lunes, 10 de julio de 2017

LLEGA DE NOCHE, ambientación malrollera de calidad

Trey Edward Shults es un guionista y director con tan solo una película anterior en su haber, la inédita en España Krisha, adaptación de su propio cortometraje que le hizo bastante popular en el ámbito de los festivales de cine.
Con semejante bagaje, y viendo el tráiler con que nos pretenden vender Llega de noche, cabría suponer que iba a ser un realizador del montón, contratado para hacer la clásica peliculita de terror con cuatro duros y poco talento que con arrastrar a un puñado de adolescentes al cine le iba a bastar para triplicar su prepuesto y ser un pelotazo en taquilla. Nada más lejos de la realidad.
Cierto es que Llega de noche se entrega a ciertas convicciones del género, como los sustos fáciles a golpe musical, pero es en contadas ocasiones y con una excusa que desvincula estas escenas de la propia trama, casi como si fuese una imposición de la productora. Dejando eso de lado, Llega de noche es, en realidad, un duro drama de misterio ambientado en un mundo que ha cambiado y del que conviene saber lo menos posible para que sea la propia película, con su ritmo lento y angustiante, quien nos vaya sumergiendo en la historia. Baste saber con que todo se basa en una pareja y su hijo que viven en una casa aislada en medio del bosque cuya rutina se trunca con la llegada de un desconocido.
Así, aun sin que haya ninguna relación argumental, Llega de noche se podría comparar a títulos como La bruja o Déjame salir, ejemplos de películas que podrían llegar a decepcionar a quien buscara una orgia de sangre y sustos, pero que dejaban bien claras las intenciones de sus respectivos directores, más centrados en contar una buena historia, aterradora por sus consecuencias más que por sus golpes de efecto.
Llega de noche basa su fuerza, aparte de en la inquietante ambientación, en la presencia de Joel Edgerton, que parece aunar aquí dos de sus últimas interpretaciones, la del amigo amenazador y desconcertante de El regalo y la del marido entregado (matrimonio interracial también) de Loving. Edgerton tiene una fuerza en su mirada y un aura de desconcierto que consigue condensar en su figura todo el misterio que hay a su alrededor, como si él fuese la verdadera amenaza del film. ¿Y quién dice que no podría llegar a serlo? Al fin y al cabo, sustos aparte, esta es una historia de supervivencia desesperada, un relato de hasta donde es capaz de llegar un hombre por proteger a su familia, y sobre lo angustiante que puede ser alcanzar una situación límite.
Llega de noche, pese a su tramposa publicidad, es una película muy interesante, casi una pieza de cine de autor donde Shults nos regala momentos visuales muy acertados y una atmósfera realmente opresiva, no solo en el interior de la casa sino incluso cuando se sale a campo abierto.

Valoración: Siete sobre diez.

BABY DRIVER, granujas a todo ritmo

Desde siempre, la música ha sido un componente básico en el mundo del cine, antes incluso de que los actores tuviesen voz. 
Algunas películas han destacado, casi por encima de por su propia trama, por las canciones que las acompañaban (como American Graffity, Los amigos de Peter o Forrest Gump, por poner algún ejemplo) y hay directores que han hecho del arte de elegir bien sus canciones sus propias banderas. No sería de extrañar que autores como Quentin Tarantino o Peter Gunn escribiesen sus guiones comenzando por la selección musical y el genial Edgar Wright ha sido el último en subirse al carro.
En Baby driver, su última película, las canciones son parte fundamental de la trama, integradas en el argumento con más habilidad aún que en Los Guardianes de la Galaxia y su secuela y con un gusto bastante menos irregular que el del creador de Pulp Fiction. Baby driver no es un musical, desde luego, pero poco le falta. Escenas como la del protagonista tecleando un piano invisible mientras le cuentan el plan de un atraco o el plano secuencia que lo sigue por la calle cuando va a por café son dos claros ejemplos de las intenciones de Wright de conseguir una comunión perfecta entre el personaje y sus referentes melómanos, convirtiendo las canciones en algo tan básico para él como el comer.
Visualmente, Baby driver puede parecer seguir los esquemas básicos de las películas de atracos, recordando en su punto de partida a las bandas perfectamente organizadas como las de Oceans Eleven o Ahora me ves, pero mientras en aquellos casos se trataban de un grupo que termina convirtiéndose en amigos aquí está bien claro desde el principio que cada uno vuela por su cuenta, y solo la presencia de Doc (Kevin Spacey) logra a duras penas mantenerlos a raya. En un conjunto de desquiciados perdedores, ambiciosos y perturbados, Baby es un chico atrapado en un mundo que no es el suyo, arrinconado por los fantasmas de su pasado y por una serie de malas decisiones que lo perseguirán para siempre. Es tímido y reservado, casi como el Ryan Gosling de Driver (otra peli de un conductor donde la música era muy importante, aunque en las antípodas -en todos los sentidos- de esta), pero que cuando se pone al volante podría dejar en ridículo a los Torete y compañía de Fast & Furious. 
Y cuando conoce a Debora parece que el amor va a poder entrar en su vida y que va a conseguir escapar de lo que es ahora. Parece…
Aunque algo alejado del humor absurdo y frenético de la llamada “trilogía del cornetto”, están en Baby Driver algunas de las señas de identidad de Wright, mucho más comedido en el aspecto surrealista que en el caso de Scott Pilgrim, pero sin perder (quizá incluso incrementando) su potencia visual. Esta podría ser la mejor muestra del talento narrativo de Wright, que consigue exprimir al máximo a sus actores (sorprendente Ansel Elgort, capaz de alternar momentos de desquiciante pasividad con excesos interpretativos al ritmo de su música), y hasta Jimmy Foxx, muy desaprovechado en alguna de sus últimas películas, como Amazing Spider-man 2 o Noche de Venganza, está estupendo.
Puestos a ponerse puntillosos, quizá se podría criticar algo del recurso fácil empleado para confeccionar la escena final, pero es pecatta minuta para un film repleto de buen humor, acción desenfrenada y espectaculares escenas de persecuciones callejeras. Wright, tras el desengaño con Marvel que le llevó a abandonar Ant-man, ha tenido plena libertad para hacer “su” película, y el director ha sabido recompensar esa confianza pariendo una gran obra, un relato violento y oscuro que se disfruta con una sonrisa e invita al optimismo.
Quizá sea injusto juzgar a una película por su banda sonora (al final, no es tan complicado hacer una buena selección musical). El mérito real está en saber vincularla tan magníficamente en la acción. Y en ese aspecto, Wright ha demostrado ser un maestro.

Valoración: Ocho sobre diez.

lunes, 3 de julio de 2017

UN DON EXCEPCIONAL, sensibilidad sin cursilería

Se me antojaba peligroso aproximarme a una película como Un don excepcional. 
Pese a las curiosas coincidencias que pueda tener con el cine de superhéroes (no en vano se junta el director de Amazing Spiderman y su secuela y al protagonista de El Capitán América), lo cierto es que esta película tenía todos los componentes para mimetizarse en el clásico telefilm lacrimógeno de sobremesa.
Sin embargo, Marc Webb ha recuperado el estilo intimista y personal que lo llevó a triunfar con (500) días juntos y ha conseguido hacer un film que, pese a sus momentos de sensibilidad, esquiva con acierto el melodrama simplón para construir una interesante y conmovedora historia.
Chris Evans interpreta a Frank Adler, quien tras el suicidio de su hermana debe hacerse cargo de la hija pequeña de esta, Mary, toda una niña prodigio para las matemáticas. Sin embargo, cuando se empeña en que la niña disfrute de una vida normal en un colegio de pueblo en lugar de en academias especiales se encontrará con la oposición de su propia madre, que no dudará en recurrir a los tribunales para garantizar lo que, según su propio criterio, es mejor para su nieta.
Un don excepcional consigue reunir tres historias en una. Por un lado, es un drama sobre las relaciones familiares de tres personajes perseguidos por las decisiones del pasado y el miedo a enfrentarse a sus propias responsabilidades, con el riesgo a equivocarse que ello conlleva. Por otro, hay una interesante trama judicial por la custodia y tutelaje de la pequeña. Y finalmente, más allá de la personificación en los personajes ficticios de esta historia, nos encontramos también con un retrato de lo duro y problemático que puede suponer (tanto para el niño como para sus progenitores, normalmente superados por la situación) el tener una mente privilegiada.
Con un Evans muy convincente en su faceta más intimista (aunque es muy relevante la participación en un rol secundario de Octavia Spencer), la película funciona perfectamente a todos los niveles, alternando sin problemas momentos de ternura, humor y dolor y midiendo perfectamente a sus protagonistas, una familia que, por mucho que se esté agrietando por culpa de los diferentes puntos de vista en torno a la educación de la niña, nunca pierden de vista lo que realmente son, sin alcanzar, por tanto, niveles de odio y enfrentamientos más esperpénticos que realistas. Al final, todos son de la misma sangre, y eso nunca se olvida.
Es por ello que pueda resultar lógico que sea Webb, tras su periplo superheróico, quien se haga cargo de esta película. Al fin y al cabo, la incomparable inteligencia de Mary es similar a tener un gran poder, y el film trata, en el fondo, de la responsabilidad que ello conlleva.

Valoración: siete sobre diez.

DESPIDO PROCEDENTE, divertido disparate.

Después de debutar en la dirección de largometrajes con la insuficiente Viral, el argentino de raíces españolas Lucas Figueroa ha tardado cuatro años en completar su segunda película, Despido procedente, donde tiene la suerte de reunir a un gran reparto encabezado por Imanol Arias, Darío Grandinetti y Hugo Silva pero por donde también se ve a Luis Luque, Miguel Ángel Solà, Tomás Pozzi o Pedro Casablanc (que ya estaba en el anterior trabajo del realizador), entre otros.
Despido procedente es una comedia con toques de intriga y bastante humor negro sobre un alto ejecutivo español de una empresa de comunicaciones con sede en buenos Aires que, en vísperas de un importante ascenso, sufre un percance fortuito con un viandante que se va a convertir en un misterioso acosador.
La película juega en todo momento al despiste, con giros tan absurdos como divertidos y sin llegar a tomarse en ningún momento demasiado en serio (patinando fugazmente cuando lo hace, como al mencionar una parte importante del pasado del protagonista) donde Arias (que ya en Anacleto demostraba sus grandes dotes para la comedia) es la estrella absoluta de la función y consigue mantener en todo lo alto el interés de la trama.
Figuerioa ha aprendido la lección de aquella simplona Viral y, pese a cambiar el terror por el humor, consigue mantener mucho mejor la tensión y el suspense en esta obra cuyo único punto criticable es, quizá, lo ligeramente atropellado de su final. Es de agradecer una película que no necesite más de noventa minutos para contar una historia, como era costumbre hasta hace no mucho, pero quizá habrían faltado cinco simples minutos más para terminar de redondear la trama y no despistar a aquellos que puedan no estar demasiado identificados con la jerga empresarial.
Como sea, la película es una deliciosa comedia que se ve con mucho agrado y provoca varias carcajadas, sabiendo jugar con inteligencia al despiste y sabiendo tener un punto de incorrección política (sobre todo en lo referente al personaje que interpreta Juan Grandinetti) muy disfrutable.
Me alegro (y felicito) a Figueroa por haber sabido enderezar el rumbo y espero que su próximo proyecto no se haga esperar tanto. Si sigue la estela de esta broma ácida sobre los tejemanejes empresariales tiene en mí a un fan.

Valoración: siete sobre diez.

GRU, MI VILLANO FAVORITO 3: perdiendo fuelle...

Cuando en 2010 se estrenó Gru, mi villano favorito, la recién creada productora de animación Illumination entertainment pego todo un pelotazo que le permitió codearse con Dreamworks o Blue Sky por hacerse un huequecito en el podio coronado por Disney y Pixar. La película era fresca y divertida y, sobre todo, presentaba al mundo a unos personajes delirantes y frenéticos como eran Los Minions, verdaderos robaescenbas a lo largo de todo el film.
Su secuela, en 2013, casi superaba a la original en divertimento y locura, pero cuando llegó la inevitable aventura de estos seres amarillos en solitario se demostró que no convenía estirar demasiado el chicle.
Eso es lo que sucede precisamente con la película que nos ocupa ahora. Gru, mi villano favorito 3 es divertida y amena, pero no está a la altura de sus predecesoras. Nos conocemos demasiado ya a los protagonistas como para dejarnos sorprender fácilmente, y el recurso típico del hermano gemelo que resulta ser una versión opuesta al protagonista es algo muy visto ya en este tipo de comedias.
Quizá el problema esté en el definitivo posicionamiento de Gru en el lado correcto de la ley. Dejado atrás sus años como villano, el personaje no termina de dar el tipo como héroe de acción, y ni siquiera el villano ochentero (cuya puesta en escena, banda sonora incluida, rememora en cierta medida al estilo videoclipero de James Gunn y sus Guardianes de la Galaxia) parece dar de si todo lo que podría, estando a la postre desaprovechado.
Que la mejor y más impactante escena sea precisamente la del tráiler (la que abre la película, además) no es buena señal, y separar a Gru y a sus Minions durante buena parte del metraje tampoco ayuda demasiado. Son estos Minions, de nuevo, lo mejor del film, pero por algún motivo en Illumination no han sabido jugar bien sus cartas y los mejores gags han sido adelantados en la campaña promocional, con lo que poco quedaba ya por ofrecer.
Pese a todo, Gru, mi villano favorito 3 continúa siendo un estupendo pasatiempo y una película muy recomendable para grandes y pequeños, no llegando a aburrir en ningún momento, pero no soy capaz de rememorar escenas de grandes carcajadas como las que encontré en las dos películas anteriores, siendo los momentos de ternura con la pequeña Agnes y su pasión por los unicornios (algo bastante desligado de la trama central) de lo más recordable, aparte de un malévolo gag a costa de cierto eprsonaje de Pixar.
Gru ha sentado la cabeza, tiene mujer y tres hijas y, de alguna manera, eso le ha encorsetado, como si las debilidades de este film quisieran ser una metáfora en contra del convencionalismo de la familia, castrante de la libertad y el ambiente festivo de épocas anteriores.
Mi villano favorito volverá, seguro, pero tengo la sensación de que el mejor Gru es ya cosa del pasado.

Valoración: Seis sobre diez.

viernes, 30 de junio de 2017

Reflexiones catódicas: EL DCEU TELEVISIVO Y SUS PRIMOS LEJANOS.

Continuando con el análisis que empecé en el mes de abril sobre los superhéroes del comic en televisión, toca ahora repasar las series actuales ambientadas en el Universo DC.
Si para algunos es complicado seguir el entramado organizado en el MCU (Marvel Cinematic Universe), que engloba tanto las series de ABC como de Netflix, y separarlas además de aquellas cuyos derechos pertenecen a la FOX (los mutantes), en el caso de DC debería ser todo más fácil, ya que mantienen las licencias de todos sus personajes y no deben quedar repartidos por múltiples realidades.
Pero que no deban no significa que no puedan, y en DC decidieron separar los caminos de sus personajes en cine y en televisión. Eso, a priori, simplifica las cosas. Los héroes catódicos no pertenecen al CDEU (CD Extended Universe), lo que significa que puede haber dos personajes repetidos que pertenecen a universos diferentes. 
La complicación radica cuando incluso dentro de la propia televisión han creado líneas diferentes, como es el caso de la serie Gotham, que no se vincula con el universo cinematográfico, pero tampoco con el resto de las series televisivas. Por eso, para clarificar conceptos, a las series que comparten un mismo espacio se le ha dado el nombre de Arrowverse, ya que Arrow fue la pionera en estos lares.
Quede claro que como DC tenía un bagaje mucho más amplio en series de televisión que Marvel, voy a limitarme a repasar las series que se emiten actualmente, dejando títulos como Lois y Clark o Smallville (que tiempos aquellos en los que Superman era el icono de la compañía) para otra ocasión.
Como decía, todo empezó con Arrow. La CW presento a este arquero aficionado al verde en 2012 y aunque la serie no era nada del otro mundo tuvo un éxito sin precedentes. Enfocada al principio al público femenino (si alguien tiene paciencia que se dedique a contar las veces que el protagonista, Stephen Amell, aparece sin camiseta), la serie tenía un tono oscuro y unas escenas de lucha tan bien conseguidas que terminaron por cautivar también al espectador masculino. De momento van por la quinta temporada y ya está anunciada la sexta.
A raíz del éxito del personaje pronto se decidieron a extender su mundo con la creación de Flash. El velocista debutó en el episodio 2x08 de Arrow y de ahí saltó a su propia serie, de la que lleva ya cuatro temporadas. El cruce de historias y personajes entre una y otra, además, es constante.
Una de las peculiaridades más confusas de Flash está su capacidad de viajar en el tiempo y, por lo tanto, crear líneas temporales alternativas (aquí se empieza ya a complicar todo). Esto dio pie a Legends of Tomorrow, que en 2016 aunó a diversos héroes secundarios de Flash y Arrow, dando pie al primer supergrupo televisivo del Arrowverse.
En ese mismo año nació Supergirl que, aunque al principio parecía tener identidad propia, no tardó en aunar sus tramas con las de Flash, llegando incluso a compartir ambos un episodio musical doble. Ha llegado a la tercera temporada, aunque las críticas son cada vez más tibias, y ha llegado a introducir al propio Superman dentro del Arrowverse.
A todo esto, hay que añadir un nuevo elemento: Vixen, una heroína capaz de acceder a las habilidades de cualquier animal. Aunque esto se trate en realidad de una Web Serie, también pertenece al mismo universo compartido, y casi todos los personajes habituales de las otras series se han dejado ver por aquí.
El último personaje perteneciente (por poco) al Arrowverse es Constantine. El cazador de demonios que tuvo una olvidada versión cinematográfica no pertenecía a la CW, sino a la NBC, pero ya se habían iniciado las conversaciones para hacer un crossover con Arrow cuando las bajas audiencias forzaron a la cancelación de la serie tras una única temporada. No bastante, el personaje, interpretado por Matt Ryan, terminó apareciendo en la cuarta temporada de Arrow.
Pero, aunque parezca mentira, no solo de Arrow vive la DC televisiva. Ya he mencionado antes Gotham, una precuela de las historias de Batman donde nos presentan la corrompida ciudad cuando Gordon no era aún comisario y la mayoría de los personajes que conocemos apenas son unos niños. Camino ya de su cuarta temporada, Gothan no tiene relación directa ni con los personajes del Arrowverse ni con el DCEU, así que vuela libre como un pajarillo.
En la misma línea, pronto llegará Krypton. Producida por SyFy, la serie nos presentará al abuelo de Superman y contará las historias de los habitantes del planeta hasta llegar al momento de su destrucción.
Por último, recién estrenada tenemos la sitcom Powerless, una comedia sobre los empleados de empresas Wayne y el día a día en un mundo poblado por superhéroes. Por el momento, tampoco tiene conexión alguna con los dos Universos compartidos ya creados.
Pero no todo son superhéroes en DC. Una de sus filiares más rentables es Vertigo, línea editorial centrada en personajes más adultos y oscuros. Y de ahí han surgido series (totalmente desvinculadas entre ellas) como I, zombie, la historia de una chica mordida por un zombie que utiliza sus nuevas habilidades para ayudar a la policía a resolver casos de asesinato (de la que ya hablé en mi especial sobre zombies), Lucifer, la historia de cómo el demonio de cansa de reinar en el Infierno y se establece entre los humanos, y Predicador, en la que un sacerdote descubre que Dios ha abandonado su puesto en el Cielo y decide seguir su rastro, cruzándose su camino con asesinos y peligros varios.
Y por si todo esto os parece poco, ya se ha anunciado el proyecto de una serie inspirada en Watchmen.
Lo dicho, que el Universo Televisivo de DC no tiene nada que envidiar (al menos en lo que respecta a cantidad) al de Marvel. Y aunque tiene la sencillez de que no es necesario verlo toda para comprender el entramado de las películas, sí puede causar cierta confusión eso de que haya personajes desdoblados, sobre todo en el momento en que Flash tenga su propia película o su presencia en La Liga de la Justicia sea más relevante.

Pero claro, quien tenga dudas, que se repase este artículo. Para eso está… 

miércoles, 28 de junio de 2017

LA CASA DE LA ESPERANZA, una lista de Schindler de rebajas

Hay temáticas que, para bien o para mal, nunca dejarán de interesar al mundo del cine. Las historias reales no solo suelen funcionar, sino que en ocasiones son necesarias para recordar los errores del pasado y tratar de no volver a repetirlos.
Este podría ser el caso de todo lo relacionado con la II Guerra Mundial. Aquel fue, posiblemente, el peor conflicto bélico de la historia moderna y muchas heridas continúan aún sin cerrar. Fue una época de espantosos crímenes y matanzas injustificadas pero, también, de héroes. Héroes, generalmente, anónimos.
La casa de la esperanza cuenta la historia de uno de esos héroes, un matrimonio de Varsovia que transforman el zoo al que han entregado sus vidas antes de que la guerra lo ponga todo patas arriba en un escondite para los judíos a los que ponían liberar del gueto.
Se podría decir, en cierto modo, que Jan Zabinski y su esposa Antonina Zabinska (quien copa el centro de atención narrativo) son una suerte de Oskar Schindler en versión polaca.
Desde luego, debería resultar injusto comparar esta película de rango medio (que cuenta con la producción de su protagonista, Jessica Chastain) con la obra cumbre de Steven Spielberg, pero los parecidos argumentales son tales que resulta inevitable. Lamentablemente, la directora Niki Caro (cuyo trabajo más relevante hasta la fecha es En tierra de hombres, con Charlize Theron) no tiene el acierto estético del antaño Rey midas de Hollywood y su película se centra más en la historia que en el fondo. Esto deriva en una narración bien explicada, con las consecuentes elipsis (no es necesario volver a explicar que es La noche de los cristales rotos y cosas así), pero más cercana al telefilm que al cine de gran formato.
Aunque no hay nada en el guion que justifique la importancia de Antionina por encima de su marido (más allá de servir de seductora distracción al nazi odioso de turno, en este caso encarnado por Daniel Brühl), Jessica Chastain es el motor alrededor de quien todo gira. Y aunque la actriz está correcta (resulta difícil que esta mujer haga algún papel mal) no brilla lo suficiente como para levantar la película por sí sola, tal y como sí lo hacía en la coetánea El caso Sloane.
Además, aparte de dar a conocer la figura de este valiente matrimonio que arriesgó sus propias vidas por salvar a un sinfín de desconocidos, no hay ningún aporte histórico relevante, nada que no hayamos visto ya mil veces en pantalla. He comentado al principio que es importante recordar los errores del pasado (y pocos hay tan terribles como el dominio del fascismo nazi) para tratar de evitarlos, pero ver las mismas escenas una y mil veces tampoco es el mejor camino. Al final, la repetición provoca la insensibilidad, y eso de los judíos sacados a la fuerza de sus casas y oprimidos en un gueto perdiendo todas sus posesiones y hasta su propia identidad es algo que el cine nos ha mostrado ya tantas veces que se debe exigir algo más de brío y fuerza visual para no caer en la rutina y el contemplacionismo. Nada que ver, por poner otro ejemplo, las escenas de esta película con la que se mostraban en El Pianista de Polanski, otra obra maestra del género. Parecía que la excusa del zoo iba a servir como metáfora sobre la “humanidad” que demuestran los animales en contra de la crueldad despiadada de los verdaderos humanos, pero al final todo queda demasiado diluido.
A la postre, La casa de la esperanza es una película bienintencionada, quizá incluso algo edulcorada para lo que se debió vivir realmente, que sirve como recordatorio de una época y para dar a conocer a otros héroes que desde la clandestinidad ayudaron a salvar muchas vidas. Pero poco más. La puesta en escena es correcta pero sin alardes y muchos momentos del metraje rozan el aburrimiento, quizá porque las más de dos horas de película pueden ser excesivas para lo que se está explicando.

Valoración: Cinco sobre diez.

lunes, 26 de junio de 2017

WONDER WOMAN o como echar por tierra un trabajo bien hecho.

Se estrena con algo de retraso en nuestro país Wonder Woman, después de que nos haya llegado un aluvión de críticas maravillosas y que haya arrasado en taquilla. 
Decían de ella que era la mejor película del universo DC y eso estaba provocando un hype desproporcionado que empezaba a olerme a chamusquina. Cierto es que la heroína interpretada por Gal Gadot ya fue lo que más me gustó de Batman V. Superman: el amanecer de la justicia, pero tras los primeros trailers (de esta Wonder Woman y de La liga de la Justicia) me daba la impresión de que todo lo que tenían que decir sobre ella en Warner era repetir un par de posturitas y punto.
Una vez vista, lo mismo que nunca entendí las críticas atroces a las mediocres (pero no horribles) Batman V. Superman y Escuadrón Suicida, tampoco entiendo las alabanzas que ha recibido esta. Sí, es la mejor película del Universo CD, pero no es que el listón estuviera muy alto. Y sí es verdad que el trabajo de Patty Jenkins tras las cámaras es muy notable no todo son virtudes , ni mucho menos.
Si la analizamos como simple entretenimiento, la película funciona bastante bien, alejada de esas cargas de profundidad aparentemente trascendental de las películas de Nolan y Snyder. La trama tiene una ligereza que combina muy bien con puntos de humor y hay un colorido y una luz en su fotografía (sobre todo en la parte que acontece en Themyscira) que le sienta fenomenal. Ese extenso prólogo en Isla paraíso permite conectar muy bien con los personajes (por arquetípicas que sean las Amazonas que rodean a Diana) y la aparición de Steve Trevor ayuda a avanzar la historia sin que se aprecie ningún escollo en el cambio de ritmo, gracias en parte a la magnífica química que comparten Gal Gadot y Chris Pine.
En el segundo acto la película se vuelve algo más oscura, como corresponde al retrato realista que pretende dar de una guerra (La Primera Guerra Mundial) y una sociedad, permitiéndose algún detalle feminista que se agradece al mantener la identidad original del personaje, pero sin llegar a saturar. Es aquí donde se encuentran algunas de las mejores escenas de acción, demostrando que la elección de Jenkins ha sido un acierto (ya tuvo un brillante debut con Monster, aunque faltaba ver si un blockbuster como este le iba a venir grande). Hay enormes coreografías donde se desata todo el poder de Diana (algunas ligeramente confusas, pero igualmente disfrutables) y el uso de la cámara lenta le da cierta coherencia visual con el resto de películas del CDEU, sabiéndolas manejas mejor incluso que Zack Snyder, por más que esa fuese precisamente su marca de fábrica. Es de agradecer, además, que excepto un prólogo y un epílogo escasamente breve, toda la acción transcurra en la época de la Gran Guerra, signo de valentía, aunque no se puede evitar rememorar constantemente la película de El Capitán América: El primer Vengador, de la que tiene claras referencias. Además, excepto en esos mencionados minutos iniciales y finales en los que se nombra a Bruce Wayne, nada en la película parece indicar que pertenezca a ese universo compartido, lo que le permite tener hasta el momento su propia independencia e identidad.
¿Cuál es el problema de Wonder Woman, entonces? Pues precisamente que al final, pese a todo, se trata de una película de Warner/DC. Si esto tratara sobre una diosa griega tratando de comprender a los humanos y sus conflictos, la película sería maravillosa, pero la realidad es que esto de lo que va es de superhéroes. Y ese es el gran lastre de Wonder Woman. Si ya en esos dos bloques mencionados las breves apariciones de los villanos de turno (interpretados -es un decir- por Danny Huston y Elena Anaya) ya molestan, cuando se llega al acto final el despropósito es completo. Es en esa conclusión cuando todo el buen trabajo se tira por la borda con una batalla final que, de nuevo, resulta cargante, excesiva y ridícula. La resolución de los villanos es sumamente torpe y la escena más dramática (y supuestamente emotiva) del film resulta una copia descarada de cierta película (y comic) de la competencia (que no voy a nombrar por no rozar el spoiler, pero en cuanto al veáis sabréis a lo que me refiero).
Al final, Wonder Woman te deja con un sabor agridulce, como una oportunidad perdida para remontar el rumbo de DC. Que la mejor película de su saga sea la más parecida a un film Marvel, y que aun así no esté a la altura de la mayoría de ellos (porque no nos engañemos, comparar a Wonder Woman con, por ejemplo, Ant Man, sería hacer trampa), dice muy poco de este irregular CDEU.
Al menos, hay que reconocerle a Gal Gadot que, pese a las dudas iniciales, ha sabido hacerse con el personaje. A diferencia de su trabajo en Fast&Furious, aquí logra ser algo más que una cara bonita y refleja a la perfección esa mezcla entre ingenuidad, inocencia y poder absoluto que se le supone al personaje. También Pine está a muy buen nivel, aunque acostumbrado a películas de gran presupuesto tras encarnar por tres veces (hasta ahora) a James T. Kirk en Star Trek, tampoco es que sea ninguna sorpresa. Y no tengo queja de Robin Wright o Connie Nielsen, aunque sí me parece que David Thewlis está muy sobreactuado y Danny Huston y Elena Anaya (actores que generalmente me gustan mucho) simplemente ni están ni se les espera.
En fin, que sí, que esta Wonder Woman está a la altura de su personaje, que el traje mola y a Gal Gadot le sienta de maravilla, que las veces que se escuchan las notas de Junkie XL versionadas por Rupert Gregson-Williams emociona, y que a la postre uno se lo llega a pasar bien. No estupendamente bien, pero sí bien. Pero, al final, no es para tanto, estando incluso a punto de decepcionar ante tan magnas expectativas.
Pero ya se sabe lo que pasa con las pelis de Marvel y DC: parece que solo se pueden amar incondicionalmente u odiarlas a muerte. ¿Sera esto también cosa de Ares?

Valoración: Siete sobre diez.

miércoles, 21 de junio de 2017

LAND OF MINE (BAJO LA ARENA), condenados por la derrota.

Con algo de retraso he podido ver al fin Land of mine (Bajo la arena), otra de las nominadas de este año al Oscar a mejor película extranjera y quizá la que más me ha gustado de las que he podido disfrutar, no ya porque sea mejor que la ganadora, El Viajante, sino porque el tema quizá me atrae más (de Toni Erdmann ya no me voy a molestar en hablar más).
Gracias al servicio de inteligencia británico los nazis nunca supieron donde pensaban realizar los aliados el desembarco que finalmente acontecería en Normandía y que supuso el primer gran paso para terminar con la II Guerra Mundial. Es por ello que el Reich decidió llenar toda la costa danesa de minas enterradas y, tras la finalización de la guerra, alguien debía retirarlas de allí.
Land of mine cuenta la historia de los soldados alemanes prisioneros que se vieron forzados a retirar esas minas poniendo en serio peligro sus propias vidas. Lo más terrible, sin embargo, es que en la mayoría de los casos se trataba de soldados recién incorporados a filas, niños que apenas sabían nada de la guerra que acababan de perder y a quienes los daneses trataban como al mismo demonio.
Más allá de contar una historia real (se calcula que habían más de dos millones de minas antipersonas a lo largo de todo el litoral), el director Martin Zandvliet ha querido plasmar una narración cargada de humanidad sobre como el odio puede marcar nuestros pasos, recordando que en una guerra no hay nunca buenos ni malos y que cualquiera que abuse de una situación de poder puede ser tan cruel como el peor de los dictadores.
Por eso, la película gira en torno a la figura del sargento Carl Rasmussen (magnifico Roland Møller), un déspota tirano al principio del film al que unos soldados enemigos logran hacerle replantearse todas sus ideas y esas férreas convicciones que la vida en el ejército otorgan.
Land of mine, con una preciosa fotografía y momentos de pausada angustia, es un canto a la amistad y a la redención, un recordatorio de que las guerras causan muchos vencidos y pocos vencedores y que la reconstrucción es siempre más dura que la destrucción.

Valoración: Siete sobre diez.

UNA POLICÍA EN APUROS, tontunada gala

Dany Boon es uno de los cómicos más populares de Francia que, desde que en 2008 triunfó con Bienvenidos al norte, ha ido alternando sus trabajos para otros directores (como en la reciente Manual de un tacaño de Fred Cavayé) con películas de su propia autoría, guion incluido.
Una policía en apuros es su última apuesta, una evidente réplica de las comedias de acción americanas con tintes feministas que bien hubiera podido protagonizar Sandra Bullock (tómese como muestra Miss Agente especial o Cuerpos especiales).
Johanna Pasquali es una policía que sueña con entrar en la RAID, un cuerpo de élite para la que no parece estar preparada, pese a su férrea fuerza de voluntad. Siendo como es hija de un influyente político, este moverá sus hilos para conseguir que la acepten en prácticas, estando bajo la tutela de Eugène Froissard, un agente de prestigio caído en desgracia desde su última ruptura sentimental, con el único propósito de que le hagan la vida tan dura y difícil que termine por cansarse y abandonar.
No explicaré como termina la cosa, pero no creo que nadie tenga ninguna duda de por dónde van a ir lo derroteros, ¿no?
Efectivamente, Una policía en apuros es insultantemente previsible, sin un solo giro argumental capaz de sorprender y con unas escenas de acción que le vienen ligeramente grandes a Boon. Sí funciona, al menos, la química entre los dos intérpretes y un buen puñado de gags simpáticos que ayudan a encariñarse con la protagonista.
Acostumbrados como estamos a que el cine de Hollywood se dedique a copiar ideas de producciones ajenas, resulta curioso ver de vez en cuando el efecto contrario, demostrándose igualmente que las copias no suelen estar a la altura de las ideas originales (y eso que las películas a las que rinde tributo tampoco es que sean para echar cohetes).
Una policía en apuros es una comedia del montón, sin nada que destaque especialmente en ella, innecesaria pero sin llegar a ofender. Un pasatiempo ligero para espectadores poco exigentes y fieles de Boon.

Valoración: Cinco sobre diez.

SEÑOR, DAME PACIENCIA, insustancial estampa veraniega.

En ningún momento ha tratado el director Álvaro Díaz Lorenzo de disimular la influencia de comedias familiares francesas como Dios mío, pero ¿qué te hemos hecho? para la confección de Señor, dame paciencia, pero también se notan demasiado las sombras de las chanzas sobre tópicos regionales propios de Ocho apellidos vascos y su secuela o el conflicto intergeneracional entre padres y yernos que tan bien funcionaba en la reciente Es por tu bien.
Con toda esta amalgama de conceptos, Díaz Lorenzo ha construido una comedia muy blanca y bienintencionada, de esas de bonitos paisajes y bucólicas puestas de sol que recuerda, por momentos, a un anuncio veraniego de cerveza. Jordi Sánchez es un madridista de pura cepa, muy nacionalista y tradicional, que contempla con estupor el mayor temor de cualquier padre: que sus retoños se desmadren y abandonen el nido acompañados de los menos adecuados compañeros de viaje. Así, sus hijas Sandra y Alicia están enamoradas, respectivamente, de un catalán del Barça y de un perroflauta sin ambiciones ni futuro, mientras que el único hijo varón, Carlos, resulta ser gay y estar planificando su boda con un vasco de origen senegalés. Toda una estampa tan dispar como absurda.
María, la madre, es el pegamento de esta familia en frágil equilibrio, y tras su muerte todo podría romperse definitivamente si no fuese por su última voluntad de ser incinerada y que sus cenizas se arrojen en Sanlúcar de Barrameda en compañía de todos los integrantes del hogar familiar.
En su arranque, donde más abundan los tópicos y las gracietas culturales, sobre todo entre madrileños y catalanes (ya sea por el idioma, el futbol o la independencia), los chistes se amontonan de manera que pueden llegar a resultar hasta divertidos, pero tras la muerte del personaje de Rossy de Palma, la cosa empieza a ponerse seria y el humor se diluye entre la arena de la playa. Jordi Sánchez, un gran cómico (catalán, para más datos), se pasa más tiempo llorando que haciendo reír, y en su mirada cargada de lágrimas se refleja el espíritu de una película que merecía más gamberrismo y menos trascendencia.
Al final, Señor, dame paciencia no es más que una sucesión de caras bonitas, paisajes más bonitos aún y música resultona. No hay nada en la película de Álvaro Díaz Lorenzo que resulte ingenioso ni novedoso y, como en tantas otras comedias del montón, los mejores (y casi únicos) gags cabe encontrarlos en el mismo tráiler. Tampoco es que las interpretaciones ayuden demasiado, no sé si por falta de calidad o por falta de convicción, aunque el recurso de utilizar a David Guapo para un papel relativamente protagonista en un intento de repetir la carambola de Dani Rovira les ha salido rana.
En fin, comedia de verano, aunque demasiado triste y amarga que se puede disfrutar como postal vacacional de Sanlúcar y poco más. Se pueden ver las buenas intenciones y el intento de contagiar el buen rollo (que no debería haberlo, ya he dicho que es todo demasiado blanco) al espectador, pero con buenos propósitos no se rellena una película.

Valoración: Cinco sobre diez.