viernes, 25 de marzo de 2022

Visto en Netflix: HASTA QUE NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR

Dirigida por Bruno Ascenzo, esta coproducción hispano-peruana resume todos los males endémicos del género de la comedia romántica. Si hace poco hablaba, a raíz de Quiero que vuelvas, de la necesidad que tiene el género en renovarse, con Hasta que nos volvamos a encontrar se demuestra claramente los motivos.

Hasta que nos volvamos a encontrar es, sobre el papel, una simpática historia sobre un emprendedor español que, acosado por el peso del legado familiar, viaja hasta Cusco con la pretensión de edificar allí un mega hotel de siete estrellas, donde conoce a una lugareña que le va a enseñar a ver el mundo de otra manera y que, por descontado, no va a simpatizar nada con la idea de construir semejante monstruo arquitectónico en ese paraíso natural.

No hay nada novedoso en el planteamiento de la historia, de hecho recuerda mucho a la mucho más amable A  1.000 kilómetros de la Navidad, pero lo verdaderamente sangrante es la puesta en escena. Con un insulso Maxi Iglesias como ombligo del mundo y Stephanie Cayo como mochilera objeto del deseo, la película está totalmente construida alrededor de ellos, dejando a los paisajes (a los que les habría venido de perlas un director de fotografía algo más laborioso) como tercer protagonista. Más allá de estos tres elementos y la endeble moralina de enfrentar a los constructores con los espacios naturales, no hay apenas nada que rascar en una película tan insultantemente previsible como plana, en la que ni hay un verdadero conflicto ni se le espera.

Al final, lo que tenemos es una sucesión de cosas, sin que las motivaciones de los personajes justifiquen realmente sus progresos ni que nos creamos sus personalidades en ningún momento. No hay una verdadera construcción de personajes, y la acción avanza porque sí, por capricho del guion, sin que nada de lo que sucede avance de manera fluida y natural.

No es una película horrenda, y seguro que hará las delicias de aquellos que solo esperen una dosis de romance con dos chicos guapos al abrigo de un paraje espectacular, pero hay que exigirle mucho más a una película que parece conformarse con ofrecerlo mínimo confiando en llegar a un sector del público entregado a este tipo de propuestas y despreciando al resto.

Una verdadera lástima, ya que solo por ver las vistas peruanas ya merecería verse la película. Pero la balanza, esta vez, dice no…

 

Valoración: Cuatro sobre diez.

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