lunes, 29 de febrero de 2016

GALA DE LOS OSCARS 2016

Pues ha finalizado ya la gran gala de los Oscars en su 88 edición. Y al final, alguna sorpresa ha habido, ¡vaya si la ha habido!
Comenzó la ceremonia con un monólogo reivindicativo de Chris Rock. La falta de nominados de color ha sido el centro de su discurso, y aunque le ha quitado importancia ha tenido alguna metedura de pata como su chiste sobre hacer un in memorian dedicado a los negros muertos por policías cuando iban al cine. Más aplaudida ha sido la breve pero certera reivindicación de Charlize Theron al definir a los guionistas como la columna vertebral de la industria.
Se prometían cambios en esta gala. El primero era el curioso orden de las entregas de premio, algo sobre lo que ya nos había puesto sobre aviso José Raúl Pérez. Resulta lo que se pretende es respetar el orden de creación de una película, así que lo primero son los guiones.
No es una novedad pero sí parece que se ha pronunciado más este año (y de eso podrían tomar nota los Goya) es el que los presentadores de los premios no son simples maniquíes y gala de ello han sido Ryan Gosling y Russell Crowe con su divertida discusión.
Y en los dos primeros premios importantes entregados los favoritos no han fallado y Spotlight y La gran apuesta se llevaban los Oscars al guion original y adaptado respectivamente.
Tras la primera actuación musical (Sam Smith interpretando el tema de Spectre) y la presentación de dos de las películas nominadas al Oscar, tenemos la primera sorpresa: Alicia Vikander gana el premio a la mejor secundaria. Un premio muy merecido a mi entender, aunque lo habría merecido como actriz principal (sí habría sido de reparto de haber sido nominada por Ex Machina).
El siguiente bloque estaba centrado en el apartado más técnico. Mad Max ha ganado el mejor vestuario, diseño de producción, maquillaje y peluquería, tomando ventaja sobre su gran rival, El Renacido, pero a Lubezki no hay quien le sople y consiguió su tercer Oscar consecutivo por su dirección de fotografía. Parecía que podía haber síntomas de recuperación, pero no, Mad Max ha ganado otros tres consecutivos (Montaje, edición de sonido y mezcla de sonido) y se colocaba ya con seis. Y si el premio de Vikander me había parecido una agradable sorpresa, lo mismo sucedía con otra película en la que ella participa, Ex Machina, que se ha llevado el premio a los mejores efectos visuales, presentados por el gran Andy Serkins.
Ha habido, por en medio, tiempo a presentar más películas nominadas a la categoría principal y a incidir en chistes de contenido racial, esta vez con más cierto (burla a Will Smith incluida).
Nos tomamos un ligero descanso en el duelo particular de esas dos películas para ver el premio más cantado de la noche: Del Revés es la mejor película de animación. Unos instantes antes Historia de un oso había ganado el de mejor corto de animación. Y como pintaba la cosa de que Star Wars iba a rascar poco, aparición estelar de R2D2, C3PO y BB8 en el escenario.
Y al ritmo de Earned it, la canción de 50 sombras de Grey, pasamos a otra relativa sorpresa: Mark Rylance gana el Oscar al mejor secundario por encima de Stallone. No ha habido homenaje, amigo Rocky.
Con todos mis respetos, llegaba el momento de los Oscars más aburridos, aunque la presentación de Louis C.K. animó bastante la cosa con su humor. A girl in the river ganó el premio al mejor corto documental, Amy el de mejor documental y Stuttered al mejor corto de acción real, presentado, por cierto, por Abraham Attah y Jacob Tremblay, dos chavales de increíble desparpajo.
Tras un rápido video con los Oscar honoríficos y un discurso breve de la Presidenta de la Academia (aprende, Resines), llegó el emotivo In Memoriam, con canción de fondo (blackbird) interpretada en directo. Y acto seguido, el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, que no podía ser para otra que para la húngara El hijo de Saúl.
Otra de las sorpresas de la noche fue la presencia del vicepresidente de los Estados Unidos Joe Biden que pidió expresamente presentar la canción Til It Happens to You de Lady Gaga por su compromiso y el del documental nominado The Hunting Ground contra los casos de violencia (sexual en este caso) en Universidades americanas. Poderosa y emotiva interpretación, por cierto.
Y tras los premios musicales (los previsibles Morricone y Sam Smith por Los odiosos ocho y Spectre respectivamente) llega el momento de los platos fuertes de la noche.
 Y ya en la recta final, con este nuevo orden de premios, los cuatro gordos pierden cierta parte de emoción al descubrirse que Iñárritu ha sido el mejor director del año. Tras ganarlo por segundo año consecutivo ya no parecía haber hueco para la sorpresa.
Y ya a toda velocidad, Brie Larson se lleva el merecido Oscar a la mejor actriz protagonista (y muy emotiva la felicitación con el joven Jason Tremblay), Leonardo DiCaprio (a la sexta va la vencida) el de protagonista (esperado discurso medioambiental incluido) y… ¡sorpresa! Spotlight gana el premio a la mejor película.
Personalmente, creo que habían dos películas que sobresalían por encima de las demás: Spotlight y La habitación. Ambas han conseguidos Oscars importantes, y la película de Thomas McCarthy se corona como la mejor del año.
El Renacido ha hecho historia al conseguir que Iñárritu haya ganado dos Oscars consecutivos, Lubezki el tercero y DiCaprio, ¡por fin! el primero.
Mad Max se queda con el premio de ser la película con más estatuillas, seis en total, aunque todas en el apartado técnico.
Y Brie Larson, Alicia Vikander y Mark Rylance son grandes triunfadores a nivel individual.

Así terminó una gala con suficientes sorpresas para hacer la noche más llevadera, con buen ritmo, algo insistente en el tema racial, con humor, buena música (a destacar la orquesta en directo que amenizaba con cuatro notas perfectamente reconocibles de películas de todas las épocas la aparición de cada presentador) y muy entretenida.
A continuación, la lista completa de ganadores:
Mejor guión original: Josh Singer y Tom McCarthy por Spotlight.
Mejor guión adaptado: Charles Randolph y Adam McKay por La gran apuesta.
Mejor actriz de reparto: Alicia Vikander por La chica danesa.
Mejor diseño de vestuario: Jenny Beavan por Mad Max: Furia en la carretera.
Mejor diseño de producción: Colin Gibson y Lisa Thompson por Mad Max: Furia en la carretera.
Mejor maquillaje y peluquería: Lesley Vanderwalt, Elka Wardega y Damian Martin por Mad Max: Furia en la carretera.
Mejor fotografía : Emmanuel Lubezki por El renacido.
Mejor edición de sonido : Mark Mangini y David White por Mad Max: Furia en la carretera.
Mejor mezcla de sonido : Chris Jenkins, Gregg Rudloff y Ben Osmo por Mad Max: Furia en la carretera.
Mejores efectos visuales: Andrew Whitehurst, Paul Norris, Mark Ardington y Sara Bennett por Ex Machina.
Mejor cortometraje animado : Bear Story, Prologue, de Gabriel Osorio y Pato Escala.
Mejor película animada: Del revés, de Pete Docter y Ronnie Del Carmen.
Mejor actor de reparto : Mark Rylance por El puente de los espías.
Mejor corto documental: A girl in the river: the price of forgiveness, de Sharmeen Obaid-Chinoy.
Mejor documental: Amy, de Asif Kapadia.
Mejor cortometraje : Stutterer, de Benjamin Cleary y Serena Armitage.
Mejor película de habla no inglesa: El hijo de Saúl, de László Nemes (Hungría).
Mejor banda sonora original: Ennio Morricone por Los odiosos ocho.
Mejor canción original: Writing's on the wall (Spectre).
Mejor director: Alejandro G. Iñárritu por El renacido.
Mejor actriz protagonista: Brie Larson por La habitación.
Mejor actor protagonista: Leonardo DiCaprio por El renacido.
Mejor película: Spotlight, de Thomas McCarthy.

domingo, 28 de febrero de 2016

CONCURSO DE BLOGS 20 MINUTOS.

Tal y como ya he ido publicitando por las redes sociales este año El Panda Cinéfilo participa en el concurso de blogs más importante del país, el organizado por el diario digital 20 minutos.
Hay varios tipos de premios, uno de los cuales depende del voto popular. Por eso, si te gusta el blog, te pido que le des tu voto. Para ello basta con entrar en la web de 20 minutos, buscar el apartado de la blogesfera y votar a El Panda Cinéfilo.
Para ello hay que estar registrado. El link está en la parte superior derecha. Es suficiente con poner un nombre de usuario, contraseña y mail valido y completar el registro con el correo que llega a la dirección de mail indicada. Si no queréis recibir publicidad de 20 minutos recordad marcar la casilla correspondiente.
Para facilitar las cosas, os dejo un link que va directo a la ficha del blog en 20 minutos. Desde aquí podéis iniciar todo el proceso.

Recordad también que a la hora de votar se puede puntuar cada blog con estrellas. Cinco es la máxima puntuación.
Por cierto, el límite para votar es el dos de marzo. ¡No os despistéis!
¡Cuento con vosotros! El objetivo no es ganar, sino hacer el blog más visible. Gracias de antemano.

ÚLTIMA HORA DE LOS OSCARS Y LO PEOR DEL AÑO

Ya llegó la gran noche. Hoy se celebra la gala de los Oscars y sabremos al fin si El Renacido es la gran vencedora y si Iñárritu consigue ganar el premio por dos años consecutivos o si George Miller impondrá su veteranía. En las últimas horas han aparecido voces reivindicando a Marte, que parecía ya descartada y en la recámara están La Gran Apuesta y Spotlight. La primera ganó el premio del sindicato de productores y la segunda acaba de recibir el Spirit Awards. Aunque para mí, la mejor película de todas es La Habitación, dicho queda.
Por cierto, los ocho títulos
nominados a mejor película han sido comentados en el blog, así que tenéis todas las referencias que queráis para vuestras apuestas de última hora.
Por cierto, los Spirit Awards son los únicos premios que nos faltaban por conocer y anoche mismo se dieron. Spotlight, como digo, ha sido designada como la mejor película y Tom McCarthy el mejor director, mientras que en el apartado interpretativo han triunfado Abraham Attah por una película producida por Netflix y Brie Larson. Mya Taylor y Ibris Elba han ganado como secundarios y El hijo de Saúl ha sido la mejor película extranjera.
Y hablando de premios, no puedo dejar de mencionar a los Razzies de este año, que coronan a lo peor del año en cine. Tan disputada estaba la cosa que el premio a la peor película ha sido compartido entre 4 fantásticos y 50 sombras de Grey, las grandes triunfadoras de la noche. La primera ha gano además el peor guion, actor, actriz (con esta no estoy para nada de acuerdo) y pareja, mientras que la desastrosa versión de la primera familia Marvel ha ganado el de peor director y pero remake. Para completar, Eddie Redmayne y Kaley Cuoco-Sweeting se han llevado los peores secundarios mientras Stallone ha ganado el único premio positivo de la gala, el de mejor redención.

Y hasta aquí los premios previos. Esta noche, los Oscars. Y de madrugada tendréis toda la información aquí mismo, con vuestro panda favorito.

LA HABITACIÓN: magnífica y caustrofóbica.

A riesgo de repetirme con los argumentos de mis últimos comentarios, estamos de nuevo ante una película donde una de las cosas que más destacan es el poderío interpretativo de la actriz protagonista. Brie Larson, principal favorita para llevarse el Oscar esta noche, es el alma de La habitación, aunque no hay que olvidar a Jacob Tremblay, que sería el corazón de la misma.
La habitación cuenta la historia de una joven que siendo niña fue secuestrada y encerrada en una caseta de jardín. Allí ha sobrevivido los últimos siete años, siendo violada rutinariamente por su captor y sin más vía de escape que el de criar al niño que ha tenido fruto de esas relaciones.
La película, un drama desgarrador que, por más que su argumento invite a pensarlo, nada tiene que ver con un melodrama televisivo del montón, está marcado por dos partes bien diferenciadas. La primera, claustrofóbica y angustiante, recuerda ligeramente al film de Benigni La vida es bella, ya que Joy, la madre a la que da vida Brie Larson, construye un mundo imaginario para su hijo en el que no parece existir nada más que el interior de ese habitáculo de apenas diez metros cuadrados.
En la segunda, recuperando la alegoría de la caverna de Platón, Joy y, sobretodo, el pequeño Jack deben enfrentarse al mundo real, a un mundo que para el chavalín de cinco años es totalmente desconocido y sorprendente.
Sin querer buscar el drama fácil o truculento, el director Lenny Abrahamson construye una fábula aterradora donde consigue aunar dos lenguajes cinematográficos completamente antagónicos según el momento de la película en el que se encuentre, dotando a la historia de una serie de sutilezas en las que no necesita insistir para que dejen huella (la negativa del abuelo de mirar a su nieto a la cara, por ejemplo, ya que no puede evitar pensar en que su padre es el violador y secuestrador).
Con una interpretación contenida y perfecta, Brie Larson consigue hacer creíble su personaje de madre coraje, de mujer que debe crear una realidad nueva para su hijo y sobrevivir a la locura de su encarcelamiento, mientras que Jacob Tremblay, pese a su corta edad, está impresionante, realizando en todo momento una composición creíble y racional.
Tras la salida de la habitación podría pensarse que la historia va a decaer, perdiendo una de las cargas dramáticas de la trama, pero Abrahamson consigue, con su cambio de estilo, mantener la emoción a flor de piel, jugando con las sensaciones de los dos personajes, madre e hijo, y su adaptación, o no, al nuevo entorno, con momentos que pueden evocar ligeramente a la magnífica Perdida de Fincher, y que demuestran que el trabajo de un director puede resultar magnífico sin necesidad de caer en artificios extravagantes o artificiales como sus colegas Iñárritu o Miller.
Esta noche, El Renacido y Mad Max se van a dar de tortas por ganar el Oscar, pero La habitación puede que sea, por encima de esas dos tonterías muy bien maquilladas, la mejor película del año.

Valoración: nueve sobre diez.

BROOKLYN: en busca de la identidad.

Reza una canción de enrique Bunbury: Allá donde voy, me llaman el extranjero; dondequiera que estoy, extranjero me siento. Esta frase podría ser una buena manera de empezar a definir Brooklyn.
Con una inmensa Saorise Ronan merecedora de todos los calificativos positivos posibles, Brooklyn es un cuento triste y desangelado sobre la inmigración, pero no centrado en el drama de las personas que abandonan el hogar con una mano delante y otra detrás a malvivir lejos de casa, sino en la tristeza y la pérdida de identidad de aquel que deja su identidad junto a su tierra para no poderla recuperar nunca más.
La vida no es dura para su protagonista, Eilis, ya que esta chica irlandesa de pueblo viaja a Brooklyn con sus papeles en regla y allí le espera una casa y un trabajo, pero es en su cabeza donde se cuece el drama. La familia a la que deja atrás, el mundo desconocido que la abruma y amenaza con devorarla… Eilis no logra convertirse en una americana para descubrir, cuando regresa a casa, que también ha dejado de ser irlandesa.
Sobre esa falta de identidad versa una película cuyo principal pecado es ser siempre demasiado amable, demasiado suave con las aventuras de Eilis a uno y otro lado del charco en un mundo que parece de carecer de maldad y donde América se revela, una vez más, como la tierra de las oportunidades. Con producción británica, irlandesa y canadiense, Brooklyn es, en el fondo, una carta de amor a la ciudad de Nueva York, símbolo del sueño americano (no es casualidad que el nombre de la muchacha se parezca tanto al de la Isla de Ellis, lugar de paso obligado para los inmigrantes).
Hablaba hace un rato de la poderosa interpretación de Cate Blanchet y Rooney Mara en Carol, pero es evidente que si algo destaca en Brooklyn por encima de todo, es Saorise Ronan, una joven actriz capaz de mejorar con cada papel que hace que rechaza clichés para aceptar propuestas más arriesgadas interpretativamente como esta. Ella es la que mantiene viva la película y la que consigue, con su abanico emocional, provocar los altibajos que no consigue un guion demasiado plano.

Valoración: siete sobre diez.

CAROL: amor en estado puro

Dirigida por Todd Haynes y basada en la célebre novela de Patricia Highsmith, Carol es un dulce melodrama romántico muy heredera del estilo de Douglas Sirk que parece haber sido confeccionada con una exactitud milimétrica.
Todo en Carol está perfectamente medido, todo está calculado de manera que nada falta ni sobra en una apasionada historia de amor donde, a mi parecer, el hecho de que las enamoradas sean dos mujeres no constituye más que un simple detalle, una excusa para, como en La chica Danesa, demostrar las mentes cerradas de una sociedad (la América de los años cincuenta) que posiblemente no ha avanzado aún lo suficiente en cuestión de comprensión y tolerancia.
Más allá de eso, la película podría funcionar perfectamente igual si de un amor heterosexual se tratase. No deja de ser la clásica historia de un personaje roto, un ángel de infinita fragilidad y sueños perdidos (Rooney Mara, perfecta encarnación de la melancolía) que termina siendo seducida por la personalidad fuerte y cautivadora de alguien que, para colmo, está en una clase social superior a la suya (Cate Blanchet). Así, Therese, que es la protagonista de la novela, es como una nueva Cenicienta, mientras que Carol, personaje dominante en el film, es su mentora, quien le abre las puertas al mundo y la incita a romper con la esclavitud de un trabajo que no la satisface, un novio que no la comprende y unas fantasías (ser fotógrafa) por las que no se atreve a luchar.
Carol es una gran historia de amor, pero también es una gran historia humana, donde momentos aparentemente alejados de la trama principal, como la pugna entre Carol y su marido del que se está divorciando por la custodia de su única hija, brillan con luz propia, consiguiendo una película que mantiene su nivel desde el primer minuto hasta el último, con un trabajo de dirección impecable y una interpretación por parte de sus dos protagonistas abrumadora.
Carol es emoción en estado puro, y pese a aparentar ser una película relativamente pequeña y sin pretensiones muchos la consideran ya la ganadora moral en cuestión de premios, pues si bien no se espera que rasque nada en los Oscars sus seis nominaciones, junto a las cinco que tuvo en los Globos de Oro, las seis de los Bafta y otros tantos en los Spirit Awards (donde se llevó el de mejor fotografía), junto al premio a la mejor actriz para Mara en Cannes la consagran entre lo más alto del año.

Valoración: Ocho sobre diez.

13 HORAS: confusa epopeya patriótica

Parece ser que, además de tener un sano gusto por el dinero, el realizador Michael Bay quiere sentirse director de vez en cuando, y es por eso que va intercalando sus participaciones en la agotada a la par que interminable saga de Transformers con otras películas más personales que sin duda no le van a reportar ni de lejos los mismos beneficios. Ya en su momento elogié su labor en la disfrutable Dolor y dinero, pero no puedo decir lo mismo de 13 horas, una epopeya bélica basada en hechos reales.
Con algunas similitudes argumentales con la magnífica Argo (los protagonistas se encuentran sitiados en un edificio americano en tierra oriental -(aquí es Libia, en aquella era Teherán- y deben proteger a los civiles que allí se encuentran), la diferencia principal es que en la obra de Ben Affleck era un ingenioso plan estratégico el que liberaba a los americanos mientras que aquí se trata de un grupo de asalto militar. Siendo Michael Bay el director, es fácil imaginar la cantidad de explosiones, tiroteos y juegos de artificio a cámara lenta que vamos a encontrar (se echa en falta el lucimiento femenino habitual en él, pero esta es una historia de machos y no habría tenido cabida), pero parece que con el paso de los años la visión narrativa del director no ha mejorado en absoluto, resultando la acción más confusa y caótica aún de lo habitual. Tampoco es que el libreto de Chuck Hogan ayude mucho. Es la primera vez que el escritor (autor de la novela que adapto, curiosamente, Affleck para The town, ciudad de ladrones, y co-escritor junto a Guillermo del Toro de la trilogía Nocturna) se mete en tareas de guionista, y el proyecto, desde luego, le viene grande.
En unas interminables dos horas y media, la acción prácticamente se limita a ver a los seis protagonistas corriendo de un lado para otro en un caos de confusión que al final provoca que nada importe ya al espectador. Cierto es que la situación real así lo requiere, y que ellos mismos no tienen demasiado claro nunca quienes son amigos y quienes enemigos, pero el señor Bay debería recordar que esto es una película, no un documento bélico real, y se necesita algo más de información para disfrutar una película que al final no deja de ser más que asaltos, explosiones y destrucción. Lo único bueno que tiene es que con semejante metraje se puede permitir uno echar una cabezadita durante la proyección y no perderse detalle alguno del… ¿argumento?
Y me sabe mal por el pobre John Krasinski, principal cara reconocible de la peli y un tipo que me cae realmente bien desde que lo descubrí en The Office, pero la película no se sostiene con suficiente solvencia y los momentos dramáticos, por más que la cámara lenta y la música indiquen que lo debes hacer, nunca llegan a emocionar.
Pues nada, habrá que esperar a ver si después de Transformers 5 Michael Bay está más inspirado.

Valoración: cuatro sobre diez.

TENEMOS QUE HABLAR: tan ligera como olvidable.

Es sabido por todos que en el género de las comedias románticas ya está todo inventado y resulta muy difícil innovar. De vez en cuando aparece algún autor que consigue un enfoque nuevo, pero por lo general se siguen unos esquemas tan predeterminados que terminan resultando insoportablemente previsibles. Pero funcionan bien en taquilla, y por eso se siguen y se seguirán haciendo.
Tenemosque hablar es un caso fragante de ello. Pese a un arranque fresco y original (si no fuese porque aparece casi por completo en el tráiler) que se burla bastante de la crisis en España y sus consecuencias, la cosa va desinflándose, con una historia plana e insulsa que solo se salva por algún que otro gag más inspirado y por la química de sus protagonistas, unos Hugo Silva y Michelle Jenner que ya se conocían de Los hombres de Paco, aunque si debo destacar algo me quedaría con las aportaciones de Belén Cuesta y Verónica Forqué, de lo más divertido de la función.
Quizá una de las cosas que más me hayan molestado de la película es su desenlace, en el que los guionistas se centran tanto en cerrar la historia romántica de la forma más convencional posible que olvidan todas las subtramas que han ido abriendo por el camino, dejándonos sin conocer lo que sucede con algunos de los personajes que aparecen, dejando temas inconclusos incluso con los propios protagonistas. Un ejercicio de dejadez imperdonable que demuestra que, pese a los chistes y situaciones absurdas, lo único que parece interesarles es la historia de amor, sin importar que su cierre sea coherente o incluso agradecido con respecto a lo que nos habían contado de sus protagonistas. Incluso ningunean todo lo relacionado al motor de arranque del film, esa crisis que va a terminar por condicionar toda la acción inicial y que es olvidada para mayor conveniencia de una conclusión necesariamente edulcorada a la par que falsa.
Con todo, la historia pasa por momentos simpáticos, los equívocos provocan más de una carcajada entre el público y consigue su objetivo de entretener sin más pretensiones, lo cual es motivo suficiente para justificar el aprobado justo, aunque estando en época de Oscars y con tanta gran película en cartel quizá desperdiciar el tiempo en esto sea algo de derroche.

Valoración: cinco sobre diez.

EL BOSQUE DE LOS SUICIDIOS: Cuatro golpes de efecto y poco más...

Aunque estemos ante una película de terror más de las muchas que van apareciendo por la cartelera cada poco tiempo, el hecho de que no esté la productora Blumhouse tras ella y que haya un nombre más o menos conocido en su reparto (Natalie Dormer es una habitual en Juego de Tronos y aparece también en las dos últimas entregas de Los Juegos del Hambre) invitaba a pensar que habría algo más de calidad en esta película que en los pastiches infumables rodados con cuatro perras habituales.
Y sí, en El bosque de los suicidios algo más de calidad hay. Pero muy poco más. Pese a lo increíblemente estúpida que pueda resultar su premisa inicial (un bosque en Japón donde va la gente a suicidarse por lo que, cuando alguien se pierde la policía ya ni se molesta en buscarlo) hay en su guion elementos suficientes para haber creado un interesante thriller psicológico inquietante y malrrollero. Pero el director, Jason Zada, no confía absolutamente nada en sí mismo y en su capacidad para transportar al espectador por el lado oscuro del alma y cede en la tentación de abandonar el sendero (curiosa ironía, cuando en la película se repite varias veces que no hay que abandonarlo nunca) buscando un terror de baratillo con golpes de efecto facilones y personajes abalanzándose constantemente hacia la cámara que sí, consiguen el efecto deseado de hacerte pegar un bote de la butaca (todavía me duelen los oídos del grito que soltó el chico que estaba sentado en la fila de atrás) pero distraen del objetivo principal.
Al final, como suele suceder en este tipo de producciones con un realizador mediocre (aunque esta es su primera película, habrá que darle otra oportunidad), la historia navega entre dos aguas sin terminar de dar miedo nunca (salvo esos sustos contados) ni conseguir perturbar lo suficiente por el lado psicológico, al cual se le ve el plumero demasiado pronto.
La Dormer, por su parte, no lo hace mal, aunque le falta nivel para aguantar ella sola toda la película.
No es la basura habitual, pero una vez más resulta una decepción que, con un poquito de esfuerzo más, habría podido resultar interesante.
Por cierto, que Gus Van Sant ya hizo una película basada en el mismo bosque que esta, The sea of trees, pero tampoco es que sea una buena alternativa.

Valoración: cuatro sobre diez.

viernes, 26 de febrero de 2016

DEADPOOL: una jo**da gamberrada francamente divertida.

Mientras todo el mundo pensaba que lo más llamativo de este año (cinematográficamente hablando) iba a ser el doble duelo entre Batman y Superman por un lado y el Capitán américa e Iron Man por otro, hete aquí que ha aparecido casi de la nada Deadpool y lo ha revolucionado todo.
Estrenada en los USA en el fin de semana largo de San Valentín (un fin de semana reservado a películas románticas para ver en pareja), la película ha batido records de manera alucinante. Algunos ejemplos: Fue el mejor estreno de la 20th Century Fox con 135 millones sobre un presupuesto de 58, ha batido el record de recaudación en el mes de febrero que ostentaba Cincuenta sombras de Grey y ha supuesto el mejor estreno de todos los tiempos de una película de clasificación R (sólo para adultos). En la actualidad ha superado los quinientos millones en todo el mundo, siendo la película más exitosa de la franquicia de X-men, y ya ha confirmado su secuela.
¿Y de dónde viene todo este éxito? Quizá de la necesidad del público por ver algo diferente dentro de un género tan en boga como el superheróico. Aunque en Marvel parecen esforzarse por acariciar diferentes subgéneros en sus producciones (películas de robos, thrillers políticos, fantasía, comedia…) todo parecía cortado por el mismo patrón, y Deadpool (pese a que no acabo de soportar que en España no la hayan llamado Masacre, como en el comic) ofrece un soplo de aire fresco con ese tono tan gamberro y políticamente incorrecto que supera los excesos de películas relativamente similares como Kick-Ass o Kingman.
Sin embargo, casi tan interesante como la propia película es la historia de cómo llegó a existir. Quizá muchos no recordéis (lo cual es bueno para vuestra salud mental) que Masacre Deadpool ya había debutado en cine. Fue en ese compendio de despropósitos llamado X-men Origenes: Lobezno donde el Mercenario Bocazas aparecía gran parte de la película ¡¡¡con la boca cosida!!! Ver para creer. Lo curioso del caso es que ya fue interpretado por Ryan Reynols, y no sé bien si fue preparándose para el papel o si la cosa venía de antes pero el caso es que el ex de la Johansson se enamoró del personaje y se empeñó en hacer su propia película, por más que la Fox parecía negarse en rotundo. Incluso había posible director, un Tim Miller que incluso rodó una espectacular escena (utilizada en el metraje definitivo) para convencer al estudio. Pero no fue hasta que las imágenes se filtraron en internet y los fans se alzaron pidiendo la película que la Fox no decidió dar luz verde al proyecto. Y al fin Reynols ha conseguido triunfar como personaje de comic tras el denostado paso por Lobezno, su olvidada participación en Blade: Trinity y su desastrosa Green Lantern.
Pero realmente, ¿tan buena es esta Deadpool? Pues para ser sinceros, no. Bajo un prisma cinematográfico el guion no es especialmente inteligente, las interpretaciones no son memorables y a Tim Miller se le nota la falta de experiencia (es su debut como realizador, aunque tiene algún corto digital impresionante y ha trabajado en escenas aisladas y de créditos en varias películas Marvel). Sin embargo, una muy inteligente campaña publicitaria, la extraña pero perfectamente ajustada unión del humor de cacaculopedopis con la épica superheróica y el corazón que todos sus responsables han puesto en la película han conseguido que el producto final sea, por lo menos, una estupenda gamberrada plagada de chistes y referencias imposibles de localizar todas en un primer visionado que resulta gratamente divertida.
Por una vez, y esta ha sido la clave del éxito, la premisa de la película era ser completamente fiel al espíritu de comic, en especial a la etapa guionizada por Joe Kelly, aquella que dio forma a la personalidad de Wade Wilson (el hombre bajo la máscara de Deadpool), incluyendo la violencia extrema que ha obligado a la Fox a aceptar eso tan “poco comercial” de otorgar a una película la clasificación R.
Ryan Reynols está que se sale (mejorando, por descontado, en su versión original), hay un villano suficientemente interesante para que, sin ser lo más importante del film, no rechine, hay cameos mutantes (con un Coloso bastante impresionante) e incluso una historia de amor que no sólo no molesta sino que provoca una larga escena tan erótica como divertida que parece burlarse directamente de títulos blandengues y mojigatos como Cincuenta sombras de Grey.
Deadpool dispara con bala no solo a sus enemigos, sino a todo bicho viviente que pase por ahí, no dejando títere con cabeza. Son burlas de todo tipo, pero las que mejor funcionan son las autoreferenciales, las que se mofan del propio universo Marvel o las que señalan directamente hacia aquel bodrio que fue el Green Lantern de DC. Deadpool es salvaje, grosero, malhablado, irritante, ofensivo, apasionado y macarra y consigue formar parte del mundo de los X-men sin perder su identidad como solitario.
Al concluir, puede que un leve toque de convencionalidad amenace con afectar a la película (al final hay que entregarse a la lógica y recordar que el rollo de los superhéroes va de buenos luchando –y venciendo- con los malos), pero incluso en su momento final Deadpool logra mantener su esencia y salir airoso de un clímax de destrucción cerrando la aventura con una escena postcréditos que se atreve a homenajear al recientemente fallecido John Hughes.
Deadpool no es más que eso, una gamberrada, una película muy macarra llena de insultos, violencia gratuita, algo de gore e incluso desnudos. Quien busque la excelencia se equivocará, pero quien pretenda disfrutar de un buen rato y (nunca mejor dicho) partirse el culo, esta es su película.

Valoración: siete sobre diez.

miércoles, 24 de febrero de 2016

¡AVE, CÉSAR! Carta de amor sin contemplaciones.

Era muy esperada la última comedia de los Hermanos Coen, más después de que sus últimas incursiones cinematográficas fuesen en un ámbito más serio como Valor de Ley, A propósito de Llewyn Davis o su guion para El puente de los espías.
Con ¡Ave, Cesar! Retoman ese tono desenfadado y casi absurdo que tan bien supieron explotar en títulos ya clásicos como El gran salto o El gran Lebowsky y con la que rematan lo que ellos mismos han denominado “la trilogía de George Clooney estúpido” que se completa con O brother! y Crueldad intolerable.
La película se anunciaba (y así o confirmaba su tráiler) como un homenaje al Hollywood más clásico, aquel que vivió una época dorada en la que fue conocido como “la fábrica de sueños”. 
Pero parece que este homenaje no ha sido del gusto de todos, estando recibiendo la película injustos palos por todas partes. Puede que el problema no esté en la película en sí, sino en las expectativas que uso directores como los Coen pueden generar (aunque sus mejores trabajos han estado siempre alejados del humor puro, como en la magnífica Fargo, algo que pudo pasar también con la interesante aunque no excelsa Regresión de Amenábar. Yo prefiero valorar una película por lo que aporta, dejando las expectativas en la puerta y sin condenarla por lo que sus autores podrían haber hecho en otros tiempos.
Y vista así, ¡Ave, Cesar! es más que un simple homenaje. Es una verdadera carta de amor a la industria del cine. Es un análisis en tono de humor paródico (que no de burla) de un día dentro de las entrañas de un gran estudio, con el personaje de Josh Brolin (inmenso) como guía conductor de una especie de recorrido turístico que nos llevará por el mundo de los musicales, las comedias, los westerns o las superproducciones bíblicas.
Si pudiésemos valorar la película como una serie de escenas aisladas, como un retrato de los diversos géneros a través de breves momentos de rodajes en cada uno de los platós de un enorme estudio, quizá podríamos definir la película como magistral. Es en su argumento general (el secuestro de una gran estrella por parte de un grupo comunista) cuando la historia cojea un poco. Como si se tratase de una mera excusa, una simple historieta sin demasiada chica, para mostrarnos lo que sucede alrededor. Es, si me permiten ponerme metafórico, como la propia creación de una película, donde los focos se centran en el rodaje pero las verdaderas historias pueden estar sucediendo alrededor.
Con Josh Brolin como el auténtico rey del cotarro y Clooney, el galán secuestrado, haciendo de segundo de a bordo, la película se nutre de un sinfín de estrellas que  decoran y dan brillo a la función, por más que en algunos casos sean poco más que cameos de una sola escena. Así, podemos contemplar a Alden Ehrenreich, Ralph Fiennes, Scarlett Johansson, Tilda Swinton, Frances McDormand, Channing Tatum (fantástica su aparición), Christopher Lambert o Jonah Hill entre otros.
Los Coen aman al cine, y lo demuestran con cada retablo aquí representado, con los guiños a películas de sirenas de Esther Williams, de musicales como los de Fran Sinatra, con galanes del western seduciendo a fotocopias de Carmen Miranda, con directores que recuerdan mucho a Michael Curtis y , femmes fatales que podrían ser un retazo de Loretta Young, la caza de brujas mccarthyana, anécdotas con personajes reales coladas entre la ficción, péplums bíblicos, las hermanas periodistas inspiradas en Hedda Hopper, la presencia de la única mujer montadora que hubo, y así un infinito número de homenajes, muchos de ellos apenas perceptibles por la mayoría del público (¿alguien sabría decir cuándo aparece Dolph Lundgren en pantalla?).
Así, sin alcanzar ni mucho menos la perfección, los Coen logran plasmar en imágenes la pasión que sienten por un mundo y una época como pocos sabrían hacer, transmitiendo la misma emoción que lograba Scorsese con La invención de Hugo o Michel Hazanavicius en The Artist, pero con mucho más brillo y esplendor y, sobre todo, sentido del humor.
En resumen, un magnífico divertimento para todos los públicos pero que hará las delicias especialmente a aquellos otros enamorados del cine que sepan conectar con el lenguaje de los 
Coen.
Yo he sido uno de ellos.

Valoración: 8 sobre 10.