domingo, 10 de julio de 2016

ESPERANDO AL REY: Con el rumbo algo perdido.

Esperando al rey es la nueva película como director de Tom Tykwer tras saltar a la fama por la interesante adaptación de El perfume, aunque sin olvidarnos de su colaboración en la infravalorada El atlas de las nubes con los/las Wachowski.
Basándose en la novela Un holograma para el rey, de Dave Eggers, Esperando al rey es el reencuentro del director con el actor Tom Hanks, tras conocerse en la extraña epopeya a través el tiempo y el espacio que fue la mencionada El atlas de las nubes.
A partir de una historia sencilla e universal (la confusión, indefensión y posterior enamoramiento hacia una cultura contrapuesta a la habitual), Tom Hanks se hace con los mandos de una obra que pretende abarcar demasiados temas y fracasa en la mayoría, no por hacerlo mal sino por el distanciamiento que provoca. Eggers utiliza la excusa de un comercial en plena crisis (laboral y personal) que busca una última oportunidad de redención (fue el responsable de una gran cantidad de despidos en su última “hazaña”) en el cierre de un importante negocio que le llevará a entrevistarse con el mismísimo rey de Arabia Saudí para hablar sobre el choque cultural entre el país de Oriente Medio y los Estados Unidos (o los países occidentales, por extensión), para retratar la amenaza del capitalismo (una amenaza identificada ahora con China, aunque para Hollywood el gigante oriental es a la vez amenaza y salvación, que se lo digan a los productores de Warcraft), la crisis de valores empresariales, la dependencia de la tecnología, las consecuencias de la crisis financiera en la vida personal, el miedo al fracaso y la soledad y, cómo no, el amor intercultural. Todo un batiburrillo que Tykwer no consigue mezclar correctamente en su coctelera y que en ocasiones se pierde por deambuleos que pueden distraer e incluso aburrir al personal.
Afortunadamente, cuando ese aburrimiento amenaza con hundir el film aparece el buen hacer de Hanks que, pese a interpretar un poco el mismo papel de siempre, consigue conectar con el público logrando una empatía que salva los muebles a la obre, invitando a que nos fijemos sólo en la historia central (su propio periplo por esas tierras extrañas) y nos dejemos de segundas lecturas.
Así, las andanzas de este comercial y su relación con un chófer con el que terminará forjando una buena amistad (el desconocido Alexander Black, con quien Hanks demuestra tener una brillante química) evitan el naufragio de una película que se deja ver sin demasiados problemas pero que aspiraba a más, a mucho más.
En fin, un simpático viaje de descubrimiento interior que no ofrece demasiadas novedades alrededor de un género algo trillado pero que gracias al trabajo de sus actores logra despertar un ligero interés.

Valoración: Cinco sobre diez.

MI PANADERÍA EN BROOKLYN: Tan simpática como irregular.

Mi panadería en Brooklyn es una de esas curiosas películas a medio camino entre la producción española y la americana, rodada por Gustavo Ron en inglés y con Nueva York, magníficamente retratada, como telón de fondo, aunque para justificar la financiación española hay una mínima parte localizada en Valencia.
Estamos ante una simpática comedia sobre dos hermanas que heredan una boulangerie (bakery en el original, a mí lo de panadería se me queda corto para este local de clara estética francesa) maltratada por las deudas y que deciden mantener a flote con la ayuda de uno de los empleados del banco que pretende embargarla (obvio interés romántico de una de ellas). Como tal, la historia funciona bastante correctamente, teniendo agradables toques de humor y potenciando la química entre las actrices que interpretan a las dos hermanas, ambas de escaso bagaje, aunque es Aimee Teegarden quien logra destacar más.
El problema con la película está en las historias secundarias que adornan la trama principal, en ocasiones sin aportar nada a la misma, con personajes tan innecesarios como el de un dependiente enamorado de una diseñadora de interiores italiana (papel que, vaya usted a saber por qué interpreta Blanca Suárez) con una trama que incluye unas “pastillas milagrosas” de vergüenza ajena. Imagino que la pretensión de Gustavo Ron, que también es autor del guion junto a Francisco Zegers, era diversificar la historia, hacerla más coral. Ese, sin embargo, es su mayor error, ya que se despista por derroteros que no interesan (o que se pierden literalmente, como la que corresponde al tío de las protagonistas) e impiden un mejor desarrollo del trío principal (cuarteto si incluimos al interés romántico de la segunda hermana), amén de que algunas situaciones cómicas rozan el absurdo con una exageración más propia del slapstick que de la comedia romántica ante la que se supone que estamos. También me rechina, por cierto, el toque de "magia" que no entiendo a qué viene a cuento, pero bueno...
Eso sí, siempre es de agradecer la presencia de Blanca Suárez en una película, posiblemente de lo mejor junto a la Teegarden, aunque el haberla visto doblada me impide juzgar su interpretación como italiana.
Así pues, estamos ante una comedia amable, sin muchas pretensiones más que la de pasar un buen rato, con una gran factura técnica y una maravillosa estampa neoyorquina pero que deja con la sensación de que podía haber aspirado a más.

Valoración: Cinco sobre diez.

EL CASO FRITZ BAUER: Abriendo viejas heridas.

Parece claro que Alemania está tratando de purgar su terrible historia y ha elegido la vía del cine como el camino más directo para ello. Películas como El hundimiento, 13 minutos para matar a Hitler o La conspiración del silencio son claros ejemplos de que, en contra de ese absurdo movimiento que pretende demostrar que el Holocausto no existió, el país de Goethe y Beethoven, pero también de Hitler y Eichmann, como el propio Fritz Bauer dijo en una emisión televisiva con la que se abre la película El caso Fritz Bauer, quiere limpiar sus trapos sucios desde casa y entonar el mea culpa, aceptando las consecuencias no ya solo de lo sucedido bajo el mandato del Führer, sino también de los despropósitos y el oscurantismo que sucedió a la caída del Tercer Reich.
Dirigida por Lars Kraume, la película se centra en la cruzada del fiscal general por dar caza a los nazis desaparecidos tras la II Guerra Mundial, poniendo especial hincapié en  la figura de Adolf Eichmann, el principal responsable de la Solución Final y del transporte de miles de judíos a los Campos de Exterminio, cuyo paradero podría estar situado en Argentina.
La película sigue con la pericia de una crónica policíaca las pesquisas de Bauer sin obviar la oposición que el fiscal recibía por parte de las altas esferas, lo cual le obliga, apoyado en el único ayudante del que se puede fiar, Karl Angermann,  a pedir ayuda al Mossab, pese al riesgo de ser considerado traidor a su país.
Sin entrar en detalles sobre la vida personal de Bauer, es el personaje de Angermann quien ofrece algo de ligereza a la trama, merced a su relación extramatrimonial y la manera en que ello afecta a la investigación, lo cual permite que la figura del fiscal sea desnudada solo como el idealista y luchador por la justicia que se le supone. Su imagen de liderazgo que demostraba ante las cámaras de televisión incomodaban a muchos personajes en el poder, todavía apegados a viejos ideales nacionalsocialistas y es en ello en lo que pone el foco Kraume.
Es, pues, un interesante documento histórico, una de esas películas que nos permiten recordar la historia reciente de Europa y que ayudan a entender un poco mejor lo que pasó y como pudo pasar, aunque su factura germana quizá le resta algo de dinamismo, tomando por momentos un cáliz algo televisivo. Pese a ello, es altamente recomendable aunque solo sea por conocernos un poco mejor como seres humanos,.

Valoración: Siete sobre diez.

ANTES DE TI: Sensiblería de baratillo.

Parece que toda generación merezca tener su drama romántico de turno heredera de la ya clásica (y no por mítica exenta de sensiblería) Love Story (me gustaría saber, por cierto, quién recordaría este título si no fuese por su popular melodía),y cada poco tiempo aparece una nueva y lacrimógena historia tratando de conquistar el trono,  tales como Elegir un amor, Mi vida, Otoño en Nueva York, Quédate a mi lado o, por poner dos ejemplos más recientes, Bajo la misma estrella o Freeheld, todas ellas con un denominador común (ojo, aquí los más ingenuos del lugar podrían considerar lo siguiente como un spoiler, leed solo bajo vuestra propia voluntad): uno de los dos enamorados va a terminar irremediablemente fiambre.
Antes de ti, sin embargo, parece querer aspirar a tocar fibras más sensibles al presumir de un cierto toque de intelectualidad cuando homenajea al cine europeo, defiende la visualización de cintas en versión original y hasta aparece en pantalla un poster de Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar. Pero no se dejen engañar, todo ello no es más que para disfrazar este nada disimulado remake de Intocable, la película de Olivier Nakache y Éric Toledano donde la historia de amistad protagonizada por François Cluzet y Omar Sy se sustituye por un romance prefabricado y nada creíble en manos de Sam Claflin y Emilia Clarke, siguiendo ese tópico tan de moda actualmente de Cenicienta enamorándose de joven apuesto y millonario que se permite invitarla a “pasear” por Paris cuando le plazca. Así que no, de cine de autor nada de nada.
No estamos ante una historia de enfermedades terminales como las anteriormente mencionadas, pues la tragedia del guapo protagonista es una lesión de médula que lo mantiene confinado a una silla de ruedas, pero su determinación por terminar con su vida de sufrimiento derivará en el previsible final de ese subgénero tan sentido. Pero hasta que llegue el momento, cómo no, la pareja tendrán tiempo de conocerse y aprender el uno del otro. Como en Intocable, insisto, pero para chicas de lágrima fácil.
Cierto es que la película empalaga hasta decir basta, pero quizá lo más sorprendente de todo es la espantosamente mala interpretación de Emilia Clarke que si bien no terminó de convencer en su versión de Sarah Connors para Terminator: Génesis aquí demuestra que sin un buen guion y una buena dirección como tiene la Daenerys Targaryen de Juego de Tronos no es más que una cara bonita sin demasiado talento. Y aquí hasta le cuesta ser una cara bonita, la verdad.
Sé que la película está gustando y que muchos pensarán que estoy siendo muy duro con ellas (película y actriz), pero que una historia de amor con trágico destino no logre emocionarme lo más mínimo es la prueba de que algo se está haciendo rematadamente mal.
Si acaso, una escena concreta con el gran Charles Dance y Janet McTeer demuestra lo falta que está la película de actores de verdad.
El único consuelo, poder ver cara a cara a “La madre de Dragones” con Tywin Lannister, pero si no eres fan de la serie de la HBO, ni eso.

Valoración: Tres sobre diez.

sábado, 2 de julio de 2016

INDEPENDENCE DAY: CONTRAATAQUE. ¿Veinte años esperando para esto?

Aunque confieso no haberla revisionado en años, guardo un grato recuerdo de la Independence Day original, película que me cautivó y emocionó y que se me antojó una montaña rusa de emociones y destrucción sin parangón.
Muy tarde (veinte años) llega su previsible secuela en la que repite el director y alguno de sus protagonistas a la par que se presenta a una colección de jóvenes pipiolos que tomen el relevo (¿alguien ha nombrado a Star Wars: el despertar de la fuerza?) y se enfrenten a los bichos alienígenas en futuras (e innecesarias) entregas.
Pese a todo, hay que reconocer que Independence Day era una tontería de película, una historia absurda cuya espectacularidad ocultaba sus carencias hasta convertirse en un gran divertimento. En ese sentido, Independence Day:Contraataque es más absurda si cabe, pero pierde en espectacularidad y, desde luego, no es ni la mitad de divertida que aquella, con lo que su visionado resulta superfluo e insulso. Hay que hacer muchas cosas mal para que una invasión alienígena a gran escala aburra, y en este film casi todo lo que se hace está mal. Porque sí, la película aburre. Y ese es su peor pecado.
La cosa empieza con cierta coherencia, el regreso de los alienígenas para vengarse de su anterior derrota (y de paso explicarnos qué demonios quería con nosotros aparte de lo que pueda molar ir por ahí destruyendo planetas ajenos) y con la humanidad preparada para recibirlos, pero a partir de ahí todo es ridículo y desproporcionado, los personajes carecen de carisma y los diálogos rozan lo patético. Soy un gran defensor del cine de Rolald Emmerich hasta el punto de que disfruté más con Asalto al poder que con Objetivo: La Casa Blanca aunque posiblemente el film de Fuqua contenga más virtudes, y creo que en temas de destrucción gratuita no hay nadie como él, pero algo le sucedió durante el rodaje de este film que le hizo perder su garra habitual y las secuencias de acción están dirigidas de manera anodina, que junto a un montaje atropellado y confuso dotan a la película de un tufillo somnífero con el que la implicación resulta casi imposible.
Considero que 2012 era, hasta la fecha, su peor película, por aquello de lo mal escrita que estaba la historia, pero al menos contenía momentos visuales impactantes. Pero nada de eso encontré en esta secuela donde se abusa del humor (un humor sin gracia, por cierto), los personajes deambulan por la Tierra y la Luna sin ritmo de continuidad y se repiten algunas jugadas ya conocidas pero con la excusa del “todo es más grande” como única arma para mejorarlas. No hay ninguna escena digna de ser recordada, como fue en su momento la destrucción de la Casa Blanca, y ni siquiera los diálogos alentadores (otra de las virtudes de la película de 1995) del Presidente son merecedores de elogio. La película carece de épica, espectacularidad y emoción, provocando que hasta las muertes de personajes importantes pasen desapercibidas (y no es la primera película del año que comete estos errores de bulto).
Puede que la culpa sea, como se ha comentado por ahí, de que ya está todo visto. Resulta difícil imaginar un ataque alienígena que supere en espectacularidad al de Los Vengadores, El hombre de acero o la propia Independence Day, pero yo creo que la culpa del despropósito recae más bien en la propia dejadez de sus autores. Da la sensación de que la película está escrita, dirigida e interpretada de mala gana. Y esa sensación traspasa la pantalla y termina por contagiar al espectador.
No es esta una película espantosa, pero sí redunda en la desgana y la simpleza, convirtiéndose en una más del montón muy lejos de la grandeza (merecida o no juzguen ustedes mismos) que tuvo el primer film. Otra muestra más de que un presupuesto amplio no siempre revierte en un gran espectáculo pirotécnico.
Y van…

Valoración: Cuatro sobre diez.

MALDITOS VECINOS 2: más de lo mismo

Malditos vecinos 2 es una nueva cafrada de Seth Rogen como autor, aunque esta vez hasta seis guionistas más lo acompañan en los créditos, y donde Nicholas Stoller repite en la silla del director. Estamos ante otra de esas películas de chistes escatológicos sobre pedos, erecciones y porros que, por alguna razón, funciona notablemente bien.
Alguien dijo alguna vez que para hacer una buena secuela hay que contar otra vez lo mismo pero de manera diferente, y esta es la máxima que parecen haber seguido los creadores de Malditos vecinos 2. Demasiado al pie de la letra, quizá. Mac y Kelly siguen siendo un matrimonio de clase media obligados a madurar por las imposiciones de la paternidad a los que su vida se verá, de nuevo, alterada por los vecinos universitarios, que convertirán la casa de al lado en lugar habitual de fiestas de fraternidad con el alboroto que ello conlleva. La novedad está en que el antiguo enemigo interpretado por Zac Efron es ahora un valioso aliado y los alborotadores son esta vez chicas, lideradas por Chloë Grace Moretz. Un interesante giro argumental que añade a la típica confrontación generacional (por supuesto, el complejo de Peter Pan continua presente) una guerra de sexos que, por desgracia, termina volviéndose descafeinada cuando las cafradas a las que me refería al principio resultan ser más o menos las mismas ahora que cuando los cafres eran chicos, por más que ellas pretendan reivindicar lo contrario.
Más allá de esto, pues más de lo mismo. Recurriendo a todos los tópicos de las fiestas universitarias (¿es que en Estados Unidos nadie estudia nunca?), de la inmadurez y de la búsqueda de uno mismo (ese papel le corresponde ahora a Efron, rota su amistad con el personaje de Dave Franco) Malditos Vecinos 2, pese a su final con moralina y mensaje nada oculto, es una sucesión de bromas más o menos acertadas que no aspira a nada más que a hacer reír. Y en medio de una cartelera tan mediocre como la que hay ahora mismo, al menos es una loable propuesta.
Risas, soeces en ocasiones y algo simplonas, pero risas al fin y al cabo.

Valoración: Seis sobre diez.

BUSCANDO A DORY: Volviendo al buen camino

Buscando a Nemo es una de esas pequeñas joyas paridas por la factoría Pixar (actualmente propiedad de su eterna asociada Disney) en la que cobraba especial importancia un pececillo azul de espantosa memoria llamado Dory que robaba las mejores escenas a los protagonistas. 
Si bien es cierto que apenas se sabía nada del pasado de este personaje, la necesidad de una película explicando su historia se me antojaba algo mercantilista, más si tenemos en cuenta la baja calidad de (casi) todas las secuelas producidas por Pixar hasta la fecha.
Afortunadamente, el regreso a la silla de director (y coguionista) de Andrew Stanton me daba ligeras esperanzas de que esta secuela estuviese muy por encima de títulos como Cars 2 o Monstruos University. Y si bien Buscandoa Dory no llega a superar a Buscando a Nemo sí es una secuela/spin off más que digna, un espectáculo divertido y con las dosis justas de emoción y drama propias de Pixar.
No estamos ante una historia sesuda y de gran profundidad, lejos de la inteligente sensibilidad de Wall.E o Up (al menos en su primer tercio de película), sino de un simple divertimento infantil que busca más la acción y el humor que su predecesora. Con una inventiva visual que, una vez más, ralla la perfección, Buscando a Dory ningunea en muchos momentos a personajes conocidos como Merlin y Nemo para crearse su propia leyenda, con bichejos tan acertados como el pulpo Hank, la tiburón ballena Destiny, el ballena beluga Bailey o los divertidos (y algo desaprovechados) Rudd er y Fluke, dos leones marinos.
Stanton amplia aquí el universo de Dory y Nemo llevando a los personajes hasta un parque acuático donde aprovecha para introducir un leve mensaje ecologista y dotando al film de impagables escenas de acción bastante adrenalíticas, incluyendo rescates in extremis, persecuciones y demás. No llega a ser una película de acción como la maravillosa Zootrópolis (posiblemente la mejor película de animación del año), pero va en esa línea.
Consciente de que era difícil alcanzar la magia de Nemo, y rehuyendo incidir en el drama de la misma, Buscando a Dory es un nuevo deleite visual, una comedia efectiva y una interesante propuesta para niños (y no tan niños), cuyas expectativas, a priori, podrían no ser demasiado elevadas pero que termina por superarlas con creces.

Valoración: Siete sobre diez.

DIOSES DE EGIPTO: alucinógena borrachera visual

Después del maltrato que ha sufrido por parte de la crítica americana y la desproporcionada reacción del director Alex Proyas ante las mismas, tenía mucha curiosidad por ver que podía salir de este delirio colorista y visual que, la verdad, poco auguraba a tenor de algunos trailes y posters vistos.
Y, la verdad, Dioses de Egipto no es una buena película, pero tampoco es para tanto. En un año donde los cacareados blockbusters están demostrando una mediocridad preocupante que se está dejando notar en las taquillas (y más si los comparamos con los del año pasado), la nueva película del autodenominado “visionario” director no deja de ser una muestra más de la simpleza que pulula por el Hollywood actual, donde el dinero prostituye a la imaginación y el más, de nuevo, es menos.
El antiguo Egipto siempre ha despertado una fascinación mágica en el mundo del cine, y Proyas, amparándose en su rica y extensa mitología, algo muy habitual en caso de deidades griegas y romanas pero que apenas se había tratado de pasada en lo que a Ra y su prole se refiere, crea una historia de rivalidad fraternal y amor incondicional.
Dioses de Egipto no pretende, ni mucho menos, tener una mínima fidelidad histórica, por lo que las críticas que está recibiendo tanto en este aspecto como en la utilización de actores occidentales para representar a los personajes egipcios me parecen vacuas y fuera de lugar. 
Todo esto es una fábula, un cuento de luchas de egos, un enfrentamiento inspirado directamente en cualquier comic de superhéroes trasladado al hermoso valle del Nilo. Pero ello no significa que no haya que pedir un mínimo de verosimilitud a la historia, que funciona medianamente cuando la confrontación entre Horus y Set está interpretada por Nikolaj Coster-Waldau y Gerard Butler pero que saca de la película al espectador más entregado en sus contrapartidas digitales, un despropósito visual confuso en el que no lucen para nada los 140 millones de presupuesto. Quizá el problema es que tengamos demasiado reciente el magnífico prólogo de X-Men: Apocalipsis (sin duda lo mejor del film) y la sobriedad con la que Bryan Singer muestra su versión del antiguo Egipto, más contenida pero también más espectacular que la que Proyas nos propone.
Poco importa aquí la trama, que como en muchas películas de corte similar es una mera excusa para plasmar en imágenes los delirios visuales de Proyas, director que desde su debut en El Cuervo y su consolidación con Dark City ha ido claramente a peor hasta convertirse en un realizador maldito enfrentado a gran parte de la industria. Cierto es que no debe condenársele en exceso por la superficialidad de una trama, por más que él mismo pretenda disfrazar la película por momentos de épica y trascendental, pero el aura artificial con que en todo momento dota a la imagen la hacen en ciertos momentos insufrible, provocando no pocos instantes de desconexión que pueden llegar a resultar fatales.
Sin embargo, sus más de dos horas de metraje pasan en un suspiro y, aunque amenaza con hacerlo en algún momento, no llega a aburrir, consiguiendo ser un entretenimiento pasajero y palomitero suficientemente digno para hacerla merecedora de un aprobado. Quizá el secreto radique, en el fondo, en sus intérpretes, que sin esforzarse demasiado aportan el carisma suficiente para ayudar a digerir tanta armadura dorada y tanto empalague de color que pululan por este Egipto tan plástico. Al atribulado Coster-Waldau y el socarrón Butler ya mencionados (que sí, son un calco de sus personajes en Juego de Tronos y Objetivo: Londres, por poner dos claros referentes, pero de eso se trata en el fondo, ¿no?) hay que añadir la presencia de Brenton Thwaites, un joven que amenaza como alzarse como la pieza insoportable del film pero que termina adaptándose a su personaje de mortal destinado a convertirse en héroe con aceptable firmeza. Además, es de agradecer las muchas caras reconocibles que pasean por el film, tales como Elodie Yung (Elektra en el Dardevil de Netflix), Chadwick Boseman (Black Panther en Capitán América: Civil War), Geoffrey Rush (Barbossa en Piratas del Caribe), Rufus Sewell (uno de esos eternos secundarios perfectamente reconocible) o Courtney Eaton (una de las “novias” en Mad Max: Fury Road).
Dioses de Egipto falla en muchas cosas, sobre todo cuando aspira a algo más que ser puro cine de consumo, pero si la aceptamos por ser precisamente eso y nada más permite pasar un rato entretenido. Al fin y al cabo, ¿quién pretende encontrar algo diferente en una historia que trata sobre dioses egipcios dándose de leches?

Valoración: Cinco sobre diez.

domingo, 19 de junio de 2016

EXPEDIENTE WARREN: EL CASO DE ENFIELD. Al fin una gran película de terror.

Tras su periplo por el mundo de los atracos y la velocidad que le supuso Fast & Furious 7 y antes de ponerse manos a la obra con Aquaman, el director James Wan regresa a su terreno más conocido, el terror, para narrar un nuevo caso real (tómese esto con pinzas) del matrimonio formado por Ed y Lorraine Warren, a los que ya nos presentó en Expediente Warren pero que no aparecían en el spin off de dicha peli: Annabelle, de la que también se ausentó el propio Wan.
Antes de entrar de lleno en mi opinión de esta película, y sin ánimos de pecar de humilde, estoy obligado a comerme mis propias palabras una vez releída mi reseña de esa primera Expediente Warren, una película inquietante pero poco más donde Wan me parecía más un maestro de la manipulación que un gran director. Tras demostrar que es capaz de cumplir a los mandos de un blockbuster (su paso por la saga de Vin Diesel fue apoteósico, por más que la desgraciada pérdida de Paul Walker ayudó en su despegue en taquilla), Wan me ha convencido también de lo gran director que puede llegar a ser, cosa de la que yo dudaba en dicha reseña.
Expediente Warren: El caso de Enfield es una estupenda película de terror, pero más allá de los sustos, las escenas inquietantes y el mal rollo de la historia (en la que vuelve a firmar como guionista Wan, por cierto), la película es, ante todo, un ejercicio de virtuosismo que la ponen muy por encima de otros productos mundanos del género. James Wan, que constituye una pieza por momentos más dramática que aterradora, sabe dotar a su historia de fantasmas y demonios de ligeras dosis de acción e incluso un toque de humor que, en lugar de desentonar como en otros de sus productos anteriores (véase el caso de Insidious 2), aporta un punto de ligereza necesaria para aliviar tensiones, mientras que se permite narrar también una historia de amor, de miedo a la pérdida y de unión familiar. 
Y lo hace regalándonos interesantes planos secuencias, jugando con los reflejos y moviendo la cámara con una sutileza de la que carecían sus otras películas.
Expediente Warren: el caso de Enfield narra la historia de una mujer abandonada por su marido que, mientras trata de subsistir con sus cuatro hijos, descubre que hay un ente diabólico en su propia casa, residuo de un antiguo propietario. Sorprende (y aplaudo) que se rompa el tópico de mujer aterrada a quien nadie cree y supone un alivio el circo mediático en que su hogar se convierte, hecho que permite la entrada en escena de los Warren, oprimidos por sus propios problemas.
Así, el matrimonio interpretado por Patrick Wilson y Vera Farmiga tiene su propia entidad, en lugar de ser los típicos secundarios sin historia ni pasado, mientras que la fabulosa interpretación de la joven Madison Wolfe, vista últimamente en Trumbo, ayuda a contagiarse del terror y la angustia que su posesión (real o imaginaria) provoca.
Y sí, también hay sustos. Y algunos muy efectivos. Y también alguna presencia que se va a convertir en icónica (baste decir que Javier Botet está en el reparto). Pero eso para mí es casi lo de menos.
Expediente Warren: el caso de Enfield funciona mucho más que como una simple película de terror. Y ello es, principalmente, mérito de James Wan.
Y de Elvis Presley, por supuesto…

Valoración: Ocho sobre diez.

NINJA TURTLES: FUERA DE LAS SOMBRAS: Diversión sin pretensiones.

Apenas dos años después de que Jonathan Liebesman dirigiera, de la mano del productor Michael Bay, Ninja Turtles, la nueva adaptación al cine de los populares personajes reinventados por Nickelodeon, cosechando (como viene siendo habitual en este tipo de superproducciones; véase este mismo año Batman v. Superman o Warcraft) un gran éxito de taquilla pero unas críticas atroces, llega la lógica secuela con cambio de cromos en la silla de director. En este caso es el desconocido Dave Green quien toma las riendas de la producción y, aunque no consigue despojarse de la alargada mano de papá Bay, la cosa logra mejorar un poquito.
El problema principal de la película, y así lo está evidenciando las primeras cifras de recaudación, es que el film de Liebesman no te dejaba con ganas de ver más aventuras de los mutantes ninjas, de manera que (como se ha visto en la saga de otros mutantes, los X-men) la decepción que provocó en el público se ha visto reflejado en la secuela.
No es Ninja Turtles: Fuera de las sombras una buena película, pero al menos sí parece no ser tan pretensiosa como su antecesora y, consciente de que no puede aspirar a más que a entretenimiento pasajero, se limita a divertir con unos personajes más trabajados y cuyas personalidades tienen algo más de empaque que en la primera peli de la saga. Esto permite que, al menos, la película resulte distraída y que las imposibles escenas de acción funcionen algo mejor. Y lo mismo sucede con los secundarios humanos, donde la presencia de Stephen Amell, mucho menos acartonado que en su rancio papel de Oliver Queen de Arrow, ayuda a ampliar el universo de ficción con un personaje que se insinúa potente para futuras entregas. Incluso la prácticamente desaparecida Megan Fox (una muchacha que nunca me aportó nada desde que se hiciera más o menos popular en la inefable Transformers) parece mejorar levemente sus registros. Sigue siendo una actriz mediocre, pero al menos parece intuírsele algo más de carisma que en cualquier otro ejemplo de su marchita filmografía.
Dos son los principales puntos negativos de Ninja Turtles: Fuera de las sombras, y ambos me atrevería a achacárselos a su productor Michael Bay (uno de los tipos, junto a Christopher Nolan, que más negativamente ha influido en el cine de acción actual): por un lado sus enfarragosas escenas de acción, de nuevo precipitadas, confusas y mareantes, principalmente en esa escena inicial que casi invita a salir huyendo del cine a los cinco minutos de metraje. Por otro su descompensado clímax, aspirante a un derroche de espectacularidad que al final queda en nada, con una amenaza sorprendentemente fácil de derrotar y una total ausencia de emoción y frenesí. No es algo nuevo hoy en día, donde muchas películas siguen pretendiendo alcanzar la gloria de la magnífica epopeya de Los Vengadores de Joss Whedon sin conseguirlo. Hay aquí incluso referencias más o menos evidentes como las discusiones internas del equipo o la pretendida invasión extraterrestre a partir de un portal que se abre sobre Nueva York que invitan a la comparación.
El secreto consiste en olvidarse de que estamos ante una película de acción y aceptarla como lo que realmente es, una comedia. Así, las interacciones entre las tortugas nos funcionarán perfectamente y la película se podrá disfrutar como una propuesta palomitera de verano, deleitándonos con algunos hallazgos visuales como la presencia de Bebop y Rocksteady y, sobretodo, ese impresionante y grotesco Krang, que seguro hará las delicias de los fans del comic. También la mayor interacción con los humanos (dejando muy de lado a la rata Splinter) ayuda a implicarse en la historia, por más que lo de Tyler Perry sea de vergüenza ajena y Laura Linney solo preste su nombre y poco más. Es así como podremos disfrutar de una película pretendidamente absurda, con un amenazante villano rodeado de los secuaces más ridículos y estúpidos vistos en años y un cuarteto protagonista que funciona de maravilla como equipo de superhéroes a la par que como familia, con las dificultades que ello conlleva.
La película no ofrece mucho más, pero es que tampoco aspira a ello. Por eso es de agradecerle, al menos, su sinceridad en la propuesta.

Valoración: Cinco sobre diez.

lunes, 13 de junio de 2016

DOS TIPOS BUENOS: añorando el buen cine del pasado

Aunque Shane Black debutó como director en 2005 con Kiss Kiss bang bang, no fue hasta ocho años después, con su segunda película, cuando su nombre comenzó a ser conocido para el gran público, gracias a que su Iron Man 3, pese a las críticas, es la película individual de Marvel más taquillera, superando la meritoria barrera de los mil millones de recaudación. Sin embargo, dentro del mundillo ya era de sobras conocido por su faceta de guionista, y a él se deben títulos tan recordados como Arma Letal, Una pandilla alucinante, El último boy scout o El último gran héroe, películas que lo consagraron como el guionista mejor pagado de su época.
Ahora, en una segunda juventud (tiene en marcha dos interesantes proyectos: Doc Savage y una nueva película de Depredador) gracias al Vengador dorado, Black nos ofrece su nuevo trabajo como director y guionista (en colaboración con Anthony Bagarozzi), una tronchante y emocionante película que es a la vez deudora y homenajeadora a la época en la que Black se convirtió en leyenda, unos crepusculares ochenta (y principios de los noventa) donde las buddy movies estaban (en parte gracias a él mismo) muy de moda. Aunque, quizá para disimular, Black ha decidido ambientar Dos tipos buenos en los setenta, reflejando esos años con más sencillez aunque mayor efectividad también a como lo hiciera David O. Russell en La gran estafa americana.
Dos tipos buenos cuenta la historia de Jackson Hearly y Holland March, un matón de poca monta y un detective fracasado que deben trabajar juntos cuando sus caminos se entrecruzan debido a un caso aparentemente sin importancia que va complicándose de manera gradual, amenazando con salpicar al sector del automóvil (¿referencias veladas al reciente escándalo conocido como el dieselgate de Volkswagen?), la industria del porno o al propio gobierno americano.
En todo caso, el proceso de investigación puede llegar a ser lo de menos cuando la química entre los protagonistas es tan buena como la que se da entre Russell Crowe y Ryan Gosling. Ambos actores están en estado de gracia y demuestran una vis cómica poco frecuenten en el caso del primero y especialmente notable en el del segundo, acostumbrados como nos tenía a su habitual cara de palo.
Con un humor loco y desenfadado que no enturbia para nada una acción trepidante, Dos tipos buenos es toda una delicia para los sentidos, con un aroma naiff que nos evoca a ese cine de antaño que nunca será olvidado pero que quizá no tenga cabida en nuestra sociedad actual (y de ello la poca repercusión que la película está teniendo en taquilla). Quizá el problema sea que está tan orientada al público que creció con el cine de Schwarzenegger y Willis que quizá no interese demasiado a los jóvenes de hoy en día, que son los que se supone deben llenar las salas del cine. No me parece casual que entre los secundarios aparezcan los rostros de Ty Simpkins (en el prólogo que presenta la película, que aunque no había nacido en la época a la que me estoy refiriendo sí fue el chaval protagonista de Jurassic World, que jugaba en la  misma onda nostálgica) o Kim Basinger, referente femenino por aquellos tiempos.
Y no puedo dejar de destacar la presencia de Angourie Rice, el descubrimiento de la película, una chiquilla de apenas quince años que interpreta a la hija de Gosling y se eleva como el tercer pilar del film, amenazando con convertir a la pareja clásica de las buddy movies en un trío y logrando conformar un personaje infantil que, en lugar de molestar, como suele suceder en estos casos, aporta un aliciente más a la trama.
Pese a estar anclada en el pasado, Dos buenos tipos es una comedia de acción fresca, divertida y muy bien filmada, una joyita que merece una oportunidad y que confirman que Black todavía tiene mucho que decir en Hollywood, logrando sobretodo que el choque entre dos grandes actores tan diferentes como Gosling y Crowe fluya con una naturalidad que (si la taquilla lo permite) está pidiendo a gritos una secuela.

Valoración: Ocho sobre diez.