domingo, 21 de diciembre de 2014

ANTBOY * (3d10)

Al amparo de las grandes producciones Marvel que copan los primeros puestos de la taquilla mundiales durante la última década llega una película pequeñita y muy infantil desde la no muy conocida cinematografía danesa.
Antboy es una película para niños sobre un chavalín que obtiene los poderes de una hormiga y, ayudado por su nuevo amigo (un friki de los cómics) se dedica a combatir el mal, encarnado principalmente en el personaje de su némesis La Pulga. Supongo que es mi obligación tratar de ponerme en la piel de un infante para poder juzgar la película como lo que es, sin pretender encontrar en ella una profundidad de personajes demasiado elaborada o giros de guion que me sepan sorprender, pero lo que no puedo aceptar es que con la excusa de que es una peli para niños se aceite el "todo vale" y de por bueno un guion insuficiente y unas interpretaciones lamentables.
Para empezar, estoy ya un poco harto de pelis infantiles en que los niños no actúan como niños. Comparándola con aquella otra reciente tontería de la Disney llamada Alexander y el día terrible... y un montón de cosas más, me pregunto si realmente los niños de hoy en día ya no se limitan a jugar a la pelota, a leer tebeos o a vivir aventuras imaginarias. ¿De verdad todos los críos de diez o doce años viven obsesionados por la niñita rubia de la clase y pierden el sueño por su amor? Porque este es el punto de partida de una peli donde a continuación se van a plagiar sin rubor todos los tópicos claves de las historias de superhéroes (este Antboy es en realidad una versión infantil y sin telarañas de Spider-Man) en la que hay que hacer constantes saltos de fe para tragar sus excusas argumentales, con un protagonista con cara de tortas y un secundario (el consabido sidekick en las sombras) francamente insoportable, con un villano deplorable y mal explicado y con algunos casos sueltos (¿no va a pasar nada con la versión nórdica de Norman Osborn?) que demuestran la desidia de los propios guionistas.
Ni siquiera la previsible resolución de la trama romántica se molesta en buscar la más mínima coherencia, resultando como es, simplemente, porque en las cintas a la que copia es eso lo que debe ocurrir.
Es una peli para niños, vale, pero es una peli para niños tontos o, en su defecto, que no les importe que los traten como a tal. Porque si el público objetivo son de edad suficiente para aceptar la trama romántica seguro que prefieren la violencia amable de Hulk o Los Vengadores antes que eso, y si el target es mucho más joven media película les parecerá simple y pura paja.
Y es que, por encima de todo, la peli es insoportablemente aburrida.
En breve se va a estrenar (si no lo ha hecho ya cuando lean estas líneas) Big Hero 6, peli de superhéroes Disney para niños y con la marca Marvel detrás. Ante esa perspectiva, ¿de verdad van a perder el tiempo viendo esta bobada?

AHÍ OS QUEDÁIS * (5d10)

Esta es una de esas películas que a simple vista se podría catalogar como de comedia romántica, pero que tras un rápido vistazo se descubre que el fondo es mucho más dramática que cómica, por lo que encajaría perfectamente en ese género no oficial acuñado sobre todo por comunicadores del postcasting que es la dramedia.
Partiendo de la premisa, no demasiado original, de la muerte del padre, la familia vuelve a verse las caras para el funeral, sin saber que la última voluntad del difunto era la de que sus allegados celebren en su honor el shivá (un velatorio judío pese a que la mayoría de ellos no comulguen con esa práctica), lo que los obligará a pasar más días de los esperados juntos, con los consabidos enfrentamientos y revelaciones de trapos sucios varios.
Capitaneados por la siempre espectacular (y visiblemente artificial) Jane Fonda, la película pretende ser una reflexión intimista sobre los lazos familiares, resultando simpática y entrañable y provocando ocasionalmente alguna sonrisa sana (y e que siempre es sano reírse cuando los problemas son de los demás).
Algo flojea, sin embargo, en esta producción aleccionadora sobre la vida y la muerte que tiene como protagonista a un acartonado Jason Bateman, un tipo acostumbrado a las comedias pero con una expresión demasiado amarga para soportar el peso de las mismas. Esta genial como hombre atribulado al que la vida maltrata con sorna, pero necesita alguien a su lado para elevar el tono cómico, como le sucedía con Melissa McCarthy en Por la cara o con Jennifer Aniston, Jason Sudeikis y compañía en Cómo acabar con tu jefe. Y la presencia en el reparto de nombres como Tina Fey o Rose Byrne no es ayuda suficiente si el guion no les da la oportunidad de apoyar el trabajo de Bateman como sería necesario.
Quizá la falta de convicción en su banda sonora, otro elemento imprescindible en este tipo de comedias, tampoco ayude a consolidar el ritmo de la narración, echándose de menos algún momento videoclipero donde la balada de turno proporcione la emotividad allá donde las interpretaciones de sus actores no alcanzan a hacerlo.
Se trata, por supuesto, de una comedia muy blanca, lo cual es de agradecer, huyendo conscientemente del humor zafio y vulgar de los Farrelly o Apatow de turno, aunque al buscar una profundidad poco dada en su filmografía el director Shawn Levy renuncia también a su propio estilo más visual y absurdo que tan buenos resultados le ha dado en la saga, por poner un ejemplo de su extensa filmografía, de Noche en el museo, tratando de acercarse más a la escuela de Richard Curtis
No es una mala película. Entretiene y por momentos divierte, pero falla en su ritmo, proporcionando una sensación de vacío en algunos momentos del metraje. No deja de ser, en definitiva, una comedia americana tratando de emular a las comedias británicas, y eso propicia que el resultado final se asemeje a la copia de algo que no terminan de saber llevar a buen puerto.
O quizá todo se deba, ya conocéis todos mis fobias, a no haber podido disfrutarla como corresponde, en pantalla grande.

martes, 9 de diciembre de 2014

RASTRES DE SÀNDAL (7d10)

Pese a no ser exactamente autobiográfica, la novela homóloga de Asha Miró (en colaboración con Anna soler Pont) es una nueva vuelta de tuerca al tema de la adopción infantil en la India, verdadero leif motive de la obra de Miró debido a su propia experiencia personal.
En este caso, se cuenta la historia de dos hermanas separadas de pequeñas. Una de ellas, la mayor, creció en su India natal donde pasó de ser criada a enamorarse del hijo de su amo, futuro productor de cine, y convertirse en una gran estrella en Bollywood. La otra, adoptada desde Barcelona con apenas tres años ha crecido sin conocer nada sobre sus orígenes o la existencia siquiera de esa hermana que ha dedicado toda su vida a buscarla.
Rastres de sàndal (conviene verla en versión original, pues hay una parte hablada en catalán, otra en indio y mucho en inglés) trata sobre el dolor de la separación y el derrumbe psicológico de una persona al descubrir que todo lo que creía ser está fundamentado en una mentira, pero es también un camino de retorno a las raíces, a la búsqueda de unos sentimientos que no parecían existir hasta ahora pero que permanecían ocultos en algún lugar del corazón.
Con la India y Barcelona como telones de fondo, la directora Maria Ripoll nos ofrece una pieza emotiva y sincera, con sutiles toques de humor y romance y, también, vamos a ser realistas, con alguna metedura de pata. Como la incorporación de Prakash a la historia, un atractivo indio que regenta en un videoclub de El Rabal que no solo es guapo y habla un catalán casi perfecto, sino que domina el baile regional y la cocina india como el mejor (y eso que dice no añorar para nada sus raíces). Un mozo tan tópicamente completito que desdibuja el realismo que se quiere dar a toda la historia (y algunos movimientos de cámara algo torpes y temblorosos ayudan a conseguirlo), ya que posee una perfección demasiado cinematográfica. Como resta realismo también el hecho de que ton tanta diversidad lingüística no se escuche a nadie en toda Barcelona diciendo una sola palabra en castellano. O el detalle de que la compañera de trabajo (y gran amiga y confidente) de paula (la hermana adoptada) sea de color para demostrar que la negación inicial de la muchacha de reconocer sus orígenes indios (rasgos, desde luego, no tiene) no tiene nada que ver con ser racista.
En fin, meros detalles para una historia colorista como el cine de Bollywood, empapado del aroma de las especias indias y disfrutable como su música, un verdadero puente cultural que sobrevuela también el tema de los secretos familiares y la responsabilidad de unos padres ante un caso de adopción, pero sin desviar nunca la mirada sobre lo que de verdad quiere contar: el reencuentro de las dos hermanas y la aceptación o no por parte de Paula, bióloga de éxito y catalana de pura cepa.
O eso creía ella.

lunes, 8 de diciembre de 2014

OUIJA (4d10)

Recientemente, un amigo me preguntó cómo es que se hacen películas de terror tan malas, como si sus productores carecieran del más mínimo criterio o sentido común.
La respuesta es sencilla: dan dinero. Cuestan cuatro duros y, en apenas un par de días, recaudan ocho. Normalmente incluso llegan a número uno de taquilla en su primer fin de semana, aunque en la tercera hayan desaparecido totalmente del top ten. Y eso lo sabe perfectamente Michael Bay, que será mejor o peor director, pero como productor no tiene un pelo de tonto.
Ouija se engloba en esta categoría de pelis malas pero baratas a las que no conviene exigir demasiado. En realidad, era tan poco lo que yo le exigía que hasta me ha asombrado por los intencionados giros de guion que buscan sorprender y dotar a la historieta de fantasmas de turno de cierta coherencia argumental, que para los tiempos que corren para el cine de terror no es moco de pavo.
De todas formas, la cosa no da para mucho. Unos chavales jóvenes que se enfrentan al mal y bla, bla, bla… Una casa maldita que bla, bla, bla… Una persona internada en un psiquiátrico que tiene respuestas que bla, bla, bla… Nada nuevo bajo el sol. Actores del montón, sustos provocados por alteraciones musicales y tópicos a punta pala.
Si, como en mi caso, se tiene la suerte de ir a verla a un cine con la sala grande llena de adolescentes que parecen haber pisado un cine por primera vez en su vida y que saltan angustiados al primer susto, gritando histéricos y llamando por el móvil a sus padres al terminar la película para que los vengan a buscar porque no se atreven a ir andando solos hasta casa, pues al menos te permites echarte unas risas con la inocencia cinematográfica delas nuevas generaciones, que no tienen ni idea de lo que era ver sufrir de verdad a un grupito de adolescentes bajo la amenaza de las garras de Freddie, la motosierra de Letherface o el machete de Jason.
Al final, cine de entretenimiento de muy bajo nivel, inmerecedor de un aprobado pero no tan deleznable como cabría esperar (no es peor, por ejemplo, que la insulsa Annabel), que por un momento parece que podría funcionar mejor como película dramática (se plantea el tema del suicidio) que de miedo pero que pierde el control sobre si misma a medida que pretende acelerar el ritmo.
Con todo, alguna vuelta de tuerca funciona, aunque le sobra el consabido final tramposo que pretenda dejar mal cuerpo e invitar a una hipotética secuela.

MAGIA A LA LUZ DE LA LUNA (6d10)

Ya tenemos aquí nuestra ración de Woody Allen, y este año se ha hecho esperar, con más de dos meses respecto a su estreno americano.
Continúa el autor de Manhattan aprovechando sus películas para recorrer mundo y esta vez toca visitar La Provenza, donde se aleja de sus acostumbrados círculos urbanitas pero sin dejar de lado el ambiente adinerado y de clase alta que parecen tener sus últimas producciones.
Ambientada a finales de la década de los locos años veinte tiene esta Magia a la luz de la luna algún eco a su magnífica Midnight in Paris y no sólo por su ambientación francesa y su diversidad de personajes (la introspección entre cuatro paredes y alrededor de una mesa se la reserva para su amado Manhattan), sino por ese trasfondo mágico y sobrenatural que ya retrataba con mucho más humor en Scoop.
Un afamado mago (un gentleman londinense que actúa bajo el disfraz de un oriental) es persuadido por su mejor amigo (en un personaje que sin duda hace unos años Allen se habría reservado para si) para alojarse en una preciosa villa de la Provenza con el fin de desacreditar a una atractiva médium que al parecer pretende embaucar a una acaudalada familia.
Colin Firth cumple con creces como el estirado e incrédulo británico en un papel que le viene como anillo al dedo y que podría interpretar con el piloto automático puesto, siendo una mezcla entre la sobriedad de sus papeles más serios (como en El discurso del Rey o El topo) con su bis más cómica, el punto de locura surrealista de la que hiciera gala en Un plan perfecto.
Junto a él, Emma Stone se estrena como nueva chica Allen, logrando hacer suya la película y demostrando que, por encima de la genialidad (o no) del autor es ella (como Cate Blanchett lo era en Blue Jasmine) el verdadero motor del film. Tanto es así que se podría decir que si ella falla, la película falla, y por eso Allen ha tenido el acierto de contar con una de las mejores actrices jóvenes del momento (dudo que la Johannson hubiese resistido el peso de la narración tan bien), que siempre luce mejor con un ligero aire clásico (recuerden lo bien que le quedaba el papel de femme fatale en Gangsters Squad e incluso su Gwen Stacy tenía un puntito clasicista muy acertado).
Store brilla con luz propia, eclipsado todo lo demás, incluso los errores de guion que podrían ser pasable en cualquier otro director pero imperdonables en Allen, que si por algo ha destacado siempre es por sus libretos.
Y es que casi parece como si Woody Allen hubiese escrito esto con algo de desgana, forzando situaciones absurdas (un observatorio abandonado en mitad del bosque con la puerta abierta y en perfecto estado de utilización es sólo un ejemplo de ello) sólo por favorecer una situación, como si su ingenio fuese incapaz de buscar caminos más coherentes (para estas situaciones impostadas ya tenemos a Nolan), y con unos diálogos que, aun conservando la agudeza habitual y el cinismo propio de Allen, se tornan en ocasiones reiterativos y pesados, dando constantes vueltas sobre el mismo tema sin permitir avanzar demasiado la trama. Casi se diría que a Allen le sobra media hora de metraje (y eso que hablamos de una peli de hora y media justa) y no sabe cómo rellenarla.
Quizá si sea el momento de echar el freno y dejar de auto imponerse la realización de una película por año, más cuando en esta ocasión ha tenido el añadido de implicarse en otro rodaje por en medio, la flojita Aprendiz de Gigoló de su amigo Turturro.
Y no es que Magia a la luz de la luna llena sea mala, como lo era Desde Roma con amor, pero si flojea demasiado para un autor al que se le exige la excelencia, aunque todos (él inclusive) seamos conscientes de que las obras que bordó hace ya dos décadas no se repetirán. Pero aun así debemos pedir a Woody Allen mantener un nivel de brillantez que aquí sólo alcanza en momentos muy contados.
Claro que igual todo se resume a un "el fin justifica los medios" y todo valga para alcanzar un desenlace que, como los trucos de magia más manidos, no engaña a nadie y se deja ver desde el primer minuto.

TRASH, LADRONES DE ESPERANZA (6d10)

Los que han querido ver en esta película brasileña ecos de Ciudad de Dios no estarían para nada equivocados. De hecho, el director y guionista Stephen Daldry, conocido por Billy Elliot, Las horas o El lector, contactó con Fernando Meirelles para pedirle asesoramiento y este se implicó tanto con el proyecto que terminó participando en la producción del mismo.
Y es que Trash, ladrones de esperanza, está, como Ciudad de Dios, ambientada en el terrible submundo de las favelas, donde niños y mayores se ganan la vida con tareas tan crudas como, por ejemplo, rescatar algo de valor (botellas de plástico, metal...) de gigantescos vertederos de basura.
La diferencia está en que mientras Meirelles apostaba -basándose en una historia real- en el drama puro y duro, con apenas unas gotas de acción, la película de Daldry, basada en la novela de Andy Mulligan, es en realidad una aventura juvenil que bien podría recordarnos a unos socialmente maltratados Los Cinco o ser el reverso pobre y desamparado de la reciente adaptación de los hermanos Zipi y Zape.
Todo comienza cuando, tras un breve prólogo en el que vemos a un hombre durante un funeral, siendo luego perseguido y atrapado por la policía, no son antes conseguir arrojar una billetera al interior de un camión de basura, dos niños, Raphael y Marco, a los que luego se les unirá Rata, encuentran en el vertedero la misteriosa cartera en cuyo interior, aparte de algo de dinero, hallarán las primeras pistas para resolver un misterio que pondrá en peligro sus vidas y las de los que los rodean.
Así, aun estando muy presente durante toda la película, la pobreza y la corrupción en Brasil es tan sólo el telón de fondo para una aventura detectivesca con claves secretas y villanos malvados que, si acaso, peca de endulzar demasiado la trama en algunos momentos concretos.
Con el magnífico Martín Sheen y la melancólica Rooney Mara como nombres destacados de la producción (más reclamo comercial que otra cosa, los niños son quienes en todo momento llevan el timón de la trama), pero protagonizada realmente por tres chavales prácticamente rescatados de la calle y sin ningún bagaje cinematográfico, la historia es un laberinto de percusiones, emocionante, tierno, divertido y, también, de momentos dramáticos y angustiados, cuyo único pecado es no ser en ningún momento creíble.
Hay escenas que no se sostienen de ninguna manera, algunos personajes destacan por su simpleza (sirva como muestra el jardinero del corrupto Santos que casi sin venir a cuento les revela a los niños todo el misterio o la forzada aparición -y la ausencia posterior de reacción- del personaje de la niña) y las motivaciones sorprendentemente honestas y bienintencionados de los niños carecen de fundamento. Pero está claro que la intención de Daldry no era la de ofrecer un intenso drama real, sino encuadrar dentro de la Brasil más sucia y corrupta un cuento de hadas según el cual todavía hay esperanza para el mundo y donde los buenos son muy buenos y los malos muy malos, sin margen para grises nebulosos.
Cada uno tiene derecho a decidir sus intenciones y no voy a ser yo quien discuta las de Daldry, que ha preferido acercarse más (si me permiten la comparación) al estilo narrativo de Spielberg que al de Oliver Stone. O que Meirelles, ya puestos.
Trash, ladrones de esperanza es bienintencionada y positiva, y eso tampoco viene nada mal, ¿no?

EXODUS: DIOSES Y REYES (8d10)

Hay ocasiones en que uno desea tanto ver una película que esta por fuerza termina por decepcionar y es necesario un segundo visionado para poderla valorar correctamente. En este caso, sin embargo, eran tan desastrosas las primeras críticas que habían llegado a mis oídos (y eso que siempre intento evitar escuchar nada de una película antes de verla, pero en ocasiones resulta imposible) que habían producido en mí una especie de antihype que me hacía prever un péplum espantoso y plomizo.
Nada de eso. Exodus: De Dioses y Reyes es una gran película, en la línea de los grandes títulos de Ridley Scott, genial director injustamente vilipendiado por el mero hecho de que realizó dos títulos tan absolutamente buenos al principio de su carrera que siempre tendrá que competir contra la sombra de estos.
Probablemente es principal problema para algunos es que, por más que finjan no haberse dado cuenta, se trata de una película religiosa, independientemente del disfraz de épica que la rodea. Para bien o para mal es la adaptación (con ciertas licencias en las que luego me detendré más tranquilamente) de la historia bíblica de Moisés, que lidera la liberación del pueblo hebreo por mandato de Dios. Por tanto, todo aquel que no crea en la existencia de Dios (o simplemente respete a quien lo haga) difícilmente podrá aceptar la calidad de la película.
El verdadero defecto de Exodus: De Dioses y Reyes es su guion, algo endeble y con algunos diálogos realmente malos. 
Da la sensación de que, ante la falta de un contexto histórico real (no hay ningún hallazgo arqueológico que confirme la existencia de Moisés ni está claro que el Éxodo se produjese realmente, así como los motivos del mismo) los guionistas han querido “normalizar” la historia bíblica, como queriendo hacerla más creíble para los profanos, incluyendo conflictos de intereses entre Moisés y Dios, la representación divina en forma de niño, la creación de las Tablas de la Ley de la propia mano de Moisés o incluso una inicial explicación a las plagas de Egipto ligeramente basadas en un documental de National Geographic
Siendo Scott un director extremadamente sobrio, más preocupado por la calidad de sus imágenes (y estas son espectaculares, como no podía ser menos) que por la solidez de la historia (y la prueba es su otro gran péplum: Gladiator), era lógico que esta producción bíblica fuese mucho menos controvertida que la reciente Noé (qué duda cabe que Aronofsky es un autor mucho más personal que Scott), aunque sí mejor que aquella que, siendo también muy espiritual, estaba demasiado adornada por inspiraciones tolkinianas y tintes culebronescos.
Si en aquella la gran escena correspondía al diluvio, aquí todo el mundo espera la secuencia del Mar Rojo, en la que Scott era consciente de que las comparaciones con su mítica análoga de Los Diez Mandamientos de DeMille iban a ser inevitables, por lo que busca distanciarse lo máximo de la misma, consiguiendo una apuesta visual impecable aunque posiblemente menos espectacular que aquella.
Resulta curiosos, sin embargo, que en una película de más de dos horas de duración que noten ciertos huecos argumentales, ciertas elipsis excesivas que quién sabe si quedaron en la mesa de montaje o simplemente fueron maltratadas en el rodaje por la precipitación que se dice que hubo en el mismo, motivada por la imposición de la productora de estrenar antes de fin de año con vistas a entrar en la pugna por los Oscars. 
Es por ello que algunos personajes parecen desaprovechados (la Tuya interpretada por Sigourney Weaver es el ejemplo más claro) y se echen en falta historias ligeramente apuntadas (como la de la adoración del falso ídolo a los pies del monte Sinaí o la llegada de las diez plagas, que son terriblemente angustiantes pero pasan con relativa rapidez) o simplemente ignoradas (la expulsión de Moisés de la Tierra Prometida por golpear una piedra con su vara para conseguir agua o los diversos milagros que realizó durante el éxodo).
Tampoco considero que hayan tantos errores de casting como se ha apuntado por ahí, gustándome el Moisés de Bale (un actor que acostumbra a defraudarme) o incluso el Ramsés de Edgerton, que en los trailers o fotos promocionales no me encajaba pero que en pantalla luce muy bien.
Exodus: de Dioses y Reyes tiene secuencias épicas, emoción, drama y está exquisitamente bien filmada, con un Moisés mucho más humano y atormentado de lo que cabría suponer por los textos bíblicos, y una recreación hermosa e impresionante del Antiguo Egipto, en la que algunos podrán encontrar un cierto abuso del cartón piedra y el ordenador pero que a mí, como me sucediera ya en la ninguneada Pompeya, me ha maravillado.
La última película de Ridley Scott no es una película redonda, pero sí una gran película. El problema es que no es apta para todo tipo de mentes. Que cada uno lidie con su problema…

jueves, 4 de diciembre de 2014

THE ZERO THEOREM * (5d10)

Con más de dos años de retraso se estrena (y mal) en España la última paranoia de Terry Gilliam, el genial director de títulos como El rey Pescador, El secreto de los hermanos Grimm o El imaginario del Doctor Parnassus, que vuelve con este títulos a esos mundos claustrofóbicos y ciberpunk que ya recorriera en la mítica Brazil y la excelente Doce monos, hasta el punto que hay quien asegura que este The Zero Theorem supone (sin que el director lo haya confirmado) en cierre de una misma trilogía temática.
Amparada en un interesante reparto, marca habitual del director británico, The Zero Theorem narra la vida solitaria y angustiante de Qohen Leth, una especie de analista de datos que vive en una iglesia en ruinas y que recibe el encargo de tratar de descifrar el Teorema Zero, mediante el cual descubrir el sentido de la vida o, mejor aún, la ausencia del mismo.
Gilliam pretende crear una metáfora sobre la existencia del alma y el futuro al que cada ser está predestinado, en una búsqueda interna de lo que representa cada ser de manera individual. Pese a estar salpicado de gatas de buen humor (e incluso toques de romanticismo) es demasiado pretencioso para poderlo abarcar correctamente, y Gilliam (que no vive precisamente su mejor década) termina fracasando en el intento, consiguiendo, eso sí, un buen puñado de imágenes y escenas memorables y poco más.
Hay demasiada pretenciosidad en el proyecto, demasiada supuesta profundidad que termina conduciendo a callejones oscuros y sin salida, que la impresión final es de vacío y decepción, aunque hay que reconocer que el camino intermedio ha sido fascinante. Gilliam continua igual de hipnótico como siempre y The Zero Theorem no defrauda como desafío visual, desde ese Londres colorista y artificial hasta la iglesia donde vive Qohen, ejemplo de una época ya pasada y de una Fe perdida en el tiempo.
Christoph Waltz resulta convincente en su papel de Qohen, algo exagerado en algunos momentos, mientras que Mélanie Thierry logra aunar el punto exacto de inocencia y erotismo en un personaje tan desconcertante como entrañable. Completa el trío protagonista Lucas Hedges, un joven actor al que le va la marcha, pues es también habitual en el cine de Wes Anderson, mientras que se dejan ver también por ahí Matt Damon, Tilda Swinton (otra que tal), Peter Stormare  y David Thewlis, demostrando que el director sigue siendo un imán para algunos grandes nombres de Hollywood, independientemente del éxito de taquilla (y crítica) de sus últimos films.
The Zero Theorem atrapa casi desde el primer minuto, sumergiendo al espectador en un  mundo extraño y claustrofóbico, pero que se pierde en su intento de ser trascendental y finaliza con la sensación de que no se ha entendido nada.
Porque… sinceramente, aún no sé de qué va la peli…

lunes, 1 de diciembre de 2014

MORTADELO Y FILEMÓN CONTRA JIMMY EL CACHONDO (7d10)

Siendo como soy un gran entusiasta de los personajes del gran Ibáñez (en papel, claro) que me han acompañado durante toda mi infancia e incluso buena parte de mi juventud, no podéis haceros una idea de lo decepcionado que quedé con aquella película del 2003 que, bajo la firma del dúo humorístico  Gomaespuma, adaptaba en imagen real a los simpares agentes de información.
Sé que la peliculilla en cuestión obtuvo buenos resultados en taquilla (en su época batió el record de torrente, lo que no es poco) y provocó múltiples carcajadas, pero yo no supe ver en sus protagonistas a mis héroes patrios del tebeo, rozando en pantallas lo grotesco y esperpéntico. Ni que decir tiene que ya ni me atreví a acercarme a la secuela (como la mayoría de la gente) y perdí las esperanzas de ver algún día una buena adaptación.
Ahora, sin embargo, en pleno auge de los héroes de papel americanos, era absurdo no apostar por los iconos de casa y tras la más que digna Zipi y Zape y el club de la canica y en espera a la eterna SuperLópez ha sido de nuevo el propio Javier Fresser quien resucite su saga rindiéndose ante la dificultad de trasladar adecuadamente al mundo real estos personajes tan dados al humor absurdo y ha apostado por la animación, una animación, por cierto, excelente y con su inevitable contrapartida en 3D.
¿Y qué nos podemos encontrar en esta nueva adaptación? Pues para empezar, mucha diversión y un ritmo frenético que no concede ni un segundo de respiro, tal y como ya anunciaba su agotador tráiler. Esta vez sí se apuesta por la esencia implícita en Mortadelo y Filemón y se puede reconocer a los mismos en pantalla grande, junto a secundarios impagables como el Súper, Ofelia o el Profesor Bacterio y un, quizá excesivo, Rompetechos que se apunta (como ya hiciera en 2003) a la fiesta de invitado de honor.
No todo es perfecto en esta película, desde luego, y es que al pasar unos personajes de papel a imagen siempre podemos recelar de las voces elegidas para interpretarlos y en este caso pienso que se abusa tanto de la exageración  y la parodia que hay ocasiones en que hay que realizar un verdadero esfuerzo por entender lo que están diciendo, lo cual perjudica gravemente el resultado del divertimento. Con todo, la puesta en escena es impecable y la historia funciona a la perfección, recurriendo a todos los tics que cabría esperar aunque sin insistir demasiado (curioso me parece) en la habilidad para disfrazarse de Mortadelo, aunque se reconocen en ella, no obstante, las características del cine de Fresser, como ese gusto por lo grotesco que lo hermana al galo Jean-Pierre Jeunet..
Otra cosa sería entrar a valorar a quién va dirigida la película, si a cuarentones nostálgicos que crecimos leyendo sus aventuras en el clásico tomito de Olé o si a un público infantil que puede que ni conozca (ni le importe) a Mortadelo y Filemón sin que ello impida que puedan disfrutar igual del film. Soy consciente de que las nuevas generaciones llegan curadas de espantos y preparadas para todo, pero ante las continuas críticas que uno acostumbra a escuchar sobre lo poco adecuado que ciertos dibujos animados son para los niños (desde el Anime hasta los propios Los Simpsons, sin entrar a valorar ya apuestas más adultas de la propia Fox) hay que advertir que la película redunda en el sadismo y la crueldad, llegando a veces a hastiar tanto maltrato físico que resulta mucho más agresivo en movimiento que en el tebeo.
Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo es, pues, una divertida y desquiciante locura para carrozas con añoranza, más centrada en la acción que en la historia (de hecho, apenas se apuntan los motivos que tiene el tal Jimmy para odiar tanto a la T.I.A.), con algunos cameos despatarrantes (como ya acostumbra a hacer Ibañez en sus historietas) pero que puede dejar algo fríos a los más pequeños, desconocedores de la mitología de la época de Bruguera se seguramente entenderán el film como un producto de consumo palomitero y rápido de olvidar en lugar del clásico que aspira a ser y que no escapa de alguna errata, como la escena "onírica" de Filemón que apunta maneras a magistral hasta que Fresser peca de alargarla en exceso haciendo que pierda parte de su sentido, o el uso -en algunos casos desafortunado- de los momentos musicales, afortunadamente breves.

lunes, 24 de noviembre de 2014

LOS JUEGOS DEL HAMBRE: SINSAJO, PARTE 1 (5d10)

Se estrenó al fin uno de los títulos más esperados (y largos, permítanme que a partir de ahora la denomine simplemente Sinsajo parte uno) del año, sobre todo por las fans femeninas que han tomado esta saga literaria de Suzanne Collins como su máximo referente muertas ya las tontadas crepusculares  y arañando también fans de la otra gran adaptación millonaria que fue Harry Potter cuyos lectores han crecido lo suficiente para dejarse seducir por las acrobacias de una inspirada  Jennifer Lawrence y su (¿cómo no?) distópica sociedad.
No está nada mal la saga en cuestión, que mejoró en calidad con la llegada de Francis Lawrence a la silla de director (la primera la dirigió el algo descafeinado Gary Ross), pero siguiendo la estela de las dos sagas cinematográficas más arriba mencionadas ha tenido (él o los productores, tanto monta…) de partir la novela en dos, con la excusa de la duración pero con el propósito real de sacar más pasta en taquilla.
Si estuviésemos hablando de un producto original (algo así quieren hacer con Los Vengadores 3) no tengo ninguna objeción: si la temática gusta, cuantas más pelis mejor, pero en este caso, al estar sujetos a una estructura narrativa ya establecida como es la novela, los tiempos cinematográficos son incorrectos, de manera que la película queda lastrada por un ritmo desigual y un final anticlimático con sensación de “coitus interruptus”.
Y es una pena pues, gastado ya el tema de los Juegos propiamente dichos, tocaba ver el desenlace de la anunciada revuelta, la guerra largamente anunciada. Y de eso parece ir la película, regida por momentos por unos patrones más propios del cine bélico que de las distopías juveniles. Pero claro, unas golondrinas unos sinsajos no hacen el verano y pese a cuatro escenas de acción muy trepidantes y bien filmadas se echan en falta demasiadas cosas como para hacer que la película funcione por sí sola y no como un simple prólogo a la auténtica conclusión de la trama, para la que habrá que esperar un año entero.
Con todo, la cosa pinta bien (más si la parte dos está a la altura de las expectativas y consideramos ambas como una propuesta unificada), con una Lawrence totalmente hecha a su personaje y una colección impagable de secundarios, repitiendo Josh Hutcherson y Liam Hemsworth como vértices del inevitable triángulo amoroso, y los reputados Stanley Tucci, Jeffrey Wright, Woody Harrelson, Donald Sutherland y Elizabeth Banks eligiendo sus respectivos bandos de manera definitiva. En este sentido llama la atención, pese a que el conjunto de la adaptación superará muy probablemente las cuatro horas, la recuperación precipitada e incluso confusa de Effie Trinket y Haymitch Abernathy (Banks y Harrelson), casi en modo “pasaba por ahí” como si los considerasen imprescindibles para el fin de fiesta pero no supiesen justificar su presencia en el distrito trece.
Hay, incluso, algún actor nuevo (actrices, en realidad), como Julianne Moore (que debe pensar que de cine independiente y de culto sólo no se vive) y Natalie Dormer (la Margaery Tyrell de Juego de Tronos), dando un poco más de relumbrón, si cabe, a la película.
La historia arranca prácticamente donde termina la anterior, con Katniss y Finnick rescatados de los hombres del Capitolio y llevados al Distrito 13 donde la presidenta Alma Coin encabeza la revuelta con Katniss elevada definitivamente como símbolo de la libertad (el dichoso sinsajo del título) mientras que el pérfido presidente Snow utiliza al propio Peeta (al que se creía muerto) como elemento propagandístico contrario.
A partir de aquí nos encontramos con buenos y dramáticos decorados, una trama con mensaje libertario como telón de fondo y una Katniss muy icónica pero poco activa (lo único que hace en toda la película es lanzar una flecha con el arco) en un film que no aburre pero resulta demasiado plano para ser juzgado como poco más que un mero aperitivo del que vendrá el año que viene.
Pero si hay algo que realmente valga la pena destacar del film, lo que realmente consigue emocionar e incluso estremecer, es la presencia del gran y malogrado Philip Seymour Hoffman, ya que (si consideramos ambas partes como una sola película) ahora sí que estamos ante su última aportación al séptimo arte, como recuerda el crédito final con el que le dedican el film.
Una interpretación brillante (su presencia en En llamas fue bastante reducida  y su fallecimiento llegó con la Parte dos sin concluir) que será su testamento cinematográfico.Descansa en paz, maestro. Fuiste de los más grandes. Que tu despedida como mano derecha de la presidenta Coin quede en nuestro recuerdo.


ASÍ NOS VA * (4d10)

Podría ponerme en plan gafapastas y afirmar que Así nos va es una excelente metáfora sobre el paso del tiempo, el desgaste del talento desaprovechado y la demostración fílmica de lo cierta que puede ser la frase de que “cualquier tiempo pasado siempre fue mejor”.
O, dicho en otras palabras, estamos ante una tópica y simplona comedia romántica geriátrica protagonizada por un Michael Douglas más apergaminado que su propio padre, el eterno Kirk, una Diane Keaton muy distante de las damas elegantes y sofisticadas que tan bien encajaba en las película de Woody Allen y derivados, convertida ahora en una clon de sí misma encasillada en el permanente papel de “abuelita marchosa y guay” y, sobre todo, dirigida por un Rob Reiner que debe vivir de las rentas de su pasado y sobre el que debemos recurrir a la IMDb para comprobar que ha seguido activo los últimos años aunque su último éxito con algo de personalidad se remonte a un lejano 1995.
¿Quién podría reconocer aquí al fabuloso realizador que empalmó entre 1986 y 1992 cinco títulos tan dispares como geniales como fueron Cuenta conmigo, La princesa prometida, Cuando Harry encontró a Sally, Misery y Algunos hombres buenos?
Así nos va es la previsible historia de Oren Little un viudo huraño y cascarrabias que recibe sin previo aviso la visita de un hijo al que apenas ve para informarle de que está a punto de ingresar en prisión y debe dejar a su cargo a su hija Sarah, una nieta totalmente desconocida para Oren. Obligado por las circunstancias, Oren recibirá la ayuda de su vecina Leah (cantante de bar ocasional), la única de la comunidad con la que parece que el rango de odio y antipatía es algo menor.
A partir de aquí, ¿pues qué queréis que os cuente? ¿Me acusareis de spoilearos si os digo que la existencia de la niña logrará ablandar el pétreo corazón de Oren, que sus vecinos descubrirán en él a una persona que desconocían por completo o que su amistad con Leah se teñirá de rosa? No hay nada nuevo bajo el sol, y desde la primera escena la película sigue los cánones del género a rajatabla, sin reservarse la más mínima sorpresa ni apartarse un ápice del camino establecido. No hay nada en el film que pueda sorprendernos, por lo que solo nos queda disfrutar (o no) de un comedia de chistes fáciles, tan blanca como edulcorada y con el único aliciente de escuchar a Keaton cantando, lo cual, por cierto,  no hace nada mal.
Quizá sea una película adecuada para pasar una tarde lluviosa de domingo, pero poco más. Me temo que los antaño seguidores de Reiner debemos olvidarnos de su pulso firme y maestro como director y conformarnos con vivir del recuerdo y disfrutarlo ocasionalmente en su faceta como actor de paso en títulos como la relativamente reciente El lobo de Wall Street.
Habrá que conformarse.