lunes, 28 de septiembre de 2020

Visto en Netflix: EL PRACTICANTE

A la espera de que llegue su último estreno cinematográfico, No matarás, Mario Casas parece sentirse cómodo a las órdenes de Netflix, pues tras ser un secundario de lujo en Hogar ahora es la estrella absoluta del último gran estreno de la plataforma: El practicante.

Ángel es un paramédico de ambulancias al que, desde el primer momento, se le intuye un halo de oscuridad. Vive con la francesa Vane, con quien comparte la frustración de no conseguir ser padres. Cuando un accidente lo condena a la silla de ruedas, todo empieza a ir a peor.

Con una psique retorcida que recuerda en ciertos momentos a la perturbación de Misery (hay algo del King más terrenal en El practicante), el director Carles Torras, acostumbrado a oscuras turbias, completa su descenso a los infiernos con esta historia de obsesión enfermiza en la que cada acción de Ángel se convierte en un camino sin retorno del que no podrá tener escapatoria.

Muchos son los que odian gratuitamente a Casas por su pasado de «forracarpetas», considerándolo poco más que una cara guapita, pero hace años que él se empeña en buscar papeles diferentes y arriesgados con los que romper esos estigmas, tal y como tuviera que hacer al otro lado del charco gente como DiCaprio, por ejemplo. Aunque seguramente nada de lo que haga le sirva para convencer a sus enemigos, lo cierto es que está consiguiendo completar una filmografía de lo más estimulante, y si Adiós fue uno de sus zénits interpretativos, en El practicante seguramente se enfrente a su papel más incómodo y desagradable. Y una vez más, sale airoso del intento.

El practicante es una película que se cuece a fuego lento, de narrativa tranquila y con más silencios que palabras, que se alimenta de las sombras y logra componer a dos personajes tan desesperados como angustiosos. A fin de cuentas, El practicante no deja de ser una historia de amor, por más que sea un amor enfermizo, mal comprendido. Son dos seres rotos, cada uno a su manera, que Casas y Déborah François componen a la perfección.

Al final, lo que tenemos es una película de intriga que coquetea con el terror, muy sórdida e incómoda, que supone, quizá, el mejor trabajo de Torras hasta la fecha y logra erigirse como uno de los títulos más interesantes de Netflix de los últimos meses. Su brutal puesta en escena, sin embargo, no puede ser del agrado de todos. Ese es el precio que, conscientemente, hace pagar Torras, buscando con saña el desagrado y la inquietud.

 

Valoración: Ocho sobre diez.

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