martes, 1 de marzo de 2022

Visto en Netflix: LA MATANZA DE TEXAS

Apadrinado por el mismísimo Sam Raimi, Fede Alvarez parece querer ser el nuevo adalid del cine de terror, género del que tan solo se ha desviado en su interesante Millennium: Lo que no te mata te hace másfuerte. Tras debutar como director y escritor en el remake de Posesión Infernal y repetir en la muy apreciable No respires, su carrera como director parece haberse tomado un descanso en el mundillo televisivo mientras, como guionista, firmó parte del libreto de la secuela de No respires que dejó en manos de Rodo Sayagues.

Ahora, su último capricho junto al propio Sagales, ha sido levantar el proyecto de La matanza de Texas, que pese a repetir título es, en realidad, una secuela directa del clásico de Tobe Hooper de 1974, en un ejercicio muy similar al realizado por David Gordon Green en 2018 con La noche de Halloween.

Con David Blue Garcia en la silla de director y Netflix auspiciando el proyecto, La matanza de Texas se olvida de todas las secuelas y remakes anteriores y retoma la historia tal y como quedó en el 74, con Sally Hardesty como única superviviente de Leatherface y residiendo todavía en el lugar de los hechos de la masacre narrada por Hooper. Han pasado cincuenta años sin saberse nada del destino de Leatherface, pero la llegada al pueblo de Harlow de un grupo de jóvenes emprendedores que han comprado la mayoría de las casas para venderlas en subasta con el fin de crear una zona de moda en medio de Texas despierta a la bestia.

Si bien La matanza de Texas original es recordada por sus escenas de fuerte impacto, lo cierto es que con tenía mucho menos gore de lo que la memoria de la mayoría cree, si bien sí había un fuerte discurso político bien camuflado entre tanta sangre y violencia. En esta continuación pasa justo lo contrario: la vistosidad de las muertes cobra más protagonismo que nunca y si se quiere buscar segundas lecturas hay que hacer un esfuerzo notable (y teniendo el peligro de caer en el discurso social más ridículo posible), ya que estamos principalmente ante mucha paja manchada de sangre.

En realidad, no hay nada creativo en el invento de secuela tardía con la que nos quieren vender esto, sino un lío de derechos que impidió que todos los intentos de reinicios siguieran adelante, pasando la saga de unas manos a otras y contando con cuatro líneas cronológicas oficiales, un caos que no deja de ser una colección de carnaza para un Leatheface que se convirtió en un icono de los slasher clásicos, a la altura de Freddy Krueger, Jason Voorhes o Michael Myers, gracias a su máscara hecha con piel humana y su eterna motosierra.

Poco más añade esta película a la mitología, dotando al asesino de una fuerza casi sobrehumana que lo acerca más a un ser sobrenatural que al demente que era en su origen, donde la duración del metraje y su contundencia impiden que se caiga en el aburrimiento pero sin que se encuentra nada novedoso que justifique la existencia de esta nueva rama de la franquicia.

En fin, más sangre, más adolescentes como carnaza y más desmembramientos gratuitos para fans del gore pero sin ningún interés específico para el resto de los mortales.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

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