lunes, 15 de julio de 2013

THE PURGE (LA NOCHE DE LAS BESTIAS) (6d10)

Cuando los productores Jason Blum (Insidius, Paranormal Activity) y Michael Bay (Transformers, Armageddon) se unen para un proyecto de terror de bajo presupuesto la cosa promete ser interesante. Tras las cámaras, James DeMonaco, con una sola película en su haber (Staten Island) pero una interesante trayectoria como guionista (Negociador, Asalto al distrito 13, El poder de la sangre…) y frente a ellas uno de los mejores actores de su generación, Ethan Hawke (doblemente de estreno por el final de la trilogía que supone Antes del anochecer) y Lena Headey (300, Dredd y, sobre todo, Juego de Tronos). Y lo más importante: un argumento directo, brutal e impactante. Estamos en el año 2022 y la sociedad ha alcanzado un nivel cercano a la perfección, sin apenas delitos, gracias a una curiosa iniciativa de los llamados “nuevos padres fundadores”. Una vez al año, durante doce horas, se realiza una Purga (¿y por qué demonios no han traducido el título de la película, si la palabra Purga se repite unas doscientas mil veces a lo largo del film?), durante la cual cada uno puede dar rienda suelta a sus instintos más primarios, pues durante ese tiempo no hay policía, ni servicios de emergencia ni hospitales y los delitos de vandalismo, robo o asesinato no están penados. Una premisa absorbente y aterradora por la simple idea de lo que podría hacer el ser humano si se le eliminan las barreras legales o morales.
En este mundo se encuentra la familia Sandin. Y se encuentra estupendamente bien, por cierto, ya que el cabeza de familia, James, es el mejor comercial de una empresa de sistemas de seguridad, gracias a lo cual puede permitirse una magnífica mansión en una buena zona residencial y, por supuesto, convenientemente fortificada en la que pasarán a salvo la noche de la Purga junto a sus dos hijos.
DeMonaco crea una atmósfera angustiante, centrando el noventa por ciento de la acción en el interior de la casa, como corresponde a su paupérrimo presupuesto, recordando títulos como Funny Games o La habitación del Pánico (ya que no creo que sea muy arriesgado presumir que alguien va a acabar entrando, claro está). Con unas pinceladas de crítica social (la gracia de la Purga es que bajo la apariencia de igualdad, en realidad son los ricos los que tienen la posibilidad de hacer lo que quieran contra los más pobres, que no tienen recursos para pagar sistemas de defensas), un poco de moraleja ética (los Sandin están entusiasmados con la Purga; a medida que avanza la noche cambiarán sus valores morales y tendrán que tomar decisiones dramáticas), la película acaba derivando en una cinta de intriga, abusando demasiado de algunos tópicos del género del terror y con una media interpretativa (a excepción de Hawke) algo floja: el desconocido Rhys Wakefield aporta una inquietante presencia, pero poco más, mientras que Headey se limita a regalarnos primeros planos en los que destacar el azul de sus ojos y solo se le permite una escena de lucimiento hacia el final del metraje (¡que era la Sarah Connor de la serie televisiva, por Dios!).
La noche más salvaje y despiadada del año debería ser una velada tranquila para los Sandin a salvo tras su fortaleza hasta que un mendigo perseguido por un grupo de sádicos niños pijos logra colarse en su interior y ellos deberán decidir entre entregar al desdichado a una muerte segura o convertirse en objetivo de los psicópatas (que pasadas las doce horas, recordemos, volverás a actuar como gente normal, con sus trabajos, su familia y su exquisita educación). El problema de la película es que tras semejante sinopsis uno esperaría encontrar un torbellino de violencia y mala leche, pero por muchos disparos, hachazos y apuñalamientos veamos, todo es demasiado previsible, demasiado vacuo. No estamos, desde luego, ante un film de Tarantino (ni siquiera de su amigo Robert Rodriguez) y aunque no se trata de hacer comparaciones no puedo evitar pensar que habría sido de esta historia en sus manos. Así, superado el impacto inicial y pese a un par de giros de guion, todo resulta demasiado previsible, demasiado manido como para que el resultado final esté a la altura de lo planteado.

Pero no seamos demasiado duros. Al fin y al cabo la premisa en si ya resultaba un soplo de aire fresco en este Hollywood actual, así que, ya que está anunciada la secuela, quizá la Pulga merezca una segunda oportunidad. Al fin y al cabo, se trata de sacar lo peor del hombre, ¿qué puede eso tener de malo?

EL HIPNOTISTA (5d10)

Rodada en Suecia y estrenada casi a la vez que Trance, de Danny Boyle (otro film de intriga sobre hipnosis), El Hipnotista supone el regreso de Lasse Hallström tanto a su país como a su idioma original, después de unos años consagrados, aunque irregulares en Hollywood, con títulos tan notables como Chocolat o Las normas de la casa de la sidra o mediocridades como Querido John o la reciente Un lugar donde refugiarse. Aunque el director esté totalmente consagrado en Estados Unidos, la película supone una nueva demostración de que la falta de ideas originales no es exclusividad de los USA, ya que desde el éxito de la saga Millenium parece que el cine nórdico esté obligado a limitarse a escabrosos thrillers policíacos (y si están basados en alguna novela negra, mejor).
Este es el caso de El Hipnotista, basada en una novela de Alexander Ahndoril y protagonizada por Tobías Zilliacus, Mikael Persbrandt y Helena af Sandeberg, actores de amplio currículo pero totalmente desconocidos fuera de sus fronteras, además de Lena Olin, la presencia más internacional a la que podemos recordar por La insoportable levedad del ser, Chocolat o por su papel como Irina Derevko en la serie Alias, aparte de ser la esposa en la vida real del director.
La película arranca con el brutal asesinato a cuchilladas de una familia de la que solo sobrevive el hijo adolescente, que se encuentra en el hospital en coma. El comisario Joona Linna (Zilliacus) es el único que piensa que se trata de un homicidio premeditado (las sospechas iniciales recaen en un ajuste de cuentas; el padre tenía muchas deudas de juego) y, aconsejado por la doctora Daniella (Sandeberg) acude a Erik Maria Bark (Persbrandt), que por medio de la hipnosis tratará de interrogar al muchacho sobre esa fatídica noche.
A partir de aquí comienzan dos historias paralelas en las que Hallström muestra su lado más intimista, que termina por se lo mejor de la película. Por un lado tenemos a Joona, solitario, sin más vida que su trabajo y con Magdalena como única amiga, su ayudante que, a diferencia de él, sí ha sabido compaginar trabajo y familia. Por otro nos encontramos a Erik, un doctor de oscuro pasado, adicto a los somníferos cuyo matrimonio con Simone (Olin) pasa por un mal momento después de que él le fuese infiel hace dos años con Daniella. La película es hasta ahora lenta pero inquietante, con una atmósfera muy bien creada que tiene al espectador el vilo y con unos actores que dan lo mejor de sí mismo. Y esto es lo que motiva que finalmente no decidiera suspender la película, porque una vez se acelera la acción parece que Hallström se haya traído lo peor de Hollywood, con un guion trillado, giros ridículos y momentos verdaderamente bochornosos.
La investigación policial se me antoja torpe y confusa, así como las motivaciones de Joona, al que quizá no conozcamos suficiente, para obsesionarse tanto con el caso y tomárselo como algo personal, así como de creer desde el primer momento tan ciegamente en la opción de la hipnosis, sin          que en ningún momento se nos muestre ningún avance en la investigación. Soy consciente de que la vida real no es tan sencilla como en las series americanas y que esto no es Mentes Criminales o Bones, pero estoy seguro que cualquier espectador, durante la proyección del film, estaba pensando en cómo haría sus propias pesquisas que, vista la resurrección final, habría sido lo más sencillo. Por ejemplo, y ahora debo entrar una vez más en el terreno de los SPOILERS, ¿Cómo puede ser que en cierto momento el villano secuestre al hijo de Erik y Simone ayudándose de drogas inyectadas y no piensen en buscar a alguien con conocimientos de medicina? ¿O qué tarden tanto en descubrir que hay un quinto miembro de la familia que esté en una casa de acogida? ¿O que resulte que el chico en coma era adoptado? Y no solo la policía parece inútil, sino que todas las situaciones del guion, una vez desvelados sus secretos, son completamente ridículas (y el personaje que al final resulta ser el malo, no diré más, es el colmo de lo absurdo y descabellado, así como sus acciones y su influencia sobre el chico en coma), llegando a pensar que Hallström toma a los espectadores por imbéciles.

De esta manera, la trama se va desinflando hasta derivar en un film mediocre e insulso con un desenlace que copia lo peor del cine americano. Toda una decepción en la que al menos Hallström sabe aprovechar algunos hermosos paisajes y panorámicas de su país.

lunes, 8 de julio de 2013

UN AMIGO PARA FRANK * (6d10)

Por fin llega a las carteleras esta simpática película que ya se vio en Sitges y se había definido como una especie de Intocable pero con robot. Afortunadamente no es así, y no lo digo porque no me agradara la película que protagonizaron François Cluzet y Omar Sy, sino porque si ya es difícil entrelazar comedia y drama sin caer en lo grotesco o la sensiblería -y en algún momento la obra francesa se acerca peligrosamente- repetir la jugada se me antoja tan complicado como cansino.
No, la película de Jake Schreier no busca la lágrima fácil ni la risa tonta del espectador, sino que le invita a entrar en una historia de amistad disfrazada de robos (¿o es una historia de robos disfrazada de amistad?) gracias principalmente al buen hacer de su protagonista Frank Langella, la mejor arma para conseguir que el film funcione y su historia sea creíble.
Nos encontramos en un futuro cercano y real, un futuro tan cotidiano que podría ser pasado mañana, ya que solo algunos detalles sutiles nos permiten distinguirlo de nuestro presente, como los videoteléfonos, algún coche eléctrico y el cierre de la biblioteca del pueblo por considerarse los libros en papel cosa del pasado en favor de las digitalizaciones. Lo más novedoso es, no obstante, la utilización de robots como asistentes domésticos para la gente mayor, de manera que hay un cierto recuerdo de Eva de Mike Maíllo (puede apreciarse algún atisbo de I.A. de Spielberg, aunque este ejemplo sí sería demasiado futurista).
Frank (Frank Langella) es un antiguo ladrón de guante blanco, divorciado y con síntomas de Alzheimer cuya hija Madison (Liv Tyler) está casi siempre en el extranjero por motivos de trabajo, por lo que solo recibe las visitas semanales (y breves) de su hijo Hunter (James Marsden). Por ello, éste decide regalarle un robot que haga las veces de cuidador y mayordomo. Al principio Frank no aceptar a su nuevo amigo, pues su única preocupación es apurar los últimos días de existencia de la biblioteca y tratar de cortejar a Jennifer, la bibliotecaria (Susan Sarandon). Sin embargo, la relación entre el anciano y el robot cambiará cuando el primero comprenda que puede aprovecharse del segundo para volver a su carrera delictiva.
Filmada con sensibilidad, que no con sensiblería, la película muestra con fortuna los problemas de memoria de Frank, comparándolos a la decisión que debe tomar él mismo sobre si borrar el disco duro o no del robot para protegerse de la policía, mientras el propio robot, por más que insista durante todo el metraje en qué no es humano, termina aprendiendo de Frank el sentido de la amistad y la lealtad.

Como colofón, cabe destacar los títulos de crédito finales acompañados de imágenes de robots reales, recordándonos lo cercano que está este futuro imaginario.

domingo, 7 de julio de 2013

STAR TREK, EN LA OSCURIDAD (9d10)

En 2006 un prometedor cineasta de 40 años que despuntaba como guionista (A propósito de Henry, Eternamente jovenArmageddon) y creador televisivo (Felicity, Alias), posiblemente gracias al éxito que estaba siendo su último proyecto, la serie Perdidos (Lost, que supondría un hito en la historia y cambió la manera de hacer televisión), debutó como director de cine con Misión Imposible 3, posiblemente el único traspiés en su todavía corta trayectoria. 
Para tratar de resarcirse prometió a la productora un gran éxito por cuatro duros y produjo (dejando los mandos de la dirección a su amigo Matt Reeves), con una espectacular campaña publicitaria viral sin precedentes, Monstruoso, que superó las expectativas más optimistas y le permitieron tomar las riendas de la renovación de una saga si no muerta, por lo menos agónica: Star Trek. Cuatro años después, tras emocionar con Super 8, recuperar el brillo perdido con la producción de Misión Imposible: protocolo fantasma y rizar el rizo en materia televisiva con Fringe (a lo que habría que añadir la confirmación de que se sentará en la silla de director de la nueva Star Wars), J.J.Abrams regresa al mundo de Star Trek de la mano de sus fieles compañeros de juerga y guionistas habituales: Roberto Orci, Alex Kurtzman y Damon Lindelof.
Cuando se planteó resucitar Star Trek hubo mucho debate sobre si hacer una nueva secuela, un remake o un reboot, pero Abrams, más listo que ninguno, consiguió zanjar el asunto haciendo las tres cosas a la vez, consiguiendo empezar de nuevo con los personajes clásicos pero más jóvenes y con nuevos rostros, aunque manteniendo la continuidad con las diez películas anteriores, usando algunos de sus recursos favoritos (que ya había practicado en sus series) como los viajes en el tiempo y la creación de líneas temporales alternativas, es decir, este Star Trek se desarrolla en un nuevo universo paralelo al ya conocido, y cono nexo de unión la presencia de un veterano Spock, con el insustituible rostro de Leonard Nimoy. El resultado fue una película magnífica, para muchos la mejor de la saga, con una sabia combinación de acción, espectacularidad y fantasía,  cuidando a los personajes y con medidas dosis de humor. Dicen los fans más radicales, los trekkies, que está más cerca del espíritu de Star Wars que del de Star Trek,  a lo que yo añado: ¿y eso es malo?
El caso es que por segunda (o doceava) vez aterriza en nuestras salas la nave Enterprise, repitiendo el elenco original completo con dos incorporaciones: Peter Weller (inolvidable Robocop) y Alice Eve (vista recientemente en Men in Black 3). Tras ver en la anterior película como Jim Kirk aprendía a asumir sus responsabilidades, en esta ocasión tendrá que dar un paso adelante y demostrar que es algo más que un temerario irresponsable y estar a la altura del cargo de capitán de la USS Enterprise, mientras que Spock descubrirá el valor de la amistad y de esos sentimientos humanos que su mitad vulcana se empeña en ocultar. Pero esto no es un drama sentimental, ni mucho menos. Star Trek,  en la oscuridad contiene mucha más acción, épica y espectacularidad que sus predecesoras, siendo una delicia visual, un torbellino de adrenalina que se disfruta del primer al último minuto y repleta de guiños que seguro los fans más clásicos sabrán reconocer y disfrutar (por fin vemos a los klingons, sin duda la gran amenaza que llegará para cerrar la trilogía de Abrams). Los actores protagonistas, por su parte, se sienten cómodos en sus personajes, totalmente identificados con ellos y haciéndonos olvidar a los William Shatner, Leonard Nimoy y compañía de las primeras películas. Para las nuevas generaciones la tripulación del Enterprise es y será la formada por Chris Pine (Kirk), Zachary Quinto (Spock), Zoe Saldana (Uthura), Karl Urban (Bones), Simon Pegg (Scotty), John Cho (Sulu) y Anton Yelchin (Chekov).
Todo en este film ronda la perfección, empezando por una historia que atrapa, una acción que apabulla y una dirección impecable, aunque la guinda que corona el pastel es la sublime banda sonora de Michael Giacchino, compositor fijo de Abrams que crece con cada nuevo proyecto.
Hay algo en esta película que demuestra la implicación de todos los componentes del equipo, el cariño con el que se ha trabajado, la pasión y la energía que hay puesta en cada escena y que termina atrapando y emocionando al espectador (aprended lo que es una película con alma, Nolan, Snyder, Zimmer y compañía).
De todas formas,  todo esto podría valer también para la anterior Star Trek, así que... ¿qué tiene esta de especial para ser mejor que la anterior (y para, de hecho, ser la puntuación más alta que he otorgado en esta web)? Su villano, no hay duda. Sin querer menospreciar al Nero de Eric Bana, le faltaba algo para ser esa gran amenaza que nos acongojara a todos (por más que destruya Vulcano y estuviera a punto de hacer lo mismo con la Tierra), pero la presencia enigmática y sobrecogedora de Benedict Cumberbath (el mejor Sherlock Holmes que ha habido nunca) como Khan es sencillamente impresionante. No he sido nunca un gran seguidor de esta saga (de hecho creo que he visto todas las películas del reparto original, pero que me aspen si las recuerdo), así que no entraré a valorar las posibles comparaciones entre este Khan y el que interpretara Ricardo Montalbán, pero la historia que rodea a esta versión del personaje convence como para otorgarle el papel de malvado del film (aunque no el único) mientras que Cumberbath llena la pantalla con su mirada penetrante y su aspecto amenazador.
Quizá sí que Abrams tenga más corazón de Jedi que de trekkie, y muchos momentos de la película pueden recordar a la saga de Lucas (el planeta primitivo, sin ir más lejos), pero eso, por mucho que ofenda a un puñado de frikkis obsesivos, es algo positivo. Por un lado, ha conseguido resucitar una saga agotada y caída en el olvido (todos esperamos ahora con impaciencia esa anunciada guerra entre la Alianza y los klingons) y por otro ha colmado de esperanzas y entusiasmo desbordado el inminente inicio de la nueva trilogía de Star Wars, tras los decepcionantes episodios uno a tres.
Así que... ¿Qué hacéis leyendo esto en lugar de ir corriendo a verla?

Que la fuerza os acompañe... Err... Esto... Perdón... Quería decir: Larga vida y prosperidad.

GRU, MI VILLANO FAVORITO 2 (8d10)

En ocasiones resulta exageradamente fácil realizar una crítica cinematográfica. Por encima de gustos, opiniones o estados de ánimo,  no hay nada mejor que acudir a una sala de cine llena y limitarse a observar alrededor. Llevaba tiempo sin disfrutar no simplemente de una película, sino del ambiente que genera, y más de una hora y media de carcajadas constantes es la mejor referencia para definir esta secuela de Gru, mi villano favorito, escrita por Ken Daurio y Cinco Paul y dirigida de nuevo por Pierre Coffin y Chris Renaud. Escapando de moralina barata (que los niños de ahora no son tontos, hombre) ni buscando un humor supuestamente inteligente y situaciones exageradamente sensibleras que atraigan al público adulto, sus creadores apuestan por humor puro y duro, confiando que lo que puede hacer desternillarse a un niño igualmente lo logrará con sus padres. Y desde luego que aciertan. Sí, claro, hay historia de amor, sentimientos y se habla de la familia, pero en ningún momento eso está por encima del objetivo real: divertir.
Con Gru ahora en el lado de los buenos una organización gubernamental ultrasecreta requiere su ayuda para identificar a un nuevo villano que ha robado una fórmula para crear seres monstruosos con los que conquistar el mundo. Con la ayuda de la atractiva (y excéntrica) Lucy, Gru deberá volver a la palestra compaginando la acción con su tarea como padre. Y sí, por supuesto, por ahí andarán los minions, haciendo de las suyas, tan tronchantes que Daurio y Paul no tienen inconveniente en olvidarse por momentos de la trama principal para deleitarnos con irresistibles gags protagonizados por estos seres amarillos.
Indudablemente, el apartado técnico no es tan sobresaliente como las producciones de Pixar, pero ni falta que les hace. La historia es lo que prima y en ese sentido supera sin paliativos a, por ejemplo, Monstruos University. Además, el trabajo de Coffin y Renaud es impecable, con escenas -como la que abre la película, por ejemplo, el robo del laboratorio secreto- que no tienen nada que envidiar a muchas superproducciones de acción real.
Y no puedo dejar de hablar del personaje de Agnes: prodigioso que un dibujo animado sea capaz de desprender tanta ternura.
Si hubiese que poner alguna pega habría que recurrir a su versión española,  ya que en su obsesión por recurrir a figuras famosillas para los doblajes principales (como si eso fuese a atraer al público a las salas) han optado por Patricia Conde para versionar el personaje de Lucy, una opción cuanto menos discutible. Además,  me parece una falta de respeto hacia unos profesionales que si al inicio hay unos títulos de crédito con las voces originales en inglés, aquí solo se haya añadido la correspondencia española de Florentino Fernández y Patricia Conde,  obviando al resto de dobladores protagonistas.

Nimiedades aparte, Gru, mi villano favorito 2 es simplemente genial, descacharrante, divertida, absurda y tierna, con todo aquello que se echaba en falta de su gran competidora veraniega (a la espera de Epic), Monstruos University

domingo, 30 de junio de 2013

AFTER EARTH (4d10)

Nos encontramos ante una nueva película de M. Night Shyamalan, quien otrora fuese un prometedor director de cine con películas tan notables como El sexto sentido, El protegido o Señales, que bajó algo el listón con El bosque y La joven del agua y que se estrelló estrepito
samente con tonterías como El incidente, Airbander, el último guerrero o esto que nos ocupa ahora. After Earth, una bobada enorme con la única excusa de servir como vehículo de lucimiento a un insoportable Jaden Smith que ya demostró en Karate Kid que para ser un buen actor hace falta algo más que un buen apellido. Will Smith, productor, actor y cabeza pensante que concibió la historia en la que se basa la película, lleva mucho tiempo en Hollywood, igual que Shyamalan, como para no entender como funcionan las cosas, así que no entiendo como puede ser que no se hayan planteado las siguientes cuestiones antes de abordar esta película.
¿Por qué si Shyamalan fue considerado un genio del suspense, no deja que sean otros los que le escriban los guiones y se dedica solo a dirigir, que es lo que se le da bien?
¿Por qué no permite Will Smith que su hijo se labre su propia carrera en lugar de producirle películas a medida que a la larga le van a hacer un flaco favor, pues el chaval carece de las tablas necesarias para aguantar en sus espaldas el peso de una gran producción?
¿Por qué no le hace entender alguien a Will Smith que no es el gran actor que él se piensa, y que sus más brillantes éxitos (Independence Day, Dos policías rebeldes, Hombres de Negro) no se basaban solo en su participación sino que eran películas en la que lo importante (para bien o para mal) eran sus directores y sus efectos especiales?
¿Por qué no vuelve Will Smith a hacer comedias simples que era lo que se le daba bien, como en El Principe de Bel Air o Hitch, especialista en ligues, en lugar de empeñarse en ser un actor trascendental en películas con una profundidad fingida que parecen estar por encima del bien y del mal (o como convertir una magnifica novela postapocalíptica de vampiros como Soy Leyenda en dos horas de Will Smith contemplando maniquís)?
La trama de la película es simple. La humanidad ha tenido que abandonar la tierra y vive ahora en otro sistema solar. En una misión rutinaria un grupo de rangers sufre un accidente y va a parar a La Tierra, ahora un planeta salvaje, donde solo sobreviven Cypher Raige y su hijo Kitai, quedando el primero gravemente malherido. Ante tal situación, el pequeño Kitai deberá aventurarse solo por el hostil planeta hasta localizar una baliza con la que solicitar un rescate. Un buen argumento a priori si no fuera por el temor que nos produce que una estrella como Will Smith se quede toda la película en el banquillo, demostrando que su presencia es solo una excusa para conseguir que su careto en el poster atraiga a más público que va a tener que soportar los gimoteos del niño Smith durante 100 minutos de metraje (su duración es sin duda lo mejor de la película). Lo que no se le puede negar a la película es sinceridad, ya que termina resultando tan tediosa como prometía su tráiler, ya que lo único que ofrece son secuencias supuestamente frenéticas con decorados digitales sin ritmo narrativo y situaciones que van de lo absurdo a lo ridículo. Personalmente, solo aconsejaría esta película a aquellos que criticaron ferozmente Oblivion (esa película de Tom Cruise estrenada hace escasos meses que coincidía con esta en el hecho de presentar una tierra futurista y salvaje). En comparación, la obra de Joseph Kosinski rozaba la maestría. Nada o casi nada se salva en este despropósito en el que la trama es resumida en un minuto (el abandono de la tierra, la colonización de otro planeta, la invasión de una raza alienígena, la guerra contra estos…) y solo nos queda una yincana por el bosque que solo se puede calificar como aburrida. Y es una pena, pues lo cierto es que yo era un  gran admirador de Shyamadan que sin duda aceptó este proyecto en sus horas más bajas en busca desesperadamente de un éxito que lo mantenga en la lista de los directores importantes de Hollywood. Espero en serio que levante cabeza, ya que sigue siendo un gran director con un rumbo muy equivocado.
Finalizo con otra serie de preguntas relativas a la película que espero que algún día el señor Smith se digne a responder:
¿Por qué en una civilización tan avanzada como para conquistar otro planeta se utilizan naves tan arcaicas que no son capaces de esquivar una zona de meteoritos y con unos diseños tan cutres y antiguos?
¿Por qué la tierra es considerada zona hostil para vivir cuando la mayor amenaza oriunda que encuentra Kitai son unos monos que lanzan piedras?
¿Por qué con tanta tecnología se permite una escena final tan ridícula con Kitai con la baliza en alto como quien busca cobertura con el móvil en una peli cutre de terror?
¿Por qué si los Ursa (unos alienígenas ciegos) detectan a los humanos por el olor de sus feromonas (es decir, por el miedo) no se les ataca con robots, o con armas a distancia, ¡¡o con desodorante!!!?
¿Por qué no le explica alguien a Will Smith que interpretar a un personaje frio y distante no es lo mismo que interpretar de manera fría y distante, con mirada perdida, como si mientras rueda estuviese pensando ya en el próximo producto para su niño?
¿Por qué si todo se congela durante la noche en cuestión de minutos al amanecer vuelve todo a la normalidad? Mi padre tiene un  huertecillo y cuando hiela se le estropean los tomates…
¿Por qué el águila ayuda a Kitai cuando él no consigue salvar a un solo aguilucho?
¿Por qué en el futuro se usan armas blancas de en lugar de armas de fuego?
¿Por qué no tienen mascarillas para respirar en la Tierra como la que lleva en la nave en lugar de esas capsulas tan poco prácticas?
¿Por qué el traje que llevan tan molongo y que cambia de color no es resistente a las bajas temperaturas o protegen del olor de las feromonas?
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?

Y sobre todo… ¿por qué se siguen gastando el dinero en Hollywood en tonterías como estas?

sábado, 29 de junio de 2013

LOS BECARIOS (6d10)

Los becarios es la última película de Vince Vaughn (es coautor del guion según su propio argumento, productor y protagonista) para mayor lucimiento suyo y de su amigo Owen Wilson que se estrena en España una semana justa después de Monstruos University. ¿A qué viene esta observación? Bueno, prestemos atención primero a su argumento. La historia arranca cuando la empresa para la que trabajan Billy y Nick (Vaughn y Wilson) pierden su empleo al cerrar la empresa para la que trabajan (comandada por el últimamente omnipresente John Goodman) y no se les ocurre nada mejor que tratar de ser aceptados como becarios en Google, pese a ser unos ineptos totales en el terreno informático. El planteamiento no puede ser más simple, pero su desarrollo se desliza por recovecos extraños y surrealistas imposibles de entender en España y que no queda más remedio que dar por ciertas cosas como que se realice una serie de pruebas de acceso en equipo entre las que se incluyen cosas tan extravagantes como competiciones de quidditch (aquel deporte con escobas que se juega en Harry Potter). Y digo que debemos  creer cosas así como ciertas porque la película no es más que un anuncio publicitario de casi dos horas de la empresa Google, ya que vamos a conocer a fondo las excelencias de esta empresa y habrá tiempo durante su metraje para mostrar en algún momento todas y cada una de sus aplicaciones. Aparentemente disfrazada de comedia políticamente incorrecta, al estilo de la saga Resacón (uno de los momentos clave de la trama es en un elegante club de striptease donde los excesos etílicos de los protagonistas y una pelea final se traduce en la mejor noche en la vida de sus protagonistas y la clave de la unión del equipo), pero que como suele ser habitual deriva en una comedia blanca, totalmente predecible y cargada de moralina barata y finales felices como si de una producción Disney se tratara. O Pixar,  ya puestos. Y es que si he empezado nombrado Monstruos University no ha sido casual, ya que Los becarios y la precuela de Pixar comparten tantas similitudes que casi podían tratarse de dos versiones de la misma historia. Billy y Nick, como en aquella Mike y Suley, deben unirse a un grupo de inadaptados repudiados por los demás hasta aprender a trabajar en equipo y terminar descubriendo que lo importante de verdad no es ganar (aunque se gana, por supuesto) sino conseguir una valiosa lección de vida, reforzar el concepto de amistad y recordar que con esfuerzo cualquiera puede conseguir sus objetivos,  ya sean grupos de trabajo o hermandades universitarias,  pese a partir con una clara desventaja inicial. Esta, como aquella, redunda en tópicos y situaciones absurdas pero finalmente previsibles para demostrar que estamos, ante todo, frente a una comedia. Flojita, sí, pero comedia al fin y al cabo.


En resumen, dos horas de distracción con las habituales tonterías de estos amigos (cameo de Will Ferrer incluido), unas cuantas caras conocidas entre los secundarios y una aglomeración de finales felices que restan credibilidad a una película ya de por si poco creíble. Y, por cierto, en medio de una espantosa crisis económica (que se dibuja levemente en los primeros compases del film), nada mejor para ponernos los pantalones largos que ver las entrañas de la empresa Google, de la que se dice que es el mejor lugar del mundo para trabajar y que, de ser cierto lo reflejado en la película, parece ser cierto. Solo por satisfacer la curiosidad de ver ese lugar mágico ya merece la pena el visionario.

martes, 25 de junio de 2013

EL HOMBRE DE ACERO (5d10)

Extraña la nueva versión del héroe de DC así como extraña ha sido mi percepción de la misma. Mientras veía la película estaba disfrutando, considerando puntuarla con un mínimo de 8. Superado el ecuador de la obra la cosa decae sobremanera, de manera que he salido de la sala del cine con un 6 en la cabeza, y en el tiempo que he tardado en empezar a escribir estas líneas (apenas un par de horas) la he dejado reposar lo suficiente para quedarme con un aprobado rascado. Y gracias.
Ante sentimientos tan encontrados he decidido escribir una crítica un poco diferente a lo habitual, enumerando al principio lo que me ha gustado y a continuación lo que no, de manera que cada uno de vosotros valoréis lo que consideréis que tenga más peso.
La historia, por más que nos la sepamos de memoria, está narrada de forma bastante interesante, fusionando el argumento de las dos primeras películas clásicas (¡que larga es la sombra de Richard Donner!). Había cierta duda sobre si iba a pesar más la dirección de Zack Snyder o la producción de Christopher Nolan (ese tipo que debe odiar tanto a los superhéroes que le alimentan que se empeña en que sus nombres no aparezcan ni en el tíitulo), y por fortuna ha sido el director quien se ha llevado el gato al agua, con una dirección sobria y elegante (me sobra el uso de algún zoom), no tan excesiva como nos podíamos temer y con algunas secuencias realmente impactantes (esas peleas en vuelo, casi en primera persona). También encuentro interesante la manera de alternar dos líneas temporales, tal y como ya hiciera en la brillante Watchmen, y la recreación de Kripton es muy buena, desmarcándose de lo que habíamos visto hasta ahora e insinuando una mitología propia que sabe a poco. Otro aspecto destacado es el interpretativo. Henry Cavill (conocido por su participación en Los Tudor y por ser el hijo de Bruce Willis en esa flojita peli de intriga rodada en España llamada  En la fría luz del día) está a la altura de Christopher Reeve y a años luz del soso de Brandon Routh, haciendo un Superman creíble, con toques de humanidad y gran poder de seducción, mientras que Amy Adams consigue con esa mezcla de determinación y ternura confeccionar a la mejor Lois Lane posible (por encima de la histriónica Margot Kidder y... ¿alguien se acuerda quien hacía el papel en Superman returns?). Parecía imposible evitar comparaciones odiosas con Marlon Brandon y Glenn Ford, pero Russell Crowe y Kevin Coster aprueban con nota, mientras que Michael Shannon (al que hemos visto en Broadward Empire y poco más) cumple como villano, pese al horrible doblaje español. Así que: perfecto, el personaje se presenta con buen ritmo (el uso de los flashback nos permiten ver al héroe vestido con su característico traje apenas a la media hora de película) y la parte dedicada a su juventud es emotiva sin empalagar, así como interesante la manera de darse a conocer al mundo (me gusta especialmente que Lois descubra enseguida su identidad, nunca entendí que la ganadora de un Pulizzer pudiera ser tan torpe como periodista).
Si hasta ahora me gustaba todo... ¿Qué pasa para que me venga abajo? Para empezar, el villano. Por más que se esfuerce el actor y por mucho que a priori aplaudiésemos la ausencia de Lex Luthor en esta primera película,  lo cierto es que la amenaza que supone el general Zod es terriblemente plana. Una vez enfrentado a Superman desaparecen las subtramas y todo se reduce a más de una hora de una batalla interminable, explosiones a tutiplén y edificios derrumbándose. No creo que exagere nada si afirmo que a partir del ecuador de la película el guion brilla por su ausencia,  ignorando esa máxima del cine de calidad que afirma que, en ocasiones, más es menos. Todo ahora se reduce a un exceso de violencia y destrucción que termina por aburrir soberanamente, haciéndose eterno y recodando poderosamente además (aunque en malo) a la batalla final de Los Vengadores. Además,  tiene el film un tufillo a trascendencia épica (aquí si que se adivina la mano de Nolan) que lastra al personaje, que por momentos parece contagiarse del aurea de divinidad que ya insinuó Bryan Singer en la fallida Superman Returns, y desechando totalmente el sentido del humor que Josh Wedon tan sabiamente usó para aderezar a Los Vengadores. Sí,  este es un mundo más real, parecen decir Nolan y Snyder, pero la conclusión se me antoja muy Happy End cuando media ciudad es destruida y ni por asomo se ve o menciona a una sola víctima civil. En serio, quée terriblemente decepcionante y soporífera segunda hora de película (y dicen que el montaje inicial superaba las tres horas).
Quiero concluir esta crítica analizando dos escenas concretas que me parecen determinantes en la definición del personaje, pero que podrían tratarse de SPOILERS (bueno, una seguro que lo es) así que estáis avisados por si no queréis continuar leyendo.
No soy un especialista en la mitología de Superman, he leído mucho más Marvel (especialmente Spiderman, como veréis a continuación), pero me consta que Johnatan Kent muere por un infarto, y aunque siempre se esforzó por dar una buena educación a su hijo no lo recuerdo en el comic original como una guía espiritual tan marcada en la vida de Clark Kent como en esta película (algo así sucedía también en Smallville), donde aquí además el personaje interpretado por Kevin Costner muere a consecuencia de la no intervención de Clark en un momento dado.¿ Es cosa mía o sobrevuela por ahí el recuerdo del tío Ben? Solo falta que en algún momento el bueno de Johnatan le suelte a su hijo adoptivo eso de que "todo gran poder..." ¿Ya sabéis cómo sigue, no?
Lo segundo que quería comentar, e insisto con lo del spoiler, concierne a la escena final, al momento culminante en que Superman, para salvar la vida de tres civiles mata al general Zod. Vamos a ver, quizá esto os parezca de alguien muy cuadriculado, pero esto es así: Superman no mata. Punto. Es casi una definición del personaje. Batman es el oscuro y violento. Superman, no. Y verse en esa tesitura en la que se supone es su primera película y su primera acción como superhéroe debería marcarlo de por vida. Algo parecido pasa en Marvel. Lobezno no tiene reparos a la hora de desgarrar a alguien, pero en sus más de cincuenta años de historia Spiderman nunca ha provocado voluntariamente ninguna muerte, conocedor de que una vez que se cruce la línea ya no habrá marcha atrás. Superman la ha cruzado (da igual que hubiesen inocentes en peligro, Spiderman habría encontrado otra manera de solucionarlo o habría muerto en intento; y el verdadero Superman, tanto el del comic o como el de Donner, también), y eso hace que deje de ser nuestro héroe tal y como lo conocemos.
Otro héroe deformado, oscuro y amargado. Sigue así,  Nolan. En  Marvel te lo agradecerán.

Resumiendo, brillante arranque con una buena historia y unas grandes interpretaciones que deriva en una copia mala, burda y aburrida de la épica batalla de Nueva York de Los Vengadores. No es tan mala como el final de la estúpida y sobrevalorada trilogía del murciélago llorica,  pero sí muy decepcionante. 

MONSTRUOS UNIVERSITY (6d10)

Algo está pasando en Pixar, otrora la mejor productora de animación, que nos tenía acostumbrados a obras maestras y últimamente parece perder fuelle. O, por lo menos, imaginación. No por casualidad su última gran película fue una segunda secuela. Tras culminar la saga Toy Story (aunque visto lo visto dudo que nadie se atreva a afirmar que no habrá un Toy Story 4)  ha habido desde entonces una secuela de Cars, la floja Brave (con un estilo más próximo a su hermana Disney que al espíritu Pixar) y tras esta precuela de Monstruos, S.A. se anuncia entre sus proyectos futuros la continuación de Buscando a Nemo (Buscando a Dory, sin comentarios) y una reinvención de Cars pero con aviones.
Pero olvidémonos por un momento de Pixar y centrémonos en la película. Ya de entrada cuenta con un gran hándicap, y es que al ser una precuela ya sabemos cómo va a terminar. Esto, por sí solo, no tendría por qué ser un inconveniente: Lucas dedicó tres películas cuyo final era sobradamente conocido solo por saber cómo Anakin Skywalker se pasó al lado oscuro para convertirse en Darth Vader, y lo mismo podríamos decir de la excelente X-men, primera generación, de Matthew Vaughn, donde ya sabíamos que dos amigos llamados Charles y Eric iban a terminar siendo los peores enemigos bajo la identidad de Profesor Xavier y Magneto, pero en ambos casos lo importante no era el qué,  sino el cómo y el porqué. En Monstruos University, sin embargo, no sé si por falta de habilidad del guionista Robert L. Baird, que ya se encargó de escribir la original, o por ser un producto demasiado dirigido al público infantil, se incide más en el qué. No en vano la excusa argumental es saber si Mike será capaz de superar todos los obstáculos y llegar a cumplir su sueño de ser asustador, cosa que todos sabemos que no va a lograr, lo cual ya te hace disfrutar menos de la película, por más que quieran camuflar su fracaso en forma de final feliz. También nos explicarán como él y Sulley pasan de competidores a amigos y, volviendo al ejemplo de Star Wars, como el inicialmente bonachón Randy es arrastrado al lado oscuro, pero lo cierto es que la definición de personajes es tan pobre que ni nos los creemos ni intentan que lo hagamos. Esto no significa que Monstruos University sea una mala película, pero Pixar nos tenía tan bien acostumbrados que uno espera guiones con la excelencia de Toy Story, Wall-E o Up, y aquí está claro que han dedicado más esfuerzo a la parte visual que a la escrita. Y es que visualmente es una auténtica gozada. La majestuosidad de la universidad no tiene parangón, con un realismo alucinante en el diseño de sus edificios, aunque es Sulley y su pelaje lo que se lleva la palma de realismo. El diseño de personajes es correcto,  aunque la obligación de mantener el estilo de la Monstruos original le resta frescura (atención al auto homenaje al niño de Up), gana más libertad, sin embargo, con la posibilidad de mostrar espacios abiertos, en los que se recrean en una fiesta de luz y color (espectaculares panorámicas del campus) en contraste a la oscuridad del mundo real.

Así que sin llegar ni mucho menos a genialidad, tal vez por un exceso de acomodo en lugar del riesgo que habitualmente suele tomar Pixar, la película acabará haciendo las delicias de los más pequeños, lo cual -aunque a veces lo olvidemos- es verdadero objetivo.

martes, 18 de junio de 2013

TRANCE (7d10)

Si sois lectores de este bloc desde sus principios quizá recordeis mi crítica a La vida de Pi en la que comparaba a Ang Lee con Danny Boyle por el hecho de saber navegar por diferentes géneros y estilos sin comprometerse con nada ni con nadie. En el caso del británico, que saltó a la fama con la transgresora Trainspotting, ha hecho comedias románticas como Una historia diferente, aventuras con suspense en La Playa, terror con 28 días después..., ciencia ficción con Sunshine, drama con 127 horas e incluso triunfo en los Oscars con Slumdog Millionaire (por no mencionar las ceremonias de apertura y clausura delos Juegos Olímpicos de Londres). Ahora, buscando un nuevo giro en su carrera se adentra en un thriller psicológico donde nada es lo que parece y los giros de guion y las sorpresas son constantes.

La acción arranca con una base que recuerda a la saga de Oceans: el calculado robo de un valioso cuadro en una casa de subastas. El golpe se ejecuta a la perfección excepto por un detalle: cuando el jefe de la banda (curiosamente Vicent Cassel, en un papel que recuerda también al que interpretó en Ocean's twelve) va a contemplar el botín se encuentra con una pequeña sorpresa: sólo han robado un marco vacío. El lienzo debe estar sin duda en poder del contacto que los ayudaba desde el interior de la casa, Simon (James McAvoy, el Xarles Xavier de X-men, primera generación), pero por desgracia ha recibido un fuerte golpe en la cabeza que le ha producido amnesia. Es entonces cuando entra en juego Elizabeth, psicóloga interpretada por Rosario Dawson que tratará de esclarecer donde está el cuadro mediante la hipnosis. Comienza un peligroso juego donde la verdad y la mentira, la realidad y la ficción, los recuerdos y los engaños se mezclarán, llevándonos por los recovecos de la mente del protagonista que, como si de un relato de Philip K. Dick se tratase, termina dudando de si mismo.
Como es habitual en Boyle su fotografía es impecable , jugando con maestría con las luces y los colores y colocando siempre la cámara con acierto,  manteniendo el ritmo y la tensión necesaria para que la historia funcione y, apoyado en unas muy buenas interpretaciones, contagiando al espectador de la angustia y el desconvierto de Simon. Algo hay, sin embargo, que impide que la película sea redonda. Y es que es tal su afán de despistar y engañar espectador que abusa en demasía de los giros de guion, provocando que en cierto momento se desconecte un poco de la película. El "nada es lo que parece" en esta historia de robos, traición y sexo (romance incluido) funciona durante buena parte del metraje, pero termina aburriendo. Eso es lo único que el señor Boyle no ha sabido calcular bien, aunque ello no sea motivo suficiente como para no recomendar su visionado.

Incluso podría agradecerse un segundo vistazo en el que terminar de cuadrar las migas de pan que Boyle va dejando a lo largo de la historia, completando mejor así el puzle final.

FILL DE CAIN (8d10)

Desde que las carreras de Antonio Banderas y Javier Barden dieron el salto y se consolidaron en Hollywood, el cine español se había quedado huérfano de un icono masculino que lo represente, esa figura imprescindible que toda producción querría tener. Y no es por falta de grandes actores, que para eso tenemos a monstruos como Luis Tosar, Javier Cámara… pero nos faltaba esa estrella que tenga ese algo especial que todos buscan. Pero en los últimos años un intérprete ha parecido resaltar por encima de sus compañeros. Se trata de José Coronado, un gran actor que, pese a haber participado en más de una treintena de films, parecía condenado a ser conocido solo por la televisión (a excepción del gran éxito de público y taquilla que supuso La Caja 507. No fue hasta nueve años después que le llegaría la consagración de No habrá paz para los malvados, con la que se quitó la etiqueta de galán ganada gracias, sobre todo, a Periodistas. Desde entonces, con el beneplácito del público ha ido encadenando grandes papeles a la par que grandes éxitos: El Cuerpo, Los últimos días y ahora Fill de Caín. Y la prueba más grande de su ascensión en el panteón del cine es su participación en esta última producción rodada en catalán y en la que él es el único personaje de habla castellana, sin que ello tenga ninguna relevancia en el guion. Prueba irrefutable de que los productores no iban a permitir dejar pasar la oportunidad de trabajar con el madrileño.
En la película Coronado interpreta a Carlos Albert, abogado de una importante multinacional felizmente casado con Coral y con dos hijos: Nico y Diana. El problema está en su complicada relación con el adolescente, un muchacho introvertido y siniestro con el que apenas se habla y cuyo concepto del bien y el mal están claramente entremezclados. Carlos pide ayuda a Julio Bertrán, un psicólogo infantil, el cual intentará aprovechar la pasión de Nico por el ajedrez para tratar de averiguar que traumas se ocultan en su mente.
Comienza así un peligroso juego con el ajedrez como telón de fondo, en el que las claves se van revelando con cuentagotas como si de un puzzle se tratase hasta llegar a una terrible y dramática verdad. ¿O no? Y es que en Fill de Caín, que hereda de películas como El buen hijo o La Profecía  la tradición de hijos inquietantes cargados de mal rollo, nada es lo que parece.
Jesús Monllaó dirige con mano firme un thriller repleto de suspense que mantiene en tensión durante todo el metraje pese a que hay que reconocer que el último giro de guion se intuye antes de lo necesario. Pero hasta eso se puede perdonar a cambio de la atmosfera angustiante creada no solo por las miradas fijas y amenazadoras de Nico (magnifico David Solans), sino por las dudas que se crean respecto a la relación con su padre y los motivo ocultos que la justifican, el descubrimiento de que Coral y Julio se conocían con anterioridad y la fascinante presencia de Laura (Abril García), la campeona actual de España de ajedrez y que parece que puede ablandar el cruel corazoncito de Nico.
Definitivamente, el cine patrio de género está de enhorabuena.