Tenían
razón. Todos los que habían visto Perdida
decían (el propio director incluido) que cuanto menos se supiera de esta
película, mejor. Y eso hace complicado realizar una crítica acertada de la
misma, ya que cualquier mínimo dato revelador sería un spoiler y podría
fastidiar un primer visionado de la misma (luego, el film es tan bueno que
puede volverse a disfrutar una y otra vez aun sabiendo lo que va a ocurrir,
pero la primera vez conviene acudir al cine lo más virgen posible).

Además,
para protagonizar la película ha elegido en dos actores que soportan con
maestría todo el peso narrativo y consiguen que un ejemplo, a priori, de guion
elaborado termine derivando en un ejercicio maestro de interpretación y buen
hacer frente a las cámaras.
Rosamund
Pike, gran actriz a la que Hollywood le debía un gran papel como este,
condenada hasta ahora de ser una cara reconocible pero siempre a la estela de
la estrella de turno (véase Jack Ryan
o Bienvenidos al Fin del Mundo, por
poner dos ejemplos recientes) encarna a Amy Dunne, una mujer en apariencia
feliz y querida por todos que un día desaparece sin más. Su diario, del cual
vamos conociendo pasajes en paralelo a la investigación policial, revela sin
embargo que las cosas no son tan bonitas como parecía. La Pike consigue abanico
de registros magníficos, consiguiendo llevar al espectador por donde ella
quiere a su antojo.

Fincher,
con su virtuosismo narrativo de siempre, se basa en la desestructuración de un
matrimonio para crear una historia de intriga aprovechando la ocasión de llamar
la atención sobre los medios de comunicación, manipuladores algunas veces, perturbadoramente
influyentes en otros. ¿Todo vale, podíamos preguntarnos, por conseguir
audiencia, siendo el efectivísimo más importante incluso que la verdad?

Perturbadora
y agotadora por momentos, Perdida no necesita ser tramposa para engancharnos,
presentando a unos personajes tan especiales y estudiados como perfectamente
identificables, sin olvidarnos de la aportación de Carrie Coon como la hermana
del marido, Nick Dunne y con una única pieza que rechina, la presencia de Neil Patrick
Harris, que aunque lo hace francamente bien su mera aparición provoca risitas
entre el público independientemente de su función dramática. Y es que la sombra
de Barnie es alargada…
Y
hasta aquí puedo llegar. Sobresaliente y emotiva, todo lo que siga diciendo
empezará a estar de más. Lo mejor es disfrutarla. Fincher es único, y lo vuelve
a demostrar…
Por cierto, y solo a modo anecdótico: ¿alguien sabe porqué en el póster original aparece Ben Affleck de espaldas y en el español sale de frente? ¿Será que aquí el nuevo Batman cae mejor (o menos mal, según se mire) que al otro lado del charco?
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