domingo, 8 de mayo de 2016

CEGADOS POR EL SOL: pasión mediterránea.

Sin tener prácticamente nada que ver con la última película comentada, La noche que mi madre mató a mi padre, Cegados por el sol comparte varias características en común con el film de Inés París. Dirigida por el italiano Luca Guadagnino, realizador más habituado a cortos y documentales que a películas de cine, esta es también una película de pocos personajes, donde una casa constituye el escenario principal de la trama y en la que los protagonistas comparten tanto historias sentimentales presentes como pasadas.
Con cuatro actores como motor principal: Matthias Schoenaerts, Tilda Swinton, Ralph Fiennes y Dakota Johnson, la película cuenta como la pareja formada por Paul y Marianne, un fotógrafo documentalista y una cantante de fama internacional, están de retiro en una villa de Sicilia para que ella se recupere de una operación de garganta que apenas le permite hablar cuando se presentan sin previo aviso el exnovio de ella, Harry, junto a la hija adolescente a la que prácticamente acaba de conocer.
Harry no solo revolverá los sentimientos aparentemente olvidados de Marianne, sino que la transportará a una época de su vida en la que los excesos (por aquel entonces él era también su manager) marcaban su existencia.
Basada en la película de 1969 La Piscina, de Jacques Deray, con Alain Delon, Rommy Schenider, Maurice Ronet y Jane Birkin en los mismos roles, la película utiliza la excusa del calor mediterráneo y el encanto y la tranquilidad de la localidad, con pueblos animados pero sencillos y bucólicos paisajes de lagos y acantilados, para que los protagonistas den rienda suelta a sus inseguridades, permitiendo que el deseo reprimido tome el control de sus vidas.
El sol, el vino y el sexo marcan unos días de convivencia que uno ya puede intuir desde el comienzo que no terminarán del todo bien. Destaca, por encima de todos, un magnífico Ralphn Fiennes, que no presenta el aspecto encorsetado tan habitual en él y que consigue dar rienda suelta a sus extroversiones sin llegar a la exageración.
Sugerente y por momentos incluso perturbadora, tiene el trabajo de Guadagnino un toque de realismo que incluso llega a afear los preciosos paisajes que envuelven la trama, más pendiente de que estos sean un envoltorio para la historia que jo una simple postal sin nada más que ofrecer.

Valoración: Siete de diez.

LA NOCHE QUE MI MADRE MATÓ A MI PADRE: Disparatada cena de negocios.

Escrita y dirigida por Inés París, que llevaba casi una década sin estrenar nada en cines, La noche que mi madre mató a mi padre es una comedia de enredos de corte bastante clásico, con aires a vodevil, que transcurre durante una calamitosa velada en la que un escritor, Ángel, reconvertido a guionista pretende convencer junto a su exmujer Susana, productora de cine, al conocido actor argentino Diego Peretti para que se una a su último proyecto en virtud de protagonista y coproductor. 
La cena se realiza en la casa que Ángel tiene con su mujer actual, Isabel, actriz en paro, y si las cosas no habían comenzado con buen pie, todo se liará más cuando se presenten de imprevisto el exmarido de Isabel, Carlos, junto a su joven y descarada novia Álex.
Semejante premisa argumental ya augura por donde van a ir los tiros, cargados de mucho humor negro, equívocos, accidentes y, quizá, incluso con algún cadáver, al más puro estilo Cluedo.
Con una historia muy teatral (prácticamente se sustenta en estos seis personajes) pero filmada con dinamismo, en la que la grandiosa casa en la que residen Ángel e Isabel que se convierte casa en un protagonista más de la obra.
La película, bien apoyada en una pareja protagonista no demasiado habitual en comedias como son Belén Rueda y Eduard Fernández, funciona bastante bien, aunque se puede apreciar un ritmo del humor algo aleatorio, intercambiando momentos de brillante absurdidad con otros en los que la historia parece encontrarse con dificultades para avanzar. Con todo, el elenco al completo está a gran altura (lo completan Maria Pujalte, quizá la más sobreactuada, Fele Martínez, Patricia Montero y, obviamente, el propio Peretti) y la película se deja ver con agrado, dejando un buen sabor de boca al finalizar.
No esperen grandes carcajadas ni una sucesión constante de gags, pero sí muchos momentos divertidos y algún que otro giro de guion (no todos completamente inesperados) que hacen del film de Inés París un disfrutable entretenimiento.

Valoración: Seis sobre diez.

lunes, 2 de mayo de 2016

FELIZ DÍA DE LA MADRE: Insulsería romántica.

Con esta voy a ir rápido.
Feliz día de la madre es una soberana tontería, un intento más del olvidado Garry Marshall de hacer un recorrido por todas las celebraciones del calendario (más le valdría verse varias veces la genial escena erótico-festiva de Deadpool). 
Tras Historias de San Valentín y Noche de fin de año el director y la protagonista de Pretty Woman se reencuentran para mostrarnos uns insípida colección de historias ambientadas alrededor del día de la madre.
La cosa parece ser que va de una comedia romántica con toques familiares, pero alguien olvidó el detalle de que para ser comedia tiene que hacer gracia, y más allá de reconocer al extenso surtido de caras populares que pasean por ahí sin ton ni son la cosa no da para más. Situaciones completamente previsibles, sentimentalismo barato y un catálogo de recursos bastante limitado que no logra levantar cabeza en  ningún momento. Ni siquiera el chiste autoreferencial que comparten Julia Roberts y Hector Elizondo sobre Pretty Woman logra despertar una ligera sonrisa. Sólo les falta detenerse y mirar a cámara en espera de un aplauso, al más puro estilo de sitcom americana.
Floja, superflua e intrascendente, sirva como muestra que puede “disfrutarla” el mismísimo día de la madre, un festivo en la sesión de noche, y que en una sala de 191 butacas yo era el único espectador. Dicho queda.
En fin, imagino que habrá por ahí un surtido de incondicionales a estas apuestas que puedan llegar a disfrutar con las tonterías de Jennifer Aniston, Kate Hudson y compañía, y tampoco se le puede negar a la película que prometa algo que no ofrece. La previsibilidad comienza antes de entrar a la sala, y no creo que nadie vaya a ver esto esperando otra cosa. Aun así, tan poco esfuerzo imaginativo no merece ser recompensado.
Eso sí, allá cada uno, que para gustos, los colores…

Valoración: Cuatro sobre diez. 

TRUMBO, la etapa más oscura de Hollywood.

Trumbo es, más allá de un fragmento en la vida del gran guionista  Dalton Trumbo, una crónica sobre la etapa más oscura del Hollywood dorado, ese en el que la Guerra Fría provocó una paranoia generalizada a todo lo que sonara mínimamente comunista y que produjo una feroz caza de brujas encabezada por el senador Joseph McCarthy.
Aparte de resaltar el increíble hecho de que en España hayamos tenido que esperar hasta finales de abril para ver una de las películas con nominaciones importantes al Oscar (enorme Bryan Cranston), Trumbo es una brillante recreación de cómo los denominados “los diez de Hollywood” quedaban señalados en una lista negra que les impedía trabajar o, en el peor de los casos, terminar encerrados en prisión. Fue una época de confusión y miedo, de amigos delatándose entre ellos y de desconfianza en el propio vecino, y la película sabe sacar buen partido de ello.
Podría decirse que la dirección de Jay Roach es muy plana y totalmente falta de personalidad, sin atreverse a arriesgar lo más mínimo en ningún momento, pero ello da pie, a cambio, a que el peso de la película caiga en su guion, del que hay que destacar algunos diálogos realmente brillantes, y, sobre todo, en su reparto. La nominación para Cranston es totalmente justificada, pero no se queda atrás la gloriosa (y aquí, además, odiosa) Hellen Mirren, obsesiva y pérfida o el siempre cumplidor John Goodman, que hace suya una de las escenas más divertidas del film.
Sobre la historia real se encuentra un relato sobre la amistad y la intolerancia, sobre la defensa de los derechos y del propio honor e incluso sobre la familia y el hogar. Un poquito de todo cabe alrededor del que escribiese (por más que tardaran años en reconocérselo) Vacaciones en Roma y que será eternamente recordado por el libreto, entre otras, de Espartaco.
Debo reconocer que soy público fácil para este tipo de films, ya que me encanta todo lo que rodea al Hollywood clásico (hasta soy de los que aplaudió ¡Ave, César!), y tener la oportunidad de ver aquí representados a personajes como Edward G. Robinson, John Wayne, Otto Preminger o Kirk Douglas (involuntario héroe de la película) es toda una gozada.
Ha tardado en llegar, pero pese a sus carencias y defectos Trumbo es una delicia para los amantes del cine y un interesante documento para los amantes de la historia, aparte de un brillante entretenimiento.

Valoración: Siete de diez.

LA PUNTA DEL ICEBERG: El sórdido mundo empresarial.

David Cánovas firma este thriller empresarial  a mayor gloria de Maribel Verdú en el que encarna a una analista que debe realizar un informe referente a una serie de suicidios que se han producido en la sede de una sucursal de su empresa.
Con ella cargando con todo el peso interpretativo, pese a la breve aparición de otros rostros conocidos como Álex García, Fernando Cayo o Carmelo Gómez, La punta del iceberg pretende llevar al espectador por un laberinto de misterios y falsas verdades que ponga al descubierto las miserias que se ocultan tras el éxito de una multinacional y el precio que cada uno está dispuesto a pagar por el poder y el dinero.
Así, con toques de cine de denuncia, Cánovas propone una historia de intriga que Verdú maneja con corrección pero que peca de cierto grado de ingenuidad. 
Nada de lo que ofrece la película puede sorprender al espectador y al final los caminos a los que conduce la investigación y sus consecuencias son fácilmente previsibles por no decir que forzados en algunos casos, quizá demasiado deudora del hecho de provenir de una obra de teatro.
Aun así, y gracias principalmente a la interpretación, la película se deja ver con interés y no aburre en ningún momento, pese a que tampoco sabe emocionar.

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 30 de abril de 2016

CAPITÁN AMÉRICA: CIVIL WAR. Rozando la perfección.

Apenas un mes más tarde del estreno de Batman v.Superman: El amanecer de la Justicia, y con el debate entre sus seguidores y detractores todavía vigente, nos llega la otra cara de la moneda, la apuesta de Marvel por reflejarnos el conflicto internos entre los héroes abanderados en sus días más oscuros.
Como si de vasos comunicantes se tratara, mientras en Warner intentan poner algo más de humor en sus producciones (al menos en comparación con la oscuridad de la trilogía de Nolan y El hombre de acero) en la acera de enfrente se están poniendo cada vez más serios. Parece inevitable hacer comparaciones entre ambas compañías, más cuando sus últimas apuestas parten de la misma base (un conflicto entre dos grandes héroes que termina en una lucha sin cuartel debido a las manipulaciones del villano de turno), pero aunque parece innegable que en Warner tratan de construir su propio universo mirando de reojo a la competencia en Marvel tienen los cimientos bien construidos y no se preocupan más que por seguir adelante por su propio camino.
Efectivamente, Capitán América: Civil War (una película tan impresionante que podría ser el colofón de cualquier saga pero que sin embargo no es más que la primera piedra de la fase tres que culminará con La guerra del Infinito) es la lógica consecuencia de los hechos descritos en Capitán América: El Soldado de Invierno y Los Vengadores: la era de Ultrón.
Tras el impecable trabajo realizado por Joss Whedon, los hermanos Anthony y Joe Russo se han coronado como los grandes constructores de Marvel tomando el relevo del neoyorquino. Después de los acontecimientos vistos en películas anteriores en las ciudades de Nueva York, Washington y, sobre todo, en la nación de Sokovia, las muertes de inocentes pesan sobre las conciencias de los Vengadores y el gobierno decide tomar cartas en el asunto. Los tratados de Sokovia son un acuerdo por el cual el equipo pasará a ser un grupo gubernamental, pero ello significaría regirse por los intereses particulares de una entidad concreta, algo que va contra los ideales que siempre ha defendido Steve Rogers.
Durante toda la saga las diferencias entre Iron Man y el Capitán América han sido recurrentes, pero será ahora cuando sus posiciones serán más enfrentadas, obligando al resto de héroes a tomar partido por uno de los dos.
Los Russo han creado una historia compleja e inteligente, con un villano de gran nivel sin necesidad de grandes artificios ni mascaradas de opereta, y que sin pretender buscar un debate profundo y pretensioso sí invita a posicionarse en favor de uno u otro bando. Necesariamente alejada de su contrapartida en los comics, Civil War es una película donde se refleja el peor momento de los superhéroes, en la que se crearán diferencias irreconciliables y para la que no puede haber vencedores, sólo derrotados.
Los Russo consiguen además dos grandes méritos: por un lado manejar un reparto impresionantemente extenso sin que se les escape de las manos, con momentos de brillo para cada uno de los personajes pero sin olvidar que en todo momento es el Capitán América y solo él quien está en el centro de la historia (junto a su relación con Iron Man por un lado y con el Soldado de Invierno por otro), mientras que por otro consiguen presentar nuevos personajes con coherencia y eficacia. 
Tenemos aquí a Pantera Negra y al nuevo Spiderman brillando con luz propia, provocando aplausos en la gradería, y  de los que, sin perder más tiempo del necesario,  se cuenta lo justo para entender los personajes y sus motivaciones.
Todo ello, con escenas espectacularmente bien filmadas, quizá no tan plásticas como las de Whedon pero con grandes coreografías, creíbles y sin la sobrecarga de CGI que amenazan con deformar películas similares.
Todo en Civil War rezuma grandeza. Hay mil guiños para los fans que no entorpecen al argumento para los profanos, tiene el toque justo de humor, la grandeza de Spider-man (y el cachondeo autoreferencial con tía May), una sorpresa enorme, apuntes para posibles romances futuros, el recuerdo justo y necesario a los ausentes y, sobre todo, dolor, mucho dolor.
Y aunque pueda parecer un tópico, en este caso no lo es: a partir de ahora las cosas ya no volverán a ser iguales.
Posiblemente, la mejor película de superhéroes hecha hasta la fecha. No es perfecta, como ninguna película lo es, pero difícilmente puede mejorarse.
Pura grandeza…

Valoración: Nueve y medio sobre diez.

THE LADY IN THE VAN: Maggie Smith y poco más...

Dirigida por Nicholas Hytner, uno de esos realizadores “perdidos” cuyo último título data de hace ya diez años, The lady in the van está inspirada en la historia real del escritor Alan Bennett, que firma el guion y tiene un cameo al final del film.
La veterana Maggie Smith da vida a miss Shepherd, una anciana de misterioso pasado que vive en una furgoneta que periódicamente aparca frente a cualquier casa de una tranquila zona residencial de Londres. Tras coincidir fortuitamente con Bennett se crea un vínculo entre ellos que culmina cuando, tras el cambio de las ordenanzas municipales que impiden a la indigente aparcar en la calle por no ser residente, el escritor le permite aparcar dentro de su propiedad. Con claras simetrías entre la relación protectora que tiene con la anciana y el distanciamiento hacia su propia madre, la película indagará en la simbiosis entre ambos personajes, jugando a especular con cuál de ellos terminará dependiendo más del otro. En este sentido, la película aspira a aunar las ansias de conocimiento del escritor con el pasado  incierto de la mujer, tal y como sucedía entre los personajes de Steve Coogan y Judi Dench en Philomena, de Stephen Frears. Sin embargo, Hytner no es Frears y no consigue imponer en su película la frescura y empatía de aquella.
A la postre, The lady in the van es un conjunto de situaciones más o menos acertadas que se sustentan en el gran trabajo interpretativo de su actriz protagonista, colosal Maggie Smith, mientras que la base que sustenta la relación es totalmente superflua. En ningún momento el espectador puede creerse la historia, precisamente por lo mal contada que está. Todo sucede porqué sí y en ningún momento se justifica la redención de Bennett ante el carácter desagradable y gruñón de la mujer, así como resulta artificial el “buenismo” de todos los que los rodean, desde los vecinos que, ignorando la mala imagen que la desvencijada (y maloliente) furgoneta da al barrio, la agasajan continuamente con comida y regalos, hasta los servicios sociales, que hacen lo impensable por ella sin  comprobar siquiera su identidad.
Película de buenas intenciones que no pasa de simpática y cuya única baza real es el trabajo de Smith.

Valoración: Cinco sobre diez.

jueves, 28 de abril de 2016

13 MINUTOS PARA MATAR A HITLER: Intrascendente crónica histórica.

En 13 minutos para matar a Hitler el director alemán Oliver Hirschbiegel regresa a su país de origen para volver a hablar de los oscuros años de dominación nazi como ya hiciera en la interesante El hundimiento (ya ha anunciado que pretende convertir esa película y la que nos ocupa en partes de una trilogía sobre el tema) después de que su aventura americana no se haya saldado todo lo satisfactoriamente que le hubiese gustado, con la ignorada Cinco minutos de gloria, la vilipendiada Invasión (ese aburrido remake de La invasión de los ladrones de cuerpos con Nicole Kidman y Daniel Craig) y la directamente mediocre biografía de la princesa Diana..
En 13 minutos para matar a Hitler se narra el intento verídico del carpintero Georg Elser para atentar contra el führer cuando este se encontraba en una cervecería  celebrando el aniversario del Putsch de Múnich. El atentado fracasó y provocó ocho fallecidos, todos ellos civiles, ya que Hitler había abandonado el local antes de lo previsto.
La película cuenta, en dos líneas temporales, tanto el atentado como las consecuencias que este tuvo para Elser en el campo de concentración de Dachau (el motivo de que no hubiese una ejecución inminente era que Hitler estaba convencido de que Elser no había actuado sólo y pretendía desenmascarar a todos los componentes de la conspiración), mientras a modo de flashbacks nos va introduciendo en la vida personal del protagonista, en cómo va tomando poco a poco consciencia de la amenaza que Hitler supone para su propio país y, sobre todo, nos muestra la historia de amor entre él y Elsa Harlen, la esposa de un hombre violento de su pueblo natal.
El problema que tiene Hirschbiegel en esta película es que pretende abarcar demasiado en la vida personal de Georg Elser, reincidiendo demasiado en la trama romántica e impidiendo el correcto avance de la acción. Parece, casi, como si nos encontrásemos ante el planteamiento perfecto para una mini serie de televisión, pero las casi dos horas que dura el film son insuficientes para que se expliquen correctamente las motivaciones de Elser. Además, se dan muchos datos sobre él que quedan desdibujados y no hace sino confundir al espectador, como es la relación con su padre, su paternidad con una novia de la infancia o el conflicto con el marido de Elsa. Al final, nos encontramos con un drama de época mal narrado y uno se queda con las ganas de profundizar más en el tema del atentado, que es de lo que realmente se supone que va la película. Al fin y al cabo, descubrir como poco a poco las “supuestas” buenas intenciones del partido nazi se van oscureciendo hasta devenir en la amenaza que terminaron por ser es algo que ya hemos visto en mil películas.
Hirschbiegel no consigue aportar nada nuevo a uno de los episodios más negros de la historia moderna, y lo que realmente podría interesar como es ese atentado fallido bastante menos popular que la operación Valkiria al final sabe a poco.
Es interesante, sí, como todo lo relacionado con el nazismo, y más viniendo desde la misma Alemania, pero demasiado intrascendente.

Valoración: Seis sobre diez.

martes, 26 de abril de 2016

NUNCA ES TARDE (DANNY COLLINS): En busca de la redención.

Steve Tilston es un cantante de folk británico que pese a no haber conseguido un gran éxito internacional goza de cierta popularidad y prestigio dentro de su círculo. Con más de cuarenta años de carrera a sus espaldas en 2005 descubrió que apenas grabar su primer disco, tras una entrevista en la que confesaba su temor porque una hipotética vida de fama y dinero perjudicara a su música, el mismísimo John Lennon le había escrito una carta ofreciéndole consejo y ayuda; una carta que él nunca recibió hasta muchos años después y que podría haberle cambiado la vida.
Siguiendo esta curiosa anécdota real, el guionista Dan Fogelman, especialista en títulos de dibujos animados pero también autor de la estupenda Crazy, stupid, love y de la divertida Plan en Las Vegas, debuta en la dirección con Nunca es tarde (Danny Collins), donde cuenta la historia de un veterano rockero que, tras una vida de fama y excesos,  recibe la carta que Lennon le escribió hace décadas y decide replantearse toda su vida.
Condenado a giras en las que no hace más que repetir éxitos del pasado y a vivir de discos recopilatorios, Collins es el arquetípico artista conservado en alcohol y drogas, con varios divorcios en su haber y un hijo al que nunca ha conocido. Nunca es tarde es, pues, una comedia dramática de sabor agridulce pero siempre amable sobre las oportunidades perdidas y el duro camino hacia la redención, un camino en el que es difícil no tropezar con las mismas piedras de siempre.
Fogelman apuestas para su estreno como director por una película sencilla y humilde, no demasiado arriesgada, pero muy efectiva. Escrita por él mismo, tiene sus mejores cualidades literarias en los diálogos entre Collins y su manager (a la vez que mejor amigo) o en la relación del artista con la directora del hotel en el que se aloja durante su desesperado intento de renacimiento. Claro que para ello el director tiene varios ases bajo la manga. Tres, en concreto, en forma de grandes actores. Al Pacino, en ocasiones muy acomodado y en otras algo excesivo, está aquí perfecto en la piel de la estrella que se encuentra ya de vueltas de todo y solo quiere recuperar el tiempo perdido, Christopher Plummer interpreta a su amigo, esa versión sabia de Pepito Grillo que tan bien funciona en este tipo de películas, y Annette Bening es el objeto romántico del film, una mujer de carácter totalmente opuesta a las groupies a las que Collins está acostumbrado. Tres grandes veteranos que desbordan talento en un reparto que completan, con eficacia, Bobby Cannavale y Jennifer Garner como el hijo y la nuera por los que nunca había interesado el rockero hasta ahora.
Fogelman no persigue grandes alardes en su salto a la dirección, solo contar una historia sencilla de la manera más efectiva posible. Y lo consigue de sobras, logrando una empatía con todos los protagonistas más allá de lo excesivamente amable que en ocasiones pueda parecer con ellos.

Valoración: Siete sobre diez. 

lunes, 25 de abril de 2016

LOS MILAGROS DEL CIELO: Lacrimógeno drama espiritual.

Producida por la misma gente que dio pie a El cielo existe (y cuya línea argumental parece indudablemente definida), resulta increíble que este melodrama que bien podría haber sido poco más que televisivo llegue a las carteleras de nuestro país cuando tantos títulos quedan en el tintero o se estrenas casi de tapadillo.
Con semejante título, y el inevitable aviso de que todo lo que se explica en el film es real, no hay duda de por dónde van los tiros. No considero, sin embargo, que una película de clara tendencia a apoyar una ideología religiosa sea un impedimento para su disfrute. Muchos vieron grandes virtudes en el film de Bertolucci Pequeño Buda sin necesidad de comulgar con el budismo, pero el problema de Los milagros del cielo es que es una película tan intencionadamente manipuladora y excesiva que casi roza la pornografía sentimental.
Más allá de las creencias respetables de cada uno y de la credibilidad que se le pueda conceder a los hechos narrados, todo lo que la directora Patricia Riggen, quien el año pasado dirigió, entre otros, a Antonio Banderas y Mario Casas en Los 33 (título que, por el contrario, no tiene siquiera fecha de estreno en España), plasma en esta película es una manipulación descarada en una historia donde no parece existir nada más que la religión y la Fe. Y no estoy criticando esta película por pretender hablar sobre la existencia de Dios, ni mucho menos. La critico por ignorar todo lo demás. Los problemas de dinero, la aparente crisis matrimonial, las inquietudes de las niñas, el buen funcionamiento o no de la clínica veterinaria… todo es obviado para centrar los focos únicamente en la figura maternal de Jennifer Gardner  y la enfermedad incurable de su hija.
Independientemente de si esta película va a ayudar a alguien a creer en algo o no (supongo que eso dependerá de lo preconcebido que uno vaya al cine) no cabe duda que si lo que se quiere es llorar es el título adecuado. Y ahí es donde me rebelo ante una falta de sutileza tan descarada y un regocijo en el sufrimiento tan pueril que roza la indignación. Aunque reconozco que, por otro lado, me descoloca el momento humorístico protagonizado por Queen Latifah, totalmente fuera de tono con el resto del film, como si la directora hubiese conseguido colar algo de cine de verdad en un momento de despiste de los productores.
En fin, tampoco hay que regodearse tanto en las flaquezas de este telefilm inflado. Al fin y al cabo, tampoco pretende engañar a nadie, y quien acuda a verlo sabrá exactamente con lo que se va a encontrar. Eso sí, vayan bien provistos de kleenex.

Valoración: Cuatro sobre diez.

BIENVENIDOS A GRECIA: Insípido humor germano

Por algún motivo, todo el mundo ha querido emparejar esta película (incluso la distribuidora con su ridículamente evocador título) con Bienvenidos al norte, aquella exitosa comedia francesa de 2008 sobre los tópicos que diferenciaban a las gentes del norte y del sur del país galo que sí tuvo un remake italiano llamado Bienvenidos al sur en 2010 y a la que también podemos asociar nuestros Ocho apellidos vascos.
Bienvenidos a Grecia, sin embargo, nada tiene que ver con estas películas. De producción alemana, la historia se asemeja más a La gran seducción, aquella película tan simpática en el que los habitantes de un pueblecito pesquero de Canadá liderados por Brendan Gleeson debían engatusar a un médico de ciudad (Taylor Kitsch) para que se quedara unos días en el pueblo, orquestando mil y una (y que también era un remake de una película francesa, por cierto). Con similar argumento, en Bienvenidos a Grecia son los habitantes de una pequeña isla griega quienes deben liar al enviado de un banco alemán para que crea que la isla es más de lo que parece y mantengan el aval para un proyecto turístico.
Cierto es que se remarcan los tópicos sobre las diferencias sociales, pero aquí la cosa va más sobre el engaño y la final (y evidente) seducción por parte del pintoresco lugar que por el enfrentamiento cultural. De hecho, casi no hay tal enfrentamiento, pues los griegos quedan retratados como imbéciles irreparables y el alemán, por más que quieran pintarlo como cuadriculado y rígido, actúa como pienso que actuaría cualquier ser sensato en su situación.
Siendo todo muy previsible hasta las últimas consecuencias, no tiene Bienvenidos a Grecia ni la chispa ni el buen humor de La gran seducción, igual que el director no logra plasmar la belleza (que sin duda sí tiene) de una isla que parece más árida y tosca que otra cosa.
Con unas interpretaciones muy pobres y un humor tan tonto como escaso, Bienvenidos a Grecia es un despropósito de principio a fin, que solo conseguirá provocar las sonrisas del público más conformista.

Valoración: Tres sobre diez.