sábado, 31 de agosto de 2019

INFIERNO BAJO EL AGUA

Infierno bajo el agua (¿puede que el traductor viniera de ver Infierno azul cuando se le ocurrió esta traducción del original Crawl?) es la película con la que el director Alexander Aja se reconcilia con el cine de terror después de despuntar con su remake de Las colinas tienen ojos.
Desde entonces, lo más recordado del director francés había sido esa gamberrada (por momentos de mal gusto) que era Piraña 3D y la flojita Horns (que tuvo un estreno muy limitado, algo que ni siquiera consiguió su último film, La resurrección de Louise Drax, inédita en España). Pero con Infierno bajo el agua, el galo recupera el buen pulso narrativo con una película que se suma al carro de las producciones veraniegas de amenazas acuáticas, pero a la que consigue sacarle un brillo inesperado.
Ciertamente, poco prometía lo que parecía otra película del montón, esta vez con caimanes ejerciendo la función habitual de los tiburones, con el recuerdo de la entrañable Mandíbulas en la memoria y siendo su protagonista, Kaya Scodelario (El corredor del laberintoExtremadamente cruel, malvado y perverso) su principal baluarte. Sin embargo, pese a lo tópica que a priori pudiera parecer la historia (típica mala relación entre un padre y una hija con esfuerzo deportivo de por medio), la parte dramática funciona bastante bien, haciendo que se puedan obviar las escenas más previsibles (cuando la película arranca con ella participando en un entrenamiento de natación ya sabes que tarde o temprano va a terminar “echando” una carrera a un caimán). Son embargo, es en su parte más aterradora cuando mejor funciona la cosa. Cuando una localidad de Florida es evacuada por el azote de un huracán de nivel 5 y las inminentes inundaciones, Haley debe ir a la casa familiar en busca de su padre, con quien no consigue contactar, quedando ambos atrapados en ella y al acecho de varios caimanes hambrientos. 
Desde este momento, pese a la presencia constante del padre (interpretado por el habitualmente desagradable Barry Pepper, con quien la Scodelario coincidió ya en la segunda tercera entregas de la saga del Laberinto), es el personaje de Haley quien debe cargar con todo el peso de la película. En este sentido, se agradece que la participación de Kaya Scodelario le imponga un trabajo más físico que digital (sí, en algún momento hay algún caimán al que le canta el CGI, pero es algo mínimo), muy a la par de la interpretación de Blake Lively en, precisamente, Infierno Azul), consiguiendo Aja que todos los sustos funciones perfectamente, obligando a saltar al espectador cuando debe saltar, y transmitiendo una claustrofobia y sensación de angustia muy por encima del otro referente de este verano, la correcta 47 metros 2.
Es nevitable en ese tipo de películas pensar en el gran clásico que es Tiburón, todavía no superado, pero sin querer entrar en ese juego, Infierno bajo el agua cumple con creces su cometido, consiguiente tensionar hasta el agotamiento, rechazando el humor autoconsciente que tenía Pirañas 3D y con alguna secuencia realmente brillante como la protagonista acorralada en el baño.
Con un presupuesto casi ridículo (más si lo comparamos a fiascos marinos como fue Megalodón), Infierno bajo el agua se está convirtiendo en uno de los éxitos del verano y está posibilitando que Alexandre Aja vuelva a parecerse al gran director que era en sus inicios, pudiéndosele atribuir el gran mérito de orquestar una película que podría resultar argumentalmente ridícula (se juega a rizar el rizo con el más difícil todavía constantemente) y que en sus manos es un brillante ejercicio de terror sin dejar de lado un buen tratamiento de personajes.

Valoración: Siete sobre diez.

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