sábado, 21 de septiembre de 2013

ASALTO AL PODER (8d10)

Hace escasos meses se estrenó la película Objetivo: La Casa Blanca que explicaba con todo lujo de detalles el asalto terrorista al edificio más protegido del mundo poniendo en peligro la vida del presidente y con una única persona como esperanza para salvar la situación, mientras desde el exterior el presidente de la Cámara debía ejercer las funciones del Presidente y tomar difíciles decisiones.
Ya comenté entonces la proximidad del estreno que hoy me ocupa, cuyo argumento no podía llegar a imaginar que iba a ser tan milimétrico. Dirigida por Roland Emmerich, el tipo que mejor destroza edificios icónicos de los USA, ese argumento tan similar es una de los principales lastres de esta película, junto al aspecto de panfleto patriótico, Presidentes de estado heroicos, un actor principal muy limitadito y una serie de situaciones absolutamente increíbles. Y toda esta colección de despropósitos iniciales son los que promueven que puntúe la película con tan solo un ocho pese a rozar el nueve.
Porque sí, la película es una vuelta de tuerca a lo ya visto mil veces, propagandística y con muchas similitudes a otras obras de Emmerich como Independence Day, no lo voy a negar, pero es también una sucesión de imágenes impactantes, brillantemente filmadas, épicas, emotivas y emocionantes. Durante más de dos horas el espectador se queda pegado al asiento contemplando tiroteos, explosiones, persecuciones, lanzamientos de misiles, aviones explotando… Todo tiene cabida en esta locura de película que, sin embargo, mantiene en todo momento una coherencia argumental gracias, en parte, a que el guion viene firmado por un profesional como James Vanderbilt (Zodiac, Amazing Spiderman) y el sosainas de Channing Tatum (uno de los incomprensiblemente actores de moda que aquí no está mal del todo) está muy bien secundado por actores de la talla de Maggie Gyllenhaal (El Caballero Oscuro), Jason Clarke (La noche más oscura), Richard Jenkins (The Visitor), James Woods (al que últimamente lo teníamos más visto en televisión que en cine), Joey King (lo mejor de Expediente Warren: the Conjuring) y, compartiendo protagonismo, Jamie Foxx, que ha pasado en pocos meses de ser un esclavo caza recompensas en Django Desencadenado a emular al mismísimo Barack Obama como líder del mundo libre (aunque pronto volverá al mal camino interpretando al villano de Amazing Spiderman 2).
Emmerich, que cuando tiene un buen guion entre manos demuestra que sabe medir con precisión los goteos de comedia y drama que aderecen la acción adrenalítica, a la vez de convertirse en un  gurú de las maquetas explosivas que tan bien lucen en Independence Day o Godzilla, compone una película brillante, en la que puedes encontrar varios personajes diferentes con los que empatizar, no limitándose a regalarnos un reguero de bonitas pero vacuas destrucciones, como le sucediera en las fallidas El día de Mañana y, sobre todo, 2012, consiguiendo la que posiblemente sea la mejor pieza de su filmografía hasta la fecha. Y aunque no engaña fingiendo en ningún momento que lo que importa aquí son los fuegos de artificio tiene tiempo aún para dar cuatro pinceladas sobre los problemas de un padre divorciado para conectar con su hija adolescente, hablar sobre el duelo por la pérdida de un hijo, reflejar la visión de la sociedad vista a través de los medios de comunicación o atreverse incluso a lanzar un mensaje pacifista (en medio de tanta muerte y destrucción, ironías de la vida) en forma del acuerdo que el Presidente quiere conseguir para lograr la paz en Oriente Medio.
La historia es sencilla: Cale, policía de la Casa Blanca por enchufe (en realidad es más bien el chofer del Presidente de la Cámara) recurre a un favor para conseguir una entrevista de trabajo para ingresar en el cuerpo de seguridad del Presidente, consiguiendo un pase para su hija adolescente, una verdadera friki de la política norteamericana. Estando con un grupo de visitantes turísticos se verá embarcado en medio de un atentado terrorista con fines poco claros que lo llevarán a un correcalles laberíntico por los recovecos de tan ilustre edificio tratando primero de proteger a su hija y acabando tratando de sobrevivir mano a mano con el propio Presidente.
Chaning y Foxx son, qué duda cabe, los protagonistas absolutos de una película que sigue fielmente los cánones impuestos hace ya veinticinco años por la magnífica Jungla de Cristal de John McTiernan (de hecho, toda la película desprende un aroma ochentero, incluso en su forma de preparar la historia, con un inicio calmado en el que Emmerich se toma su tiempo para que podamos conocer perfectamente a los personajes mientras el drama se va mascando poco a poco), aunque como es habitual en la filmografía del director germano hay un punto de coralidad, permitiendo que todos y cada uno de los secundarios dispongan de su propio minuto de gloria, desde Emily, la hija de Cale, hasta el guía turístico Donnie interpretado por Nicolas Wright.
Otro de los méritos de Emmerich es lo bien que sabe filmar las escenas de acción, permitiéndonos ver con claridad lo que sucede y huyendo de los planos confusos y precipitados de , por ejemplo, Michael Bay, como demuestra con la persecución de coches por los jardines de la Casa Blanca o las impresionantes escenas de los helicópteros volando a ras de suelo por entre las calles de Washington. Tatum (que no por casualidad termina la película en camiseta de tirantes y ensangrentado) y Foxx tienen química juntos y consiguen que aceptemos a unos personajes totalmente increíbles, un Supersoldado clon del Gerard Butler de Objetivo: La Casa Blanca y un heroico y sacrificado Presidente, algo más terrenal por eso que el que interpretara Bill Pullman en Independence Day (con la alargada sombra del Presidente Bartlet en el recuerdo). De los malos mejor ni hablo por no desvelar sorpresas, aunque sí apuntaré que la trama urdida es inteligente, conformada por una especie de puzle de piezas totalmente diferentes que terminan encajando son sencillez llegados al final.

No estamos ante la mejor película del año, ni entrará en ninguna quiniela por los Oscars, pero qué duda cabe que se trata de una de las peripecias más divertidas, entretenidas y apasionantes del año, algo por debajo de esa obra maestra de Abrams llamada Star Trek: en la OscuridadAsalto al poder es una montaña rusa de adrenalina, dos horas en las que el cine se hace espectáculo. Y tras un verano en el que hemos tenido que lidiar con tonterías como Pacific Rin, El llanero Solitario  o El hombre de Acero ha sido un soplo de aire fresco.

martes, 17 de septiembre de 2013

LA GRAN FAMILIA ESPAÑOLA (6d10)

No hay ninguna duda que las comedias alrededor de las bodas son casi un subgénero propio. Tras títulos tan recordados como El padre de la novia, Los padres de ella o la reciente y flojita La gran boda llega a las carteleras la versión a la española de todas ellas, un retrato de una familia “tipo” que ante las complicaciones que supone la celebración de una boda deben quitarse las caretas y desnudarse unos a otros, aflorando la realidad que se oculta tras los buenos sentimientos y las sonrisas forzadas.
Ese es el planteamiento de la nueva película de Daniel Sánchez Arévalo, que tras Azuloscurocasinegro, Gordos y Primos se ha convertido en un referente en la comedia de este país y un artista (tanto como director como en su faceta de guionista) muy a tener en cuenta. Con un amplio reparto, La gran familia española nos cuenta en cuatro pinceladas la historia de un matrimonio que se enamoraron viendo  Siete novias para siete hermanos y trataron de emular a los protagonistas de la película de Stanley Donen hasta descubrir que la vida no es tan bonita como en el cine y acabar en un doloroso divorcio, con cinco hijos y una nieta (con nombre de chico, para seguir la tradición) como herencia. Ahora, el pequeño de los hermanos se dispone a casarse con su novia de toda la vida, embarazada para más señas, con la que espera conseguir el “séptimo hermano” y cumplir con el sueño roto de padre, gravemente afectado del corazón.
Comienza así un día de locura que, para más inri, coincidirá con la final del Mundial de fútbol que España juega contra Holanda, produciéndose así dos historias paralelas, la protagonizada por esta arquetípica familia por un lado con inciertos resultados y la de conocido final feliz llevada a cabo por Iniesta, Casillas y compañía.
Quiere Sánchez Arévalo hacer un homenaje al cine que más admira (Siete novias para siete hermanos no es solo una excusa argumental, con las imágenes originales del film se abre y cierra esta película), cayendo quizá en las trampas de este. En su esfuerzo por dibujar a una familia española tipo, como anuncia el título, el director cae al lado contrario, enredándose con tópicos que si bien funcionan con corrección quitan un punto de realismo al asunto. Así, el tema del infarto en medio de la boda, el personaje deficiente, la prima zorrona, o los triángulos amorosos (dos hay en esta boda, aunque resueltos de maneras diferentes), son algo más habitual en el cine que en cualquier boda española habitual, cuya identidad con la realidad se demuestra, básicamente, en la importancia del partido de futbol por encima de convites y otras monsergas.
La película funciona con bastante corrección, pero esquivando el humor absurdo y desenfrenado y resaltando demasiadas situaciones dramáticas como para poder definirla abiertamente como comedia. Y aquí se encuentra tanto su mayor acierto como su principal tara. Por un lado, es de aplaudir que los personajes tengan cara y ojos e inviten a la reflexión a través de las historias paralelas que ocultan cada uno de ellos, sus dramas personales que impera por encima de todo hasta llegar a la conclusión de que lo verdaderamente importante es la unión familiar, mientras que por otro lado, la montaña rusa sentimental que se propone, alternando situaciones difíciles con momentos desternillantes llega a desconcertar, haciendo dudar al espectador sobre si debe reír o llorar o ambas cosas a la vez.
Con todo, la película es sumamente entretenida y los actores están todos de aprobado, consiguiendo Sánchez Arévalo un retrato triste de una familia española pero invitando al optimismo y la esperanza (quizá poco creíble pero de agradecer), aderezada con una bien seleccionada banda sonora.

Y como guinda el pastel, y personen ustedes el spoiler, el gol de Iniesta. ¿Qué más se puede pedir?

PERCY JACKSON Y EL MAR DE LOS MONSTRUOS (5d10)

Tres años después de que el veterano Chris Columbus dirigiera Percy Jackson y el ladrón del rayo se estrena la secuela de la que pretende ser la sucesora de Harry Potter y que desde ya podemos asegurar que no lo va a con seguir. Copiando descaradamente algunos esquemas (empezando por el trío protagonista: las similitudes entre Percy, Annabeth y Grover –alternándose con Tyson repiten, con menos gracia, eso sí, los roles de Harry, Hermione y Ron) la saga de Percy Jackson pretende recuperar combinación entre magia, épica y adolescencia que dejó huérfana la serie de J.K.Rowling, pero apenas logra quedarse a las puertas, aunque en su defensa hay que decir que en el caso de los magos de Hogwarts también las dos primeras películas eran las más flojas.
Alcanzar poco más de doscientos millones de recaudación sobre un presupuesto de noventa y cinco no auguraba nada bueno a esa primera aventura que, como corresponde a una iniciación, se veía lastrada por la necesaria presentación de personajes. Sin embargo, pese a parecer predestinada a morir a las primeras de cambio, como sucediera con La Brújula Dorada o Eragon (y quizá espoleados por el notable éxito de Los juegos del Hambre), en la FOX decidieron darle una segunda oportunidad al personaje creado por Rick Riordan (en una colección compuesta por cinco libros, aunque con una secuela en marcha), aunque reduciendo su presupuesto, cosa que se nota visualmente.
La película parte con una premisa interesante: alojado en el campamento Mestizo con otros semidioses el que fuera salvador del Olimpo no parece destacar sobre sus compañeros, lo que le lleva a una crisis existencial sobre si es en verdad un héroe o todo lo acontecido en la primera película es fruto de la suerte y la casualidad. Curioso punto de partida que se diluye apenas transcurridos cinco minutos de película para convertirse en una aventura demasiado infantil y totalmente convencional, donde la aparición de un personaje nuevo (Tyson, aparentemente hermano de Percy) no hace sino entorpecer más aún la acción, edulcorando la trama con una moralina familiar que no viene mucho a cuento.
Pese a que el exceso de digitalización no molesta demasiado (los efectos visuales son correctos, con nuevas criaturas que cumplen sin abochornar), las secuencias de acción son torpes y carentes de emoción, llegando a cansar, demostrando que el cambio en la silla de director ha sido para peor (aparte de Diario de Greg lo más destacado hasta la fecha de Thor Freudenthal es Hotel para perros), mientras que en el aspecto interpretativo hay también un ligero bajón. El trío protagonista repite, desde luego, pero en el plantel de secundarios solo destacan Stanley Tucci y un brevísimo cameo de Nathan Fillion, mientras que Anthony Head (el mentor de Buffy Cazavampiros) sustituye a Pierce Brosnan como Chiron y no hay ni rastro de las figuras que se dejaban ver por la primera entrega (recordemos que por ahí andaban Sean Bean, Rosario Dawson, Uma Thurman…)

No voy a sentenciar tampoco que sea una película pésima, ni mucho menos, pero si decepciona que no sepan aprovechar el espíritu aventurero de las novelas para hacer una gran espectáculo visual (la mitología griega siempre ha tenido mucho tirón tanto en cine como en videojuegos), conformándose en quedarse reducido a un pasatiempo demasiado infantil, muy lejos de las aspiraciones con las que soñaba y sin demasiadas esperanzas de llegar a un tercer episodio. Cosa, por otra parte, que tampoco creo que nadie lamente demasiado.

lunes, 9 de septiembre de 2013

KIKC-ASS 2 . CON UN PAR (6d10)

Después del éxito que tuvo hace tres años Kick-Ass, dirigida por Matthew Vaughn (ahora dueño y señor de la franquicia mutante de Marvel) y basada en la obra homónima de Mark Millar y John Romita Jr., revitalizando el cine de superhéroes y ofreciendo algo diferente a lo que estábamos acostumbrados, era inevitable que más temprano que tarde llegase su secuela, basada también, con bastante fidelidad, en la secuela del comic. Todos, excepto el director repiten en la función, aunque la llegada de Jeff Wadlow no entorpece apenas, pues se limita a seguir obediente las directrices ofrecidas por Vaughn (ahora productor) en la primera entrega, sin variar pero tampoco innovando.
La acción arranca tal y como quedó al final de Kick-Ass, con Dave habiendo marcado el camino a seguir al resto de superhéroes, Mindy entrenando furtivamente a escondidas de su padre adoptivo y Chris D’Amico queriendo vengar la muerte de su padre. Se desarrollan entonces tres historias paralelas que, inevitablemente, tendrán que cruzarse en algún momento, produciendo mucho dolor y sangre. Por un lado, Kick-Ass se encuentra con un grupo de héroes que lo aceptan como miembro bajo las órdenes del Coronel Barras y Estrellas, Mindy decide cumplir la promesa hecha a su padrastro de abandonar su carrera como Hit-Girl y tratar de adaptarse a la vida en el instituto y D’amico se convertirá en el primer supervillano del mundo real bajo el nombre del Hijoputa y urdirá un plan para acabar con Kick-Ass y sus amigos.
Pocas veces (salvo algún cambio leve e irrelevante –qué manía tienen estos de Hollywood en que Kick-Ass “moje”- y, sobre todo, el final) una película ha sido tan fiel a la obra en que se basa, calcando escenas –e incluso viñetas- del comic tal y como Zack Snyder hiciera con Watchmen, con la salvedad de que la obra de Alan Moore roza la maestría y la de Millar es, siendo generosos, muy flojita. Así, la principal losa con la que debe cargar la película es repetir los errores del cómic, una novela gráfica que parece nacer más del oportunismo que del deseo de Millar, generalmente revolucionario y fresco, y cuyo cansancio se nota incluso en los dibujos desgarbados y de trazo fácil de Romita. Así, la película, que sigue siendo muy entretenida, abusa demasiado de la violencia gratuita y los tacos, como si por sí solos pudiesen hacer funcionar la historia. Wadlow no se da cuenta de que lo que más gustó de la película de Vaughn era la frescura y la capacidad de sorprender al espectador, que ahora acude de nuevo a las salas sabiendo lo que va a ver y esperando que le sorprendan con algo nuevo. Además, la gracia de Kick-Ass estaba en trasladar a los superhéroes al mundo real, consiguiendo que estos se vean ridículos y patosos, pero cuando Madre Rusia liquida ella sola a diez policías, Hit-Girl se enfrenta a toda una banda armada desde lo alto de una furgoneta y Kick-Ass y el Hijoputa tienen un duelo épico en el clímax final, resulta que estamos presenciando los mismos clichés que en una película de superhéroes convencional, y el que los personajes se dediquen a repetir infinidad de veces que está en el mundo real no va a conseguir que en verdad lo sea.
Otro problema con el que han tenido que lidiar ha sido con los actores. Aaron Taylor-Johnson, musculoso y con planta, poco tiene que ver con el flacucho desgarbado que dibuja romita, mientras que a Mindy la han tenido que añadir varios años con respecto al comic, ya que la edad de Chloë Grace Moretz (de nuevo protagonista absoluta del film) no es fácil de disimular. Precisamente uno de los cambios con respecto al comic se basan en que mientras en papel se dedican apenas cuatro viñetas en forma de diario a relatar la vida de Mindy en el colegio aquí su adaptación (o mejor su falta de ella) a la sociedad es una trama destacada, con Mindy enfrentada a sus compañeras en una secuencia más cercana a la Carrie de Stephen King (precisamente el próximo proyecto de Chloë Grace Moretz) que de la Hit-Girl de Millar. Con respecto al resto del reparto Christopher Mintz-Plasse continúa igual de histriónico que en la primera película, mientras que las ausencias forzosas de Nicolas Cage y Mark Strong es suplida con corrección por Jim Carrey y John Leguizamo.
Cumple con el objetivo de distraer y divertir, desde luego, pero estando tan por debajo de su predecesora no te deja con la sensación de que sea necesaria una tercera película.

A no ser que se dejen de tonterías y le cedan todo el protagonismo a Hit-Girl, claro está.

RIDDICK (6d10)

Cuando en el año 2000 el director David N. Twohy eligió a Vin Diesel para protagonizar Pitch Black poco imaginaba como cambiaría esa película la vida de un actor que pese a haber tenido un papel relevante en Salvar al soldado Ryan parecía no entrar en los planes de ninguna gran productora de Hollywood. 
Fue esta cinta de ciencia ficción de pequeño presupuesto la que le abrió las puertas de la Meca del cine donde se consolidaría el actor neoyorquino apenas un año después con The fast & the furious (A todo gas). Twohy, con más currículo como guionista que como director, conseguiría componer una película de culto que cuatro años más tarde tendría una secuela mucho más ambiciosa, Las crónicas de Riddick, en la que se pretendía crear todo un universo de ficción digno de rivalizar con la mitología de Star Wars o Star Trek, pero no se sabe muy bien si por culpa de la desmesurada ambición o por la falta de libertad que supone el control de una gran productora, el film no tuvo el éxito de crítica ni público que se esperaba y, pese a no llegar a ser un fracaso estrepitoso, los planes para seguir narrando las epopeyas de Riddick empezaron a coger polvo en un cajón.  Ahora, cuando las horas bajas de Diesel le han obligado a refugiarse en sus personajes más exitosos (tras resucitar Fast & Furious y Riddick se espera que retome también su personaje de la saga xXx) llega la tercera parte de una trilogía que siempre ha estado en manos de Twohy con Diesel en la producción.
Con la lección bien aprendida y de nuevo en manos de productoras pequeñas, Twohy ha regresado a los orígenes del personaje para volver a llevarlo a un terreno inhóspito y hostil donde deberá superar tres duras pruebas, así como tres son los actos de la película, perfectamente diferenciados.  Primero, tras un escueto flashback que nos explica brevemente como ha llegado hasta ese planeta después del final de Las crónicas de Riddick, deberá sobrevivir a las duras condiciones del hábitat que lo rodea, conteniendo esta unas de las más brillantes escenas de la película, sin diálogos (tan solo algo de voz en off) y devolviéndonos al Riddick más salvaje. En la segunda parte Riddick se transforma en una especie de psicokiller espacial cuando dos grupos de caza recompensas aterrizan en el planeta en su búsqueda. Es en la tercera, donde los supervivientes se deben enfrentar a un ataque de una raza autóctona, sanguinaria y letal, cuando las similitudes con Pitch Black son más evidentes, convirtiéndose casi en un remake (ahora mola más decir reboot) de aquella, aunque también es donde la imaginación escasea más, recordando demasiado a mil cosas ya vistas anteriormente, con Alien y Depredador como referencias más claras.
Riddick no es, pues, una obra redonda, y la libertad que ha tenido Twohy para rodar es equiparable a la reducción de presupuesto con respecto a Las crónicas de Riddick, de manera que los efectos digitales son en ocasiones algo bochornosos, sobre todo las escenas en las motos voladoras, pero no es algo que moleste en exceso si pensamos que estamos ante una película con más pretensiones de acercarse a la serie B que a una superproducción.
El aspecto interpretativo puede ser algo secundario, ya que Vin Diesel es el amo y señor de la función, y pese a sus limitaciones como actor nadie duda que Riddick está hecho a su medida. No obstante, es de agradecer ver pasar por ahí a rostros conocidos como Karl Urban (uno de los escasos recordatorios a la existencia de Las crónicas de Riddick y cuya violencia cruda y desmedida de la película recuerda precisamente al estilo de su Dreed), Katee Sackhoff (todavía en cartel con Exorcismo en Georgia), Dave Bautista (que siguiendo los pasos de Dwayne Johnson quiere dar el salto de la lucha libre a la interpretación) y, sobre todo, nuestro Jordi Mollà, que pone el punto exacto de humor y mala leche para compensar la sombría amargura de Riddick.
Quizá no tenga el encanto casposo de Pitch Black, aunque supera sobradamente a Las crónicas de Riddick y sus dos horas de metraje pasan volando, independientemente de que la división tan evidente en tres subtramas casi de diferentes géneros pueda afectar en algo el resultado global. La verdad es que la película no aburre en ningún momento y da esperanzas de que la carrera de este fugitivo de ojos brillantes continúe en un futuro cercano. Historias por contar quedan, desde luego, y Riddick tiene las suficientes cuentas pendientes para dar más juego antes de conseguir su ansiado regreso a casa.

Ahora solo falta que el público esté de acuerdo y la taquilla invite a ello.

domingo, 8 de septiembre de 2013

CAZADORES DE SOMBRAS: CIUDAD DE HUESO (6d10)

Llevábamos ya unas semanitas sin nuestra ración crepuscular en los cines, y tras los discretos estrenos de Memorias de un zombie adolescente, Hermosas Criaturas o The Host (La Huesped) llega el turno a la producción más ambiciosa de todas, nacida descaradamente con el propósito de dar pie a una saga (el título y subtítulo ya lo reflejan claramente) y con los mismos componentes que la maldita Crepúsculo que tanto daño ha hecho al mundo del cine (aunque sé de millones de adolescentes que no estarán para nada de acuerdo conmigo). Repasemos: está basada en una novela (curiosamente la autora, Cassandra Clare, es también mujer), protagonizada por una chica joven, hay triángulo amoroso, elementos sobrenaturales y drama y al final todo se reduce en la lucha del bien contra el mal. Más claro, agua. Con semejante entradilla parece que lo más lógico sería huir corriendo del cine pero, una vez más, como ya ocurriera con los zombies y los aliens enamorados, la copia (el libro se publicó por primera vez en 2007, dos años después de Crepúsculo) supera a la original. Y me refiero, claro está, a la película, cuya fidelidad con respecto al libro no voy a valorar ya que no he leído la novela en la que se basa y espero poder morir dentro de muchos años sin cambiar ese hecho.
La cosa, como vais a comprobar, no tiene nada de original. Una muchacha, al llegar a la adolescencia, detecta fenómenos extraños a su alrededor. Las cosas no son lo que parecen y descubre que debe cargar el peso de una herencia genética especial y que la salvación de la humanidad (o de sus amiguetes, tampoco nos pongamos tan trascendentales) está en sus manos. Vamos, como Harry Potter, Percy Jackson… Mira que hay madres embusteras por la vida, ¿eh? El caso es que cuando descubre que ella es, en realidad, una Cazadora de sombras no tiene más remedio que entrar en el juego y luchar contra brujas, demonios y vampiros (los hombres lobo, parece, son de momento aliados), sobre todo porque la vida de su propia madre está en juego. Junto a ella, claro está, su mejor amigo, ese que todo el mundo sabe que está enamorado de ella menos ella. Y sus nuevos compañeros Cazadores no podrián ser gordos frikis llenos de granos adictos a los videojuegos de Dragones y Mazmorras, como sería lógico, sino buenorros de pecho depilado y porte angelical. Así que ya tenemos conflicto amoroso, que en este caso va un paso más allá que sus predecesoras y se atreve a tocar temas tabús como el amor homosexual y el incesto.
Al frente de todo esto se encuentra Harald Zwart, un director cuyos mayores logros son La pantera Rosa 2 y The Karate Kid, mientras que el guion corre a cargo de la propia Clare junto a Jessica Postigo, autora de… de… Bueno, este es su primer guion, a decir verdad, pero en breve parece ser que tendrá listo el libreto de la continuación de la saga (¡Que Dios nos coja confesados!)
Ante tal panorama, cuesta creer que haya algo en la película, aparte de las fans que pueda arrastrar la novela, que llame la atención, amén de su reparto, donde destaca la casi omnipresente Lily Collins (conocida tanto por ser la Blancanieves que le toca las narices a Julia Roberts como por ser la niñita de papá Phil) acompañada de Jamie Campbell Bower (que se ha paseado por tres Crepúsculos, dos Harry Potters y ha sido el Arturo de Camelot) y Robert Sheehan (el más insoportable de la pandilla de Misfits), actores jóvenes pero con algo de currículo, aunque como suele ser propio de estas producciones, la calidad real la aportan los secundarios, donde destacan Kevin Durand, Jared Harris, Jonathan Rhys Meyers y, sobre todo, Lena Headey, que aunque parezca huir de su personaje de Juego de Tronos se está encasillando demasiado en su papel de “madre coraje” (Las crónicas de Sarah Connor, The Purge: la noche de las bestias).
Ante este puzle tan variopinto, lo mejor que se puede decir de la película es que entretiene, manteniendo correctamente el equilibrio entre la acción y el drama, dando tiempo suficiente a los personajes para demostrar sus debilidades y evoluciones (el precio a pagar por ello es alto: más de dos horas de duración), siendo completamente sincera en su propuesta pero enfocando más el punto de mira en la lucha contra los demonios que en los asuntos de corazón, que saben mantenerse siempre latentes pero en un sabio segundo plano. Tanto es así, que en ocasiones parece que estemos más ante una versión más adulta de Harry Potter (el uso de la magia, el diseño de la iglesia-escuela, las espadas…)
No va a convertirse esta saga en un clásico del cine contemporáneo, ni Ciudad de hueso nos va a dejar impacientes ante el estreno de su secuela, como sí está pasando con la odisea de Los Juegos del Hambre (claro que Jennifer Lawrence juega en otra liga), pero al menos servirá para demostrar que se puede hacer un cine destinado a adolescentes sin que tenga necesariamente que insultar su inteligencia, creando además una mitología propia en lugar de destruir absurdamente leyendas ancestrales. Sólo llegando al final, quizá por miedo a alargar más aun el metraje, se nota una cierta precipitación, hasta el punto que el destino de algunos personajes queda un poco desdibujado, dejándolo a nuestra imaginación. Pero bueno, para eso están las secuelas.

Y debo advertiros que sólo de novelas hay la friolera de doce, así que si el público responde, hay Cazadores de sombras para rato.

TÚ ERES EL SIGUIENTE (6d10)

Parece que para combatir el calor del verano no hay nada mejor que una película de terror, y esta semana tampoco va a ser una excepción. Tú eres el siguiente es una nueva vuelta de tuerca al manido tema de las casas perdidas en mitad del bosque, los protagonistas aislados y uno o varios psicópatas por ahí sueltos masacrando a la pobre gente una a una. En esta ocasión, sin embargo,  Adam Wingard (director centrado hasta ahora en cortometrajes, incluyendo los segmentos de V/H/S y V/H/S 2) trata de no repetir el esquema de forma matemática, huyendo ligeramente del copia y pega tan habitual en este tipo de películas y tratando de trabajar un poco más el guion, dotando a la historia de cierto sentido y coherencia que, sin embargo, a la hora de plasmarlo en pantalla, se le escapa de las manos. Y es que una vez visto el resultado final de la película nos encontramos no ante una historia de terror (sustos apenas hay, la verdad), sino ante una fábula excesivamente violenta y cruel que, aunque al final tenga un leitmotiv  (no diré cual, aunque tampoco es muy difícil de imaginar), durante buena parte de la película se nos muestra violencia pura y dura, matar por el puro placer de matar, sin un ápice de moral o consciencia.
Tras un prólogo que homenajea a los clásicos psicokillers ochenteros (sexo, grandes ventanales, música a todo volumen, una ducha, un tipo enmascarado y mucha sangre, y todo en apenas cinco minutos), la historia arranca con un acomodado matrimonio que ve cumplido su sueño de reunir a sus cuatro hijos y sus respectivas parejas para celebrar juntos el aniversario de bodas. Lo que debía ser una agradable reunión familiar se ve rápidamente revolucionada primero por la mala relación entre algunos hermanos y después por el asedio al que son sometidos de forma implacable, con rápidos asesinatos ejecutados desde el exterior por medio de una ballesta y que deriva en una dura lucha por la supervivencia. Alejada desde el primer momento de temas sobrenaturales (nada tiene esto que ver, aparte de la sangre, con Posesión Infernal, House of Haunted Hill, Expediente Warren: The conjuring), los asesinos aquí son humanos, muy humanos, y como tal se les puede herir, como comprueba muy pronto Erin (Sharni Vinson), en lo que supone la principal diferencia entre esta películas y otras similares: las víctimas, en lugar de huir hasta dejarse asesinar, tratan de plantar cara, en especial la protagonista, aunque la explicación de que de pequeña su padre estaba obsesionado por la amenaza nuclear y por eso la instruyó para la supervivencia es bastante tonta. Así, nos encontramos más ante el subgénero de asesinos que invaden la seguridad del hogar, como Funny Games o la reciente The Purge: la noche de las bestias, esta última con la que comparte además el punto de angustia e inquietud que dan las máscaras que portan los asesinos. Sin embargo, el gran acierto de la película es no desvelarnos hasta alcanzar el ecuador el objetivo de esos tipos, manteniendo al espectador pegado a la butaca con una buena dosis de tensión, sangre (sin abusar demasiado de ella) y mucha violencia, teniendo aun tiempo para dejar ligeras pinceladas de carácter social sobre la destrucción de la estructura familiar o la fragilidad de la misma. Así, dentro de la sala de cine, el disfrute es total, sintiendo angustia por esa pobre gente con la que no se llega a simpatizar (quizá falte algo de humor o más tiempo para conocerlos) pero que tampoco llegan a caer mal (a mí me sobrecoge especialmente la muerte de los patriarcas), aunque habría imaginado un final un poco más creativo que el que plasma Wingard.

Eso sí, una vez salgamos del cine no pretendamos meditar demasiado sobre ella, pues encontraremos mil y un agujeros  en la trama, pero tampoco creo que sea objetivo de este tipo de filmes ser imperecederos. 

CRUCE DE CAMINOS (5d10)

Llega a nuestras pantallas con algo de retraso (pertenece al 2012) la esperada segunda película de Derek Cianfrance, después de la lluvia de elogios recibió su Blue Valentine en el 2010 (que aquí llegó un par de años más tarde, ¿cómo no?) y, visto lo visto por los titulares escritos por los señores del CSI parece que no van a quedar decepcionados. Sin embargo, a mi humilde parecer, aun siendo una interesante película, Cruce de Caminos dista mucho de ser una obra maestra, dudando incluso si merecería considerarse una gran película. Y es que aunque las intenciones son loables y el desarrollo ofrece una cierta originalidad estructural, generalmente los buenos propósitos no son suficientes para conseguir que las cosas funcionen como corresponde. Y es que, ya de entrada, la película adolece de dos grandes problemas que pesan como una losa: sus protagonistas (o la falta de ellos) y su ritmo narrativo. Pero quizá me estoy precipitando un poco, así que mejor empiezo por el argumento y los actores que lo protagonizan.
Si han visto ustedes el tráiler (o al menos el poster) ya sabrán que el reparto está encabezado por los dos chicos de moda de Hollywood (con permiso de Michael Fassbender): Ryan Gosling (que ya estaba en la mencionadas Blue Valentine) y Bradley Cooper, con Ray liotta (testimonial) y Eva Mendes como secundarios de lujo. Así que quizá acudan a las salas de cine esperando un duelo interpretativo entre estos dos actores, con algún enfrentamiento de esos que ponen los pelos de punta, como Christopher Walken y Dennis Hooper en Amor a quemarropa o Robert De Niro y Al Pacino en los breves momentos en que coinciden en Heat. Pero no, nada de eso hay debido a la peculiar forma que tiene Cianfrance (que además de dirigir participa en el guion) de estructurar la obra.
Todo comienza con Luke (gosling) interpretando a un motorista que viaja por todo el país como parte de una feria ambulante, en otra interpretación soberbia pero que empieza a repetirse un poco. En su última parada se reencuentra con Romina (Mendes) una chica con la que tuvo una aventura y algo más, ya que al parecer el bebé que tiene en casa es obra suya. Aunque Romina no le pide nada (tiene su vida organizada alrededor de su actual pareja) él siente la necesidad de actuar con responsabilidad y ser el padre que el niño merece, por lo que abandona la feria y se establece en el pueblo, logrando trabajo  y alojamiento en un taller pero sin ganar lo suficiente como para atender al niño como a él le gustaría, con lo que se decide a robar bancos. Una interesante historia sobre la responsabilidad y las malas decisiones, con buen ritmo y excelentes interpretaciones (hasta Mendes cumple con su papel). El problema es que no es de eso de lo que Cianfrance quiere hablar, sino que se pierde en una historia más ambiciosa sobre las consecuencias de esas malas decisiones a lo largo de los años, apuntando también a que el destino debe jugar también su papel, como si todo estuviese conectado en el Universo (no es El Atlas de las Nubes pero podría). Es decir, que la película no trata sobre el Cruce de caminos al que se refiere el título, sino al lugar donde ese cruce va a desembocar. Y para ello divide la película en tres partes, como si de tres historias independientes se tratase, de manera que Avery, el policía que interpreta Cooper, no hace acto de presencia hasta pasada media hora de película, justo cuando Gosling sale de escena. Y aunque lo que sucede entonces es una reacción a lo visto hasta ahora, bien podríamos decir que comienza una nueva película, cuya historia (un ambicioso pero honrado policía que tras convertirse en héroe local aprovecha para probar suerte en el mundo de la política) con toques de denuncia sobre la corrupción policial y los límites que marcan la propia moral no está falta de interés. Pero claro, a esas alturas de proyección es un poco tarde para intentar que entremos en una película completamente diferente que, en comparación al fragmento del motorista Luke, pierde interés, por más que Cooper se esfuerce en componer una brillante interpretación.
Y la gota que colma el vaso llega cuando pasada otra media hora Avery (ahora ya político y quince años más viejo) pasa a segundo plano y empieza una tercera película, protagonizada en este caso por los hijos de Luke y Avery, a los que el destino ha hecho coincidir de manera un tanto artificial para demostrarnos qué ha quedado de aquel ya lejano cruce. Dos niñatos imbéciles e irresponsables cuyas motivaciones quedan poco convincentes y de reacciones extremas e ilógicas, dos personajes que no van a tener tiempo de seducir al público y con dos protagonistas : Emory Cohen y Dane DeHaan, que aunque no trabajan mal del todo (DeHaan ya empieza a formarse un nombre en el mundillo) no son, ni de lejos, ni Gosling ni Cooper.
Alfred Hitchcok ya se atrevió, en Psicosis, a cambiar de protagonista con la historia en marcha, dejando al público con el paso cambiado, pero Cianfrance ha querido rizar el rizo y doblar el riesgo, consiguiendo, a mi entender, que cada vez nos interese menos lo que pasa en pantalla, llegando incluso a aburrir, por más que en la conclusión las tres historias se unan y todo quede bien atado, resultando que al final la cosa no va ni de responsabilidad, ni de corrupción ni de niñatos drogatas (que es lo que son los dos retoños, aunque sería necio querer responsabilizar de sus actos a las influencias (o falta de ellas) paternas, sino de venganza, pura y simple. Y tópica.
Apabullados ante el desconcierto de una trama que empieza muy fuerte y se acaba deshinchando alarmantemente, es fácil salir del cine habiendo olvidado el buen hacer de sus actores, la interesante propuesta visual del director (algo cansina en el abuso de la cámara en mano, especialmente nerviosa en el fragmento de Gosling) o el escaso maquillaje que impide que para algunos actores quince años no sean nada.

Demasiada ambición para tan poca recompensa.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

DOLOR Y DINERO (7d10)

Daniel Lugo es un culturista convencido de que con su cuerpo perfecto debe alcanzar metas superiores en la vida que ser monitor en un gimnasio. 
Adrian Doorbal está contento con su vida, pero necesita dinero para pagarse un caro tratamiento que solucione su disfunción eréctil, provocada por el abuso de hormonas. 
Paul Doyle es un ex convicto, ex alcohólico y ex cocainómano que ha encontrada la paz en la religión hasta que en un ataque de ira está a punto de matar a un sacerdote que trata de seducirlo. Tan peculiar trio de personajes no pueden sino protagonizar un desastroso plan para conseguir dinero fácil secuestrando a un acaudalado cliente del gimnasio de origen colombiano y presionarlo para que ponga todas sus propiedades a nombre de estos. Un plan tan simple como estúpido que solo puede resultar en una película simple y estúpida si no fuese por tres detalles: Uno, el trío protagonista. Mark Wahlberg parece en estado de gracia y en su momento más álgido (desde  The Fighter no ha parado de trabajar, triunfó el año pasado con Ted y Contraband y en unos meses estrena 2 guns con Denzel Washington), Dwayne Johnson, que sólo este año ha estrenado la alabada El mensajero, G.I.Joe, la venganza, Empire State y Fast & Furious 6, y Anthony Mackie, secundario de lujo que en breve dará el salto a las superproducciones interpretando a Halcón en Capitán América: Soldado de Invierno y, posiblemente, en Los Vengadores: la Era de Ultrón, acompañados además por Ed Harris (Abyss, La Roca…), Tony Shalhoub (Men in Black 1 y 2, trilogía de Spy Kids) y Rob Corddry (al que vimos hace poco en Memorias de un zombie adolescente), aparte del breve cameo de Ken Jeong. Dos, el director, un Michael Bay en plena forma, que demuestra que hay vida más allá de Transformeres y sus superproducciones habituales, más cercano en esta ocasión a Dos policías rebeldes (con menos explosiones que en aquella). Tres, el detalle nimio poro imprescindible de que todo lo que se ve en la película es completamente real. Tanto es así que incluso llegando al clímax final aparece un rotulo en pantalla insistiendo sobre ello. Y es que la clave de la historia, lo que de verdad hace que todo funcione, es saber que este trío de idiotas (y es que no tienen otra palabra que mejor los defina) existieron realmente e hicieron lo que aquí se explica que hicieron.
A priori, nos encontramos ante una comedia policíaca, aparentemente semejante a las peripecias que por dos veces protagonizaron Will Smith y Martin Lawrence, pero es precisamente el conocimiento de que estos anormales existieron realmente que experimentamos una extraña mezcla entre lástima y desprecio ante los inicialmente timadores. No voy a desvelar ninguna de las torpezas que acometen, baste decir que el timo no sale como es previsto, provocando una secuencia de acontecimientos que culminarán evidentemente de forma desastrosa.
La acción y las risas están aseguradas, desde luego, ya que hablamos de Michael Bay, que cuando no hace basuras como Transformers demuestra ser un buen director, y el ritmo narrativo es impecable, así como su forma de mostrarnos una decadente a la par que ostentosa Miami. Se reconocen, además, sus tics más característicos, para bien o para mal, como el uso de la cámara lenta (siempre colocada en el momento adecuado), o su obsesión por las curvas exuberantes (dicen que para muestra, un botón, y qué mejor botón que Bar Paly, digna sucesora de sus últimas divas: Megan Fox y Rosie Huntington-Whiteley). Se podrían decir, pues, que Dolor y dinero es una demostración de que no siempre se necesitan grandes presupuestos para hacer grandes películas, y que Bay se maneja igual de bien, o incluso mejor, sin necesidad de juegos de pirotecnia ni grandes (y confusas) secuencias de acción trepidantes. Aquí hay puñetazos, desde luego, y tiros y violencia, pero lo verdaderamente importante son los personajes, consiguiendo entender gracias a ellos como cualquier imbécil puede sembrar el caos y acabar convertido en un asesino. Y esa es la gran virtud de la película, por encima de su intriga y su humor, la triste aceptación de la realidad, de cómo se pueden hundir varias vidas (la de los protagonistas y la de los que están a su alrededor) con asombrosa facilidad. Y es que tan reales son estos personajes que lo que les mueve (en la dirección equivocada, desde luego) no es un retorcido o ambicioso plan conspiratorio, ni fracasan por culpa de un error inesperado o con fallo de cálculo, ni tampoco están condenados por un pasado tortuoso de abusos. No, lo que mueve a estos tres tipos son simplemente una serie de malas decisiones, una inteligencia escasa y una tremenda ingenuidad. Como en la vida real. Y por eso no voy a cansarme de loar a los actores, en especial Wahlberg y Johnson, brillantes, creíbles e insufribles, capaces de reírse de sí mismos y ofrecernos posiblemente su mejor interpretación, más cuando estamos acostumbrados a verlos como tipos duros con solución para todo.
Dolor y dinero es por momentos desquiciante y divertida, pero si nos detenemos unos instantes a reflexionarla descubriremos que, lo que en verdad inspira, es lástima. Lástima ante unos tipos que, lejos de ser únicos, son un ejemplo más de los muchos desgraciados que pululan por la vida esperando torpemente su oportunidad y que protagonizan un capítulo más de la crónica negra de América que, salvo escasas excepciones, jamás serán recordados, retorciendo amargamente el concepto del sueño americano.
Y como despedida, un aplauso especial para el guionista, capaz de hacer creíble esta historia para la que las más de dos horas de metraje pasan volando gracias, entre otras cosas, a sus brillantes diálogos, que dejaran frases para la historia. “Sé lo que hago, he visto muchas películas”. “”Me llamo Daniel Lugo, y creo en el fitness”. “¿Sabes quién inventó la ensalada? Los pobres”. Y así muchas más.

Eso sí, cuando llegamos al final de la proyección y descubrimos el destino de los protas, quizá debamos meditar también sobre nosotros mismos y cómo hemos sido capaces de reírnos de sus desventuras. ¿Es, en verdad, una historia digna de risa?

martes, 3 de septiembre de 2013

JUERGA HASTA EL FIN (5d10)

Me he quejado muchas veces de la falta de originalidad el en cine actual. El caso que nos ocupa pretende ser una rara excepción a la regla, pues al ya manido tema del Fin del Mundo (ya sea un apocalipsis nuclear, una invasión zombie o el Juicio final bíblico) se le da el punto de originalidad de enfocarlo en medio de una juerga desenfrenada, convirtiendo así el posible drama en una comedia loca. Original, sí, pero no tanto, ya que en apenas unos meses llegará a nuestras pantallas (está previsto su estreno en el cercano festival de Sitges) Bienvenidos al Fin del Mundo, con la que Edgar Wright cerrará su trilogía denominada The Blood and Ice Cream Trilogy (que comenzó con Zombies Party y continuó con Arma Fatal) y que bebe de la misma fuente, un grupo de descerebrados a los que el fin del mundo pilla de cachondeo (en su caso en una competición de bebedores de cerveza).
Mientras esperamos a su estreno para las odiosas comparaciones, Juerga hasta el fin insiste en querer ser original con la ausencia de personajes. No, no me refiero a que no veamos a nadie en pantalla, ni mucho menos, sino a que está pensada como si de un reallity se tratara, siendo los protagonistas de la epopeya los actores reales. Así, son James Franco, Seth Rogen y compañía los que sufren el final de la humanidad en sus propias carnes, encerrados en casa del Duende Verde de Raimi, como si de un Gran Hermano apocalíptico se tratase, con confesiones a cámara incluidas. Y aquí es donde se esconde la (casi) única gracia del film, en la aparición de diversas estrellas interpretándose a sí mismas demostrando que aparte de gustarles el dinero también tienen el suficiente sentido del humor como parodiarse a sí mismos. Así podemos ver deambular por pantalla a Rhianna, Emma Watson, Christopher Mintz-Plasse, Chaning Tatum o Michael Cera, el cual parece tan insoportable en persona como sus personajes y verle morir horriblemente puede ser ya justificación suficiente para pagar el precio de la entrada. El problema es que se trata de una reunión de amigos, de un colegueo que se lo han pasado pipa haciendo la peli, demostrándolo con infinidad de chistes en algunos de los cuales el espectador no acaba de sentirse partícipe, ya que no se siente como un invitado más, por más que la presencia de Jay Baruchel, que se pasa media peli sin encajar en ese ambiente hollywoodiense, pretenda ser un nexo de identificación. Pero ni son todos los que están ni están todos los que son, y mal acostumbrados como estamos últimamente a ver a grandes estrellas trabajando juntas para gozo y disfrute de sus admiradores (ahí están títulos como las sagas Ocean’s, Los Mercenarios o Fast & Furious), aquí uno echa de menos que no hayan tirado más de talonario y hayan unido al pretendido despiporre apocalíptico a gente como Adam Sandler, Ben Stiller, Jack Black o Jim Carrey, que sin duda no habrían subido mucho la calidad interpretativa pero habrían aumentado la sensación de cachondeo. Porque quizá no sea necesario conocer a todos los actores que protagonizan el film, pero el hecho de que ellos se empeñen todo el metraje en decir lo famosos y ricos que son hace que uno se sienta un poco descolocado, pues si no se es muy aficionado a las películas de cacapedoculopis, uno se pregunta quién demonios es el tal Craig Robinson, Danny McBride (ese tipo odioso cuya cara te suena pero ni sabes de qué ni te importa demasiado) o el propio Baruchel.
La trama es bien sencilla: Baruchel es arrastrado a su pesar a una fiesta de inauguración de la nueva casa de James Franco (donde hay otras celebridades como el nominado al Oscar Jonah Hill) donde les sorprende el fin del mundo y ven morir a la mayoría de los invitados. Los supervivientes deberán buscar la manera de sobrevivir todo lo posible sin apenas comida, agua y, sobre todo, sin matarse unos a otros. Lo malo es que quitando las escenas apocalípticas (derroche de efectos especiales muy por encima de lo habitual en este tipo de películas pero ridículos en comparación a cualquier blockbuster veraniego) todo se reduce a los clásicos chascarrillos de siempre, chistes gays, conversaciones sobre masturbaciones, penes gigantes y, sobre todo, mucha droga. Se desaprovecha la oportunidad de ser más hiriente con respecto a sus propias carreras (los guiños cinéfilos son tan constantes como pobres) y quedarse en la superficialidad de los tópicos, como si Emma Watson no hubiese hecho nada más que Harry Potter (claro que el público al que va destinado esta película posiblemente no haya oído hablar en su vida de buenas películas como Mi semana con Marilyn o Las ventajas de ser un marginado), o si la obra maestra de James Franco fuese Superfumados (el momento en que ruedan una secuela de esa peli es un claro ejemplo de cómo desaprovechar una oportunidad de hacer algo divertido). Es precisamente Franco quien más representa las intenciones de Seth Rogen (codirector y coguionista), ya que pese a las inevitables referencias a 127 horas y Spiderman, la sensación final es que el actor californiano se siente más orgulloso de sus comedietas descerebradas que de sus proyectos más serios o ambiciosos (solo Hill parece evitar el encasillamiento, pues se presume varias veces de su participación en Moneyball, nominación al Oscar incluida), siendo esta una buena metáfora de por dónde van los tiros de Juerga hasta el fin.
Y es que si Los amos del barrio (aquella otra tontería que reunía a un grupo de amiguetes de Ben Stiller enfrentándose a una invasión alienígena) quería ser una comedia de acción tan ambiciosa como fallida, en Juerga hasta el fin uno tiene constantemente la sensación de que se ha perdido la oportunidad de hacer algo más brillante, de que hay mucha mala baba desaprovechada y de que el chiste bueno tiene que ser el siguiente, aunque al final termina la película sin que llegue.
Y no puedo concluir mi comentario sin plantear una reflexión acerca de cómo una película donde se eleva a los altares todo lo inmoral e indecente, queriendo mostrar (sin criticar, eso sí), la decadencia de Hollywood, nido de víboras y drogadictos, termine convirtiéndose en una reflexión sobre la redención e, incluso, la existencia de Dios y el demonio.

Distraída, pero decepcionante y desaprovechada, seguiremos esperando a la última obra de Edgar Wright. Y compararemos, vaya si compararemos…

lunes, 2 de septiembre de 2013

EPIC (EL REINO SECRETO) (8d10)

Andaba yo preocupado, después de ver las últimas películas de Disney/Pixar, por el mal estado del cine de animación. 
Cierto es que últimamente este tipo de films proliferan como setas, en comparación a hace unos años, cuando estaba cantada la nominación al Oscar a la mejor película de animación porque solo habían tres estrenos importantes al año (¿recuerdan incluso cuando ni siquiera existía esta categoría?), pero que el listón que siempre marcaba Disney/Pixar sea tan bajo…  Afortunadamente llega ahora Epic (el reino secreto), de la que, ciertamente, no esperaba mucho (visto el tráiler ya había comentado anteriormente que se apuntaba a esta moda reciente de mundos imaginarios ultra coloridos), y los trailers que precedían al film no eran tampoco nada halagüeños (Turbo, otra de carreras cambiando los coches o aviones por un caracol y Río 2… ¿Dónde ha ido la imaginación, por Dios?), pero la verdad es que una vez vista (y disfrutada) la película me encontré ante una verdadera muestra de lo que debe ser el cine infantil, que aunque esté basado en las más modernas tecnologías (cada vez son más impresionantes esos paisajes digitales y el mimo y cuidado puesto en los detalles más pequeños) tiene un aroma clásico que se echaba muy de menos. Si hace unos meses llegaba la otra gran película de animación del año, Gru, mi villano favorito 2, que pura diversión con toques de aventura, Epic (el reino secreto) es justo lo contrario, pura aventura con toques de diversión.
No voy a descubrir el oro y el moro con la historia, que no derrocha imaginación y tiene cientos de referentes, desde Los Diminutos, El increíble hombre menguante o el propio Microverso de Marvel en su concepción hasta pasar por Star Wars (esa épica lucha de espadas) o los dramas Shakesperianos en su desarrollo. Pero claro, no olvidemos que el destinatario de la obra son los niños, a los que esas referencias les traen sin cuidado y lo único que quieren es disfrutar de más de hora y media de aventura y fantasía. Y desde luego que lo consiguen.
Epic (el reino secreto) narra la lucha del bien contra el mal que se produce en un mundo diminuto, entre seres que apenas podemos percibir (no solo por su tamaño sino también por moverse a una velocidad diferente a la nuestra) excepto mediante ligeros detalles. Pájaros persiguiendo a un insecto, hojas cayendo de un árbol… son en realidad pequeñas batallas de esa guerra que, en caso de vencer el mal, puede alterar el equilibrio de la propia naturaleza. En esas se verá inmensa MK, hija de un científico chiflado con el que tiene que irse a vivir tras la muerte de su madre y que se verá arrastrada a ese mágico, maravilloso y letal reino para cuya supervivencia será clave, al más puro estilo de las heroínas Disney de antaño.
Epic (el reino secreto) tiene pues todos los ingredientes necesarios para triunfar: una animación mucho más cuidada que las anteriores películas de Blue Sky, unos personajes carismáticos, una historia con mensaje y, ¿cómo no?, ligeros atisbos de un posible romance. Pero su mayor acierto no es solo proporcionar un buen rato de entretenimiento y diversión (las escenas de acción se suceden sabiamente alternadas con toques de humor, representado sobre todo en el dúo cómico que forman una babosa y un caracol), sino que pese a la sencillez del planteamiento no pretende tomar al niño como idiota y, sin profundizar demasiado en ello (tampoco hay que traumatizarlos) sabe incorporar elementos de reflexión, como el amor por la naturaleza, la confianza en la figura paternal y el valor de la amistad (y del trabajo en equipo), atreviéndose además a acariciar temas como el duelo por la muerte de un padre o una madre (temas ya existentes en clásicos como Bambi, El Rey León o Buscando a Nemo, pero que aquí no son simplemente un punto dramático álgido sino que acontecen antes de arrancar la acción pero su recuerdo perdura toda la película) o incluso (un tema poco habitual en estas películas) el divorcio.
Pero no nos pongamos trascendentales. Epic (el reino secreto) es principalmente acción y épica, con una protagonista, MK que hará que todas las niñas la admiren y quieran ser como ella, mientras que los niños soñarán con tener espadas como la de Nod y aprender a “cabalgar” en pájaro, luchando junto a los Hombres Hoja contra los malvados  Boggans. Y alrededor de ellos dos una serie de personajes secundarios de gran acierto, como los ya comentados Mub y Grub (Caracol y Babosa), Ronin (amigo y mentor de Nod), Mandrake (el gran villano) o la Reina tara, en su versión original cuentan además con las voces de, entre otros, Amanda Seyfried, Colin Farrell, Christoph Waltz o Beyoncé Knowles.

¡Ah, y por cierto! Sí, tal y como anunciaba el tráiler, todo esto ocurre en un mundo multicolor y derrochando imaginación y fantasía. Y si lo redondeamos con música del siempre superlativo Danny Elfman, mucho mejor.