domingo, 22 de enero de 2017

CdS: LANGOSTA, el encanto de la rareza.

Viendo la pasada edición de los Globos de Oro me sorprendió que muchos echaran en falta la presencia entre las nominaciones a los integrantes de Langosta, una película que se llevó el premio del jurado en la edición de Cannes del 2015 pero que se estrenó en el 2016 sin demasiado ruido. Así que la curiosidad me ha invitado a recuperarla antes de dejar pasar más tiempo.
Siendo obra del griego autor de Canino, Yorgos Lanthimos, estaba claro que no iba a ser una película convencional, pero el hecho de tratarse de su primer trabajo en inglés y con un reparto de renombre hacía sospechar que se hubiese domesticado algo en su estilo. Sin embargo, ya el planteamiento argumental demostraba por donde iban a ir los tiros:
Estamos ante una distopía donde la soledad es perseguida y los solteros deben ingresar en un peculiar hotel donde encontrar pareja antes de cuarenta y cinco días o, de lo contrario, terminar convertidos en un animal de su elección y abandonados en un bosque cercano. El protagonista, obviamente, elige para su teórica transformación a la langosta del título.
Con esta premisa, Lanthimos, que también es autor del guion, elabora una película bizarra, de ritmo pausado y totalmente alejada de los cánones habituales. Con un reparto de gran nivel a los que exige una prueba de contención extrema de la que salen todos airosos (magnifico Colin Farrell), la película es una metáfora sobre los miedos a la soledad y los problemas de incomunicación del mundo actual, descrita con una sutileza inaudita mediante un humor negro que desde luego no es apto para todos los públicos.
Langosta en una película difícil, incómoda de ver, incluso, desconcertante en su planteamiento y algo irregular en su giro argumental (no estoy seguro de que el momento en que el protagonista sale del hotel esté bien situado en el metraje final), de esas que suele provocar pasiones exageradas u odios profundos y que a mí me suelen situar en una zona intermedia. No me dejé atrapar totalmente por esta absurda pantomima cruel y descarnada que se cocina a un fuego tan lento que llega a irritar por momentos, pero tampoco soy capaz de despreciarla ya que Lanthinos consigue algo hipnótico con su narración y uno siente la necesidad de saber cómo va a acabar todo el asunto, aunque desde el primer minuto se intuye que no hay un final feliz posible. Un final feliz, al menos, al estilo Hollywood.
Langosta es una de las películas más raras de los últimos tiempos, una marcianada que a mi parecer dista mucho de ser una obra maestra pero que resulta interesante en su ejecución y que tiene su mejor arma en los trabajos actorales (acompañan a Farrell Rachel Weisz, Ben Whishaw, Léa Seydoux, John C. Reilly y Olivia Colman entre otros) y en la incomodidad que la banda sonora y la voz en off (molesta pero eficaz a la vez) provocan.
En fin, una película que no me atrevería a recomendar a muchos de mis allegados pero que resulta interesante y debe aceptarse como un  ejercicio diferente a todo lo que uno acostumbra a ver, aunque por momentos tengo la sensación de que Lanthinos está tan pendiente de buscar esas diferencias de forma intencionada que eso le hace perder su propia libertad creativa.

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 14 de enero de 2017

LA LA LAND, CIUDAD DE ESTRELLAS. Hermosa canción de amor al cine.

Al fin se ha estrenado en España La la land: Ciudad de estrellas, la indiscutible ganadora de los recientes Globos de Oro y máxima favorita (aunque no empiecen a apostarlo todo todavía) para los Oscars de este año.
Dirigida por Damien Chazelle, que ya triunfó con la (para mí) sobrevalorada Whiplash, La la land: Ciudad de estrellas es un canto de amor al género musical y al Hollywood dorado (por más que esté ambientada en el actual), ya que utilizando como excusa una historia de amor para nada destacable ni novedosa (se repite el esquema de aspirante a artista que va a Hollywood a perseguir su sueño, esta vez por partida doble) hace un recorrido por diversos estilos musicales, referencias cinéfilas y desnuda las luces y las sobras de la fábrica de los sueños.
Es, posiblemente, su guion el eslabón más débil de la película, haciendo que en algún momento se alargue en exceso y tenga un último tercio con un nivel bastante más bajo que el resto de la película, aunque se redime en un final bastante redondo y me logró sorprenderme, lo cual no es poco hoy en día.
La película sigue las andanzas de una chica que aspira a ser actriz y un pianista que se niega a aceptar la muerte del jazz clásico. Se conocen, se enamoran y comparten sus sueños hasta que estos terminan por enfrentarlos. Una historia bastante clásica como, por otro lado, no podía ser menos.
Posiblemente el secreto de la película no sea que se trate de una obra maestra (para mí está muy lejos de serlo) sino que contenga un mensaje tan optimista y lo haga mediante unas canciones pegadizas que saben transportarnos mediante la nostalgia a esa meca del cine con la que todos los aficionados, de una manera u otra, hemos soñado alguna vez. En ese sentido, salvando las distancias sonoras evidentes, me recuerda en gran medida a The Artist, de Michel Hazanavicius, a mi parecer algo superior a esta por la dificultad añadida de la ausencia de diálogos.
Es, por tanto, el trabajo de Chazelle y, sobretodo, de sus intérpretes, lo que hacen que la película sea todo lo grande que parece ser. Chazelle mueve la cámara con un virtuosismo que ya se le intuía en Whiplash, y solo el tema musical que abre la película, en un imposible plano secuencia, sirve como verdadera declaración de intenciones. Y luego hay que hablar de Emma Stone y Ryan Gosling que están sencillamente maravillosos. Actúan, cantan, bailan y se enamoran con una facilidad pasmosa, haciendo que me pregunte si no es mucho más meritorio lo que ellos (que no son bailarines de verdad) son capaces de hacer aquí que lo que hicieran en su época tipos como Fred Astaire, Ginger Rogers o Gene Kelly (y perdonen por la blasfemia). Ellos son los que convierten la película en esa joya del 2016 y los que provocan que uno salga de la sala del cine silbando las primeras notas del tema City of stars que da nombre a la versión española del título y con el corazón más feliz.
Pero no todo es perfecto en el film. Chazelle es un enamorado del jazz y eso se nota demasiado. En ocasiones, he llegado a echar en falta más canciones (esto es un musical, recuerden) y me han sobrado algunos temas de piano. Y es que, contradiciendo al personaje de Gosling, no todo el mundo tiene porqué amar el jazz.
Y estos pequeños detalles (música, guion, ritmo) que hicieron que en algún momento se me hiciera un poco pesada hacen que me plantee si estamos de verdad ante la mejor película del año. A falta de un puñado de estrenos fuertes (Manchester frente al mar, Lion, Loving, Fences, etc.) me atrevería a apostar que el trabajo como director de Chazelle bien merece todos los premios, y lo mismo puedo decir de Gosling y Stone, pero si analizamos la película en su conjunto, no me parece que La la land: ciudad de estrellas sea mejor que La llegada, por ejemplo, ni mucho menos que Hasta el último hombre. Aunque me temo que ninguna de las dos va a entrar en las quinielas finales.

Valoración: Ocho sobre diez.

UNDERWORLD: guerras de sangre. fórmula agotada.

Empezaré diciendo sin ningún rubor que cuando vi Underworld en el 2003 el invento no me desagradó del todo, más si tenemos en cuenta que el rollo gótico y la estética del cuero estaban de moda y que mola mucho más ver enfundada en un traje de esos a Kate Beckinsale (a la que yo personalmente descubrí en Pearl Harbor pero que fue con su personaje de Selene con el que saltó a la fama) que a Keanu Reeves o Wesley Snipes, por poner dos ejemplos más o menos coetáneos.
Luego llegó la secuela y ahí la cosa empezó a interesarme menos, más cuando nunca me he aclarado mucho con el rollo culebrón que se traía y lo único que quería era ver a vampiros y hombres lobo zurrándose entre ellos, y la tercera entrega/precuela ya ni siquiera la vi (y es que para colmo carecía de la presencia de la Beckinsale). La taquilla estaba cayendo y la saga parecía moribunda, pero aún se empeñaron en hacer una nueva continuación recuperando al personaje de Selena en el 2012 que no creo que interesara a casi nadie.
Por algún motivo que no alcanzo a comprender, se estrena ahora la quinta película de la saga, la que se supone (y remarco lo de se supone) que debe ser el capítulo definitivo. Han pasado catorce años desde la primera película y el tiempo y la moda han pasado, por más que los productores de la franquicia no quieran verlo.
Ahora, el rollo Matrix está muy desgastado, a la pobre Beckinsale no la pueden lucir tanto para que no se note el paso del tiempo (es una vampira inmortal, recordad) y el bajo presupuesto hace que las transformaciones de los licántropos sean menos que ridículas. Además, si no se es un fan declarado de la saga (¿existe eso?) es difícil aclararse con el batiburrillo de nuevas razas y derivados que tienen que inventarse para poder avanzar en una trama que, al final, parece un remiendo de Juego de Tronos venido a menos. No en vano hay varios intérpretes de la película que han pasado por la serie, mientras que algunos personajes parecen un quiero y no puedo -¿soy el único al que la tal Lena le ha parecido una versión vampírica de Daenerys (supongo que el caché de Emilia Clarke está muy por encima de estas producciones)-. Por otro lado, y quizá esto es una paranoia mía, el personaje de Semira interpretado por Lara Pulver (el elemento más sensual del film en detrimento de Beckinsale) se me antoja escrito (y vestido) pensando en Eva Green.
Len Wiseman (que solo dirigió las dos primeras, aunque puede considerarse el padre de la criatura) deja de nuevo la silla de dirección en manos de otro, en este caso de Anna Foerster, que hasta ahora se había limitado a hacer algo de televisión, pero para el caso es lo mismo: la estética del film sigue tan imperecedera desde la película de 2003 que todas parecen filmadas por el mismo equipo, siempre con el piloto automático.
Al menos hay que aceptar que Underworld: guerras de sangre es una película que no engaña. Lleva tanto tiempo haciendo lo mismo que uno sabe perfectamente lo que se va a encontrar, y si las expectativas son suficientemente bajas y somos complacientes con la absurdidad del guion puede llegar a entretener. Incluso parece como si los actores se creyeran lo que están haciendo.
Si los efectos especiales fuesen un poco más dignos (porque al final lo de los vampiros y los licántropos queda en una anécdota, los principales enfrentamientos son a disparo limpio) podría ser un pasatiempo bastante digno, aunque lo que más me mosquea es que el final (que parece algo precipitado pese a que la película dura noventa minutos escasos) no es el fin de fiesta que uno podría esperar para cerrar una pentalogía.
Mucho me temo que, tal y como quedan las cosas, el día que el matrimonio Wiseman/Beckinsale esté un poco aburrido, tendremos más Underworld.

Valoración: Cinco sobre diez.

¿TENÍA QUE SER ÉL?: previsiblemente discreta.

¿Tenía que ser él? es una película que ya desde su planteamiento no busca cumplir una función de extrema originalidad. La confrontación generacional, más cuando hay un padre y una hija de por medio, ha sido caldo de cultivo para comedias americanas desde el inicio de los tiempos, haciendo alarde de esa sobreprotección extrema (y normalmente irracional) que tan bien representaran en sus respectivas épocas actores como Spencer Tracy, Steve Martin y, más recientemente, Robert De Niro.
Es precisamente Los padres de ella el referente más directo de ¿Tenía que ser él?, no en vano Ben Stiller es uno de los productores, pero dando la vuelta a la tortilla. Es decir, si en la película dirigida por Jay Roach Stiller era un tipo más o menos normal y su futuro suegro el psicótico ex agente de la CIA pasado de vueltas, ahora es el papá quien recae en el convencionalismo más caduco para que el desfasado sea el yerno, totalmente alejado de aquello que todo padre desearía para su hija (excepto en el insignificante detalle de que está forrado).
No hay nada novedoso en otra comedia pretendidamente gamberra (otra cosa es que lo consiga) que, una vez más, parece casi una quedada de amigos que una película en sí, ya que Jonah Hill es uno de los que filma el guion y James Franco es quien tiene carta blanca para todo tipo de exceso en ese humor cafre y grosero en el que se siente tan a gusto.
¿Tenía que ser él? carece de la elegancia de Los padres de ella y sus secuelas (ni que decir tiene si la comparamos con la blanquísima El padre de la novia), volviendo a caer en el error de confundir gamberrismo con mal gusto y conformarse con la simpleza de confiar casi todas las cartas en soltar palabrotas y hacer chistes coitales o fecales.
Hay una escena en la que el sufrido suegro está en una fiesta organizada por su futuro yerno en la que el actor Bryan Cranston debe mostrar como su personaje se encuentra superado por la situación. Es uno de esos momentos en los que uno piensa: ¿qué demonios hago yo en medio de este fregado? y casi se podría asegurar que esa escena simboliza la esencia del propio Cranston, un muy buen actor que vale que se pasara por Godzilla un ratito porque a todos nos gusta cobrar el cheque a fin de mes, pero que aquí está como pez fuera del agua por más que su talento sea lo que mantiene en pie el film.
Franco, por otra parte, vuelve a demostrar su bipolaridad interpretativa, capaz de ofrecer personajes torturados como su Harry Osborn en el Spiderman de Raimi, el trágico aventurero de 127 horas o su contenida actuación en la miniserie 22/11/63 o de patochadas tan bochornosas como en Juerga hasta el fin o la infame Caballeros, princesas y otras bestias. Aquí está totalmente desatado, y aunque no lo hace del todo mal se nota cuando no hay un guion sólido tras él para obligarlo a esforzarse en una interpretación de verdad. Quizá lo más destacado habría que buscarlo en las aportaciones de Keegan-Michael key o en el cameo de Kaley Couco, aunque esta última solo en voz (y que en su doblaje han respetado a Mar bordallo para ser fieles a su personaje de Penny de The big bang theory).
Como he dicho al principio, el truco del choque generacional siempre funciona, así que no voy a negar que la película tenga bastantes situaciones entretenidas y que divierta por momentos, pero de nuevo nos encontramos con una de esas películas que está plagada de buenas ideas que al final, quien sabe si por culpa del guion o por desmerecimiento del propio director, un John Hamburg bastante anodino, terminan desaprovechándose.
Además, otro obstáculo en este tipo de comedias es que la sorpresa es siempre algo muy limitado, ya que resulta obvio como va a acabar todo, así que al menos debemos conformarnos con que la parte más forzadamente emotiva es más o menos efectiva y logra ser creíble, que no es lo mismo que verosímil.

Valoración: Cinco sobre diez.

TRAIN TO BUSAN, la película de zombies del año.

Aunque ya hablé de ella con referencia al Festival de cine de Sitges, su estreno ha llegado tras el cambio de año, y puesto que me he animado a regresar al cine para verla por segunda vez creo que merece una nueva entrada para que el comentario no quede perdido en el limbo de la red.
Train to Busan es una especie de secuela de la película de animación Seoul Station, ambas dirigidas por Sang-ho Yeon, en la que se planteaba un apocalipsis zombie desde el punto de vista coreano. En la película, seguimos las andanzas de un ejecutivo y su hija en el trayecto desde Seúl hasta Busan en un tren de alta velocidad, desplazamiento durante el cual se desata la epidemia y se extiende el terror.
Este planteamiento podría recordarnos a la magnífica Snowpiercer, de Joon-ho Bong, pero Sang-ho Yeon rehúye de la opresión claustrofóbica de aquella permitiendo a los personajes salir por breves espacios de tiempo del tren, aunque este sea siempre el elemento determinante del film y única esperanza para llegar a la supuesta salvación que representa Busan. Por eso, uno de los mayores aciertos de Sang-ho Yeon es planificar la película más como si de un título de catástrofes se tratase que como un film de terror, permitiendo así presentarnos a toda una serie de personajes que deberán enfrentarse juntos a la amenaza y definiéndolos perfectamente con un par de pinceladas.
Considerándome un gran aficionado (que no amante) al género de zombies, Train to Busan ha entrado directamente a mi top five, aun sin ser una película verdaderamente aterradora. Tiene sus sustos, claro, pero Sang-ho Yeon prefiere destacar la acción y la espectacularidad, sin renunciar al drama gracias a esa buena construcción de personajes que he comentado antes. Así, en Train to Busan la muerte, más que temerse, duele, y la mezcla entre el drama y el cachondeo es como una montaña rusa adrenalítica.
Sang-ho Yeon no se esconde, y no busca reinventar el género ni aportar nada novedoso. En Train to Busan se encuentran todos los tópicos y contiene muchas escenas que nos pueden recordar a otras películas, pero lo que cuenta es lo inteligentemente planificada y lo bien hecha que está. Con este collage de ideas, la película es todo lo que una buena película de zombies debería ser, y consigue llegar hasta puntos donde series tan sobrevaloradas como The Walking Dead aspira a alcanzar sin conseguirlo nunca. Aquí, los zombies son una verdadera amenaza, asesinos implacables y despiadados, pero ello no impide que Sang-ho Yeon haga un análisis a la propia esencia del ser humano y que algunos vivos puedan ser tan aterradores o más como los muertos vivientes. Me parece significativo, por ejemplo, que con todo lo que está pasando alrededor, las primeras lágrimas de la niña protagonista se produzcan ante el comportamiento de ciertos vivos, verdadero mensaje del egoísmo que algunos pueden disfrazar de instinto de supervivencia. Por otro lado, en el extremo opuesto, tenemos al padre protagonista, que gracias a la amenaza zombie hará un viaje inverso y aprenderá el valor del sacrificio y la amistad.
Train to Busan contiene sangre, mucha y muy exagerada. Es violenta y salvaje. Pero también es desternillante en muchos momentos. Emocionante. Intensa. Dramática y emotiva. Y juguetea un poco con la denuncia social. Train to Busan es un espectáculo con mayúsculas no solo recomendable a los seguidores del cine de zombies, sino a todo aquel que quiera disfrutar de una buena película de acción y drama que, además, invita a la reflexión.
Y contiene, además, varias escenas que merecen, por derecho propio, convertirse en iconos de la cultura popular.

Valoración: Ocho sobre diez.

EL PANDA EN EL 2017.

Estamos ya rozando el ecuador del primer mes del año y aún no he tenido tiempo de analizar los cambios que van a haber en el bloc de cara este nuevo año.
En realidad, no vais a encontrar muchas novedades, ya que por más que me proponga introducir cambios luego el tiempo libre es el que manda y últimamente me está ahogando más de lo deseado. La prueba la tenéis en la poca presencia que en el 2016 tuvo la sección Cine de Salón. Por cierto, que la sección seguirá durante este año, ya veremos con qué periodicidad, centrándose en gran medida en los estrenos que vayan directamente a streming y con Mute, de David Jones, como la gran esperada del año.
También me han insistido algunos seguidores con que las series de televisión tengan acto de presencia en El Panda Cinéfilo. Resulta evidente que no puedo hablar de actualidad tal y como hago con el cine ya que para ello se necesitaría una dedicación casi absoluta y hay muchos podcasts que se encargan de ello con gran profesionalidad. Lo que si voy a intentar es hacer un comentario mensual analizando alguna serie o género de manera más o menos general.
Lo que sí pretendo potenciar (y los que me seguís ya lo habréis podido comprobar) son las redes sociales. Creo que twitter debe ser una herramienta para ofrecer una opinión rápida de los estrenos, más allá de lo que luego tarde en escribir la entrada del blog y si sois seguidores de la cuenta @medinabotija lo vais a comprobar. Por otro lado, aunque esto nunca ha pretendido ser una página de noticias, de vez en cuando pondré enlaces o tráilers en el grupo de Facebook que me hayan despertado el interés y os invito a que vosotros hagáis lo mismo, convirtiéndolo en un foro de debate más allá de lo que los estrenos semanales obliguen.
Y poco más que añadir. El resto seguirá como hasta ahora, con el máximo de comentarios posibles sobre los estrenos, tratando de exprimir el tiempo al máximo durante festivales como el de Sitges y, si los horarios coinciden, ofreciéndoos la información más inmediata en los grandes premios de la temporada. Por lo pronto, este año he estado comentando en directo, por primera vez, los Globos de Oro. Vía twitter, of course. Veremos si con los Goya o los Oscars se puede repetir la jugada.
Pues nada, hasta aquí los (mínimos) cambios que van a haber. Aunque, como siempre, ya sabéis que cualquier comentario o sugerencia será bien recibido.

Y si no, siempre nos quedará el grupo de Facebook…

martes, 10 de enero de 2017

MONSTER TRUCKS, la primera tontería del año

Ante todo, si hay que reconocerle algo a esta película es su sinceridad: el primer poster era espantoso, el tráiler era horrible, así que… ¿de verdad se podía esperar algo bueno de este pastiche?
Monster Trucks nace con el deseo de imitar/homenajear el cine juvenil de los ochenta, esa época tan añorada y que tan bien sabía reflejar la serie de Netflix Stranger Things. Un estilo de cine se puede resumir con la filmografía de aquella época de la Amblin, esa fábrica de sueños creada por Spielberg y compañía. Monster Trucks parte con todos los tópicos necesarios: chaval inadaptado y sin demasiados amigos, un pueblo tranquilo, una familia desestructurada, unos villanos representantes de una gran corporación, una familia desestructurada, la chica guapa que termina enamorándose del héroe, el nuevo novio de la madre (que además es el sheriff del pueblo). Todo está ahí. Y luego, por supuesto, algún bichejo graciosete, ya sea extraterrestre, místico, fantasmagórico o, como en este caso, de origen prehistórico (o algo así, tampoco se molestan mucho en explicarlo).
Lo malo es que Chris Wedge, director centrado hasta ahora en la animación, no sabe muy bien qué hacer con todos estos elementos y el resultado es una tontería descomunal, una historia absurda y ridículamente infantil de la que es difícil salvar nada. Por haber, no hay ni siquiera una mínima presentación del monstrete de turno con algo de pasión, con alguna gotita de terror (y no estoy pensando en Poltergreist, ni siquiera en Gremlins, pero sí da la sensación de que se pretende crear una sensación similar a la presentación en el garaje de E.T. sin conseguirlo ni de lejos) y algo de humor negro. Un poco de gamberrismo, vamos.
Pero no, todo en la película es un despropósito argumental, empezando por una concepción de personajes sin pies ni cabeza. Ni el prota (un llorón insoportable) desprende empatía ni el bichejo (qué horrible diseño) provoca simpatía. Solo la chica logra tener algo de carisma, aunque no se entiende que una chica tan mona vaya de nerd colgada estúpidamente del prota y aceptando sin concesiones todo lo que le ocurre. Y no es que sea culpa de los actores, que hacen lo que pueden con semejante guion. Pero Lucas Till no tiene aún suficiente carisma para mantener la película, mientras que Jane Levy está muy por encima de esta tontería, como demostró en la interesante No respires. Hay por ahí un buen elenco de secundarios que apenas hacen más que aportar su nombre a los créditos, como Rob Lowe, Danny Glover, Barry Pepper, Amy Ryan o Holt McCallany.
Puede que el invento surja como una reinvención de Transformers, amalgamando a estos monstretes con coches, pero ni siquiera la puesta en escena resulta aceptable, pareciendo incomprensible que se hayan gastado ciento cincuenta millones de dólares en esto.
Dicho esto, debo reconocer también que me esperaba un horror tan total, una película tan despreciable y espantosa, que al menos logró resultar distraída y tiene un par de diálogos simpáticos. No es, desde luego, consuelo suficiente, pero es lo único a lo que agarrarse.
Valoración: Cuatro sobre diez. 

CONTRATIEMPO, entretenido pasatiempo imposible de reflexionar.

El barcelonés Oriol Paulo es un guionista especializado en thrillers de guiones intrigantes y con giros de guion inesperados, como el caso de Los ojos de Julia o la decepcionante Secuestro, aunque fue con El cuerpo con la que dio en salto a la dirección en 2012.
Cuatro años más tarde Paulo repite la experiencia con Contratiempo, donde vuelve a contar con José Coronado pero dejando el papel de protagonistas a Mario Casas y Bárbara Lennie, ecléctica pareja que podrían no tener mucho en común (él uno de los actores españoles más mediáticos y habitual en las carpetas de las adolescentes, ella una de las mejores actrices del país habitualmente entregada a películas de corte más independiente y arriesgado), pero esa es una baza que, como bien afirma el propio director, juega más a favor que en contra, siendo en pantalla una pareja de amantes sin la química que podrían necesitar de ser una unión de corte más romántico.
Contratiempo explica la historia de Adrián Doria, un emprendedor empresario de éxito que es agredido en una habitación de hotel para descubrir, al recobrar el conocimiento, que su amante ha sido asesinada y la policía está acechándolo al otro lado de la puerta. Con el handycap de que la puerta está cerrada por dentro y no hay ventanas accesibles por las que el asesino pueda haber escapado, Adrián es el principal sospechoso del crimen, y un exhaustivo repaso de los hechos (con secretos ocultos de por medio) con una importante preparadora de testigos puede revelar la verdad.
Contratiempo es un juego, un retorcido puzle en el que todos mienten y hay que escarbar en la psique de cada personaje para averiguar la verdad. Y para hacer partícipe al espectador, Paulo va dejando alguna miguita para que, a diferencia de lo que sucedía en El Cuerpo, de manera que nosotros mismos podamos jugar a detective y tratar de dilucidar por dónde van los tiros.
Así, mientras se está disfrutando de la película, Paulo consigue mantener la intriga y desconcertar con los múltiples cambios de dirección que va tomando la película tras cada giro de esquina, rompiendo la continuidad temporal constantemente y consiguiendo una atmósfera muy americana con ese buen uso de la metrópolis barcelonesa. Sin embargo, tan loable propósito se trunca con los dos errores capitales de Paulo en su complicado entramado.
Por un lado, todo está tan enfocado a sorprender y desorientar que una vez se llega al desenlace final (o se logra adivinar antes de hora, lo cual tampoco es muy complicado) la película pierde todo su sentido, de manera que se me antoja muy difícil un posible segundo visionado.
En segundo lugar, tampoco conviene reflexionar demasiado la película una vez finalizada. Y es que tras tantos quiebros y recovecos argumentales el desenlace final es una completa estupidez, un despropósito totalmente inverosímil y absurdo que roza el ridículo. Paulo juega al todo vale con tal de engañar, y al final deja que su ansias por engañar convierta la película en un engaño en sí misma.
Contratiempo es una película que te atrapa durante su visionado, te deja desangelado una vez finalizada y puede llegar a indignar pasadas unas horas. Como sea, accedo a quedarme en un punto intermedio y recordar las sensaciones en la propia sala de cine que me llevan a aprobarla por los pelos.
Valoración: Cinco sobre diez.

DE-MENTES CRIMINALES, divertida aunque poco ambiciosa.

Tontaco juego de palabras el de De-mentes criminales que define en sí a la propia película, una gracieta del montón en la que un puñado de amiguetes de la comedia americana se junta para hacer lo de siempre (chistes tontorrones de pedos y vómitos) disfrazándola de peli de atracos. Lo curioso del caso es que en esta ocasión estamos ante una historia real, y es aquí donde, una vez más, la realidad supera a la ficción y consiguen llamar nuestra atención.
De-mentes criminales trata sobre un puñado de perdedores que logran robar diecisiete millones de dólares (está considerado como el segundo mayor atraco en la historia de los Estados Unidos) con un desgraciado conductor de furgones brindados como mano ejecutora y posterior cabeza de turco.
La historia, tan desquiciante que solo puede ser real, recuerda en su tono a otros biopics de tono cómico como la insulsa Juego de armas o, sobre todo, Sudor y dinero. No está De-mentes criminales a la altura de aquella epopeya igualmente increíble sobretodo porque Jared Hess, el director de esta, no es ni de lejos Michael Bay, pero está claro que es el espejo en que pretende mirarse.
La duda aquí está en saber qué parte de la historia es real y cuál está simplemente ficcionada. En Sudor y dinero Bay se esforzaba en recalcar en todo momento lo fiel que estaba siendo a los hechos auténticos, pero da la sensación de que Hess ha abusado demasiado de su propia imaginación para disfrazar la historia hasta convertirla en una comedia zafia más sin demasiada personalidad, aunque escarbando un poco, y poniéndole mucha voluntad, algo de crítica social y burla hacia el consumismo con esa sátira hacia los vulgarmente llamados “nuevos ricos” hay también.
Posiblemente la mejor arma de la película está en su reparto: Zach Galifianakis (que regresa a los registros que nos tenía acostumbrado tras la trilogía de Resacón en Las Vegas y que le funciona mucho mejor que en Las apariencias engañan) es el amo del cotarro, pero andan también por ahí Owen Wilson y Jason Sudeikis, mientras que en el apartado femenino vuelven a coincidir tres de las últimas cuatro Cazafantasmas: Kristen Wiig, Kate McKinnon y Leslie Jones.
Desde luego, no se saca todo el partido posible de este gran elenco de cómicos. Y las situaciones son demasiado surreales a veces como para darlas por ciertas, pero hay que reconocer que la película no aburre en ningún momento y se consigue cierta empatía con su protagonista, haciendo creíble que al final todo se resuma en una bonita historia de amor. No alcanza el nivel de desternillante, pero tiene varios momentos inspirados que la convierten en una propuesta bastante divertida y un ejemplo más de como el anhelado sueño americano se puede perseguir desde la estupidez más absoluta.

Valoración: Seis sobre diez.

SILENCIO, tan genial como excesiva.

Aunque estemos acostumbrados a relacionar a Martin Scorsese en películas de gansters o derivados, la religión siempre ha estado presente en su filmografía, siendo esta el motor principal de dos de ellas, La última tentación de Cristo y Kundun. Ahora, en su última película, se entrega de lleno en la Fe del cristianismo para explicar la historia de los misioneros jesuitas que fueron a evangelizar a Japón y las duras persecuciones a las que fueron sometidos.
Con un guion escrito por él mismo y Jay Cocks a partir de una novela del japonés católico Shüsaku Endö, Silencio narra cómo dos jóvenes jesuitas solicitan voluntariamente viajar al país oriental en una época en la que la Iglesia estaba a punto de abandonar sus misiones allí en busca de su mentor, un padre que les inspiró y aleccionó en el pasado y de quien se dice que para salvar su vida había apostatado y renunciado a su religión. Ayudados por japoneses conversos, los dos jóvenes no solo se adentrarán en Japón para averiguar la verdad, sino que tendrán la ocasión de reforzar la Fe de esos católicos obligados a ocultarse de su propio gobierno y reforzar los valores de la iglesia.
Acostumbrados a ver a los japoneses como una cultura donde prevalece el honor y el respeto y a que el concepto de la guerra santa se asocie siempre a las barbaridades perpetradas por la Inquisición española, Silencio nos descubre otra terrible realidad conde la fuerza del espíritu es lo único que puede mantener con vida a los protagonistas. Así, Andrew Garfield en el papel del padre Rodrigues es quien personifica ese viaje físico y espiritual por una tierra inhóspita y cruel en un personaje que, pese a las similitudes místicas previas, resulta diametralmente opuesto al de Hasta el último hombre.
Garfield es quien peor lo pasa en una película donde también aparecen Adam Driver y Liam Neeson y a la que Scorsese impone una fuerza visual brutal, un espectáculo que parece mentira que tenga un presupuesto tan reducido (apenas cincuenta millones) y donde el buen hacer de Rodrigo Prieto la convierten en todo un espectáculo sensorial.
Sin embargo, algo falla en este alegato no ya a la propia Fe cristiana, sino a la libertad de pensamiento y de espíritu en general, que impiden que Silencio sea una obra maestra completa. Quizá es que Scorsese no termina de dar la tecla a la hora de dirigir a sus protagonistas, más centrado en crear una atmósfera que unos personajes, o puede que sea culpa de la excesiva duración de la propia película. Visualmente, Silencio es impecable y desgarradora, pero argumentalmente se me antoja demasiado dura de digerir debido a un exceso de lentitud que si bien es claramente intencionada termina haciendo de lastre y condena el resultado final.
Silencio es una película que emociona e indigna a partes iguales, pero cuyo desarrollo no es apto para todos los públicos y pueda llegar a ser acusada de aburrida por alguno. No tiene para nada el ritmo endiablado de El lobo de Wall Street, por compararla con el último trabajo de su director, pero sigue siendo una película imprescindible, como todo lo que firma Scorsese.

Valoración: Siete sobre diez.

domingo, 1 de enero de 2017

LO MÁS ESPERADO DEL 2017.

Bueno, pues ya ha llegado el momento. Ha cambiado el año, tenemos que empezar a pensar en todos esos propósitos que seguramente no cumpliremos y hay que tirar los calendarios viejos.

No sabemos lo que nos deparará el año nuevo, aunque sí sabemos el nombre de unos cuantos títulos que lo van a petar este año. Hay cosas que no cambian, y la pugna entre Marvel y DC va a continuar con cuatro títulos Marvel (tres del MCU y otra de la Fox) y dos de la Distinguida Competencia, pero como es de prever, el episodio VIII de Star Wars volverá a ser la más taquillera.

Naturalmente, la mayoría de las fechas son perceptibles de cambios, y a medida que avanza el año los estrenos son más dudosos, pero, con las previsiones actuales, esto es lo más interesante que se nos viene encima:

En enero, en el primer fin de semana, llegarán la genial Train to Busan, cuya opinión tenéis en los especiales de Sitges 2016, Silencio, la nueva propuesta de Scorsese y Contratiempo, intriga española de la mano de Mario Casas. Más adelante se estrenará por fin Ciudad de Estrellas (La la land), con Ryan Gosling y Emma Stone, que dicen que es una de las mejores películas del año y favorita de cara a los Oscars. 
Veremos el final de dos sagas con féminas de armas tomar: Underword, con Kate Beckinsale y Resident Evil, con Milla Jovovich. También la comedia ¿Tenía que ser él? que junta a James Franco con Bryan Cranston, el retorno a lo grande de M. Night Shyamalan con Múltiple, Vivir de noche, también con un grande tras las cámaras: Ben Afleck, y el intento de resucitar la franquicia de xXx con Reactivado, de nuevo con Vin Diesel dando la cara. Otros títulos que llegarán en enero son comedietas como Monsters Trucks (¡qué mala pinta tiene, por Dios!) o De-mentes criminales.

También apuestas españolas como Proyecto Lázaro (también vista en Sitges), dramas como Desierto (de Jonas Cuaron), Figuras ocultas, Colonia (con Emma Watson), La luz sobre los océanos, que junta a Michael Fassbender con Alicia Vikander, el remake de El nacimiento de una nación, Billy Lynn, dirigida por Ang Lee, Loving (que cuenta una historia parecida a la parte más moderna de Los hombres libres de Jones) y la película de animación Ballerina.

Ya en febrero será cuando veamos Manchester frente al mar, otra de las que suenan fuerte para todos los premios, Cincuenta sombras más (que no parece que vaya a ser mucho mejor que la primera, aunque su dinerito ganará seguro), Lego Batman, que pinta divertida, Rings (sí, vuelve la niña del pozo), John Wick 2 (la pregunta es si esta se llegará a ver en cines), Jackie (con Natalie Portman interpretando a la esposa del malogrado presidente Kennedy), Fences, que la dirige y protagoniza Denzel Whasington, Lion (la tercera candidata a arrasar en los Oscars), la versión de Guy Richie del Rey Arturo y la desconcertante La gran muralla.

Ya en marzo empezamos con la ración superheroica con Logan, que por su tráiler promete un cambio de estilo muy estimulante. 
Otros candidatos a pelotazos son: Kong: Skull island, precuela de King Kong que, si sale bien, unirá en un futuro cercano esta franquicia con la de Godzilla, La Bella y la Bestia, con Emma Watson versionando en carne y hueso el clásico animado, Ghost in the Shell, polémica adaptación del anime con Scarlett Johansson como cabeza de cartel, y la adaptación de Los Vigilantes de la Playa (Bay Watch) con Dwayne Johnson como cachas principal. 
Contra todo esto competirá la nueva locura de Álex de la Iglesia, El bar, que de momento pinta muy bien, T2: Trainspotting, el regreso de Danny Boyle a los personajes que le dieron la fama, el drama romántico de ciencia ficción Un espacio entre nosotros y otra apuesta española con Marta Etura al frente: El guardián invisible.


Abril será el mes en el que veremos de nuevo a Vin Diesel con The Fate of the furious, la nueva entrega de la saga Fast & Furious (y ya son ocho), con Charlize Theron y Scott Eastwood como nuevas incorporaciones. Se partirá las habichuelas contra Guardianes de la Galaxia, vol. 2, con reparto y director repitiendo. Y los que se tendrán que conformar con las migajas que sobren serán Power Rangers, Día de Patriotas (que junta de nuevo a Peter Berg con Mark Wahlberg tras El único Superviviente y Marea Negra) y Bastards, comedia al servicio de Owen Wilson y Ed Helms.

En mayo otro plato fuerte: Ridley Scott regresa al universo de Alien, aunque sea a la vez de una secuela de Prometheus, con Alien: Covenant, cuyo tráiler promete sangre y terror como antaño. 
Será el mes también de Vida (más ciencia ficción sesuda) y la innecesaria nueva entrega de Piratas del Caribe.
Tras dos películas basadas en personajes Marvel, en junio le toca el turno a la acera de enfrente con Wonder Woman. La diosa amazona deberá pegarse contra La Momia, el inicio del monsterverso con Tom Cruise como estrella principal, aunque no serán los únicos blockbusters del mes. Michael Bay vuelve con Transformers: the last knight y Gru hará lo propio acompañado de sus inseparables minions.

En julio, con los primeros calores del verano, llegará una de las películas que más van a reclamar la atención de los focos: el reboot (a ver si a la tercera va la vencida) del Spider-man que ya debutó en Civil War, Homecoming. También será el momento de La guerra del Planeta de los Simios (cerrando la trilogía), Valerian (fantasía sideral de la mano de Luc Besson) y la incursión de Christopher Nolan en el género bélico con Dunkerque.

Otro de los protagonistas del 2017 puede ser Stephen King. Su primera presencia será con la película que abrirá la ambiciosa saga de La Torre Oscura, que llegará en agosto. Ese mismo mes se verán dos secuelas animadas, Cars 3 y Tadeo jones 2.

No hay por ahora ningún estreno anunciado para septiembre, pero en octubre volveremos a ver una adaptación del maestro del terror con el remake de It (aunque la primera película era televisiva). También será el momento de dos esperadas secuelas: Kingsman: the Golden circle y Blade Runner 2049. También podría ser (o no) secuela The God Particle. Producida por J.J.Abrams se especula si podría pertenecer al universo Coverfield. Insidious, chapter four será otra secuela en este mes otoñal.
Nuevo enfrentamiento superheróico cerca de cerrar el año. Primero llegará el Thor: Ragnarok de Marvel y poco después la primera aparición de la Justice league.

Y diciembre nos traerá de nuevo a Dwayne Johnson en una secuela de Jumanji, a la segunda película Pixar del año: Coco pero, sobre todo, al episodio VIII de Star Wars, esta vez con Rian Johnson a los mandos.

Aparte de todo esto (parece que de nuevo va a ser un año cargado de blockbusters) hay un puñado de peliculillas de terror sin fecha confirmada, como el remake de Viernes 13, una nueva vuelta de tuerca a las casas encantadas con Amityville: the awakening y la recuperación de una saga que parecía ya finiquitada con Saw: Legacy. También se supone que en algún momento llegará Guerra mundial Z 2 y, por supuesto, la nueva película de Woody Allen aún sin título confirmado.

Esta ha sido una ligera pincelada de las cosas que llegarán a lo largo de estos 365 días que hoy comienzan, en espera de que a medida que transcurran los meses aparezcan nuevos títulos. Muchas películas espectaculares, algunas de ellas sin duda decepcionarán, aunque a priori sin demasiadas propuestas españolas atractivas.

¿Tenéis alguna señalada en vuestro calendario?