jueves, 19 de octubre de 2017

Sitges 2017: WIND RIVER

Comanchería no solo fue una de las mejores películas del año pasado, colocándose entre las nominadas al Oscar pese a su origen independiente, sino que supuso también la consagración de su guionista, Taylor Sheridan, que ya había empezado a destacar gracias al libreto de Sicario
Con Wind River, donde además debuta como director, Sheridan cierra una especie de trilogía sobre los conflictos fronterizos, esas zonas en tierra de nadie donde la desolación lo domina todo y de la que es difícil escapar.
Sin las gotas de humor de la brillante película de David Mackenzie, Wind River versa sobre la investigación de un asesinato en una pequeña reserva india en el estado de Wyoming, una zona que no parece importarle a nadie y por lo que el FBI envía a una novata al frente de su primer caso.
En medio de unos hermosos paisajes nevados, tan bellos como mortales, la agente Jane Banner, con la ayuda del rastreador Cory Lambert, hará un recorrido por la américa más olvidada, de perdedores atrapados por sus raíces, siendo el asesinato un simple mcguffin para que Sheridan se recree con el retrato de esa tierra de perdedores que tanto le gusta describir en sus películas, avanzando con paso lento pero firme en una trama que, eso sí, derivará en un duelo propio del oeste más salvaje.
Bien apoyado en un reparto firme, que supone el reencuentro de Elizabeth Olsen y Jeremy Renner tras sus trabajos en el Universo Marvel, Wind River es una hermosa pero triste reflexión que, por lo pronto, ya se llevó un premio en la pasada edición del festival de Cannes.

Valoración: Siete sobre diez.

Sitges 2017: REVENGE

Coralie Fargeat debuta con Revenge después de haber realizado algún cortometraje y ser asistente de dirección en alguna que otra película. Es, este, un trabajo casi de autor completo, ya que la realizadora se encarga también del guion y la edición, y viendo el resultado final (y los premios que se ha llevado en este Festival), no le ha ido nada mal, la verdad.
Revenge es una historia dura, cruel y muy sádica narrada con un humor negro que permite hacer la suficiente suspensión de la incredulidad para aceptarla sin problemas.
Un hombre casado utiliza como coartada una salida de caza con sus amigos para tener unos días románticos con su amante en una impresionante casa aislada del mundo en pleno desierto. Sin embargo, sus compañeros de caza llegan antes de lo previsto, y su convivencia con la hermosa Jen no va a ser todo lo plácida que podría suponerse. La joven se convierte en el eslabón débil (y prescindible) del grupo, pero nadie podía prever un giro de los acontecimientos que iba a convertir a los cazadores en cazados y la jornada lúdica en una sangrienta venganza.
Con Revenge se reivindica, una vez más, el papel de la mujer en el cine, permitiéndola ser tan dura y poderosa como cualquier hombre. Esta podría ser una historia de venganza a lo Charles Bronson, pero la actriz Matilda Anna Ingrid Lutz demuestra que no necesita a nadie que pelee por ella.
No hay apenas nada verosímil en la película, eso hay que avisarlo de entrada, pero allí donde la historia peca de sencillez y exageración Fargeat lo compensa con la puesta en escena, con imágenes donde saca el máximo partido de los espectaculares paisajes y consiguiendo un ritmo imparable que permite olvidarse de todo lo absurdo que está aconteciendo en pantalla.
Revenge es, en fin, una película salvajemente divertida, dolorosa en su crueldad y excesivamente sangrienta. Un festival carmesí que augura un gran futuro a su realizadora.

Valoración: Seis sobre diez.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Sitges 2017: HAPPY DEATH DAY

Desde que Harold Ramis se inventara aquello del bucle temporal que obligada a Bill Murray a revivir una y otra vez el mismo día en Atrapado en el tiempo, la premisa se ha utilizado en diversas ocasiones, cambiando para ello la temática general. Al filo del mañana o Código fuente son dos claros ejemplos, y el género del terror no iba a quedarse sin su propia ración.
Happy death day es el nuevo ejemplo. En ella tenemos a Tree, la clásica rubia pija, egoísta y egocéntrica vista en mil películas de universitarias americanas (aunque bien podría recordarnos también a la Kristen Bell de la magnífica The good place) que se despierta en plena resaca, en la residencia de un desconocido y con su vida patas arriba. Además, es el día de su cumpleaños. Pero nada importa: sin más preocupación que la de divertirse una noche más vemos sus quehaceres diarios hasta la hora de partir hacia la siguiente fiesta. Pero esta vez no conseguirá llegar a su destino. Una misteriosa figura oculta bajo una máscara de la mascota del equipo la asesina sin muchas contemplaciones.
Tras su muerte, Tree despertará de nuevo en la desconocida residencia, y su fatídico día se volverá a reiniciar. Y así una y otra vez hasta que descubra quien quiere matarla y logre evitarlo.
Como ya hiciera la excelente al filo del mañana, Happy death day recupera la excusa argumental de Atrapado en el tiempo para darle las vueltas suficientes para que parezca algo original, apostando por un humor muy sano a la par que bestia que la acerca también a parodias del género como fue Scream. Así, esta película dirigida por Christopher Landon (salido de la flojita Zombie Camp y guionista de la mayoría de las Paranormal Activity) consigue reinventarse a sí misma y, con unos cuantos sustos, algo de sangre, mucha intriga y desquiciante sentido del humor logra salir airosa de las comparaciones y conseguir identidad propia, por más que el chiste final sea un acertado reconocimiento en toda regla.
Happy death day, salida de la Blumhouse, es muy entretenida, original a la par que auto referenciada y bastante loca. No en vano ha sido la que ha desbancado en el número uno americano a Blade Runner 2049.
Totalmente recomendable.

Valoración: Siete sobre diez.

Sitges 2017: BOYS IN THE TREES

Boys in the trees, del australiano Nicholas Verso, es, posiblemente, la película más alejada del género de terror que se haya visto en esta edición del festival de Sitges. Y eso que tiene todos los ingredientes necesarios: es la noche de Halloween, hay apariciones fantasmales, violentos abusones, máscaras aterradoras, desagües solitarios, funerales mejicanos, cementerios… 
Todo un amalgama de situaciones y localizaciones que sirven, en realidad, para dibujar una generación, la de los finales de los noventa, y una época donde las dudas y la falta de orientación sacudía a muchos jóvenes sin rumbo ni aspiraciones.
Boys in the trees es la clásica historia de Peter Pan, de jóvenes que no quieren crecer, que desean quedarse para siempre anclados en un mundo dominado por la música grunge, fumando pollos a la luz de las hogueras y practicando con su skate. Pero es también una reflexión sobre los sueños de futuro que se aspiran a alcanzar y que, de no luchar por ellos, se terminarán disolviendo en el flujo del tiempo hasta no quedar rastro de los mismos. Y es, a la postre, un gran relato sobre la amistad, aquella tan intensa y verdadera que solo puede darse durante nuestros primeros años de juventud.
En esta situación se encuentra Corey, que durante la celebración de la fiesta de Halloween debe decidir entre seguir con su banda de amigos, gamberros y abusones, o ayudar a Jonah, ese chaval con quien tanto había jugado en su infancia y que ahora no es más que una víctima más de su grupito.
Boys in the trees se cocina a fuego lento, y sin duda no será del gusto de la mayoría de los espectadores, más si tenemos en cuenta la orgía de sangre y sustos que cabe esperar de un festival como el de Sitges, pero si se tiene paciencia y se deja uno arrastrar por la sensibilidad (aparentemente) irrelevante de sus diálogos y por los infinitos paseos nocturnos de Corey y Jonah resulta imposible no dejarse atrapar por sus redes y caer rendido ante una fábula hermosa, reflexiva y muy amarga, un cuento de terror que emociona y se convirtió, al menos para mí, en una de las sorpresas del festival.

Valoración: Siete sobre diez.

Sitges 2017: THE SUPER

Stephan Rick, realizador alemán de medio pelo y bagaje ante todo televisivo, se atreve con una producción americana donde lidia con un guion de John J. McLaughlin, autor de cosillas como Parker, Hitchcock o, sobre todo, Cisne negro.
The Super es una historia de terror ambientada en un edificio de Nueva York. Phil Logan (Patrick John Flueger) es un manitas que encuentra trabajo como superintendente en el susodicho edificio. Allí se traslada a vivir junto a sus dos hijas sin sospechar que una serie de escabrosas muertes están sucediendo a su alrededor.
Premisa simplona y nada original pero que mejora con el paso de los minutos, salvada gracias a un giro final que una vez conocido puede sonar a más de lo mismo (hay cosas que empiezan ya a resultar muy repetitivas en el cine de terror), pero que en su momento sorprende y descoloca bastante. Así, estudiada con posterioridad se puede comprobar como lo que parecían agujeros de guion están más o menos justificados y el resultado final termina por ser interesante, por más que las limitaciones actorales de sus protagonistas lastren bastante la experiencia.
A cambio, tenemos la oportunidad de recuperar en un papel interesante a Val Kilmer, algo menos estropeado que en la posterior El muñeco de nieve.
The Super no aspira a remover los convencionalismos del género, pero tras un inicio insípido se deja ver con agrado, aunque hay quien llegó a abuchear la irrisoria resolución final.

Valoración: cinco sobre diez.

SITGES 2017: parte dos

Como siempre, todo lo bueno tiene un final. El pasado sábado 14 de octubre el Festival internacional de cinema fantàstic de Catalunya dio a conocer su Palmarés de premios para, el domingo siguiente, cerrar sus puertas con las maratones finales.
Una de las novedades de este año había sido sustituir la clásica película sorpresa del último sábado por una maratón sorpresa completa. El gran estreno lo supuso The disaster artist, la premiada película de James Franco como director que llegó con la Concha de Oro de San Sebastián bajo el brazo. La acompañaban You were never really here, con el siempre interesante Joaquin Phoenix, Jeepers Creepers 3 (no hace falta más comentarios) y The Lodgers, precisamente la película que se encargó de clausurar el festival de este año.
En la sección oficial, la elegida como mejor película ha sido Jupiter’r moon, que también se ha llevado el premio a los mejores efectos especiales. Thelma, por su parte, se llevó el premio especial del jurado y el de mejor guion, mientras que la mejor dirección cayó a manos de Coralie Fargeat por la brutal Revenge. Los premios interpretativos han sido para Rafe Spall y Marsha Timothy por The ritual y Marlina the murderer in four acts, respectivamente.
Como sabréis, Sitges tiene un montón de categorías. Entre las más representativas cabe destacar que Thelma ha ganado también el premio Méliès, The killing of a sacred deer, del inclasificable Yorgos Lanthimos. Se llevó, exarqueo con As boas maneiras, el premio de la crítica y Coralie Fargeat se alzó también con el premio a la mejor dirección novel.
Por mi parte, han sido solo dos fines de semana lo mejor aprovechado posibles. Un total de doce películas, aunque la fortuna (y la lotería que suponen las maratones a ciegas) hizo que una cayera dos veces (aunque la disfruté igual). Hubo, por supuesto, tiempo para aventurarse en nuevas experiencias de RV en el stand de Samsung, disfrutar del sol de Sitges, codearse con algún que otro famosete y disfrutar en las salas de la compañía de buenos amigos.
Ya se ha anunciado que el año próximo el tema principal será 2001, Odisea en el espacio, con el objetivo de conmemorar el cincuenta aniversario de la mítica obra de Kubrick. Estaremos atentos a las novedades que, a lo largo de este año de interminable espera, vayan surgiendo.
A continuación, como no, hablemos de películas…

viernes, 13 de octubre de 2017

TU MEJOR AMIGO: el sentido de la vida... perruna

Hubo un tiempo en el que el nombre de Lasse Hallström era sinónimo de calidad. Títulos como ¿A quién ama Gilbert Grape?, Chocolat o Las normas de la casa de la sidra han pasado ya a la historia del cine. Pero de eso hace ya mucho tiempo.
Tras esa época dorada, Hallström solo ha logrado alternar mediocridades sensibleras como Querido John o Un lugar donde refugiarse con películillas con un mínimo de destreza, como la simpática Un viaje de diez metros. Ni siquiera el regreso a su Suecia natal como hizo al rodar El hipnotista le sirvió demasiado.
Es Siempre a tu lado (Hachiko), posiblemente, su último título destacable, y posiblemente que esa fuese una historia lacrimógena con perrete de por medio es lo que lo ha llevado a tratar de repetir la jugada con esta cosa llamada Tu mejor amigo.
Dicen que en tiempos difíciles es fácil recurrir a la fe, y no es casual que en los últimos tiempos haya habido cierta proliferación de películas de temática religiosa, como El cielo existe, Los milagros del cielo o La cabaña (cuya calidad parece tan ínfima que apenas ha durado una semana en cartel en la mayoría de los cines), dejando de lado cosas más “disfuncionales” como La llamada o Madre! Dentro de esa corriente religiosa no es extraño encontrarse con panfletos más concretos, como las películas sobre cienciología o las budistas, y de esto último trata Tu mejor amigo.
Hago este inciso porque, más allá de las creencias religiosas que pueda tener cada uno, esa insistencia en hablar soterradamente de la rencarnación fue una de las cosas que más me sobraron de una película que busca descaradamente la empatía del espectador con el chucho de turno y provocar la lágrima fácil (en un ejercicio de pornografía sentimental exagerado) con cada momentito dramático que sacude un film que, por lo demás, tienen una comicidad propia del cine más infantil.
No por ello voy a decir que Hallström se haya olvidado del filmar, y visualmente la película está muy bien conseguida, con unos actores que no molestan (Britt Robertson, Dennis Quaid y John Ortiz son de las pocas caras conocidas en un reparto muy coral) y algún momento simpático que ayuda a digerir la función, pero tener que soportar al/los protagonista/s con esa omnipresente voz en off reflexionando sobre el sentido de la existencia (como si Mira quien habla también se pusiera en plan filosófico) y esa insistencia por mantener la identidad a través de las sucesivas vidas se hace por momentos muy cuesta arriba.
Pero claro, los perricos son muy monos, hacen monerías para que se te caiga la baba y ver a Dennis Quaid reencontrarse con el amor de su vida tiene su puntito. No suficiente para un aprobado, pero casi.

Valoración: Cuatro sobre diez.

TOC TOC: Diversión a medio gas

Toc toc (no confundir con la película Know know de Eli Roth que aquí se tradujo de igual manera) es una obra de teatro que se convirtió en uno de los fenómenos de la temporada por su alocado sentido del humor.
Era cuestión de tiempo que la historia diese el salto al cine y Vicente Villanueva, que hace no mucho estrenó Nacida para ganar, ha sido el responsable de darle forma al proyecto.
Con un reparto de grandes nombres que garantizan por sí mismo el interés de la película, Toc toc chirría un poco en la conversión del formato. Aunque Villanueva saca las cámaras en algún momento fuera de la estrafalaria consulta del psicólogo que era el escenario central en el teatro, se notan demasiado esos orígenes escénicos, resultando la acción demasiado acartonada. Hay quien se pueda quejar también de que la fidelidad es tal que, quien conociera la ora no va a poderse sorprender ante el desenlace, pero no se deben preocupar por ello. Es todo tan obvio que cualquiera puede adivinarlo de antemano. Tampoco es que importe demasiado. Aquí de lo que se trata es de reírse y pasarlo bien. Y eso, a cuenta gotas, lo consigue.
La cosa va de un grupito de disfuncionales que presenta cada uno una tipología de enfermedad mental diferente, casi un catálogo similar al que Paco León proponía en Kiki en referencia al sexo. Todos los protagonistas se encuentran en la sala de espera de un psicólogo que llega con mucho retraso y, como si de una obra de Agatha Christie se tratase, deberán interactuar entre ellos para conocerse unos a otros y sobrevivir a la experiencia.
Hay grandes cómicos en plantilla, y todos ellos hacen un buen papel, pero el guion no es suficientemente redondo para conseguir ser todo lo desternillantemente que se propone, y aunque en ningún momento aburre, la ansiada carcajada es sustituida, en demasiadas ocasiones, por una simple sonrisa.
Así pues, la película se deja ver con agrado, pero nunca alcanza ese nivel de genialidad que tenía, sin ir más lejos, el mencionado título de León (que aquí hace uno de los papeles principales) ni se aprovecha al máximo la vis cómica de Alexandra Jiménez. Una oportunidad perdida para hacer una gran comedia, que se queda a medias tintas y resulta, simplemente, entretenida.

Valoración: Seis sobre diez.

LA MONTAÑA ENTRE NOSOTROS: una montaña de bostezos

Fueron las películas palestinas Idol y Omar las que abrieron las puertas de Hollywood al director nacido en Nazaret Hany Abu-Assad, dándole la oportunidad en trabajar en una película como La montaña entre nosotros.
Aprovechando la majestuosidad de los paisajes de Vancouver, en Canadá, la película narra la epopeya de dos desconocidos que deciden aventurarse en un viaje en avioneta cuando la amenaza de tormenta impide la salida de todos los vuelos comerciales. Un accidente los dejará malheridos y perdidos en medio de la nada, iniciándose así una lucha por su propia supervivencia a la vez que deben aprender a conocerse y confiar uno en el otro para aspirar a ser rescatados.
Cayendo todo el peso de La montaña entre nosotros en sus dos estrellas, unos esforzados Idris Elba y Kate Winslet que incluso estando soberbios no salvan de la quema al film (por ahí están también Dermot Mulroney y Beau bridges, pero sus aportaciones son casi anecdóticas), el problema de la película no está en lo terriblemente previsible que es (casi desde el arranque se puede adivinar como va a terminar, sin espacio alguno para la sorpresa), sino en que esa supuesta aventura de supervivencia (cabría pensar en algo al estilo ¡Viven!) queda enseguida empañada por el drama romántico en que deriva la narración.
Aun así, la química entre Elba y Winslet podría ser suficiente para ver la película con un mínimo de agrado, pero Abu-Assad comete el error de alargar la historia con un epílogo demasiado extenso, inconsciente de que una vez se deja atrás la parte referente a la montaña el interés decae definitivamente.
La montaña entre nosotros, resulta, al final, tediosa y aburrida, poco creíble y sin ningún aliciente especial (más allá de los mencionados actores) para acercarse a ella.

Valoración: Cuatro sobre diez.

Sitges 2017: MARROWBONE

El secreto de Marrowbone (que es como se llamará la película en España) es la última gran apuesta de Telecinco, que ya empieza a sobresaturar sus espacios publicitarios con anuncios que quizá puedan adelantar demasiado de la trama. Con reparto internacional y filmada en inglés, supone el debut tras las cámaras de Sergio G. Sánchez, guionista de títulos tan taquilleros como El orfanato, Lo imposible o Palmeras en la nieve.
Sánchez sale airoso de su estreno con una película donde la ambientación y el clima que envuelve a los personajes lo es todo. Marrowbone es el apellido de soltera de una mujer que, huyendo de su pasado, inicia una nueva vida con sus cuatro hijos en un solitario caserón antigua propiedad de la familia.
Allí, los cuatro chicos, en compañía de una amistosa joven que vive relativamente cerca, deberán enfrentarse a los fantasmas de su pasado, que los acechará sin compasión, y a un terrible secreto que los atormenta en forma de aparente fantasma.
Marrowbone es una de esas películas en las que conviene saber lo menos posible de su argumento, dejando que la propia narración nos llevé por donde a Sergio G. Sánchez le plazca, engañándonos en ciertos momentos con escenas incompletas o aparentes errores de raccord que, como si fuesen esas piezas de un puzle que caen bajo la mesa, son agujeros que toman sentido al contemplar el resultado final.
En el aspecto interpretativo, todo el peso recae en esos cuatro muchachos de diversas edades entre los que destacan los ya curtidos George MacKay (Amanece en Edimburgo, Pride, Captain Fantastic) y Charlie Heaton (Stranger Things y la futura X-men: the new mutants), acompañados por Mia Goth y Matthew Stagg y con la nueva musa del género, Anya Taylor-Joy (La bruja, Morgan, Múltiple) completando la ecuación.
Marrowbone funciona como un engranaje de relojería, pero cuenta con un obstáculo que puede resultar insalvable para mucho aficionado. Teniendo en cuenta el currículo del guionista y estando J.A. Bayona detrás como productor, el resultado final, por interesante que sea, puede sonar un poco a más de lo mismo, desluciendo la sorpresa final y rozando la frontera de la previsibilidad.
No obstante, dejando de lado las comparaciones o el costumbrismo al que se está aferrando el género, El secreto de Marrowbone es sumamente entretenida y engancha con sus interrogantes hasta su conclusión final.

Actualización: Estrenada en España como El secreto de Marrowbone, una de las críticas que más se le está haciendo es su tramposo final. Ya he comentado más arriba que es importante no conocer su desenlace para disfrutar más de ella, pero pudiendola haber visto una segunda vez lo cierto es que, descubierto el secreto, la película continua funcionando perfectamente. Sánchez afila su guion con una exactitud de relojero y, fijándote en los detalles y buscando el más mínimo fallo, la experiencia resulta incluso superior.

Valoración: Siete sobre diez.

Sitges 2017: MOM AND DAD

Bryan Taylor era uno de esos autores gamberros y desvergonzados que despuntó a principio de siglo con esa locura frenética e hiperactiva al servicio de Jason Statham que era Crank: veneno en la sangre y su secuela. Sin embargo, pese a que muchos lo consideraban el director y perfecto para reconducir al personaje Marvel de El Motorista Fantasma cuya primera película era muy discreta, su propuesta (Espíritu de Venganza) fue tan desastrosa (en su defensa hay que recordar que al menos no constaba como guionista de semejante esperpento) que su estrella se apagó de inmediato.
Quizá en busca de redención, Taylor regresa al cine más pequeño y grotesco con esta apuesta de humor muy negro e insano que, pese a contar con actores de cierto renombre en sus filas como son Nicolas Cage y Selma Blair, rezuma a serie B por todas partes.
Y, como suele suceder en estos casos, ese regreso a las cloacas del cine de bajo presupuesto y escasas pretensiones le ha sentado francamente bien.
Mom and dad propone una distopía donde un extraño virus despierta en los progenitores un salvaje instinto asesino hacia sus indefensos hijos. Con un puntito de ironía sobre los sacrificios de la paternidad y la habitual incomprensión por parte de los desagradecidos retoños, Taylor compone una versión alternativa a la clásica película de zombies que se va cociendo a fuego lento, con un ritmo muy bien medido, en la que, tras plantearnos un panorama general y ligeramente coral, termina por convertirse en una home invason familiar tan salvaje como divertida.
Con una poco probable distribución comercial, Mom and dad es la clásica película de festival, de esas en las que se invita al aplauso con cada derramamiento de sangre y donde cada muerte va acompañada de una sonora carcajada. Una película perfecta para el habitualmente insoportable histrionismo de Cage que aquí le queda como anillo al dedo y consigue, incluso, que el público se reconcilie con él.
Una película pequeña en sus pretensiones, insisto, poco más que una broma muy macarra, pero que funciona a las mil maravillas y se deja ver sin complejos gracias a no tomarse nunca demasiado en serio a sí misma.

Valoración: Seis sobre diez.