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sábado, 24 de diciembre de 2022

Visto en Netflix: UN HOMBRE DE ACCIÓN

Puede que Javier Ruiz Caldera, hombre de comedia amable con toques de acción, le cogiese el gusanillo al discurso político con su divertida sátira zombi de la Guerra Civil en Malnazidos. No es que su último trabajo, Un hombre de acción, sea muy discursivo, pero no puede evitar entrar en esos lodazales cuando aspira a relatar, muy libremente, eso sí, la vida de Lucio Urtubia.

De todas maneras, la película se acerca más al género del cine de atracos que al político, algo que quizá haya desanimado a los que esperaban ver una deconstrucción más fiel del anarquista, pero el director parece más interesado en el aspecto lúdico de la historia, presentando a Lucio como una especie de Robin Hood con toques quijotescos que otra cosa. En el fondo, esta es la eterna historia de David contra Goliat, del pequeño enfrentándose al grande. De una estafa que aspiraba a hacer temblar los cimientos de la megacorporación bancaria Citybank.

Un hombre de acción repasa varias décadas en la vida de Lucio Urtubia, haciendo hincapié en su obsesión casi enfermiza por destruir el sistema, algo que por poco destruye a su propia familia, ya sea atracando bancos, falsificando billetes o, en lo que es la parte central del film, realizando una gran estafa. Todo ello con toques de humor que, si bien están lejos de lo habitual en la filmografía del director, ayuda a digerir mejor una película que se sitúa en la Francia llena de exiliados del franquismo pero que no se detiene a retratar fielmente a esos exiliados.

Así, hay menciones a personajes como Quico Sabater, pero sin detenerse demasiado como para que no sean más que habitantes del mundo interno de Lucio que, como el mismo reconoce, acaba siendo anarquista sin saber muy bien lo que significa.

Es cierto que las licencias que se toman son muy grandes en ocasiones, algo que la película advierte desde el inicio, pero considero un acierto huir del biopic formal y documentado para presentar una película sin complejos mucho más liviana y accesible, con buenas interpretaciones y donde Ruiz Caldera demuestra que su cambio de género (aunque tampoco tanto) no le dienta nada mal.

 

Valoración: Siete sobre diez.

jueves, 22 de diciembre de 2022

Visto en Netflix: LOS RENGLONES TORCIDOS DE DIOS

Es ya habitual acusar a Oriol Paulo de hacer un cine tramposo, demasiado recalzado en los trucos de guion, a menudo denominadores de un efectismo demasiado barato. Títulos como El Cuerpo, Contratiempo, Durante la tormenta o la miniserie El Inocente hacen gala de ello y Los renglones torcidos de Dios no es ninguna excepción.

Basada en el ya clásico literario de Torcuato Luca de Tena, la película versa sobre el clásico juego de las identidades dudosas, con una protagonista, la Alice a la que da vida Bárbara Lennie, atrapada en un psiquiátrico y haciéndonos dudar en todo momentos si lo que se nos cuenta es real o transcurre tan solo en su mente.  La excusa es la incursión de una investigadora privada tratando de averiguar si la muerte de uno de los internos fue un suicidio, como asegura el doctor Alvar (Eduard Fernández) o si tratan de encubrir algo más turbio.

Paulo se ha convertido ya en todo un experto en el juego, y con una dirección impecable y un lenguaje cinematográfico envidiable, la película tiene un ritmo magnifico, consiguiendo no aburrir en ningún momento pese a las más de dos horas y media de duración. Sin embargo, pese a que se nota que se ha tirado la casa por la ventana en la producción, algo no termina de funcionar del todo en su guion, rechinando la adaptación por un exceso de trampas y despistes que parece querer emular en parte al Shutter Island de Scorsese pero fracasando a la hora de definir al elenco de secundarios para que todo funcione como el engranaje del reloj que se supone debería ser esto.

Así, tenemos un film interesante y que atrapa al espectador desde el primer momento, pero que no permite segundas revisiones o reflexiones muy profundas. Diálogos impostados, personajes desdibujados o situaciones imposibles de digerir son demasiadas zancadillas para encumbrar una película que podría haber aspirado a mucho más, pero que patina en esa coherencia interna que sólo la narrativa que se inventa Orio Paulo impide descubrir en el momento del primer visionario.

 

Valoración: Siete sobre diez.

Cine: AS BESTAS

En los últimos años, sobre todo a partir de títulos como Que Dios nos perdone o El Reino, Rodrigo Sorogoyen se ha labrado un prestigio como realizador con nominación al Oscar incluida por Madre.

Tras unos interesantes coqueteos con la televisión, el madrileño se ha superado a sí mismo con As Bestas, un ligero cambio de registro para, inspirado por un crimen real, contar una historia ambientada en la España rural, una tremenda fábula de desesperación y miseria en uno de esos pueblos, gallego en este caso, que rozan el concepto de fantasmal.

La película narra el enfrentamiento entre un matrimonio francés (holandés en la historia real) que, en busca de una liberación espiritual, se instala en el pueblo con la pretensión de restaurar casas y tratar de repoblarlo mientras viven de lo que cultivan y una familia oriunda que soporta la dureza de la vida de campo. Un enfrentamiento que se va mostrando poco a poco, a cuenta gotas, dejando que primero conozcamos a los personajes y luego podamos, o no, entenderlos.

Narrada a ritmo muy lento pero con momentos de auténtico cine de terror, el mayor mérito de As Bestas es saber manipular al espectador lo suficiente para sembrar dudas sobre el supuesto villano, incitando que podamos llegar a simpatizar con su causa, aunque no con sus maneras.

Denis Ménochet, uno de esos actores franceses sublimes con suficiente carrera como para haber trabajado para Quentin Tarantino, Ridley Scott o Wes Anderson, y Marina Foïs son el sufrido matrimonio que lucha por defender su causa, pero es Luis Zahera quien se come la pantalla en cada plano que ocupa, realizando una interpretación soberbia y con un temple digno de todos los premios que se pongan a su alcance.

As Bestas muestra la cara menos amable de la vida rural, siendo considerada por muchos como una especie de reverso retorcido (y más realista) de Alcarrás, resultando ser angustiante y, pese a los espacios abiertos, claustrofóbica, creando un desasosiego y una angustia que acompañan al espectador hasta mucho después de finalizar la proyección.

Cierto es que Sorogoyen divide la película en dos partes muy diferenciadas, casi como si se tratase de una historia cerrada y su secuela, y ese cambio de ritmo y estilo no le juega del todo a su favor, resultando igualmente interesante pero algo más pesada, cambiando la tensión y la angustia por dolor y tristeza, dos conceptos diferentes pero igualmente asociados a la desesperación.

Sorogoyen hace con As Bestas un retrato terrible del ser humano, arrastrado a sus instintos más bajos por la desesperanza y, en menor medida, la codicia.

Puede que definirla como la mejor película del año resulte excesiva para muchos (yo personalmente no he visto este 2022 suficiente cine patrio como para poder entrar en el juego), pero desde luego es una gran obra que merece todos los reconocimientos y confirman a Sorogoyen como uno de los directores más grandes del país.

 

Valoración: Ocho sobre diez.

miércoles, 7 de diciembre de 2022

Visto en Amazon Prime: MAÑANA ES HOY

No es frecuente ver cine de ciencia ficción con denominación de origen española, y menos si hablamos concretamente de viajes en el tiempo (aunque sería imperdonable no mencionar aquí la estupenda Los Cronocrímenes). Por eso es llamativo que la primera producción española de Amazon Prime sea precisamente de este género y, además, con grandes nombres detrás, como el director Nacho G. Velilla o su reparto más o menos coral donde destacan Javier Gutiérrez y Carmen Machi, además de secundarios como Pepón Nieto, Silvia Abril o Antonia San Juan. Cierto es que todos os actores están muy acomodados y se limitan a hacer, casi, lo de siempre, pero es justo lo que el guion les pide, así que tampoco es cuestión de ponerse muy exigentes con eso.

No nos confundamos: Mañana es hoy es una comedia, y como tal debe tomarse. Lo de los viajes en el tiempo es una excusa para poner en contraste la sociedad española de principio de los 90’ y la actual, realizando divertidos paralelismos y aprovechando, muy de refilón, para reflexionar sobre lo que se ha mejorado en relaciones de maltratos o de derechos de la mujer. Muy de refilón, insisto, pero algo es algo.

Además, entre risas, canciones míticas y homenajes a Regreso al Futuro, Velilla (que firma el guion junto a Oriol Capel y David S. Olivas) se permite introducir una trama de intriga que ofrece la cara más dramática de la película, machacando en varios momentos los desprevenidos corazones del espectador.

He empezado hablando de un film de ciencia ficción, pues eso es lo que define los viajes en el tiempo (aunque no tengan una explicación muy clara, que tampoco lo necesita), y eso implica, aunque poco, un despliegue de efectos visuales. Esto es de lo peor del film, junto con alguna escena de acción que creo que le vienen grandes a Velilla, pero el hecho de que estemos fundamentalmente ante una comedia ayuda a que uno sea más permisivo con ello. Lo mismo sucede con algunas lagunas argumentales (más si uno es tan puntilloso como yo con los razonamientos alrededor de las paradojas temporales), pero de nuevo el tono desenfadado de (casi) todo el guion ayuda a pasarlo por alto.

Al final, con lo que nos encontramos es con una propuesta familiar muy entretenida, que provocará nostalgia a aquellos que vivimos intensamente aquellos noventas y que nos recuerda que la clásica rase de «cualquier tiempo pasado siempre es mejor» es, en ocasiones, muy cierta.

 

Valoración: Siete sobre diez.

lunes, 5 de diciembre de 2022

Cine: SINTIÉNDOLO MUCHO

Fernando León de Aranoa se caracteriza tanto por sus trabajos documentales como por sus películas de ficción siempre muy enmarcadas en una realidad social muy concreta. Con sintiéndolo mucho se supera a sí mismo y, atraído por la admiración, primero, y la amistad después, presenta un documental filmado durante nada más ni nada menos que quince años sobre la figura de Joaquín Sabina, sin duda el artista español más importante que ha habido.

Sintiéndolo mucho no es una biografía, ni tampoco un retrato de amigo que se dedique a loar sus virtudes. Es más bien un desnudo integral, un salto sin red del de Úbeda que, empezando por la caída que tuvo en el WiZink Center de Madrid, repasa mediante conversaciones con el director esa vida de excesos, amoríos y, sobre todo, mucha música, pasando a lo largo de su trayectoria por el rock, el tango y el mariachi como máximas inspiraciones, siendo la figura de Bob Dylan la más imprescindible.

León de Aranoa roza la polémica cuando centra buena parte del metraje en la amistad de Sabina con el torero José Tomás, que algunos ha criticado por un supuesto alegato protaurino (que no comparto), pero que funciona a la perfección como símil entre la cogida que sufrió el diestro (precisamente con Sabina como espectador y a escasas horas de un concierto) y la caída del cantautor que puso en serio peligro su vida.

Sintiéndolo mucho no quiere hacer un recorrido fiel por la vida y obra de Sabina (para ello hay muchos libros interesantes, como los escritos por su amigo y confesor Javier Menéndez Flores), por lo que no aborda temas como su difícil relación con Fito Paez, se echa en falta algo de presencia colchonera ni aparecen por aquí amigos del pasado como Javier Krahe, Javier Gurruchaga, Víctor Manuel, etc. (solo Serrat y Leiva hacen acto de presencia), pero tampoco es lo que se pretende, consiguiendo el director que con estos breves retales de su vida uno pueda conocer mejor a la persona de lo que es capaz de conocer, por poner algún ejemplo de biografía más oficial de un cantante, a Freddy Mercury tras Bohemian Rhapsody. Además, tiene el inmenso mérito de, ser totalmente documental, alternando escenas rodadas a mano en los últimos quince años, imágenes de archivo y una entrevista relativamente reciente, tiene el desarrollo propio de una película de ficción con la caída famosa como clímax final. 

Por supuesto, todas estas alabanzas no le valdrán a aquel que no comulgue con la música de Sabina, pero aun así, Sintiéndolo mucho ayuda a conocer la realidad tras un artista, con sus hitos y debilidades, que reconoce, con amargura, que sus mejores canciones ya han sido escritas y que, sin embargo, deja un regalo en forma de último tema, aunque sea amargo tanto en su mensaje como en su concepción. Sirva, como mínimo, como homenaje a dos figuras más importantes para él de lo que quizá en otra época se habría atrevido a reconocer: su padre y su Jimena. Sin ellos, este no sería el Sabina al que, personalmente, tanto admiro. Y que Fernando León de Aranoa ha sido capaz de desvelar, con sus miserias incluidas, para todos sus seguidores, sin importar que no haya sido profeta en su tierra.

 

Valoración: Ocho sobre diez.

martes, 8 de noviembre de 2022

Cine: EL CUARTO PASAJERO

Pocos directores hay tan activos y prolíficos (a excepción, quizá, de Dani de la Orden), como Álex de la Iglesia, que apenas hace un año presentaba Veneciafrenia, una de sus películas más flojas, teniendo por medio el rodaje de la serie 30 Monedas e impulsando esa colección de películas que produce bajo el nombre de The Fear Collection.

Resulta curioso cómo, de entre su extensa filmografía (generalmente brillante), Veneciafrenia resulte uno de sus títulos menores. Y digo lo de curioso porque justo su siguiente película, esta divertidísima El cuarto pasajero, se podría encontrar entre lo mejor de su filmografía. Pese a que podemos etiquetar a De la Iglesia como un amante del fantástico, es en la comedia donde mejor se mueve y en esta película se encuentra más lúcido que nunca, consiguiendo un ritmo que nunca decae (y eso que la parte del atasco está rozando el estiramiento) y culminando en un final adecuado, evitando esta vez que los ataques (muchas veces inmerecidos) que sus conclusiones tienen.

Formando tándem una vez más con Jorge Guerricaechevarría, El cuarto pasajero recurre al concepto (aunque nunca se nombra como tal) del Blablacar para meter a cuatro desconocidos en un trayecto en coche entre Bilbao y Madrid, algo no del todo novedoso ya que es un planteamiento similar a la también reciente ¿Con quién viajas? Sin desmerecer a los protagonistas de aquellas y dejando de lado cualquier comparación odiosa, el gran acierto de De la Iglesia ha sido la dirección de actores, ya que consigue extraer petróleo de la vis cómica de Alberto San Juan, mientras que la locura de Ernesto Alterio, cada vez más cómodo en papeles extravagantes, es una gozada.

De la Iglesia recurre además a algunos de sus «sospechosos habituales», tales como Blanca Suárez, Carlos Areces, Enrique Villén o Jaime Ordóñez, para terminar de rematar la jugada de una road movie trepidante que, en el fondo, oculta una comedia romántica muy convencional, en un ejercicio bastante más contenido de lo que su director nos tiene acostumbrados y que en este caso le sienta fenomenal a la película.

Cierto es que el enfrentamiento entre los personajes de Alterio y San Juan los lleva a unos límites que puede obligar al espectador a sentir algo de empatía hacia ellos, en caso contrario pueden llegar a resultar odiosos. Este es, quizá, el único peaje a pagar para una película distendida, refrescante y sin más pretensiones que hacer pasar un buen rato con bastantes carcajadas y algún destello de oscuridad marca de la casa.

 

Valoración: Siete sobre diez.

martes, 23 de agosto de 2022

Cine: VOY A PASÁRMELO BIEN

Después del revival que estamos viviendo en el cine de grupos o cantantes míticos de la música internacional, era inevitable que tarde o temprano la moda llegara a nuestro país, y tras la flojita Explota explota, inspirada en la cantante italiana Rafaela Carrà, los siguientes en recibir tal honor no son otros que Los Hombres G.

El musical no es uno de los géneros más prolíficos en España, pese a los éxitos que fueron en su momento Al otro lado de la cama y La llamada, así que habrá que esperar para ver si Voy a pasármelo bien repite tendencia, aunque ya aviso que no es una película tan redonda como las anteriores, por más que esté dirigida por David Serrano, guionista, precisamente, de Al otro lado de la cama.

Voy a pasármelo bien no es un musical sobre Los Hombres G, sino que presenta una historia original (es un decir) inspirada en su obra, tal y como se hiciera con Mamma mía! y su secuela respecto a Abba, con la particularidad de que la existencia del grupo sí es parte de la historia, estando por ello la trama muy atada a una época concreta.

Lo que tenemos, aparte de las refrescantes canciones de David Summers y compañía (unas veces originales, otras en la voz de los actores), es un relato simpático y muy blanco sobre la adolescencia en dos historias paralelas que se sitúan a finales de los ochenta y en el presente. El regresar a la adolescencia de aquella época no es nada novedoso y de hecho, por extraño que parezca, la película que a uno más se le viene a la cabeza mientras ve Voy a pasármelo bien es el It de Andy Muschietti,y es que si nos olvidamos del componente macabro, la construcción de personajes y el retrato de la infancia rememora mucho al estilo de Stephen King.

Por lo demás, hay demasiados tópicos y lugares comunes como para que nada resulte sorprendente, más allá del hallazgo que pueda suponer el casting infantil. Esto propicia que la historia del pasado sea mucho más interesante (pese a lo manida que resulta) que la del presente, donde los actores no terminan de casar con sus versiones infantiles y donde la música de Los Hombres G casi pasa a segundo plano y donde el elemento romántico no termina de funcionar como en la etapa adolescente.

Estamos, pues, ante una película muy flojita en cuanto a su argumento, muy plano y demasiado rendido a tres o cuatro hits del grupo (se debería pedir un esfuerzo mayor para lograr una mejor sintonía entre guion y canciones) pero que es tan desenfadada y simpática que se puede disfrutar bastante. Y es que, en el fondo, no da más que lo que promete desde el propio título: ayuda a pasárselo bien.

Puede que Los Hombres G merecieran más (o no, no lo sé, el caso es que ellos mismos están metidos en el proyecto, así que…), pero ya valdrá la pena si sirve para abrir puertas y, cuando menos nos lo esperemos, nos llega una película de Mecano, Duncan Dhu o cualquier otro grande de la época.


Valoración: Seis sobre diez.

martes, 26 de julio de 2022

Visto en Netflix: LIVE IS LIFE

Resulta un canto curioso ver a Dani de la Torre acometer una película de estas características, acostumbrados como nos tenía a un cine más negro, como El desconocido, La sombra de la ley o la serie de Movistar+: La Unidad.  Y es que Live is life es, sin llegar a ser una película infantil ni necesariamente familiar, una comedia dramática muy amable sobre el paso de la infancia a la adolescencia cuya fuente de inspiración principal (y que el título de la misma corresponda a una canción no me parece casual) es la maravillosa Stand by me (Cuenta conmigo en español) de Rob Reyner, inspirada en el no menos genial relato de El Cuerpo de Stephen King.

De la Torre recurre a muchos de los tropos vistos en la historia de King, como el recorrido metafórico por una zona montañosa, la búsqueda de un elemento misterioso (aquí mucho menos escabroso) y la rivalidad con una panda de mayor edad. Pero más allá de eso, es también el retrato de una época, un viaje sin abusar en la nostalgia (no es que estemos hablando de Strangers Things ni sus imitadoras) mucho más acertado que otras propuestas de carácter más realista pero que a mí me funcionaron mucho menos como Estiu 1993.

La historia, poco creíble, eso hay que reconocerlo, cuenta como cinco amigos se reúnen en un pueblo de Galicia para pasar las vacaciones de verano y deciden emprender una ruta por la montaña (una Ribeira Sacra estupendamente fotografiada) en busca de una supuesta flor mágica capaz de curar cualquier mal durante el amaneces de San Juan, un mcguffin sin demasiada importancia que solo sirve como excusa para la aventura que hará que ese verano sea especial para todos ellos, un verano de desafíos y descubrimientos y que va a ser, posiblemente (aunque la película no lo diga claramente), el último de todos.

Con alguna persecución y pelea que recupera al De la Torre más clásico, la película versa también alrededor del cáncer (motivo que animó al director a rodarla, en tributo a su propia madre), lo cual es tema habitual de Albert Espinosa, creador de Planta 14, Polseres vermelles o Héroes, siendo este posiblemente su mejor trabajo.

En resumen, una película emotiva, algo floja si nos ponemos serios con su verosimilitud, pero que cumple con su objetivo de hacer que todos los que pasamos largamente de los cuarenta recuperemos una niñez ya apolillada, bajo el slogan (no siempre certero) de que todo tiempo pasado fue mejor.

 

Valoración: Siete sobre diez.

domingo, 24 de julio de 2022

Cine: PADRE NO HAY MÁS QUE UNO 3

Puede que sea por tratarse de una película navideña en plena ola de calor veraniego. Puede que sea  por el hastío que me provocó la película anterior de Segura, A todo tren, a la que aquí se homenajea. Puede que sea, simplemente, por el hecho de ser una tercera parte que ya no da mucho más de sí. El caso es que Padre no hay más que uno 3 me daba una pereza terrible, pese a que las dos películas anteriores me gustaron bastante.

Una vez vista, me temo que esa sensación de pereza no solo no se me ha quitado, sino que incluso me da la sensación de que se ha propagado al otro lado de la pantalla, como si a ellos mismos les diera pereza hacerla, al menos hasta el momento de cobrar el cheque (y que la canción final sea un simple remiendo de un tema existente en lugar de algo original es buena prueba de ello).

Si algo bueno tiene la película es que esta vez los niños son os verdaderos protagonistas de la función, llevando en muchos momentos el peso de la película, no como en la primera entrega, con un Segura omnipresente, o la segunda, donde la entrada de Loles León era como un elefante en una cristalería. No es que aquí no estén presentes, pero sus tramas son las que menos importan, llegando incluso (en el caso de la de León y Carlos Iglesias) a molestar.

Aquí los niños llevan el timón, y sus gracietas consiguen mantener más o menos a flote la película, pese a que a medida que crecen se van notando más sus limitaciones interpretativas y la repetición de roles de films anteriores.

El problema principal que tengo con la película es que me resulta más simpática que graciosa, midiendo sus fuerzas según el cariño que uno pueda haberle cogido a los personajes, de manera que se me asemeja más a un episodio de cualquier sitcom familiar de los noventa que a otra cosa.

Supongo que los fans incondicionales de Segura y su prole (incluyendo cameos donde prima más el chiste fácil que el talento) podrán disfrutar de esta nueva peripecia familiar, pero me parece claro que su talento se está agotando y poco queda de ese supuesto genio que rompió moldes con su interpretación en El día de la Bestia y que se reinventó en Torrente, una saga que podrá gustar más o menos pero que es por derecho propio un clásico de nuestro cine.

La película se abre con el propio Segura presentándola, una referencia directa a Tom Cruise y su Top Gun: Maverick, y se cierra con un aviso de que Padre no hay más que uno 4 será una realidad más tarde o temprano (al más puro estilo Marvel y su: Thor volverá, por ejemplo). Y aunque deja claras sus intenciones de que tampoco es que tenga prisa, los resultados en taquilla invitaban pensar que no habrá que esperar mucho para ver cómo se vuelve a estirar de un chicle que cada vez tiene menos sabor. Al final, Segura se puede permitir hacer lo que le venga en gana, y estrenar una película navideña ahora es el mejor ejemplo de ello.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

domingo, 1 de mayo de 2022

Visto en Netflix: AMOR DE MADRE

Pocas veces un ejercicio de oportunismo es tan preciso como esta, ya que Netflix acaba de estrenar Amor de madre, una película que resulta ideal para verla tranquilamente en familia un domingo por la tarde tan especial como este que nos ocupa, precisamente en el que se celebra el Día de la Madre.

Paco Caballero, especialista en comedias amables como esta (aunque a mí personalmente la de Perdiendo el este me gustó más bien poco) se ha traído de la serie El Vecino (su último trabajo como realizador) a Quim Gutiérrez para hacerlo coincidir con Carmen Machi, para contarnos la historia de un joven que, abandonado por su novia ante el mismísimo altar, accede a realizar su idílica luna de miel en Isla Mauricio acompañado por su madre,  sin saber que para no perder la excelente suite que tenía contratada deberá fingir durante toda su estancia que son, en realidad, una pareja de recién casados.

Tras esta premisa tan surrealista se esconde una película que, pese a algún toquecillo dramático, apuesta abiertamente por la comedia, jugando con la toxicidad que puede resultar de una relación materno filiar llevada al extremo para, como se pueden ustedes imaginar, terminar derivando en un mensaje familiar positivo y algo moralista pero que funciona muy bien.

Junto a los equívocos y situaciones ridículas que la historia plantea, gran parte del mérito del buen resultado cómico de la propuesta recae en la buena química de los dos protagonistas, que sin salirse demasiado de los papeles habituales en los que se les suele encasillas consiguen que la dualidad madre-hijo/recién casados funcione muy bien, desprendiendo una gran química. Es inapagable, también, la participación de Yolanda Ramos como asistenta del hotel, una especie de «lugareña de Cornellà» tan absurda como de costumbre, siendo quizá la interpretación de Justina Bustos (a quien se le puede ver también en pantalla grande en El juego de las llaves) la pata más coja de la ecuación, apareciendo más como una cara bonita que demostrando sus virtudes interpretativas.

No es cuestión de pedir peras al olmo, por lo que no voy a definir Amor de Madre como una gran maravilla, estando Caballero por debajo de otros directores de comedia como Dani de la Orden, por ejemplo, pero la película funciona bastante bien, siendo una buena excusa para reconciliarse con la figura materna y echarse unas buenas risas.

 

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 30 de abril de 2022

Cine: VENECIAFRENIA

Veneciafrenia es una película extraña. Y no solo por su historia, a medio camino entre el terror y la denuncia social, sino por el extraño equilibrio sobra la que se sustenta, la multitud de dualidades que debe soportar con una precariedad que la pueden salvar o condenar en el leve instante de tiempo que dura un parpadeo.

Por un lado, es un slasher de manual, copiando los principales tics del terror juvenil americano en que se inspira en algunos momentos, mientras que por otro lado es una carta de amor, profunda y sincera, al terror giallo, desde su brutal prólogo hasta unos créditos demenciales que, para bien o para mal, terminan siendo lo mejor de la película.

Por un lado, tenemos a un Álex de la Iglesia que muestra un mimo especial en la construcción visual de sus villanos, en la música excelsa de Roque Baños y en la recreación de una Venecia aún pandémica, claustrofóbica y angustiante. Por otro lado, estamos ante un guion perezoso, la muestra de que estamos ante una película menor, casi un capricho del director y de su fiel Jorge Guerricaechevarría, con multitud de situaciones aleatorias y caprichosas que derivan en un final mucho más contenido de lo habitual en la filmografía del director pero sin evitar ser ligeramente decepcionante.

Por un lado, promete una orgía de sangre y violencia en un clímax digno del Joker de Nolan o el Enigma de Reeves que queda en nada. Por otro lado, el desenlace del villano principal contiene una poesía inesperada para con el desarrollo del personaje.

Por un lado, estamos ante la primera película de la saga The fear collection producida por Pokeepsie Films cuya nueva entrega corre a cargo de Jaume Balagueró. Por otro lado, se trata de una película rodada antes de que se pusiera en marcha dicho proyecto.

Por un lado, la idea de crear un asesino para diezmar al turismo que está castigando a la bella ciudad italiana es bastante original. Por otro lado, hay muchos elementos (pura casualidad, lo sé) que me hacía pensar en todo momento en Fin de semana en Croacia (la desaparición en una ciudad extranjera, el taxista que se ofrece a ayudar a la protagonista, la pareja que coge un vuelo y se presenta de improvisto…).

Por un lado, De la iglesia nos ofrece un espectáculo de sangre y muerte con bastante mala baba y momentos mujy delirantes que invitan al disfrute insano. Por el otro, hay una cierta sensación de que esto no va nunca hacia buen puerto, quedando uno decepcionado tras contemplar el resultado final.

Soy de los que defenderé siempre a Álex de la Iglesia ante las críticas, en ocasiones muy gratuitas, por su cine, convencido de que es uno de los mejores realizadores de este país. Pero Veneciafrenia ofrece demasiados altibajos, demasiadas luces y sombras, como para poderme dejar completamente satisfecho.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

sábado, 2 de abril de 2022

Cine: CANALLAS

No es ningún secreto que, junto al thriller y el terror, la comedia es el género de nuestra producción cinematográfica que mejor resultados da en taquilla. Sin embargo, en los últimos años nos encontramos con películas algo encorsetadas, cortadas por un mismo patrón, demasiado genérico y previsible, ya sea hablando de las lujosas producciones de Mediaset o de las comedias familiares de Santiago Segura.

Canallas viene a romper esta rutina, recuperando, de paso, a la figura más clásica (lamentablemente) e la literatura española: el pícaro. Hablar de picaresca es como tratar de defender al villano de una historia, pretendiendo dotar de empatía y cierta gracia a sus acciones y convirtiéndolo, por mano de las circunstancias, de agresor a víctima, como bien sabe el Lazarillo de Tormes.

En Canallas, la segunda película de Daniel Guzmán como director tras la interesante A cambio de nada, no vemos realmente a tres villanos, sino a tres perdedores que aspiran a serlo, hundiéndose cada vez más en sus propias miserias y sin lograr pasar de ser simples canallas de barrio, víctimas de una sociedad en la que no encajan pero, sobre todo, víctimas de su propio patetismo.

Para componer esta historia escrita por él mismo, Guzmán juega unas cartas muy arriesgadas. Por un lado, reúne un elenco muy especial para su triplete protagonista, en el que junta a uno de los mejores actores del cine español con un completo desconocido, completando la tripleta con su propia figura. Tras la vilipendiada (parece que solo yo la hubiese disfrutado) Yucatán, puede que mucho piense que la comedia no es el terreno más firme para Luis Tosar, que aquí se quita estigmas de un plumazo y se muestra divertidísimo. Guzmán, un poco como en el personaje que le dio la fama en Aquí no hay quien viva, es la perfecta imagen del aspirante a nada, ese granuja que quiere conseguir lo mejor de sí mismo pero siempre por los caminos equivocados. Y no hay palabras para definir al nuevo descubrimiento de nuestra filmografía, un Joaquín González al que fácilmente se podría comparar en su debut al que tuvo la arrebatadora Carmina Barrios de la mano de su hijo Pedro León. González no era ni siquiera actor, es un amigo de la infancia de Guzmán que debuta en el mundo del cine y parece ser tan absurdamente desternillante como s propio personaje. De hecho, todo el guion, que también es obra de Guzmán, mezcla constantemente anécdotas propias con fantasía, creando una línea difusa entre realidad y ficción. Para terminar de redondear el cuadro, hay más debutantes en este film, ya que Esther Álvarez (que falleció al poco tiempo de terminar el rodaje y a quien va dedicada la película), Brenda González y Chema González son, tanto en la vida real como en la película, la madre, hija y hermano, respectivamente, de Joaquín González, dando así una aire de realismo y naturalidad muy efectivo.

Canallas cuenta la historia de un hombre que vive embargado por sus propias fantasías, que de tanto hacerse pasar por empresario de éxito no consigue separar sus aspiraciones con su realidad, cuando tras un encuentro casual con sus dos amigos de la infancia se meten en un berenjenal del que ya solo sabe huir hacia delante, entrando en una espiral en la que cada decisión tomada no hará sino empeorar la anterior.

Unos personajes muy de barrio para una película con regusto a Azcona pero que también tiene cosas muy de Fresser y que entremezcla un canto a la amistad (una amistad real, no impostada, de esa en la que hay cabida para el desprecio y el egoísmo, que no todo son flores y sacrificios desinteresados en el mundo real) tanto como para la denuncia social y el retrato urbano de una periferia urbana anclada en el pasado que, aunque quiere, no sabe mirar hacia delante.

Delirante y muy divertida, Guzmán ha dado un salto de gigante hacia su consagración sin dar la sensación de haberse despeinado siquiera.

 

Valoración: Ocho sobre diez.

sábado, 26 de marzo de 2022

Cine: MALNAZIDOS

Impulsada por la poderosa maquinaria de Mediaset (e ignorando en la campaña publicitaria que Netflix también está por medio, no sea que a alguien se le ocurra esperar a que se estrene en la plataforma), Malnazidos se ha convertido en el último gran éxito del cine español, pese a llevar dos años esperando turno para ser estrenada por culpa de la pandemia.

Aunque los detractores más rancios de nuestro cine podrían quejarse ante «otra película española sobre la guerra civil», la potente campaña publicitaria la ha convertido en una película para todo tipo de público, que la describen como sorprendente y original. Nada más lejos de la realidad. Malnazidos es un festival friki que, adaptando la novela de Manuel Martín Ferreras, Noche de difuntos del 38, propone una mezcla loca y desmadrada de cine bélico, acción, comedia y terror, juntando zombis con nazis y homenajeando directamente a Romero (frases textuales incluidas) y Carpenter (de quien incluso toma prestado un tema musical.

No es, por tanto, una película demasiado novedosa, y el recuerdo de Overlord está ahí, de manera que sigue a pies juntillas todos los tropos propios del género Z. ¿Estoy, por ello, criticando a la película? Ni mucho menos. Solo pretendo hacer un aviso para navegantes y constatar que, se diga lo que se diga, esta es una película de zombis pura y dura y va a gustar, principalmente, a los amantes de las películas de zombis.

Dejando claro esto, hay que reconocerle sus valores, que son muchos, algo ya no tan habitual en el género. Dirigida a cuatro manos por Alberto del Toro y Javier Ruíz Caldera (que se saca así la espinita de la fallida SuperLópez), Malnazidos tiene un ritmo intachable, alternando con mucha naturalidad el humor con la acción y dejando varias secuencias para el recuerdo. Puede que el argumento en sí no sea nada del otro mundo, así como su resolución, pero eso es lo de menos pues apoyándose también en un gran elenco de actores, entre los que destaca un gran Miki Esparbé a los que le sigue muy de cerca Aura Garrido y Luis Calleja, la película resulta ser un entretenimiento con mayúsculas, un divertimento muy macabro que, además, acierta en ser todo lo truculenta que debe ser sin abusar por ello del gore, resultando así más accesible de lo habitual pero sin caer en la ñoñería de Guerra Mundial Z, por ejemplo (muy acertado el recurso de las salpicaduras de sangre en los tiroteos).

En resumen, que estamos ante una película de zombis de manual, sí, pero una película muy bien hecha, a la que se le ha puesto mucho cariño y suficiente libertad para ser una obra con identidad propia a la altura de Rec Génesis, la última gran obra Z de nuestro país, jugueteando además con la posibilidad de hacer un discurso leve pero nada maniqueo de lo absurdo de la guerra y lo doloroso, a la par que ridículo, de enfrentarse entre hermanos, algo que no nos cansamos de repetir a lo largo de la historia, tal y como el señor Putin nos acaba de recordar.

 

Valoración: Ocho sobre diez.

viernes, 25 de marzo de 2022

Visto en Netflix: HASTA QUE NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR

Dirigida por Bruno Ascenzo, esta coproducción hispano-peruana resume todos los males endémicos del género de la comedia romántica. Si hace poco hablaba, a raíz de Quiero que vuelvas, de la necesidad que tiene el género en renovarse, con Hasta que nos volvamos a encontrar se demuestra claramente los motivos.

Hasta que nos volvamos a encontrar es, sobre el papel, una simpática historia sobre un emprendedor español que, acosado por el peso del legado familiar, viaja hasta Cusco con la pretensión de edificar allí un mega hotel de siete estrellas, donde conoce a una lugareña que le va a enseñar a ver el mundo de otra manera y que, por descontado, no va a simpatizar nada con la idea de construir semejante monstruo arquitectónico en ese paraíso natural.

No hay nada novedoso en el planteamiento de la historia, de hecho recuerda mucho a la mucho más amable A  1.000 kilómetros de la Navidad, pero lo verdaderamente sangrante es la puesta en escena. Con un insulso Maxi Iglesias como ombligo del mundo y Stephanie Cayo como mochilera objeto del deseo, la película está totalmente construida alrededor de ellos, dejando a los paisajes (a los que les habría venido de perlas un director de fotografía algo más laborioso) como tercer protagonista. Más allá de estos tres elementos y la endeble moralina de enfrentar a los constructores con los espacios naturales, no hay apenas nada que rascar en una película tan insultantemente previsible como plana, en la que ni hay un verdadero conflicto ni se le espera.

Al final, lo que tenemos es una sucesión de cosas, sin que las motivaciones de los personajes justifiquen realmente sus progresos ni que nos creamos sus personalidades en ningún momento. No hay una verdadera construcción de personajes, y la acción avanza porque sí, por capricho del guion, sin que nada de lo que sucede avance de manera fluida y natural.

No es una película horrenda, y seguro que hará las delicias de aquellos que solo esperen una dosis de romance con dos chicos guapos al abrigo de un paraje espectacular, pero hay que exigirle mucho más a una película que parece conformarse con ofrecerlo mínimo confiando en llegar a un sector del público entregado a este tipo de propuestas y despreciando al resto.

Una verdadera lástima, ya que solo por ver las vistas peruanas ya merecería verse la película. Pero la balanza, esta vez, dice no…

 

Valoración: Cuatro sobre diez.

martes, 8 de marzo de 2022

Cine: COMPETENCIA OFICIAL

El duo de realizadores conformado por Mariano Cohn y Gastón Duprat nos tienen habituados a mezclar humor y drama con el mundo del arte como telón de fondo, sirviendo El artista (dibujo) o El ciudadano ejemplar (literatura) como dos muestras de ello, y en Competencia oficial deciden subir la apesta y dejar que sea el propio mundo del cine quien sirva como escaparate para una comedia muy negra y con muy mala baba en la que los directores abren un debate entre cine comercial y cine de autor, enfrentándolos y, por ende, enfrentando también a sus autores, poniendo como árbitro de este atroz duelo interpretativo conformado por Antonio Banderas y Oscar Martínez a una joven directora, excéntrica y radical, que simboliza una tercera forma de entender el cine, alejado de etiquetas y convencionalismos, a la que da vida de manera magistral Penélope Cruz.

Ahora que estamos ya en la cuenta atrás para la entrega de los Oscar de este año, la película invita a reflexionar sobre la coherencia de discernir entre los distintos tipos de interpretación para designar a uno de ellos como el mejor trabajo del año. ¿Se habría entendido que, hace un par de años, se hubiese nominado a Robert Downey Jr., por ejemplo, por su trabajo en EndGame y comparar su interpretación con la de Jonathan Pryce por Los dos Papas? ¿O cabría en la cabeza de alguien que este año estuviese nominado Benedict Cumberbatch por Spiderman: No way home cuando, al fin y al cabo, se trata del mismo actor, igual de talentoso y profesional, que el que está nominado por El poder del perro

Dejando de lado el segundo ejemplo, Competencia oficial va más a los extremos, presentándonos a dos actores en las antípodas: la estrella de Hollywood que no acostumbra a querer saber nada del cine independiente y el actor de prestigio pero marginal que solo acudiría a recoger un Oscar para darse el capricho de poderlo despreciar en directo.

Con un trío interpretativo excelso, que sabe alternan el humor más caricaturesco con el esperpento social y, por momentos, el thriller o el drama, Cohn y Druprat aprovechan para apuntar también hacia la frivolidad del propio negocio y las motivaciones de cada cual para trabajar en la industria, pero sin dejar de poner nunca el foco en esas dos caras de una misma moneda que son los actores protagonistas y los personajes a los que se enfrentan, unos personajes que, por momentos, parecen capaces de engullirlos.

Muy apreciable ejercicio sobre el trabajo interpretativo que quizá no llegue nunca a ser tronchante pero si hilarante y divertido.

 

Valoración: Siete sobre diez.

domingo, 13 de febrero de 2022

Visto en Netflix: A TRAVÉS DE MI VENTANA

Seguimos en la onda «sanvalentiniana» y toca hablar de uno de los estrenos importantes del año. Siguiendo la moda de adaptar novelas románticas adolescentes de éxito, A través de mi ventana resulta tan apetecible como me lo pareció en su momento ese otro bodrio llamado After, que lejos de toda aspiración artística nacía con la clara intención de ser más un fenómeno que una película.

A través de mi ventana, dirigida (por decir algo) por Marçal Forés, aspira sin disimulos a copiar los tics de otros éxitos patrios como Tres metros sobre el cielo con el erotismo de Cincuenta sombras de Grey, emulando desde el título al vouyerismo de otros mil ejemplo de historias sobre chicas que se dedican a espiar desde sus ventanas (pendiente tengo mi comentario sobre el producto que aúna todas estas películas en una mini serie) pero sin la dosis de intriga que se le supone a aquellas.

Soy consciente que A través de mi ventana va dirigida a un público objetivo al que no pertenezco, desde luego, pero ello no me incapacita para valorar una película soberanamente aburrida y sin ningún tipo de carga emocional (por más que lo pretenda), en la que todos los personajes resultan odiosos y sus actitudes incomprensibles y reprobables. Desconozco como es el material original (aunque me cuentan que hay demasiado resumen como para poder comprender las motivaciones de los protagonistas literarios) y hay secuencias que incluso resultan confusas (aunque poco es que importe lo que esté sucediendo, la verdad), pero el gran problema del film es que plantea una historia completamente plana, limitando casi el espectro de acción a dos personales y reduciendo al mínimo el conflicto. No hay, por ello, nada interesante en sus historias, siendo tan solo casi dos horas viendo a un chico y una chica dando vueltas alrededor de lo mismo, caprichosos, llorones y con unos actores tan limitados como sus propios papeles.

Es, en resumen, uno de esos ejemplos de película Netflix de contenedor, aunque no me cabe duda de que en su target puede tener un inmerecido éxito que provoque una secuela (las novelas forman una trilogía) que desde luego no pienso aventurarme a ver.

Para salir huyendo.

 

Valoración: Tres sobre diez.

domingo, 16 de enero de 2022

Visto en Netflix: EL PÁRAMO

Dirigida por el debutante David Casademunt, El Páramo es un ejercicio de terror angustiante y sobrecogedor, lastrado por una narrativa demasiado lenta y la ausencia de un marco en el que encuadrar la historia.

Aunque ambientada en el siglo XIX, la puesta en escena invita a pensar en un relato atemporal, con una familia viviendo en una cabaña aislada en medio de la nada y temerosa de un enemigo que acecha más allá de sus fronteras, un temor extremo hacia el resto del mundo por parte del matrimonio protagonista (Roberto Álamo e Inma Cuesta) que termina por contagiar al único hijo (excelente Asier Flores). Entiendo el juego de no conocer nada de lo que hay más allá de esos límites marcados con unas señales a medio camino entre espantapájaros y cruces, pero esa desconexión con el exterior provoca también una cierta desconexión con el propio espectador, que provoca que la relación de este con los personajes sea fría y distante.

El páramo se cuece a fuego lento, siendo una obra de ambiente, muy claustrofóbica e intimista, donde todo el peso recae casi en exclusiva en estos tres personajes, acechados a partir de cierto momento por un ser al que denominan como «la bestia» que, según la leyenda narrada por el padre (y que su propia hermana vivió en sus propias carnes), se alimenta del miedo de sus víctimas.

A partir de la entrada en escena del maligno, la película muestra un deterioro en la familia y sus relaciones personales, además de empezar a hacernos ver esa granja más como una prisión que como un refugio. Aquí es donde entra en juego la metáfora y empezamos a descubrir de lo que de verdad nos quiere hablar Casademunt, mostrando la dualidad clásica entre realidad o ficción.

¿Es real la amenaza o solo está en la imaginación de los protagonistas? La película nunca resuelve la pregunta, dejándolo a la interpretación del espectador (y por una vez el ejercicio está bien resuelto, no mediante el clásico final abrupto y desconcertante). Estamos ante una historia bien narrada y bien cerrada, abierta a dos puntos de vista que podrían venir condicionados por la propia presentación de personajes. No voy a revelar mi percepción por no recaer en el spoiler, pero considero que el matiz viene dado, precisamente, de esa presentación brusca y amargada de la familia, lo cual define muy bien lo que nos va a llegar a medida que avance el metraje pero que provoca, también, que nos puedan resultar especialmente antipáticos. Eso, junto a una puesta en escena demasiado próxima y cerrada para mi gusto, me impide empatizar con sus miserias, de manera que cuando se pone toda la carne en el asador (volviéndose, además, demasiado convencional), no me importen demasiado el destino de esa familia.

Casademunt se la juega todo a dos bazas, la fotografía, sucia y opresiva, y el talento de sus actores, los tres muy sobresalientes, pero descuida un poco ciertos matices el guion que confieren al film un ritmo demasiado lento al principio y demasiado vulgar en su desenlace.

En resumen, una propuesta interesante y desoladora pero que no termina de arrancar y vale más por el poso reflexivo que deja que por el propio visionado.

 

Valoración: Seis sobre diez.

miércoles, 12 de enero de 2022

Visto en Amazon Prime: GARCÍA Y GARCÍA

García y García es una película que se estrenó sin pena ni gloria el pasado mes de agosto pero que llega ahora, a bombo y platillo, a Amazon Prime, presentada casi como de uno de sus grandes estrenos se tratara.

En su momento, el film de Ana Murugarren fue objetivo de críticas despiadadas que la definían como un horror de película, lo cual deja en muy mal lugar el pabellón de producciones españolas de Amazon tras el esperpento de Cuidado con lo que deseas, pero a la hora de la verdad lo cierto es que no es para tanto.

Típica comedia de equívocos con trasfondo romántico como añadido, García y García es una película que no llega a lo que aspira, que es una especie de remiendo del cine esperpéntico de Fesser (ahí sí que estuvo más acertada Amazon con Historias lamentables), pues la historia parece querer evocar en muchos momentos al humor absurdo de tebeo propio de Ibáñez. No llega, digo, a tanto, pero tampoco es el despropósito que tanto se ha dicho.

En el fondo, se trata de una comedia protagonizada por José Mota y Pepe Viyuela, lo que significa que esperar maravillas de ella ya parece absurdo de por sí. Y no por poner en duda el talento de sus protagonistas, que no lo hago, sino porque no podemos encontrar ningún gran título de ellos en el mundo del cine, lo que demuestra que este no es, seguramente, el medio en el que más cómodos se encuentren.

Por eso, con unas expectativas acordes a lo propuesto, García y García cumple a la hora de hacernos sonreír con cuatro tonterías. Se trata de un humor bobo y muy simple que no busca más que hacer pasar un rato entretenido, tal y como podría hacer cualquier producto televisivo de sus protagonistas. Una película de evasión, muy ligera y facilona, que apunta bajo y, gracias a ello, acierta. Es como ir a comer a un fast food. Que si uno espera un plato de gourmet sale trasquilado, pero si tiene claro que lo que le van a ofrecer es una hamburguesa con kétchup y patatas fritas, puede disfrutar de ella.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

lunes, 3 de enero de 2022

Visto en Netflix: A 1.000 KILÓMETROS DE LA NAVIDAD

Entrado ya el año nuevo, se podría decir que estamos ya en la recta final para ver películas navideñas sin sentirnos culpables por ello. Ya he comentado muchas veces el uso y abuso de Netflix en el género, convirtiéndose casi en un abanderado de la materia, pero lo que no es muy frecuente es que lo hagan mediante producciones españolas, más allá de la maravillosa Klaus, aunque no entra de lleno en esta categoría.

De hecho, la filmografía española no destaca precisamente por películas de Navidad, a no ser que nos remontemos a épocas muy lejanas, por lo que más allá de Barcelona, nit d’hivern o Noche de Reyes, poco hay que rascar.

Curiosamente, dos plataformas han presentado este año propuestas muy bienintencionadas, lo cual no es necesariamente equiparable a sus resultados. Si Cuidado con lo que deseas, de Amazon Prime, es un espanto total, situándose entre lo peor que he soportado a lo largo del 2020, no es que A 1.000 kilómetrosde la Navidad, de Netflix, sea precisamente la cara opuesta, pues sus defectos son más que sus virtudes y se le ven las costuras por todas partes. La diferencia es que esas pocas virtudes son suficientes como apra justificar su visionado y acabar la experiencia con una sonrisa, ya que eso es precisamente lo que pretende y no quiere aspirar absolutamente a nada más.

El punto de partida de alguien que odia las Navidades y trata de huir de ellas no es nada novedoso (lo primero que me vino a la mente es Una Navidad de locos, que partía de esa rareza de novelita de John Grisham), y que sin ser para nada un remiendo de Cuentos de Navidad de Charles Dickens sí tiene un regusto de tipo amargado y desencantado que la agermana a la popular obra vistoriana.

El guion está cargado de tópicos y hasta estupideces, y casi se puede intuir por donde van a ir los tiros desde la primera escena, pero no importa. En este caso, a diferencia del título ofrecido por Fernando Colomo, el director Álvaro Fernández Armero (cuyo éxito pre-pandemico de Si yo fuera rico aún resuena) sí sabe dar con las claves para que esto no sea más que un cuento bondadoso y edulcorado, que sin el reclamo de grandes figuras de la interpretación consigue enternecer y meterse en el bolsillo al espectador, contagiándolo del espíritu navideño que tanto pregona y que, alejándonos de la gran ciudad y al amparo de un hermoso pueblecito de los Pirineos, resulta mucho menos artificioso y capitalista de lo que nos hemos acostumbrado a sufrir.

Buena propuesta, por tanto, para despedir las fiestas sin muchas pretensiones y con las expectativas bajas.

 

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 25 de diciembre de 2021

Cine: MAMÁ O PAPÁ

El cine español se sigue nutriendo (o abusando) del uso del remake para sus comedias más populares, pero cuando se cuenta con un director tan refinado (ojo, estoy hablando sin conocer la película original) como Dani de la Orden, poco puede salir mal.

Cierto es que no todas las películas de De la Orden me han parecido maravillosas, y suele caérseme cuando apuesta más por la comedia pura y dura (caso de El pregón o El mejor verano de mi vida) que por las emociones, pero en Mamá o papá creo que está sobresaliente, consiguiendo un desarrollo muy divertido y aportando por algo bastante escaso en su filmografía, el humor negro.

Ciertamente, Mamá o papá, lo que se suponía una comedia familiar con claro mensaje moralista, es una sucesión de gags con mucha mala baba, algunos casi crueles, que si bien pueden compartir universo con las familias de niños resabiados a la par que extravagantes que tan bien se le dan a Santiago Segura en films como Padre no hay más que uno o su secuela, sabe ir más allá para no caer en la fórmula de la repetición (no puedo quitarme de la cabeza la horrible Cuidado con lo que deseas).

No ha sido sencillo el periplo de esta película para conseguir ser estrenada, siendo una de las más afectadas por la pandemia y viendo cómo los meses iban pasando sin encontrar un hueco en las carteleras (de hecho, ha tenido tiempo el bueno de Dani de la Orden de hacer una película por en medio, la interesante Loco por ella de Netflix), consiguiendo al fin su estreno en época navideña, como su argumento necesita, pero con la mala suerte de coincidir en salas con ese monstruo que es Spiderman: No way home que está arrasando con todo.

La premisa (triste por lo que tiene de real) se centra en unos padres que, tras un inevitable divorcio aparentemente amistoso, comprueban como ocuparse de sus hijos no encaja con sus nuevas vidas y aspiraciones profesionales, con lo que la lucha por la custodia por la que tantos padres divorciados sufren se torna en la lucha por la no custodia. Unos desternillantes Paco León y Miren Ibarguren componen a este matrimonio condenado a quererse pese a haber perdido la pasión que los mantenía unidos y cuya guerra por conseguir el desprecio de sus hijos se les irá de la mano de una manera tan desquiciante como, por momentos, histriónica.

Al final, tenemos una colección de cafradas, un descenso a los infiernos de una apareja tan irresponsable y egoísta que resulta imposible no comprenderlos y amarlos, logrando el director de Litus o sus dos Barcelonas (la de invierno y la de verano), una comedia agridulce, tan divertida como desoladora, emotiva y malvada, que no pierde en ningún momento de vista su coherencia argumental ni se deja desbordar (cosa casi hasta tentadora) por el exceso desmedido.

Una propuesta muy agradable para disfrutar en familia (o no) durante las fiestas navideñas.

 

Valoración: Siete sobre diez.