jueves, 2 de enero de 2014

IN MEMORIAM

(En memoria a todos los desaparecidos durante el pasado 2013, ya sean del mundo del cine o simples espectadores de la vida...)
Aunque no es objetivo de este blog hacer artículos de opinión o tratar noticias más allá de comentar los estrenos cinematográficos de cada semana no quería dejar pasar el cambio de año sin hacer un pequeño recordatorio a toda la gente del cine que nos ha dejado durante el 2013. En este sentido, el 13 ha sido un número especialmente negativo, pues son muchos y muy grandes los artistas que han desaparecido.
Empezamos el año con la pérdida del patriarca de los Guillén. Fernando Guillén llevaba cinco años retirado de los escenarios, pero lo último que habíamos visto de él fue una breve intervención televisiva en Plutón Verbenero, de Alex de la Iglesia.
En marzo, el cáncer le ganó la batalla a Pepe Sancho, un grande de toda la vida que siempre estará marcado por su papel de estudiante en Curro Jiménez y que tras una amplia trayectoria se despidió por lo grande en la exitosa Crematorio.
Sara Montiel era tan diva que hasta se permitió irse de entre nosotros el mismo día de su nacimiento, el 8 de abril. Ella fue una pionera en esto de “hacer las américas”.
No todos son actores en esta lista. El polémico director Bigas Luna también fue arrastrado por el cáncer, mientras que un accidente cerebro-vascular se llevó a Jess Franco, el director que mejor conjugaba erotismo y terror. Constantino romero, gran presentado y mejor doblador (que también coqueteó, pero poco, con la interpretación) ya no volverá  a decir eso de “Volveré” con su potente voz.
Posiblemente las dos muertes más icónicas por sus largas trayectorias y el carisma que transmitían a su público, fueron las de Alfredo landa y Manolo Escobar, aunque entre las más dolidas por la edad y la brusquedad con que se fueron serían las de James Gandolfini  y Paul Walker, mientras que el último grande en ingresar en esta maldita lista negra ha sido Peter O’Toole, eterno Lawrence de Arabia.
Lamentablemente, no han sido los únicos en dejarnos, aunque posiblemente los más importantes. Críticos, periodistas, grandes damas del teatro, magos de los efectos especiales… Demasiados para nombrarlos todos sin olvidarnos a nadie. 2013 ha sido, en este sentido, un año aciago para el cine y desde aquí mi más sentido recuerdo a todos ellos.
Brindemos por un 2014 en el que las malas noticias se deban, exclusivamente, a la calidad de las películas.

Amén.

miércoles, 1 de enero de 2014

LO MEJOR Y LO PEOR DEL 2013.

Bueno, pues aquí estamos de nuevo, con el 2014 recién estrenado y esperando la primera ocasión para acudir a las salas de cine en masa a ver que delicias nos ofrecen las carteleras del nuevo año.
Mientras, ¿qué mejor momento para descansar un poco en el camino y echar la vista atrás, para reflexionar con lo vivido este 2013 y recordar brevemente lo bueno y lo malo que hemos disfrutado en la pantalla grande?
El 2013 ha sido, además, el primer año de vida de este blog, que tras un inicio titubeante ha ido consiguiendo mantener su publicación de forma regular. 142 han sido los estrenos que se comentaron, algunos rescatados de finales del 2012 (y solo en 13 ocasiones he hecho “trampas” para poder ver las películas), de los cuales 18 han sido con producción española.
Una vez más (y ya nos es algo novedoso en los últimos años), el comic ha demostrado ser el mejor amigo de un guionista y, sin que ningún hobbit pudiese remediarlo, Iron man 3 ha sido la gran triunfadora en taquilla, mientras que la noticia más comentada ha sido sin duda la elección de Ben Affleck para encarnar al nuevo Batman.
Hemos tenido de todo: cine bueno, cine malo y, sobre todo, decepciones. Este es un ligero repaso de lo vivido bajo mi modesta opinión, la cual sabéis que podéis machacar libremente en la zona de comentarios.
En el aspecto positivo, que es el importante, empezamos el año con las grandes triunfadoras de los Oscars: Argo, El lado bueno de las cosas y Django desencadenado estuvieron a la altura de las circunstancias y aunque quizá no lleguen a pasar a los anales de la historia si suponen lo mejorcito de lo que se estrenó en los USA en el 2012 (donde yo incluiría también a Los Vengadores y Lo imposible). En este 2013 nos llegó también la que creo fue la gran olvidada en los premios: El atlas de las nubes, una magnífica y complicada adaptación literaria que merece visionarse dos veces al menos para asimilar su grandeza y con la que los Wachowski merecían congraciarse con el gran público.
Ya entrados en faena del 2013 el primer (y a la postre definitivo) pelotazo fue la tercera aventura en solitario de Iron man, que a punto estuvo de coincidir en su estreno con una agradable sorpresa, Oblivion, que me permitió (y Jack Reacher lo confirmó) volver a creer en Tom Cruise. Espectacularidad visual futurista, al igual que un espectáculo visual –aunque de estilos completamente opuestos) eran Stoker y la maravillosamente excesiva El gran Gastby.
Poco después nos llegaron dos películas pequeñitas pero muy interesantes, joyitas del cine europeo la primera e independiente la segunda, La caza y The east. Dos ejemplos de que no siempre es necesario un gran presupuesto para conseguir una gran película. Sin embargo, como para demostrar que lo contrario –una gran película también puede hacerse con un gran presupuesto- también es posible, llegó Star Trek: en la oscuridad, segunda incursión de J.J.Abrams  en el mundillo trekkie antes de pasarse “al lado oscuro de la Fuerza”.
No tan buena, pero igualmente interesante, y demostrando algo tan complejo como que las películas de zombies pueden ser también un pasatiempo familiar, descubrimos a Brad Pitt y su Guerra Mundial Z.
Cada dos por tres, cosas de las casualidades (o no) nos encontramos con dos estrenos que compiten con argumentos semejantes. Si el 2012 fue el año de las Blancanieves, el 2013 fue el año de destrozar a la Casa Blanca, aunque la que finalmente se llevó el gato al agua fue Asalto al poder, mucho más trepidante y divertida que Objetivo: la Casa Blanca.
Con la única excepción de la esperada secuela de Los Juegos del hambre, con el final del verano comenzaban a llegar películas muy interesantes, de esas que empiezan a sonar de cara a la temporada de premios que está a punto de empezar. Primero fue la brillante El mayordomo y luego las pantallas de cines se revolucionaron con Gravity, donde se demostró que el 3D no siempre es un gasto tonto de dinero.
La tercera en discordia (a falta de poder ver 12 años de esclavitud) es Blue Jasmine, el retorno de Woody Allen al buen camino y que nos permite empezar a especular sobre la posible ganadora a mejor actriz, ya que Sandra Bullock y Cate Blanchett bordan sus respectivos personajes.  Personalmente, en esta lista incluiría también a Rush, pero el hecho de que se estrenara tan pronto sin duda le va a restar muchas opciones.
Otras dos grandes películas, ya en las acaballas del año, fueron el Médico y Frozen, el reino del hielo, aunque la primera posiblemente pase desapercibida de cara a recibir algún gran premio mientras que lo último de Disney prácticamente tiene asegurado su Oscar a la mejor película de animación.
Y no puedo cerrar esta lista sin nombrar a dos estupendas comedias de terror que sirvieron también para demostrar porqué en este país algunas cosas funcionan tan mal, como es el caso de la luchan contra la piratería. Me estoy refiriendo, por supuesto, a las maltratadas por las productoras La cabaña en el bosque y Bienvenidos al Fin del Mundo, glorioso cierre de la trilogía del cornetto de Edgar Wright.
Lamentablemente tiene que haber de todo en la villa del señor, por lo que algunas películas desastrosas merecen ser también mencionadas para que huyáis de ellas si podéis. Algunas son simplemente malas. Otras desaprovechan con torpeza el posible potencial que tenían. Son, en resumen, los truños del año. Truños como La jungla: un buen día para morir, Los amantes pasajeros, Un amor entre dos mundos, Scary movie 5, After Earth, Noche de marcha, Niños grandes 2, El llanero solitario, Aviones, RIPD, Jobs, Juerga hasta el fin, Sólo dios perdona, La huida, Paranormal movie, Caminando entre dinosaurios, Diana y Viral. Lo bueno es que, en muchos de los casos, no ha sido una sorpresa y su inexistente calidad se veía venir de lejos.
Finalmente, he decidido hacer una tercera lista de películas flojitas que, por sus actores, premisa argumental o ambición, han resultado ser finalmente decepcionantes. Muy floja fue la biografía de Hitchcock, planteamiento interesante pero poco más el de The Purge, y descontrol visual completamente falto de alma el que nos trajo Guillermo del toro con su Pacific Rin. Hemos tenido remakes que no superaban al original, como Posesión Infernal y la nueva Carrie, secuelas innecesarias como R3sacón o kick-Ass 2, algunas adaptaciones sosas y excesivamente recortadas como El juego de Ender y otras demasiado alargadas como El Hobbit: la desolación de Smaug, títulos de los que se esperaba mucho más, como El Consejero
Y luego hemos tenido esa cosa llamada El hombre de acero de la que creo que se ha comentado ya todo lo que se puede comentar.
En fin, este ha sido un ligero repaso por lo que se ha podido ver (o, por lo menos, lo que yo he podido ver) en las salas de cine. Como siempre, no están todas las que son, pero sí son todas las que están. En el olvido han quedado (quien sabe si para recuperar alguna vez en DVD) Amour, La vida de Adele, La gran belleza o Una familia de Tokio.
Este año, mucho cine español (exitosas Mamá, Los últimos días, Tres bodas de más; desconcertantes Las brujas de Zagarramurdi, Grand Piano o La gran familia española; brillantes Ismael, Retornados o Futbolín; espantosas Los amantes pasajeros o Viral) y mucho comic (aparte de las ya citadas Iron man 3, El Hombre de Acero y RIPD hemos tenido por aquí también a Lobezno inmortal, Thor: el reino oscuro y Zipi y Zape y el club de la canica). Ha habido mucha película para adolescente con la idea de convertirse en nuevas y exitosas franquicias que se quedan en eso, en la idea. Y, los de mi generación, hemos visto la confirmación del retorno de dos monstruos del celuloide más musculoso como son Schwarzenegger y Stallone, juntos y por separado.
Y hemos tenido, sobre todo, una Fiesta del Cine más exitosa que nunca que ha provocado diversas iniciativas para abaratar el precio de las entradas y que ayudan a demostrar que, si la gente no llena más las salas, no es por culpa de la piratería.

O al menos, no solo por culpa de ella.











martes, 31 de diciembre de 2013

¡VAYA PAVOS! * (3d10), LLUVIA DE ALBÓNDIGAS 2 (4d10), FUTBOLÍN (7d10)

Segunda entrada pre-fin de año y, definitivamente, la última de este 2013.
Como es evidente, la llegada de las vacaciones navideñas trae consigo un aluvión de películas animadas, más si tenemos en cuenta que parece haberse perdido la tradición de hacer una película 100% navideña (atrás quedaron ya los ¡Vaya Santa Claus!, Bad Santa, los fantasmas atacan al jefe, Un padre en apuros…). Lo cierto es que este año, con la presencia de la maravillosa Frozen lo han tenido difícil para competir, pero ellas lo han intentado. En un año en que la animación ha sido un poco excesiva y no demasiado afortunada estos son los tres últimos coletazos:
¡Vaya Pavos! Lo peor no es la traducción española del título, pero casi. Claro que estrenar en Navidad una película ambientada en Acción de Gracias tampoco ayuda demasiado. Olvidémonos por ahora de esas joyas de la animación para adultos y niños con guiones inteligentes y chistes brillantes a la par que incomprensibles para los más pequeños. ¡Vaya Pavos! es una película para niños. Y punto. Tonta, previsible y tópica, cuenta la historia de unos pavos que viajan en el tiempo para cambiar la tradición de comer pavo en acción de gracias. Lo peor es que el principio, con el protagonista consiguiendo el indulto presidencial y viviendo a sus anchas en la Casa Blanca, era prometedor. Y la animación tampoco es para echar cohetes.
Lluvia de albóndigas 2. Si una cosa funciona, ¿para qué estrujarse el coco pensando nuevas propuestas? Secuela (¿apostamos a que no será la última?) del film del 2009 que continua la moda de mundos imaginarios ultra coloridos (os remito a la crítica que escribí de Los Croods) que saturan los ojos de los asombrados niños. Y si es en 3D, mejor. Fuera de la originalidad de los seres que aparecen (mitad animales, mitad comida) la historia no tiene nada de imaginación, siendo una nueva
 vuelta de tuerca a la moralina sobre la importancia de los amigos y la familia. Entretenida pero poco más, con una animación bastante mediocre que recuerda más a un producto televisivo que a una superproducción de cine. Absténganse adultos.
Futbolín. Por fin, el toque de calidad. Si no fuera porque estas navidades Disney se ha puesto las pilas sería la mejor película animada de la temporada. No en vano está dirigida por Juan José Campanella, que desde su éxito con El secreto de sus ojos estaba abocado a la televisión americana. Cuando un director de prestigio se pasa a la animación es porque tiene algo que contar, y aunque esta historia de futbol y magia (unos muñecos de futbolín que cobran vida) no es más que más propaganda sobre el valor de la amistad, al menos lo hace de una forma inteligente, con escenas emocionantes, diálogos divertidos y movimientos de cámara espectaculares. Podría ser casi perfecta, si no fuera porque, como saben, el fútbol es un deporte maldito en el cine. Así que las distribuidoras han apostado poco por ella. De toda la cartelera es, sin duda, la mejor opción para que los padres puedan llevar a sus hijos al cine sin miedo a sufrir ningún infarto cerebral.
Y ahora sí. Hasta aquí hemos llegado. Mañana (pasado a más tardar) prepararé una entrada especial con lo mejor que nos ha dado este año cinematográfico, pegaré algunos palos y empezaremos a hacernos la boca agua con los títulos que han de venir en el 2014.
Pero eso será mañana. Y como decía Escarlata O’Hara: “mañana será otro año”.

¿O no era así?

PARANORMAL MOVIE * (1d10), THE COLLECTOR * (3d10), THE BLING RING * (4d10)

Se acaba el año, amigos. Atrás quedan doce meses de cine, bueno, malo y regular, y atrás quedan también un buen puñado de entradas de este blog que nació en enero del 2013, aunque no se empezó a publicar con la periodicidad deseada hasta cerca del verano.
Llega ahora el momento de realizar listas de lo mejor y lo peor, descubrir nominaciones a premios y festivales y comenzar las apuestas de cara a los Oscars. Pero antes, permitidme dos últimas entradas para analizar un puñado más de películas.
En esta primera voy a recuperar (a falta de ver –gracias de nuevo, distribuidoras- la que se supone es una de las obras más interesantes de la temporada: 12 años de esclavitud) tres títulos que por diversos (y afortunados) motivos no pude ver en su momento y he recuperado estos días mediante métodos algo menos… “ejem”… tradicionales, ya me entendéis. No se trata en ninguno de los tres casos, como veréis, de buenas películas, pero merecen sus dos o tres párrafos de gloria tanto como la que más. ¿O no? Pues alguna quizá no, ¿qué queréis que os diga? Pero bueno, allá vamos…
Paranormal Movie. La crítica es sencilla. Esta película no debería haberse realizado nunca. Y sus artífices no deberían existir tampoco, está claro. Es un insulto a la inteligencia del espectador desde el primer al último minuto, sin un solo chiste que pueda provocar siquiera una sonrisa, mal dirigida, aburrida y absurda a partes iguales y que lo único que la salva del cero absoluto es que Marlon Wayans, un habitual a todas estas películas patrañas que terminan en “movie”, se esfuerza en gesticular y poner muecas para animar al respetable. Pero sin un mínimo de guion que lo apoye, poco puede hacer. Del argumento, poco que contar. Una parodia de Paranormal Activity o cualquiera de estas pelis casposas de posesiones mediante el insufrible subgénero del metraje encontrado. 
Por cierto, aviso para navegantes: la peli esta, en versión original, se llama A Haunted House. Lo digo porque parece ser que pulula por ahí otra Paranormal Movie también filmada este año, con Eric Roberts, William Katt (¿qué han hecho contigo, Gran héroe americano?) y alguna vieja gloria más que parece ser que es aún peor, cosa que me parece imposible.
The collector. Esto es una continuación (estrenada aquí con casi dos años de retraso y en cuatro salas mal contadas) de una peliculilla de terror con algún elemento interesante que se llamó The collection y que parió uno de los guionistas de Saw. Empieza bien la cosa, con un punto de originalidad con respecto a otros productos hemoglobínicos como este, con un grupo casi paramilitar entrando en casa de un asesino en serie llena de trampas para rescatar a una de sus víctimas. Al final, lo de siempre: muchos gritos, mucha sangre y poco talento. Las muertes no tienen la originalidad y frescura que en los inicios de la saga Saw y todo se vuelve demasiado previsible y absurdo. La historia no se sostiene por ningún lado, pero no parece importarle a nadie. El director no parece saber que tanta sangre, por saturación, termina por dejarte indiferente.
The Bling Ring. El punto gafapastas del día. ¿O no? Pues va a ser que no. Tras las interesantes Las vírgenes suicidas y Lost in translation, la carrera de Sofía Coppola como directora está dando un alarmante bajón. La historia de un grupo real de adolescentes que entran en casas de sus ídolos (léase Paris Hilton, Lindsay Lohan y celebritys así) para probarse sus ropas y efectuar pequeños hurtos daba para más, invitando a una crítica social sobre la influencia negativa de cierto famoseo en la adolescencia americana, por ejemplo. Pero en manos de Coppola se convierte en una sucesión de imágenes de jóvenes estúpidos haciendo cosas estúpidas que termina por aburrir soberanamente, pese a las buenas canciones que acompañan la imágenes o la presencia de Emma Watson, única cara reconocible en este grupito de niñatos insoportables.
Y hasta aquí lo que ha dado de sí el año en lo que imagen real se refiere.

En un rato me despido con tres títulos animados. El año que viene, más.

sábado, 28 de diciembre de 2013

EL MÉDICO (8d10)

Cuando se anunció que comenzaba a rodarse una adaptación de la exitosa novela de Noah Gordon, El médico, que ha vendido más de veinte millones de copias en todo el mundo, cabría suponer que los fans se pondrían como locos, criticando las elecciones de casting o alabando los supuestos aciertos.
Sin embargo, no sé si por tratarse de una película alemana y no americana (aunque filmada en inglés y con aire de superproducción), el film se ha estrenado con más pena que gloria, con una publicidad paupérrima y en menos salas de lo esperado, por más que la fecha elegida sea propicia para una película de carácter histórico como la que nos ocupa.
Dejando de lado la odiosa comparativa con la novela, El médico es una magnífica recreación de la sociedad de la Edad Media (Londres en su inicio, Persia el resto del film) con la excusa de un joven huérfano que comienza trabajando como ayudante de un barbero (mezcla de charlatán y matasanos) que decide emprender un viaje por medio mundo para conocer a Ibn Sina, quien se supone es el mejor médico del mundo, con la esperanza de poder aprender de él algo de medicina “de verdad”.
Con unos toques fantásticos que a mi entender deslucen la obra (¿de verdad lo considerabas necesario, Gordon?), El médico no solo es la historia de la madurez (mental y espiritual) de este joven capaz de cambiar incluso de Fe por conseguir su objetivo, y de sus aventuras y enamoramientos por el camino. Es, además, una reflexión sobre la codicia política (eso de que el poder corrompe viene de lejos) y los peligros de la religión mal entendida.
Dirigida con brío por Philipp Stölzl, prácticamente un desconocido hasta la fecha, todo el peso de la película (150 minutos que no se hacen para nada largos) cae sobre las espaldas del joven Tom Payne, que acepta la responsabilidad y cumple con creces, sabiendo pasar de la ternura al odio en una fracción de segundo sin caer en la caricatura ni perdiendo credibilidad. Junto a él, dos veteranos lucen con luz propia, Stellan Skarsgård, magnífico, y Ben Kingsley, que por fin puede volver a demostrar lo gran actor que es después de su polémica interpretación de el mandarín en Iron man 3 y su plano paso por Los juegos de Ender.
Stölzl compone una película épica, de hermosa fotografía y grandes confrontaciones, que bien podrían recordar a las grandes producciones que Estados Unidos parece haber olvidado como hacer, destilando grandiosidad sin necesidad de caer en digitalizaciones exageradas que acaban por sacar al espectador de la historia.

Interesante, emocionante, divertida y dramática a partes iguales, bien interpretada y mejor dirigida, con una subtrama romántica que en ningún momento obstaculiza a la narración, no encuentro ningún pero con que señalar a esta historia que, además, invita a reflexionar sobre la intransigencia religiosa y a disfrutar de los (escasos) momentos de paz y cordialidad entre judíos, musulmanes y un cristiano infiltrado.

LA VIDA SECRETA DE WALTER MITTY (7d10)

Ben Stiller es un tipo curioso, un cómico de toda la vida que un buen día decidió pasarse periódicamente al otro lado de las cámaras y que, como le sucediera a su tocayo Affleck, conseguiría así sus mejores trabajos. Alabado por la crítica por Zoolander y por el público por Tropic thunder, era difícil a priori saber qué esperar de su tercera película en la que, además, abordaba un argumento a priori más serio y trascendental que en sus dos primeras obras: la búsqueda de la libertad. Pero no en un sentido literal, no. La libertad del alma, de la mente. Del espíritu.
Basada en un relato corto de James Thurber, que ya pasó a la pantalla grande en 1947 con Danny Kaye, Virginia Mayo y Boris Karloff como protagonistas, y adaptada en esta ocasión por Steve Conrad, experto en esto del trascendentalismo ya que es el firmante de En busca de la felicidad y el hombre del tiempo, la vida secreta de Walter Mitty explica como en plena transición de la revista Life del formato impreso al digital (con los consiguientes recortes de personal) Walter Mitty, dedicado durante 16 años a la recepción y procesamiento de negativos fotográficos con encuentra una pieza concreta del último envío de Sean O’Conell, fotógrafo estrella, la que se supone es su mejor trabajo y debe ser utilizada como portada del último ejemplar en papel ya que capta a la perfección la quintaesencia de la publicación.
Pero este no es el único problema de Walter. Por un lado, está enamorado hasta las trancas de una compañera de la oficina con la que no ha reunido nunca el valor suficiente para un simple Hola, mientras que por otro tiende a “evadirse”, a vivir fantasías en su imaginación que le permitan hacer lo que no es capaz de conseguir en la realidad.
Ahora, llega el momento en que debe decidir si luchar por aquello en lo que cree (el amor de su vida y recuperar el valioso negativo) o conformarse con vivir dentro de su imaginación.
Bajo esta premisa Stiller –total foco de atención de la película- realiza una propuesta interesante que invita al optimismo y manda un contundente mensaje muy acorde con estas fechas navideñas para no rendirse nunca y seguir luchando hasta el final. La lástima es que la fuerza que contiene el mensaje no es acorde con la fuerza de su guion, que comienza a desinflarse a mitad de la película, justo cuando los paralelismos entre las “dos vidas” de Walter empiezan a desaparecer y la realidad se descontrola hasta perder credibilidad.
No obstante, Stiller no se conforma con ser un narrador de buenas nuevas, sino que insiste en ser el protagonista de la cinta desde ambos lados de las cámaras, erigiéndose como un director prodigioso y componiendo una película cuya fuerza visual es tan arrebatadora que cabe perdonarle la flojera final del señor Conrad (que tampoco me gustó en los dos guiones ya mencionados). Acompañada por una banda sonora perfecta, la fotografía del film es hermosa e impactante, con contrastes de colores imposibles que iluminan esta historia de superación personal con una metáfora sobre la perdida de la inocencia y los valores de fondo en referencia a la invasión del mundo digital, arrasando no solo con montones de puestos de trabajo sino con la belleza y grandiosidad que caracterizaba a las míticas portadas de la revista y que desemboca en la escueta pero mesiánica aparición de Sean Penn interpretando al esquivo fotógrafo O’Conell.
A veces divertida, a veces emotiva, a veces exagerada, siempre majestuosa. Stiller se doctora, definitivamente, como uno de los grandes directores de este todavía imberbe siglo XXI.

Habrá que estar bien atentos a su siguiente paso.

CAMINANDO ENTRE DINOSAURIOS (3d10)

Existen dos maneras de analizar una propuesta de estas características: por un lado, considerándola una película más o, por el otro, como un mero documental. No en vano debe su origen a una conocida serie televisiva de la BBC que recreaba digitalmente el hábitat natural de los habitantes del mesozoico.
Así, si pensamos que estamos ante un documental, quedaremos fascinados ante el alarde técnico que combina la digitalización de los dinosaurios con paisajes reales, dando ciertamente la sensación de estar caminando entre ellos, de verlos como seres reales. Los problemas, sin embargo, son dos. Por un lado la acción se sitúa en la actual Alaska, y en pos al realismo deben limitarse a los animales que realmente vivieron en esa zona concreta del mundo (que en aquella época, naturalmente, no tenía ningún parecido con la actual Alaska). Y, ya sea por culpa de Spielberg y su popular parque o por la incidencia de la cultura popular en forma de dibujos animados o ilustraciones infantiles, lo cierto es que ver resurgir a tan formidables seres y no toparse con ningún tiranosaurio, velociraptor, triceratops, braquiosaurio, diplodocus, etc. pues termina resultando algo decepcionante. El segundo pero es el hecho de que esté destinado a un público infantil, provocando que las escenas de lucha sean poco realistas, pues  no es plan de traumatizar a los niños de por vida con una orgia de sangre y violencia, como debía resultar en la realidad. Pese a ello, es fácil quedar hipnotizado por las impactantes imágenes y los hermosos paisajes.
Ahora bien, esto en realidad es una película, por más que cada vez que aparece una especie nueva la acción se detenga y una voz en off lea el texto de la pantalla con el nombre del bicho en cuestión y alguna característica suya. Hay un argumento, unos diálogos e incluso unos actores (Karl Urban, ¿en qué estabas pensando?) en las escenas introductorias y finales. Y por ahí sí que no paso, amigos. Si analizamos “esto” como una película la conclusión es que es realmente insoportable, espantosa y casi ofensiva.
Su trama está copiada de mil películas ya vistas antes, con el tema de las migraciones como gran telón de fondo (ahí están La edad de hielo, Dinosaurio, En busca del Valle encantado o incluso Los Croods), con un protagonista que pierde a su familia y debe superar mil dificultades hasta ser el líder de la manada (como en el Rey León o Bambi) y que para más inri tiene un defecto físico debido al ataque de un depredador cuando era apenas una cría (vamos, calcado a Buscando a Nemo). Además, hay un compañero de aventuras que sirve de narrador que pone el punto ¿cómico? a la historia y cuya constante verborrea termina con la paciencia del más santo. Los diálogos son constantes, agotadores, totalmente faltos de gracia y que encima estropean la imagen, ya que por algún motivo ajeno a mi comprensión no se ve ningún movimiento de boca (o morro, hocico o como sea que haya que decirlo) cuando hablan, provocando más distanciamiento aún.
Insufrible es poco, y la única nota positiva es que tarda tan poco en aparecer la primera escena ridículamente mala (un cuervo hablando al chico protagonista –burdo recurso para conseguir que el espectador se identifique con ese chico y se sienta partícipe de la historia-) que estamos a tiempo de salir de la sala y suplicar que nos permitan cambiar la entrada por cualquier otra película en la sala de al lado.

Así que ya sabéis. Si os gusta el cine, olvidaos de este engendro. Si os gustan los dinosaurios, recuperad la serie de televisión. O alquilad Parque Jurásico. O Tyrannosaurus Azteca. Cualquier cosa será más entretenida que esto.

LA LEYENDA DEL SAMURÁI (47 RONIN) (5d10)

La historia de los 47 ronin es un cuento tradicional japonés, una leyenda de esas de toda la vida que se transmiten de padres a hijos y que podría creerse que está inspirada en una base real si no fuese por la presencia de espíritus demoníacos, brujas y dragones.
Y es importante resaltar esto porque quien se  acerque a este film sin tener claro que, desde el punto de vista occidental, está englobado en un mundo fantástico puede quedarse descolocado ante la primera aparición mitológica, en contraposición con el aspecto realista, e incluso histórico, que de la sociedad feudal japonesa se ofrece. Y aquí se encuentra el primer error de la película, la pretensión de tomarse en serio a sí misma en lugar de apostar abiertamente por la ficción,  pretendiendo (sin conseguirlo) comunicar los valores de un pueblo que, visto lo visto en pantalla, resulta fascista, absurdo y carente de sentido. No basta con repetir hasta la saciedad la palabra honor para transmitir dicho concepto, pues lo que nos plasma en pantalla el director Carl Rinsch (un debutante, por cierto, lo cual dice bien poco en nombre de la ambición de los productores) corresponde más a la sumisión ciega que al honor.
Interpretada con corrección por un recuperado Keanu Reeves (que en breve presentará su debut como director, Man of Tai Chi, también de tono oriental, lo que sugiere que su participación en este film sea casi un capricho más que simple confianza en un proyecto), Hiroyuki Sanada (visto recientemente en Lobezno inmortal), Tadanobu Asano (el Hogun de las dos Thor, va de comics la cosa) y las féminas Kô Shibasaki (estrella televisiva en el país nipón) y Rinko Kikuchi (que ya mancilló el espíritu japo en la cansina Pacific Rin), la segunda traba de La leyenda del Samurái es responsabilidad de su director, un artesano del copia y pega (Japón es algo más que árboles en flor y puentes curvos) que ha visto demasiadas veces El Señor de los Anillos, aunque no las suficientes como para aprender algo de Peter Jackson. El Japón de esta película tiene unos bonitos colores, pero poco más, demostrando que el señor Rinsch quiere jugar a ser Yimou Zhang, Chan-wook Park o Ang Lee pero las buenas intenciones pocas veces son suficientes. Aunque quizá el problema no sea sólo suyo. Quizá radique también en querer disfrazar de oriental una producción americana.
El tercer punto negativo está en su guion. Desconozco la leyenda original y lo fieles que han sido a la historia de estos 47 samuráis que buscan vengar la muerte de su señor, pero una cosa es el argumento y otra muy diferente el guion. Y por mucho que pueda ser normal intuir cómo va a acabar una película, saber después del primer cuarto de hora quién va a morir antes, cuáles y  cómo van a ser los enfrentamientos finales y cómo se va a desarrollar prácticamente todo no es muy positivo.
Pese a todo, la película es entretenida y no aburre en ningún momento (¿cómo hacerlo? ¡Es una peli de samuráis con peleas y monstruos!), con luchas bien coreografiadas y una adecuada ambientación, pero cuyo resultado final más bien sabe a poco.
¿Quién sabe? Igual es cosa mía, que me estoy haciendo mayor. ¿Quién le iba a decir a un fan incondicional en los 80 del cine de Schwarzenegger que iba a puntuar igual a La mirada del amor que a El Hobbit: La desolación de Smaug y que iba a pasarlo mejor con Ismael que con una de samuráis.

Definitivamente, los años no perdonan…

viernes, 27 de diciembre de 2013

ISMAEL (7d10)


La película del director argentino Marcelo Piñeyro, autor entre otras de la interesante El Método, es una apuesta por el melodrama puro y duro, un género poco trabajado en el cine español con escasas excepciones, la mayoría representadas en la figura de Pedro Almodovar.

Partiendo de la historia de Ismael, un niño negro que escapa de su casa de Madrid para viajar hasta Barcelona para conocer a su padre biológico, el desarrollo de la trama es tranquilo y carente de sorpresas, con un ritmo sosegado y, en ocasiones, demasiado bienintencionado, y con unos personajes que, analizados a fondo, son quizá demasiado amables y comprensivos con lo que les sucede, restando así algo de intensidad al drama que se supone nos están contando. No obstante, Piñeyro tiene la habilidad (gracias en parte a su guion) de darnos ligeras pinceladas de historias paralelas que si bien se entrecruzan con la principal sin apenas influenciar en ella nos ayudan a disfrutar de cierta coralidad, evitando la pesadez de dejar todo el film en manos única y exclusivamente de un padre y su hijo, algo que podría recordar a aquella película de lágrima fácil y bostezo generoso que unió a dos generaciones de Smith en En busca de la felicidad. Así, la relación entre Félix, el padre del chico, y su propia madre, Nora; el pasado de su buen amigo Jordi; la problemática social de un grupo de alumnos inadaptados de Félix o los restos del amor no cicatrizado entre este y Alika, la madre de Ismael, quien sí parece haber sido capaz de rehacer su vida; dan la suficiente salsa a la película para no encontrarnos ante un simple telefilm lacrimógeno de media tarde.

Además, junto a los preciosos paisajes de Cadaqués (parece que la costa mediterránea se ha puesto últimamente de moda en nuestro cine), lo que más destaca en la película es la capacidad de sus intérpretes para componer unos personajes creíbles sin abusar de la sensiblería. Con los únicos peros del propio Ismael (Larsson do Amaral, que hace un buen trabajo –muy por encima en la comparativa con el insoportable Jaden Smith- pero al que se le nota que es su primer papel en cine, transmitiendo simpatía pero poco más) y Juan Diego Botto (por debajo de sus posibilidades, quizá por falta de dedicación por parte de los guionistas hacia su personaje), el resto del electo protagonista está de diez, destacando Belén Rueda, que se ha ganado por derecho propio ser considerada la gran estrella del panorama nacional, ya sea en cine de terror, intriga o, como en esta ocasión, en drama (y donde coquetea con acierto con el humor) y cuyas escenas junto al magnífico Sergi López son lo mejor del film. La modelo, también debutante en pantalla grande, Ella Kweku no desentona y Mario Casas sorprende, dando un nuevo paso de gigante en su trayectoria y demostrando que puede distanciarse de su imagen de pegatina de carpeta de adolescente que se ganó a pulso con las taquilleras Tres metros sobre el cielo, Tengo ganas de ti y la serie televisiva de El Barco, mereciendo ser valorado como intérprete no sólo por quitarse la camiseta en sus películas más flojas sino por su buen hacer en títulos como la excelente Grupo 7, la interesante Las brujas de Zugarramurdi y, ahora, Ismael.

No se trata de una película perfecta, pero sabe tratar con acierto los temas del corazón, emocionando cuando debe emocionar y sacándonos una sonrisa cuando es necesario sacarla. Y eso no siempre es fácil.

martes, 24 de diciembre de 2013

FELICES FIESTAS A TODOS LOS CINÉFILOS.

Ha sido casi un año compartiendo películas y opiniones con todos vosotros, los que me seguís fielmente, los que comentáis de vez en cuando o los que solo os acercáis por aquí ocasionalmente. Todos formáis parte de esto, y para todos vosotros va este mensaje en el que quiero transmitir un poco de esperanza y optimismo. Seguro que el año que viene será mejor. Seguro que la crisis empezará a remitir, que nuestros políticos harán un poco menos el ridículo, que Europa dejará de criticar a nuestro deporte, que descenderá el paro, que las subidas de impuestos quedarán olvidadas y que la salud y el amor nos acompañará a todos. 
Y si no es así, por lo menos seguro que siempre nos quedará el buen cine.
A todos vosotros: 




¡¡¡FELICES FIESTAS Y DISFRUTAD AL MÁXIMO DE LA NAVIDAD!!!




lunes, 23 de diciembre de 2013

EL HOBBIT: LA DESOLACIÓN DE SMAUG (7d10)

De nuevo nos encontramos de viaje por la Tierra Media, ese lugar parido en la imaginación de J.R.R.Tolkien pero que los aficionados al fantástico (tanto literatura como cine –o, incluso, juegos de video o rol-) conocemos casi mejor que a nuestro propio barrio.
Inicialmente, se pensó dividir la novelita de El Hobbit (prácticamente un cuento al lado de su hermana mayor: el Señor de los Anillos) en dos películas, planeando una tercera que sirviese de puente entre el final de la aventura de Bilbo Bolsón y el comienzo de la saga de El Señor de los Anillos, pero finalmente se decidió que la novela sería dividida en tres partes, añadiéndoles pasajes que pertenecen en realidad a El Señor de los Anillos (adelantando así ese supuesto argumento puente entre ambas obras) y con otras historias y personajes de nueva cosecha. Así, la primera consideración hacia esta película es que contiene alguno de los defectos y virtudes que ya viésemos en El Señor de los Anillos: Las dos Torres. Por un lado, ya entrados en faena, es mucho más divertida y emocionante que El Hobbit: Un viaje inesperado, ya que no debe perder el tiempo en presentación de personajes (recuerden la tediosa e interminable secuencia de la cena en la Comarca) ni hay infinitas escenas de los enanos caminando, cabalgando o corriendo (sí, los planos panorámicos son excelentes, pero también excesivos), aunque por otro lado el coitus interruptus que supone la escena final (mucho más abierta que su predecesora, hace que el año de espera hasta llegar a la resolución final se vaya a hacer muy largo, y quien sabe cuántos abandonarán el viaje antes de tiempo (pese a ser muy superior a El Hobbit: Un viaje inesperado, la taquilla de El Hobbit: La desolación de Smaug está siendo notablemente inferior).
Quiero aclarar lo primero que la película me ha gustado. Y mucho. No debería dejar de comentar los alardes técnicos, la maestría de Peter Jackson a la hora de filmar o lo apasionante de la historia, con la simpatía que nos produce encontrarnos con viejos amigos como Legolas o una desconocida Tauriel que recuerda (y mucho) a Arwen de Rivendel, por no hablar ya de la omnipresencia de Gandalf el gris o el primer vistazo a la característica imagen de… (bueno, dejemos los spoilers para otro día). Sin embargo, teniendo tan reciente la magnífica saga de El Señor de los Anillos, con esos once Oscars recaudados por su última entrega pero que pueden considerarse como si la academia hubiese tratado la trilogía como una sola película de nueve horas (y es que de eso se trata en realidad), las expectativas eran altas, y tener a Peter Jackson a los mandos obligaba a exigirle lo mejor de lo mejor. Por eso puede que, al terminar de leer esta crítica, se quedan con más cosas negativas que positivas. Pero, seamos realistas, lo positivo ya se lo pueden imaginar antes de entrar en la sala de cine, ¿no?
El primer error grave es la duración del metraje. En la ya nombrada trilogía era algo casi obligado debido a la densidad del libro (aún hay quien se queja de las cosas que se quedaron fuera), pero en este caso, con tantas historias de relleno, se podría haber reducido bastante. De hecho, dos películas de duración estándar serían suficientes para contar lo que Jackson (y Guillermo Del toro, que recuerden que era el primer director elegido y cuya mano está en el guion) quería, y si nos olvidamos del dichoso puente entre ambas sagas, una sola película habría resultado excelente.
Ya desde la primera visualización del tráiler asalta una duda al espectador: si es verdad que las tres películas se han rodado al unísono o si tras la fría acogida de la primera se hicieron cambios en el guion. Y es que ese ya mencionado tráiler parecía evitar los principales defectos de El Hobbit: Un viaje inesperado y que a la postre defectos repetidos en esta primera secuela. Y se trata, resumiendo, de la total falta de carisma de los protagonistas, los enanos, personificados principalmente en la figura de su líder, un Thorin Escudo de Roble, una suerte de Aragorn venido a menos que ni de lejos ejerce el papel de estrella de la función como hacía el personaje de Viggo Mortensen en la trilogía original, tanto por culpa del personaje, repelente y carente de empatía, como todo el elenco de enanos, como del intérprete, un Richard Armitage demasiado lastrado por el maquillaje y los efectos digitales que limitan sus dotes interpretativas prácticamente a la mirada.
Martin Freeman cumple como Bilbo Bolson, mucho más suelto que en la película anterior, aunque da la sensación de que Peter Jackson no ha confiado demasiado en su atractivo para con la taquilla y ha puesto toda la carne en el asador en forma de dos personajes inventados para la ocasión, Legolas (provocando el propio Jackson que insistamos comparando este Hobbit con aquel Señor de los Anillos) y Tauriel, elfos que no aparecían en el cuento de Tolkien. Ellos son lo mejor de la película, principalmente una Evangeline Lilly que se erige como la gran guerrera de este capítulo de la saga.
Por otro lado, la espectacularidad y belleza de algunas escenas (¡qué bien hecha está Ciudad del lago!) se contrapone a cierto abuso de los efectos digitales, haciendo que escenas tan bien resueltas desde el punto de vista cinematográfico –como la de los toneles en el río- acabe convertida en un videojuego, mientras que los Orcos carecen del encanto que el maquillaje les proporcionaba en El Señor de los Anillos.
Por último, cabe resaltar el gran defecto que Jackson ha demostrado en casi todas sus películas –sin contar ese experimento fallido que fue The lovely bones- es su tendencia al exceso, que ya perjudicó la (para mi) magnífica King Kong y que recuerda un poco a los errores de su colega Stephen Sommers en esa otra película injustamente despellejada que es Van Helsing. El Hobbit: la desolación de Smaug es un no parar, una carrera adrenalítica sin tiempo para el respiro que, por ser pieza intermedia de una trilogía, carece de los necesarios planteamientos, nudo y desenlace. Si bien por un lado es imposible aburrirse con este film también es necesaria una mínima pausa para poder respirar, haciendo que la acumulación de momentos climáticos agoten y den la sensación de que el film es más largo aún de lo que en realidad es, pareciendo  interminable, más si todo el mundo está esperando (ese es el reclamo de la película, no nos engañemos) la aparición de Smaug y este no solo se produce en la última media hora sino que compone las escenas más flojas (algunas casi ridículas) de la película.
Con muchas tramas abiertas a la vez (cuando en realidad deberían ser sólo dos: Bilbo y los enanos por un lado, Gandalf por otro) y un corte demasiado abrupto (incluso las dos primeras entregas de El Señor de los Anillos tenían una especie de conclusión), todo queda pendiente de cómo el señor Jackson sea capaz de cerrar la epopeya, cosa que será interesante de ver, ya que el equilibrio narrativo de aquella (y los conocedores de la obra ya sabréis a que me refiero) se me antojan complicados.

En resumen, cerca de tres horas de acción, diversión y mucha digitalización que si bien entretiene y emociona no alcanza la maestría que se le debe exigir a Jackson, el verdadero señor de la Tierra Media.