitivo, de Dexter Morgan.

Para ello, se ha construido una temporada de diez episodios que peca de un arranque demasiado anodino. Para tratar de recuperar la conexión del público con el protagonista y asegurarse de establecer bien las claves de su nuevo status, la serie se toma demasiado tiempo, no teniendo demasiado claro si, de haberla visto al ritmo de un episodio por semana, no la hubiese abandonado tras tres episodios donde, aparte de organizar expediciones por el bosque en busca de un desaparecido, no ocurre casi nada. Por suerte, la serie se endereza y va tomando velocidad de cara a un final que, si bien considero adecuado para el propio Dexter, creo que ningunea a los nuevos secundarios aquí presentados, a los que nos habían enseñado a querer y cuyos destinos quedan demasiado en segundo plano. Otro error podría ser el abuso de la voz en off, redundada por la presencia fantasmal de la hermana de Dexter, la Debra de Jennifer Carpenter que resulta demasiado cargante.

De todas formas, la gran incógnita está en saber si el nuevo final del personaje encarnado por Michael C. Hall va a ser del agrado de sus fans. Y ya os dogo yo que, por más coherente y lógico que pueda parecer, la respuesta es no. Nunca puede llover a gusto de todos, y menos cuando está la moral por en medio.

Como sea, pese al peaje a pagar que supone el ritmo algo torpe de los primeros episodios, ha sido agradable volver a encontrarse con Dexter y su pasajero oculto. No soy muy partidario de reescribir finales, pero ya que lo han decidido hacer, bienvenido sea. Ahora sí, hasta siempre, Dexter Morgan. Intentaremos dejar de echarte de menos.

martes, 30 de noviembre de 2021

Visto en Movistar: THE BITE

Durante el confinamiento del pasado año, el encierro provocó un desarrollo de la creatividad que fue desde sacar al cocinillas que todos llevamos dentro (aunque no lo supiéramos hasta entonces) hasta la proliferación de guiones y proyectos que en otra época no habrían tenido cabida. Se debe, sin embargo, saber diferenciar entre el disponer de tiempo libre para desarrollar proyectos almacenados en el armario en espera de disponer de algo de tiempo libre de los simples proyectos para matar el aburrimiento.

Michelle y Robert King son el matrimonio detrás de éxitos como The good wife y The good fight que ahora triunfan con su último invento: Devil. Quizá ese aburrimiento que comentaba fue lo que inspiro esta miniserie de apenas seis episodios llamada The bite que, por lo que leo por ahí, parece haber gustado bastante a según qué críticos pero que a mí me ha parecido un despropósito mayúsculo.

The bite está situada precisamente durante el mencionado confinamiento, estando narrada, por tanto, a través de conversaciones de zoom y con muy poco recursos. Rachel es una doctora que, atendiendo a sus pacientes mediante video llamadas, descubre que el virus del Covid ha sufrido una mutación que transforma a los infectados (¡oh, sorpresa!) en zombis.

Es curioso que sea precisamente yo quien critique tan drásticamente un producto con zombis por en medio, pero es que la serie es tan tremendamente aburrida que se hace duro terminarla, pese a ser solo seis capítulos. Es como si los propios King hubiesen concebido esto como mejo divertimento, sin prestarle demasiado interés, y eso se transmite al espectador. Por un lado, por la confusa comedia que no casa nada bien con los largos discursos científicos que tratan de convencernos de la posible verosimilitud del virus. Por otro, el aspecto técnico y visual de la serie, filmada con cuatro duros, es tan paupérrimo que hace daño a los ojos. Los efectos digitales, muy escasos, son de vergüenza, y tanto los diálogos como las interpretaciones son lamentables también. Poco hay que salvar en una propuesta que podría parecer algo interesante a lo largo del primer episodio pero que se va desinflando hasta llegar a la mediocridad más absoluta.

En fin, una propuesta que podría haber interesado a aquellos que no son amantes habituales del cine de zombis, pero que visto su desarrollo no recomendaría ni para tener de fondo mientras se hacen las tareas del hogar. Totalmente prescindible.

lunes, 12 de julio de 2021

Visto en Movistar: PENÍNSULA

Después del soplo de aire fresco que supuso para el género zombi la película Tren a Busan, se esperaba con muchas ganas su secuela (dejando aparte la precuela en versión animada que ya existía). Pero la pandemia y la mala suerte han condenado a Península a estrenarse casi de tapadillo en una época en que los cines todavía no se atrevían a arriesgar con sus películas y no ha sido hasta su llegada a Movistar que la he podido ver al fin.

Hablo de la mala suerte porque, como punto de partida, la película cuenta con varios elementos en común con Ejército de los muertos, de Zack Snyder, con la que ha coincidido en el tiempo (cuando Península debería haber sido muy anterior). Ambas cuentan con la originalidad de plantear una sociedad que sigue su curso con normalidad mientras el apocalipsis zombi se reduce a una zona geográfica concreta (Las Vegas en aquella, la península de Corea en esta), a la vez que ambos hilos argumentales arrancan con el plan de realizar un robo dentro de la zona infectada.

Pese a los palos que ha recibido por parte de la prensa especializada (por llamarlo de alguna manera), ya que alguien tuvo las narices de presentarla en sección oficial en Cannes 2020 (antes de que el certamen fuese cancelado por el Covid), la película no es mala en sí misma. Su problema radica en la inevitable tentación de comparación con la anterior película. En aquella, pese a tocar todos los elementos comunes del género Z, Yeon Sang-ho sabía cómo tocar la fibra centrando gran parte de la acción en el drama de la niña protagonista, mientras que el delirante diseño de los zombis coreanos y las locas persecuciones por los andenes de las estaciones creaban una tensión tan divertida como aterradora. En Península, se le nota mucho el plumero de querer repetir jugada al tener no una, sino dos niñas entre el elenco de protagonistas destacados, renunciando a la carga dramática para apostarlo todo a una acción que, si bien es igual de desenfrenada y loca, se acerca más a las películas de Fast & Furious o incluso Mad Max que a un film de terror.

Así, Península es muy inferior a Tren a Busan y nunca va a entrar en el top de películas con zombis de ningún aficionado, pero eso no quita para que sea un buen entretenimiento al que se agradece que, al menos, haya arriesgado lo suficiente como para cambiar de escenarios.

 

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 11 de julio de 2021

Visto en Movistar: PASAJERO OCULTO

Pasajero oculto, es una de esas tonterías que tanto me gustan que llevaba tiempo con ganas de ver, pero su estreno en Filmin venía acompañado de un coste adicional (algo que, como ya sabrán los que me conocen, no comparto), por lo que he tenido que esperar a su llegada a Movistar para poder acceder a ella.

Dirigida por Roseanne Liang y reescrita por ella misma a partir de un libreto del ahora repudiado Max Landis, la película, de corte muy festivalero, cuenta la historia de una piloto que, durante la II Guerra Mundial, debe realizar un trayecto en un caza B-17 con una carga ultra secreta. Al principio, parece que el único problema con el que deberá lidiar es con el machismo extremo de sus compañeros de vuelo, pero una presencia no prevista llevará el trayecto hasta límites insospechados.

Aunque no se da mucha explicación, lo cual es hasta cierto punto positivo, sobre el origen del mal, Landis y Liang recurren al concepto del gremling (la criatura mitológica a la que le gusta destrozar cualquier tipo de maquinaria y que en tiempos de guerra culpaban de cualquier fallo mecánico) que dio origen a la mítica película de Joe Dante y cuya popularidad se debió, en gran parte, a la novela de  Roald Dahl. Hay ciertos paralelismos, es indudable, con el episodio dirigido por George Miller de la película En los límites de la realidad.

Es Pasajero oculto un producto extraño y difícil de clasificar. Con un claro sentido reivindicativo muy heredero de la época #metoo que estamos viviendo, Liang quiere homenajear, sobretodo mediante los créditos finales, a todas esas mujeres (en su mayoría anónimas) que combatieron en la IIGM, a la par que inicia su historia con la protagonista encerrada en la cabina del artificiero, con el resto de sus compañeros actuando en off y dotando al film de un sentido de angustiante claustrofobia que parece querer emular a títulos como Buried o la reciente Oxígeno. Sin embargo, hay, en un momento dado, un giro de ciento ochenta grados que lanza por tierra la poca verosimilitud que tenía hasta ahora la propuesta para volverse completamente loca, con piruetas ridículamente imposibles y desmadres varios. No es que me queje del resultado final, que cuanto más loco más divertido (quizá en ese sentido lo que le sobra es, precisamente, cierta subtrama romántica que ralentiza algo el ritmo), sino que quizá se debería haber apostado por ese tono desde el primer momento, quedando a medio camino entre el empoderamiento femenino, la aventura bélica y el fantástico más absurdo.

Con todo y con ello, la película funciona como un entretenimiento gamberro y canalla, con toques casi de dibujo animado y una Chloë Grace Moretz que ejerce como anfitriona y casi única invitada (con permiso del gremlin) de la fiesta.

Como digo siempre, bien vale para echarse unas risas. Y, si de paso, da unas pinceladitas de reivindicación femenina, pues mejor que mejor.

 

Valoración: Seis sobre diez.

martes, 4 de mayo de 2021

Visto en Movistar: PALM SPRINGS

Cuando Harold Ramis se convirtió en director de culto gracias a Atrapado en el tiempo (esa película que por aquí casi todos llama equívocamente El día de la marmota), poco imaginaba que su invento iba a ser copiado en repetidas ocasiones. Al filo del mañana, Feliz día de tu muerte o la serie Muñeca Rusa son solo algunos ejemplos más o menos recientes, de manera que Palm Springs es el más reciente.

Dirigida por Max Barbakow, la película es una nueva vuelta de tuerca, esta vez en clave de comedia romántica, al tema de los viajes en el tiempo mediante reinicios a partir de la muerte de los protagonistas. Todo gira alrededor de una boda en la susodicha Palm Springs, donde Nyles lleva ya un tiempo atrapado en ese bucle interminable hasta que Sarah cae en la misma maraña. Sin saber cómo revertir la situación, ambos tendrán la oportunidad de conocerse mejor, a la vez que deben evitar los histriónicos ataques de un J.K. Simmons desatado, quizá lo más divertido de la función.

Sin ser nada del otro mundo (ni tampoco pretenderlo), Palm Springs consigue aunar una buena dosis de comedia y drama sin que rechine, gracias a la construcción de unos personajes que desprenden empatía y cariño y que consiguen que el espectador se preocupe por ellos y por lo que les pueda acontecer.

Una parte del mérito es del guion de Andy Siara, que consigue dar pie a una comedia tan divertida como entrañable, pero también es muy importante la química que demuestran tener Andy Samberg y Cristin Milioti, manteniendo la película a flote en todo momento.

En fin, película sencilla y muy agradable de ver que, pese a seguir la estela, una vez más, de Atrapado en el tiempo, consigue tener una personalidad propia que la hace suficientemente fresca para que merezca la pena darle una oportunidad.

 

Valoración: Seis sobre diez.

jueves, 22 de abril de 2021

Visto en Movistar: CONTAGIO EN ALTA MAR

Contagio en alta mar es una película de terror pequeñita procedente de Irlanda que mezcla el terror y la claustrofobia con ligeros toques de moralina ecológica.

Siobhán es una joven estudiante de biología que para terminar su doctorado se embarca en un arrastrero de pesca con el fin de estudiar patrones de conducta de la fauna marina. Aunque no parece entrar con muy buen pie, pues su cabello pelirrojo se supone que da mala suerte (y tampoco es que ella sea muy sociable, que digamos), no tardará en firmar una unidad casi familiar con el resto de la tripulación cuando, tras penetrar en una zona restringida, sean atacados por una extraña criatura marina.

Estamos ante una producción muy pequeña, por lo que la directora Neasa Hardiman ha tenido que ingeniárselas para componer un relato de terror sin ajenas presupuesto, por lo que ha hervido que abusar de escenas de interior demasiado oscuras y conformarnos con ver poco más que los tentáculos luminiscentes de la criatura, que incómoda tiene cierto corte lovecraftiano. Por ello, en lugar de ver ataques directos del bicho debemos conformarnos con que sus largas infecten a los pescadores, que guiados por la joven estudiante tratarán de sobrevivir a la crisis.

La verdad es que, por todo lo dicho, como película de terror se me queda muy cortita. Cierto es que Hardiman se las apaña por crear varios momentos d tensión, pero tampoco es algo que no hayamos visto mil veces, mientras que la parte frenética tampoco llega a fallar lo suficiente, finalizando todo en un clímax no demasiado vistoso y poco explicativo.

Sin embargo, es en el debate mortal donde se encuentra algo de brillo en el film. Por un lado, por los dilemas que plantea y por otro por lo mucho que nos puede recordar (pese a que el film se realizó en 2019) a situaciones vividas durante la pandemia actual, donde el egoísmo individual muchas veces se enfrenta a la necesidad común.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

domingo, 18 de abril de 2021

Visto en Movistar: VICIOUS FUN

Rebuscando entre los estrenos de Movistar me he topado con una simpática película canadiense que, por sus aspiraciones, difícilmente tendrían cabida en una sala de cine convencional. Pero la plataforma de Telefónica parece estar acostumbrándose a recoger todo lo que pasa por Sitges y trata Vicious fun es la última prueba.

Fechada en el 2020, la película cuenta con un grano y una textura que evoca directamente con el cine de los ochenta, pero sin buscar ese elemento nostálgico tan saturado últimamente. No hay por aquí chavales en bici hablando por walkie talkies, para que me entiendan, pues no se trata de recuperar el espíritu de la Amblin, sino del cine de videoclub algo más marginal con reminiscencias al estilo Carpenter.

Joel es un chaval que escribe críticas de cine para la revista que da nombre al film que, encaprichado de su compañera de piso decide seguir a escondidas a su turbio novio para acabar metiéndose, literalmente, en la boca del lobo.

Una reunión de psicho killers de diversa índole dará pie a una orgía de sangre que, sin giros de guion demasiado memorables, cumplen como entretenimiento para los amantes del género.

Entretenimiento con salsa de tomate que funciona como un quién es quién del manual del psicópata.

 

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 11 de abril de 2021

Visto en Movistar: BECKY

Becky es una de esas películas festivaleras que tanto gustan en Sitges y que, ante la imposibilidad de destacar en cartelera frente a otros títulos «serios», tienen una segura vida en plataformas como Movistar.

Si quisiera ponerme dramático, podréis decir que la película trata de cómo una niña debe hacer frente a la muerte de su padre y al trauma que le supone aceptar que su padre haya seguido adelante, encontrando incluso un nuevo amor para sustituirla.

Siendo más simplista, podría decir que estamos ante una buena oportunidad para comprobar cómo Kevin James, mascota habitual de Adam Sandler, es capaz de enfrentarse a un registro serio. Nada más y nada menos que transformándose en un supremacista nazi, al más puro estilo American history X.

Y, por descontado, podernos analizar el trasfondo social que hay tras un grupo de ex-presidiarios racistas que luchan, de una maceta muy especial, por la pureza de la raza.

Pero dejémonos de tonterías. Esto, en realidad, es un home invasion en toda regla ampliado a una zona boscosa, con una niña enfrentándose a todo un grupo de adultos asalvajados como una Macaulay Culkin desatada cualquiera.

Con Lulu Wilson (vista en Annabelle: Creation o La maldición de Hill House, por ejemplo) dándolo todo y Joel McHale en plan estrella de lujo, la película, dirigida por Jonathan Milott y Cary Murnion es otra de esas orgías de sangre y desmembramientos desenfadada y divertida a la que tengo que reprochar algún momento censurado oscuro en su tramo final que desluce algo del gore.

James da directa suelta a su locura como pocas veces tiene oportunidad de hacer y el resultado, como otros títulos recientes concentrados por aquí, es una cargada de humor muy negro que satisfará nuestros instintos más salvajes siempre que dejemos el cerebro (y el estómago) lejos del televisor.

 

Valoración: Seis sobre diez.

viernes, 9 de abril de 2021

Visto en Movistar: SPUTNIK

¿Recuerdan Life, aquella simpática película de ciencia ficción/terror de Daniel Espinoza que con claras influencias del Alien de Ridley Scott protagonizaron Jake Gyllenhaal, Rebecca Ferguson y Ryan Johnson? Al final de la misma (ojo, spoiler) una nave espacial con un solo tripulante regresaba a la Tierra con un amenazador alienígena en su interior.

Pues sin tener una relación directa, Sputnik podría presentarse como una secuela espiritual de la misma, en clave soviética, eso sí.

Dirigida por Egor Abramenko, que debuta en esto de la dirección, la película narra como una doctora poco ortodoxa en sus métodos es reclutada para diagnosticar a un astronauta recién llegado del espacio que esconde un secreto en su interior: la simbiosis con un ser alienígena.

Hay muchas cosas que reprocharle a la película, como la multitud de tópicos que reúne, desde el uso de un personaje que parece sacado de cualquier novela (o película basada en alguna de ellas) de Michael Crichton como la revelación de las intenciones finales del villano de turno, tratando de convertir la amenaza extraterrestre en un arma para su propio provecho. Sin embargo, el hecho de ser una pequeña producción rusa en lugar de un pretencioso blockbuster hollywoodiense hace que sea más fácil probarlos y dejarse llevar por una historia que funciona relativamente bien, consiguiendo una buena dosis de intriga en su primer tramo, haya que se descubre el pastel, y cumpliendo en su desenlace. Abramenko demuestra un buen ritmo narrativo y sabe sacar oro del reducido presupuesto, consiguiendo unos efectos visuales vistosos aunque pagando el peaje de tener que abusar, en ciertos momentos, de escenarios demasiado oscuros. Además, en lugar de caer en la complacencia política, Abramenko hace una crítica nada sutil a la no tan lejana ideología soviética regando su historia de ocultaciones y secretos por parte del gobierno y elevando la figura del «héroe de la madre patria» al más absoluto ridículo.

También merece destacarse la labor de Oksana Akinshina, actriz que se ha dejado ver por algún título de la saga Bourne y que soporta bien que caiga sobre sus espaldas casi todo el peso de la película.

En fin, entretenida propuesta a la que no se le debe exigir demasiado y que, si uno está dispuesto a aceptar la conducción, puede dar para una buena tarde de evasión.

 

Valoración: Seis sobre diez.

Visto en Movistar: LA CAZA

Hay una serie de películas que siempre serán recordadas por haber sido de las primeras valientes en haberse estrenado tras el estado de alarma de 2020, cuando éramos tan ilusos de pactar que esto de la pandemia ya estaba quedando atrás. Son películas que, sin embargo, apenas tuvieron visibilidad, en una época donde la gente aún tenía miedo de salir a casa, los cines no tardarían en volver a cerrar y Santiago Segura era el único que se las apañan por recaudar algo de dinero.

La caza es una de esas películas, un guion que en circunstancias normales quizá ni siquiera hubiese pasado por salas, ya que su factura es más propia de festivales como el de Sitges que de salas de estreno.

Sorprende, sin embargo, encontrarse nombres bastante conocidos en sus créditos, como Hilary Swank, Emma Roberts o Ike Barinholtz, pero sin duda el más llamativo es el de Damon Lindelof, que figura como guionista y productor. Lindelof, que fue odiado por las masas por firmar el final de Perdidos y el libreto de la defendible Prometheus pero que posteriormente se reconcilió con el fandom gracias a las series de The leftovers y, sobretodo, Watchmen, parece haberse rondado este trabajo como un ejercicio de relajación tras habrá carga emocional. Quién sabe si el guion de La caza surgiese durante una noche de borrachera con Nick Cuse, el otro guionista, pero este empacho de sangre y vísceras parece más una broma pesada que un trabajo de tan reconocido escritor.

Y el caso es que la gamberrada les ha salido bastante bien, las cosas como son.

El tema de la caza de humanos no es novedosa en el mundo del cine desde que en 1933 El malvado Zaroff abriera la veda. Tema recurrente usado generalmente para reflejar la vileza del ser humano o la diferencia de clases, podernos recordar títulos como Blanco humano, con Van Damme en su máximo apogeo, La presa, o, sí mezclamos géneros, Perseguido o Noche de bodas. Si a ello le añadimos el detalle de que todo arranca con un grupo de desconocidos sin aparente relación entre sí que tras ser drogados despiertan en un lugar desconocido, podemos recortar sagas de terror como Saw o Cube. Y algo de todo ello hay por aquí.

Así que se podría decir que no hay nada nuevo bajo el sol, por más que Lindelof y Cuse se esfuercen en ofrecer unos cuantos giros de guion bastante sorprendentes (sobre todo respecto a la falta de un protagonista claro en su primer tercio), pero aunque rascando mucho se podría encontrar algo de crítica social, lo que parece evidente es que ellos se han divertido mucho escribiendo este guion, y con ello consiguen traspasar la pantalla y conseguir que el espectador se divierta mucho también.

Es una película cafre y excesivamente sangrienta, desde luego, pero ese es precisamente su encanto, un festival de mamarrachadas recital, filmadas con gran dinamismo por Craig Zobel, y que resulta ideal para pasar un diminuto por la tarde rodeado de amigos alrededor de un bidón gigante de palomitas.

 

Valoración: Siete sobre diez.

martes, 30 de marzo de 2021

Visto en Movistar: LA LEY DE COMEY

Aunque estrenada a finales del año pasado, este inicio de 2021, con Trump agotado de su presidencia americana, es un buen momento para descubrir la mini serie La ley de Comey, estructurada en dos episodios de hora y media de duración pero que, por el motivo que sea, Movistar ha dividido en cuatro partes con una duración más convencional.

La ley de Comey parece concebida con las idea de lavar la imagen de James Comey, quien fuese director del FBI entre septiembre de 2013 y mayo de 2017, aunque la ficción se centra básicamente en su última etapa, en la que debió lidiar con la investigación a Hillary Clinton por el caso de los correos electrónicos y, por ende, con la victoria de (¡ojo spoiler!) de Donald Trumb en las presidenciales.

Aunque aquí el tema nos toca muy de lejos, parece que Comey fue acusado por la masa social como el culpable de que Trumb llegará a la Casa Blanca, por más que se limitará a hacer su trabajo lo mejor posible. Por ello, la serie se esfuerza en dejar bien clara su ideología política (y la de toda su familia) y su honorabilidad, definiéndolo casi como un santurrón con muchas similitudes con el Presidente Barney. De hecho, resulta difícil no pensar constantemente en El ala oeste de la Casa Blanca, y por lo tanto echar de menos la ametralladora verbal de Aaron Sorkin en los guiones.

Pese a ello, La ley de Comey se las apaña para explicar medianamente bien temas enfarragosos sin aburrir en ningún momento, pero peca de un partidismo tan poco disimulado que quita credibilidad al asunto. No es cuestión mía decidir quién es el bueno o el malo de la función (aunque cuesta imaginar a Trump como el bueno en cualquier argumento posible), pero el drama general que se vive en pantalla tras la victoria de este en las elecciones o el hecho de que no haya ni un republicano entre los protagonistas impiden que la experiencia didáctica resulta suficientemente satisfactoria.

Sí conviene destacar, y mucho, a Jeff Daniels como Comey y, sobre todo, a Brendan Gleeson como Trump. Sólo por ella ya se justifica el visionado.

martes, 16 de marzo de 2021

Visto en Movistar: COLOR OUT OF SPACE

La historia de Richard Stanley es francamente peculiar. Director de medio pelo a principios de los noventa tuvo su gran oportunidad con La isla del doctor Moreau, en 1996, con Val Kilmer y Brandon Marlo, entre otros, a sus órdenes, pero fue bruscamente despedido y no había vuelto a trabajar hasta ahora.

Color out of space es la adaptación de un relato de Lovecraft que por estas fuertes se publicó como El color que cayó del cielo. Se suele decir que Lovecraft es un escritor imposible de adaptar, y auque no haya nada imposible en esta vida, lo cierto es que todo lo que podemos encontrar basado en su obra es, en el mejor de los vais, un desastre. Aún estamos a la espera de que algún día se haga realidad aquel proyecto de En las montañas de la locura, club dirección de Guillermo del Toro, producción de James Cameron y actuación de Tom Cruise. Un sueño que nunca se hará realidad.

Como sea, debemos conformarnos con acercarnos al Universo del escritor mediante las referencias de la obra de culto de John Carpenter, En la boca del miedo, muy inspirada también en Stephen King y otros ilustres de la literatura del terror.

Así las cosas, esta paranoia psicotrópica con un desquiciado Nicolas Cage y unos efectos visuales sencillos pero efectivos es, posiblemente, el mejor Lovecraft que vamos a poder encontrar en el cine. No es una obra perfecta, dista mucho de serlo, de hecho, pero contiene suficientes elementos perturbadores como para alcanzar un nivel mínimo. Ambientada en la actualidad, algunos de sus contras cabe encontrarlos en el desarrollo de personajes, que a la que se distancia e la familia protagonista afectada por un extraño meteorito de color imposible que cae en sus tierras pierde fuerza. Esto se debe, en parte, al hecho de que el personaje del científico, que en la obra original es quien cuenta la historia en primera persona, aquí entra y sale de la trama sin mucho atino, maltratando ligeramente el ritmo de la continuidad.

Muy heredera de las películas de terror de vídeo club de los ochenta, rememora un tipo de cine ya extinto, y sólo por eso merece la pena darle una oportunidad.

Extraña, inquietante y muy loca, Color out of space es una anomalía fílmica al servicio de Nicolas Cage que parece encontrarse en su salsa en este tipo de tortura psicológica familiar.

 

Valoración: Seis sobre diez.

Visto en Movistar: LAS NIÑAS

Una de las triunfadoras de los recientes Goya, película revelación del año, mejor directora novel y bla, bla, bla…

Las niñas es una película interpretada por un puñado de crías que están muy bien haciendo el papel de niñas, que corren sus aventurillas como cualquier otra niña de la época y… nada más.

Dirigida por Pilar Palomero, Las niñas es la nueva película vacía y sin nada que aportar al lenguaje cinematográfico más que la necesidad de su directora de plasmar sus recuerdos ser la infancia en pantalla grande, como si a alguien más que a ella le tuviese que importar.

Filmada en formato 1.37:1, lo que se traduce en una sensación de gafapastismo y poco más (vamos a ver, el formato puede ser útil como parte del lenguaje, para plasmar una sensación de claustrofobia, muy bien reflejada en El hijo de Saúl, pero es este caso sólo sirve para aparentar una pretenciosidad insoportable), que junto a planos de cogote (otro ejemplo de casos directores «modernillos» que pretender ser más protagonistas que los actores o el guionista (e el supuesto de que lo hubiese) demuestran las intenciones ser la película. Seguramente los que la defiendan reflejarán su increíble realismo, y eso no lo puedo negar. Es casi como si se pusiera una cámara pegada a la niña protagonista y se filmara todo lo que hace en su vida cotidiana. Algo parecido a otras peliculillas menores que la crítica ha aplaudido (me gustaría saber cuántos de esos críticos las han visto enteras sin cabecear) como Estiu 1993 o Els dies que vindran. Pero una vez más olvidan que esto es cine, sinónimo de fantasía, espectáculo, diversión. Y una cosa es hacer un drama con conciencia social y otra muy diferente es retratar la vida cotidiana sin un desarrollo ni una historia. Al final (y no me vengan con que el tema del canto es una metáfora que lo redondea todo), la directora planta el fin cuando le apetece y nos quedamos todos tan panchos. Y ni siquiera me vale la excusa de buscar una identificación mediante el recuerdo o lo bien que festeja los ecos de una época. Desconozco cómo fue la infancia de Pilar Palomero, pero yo viví como adolescente la misma época que refleja el film (con algún año más que la protagonista) y no reconozco el paisaje. Se ve que ese exceso de conservadurismo ultra católico pasó de largo por mi barrio.

En fin, película aburrida, que sólo se sostiene por la simpatía que puedan despertar las protagonistas, cuyos aplausos críticos me resultan totalmente incomprensibles. Cómo la nominación al Goya de Natalia de Molina (y aquí no soy sospechoso de nada, mil veces he declarado lo que me encanta esta actriz, pero es que aquí no tiene papel ni tiempo para lucirse). Esta es una de esas películas que arrasa en festivales pero que, en un año normal (2020 y 2021 no cuentan para nada) serían totalmente ignoradas en los rankings de taquilla.

 

Valoración: Cuatro sobre diez.

miércoles, 24 de febrero de 2021

Visto en Movistar: SUPERAGENTE MAKEY

Recién salidos del confinamiento general del año pasado, poco imaginaban los cines que su reapertura no sería más que un espejismo y que lo peor para ellos estaba por llegar. En aquella primera semana, a la espera de que aterrizará Padre no hay más que uno 2 y con Tenet en el punto de mira, Superagente Makey se perfilaba como la avanzadilla de una temporada de cine que nunca llegó.

La propia Superagente Makey desapareció de las carreteras con un éxito discreto pero efímero, y ha sido con su estreno, a bombo y platillo, en Movistar que he podido recuperarla. Aunque, como diría aquel: ¿Pá qué?

Superagente Makey no es exactamente una película mala, pero sí totalmente irrelevante, que se ve y se olvida el momento sin que consiga dejar mella. Ni siquiera garantiza un gran disfrute durante el visionado.

Creada con la clara intención de homenajear al cine de acción de los ochenta, con Superdetective en Hollywood cono arranque argumental, la película no da para mucho, con un Leo Harlem que si bien no desentona continúa siendo mejor secundario que estrella, aunque donde de verde brilla es como monologuista. A su lado, un reparto sacado de cualquier otra comedieta de Atresmedia dando más de lo mismo en una historia donde la acción canta por su torpe planificación y eh la que el drama amenaza con dominar al humor.

Al final, la cosa sabe a poco, llegando incluso a ser aburrida en ciertos pasajes. No busca nunca el humor disparatado al estilo Leslie Nielsen, que sin duda le habría ido mucho mejor, y las esperadas carcajadas nunca llegan. Poco se puede rascar, pues, más allá de esos guiños ochenteros, algunos más acertados que otros, y un plantel de secundarios que cumple sin ser tampoco nada del otro mundo.

 

Valoración: Cuatro sobre diez.

domingo, 31 de enero de 2021

Visto en Movistar: MAMÁ TE QUIERE

Puede que haya algo de masoquismo insano en el hecho de disfrutar de Mamá te quiere, pero lo cierto es que la nueva propuesta de Aneesh Chaganty es deliciosamente divertida a la par que perturbadora.

Chaganty se dio a conocer con la muy interesante Seaching…, con la que conseguía dar una vuelta de tuerca al concepto de «cine barato» haciendo posible que una historia narrada siempre a través de una pantalla de ordenador derivada en un thriller apasionante y emotivo a la vez. Reunido de nuevo con el guionista Sev Ohanian, Chaganty cambia de formato para abordar otra historia sobre las relaciones entre padres e hijos, pero dándole para la ocasión una vuelta de tuerca insana y enfermiza.

Diane Sherman es una madre que pasa por la tortura de ver como su hija recién nacida acumula una serie de enfermedades que harán muy complicada su supervivencia. Cuando esta llega a la adolescencia, condenada a una vida de dolores y sufrimientos, descubrirá que su madre ha superado muchos límites para mantenerla a salvo bajo su cobijo.

Ya en Seaching… la dupla Chaganty/Ohanian demostró ser fiel al cine de Hitchcock, concediendo a su película de una atmósfera absorbente y potenciando lentamente los elementos de intriga para agarrar al espectador desde el primer segundo de metraje. Con Mamá te quiere las cosas funcionan igual de bien y consiguen que un argumento, que en las manos equivocadas podría desembocar en un dramón de sobremesa, consiga ser un entretenimiento de primera, haciendo disfrutar al respetable con una serie de torturas (tanto psicológicas como físicas) que crean una angustia creciente y de la que uno termina con una agridulce sonrisa de satisfacción ante la posibilidad de venganza.

No logra, sin embargo, caer en algunos clichés del género, pero con una sencillez brutal y apoyándose casi en exclusividad en dos personajes, magníficamente interpretados por Sarah Paulson y la desconocida Kiera Allen, Mamá te quiere es un ejemplo de guion inteligente poseedor de un terror atormentador y un par de salidas de tono muy aplaudibles.

 

Valoración: Siete sobre diez.

martes, 29 de diciembre de 2020

Visto en Movistar: AVA

Dirigida por Tate Taylor, Ava es otra de esas películas que, con un reparto de campanillas, se ha quedado con las ganas de pasar por las carteleras de los cines debido a la pandemia.

Protagonizada por Jessica Chastain, y con un imponente cartel de secundarios, que incluye nombres como John Malkovich, Geena Davis, Common, Colin Farrell y, en roles mucho más secundarios, Joan Chen o Ioan Gruffudd, la película es una nueva vuelta de turca al hecho de feminizar las clásicas historias de asesinos a sueldo, ya sean  como simples sicarios o sofisticadas agentes dobles.

Quizá Taylor no sea un gran director de acción, optando por coreografías escasas, pero consigue componer una historia que, sin ser memorable, se digiere bastante bien, resultando suficientemente entretenida como para disfrutarla.

Uno de sus problemas es que, por más que pueda parecer que haya una moda sobre el tema, la realidad es que son tan escasas las películas protagonizadas por femme fatales del estilo la comparativa es inevitable. Por eso, Ava no contiene ni la espectacularidad de un título como Atómica ni la profundidad de Gorrión Rojo.

Pese a esa falta de espectacularidad, la acción rinde bastante bien, siendo el aspecto más dramático del film lo que más flojea. Pero al menos los actores parecen tomárselo lo suficientemente en serio como para justificar su visionado.

 

Valoración: Seis sobre diez.

Visto en Movistar: EJECUTIVOS AGRESIVOS

Película del año pasado aparecida por un rincón perdido de Movistar, Ejecutivos agresivos es un despropósito tan terrible como la traducción de su título su español.

Dirigida por Patrick Brice, cuyo mayor éxito fue Creep en 2014, la película cuenta como principal reclamo las presencia de Demi Moore y Ed Helms en su reparto, pero ninguno de ellos puede hacer nada por salvar a las películas del desastre, la primera porque o bien no se llega a creer nunca su personaje o porque sus mejores años quedaron muy lejos ya y el segundo porque su intervención no es más que un reclamo publicitario apenas más largo que el simple cameo.

La película cuenta la historia de una empresaria que decide llevar a sus trabajadores a una actividad al aire libre para fomentar la unión y el trabajo en equipo. Pero claro, quien haya visto Desmembrados, aquella gamberrada de Christopher Smith que en España de estrenó en un programa doble junto a Ovejas asesinas, sabrá que las cosas no van a terminar bien.

Después de quedar atrapados en una gruta, sin comida ni agua, el instinto de supervivencia se verá enfrentado a los conflictos personajes, como si de un Gran Hermano de estar por casa se tratara, dando pie a momentos de tensión con ligeros toques de gore con una referencia nada sutil a Viven, de Frank Marshall.

Una idea así debería dar pie a una comedia negra bastante loca, y eso es a lo que aspira su director, pero una colección de secuencias mal diseñadas, un escenario de cartón piedra y cuatro gags sin nada de gracia condenan a una película al aburrimiento total, provocando que en ningún momento le importe a nadie el destino de los protagonistas

Sí, he llegado a pillar el mensaje metafórico sobre el canibalismo del mundo capitalista, pero ni por esas…

 

Valoración: Tres sobre diez

viernes, 25 de diciembre de 2020

Visto en Movistar: VIS A VIS: EL OASIS

El exceso de plataformas, y por ende, de series televisivas, potenciado por el estado de alarma y la necesidad de salir lo menos posible de casa, ha propiciado que aparezcan series de gran interés casi a ritmo diario, lo que junto a mi manía de no ver temporadas hasta disponer de ellas al completo ha provocado que muchas series que esperaba con ganas fuesen acumulando polvo en mi cajón de pendientes, viendo como muchas otras le pasaban con descaro por la derecha.

Vis a vis: el Oasis, la continuación y prometido final de Vis a vis, es una de ellas, a la que esperaba con ganas después de que en las dos últimas temporadas de la serie madre echase en falta más minutos de Maggie Civantos.

La serie nos prometía una historia de atracos con la unión/enfrentamiento de Maca y Zulema, pero al final la trama se centra en un único golpe, una historia que, desde luego, no da para ocho episodios y que a la postre me ha resultado bastante decepcionante.

Que en una temporada tan breve haya perdido el interés por la misma apenas llegar al tercer capítulo es bastante sintomático, y el truco de ilusionismo de saltar entre el presente, el futuro y el pasado me parece más una maniobra para mantener el interés en una historia bastante aburrida que como recurso ingenioso.

Reconozco la valentía de los autores para elaborar una historia con aroma a western legos de la vertiginosa de las celdas de Cruz del Sur, pero creo que, sin Alex Pina encima de la producción, la cosa ha quedado muy diluida. Ni siquiera acabo de reconocer a Maca y Zulema en sus personajes, con cambios de actitud constantes y sin un rumbo definido.

Otra muestra de la desgana que impregna la serie, que parece más un intento de estirar el chicle que de dar un final digno a la historia, es la utilización de unos secundarios que nunca consiguen la adecuada empatía (estoy pensando, por ejemplo, en la hermana de la novia, el niño del bulling o la niña de los abusos) y que sólo sirven para meter paja en una trama que habría funcionado mejor como miniserie de tres episodios o incluso en formato película.

Cierto es que hacia el final la serie trata de alzar el vuelo, pero ya es demasiado tarde y ni siquiera el clímax final, en el que se abusa de la cámara lenta, llega a convencerme. Incluso la celebrada aparición de algún personaje que nos puede conectar con los tiempos de Cruz del Sur me ha sabido a poco.

Una lástima, pues ya la serie madre me dio la impresión de ir en clara decadencia (no le sentó muy bien el cambio a Fox), aunque al menos hemos podido despedirnos de algunos de los personajes y dar un final cerrado a, al menos, la historia de una de ellas.