jueves, 18 de febrero de 2016

LLEGAN LOS OSCARS

Mientras esperamos que en España se estrene la película de la que todo el mundo está hablando (y que nadie daba un duro por ella hace apenas un par de meses) sobre el Mercenario Bocazas y la última locura de los hermanos Coen, es momento de ir cerrando las últimas apuestas de cara a los Oscars que se entregan el próximo fin de semana.
Aunque desde el Panda Cinéfilo estaremos encantados de recibir vuestras apuestas, ya sabéis que en este blog no es habitual promover ningún juego entre los lectores para ver quien acierta más estatuillas doradas. Sin embargo, por si queréis jugar en casa, como se suele decir, vamos a tratar de daros unas pinceladas de por dónde pueden ir los tiros, teniendo en cuenta que títulos como La habitación o Brooklyn no se han estrenado aún en nuestro país.
A priori, hay un claro favorito, que no es otro que El Renacido. Parece que nadie puede hacer sombra a esta epopeya de venganza y supervivencia que va a conseguir por fin el preciado reconocimiento para Leonardo DiCaprio. Pero, por si alguien quiere apostar en contra del favorito, vamos a echar un vistazo a como han ido las ceremonias de premios hasta ahora.
Como ya informamos, en los Globos de Oro El renacido se llevó a casa el título de mejor película dramática y actor dramático, siendo Brie Larson la mejor actriz en este campo. En comedia Mat Dammon y Marte se llevaron los respectivos honores en actor y película, mientras que Jennifer Lawrence hacía lo propio como actriz. El mejor director (aquí no hay distinciones de género) fue, sin embargo, para Iñárritu.
Hace unos días se entregaron los Bafta británicos, y allí se empezaron a confirmar las sospechas. El renacido se llevaba el gato al agua en las categorías de película, director y actor, y Brie Larson repetía como protagonista femenina. En tema de secundarios ambos certámenes coincidieron en coronar a Kate Winslet por Steve Jobs, pero mientras los Globos se rendían ante el “renacer” de Stallone, en este lado del charco se admiró más el trabajo de Mark Rylance por El puente de los espías.
Vayamos por los guiones. Los Globos de oro no distinguen entre si es original o adaptado y se lo concedieron a Aaron Sorkin por Steve Jobs, pero en los Baftas se declinaron mejor por Spotlight (original) y La gran apuesta (adaptado).
¿Lo tenéis más claro? Busquemos un poco más con los gremios de sindicatos.
El SAG (sindicato de actores) no duda: DiCaprio y Larson los mejores, aunque reconoce también el trabajo coral del reparto de Spotlight. En los secundarios, sin embargo, hay sorpresas: optan por Idris Elba (este ni siquiera está nominado al Oscar) y Alicia Vikander.
El WGA, del gremio de guionistas, no arriesgó, y dio como claros vencedores a La Gran Apuesta como guion adaptado y Spotlight como original. Ya tenemos dos favoritos sin duda.
El DGA (sindicato de realizadores) tampoco arriesgó: Iñárritu es el mejor. Hay que tener en cuenta que en 60 de las 67 ediciones anteriores el ganador del DGA es también el ganador del Oscar. Claro que solo hay siete directores en toda la historia que han ganado dos Oscars (el “odioso ocho” es Spielberg, que ya tiene tres), y en caso de conseguirlo Iñárritu serían dos consecutivos. ¿Lo creéis posible?
La sorpresa llega con el PGA. El sindicato de productores rompe la baraja y elige como mejor película del año a La gran apuesta. Y si seguimos con estadísticas, en los últimos ocho años la favorita del PGA se ha llevado también el Oscar. ¿Hace esto que se rompan los pronósticos?
Lo que parece claro es que en el apartado musical nadie va a toser a Morricone por su banda sonora para Tarantino y que la mejor (ejem, ejem) canción será la de Spectre; Del Revés va a ser la mejor película de animación y la húngara El hijo de Saúl la mejor película de habla no inglesa.
Con todos estos datos ya podéis hacer vuestras elucubraciones. Insisto que lo más probable es que El Renacido arrase con las tres categorías principales y punto, pero yo fantaseo con unos Oscars muy repartidos y me arriesgo a proponer lo siguiente:
Mejor película: Spotlight.
Mejor director: George Miller.
Mejor actor: Leonardo DiCaprio
Mejor actriz: Brie Larson.
Mejor actor secundario: Mark Rylance.
Mejor actriz secundaria: Kate Winslet.
De ser así significaría que en las seis categorías principales tendríamos seis películas diferentes. ¿Me he vuelto loco? Desde luego.
Como sea, una cosa sí es segura: en ocho días saldremos de dudas. Y aquí tendréis la más reciente información. Felices sueños.

domingo, 14 de febrero de 2016

LA VERDAD DUELE: la salud contra el dinero.

Cada vez que se estrena una película de estas características, no puedo evitar pensar: “Will Smith, tú antes molabas…” ¿Dónde se ha quedado el divertido y descarado protagonista de El príncipe de Bel Air, Dos policías rebeldes, Hombres de negro o Independence Day?
No sé si fue tras su paso a la cienciología (de ser así, su amigo Tom Cruise se lo sabe montar mucho mejor) o por creerse mejor actor de lo que realmente es, pero últimamente el actor de Philadelphia parece haberse empeñado en protagonizar dramas de corte lacrimógeno como aquella aburrida En busca de la felicidad (cuya moraleja final era que el secreto de la felicidad radica en conducir un Ferrari), Siete almas (esa ya ni la vi) o convertir en un tostón cargado de autocompasión la fabulosa novela de Richard Matheson Soy leyenda (y “cosas” como After Earth me las dejo en el tintero). Esperemos que con su participación en la coral Suicide Squad y su retorno a Dos policías rebeldes (ya que declinó aparecer en la secuela de Independence Day) la cosa se anime un poco.
El caso es que viendo el tráiler y el argumento de La verdad duele no me cabía la menos duda de que Smith seguía por el mismo camino de la lágrima fácil y el melodrama de corte televisivo. Sin embargo, sin llegar a ser una obra maestra ni de merecer los premios o siquiera nominaciones que está recibiendo, la película es un interesante retrato de unos hechos reales que sacudieron el mundo del futbol americano hace ya unos años.
Smith interpreta al doctor nigeriano Bennet Omalu que, tras realizar la autopsia de una leyenda del deporte que aparentemente enloqueció en sus últimos días, descubre una nueva enfermedad que denomina ETC consecuencia de los múltiples golpes que un jugador profesional recibe en la cabeza a lo largo de todos sus años como deportista. Con el apoyo de su mujer Prema (Gugu Mbatha-Raw), su jefe el doctor Cynil Wecht (Albert Brooks) y el medico vinculado al deporte Julian Bailes (Alec Baldwin), Omalu debe enfrentarse a todos los estamentos de la NFL, que preocupados por ver peligrada su popularidad convierten la campaña del forense en una guerra contra el futbol.
Esta es, como se suele decir, una historia que debe ser contada, algo parecido a lo que podíamos decir de películas como Spotlight, La chica danesa o Sufragistas, títulos muy diferentes entre sí en cuanto a argumento como calidad.
Filmada con buen tino por Peter Landesman, en su segunda película tras Parkland, se le puede echar en cara un cierto tufillo a patriotismo que igual no viene demasiado a cuento, con un discurso por parte del inmigrante nigeriano sobre las excelencias del país de la Libertad que deslucen el resultado final y rechinan en medio de un supuesto film de denuncia como si Landesman temiese ofender al pueblo americano tal y como le sucede a su protagonista.
Con un reparto muy solvente y una historia interesante, la película describe bien los hechos sucedidos, más centrados, eso sí, en la figura del propio Omalu que en la lucha entre el mundo científico y los intereses económicos de la NFL.
Lástima que, por graves que fuesen los hechos y por mucho que se anuncien consecuencias, al final la vida avanza menos que la ficción y las cosas no cambian tan fácilmente. Por mucho que en la película teman una crisis en el mundo del futbol, los que vieran la semana pasada la final de la Super Bowl y las cifras que se manejaron se darán cuenta de que mucho daño lo les hizo os descubrimientos de Omalu. Como la investigación de Spotlight no evitaron lo sucedido con los Maristas.

Valoración: 6 sobre 10.

ZOOLANDER 2: festival del absurdo.

Ya desde su debut como director con Reality bites (Bocados de realidad) Ben Stiller demostró que era algo más que un simple actor de comedia de brocha gorda, habiendo sabido siempre alternar todo tipo de comedias ligeras como actor (desde grotescas como Algo pasa con Mary, convencionales como la saga Los padres de ella o incluso de corte infantil como Noche en el museo) con apuestas algo más inteligentes como director.
Fue precisamente con Zoolander que el gran público lo descubrió, convenciendo con aquella alocada comedia donde aprovechaba para burlarse cruelmente del mundillo de la moda y los estereotipos de diseño y creando a un personaje estúpido pero entrañable que estaba claro que tarde o temprano tendría que regresar a las pantallas). Tras la brillante Tropic Thunder y la más reflexiva (aunque algo fallida) La vida secreta de Walter Mitty, Stiller ha recuperado por fin a su personaje más celebrado, este Derek Zoolander de nuevo acompañado por el Hansel al que da vida Owen Wilson y a los que se une en esta ocasión nuestra Penélope Cruz interpretando a una exmodelo de bañadores y actual agente de la Interpol.
Zoolander 2 sigue los pasos marcados por su predecesora y actualiza su sátira a los tiempos actuales (han pasado quince años entre ellas) con unos Zoolander y Hensel tan rematadamente idiotas como antaño pero atrapados ahora en un mundo que no comprenden y que se ha modernizado sin contar con ellos.
Stiller, que es coautor del guion, recupera momentos de máxima gloria para su personaje, convertido en un inepto agente secreto que bien podría compartir pantalla con Johhny English o el propio Torrente y consigue crear algún que otro gag memorable, como la muerte de Justin Beaver que abre el film (y que demuestra que el cantante tiene sentido del humor) pero que por lo general se pierde en un exceso de “frikadas” que no encajan con la habilidad que lo hacían en la peli del 2001.
Todo en Zoolandes 2 es completamente absurdo, descomunalmente ridículo y caricaturesco. Y así, claro, es imposible no encontrar muchos momentos para la carcajada. Sin embargo, tanto cameo (alguno demasiado impuesto) y surrealismo (el personaje de Kristen Wiig me saca por completo de la trama) terminan por lastrar una película que no supera en ningún momento a la primera y que podría situarse entre lo más flojo de la trayectoria de Stiller como realizador.
Sin que ello signifique, desde luego, que sea un buen divertimento y un buena ocasión de pasar un buen rato sin más.

Valoración: 6 sobre 10.

MEJOR... SOLTERAS: una tontería mayúscula

Mejor… solteras, la nueva película de Christian Ditter, director que dio el salto al cine “de mayores” con la desapercibida Los imprevistos del amor después de triunfar en el terreno infantil con Los Cocodrilos o Vicky el vikingo y el martillo de Thor, género en el que se podría haber quedado.
La película es una pretensiosa comedia romántica que se supone va a ilustrarnos sobre cómo son las mujeres de hoy en día, lo que piensan, lo que quieren y lo que sienten, y cuyo único mérito es saber distanciarse en última instancia del esquema predefinido del género, al menos en lo que a la protagonista se refiere, sin que por ello logre dignificar lo suficiente la película.
Concebida como un homenaje a la promiscuidad, el alcohol y la irresponsabilidad, Mejor… solteras cuenta la historia de cuatro chicas de Nueva York en busca del amor definitivo. Con Dakota Johnson como motor principal de la acción (y la chica cae bien, pero no ha demostrado todavía, en su breve carrera, gran variedad de registros) acompañada por su hermana en ficción, Leslie Mann, su mejor (y reciente) amiga a la que pone rostro y curvas Rebel Wilson y una cuarta protagonista totalmente desligada de este grupito y que conforma una historia un poco discordante al no tener más conexión que el ser clienta habitual del mismo bar (y compartir amante con alguna otra protagonista, ¿he mencionado ya que esto es una oda a la promiscuidad?).
No se puede poner ningún pero a la elección de las actrices, ya que todas ellas están perfectas en su papel. Y eso se debe, sobre todo, a que se limitan a hacer lo mismo de siempre. Alison Brie, la cuarta protagonista, podría haber empalmado este rodaje con el de cualquier episodio de Community mientras que Rebel Wilson repite el papel de salida despreocupada de La boda de mi mejor amiga o Dando la nota, teniendo ella, no obstante, los mejores chistes de la función.
Mejor… solteras en una comedia romántica con muy poco de comedia y que tampoco logra ser del todo romántica, tan empeñada en ir a contracorriente que llega incluso a burlarse en una escena de films como El diario de Bridget Jones o Sexo en Nueva York para acabar pareciéndose demasiado a lo peor de ese tipo de películas (escena navideña incluida). Y que en un argumento tan pretendidamente femenino y feminista lo más interesante sea el personaje del camarero que encarna Anders Braun ya avisa de por dónde van los tiros.
En resumen, película fallida donde lo peor es la sensación de que el director se cree más listo que el espectador y pretende ilustrarlo con una memez bastante sosa y en la que cuesta llegar a empatizar (o que simplemente te caiga bien) cualquiera de los personajes “perdidos” que pululan por ahí.
Claro que tampoco es que haya sido una sorpresa, si les soy sincero.

Valoración: 4 sobre 10.

ZOOTRÓPOLIS: Un policíaco para todas las edades.

Apenas comenzar el año ha llegado ya el primer gran estreno de Disney, y aun siendo una fecha tan atípica para una producción infantil lo cierto es que es un título muy a tener en cuenta, quizá no del valor intelectual para competir con Del Revés pero sí muy por encima de simples divertimentos como El viaje de Arlo o la muy esperada (aunque no por mi) secuela de Buscando a Nemo.
Zootrópolis podría parecer, a simple vista, una película muy infantil, de esas que se basan en la simpatía de unos animales que hablan e interactúan entre ellos con un argumento simplista que poder decorar con chistes y situaciones divertidas. Pero no, la película, que puede ser disfrutable para los más pequeños, es mucho más que eso. No es una apuesta excesivamente madura de fuerte trasfondo político (aunque algo hay), pero sí una muy entretenida película de cine negro con múltiples homenajes al género que difícilmente podrán entender los más pequeños. Analizando a fondo la historia de una policía novata que se topa con un caso más grande de lo que puede digerir nos encontramos con momentos de fuerte violencia, situaciones que rozan el terror e incluso una escena erótica nada sutil. Es esta una película, en fin, cuyo guion imaginado en una película de acción real sería frenético y, aunque algo tópico, muy efectivo.
Es de agradecer, pues, que Disney haya concebido una película de animales parlantes orientada más bien a un público juvenil que infantil, donde el típico caso de compañeros que no se soportan pero deben ayudarse mutuamente riza el rizo al estar compuestos por una conejita (que no del playboy, ojo) y un zorro.
Eso sí, el hecho de que la película esté plagada de referencias al cine de acción policiaco, con sus persecuciones, sus chascarrillos, sus mafiosos y soplones y su corrupción en las altas esferas, no impide que  haya algo de reflexión oculta tras las formas. Y es que con la excusa de los simpáticos animalillos, Zootrópolis habla sobre la discriminación, sobre la desconfianza que se siente hacia los que son diferentes, sobre el miedo que provocan los estereotipos… Todo ello camuflado en una película muy entretenida, más emocionante que divertida donde la acción supera de lejos los chistes y donde se repite una de las máximas de Disney, que el pequeño puede llegar a ser grande a base de perseverancia y convicción.
Y todo ello, por supuesto, con una factura técnica magnífica, algo que quizá empieza a pasar desapercibido cuando hablamos de un producto Disney pero que merece la pena destacar, ya que la recreación visual de esta Zootrópolis es sencillamente magistral.
Y encima, “sale” Shakira. ¿Qué más se puede pedir?

Valoración: 8 sobre 10.

domingo, 7 de febrero de 2016

PREMIOS GOYA 2016: Truman triunfa por encima del tedio

En plena temporada de premios, con la resaca de los Globos de oro y a las puertas de los Oscars, los Goyas españoles son los que cobran protagonismo entre tanto festival y entrega de premios (son tantos que resultan imposibles de mencionar aquí).
Pero antes de empezar a divagar como un presentador de los Goya cualquiera, vamos al asunto. Ayer mismo se celebró la que se supone es la gran fiesta del cine español y, en una época en que la calidad de las películas y los reconocimientos en taquilla demuestran que nuestra filmografía está más saludable que nunca, no puedo decir lo mismo de su fiesta televisiva. 
De nuevo, una ceremonia alargada, plagada de números musicales insulsos y con un sentido del humor más bien discutible.
Dani Rovira, que repetía como maestro de ceremonias, afirmó que él mismo se había hecho cargo del guion pero o bien su época de genial monologuista ha quedado demasiado castrada por las mieles del éxito de sus Ocho apellidos o la presión de tener que contentar a tanta personalidad le ha resultado abrumadora. 
Cuatro  chistes mal contados funcionaban en toda una gala demasiado pendiente del peloteo propio y ajeno (que acomplejado quedó el exceso de reverencias a Robbins y Binoche). 
Y lo malo no es ya que el humor fuese mejor o peor, que también cuenta el gusto de cada uno, sino lo mal calculado que estaba el ritmo, con momentos surrealistas totalmente deshilachados (ese dueto “narigudo” con Berto Romero) y cansinos paseos entre el público. ¿Y esa obsesión por meter números de magia en la gala?
Luego está el tema musical. La pieza que abría el espectáculo abusaba de clasicismo, pero no habría funcionado mal si el playback no hubiese cantado tanto. Claro que en vista de la calidad de sonido con la que le tocó lidiar al pobre Serrat, casi mejor. Por cierto, ¿qué pintaba Serrat ahí? ¿No habría sido mejor escuchar alguna de las canciones nominadas? 
Pero el colmo del ridículo me pareció encontrarlo en ese supuesto homenaje a Buñuel…
Siempre he admirado a Dani Rovira, pero si no se atreve (o no le dejan) a meter un poco de cuchillo en sus presentaciones, mejor buscar a otro. Cierto que no hay muchos RIcky Gervais por ahí sueltos, pero al menos habría que intentar parecerlo un poco. Porque si solo nos vamos a poder atrever a ironizar con los políticos (y tampoco tanto), apañados vamos.
Una de las novedades de este año era la presencia de Antonio Resines como presidente de la academia. Y su discurso… Bueno, casi dejémoslo estar también. Entre la bufonada y la pataleta (¿a estas alturas vamos a seguir quejándonos dela piratería?) en una oratoria torpe y falta de convicción.
De nuevo, se echaba en falta la labor de un buen guionista. ¿Y dónde estaban los guionistas de verdad?, se pregunta uno. Pues vaya usted a saber, porque a los presentes en la sala ni siquiera les dejaron entrar por la puerta principal ni pasar por el photocall. Y luego se quejarán…
Pero no me olvido que esto va de repartir estatuillas cabezonas entre los cineastas, así que vamos a por ello.
La gran vencedora, como era de esperar, fue Truman. En su duelo particular con La novia parece que los académicos siguiesen esa clásica cancioncilla de que “para la película de Paula Ortiz las nominaciones son suficiente premio”.  
Una lástima, pues las interpretaciones de Inma Cuesta y el riesgo tomado por Ortiz merecían más, pero Truman era, mi me permiten el chiste, un hueso duro de roer. Darín y Cámara se quedaron con los premios masculinos y Natalia de Molina y Luisa Gavasa hicieron los propios con los femeninos.
Y Daniel Guzmán y su chico se convirtieron, gracias a A cambio de nada, en las grandes revelaciones del año (lo siento por Leticia Dolera y Manuel Burque), pero a su abuela le “quitó” el premio Irene Escolar.
Precisamente la protagonista de Un otoño sin Berlín ofreció uno de los momentos emotivos de la gala, que junto a la sincera expresión de sorpresa de Natalia de Molina al oír su nombre como vencedora o la sobria agudeza habitual de Darín fueron lo mejor de una noche larga, aburrida y, por momentos, incomprensiblemente absurda.
¿Quién sabe? Quizá el año que viene deba animarme a ver los Feroz en lugar de estos, a ver si la cosa mejora. Porque otra noche como esta y el sentido del espectáculo va a cambiar por completo para mí.
A continuación, por si alguien prefiere la información a la opinión, incluyo la lista de todos los premiados. El año que viene, más y… ¿mejor?

MEJOR PELÍCULA
A cambio de nada
Nadie quiere la noche
La novia
Truman
Un día perfecto
MEJOR DIRECCIÓN
Paula Ortiz - La novia
Isabel Coixet - Nadie quiere la noche
Cesc Gay - Truman
Fernando León de Aranoa - Un día perfecto
MEJOR ACTOR PROTAGONISTA
Pedro Casablanc - B
Luis Tosar - El desconocido
Asier Etxeandia - La novia
Ricardo Darín - Truman
MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA
Inma Cuesta - La novia
Penélope Cruz - Ma ma
Juliette Binoche - Nadie quiere la noche
Natalia de Molina - Techo y comida
MEJOR ACTOR DE REPARTO
Felipe Garcí Vélez - A cambio de nada
Manolo Solo - B
Javier Cámara - Truman
Tim Robbins - Un día perfecto
MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Evira Mínguez - El desconocido
Marian Álvarez - Felices 140
Nora Navas - Felices 140
Luisa Gavasa - La novia
MEJOR DIRECCIÓN NOVEL
Daniel Guzmán - A cambio de nada
Dani de la Torre - El desconocido
Leticia Dolera - Requisitos para ser una persona normal
Juan Miguel del Castillo - Techo y comida
MEJOR ACTOR REVELACIÓN
Miguel Herranz - A cambio de nada
Fernando Colomo - Isla bonita
Alex García - La novia
Manuel Burque - Requisitos para ser una persona normal
MEJOR ACTRIZ REVELACIÓN
Antonia Guzmán - A cambio de nada
Aria Elías - Amama
Yolanda Ariosa - El rey de la Habana
Irene Escolar - Un otoño sin Berlín
MEJOR GUIÓN ORIGINAL
A cambio de nada
El desconocido
Negociador
Truman
MEJOR GUIÓN ADAPTADO
B
El rey de la Habana
La novia
Un día perfecto
MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN
Atrapa la bandera
Noche de paz
Meñique
Yoko y sus amigos
MEJOR DOCUMENTAL
Chicas nuevas 24 horas
I am your father
Sueños de sal
The Propangada Game
MEJOR PELÍCULA EUROPEA
Camino a la escuela
Leviatán
Macbeth
Mustang
MEJOR PELÍCULA IBEROAMERICANA
El clan
La once
Magallanes
Vestido de novia
MEJOR DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA
El rey de la Habana
La novia
Nadie quiere la noche
Un día perfecto
MEJOR DIRECCIÓN DE PRODUCCIÓN
El desconocido
Nadie quiere la noche
Palmeras en la nieve
Un día perfecto
MEJOR MÚSICA
El teatro del más allá
La novia
Ma ma
Nadie quiere la noche
MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
El país del miedo
Matar el tiempo
Palmeras en la nieve
Techo y comida
MEJOR MONTAJE
El desconocido
Requisitos para ser una persona normal
Truman
Un día perfecto
MEJOR SONIDO
Anacleto, agente secreto
El desconocido
La novia
Mi gran noche
MEJOR DIRECCIÓN ARTÍSTICA
La novia
Mi gran noche
Nadie quiere la noche
Palmeras en la nieve
MEJOR DISEÑO DE VESTUARIO
Mi gran noche
Nadie quiere la noche
Palmeras en la nieve
Un día perfecto
MEJOR MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA
La novia
Ma ma
Nadie quiere la noche
Palmeras en la nieve
MEJORES EFECTOS ESPECIALES
Anacleto, agente secreto
El desconocido
Mi gran noche
Tiempo sin aire
MEJOR CORTOMETRAJE DE FICCIÓN
Cordelias
El corredor
El trueno rojo
Inside the Box
Os meninos do rio
MEJOR CORTOMETRAJE DOCUMENTAL
Hijos de la tierra
Regreso a la Alcarria
Ventanas
Viento de atunes
MEJOR CORTOMETRAJE DE ANIMACIÓN
Alic
Honorio dos minutos de sol
La noche del océano
Víctimas de Guernika
GOYA DE HONOR
Mariano Ozores

EL RENACIDO: gran Leo, decepcionante Iñárritu.

Alejandro González Iñárritu es un realizador irregular pero que con Birdman logró ascender a nuevas cuotas de popularidad tras arrasar en los Oscars y conseguir una de las películas más interesantes del pasado ejercicio, tanto a nivel visual como narrativo, aunque con la ayuda de la portentosa interpretación de Michael Keaton. Por ello, resultaba sumamente esperada su nueva película, apenas un año después de Birdman, y con las mismas aspiraciones de cara a los Oscars.
Sin embargo, la realidad es que El Renacido no es, de lejos, tan buena como Birdman. Este relato de supervivencia, superación personal y, sobre todo, venganza, podría definirse con sus dos grandes cualidades, la magnífica, poderosa y magistral interpretación de Leonardo DiCaprio (que este año sí, el Oscar es suyo) y la fuerza visual que muestra tras las cámaras Iñárritu, con una dirección que, excepto con los planos celestes para los cambios de encuadre, es casi la antítesis del falso plano secuencia de su anterior proyecto. Lástima que el resto de los elementos de la película queden en nada…
La historia es tan sencilla, tan plana, que podría recordar a la clásica historia de venganza propia de Liam Neeson de las que tanto se burlaba Schwarzenegger en El último gran héroe. La película resulta agotadora, angustiante y por momentos incluso repulsiva, con una violencia excesiva que, desprovista del humor de Tarantino, resulta mucho más incómoda que, por ejemplo, la de Los odiosos ocho. Pero lo peor es que, con ese metraje tan extenso, el resultado termina aburriendo ligeramente, siendo al final una sucesión de torturas y desgracias sobre el personaje de Leo que lo pasa peor que Jim Caviezel en La Pasión de Cristo de Mel Gibson. Y esa es otra de las grandes trabas del film, que es tan cruel Iñárritu con su personaje protagonista que resulta casi imposible creer que, por mucha fuerza que le dé el ansia de venganza y muy obsesionado que esté, el cuerpo humano tiene ciertos límites. Y una cosa es que nos pongamos una venda en los ojos y nos dejemos convencer de que Bruce Willis es casi inmortal y aguanta golpes y carretas sin pestañear porque se trata de películas canallas y socarronas, pero la pretensiosa seriedad y el dramatismo que Iñárritu pretende otorgar a su Renacido me impiden aceptar ciertas cosas como si nada, así como muchas de las decisiones de los protagonistas, tan ilógicas como superfluas son las escasas subtramas que rodean el periplo del personaje de Leo.
Además, como si pretendiese emular al Cuaron de Gravity, pero sin su sutileza, Iñárritu introduce un cierto misticismo espiritual que no hace más que ralentizar el ya de por sí duro visionado del film. Lamento haber hecho unas comparaciones tan prosaicas, pero donde Iñárritu pretendía emular a Malick yo sólo podía añorar a McTiernan. Quizá si se hubiese inspirado algo en el Apocalypto de Gibson y menos en su propio ego…
O quizá se trate en verdad de una gran película y soy yo el que no se dejó atrapar por ella, pero me aburrí, ¿qué le voy a hacer? Y tengo la sensación de que se va a llevar un buen chasco en los próximos Oscars. Aunque, insisto, a Leo no se lo quita nadie. 

Valoración: 4 sobre 10.

SPOTLIGHT: el valor de la verdad.

Spotlight es una de las sorpresas del año, una película pequeña, que de no ser por el nivel de su reparto habría caído en los circuitos de corte independiente, pero que se ha colado por méritos propios en la lista de los próximos Oscars, incluyendo las categorías de película, director y dos de sus intérpretes y que ya ha sido comparada con Todos los hombres del presidente.
Basada en los sucesos reales acontecidos en Boston a principios de los noventa, la película detalla como el equipo periodístico conocido como Spotlight destapó un enorme escándalo de corrupción y pedofilia dentro de la Iglesia Católica. La película, dirigida por Tom McCarthy, no se corta lo más mínimo en su denuncia hacia los estamentos eclesiásticos, pero no desea caer en el melodrama fácil escarbando en las miserias de las víctimas de los abusos sexuales que se desvelan y denuncian, sino que se centra sobre todo en el ejercicio periodístico que el equipo vinculado al Boston Globe  realizó. De esta manera, Spotlight es sobre todo una película sobre el mundo del periodismo, mostrando a la perfección su trabajo y glorificando a los profesionales del cuarto poder.
Spotlight carga todas sus tintas contra la Iglesia, que quedó muy retratada por lo que se puso al descubierto en Boston y que supuso un cambio en su estructura interna, consiguiendo que por primera vez se reconocieran los casos de pedofilia, se pidiera perdón por ello y se realizaran merecidas compensaciones para las víctimas. 
Quizá en un vistazo superficial se pueda parecer un poco imparcial el retrato al clero que se realiza (no hay manera de justificar a los abusos, y el porcentaje de un 6% del sacerdocio de Boston me parece aterrador, así como el hecho de que la cúpula tratase de ocultarlo e incluso protegerlo, pero la condena que se hace de todo el clero como metiendo en el mismo saco al 94% restante tampoco es de rigor), pero al final los “malos de la peli” son casi un simple leif motive para que avance la trama, una justificación que no desvía la atención de los focos de los verdaderos protagonistas, los periodistas, y que en caso de haber sido un relato de ficción podría haber resultado igual de fascinante en caso de haberse optado por la corrupción política que hay en la actualidad en nuestro país o los escándalos financieros que denuncian otras películas como La gran apuesta.
Pero como digo, lo importante es la prensa. Y por ello el reparto que compone al equipo Spotlight es impresionante. Liderados por un Michael Keaton que pareció renacer con Birdman y no parece querer desaprovechar esa oportunidad, el resto del equipo lo componen Mark Ruffalo, Rachel McAdams (ambos nominados al Oscar) y Brian d’Arcy James. Además, se cuenta también con la presencia de John Slattery como editor del Globe, Liev Schreiber como nuevo editor jefe e impulsor de la investigación) o Stanley Tucci en el papel de abogado de las víctimas.
Intrépida, emotiva y alejada del sentimentalismo rancio, Spotlight es imprescindible por lo que revela pero más aún por cómo lo revela. Y sobre todo por las brillantes interpretaciones que nos regalan sus actores.

Valoración: 8 sobre 10.

PESADILLAS: Divertimento familiar con aroma clásico.

Pesadillas (Goosebumps) fue una exitosa colección de libros de terror juveniles escritos por Robert Lawrence Stine que cobraron gran popularidad en la década de los noventa alrededor del mundo y que dio origen a una serie televisiva.
Ahora, cuando las nuevas generaciones posiblemente sientan muy lejanos los horrores propuestos por Stine en favor de una literatura más épica y utópica como las sagas de Los Juegos del hambre y compañía, el director Rob Letterman ha decidido devolvernos a ese universo tan escabroso y divertido que bien podría definirse (como en la misma película bromean sobre ello) como el de un Stephen King para adolescentes.
Pesadillas no se basa, sin embargo, en ninguna obra concreta de Stine, sino que más bien las aúna a todas a la vez, fantaseando con la idea de que el propio autor es capaz de convertir en realidad sus perversas creaciones y por ello debe vivir alejado de la sociedad, con su hija como única compañía, protegiendo los manuscritos originales donde están encerradas las criaturas.
Con el rostro de un comedido Jack Black (que ya coincidió con Letterman en Los viajes de Gulliver), Stine no es el gran protagonista del film sino que, como si en una película de los propios noventa se tratase, son unos jóvenes metomentodos los que marcarán el ritmo de la acción, en concreto el nuevo vecino, al que da vida Dylan Minnette (visto recientemente en Prisioneros e hijo de San Shepard en Perdidos), su recién conocido amigo, con el carismático rostro de Ryan Lee (que ya participó en otra película de estilo “retro” como Super8) y la propia hija, Odeya Rush.
Efectivamente, como sucediera en la mencionada Super8, Pesadillas recuerda poderosamente al cine de aventuras juveniles de la añorada década de los ochenta y los noventa, y recursos de E.T., Los Goonies, Karate Kid, Jumanji, Gremlins… Todo ello bien agitado en una coctelera que, como riéndose de los cacareados “universos compartidos” como el de monstruos que intenta crear la Universal, aúna en un solo film a un muñeco de ventrílocuo megalómano, un niño invisible, un hombre lobo, extraterrestres invasores, zombies, el Yeti, etc.
Con una brillante banda sonora de Danny Elfman y unos elaborados efectos especiales (una buena combinación entre CGI y animatronics tradicionales), la película no aspira a nada más que entretener y pasar un buen rato, y desde luego que lo consigue.
Simpática, divertida y nada aburrida, Pesadillas es una buena propuesta de terror familiar disfrutable sin demasiadas pretensiones.

Valoración: 6 sobre 10.

CREED, LA LEYENDA DE ROCKY: Retorno a los orígenes.

Cuando en 1976 se estrenó la película Rocky Sylvester Stallone entró en el panteón de la fama con este personaje, que él mismo había creado, y que se convertiría, junto a Rambo, en un icono que a la postre terminaría por marcar su carrera.
La película se convirtió en un enorme éxito, un duro drama deportivo que ganaría tres Oscars (incluyendo mejor director y película) y otorgaría dos nominaciones al por entonces desconocido Stallone, tanto para su trabajo como actor como por la de guionista.
Con varias secuelas cada vez más flojas que el propio Stallone se encargaría de dirigir (con la única excepción de Rocky 5, para la que recurrieron al mismo director de la primera con el estéril deseo de recuperar el espíritu perdido), Rocky Balboa, la sexta entrega de la agónica saga, debía ser el cierre definitivo en la historia del púgil más famoso de la historia del cine (con permiso del Jake LaMotta de Toro Salvaje, como los propios De Niro y Stallone se encargarían de recordar en La gran revancha). Ha sido, sin embargo, un desconocido como Ryan Coogler, quien se sacase de la manga un guion que, tras mucho insistir, logró convencer a Stallone para ponerse de nuevo los guantes (figuradamente hablando) y repetir personaje por séptima vez. Esta vez, sin embargo, no iba a ejercer el papel protagonista, sino dar el relevo a una nueva generación, representada en el rostro de Michael B. Jordan, que con su interpretación demuestra (y van…) lo mal dirigidos que estaban todos los protagonistas de Los Cuatro Fantásticos.
Creed no es, como pueda parecer por el título español, una película de Rocky. Siendo honestos, ya puestos a subtitular, deberían haberla llamado La leyenda de Apollo, ya que es el Creed del título el vástago perdido del legendario boxeador al que inmortalizara Carl Weathers en las cuatro primeras películas de la saga). Coogler, que tras el éxito de público y crítica de esta película ya ha pasado al primer plano de la escena y acaba de firmar por Marvel para dirigir Black Panther, ha sabido recuperar el espíritu de la primera entrega, recuperando la Philadelphia más callejera, el boxeo de gimnasios cutres y las ambiciones personales más profundas que la simple fama y dinero.
No nos volvamos tampoco locos. Creed no inventa nada, y la historia que cuenta es la misma que nos han contado mil veces, ya sea en películas de este género (algo hay que recuerda a Million Dollar Baby) como de cualquier otro (alguien dijo que las películas de boxeo eran los westerns del cine deportivo). Sin embargo, el buen trabajo de Coogler tras las cámaras posibilita que disfrutemos de este resurgir del mito de Balboa, aunque esta vez sea desde fuera del ring. La película en general está muy bien filmada, pero las escenas de lucha, en concreto el combate final, son ciertamente prodigiosas. Puede que el único punto débil del film sea la innecesaria historia romántica, que lastra algo la narración. Posiblemente, la relación paterno filial que se crea entre Rocky y Adonis Creed sea más que suficiente para profundizar en las relaciones personales, pero en fin, eso es sólo mi opinión.
Interpretativamente, Jordan está a la altura de las circunstancias, postulándose como heredero del “potro italiano”. Stallone, por su parte, se siente cómodo en un papel que ha envejecido a su mismo ritmo, cerrando el círculo que se inició en el 76 al volver a ser nominado al Oscar, esta vez como secundario. No creo que merezca ganarlo (y es que Mark  Rylance está soberbio en El puente de los espías), pero sí me parece justa su nominación, reconocimiento para toda una amplia carrera en el cine de acción y para un personaje que se ha convertido en leyenda del celuloide.
Ahora solo queda esperar a ver si son capaces de dejar definitivamente atrás la sombra de Rocky y centrarse en el joven Creed. Si es así, habrá nueva saga para rato.

Valoración: 7 sobre 10.

EMBARAZADOS: tediosa moralina maternal.

Embarazados es una película que parte con una premisa completamente falta de originalidad pero que bien desarrollada podía tener su interés. Cuenta la típica relación entre una pareja que, cercana a la cuarentena, se plantea la posibilidad de aventurarse en la paternidad. Y, como he hablado de típica relación, es previsible que ella sea la que ansía desesperadamente ser padre y él quien prefiere hacerse el loco antes de aceptar tan magna responsabilidad.
Dejando de lado lo manido del tema, el principal problema de Embarazados es que Juana Macías, su directora (que también participa en el guion) decide apostar por el género de la comedia romántica, debiendo acatar por ello ciertas premisas innegociables, algunas de ellas, como su final, que actúan de lastre para el resultado del film.
Es curioso como han hecho falta más de cinco años para que Macías consiguiese completar su película y hasta cinco personas diferentes son acreditadas en su argumento. Y ni toda esta gente ni todo este tiempo han servido para conseguir una historia sostenible y que tenga un mínimo sentido del humor. Casi parece como si Macías confiara que la mera presencia de Alexandra Jiménez y Pedro León  en el rol protagonista fuese suficiente para asegurar las carcajadas.
Sin embargo, por más que Jiménez sea de lo poco aprovechable de la película, no contar con un personaje interesante ni con unas buenas líneas de diálogo impide que la humorista esté a su nivel habitual, mientras que León no parece haberse beneficiado demasiado en su pretensión de componer a un protagonista más “formal” de lo habitual.
Embarazados en una película plana, que pierde la posibilidad de emocionar al renunciar a sus posibilidades más dolorosas que el conflicto sobre la paternidad puede causar en la pareja pero que tampoco contiene ningún chiste digno de ser recordado. Situaciones absurdas, personajes desaprovechados y reacciones poco creíbles de los protagonistas definen una película sosa, carente de chispa y que por más que pretende imitar la clásica comedia romántica americana en lo único que lo consigue (y tampoco demasiado bien) es en el uso de las canciones que refuerzan las escenas.
No voy a decir que esperase demasiado de este título, pero la participación de sus dos protagonistas y la presencia de Karra Elejalde invitaba a pensar en la posibilidad de pasar un rato divertido, pero el resultado final es aburrido y totalmente decepcionante. Posiblemente uno de los estrenos mediáticos más flojos del año en cuanto a producción española se refiere. Y eso que solo estamos a enero…

Valoración: 3 sobre 10.