domingo, 30 de abril de 2017

Reflexiones catódicas: EL MCU TELEVISIVO (Y OTRAS MUTACIONES)

No es ninguna novedad decir que, desde hace ya unos cuantos años, los superhéroes están de moda. ¿Moda? Muchos agoreros aseguraban que era una burbuja a punto de estallar, pero parece demostrado que han venido para quedarse y son ya casi un género cinematográfico por sí mismos. Y no solo cinematográfico, la verdad.
Si miramos el mundo televisivo los personajes de capas y mallas nacidos en los comics siempre han estado pululando por ahí, desde los lejanos (y algo añejos) Spider-man de Nicholas Hammond o La Masa de Lou Ferrigno / Bill Bixby hasta las versiones de Superman más contemporáneas como Lois y Clark o Smallville.
Tiempo habrá para echar una vista nostálgica al pasado y recordar esos tiempos primigenios de efectos visuales casposos y guiones de telenovela. Lo que quiero ahora es fijarme más en el presente y en cómo la rivalidad Marvel/DC es igual de feroz en la pequeña pantalla. Para ello, y como las producciones son casi infinitas, he dividido este artículo en dos partes, una dedicada a cada editorial. Así que empezaré por La casa de las ideas, donde la línea cronológica es más fácil de seguir.
Y digo que es más fácil porque la mayoría de las producciones que comentaré pertenecen a la propia Marvel Studios (aunque repartida entre varias cadenas, como ABC, Netflix, etc.), por lo que pertenecen al Universo Cinematográfico (MCU) donde, de momento, siguen estando los grandes. Qué algún día héroes cinematográficos y televisivos se lleguen a encontrar es todavía un sueño para los fans, pero quién sabe lo que La guerra del Infinito nos puede deparar…
La primera en llegar fue Agentes de SHIELD, que heredaba de Los Vengadores la figura del Agente Coulson y que en su primera temporada incluía algún cameo de Samuel L. Jackson o Cobie Smulders. La serie arrancaba algo irregular, pero a mediados de su primera temporada empezó a enderezar el rumbo gracias, sobre todo, a su interrelación con las películas. Ahora, tras cuatro temporadas, ha servido para introducir en el MCU a los Inhumanos, profundizar sobre los kree y, en su etapa más actual, recuperar al Motorista Fantasma. La serie nunca llega a alcanzar grandes cuotas de calidad, pero es entretenida y se deja ver con agrado.
La siguiente propuesta Marvel, muy a rebufo de esta, fue Agente Carter, una especie de spin off de El Capitán América y precuela de Agentes de SHIELD donde se explicaban los orígenes de la agencia de espionaje, recuperando a los actores Hayley Atwell y Dominic Cooper. Tras dos temporadas, la serie fue cancelada por su baja audiencia, aunque su calidad era notable y sigue habiendo muchas peticiones para que alguna cadena como Netflix se encargue de recuperarla.
Es precisamente en Nertflix donde recaen el resto de producciones Marvel, algo alejadas del tono desenfadado de las dos mencionadas. Se trata de un ambicioso proyecto muy paralelo a lo que se hizo en cine con Los Vengadores. Es decir, presentar a diversos héroes en sus propias series para luego juntarlos todos en un gran evento final. Por ahora, hemos podido disfrutar de dos magníficas temporadas de Daredevil, a las que ha seguido Jessica Jones, Luke Cage y, la más reciente, Iron Fist. Antes de terminar el año estos cuatro héroes se juntarán para formar Los Defensores, y ya está en lista de espera la serie de Punisher, cuya presentación se dio en la segunda temporada de Daredevil (donde también se encontraba Elektra). Aunque hay que reconocer que la calidad de las series ha ido de más a menos (y es que lo de Daredevil era casi insuperable), lo cierto es que hay muchas ganas de ver a esos Defensores, que cuentan con Sigmouney Weaver como fichaje estrella para el papel de villana.  
Ya están confirmadas, por cierto, la tercera temporada de Dardevil y las segundas de Jessica Jones y Luke Cage, aunque viendo los resultados de esta última y de la de Iron Fist yo habría aportado por unirlos a ambos y hacer una de Héroes de alquiler. Quizá en un futuro cercano…
Esto es lo que hay por ahora en el apartado televisivo del MCU, aunque en breve llegarán nuevas propuestas que, ¿cómo no?, irán interconectadas de una u otra manera con el resto. Se trata de Capa y Puñal (con supuesto tono de comedia juvenil), Runaways (grupo de superhéroes adolescentes hijos de grandes villanos), New Warriors (esta en clave de comedia) y, la gran apuesta, Los Inhumanos, que pese a haber sido descartada como película tendrá un lujoso capitulo doble inicial que se verá en cines IMAX.
Todo esto referente a Marvel Studios, porque hay que recordar que todavía hoy hay algunas licencias por ahí repartidas. Con Spider-man (Sony) a caballo entre las dos compañías y con Los 4 Fantásticos en el limbo, Fox continúa reteniendo los derechos sobre los mutantes y ya han dado también el salto a la televisión. La primera apuesta ha sido la hipnótica y extraña Legión, de reciente estreno y muy difícil de clasificar (ya renovada para una segunda temporada), y no tardará en llegar otra serie sin nombre confirmado basada en el universo X-men.
Este es, si no me he olvidado de nada, el panorama televisivo que adapta los comics Marvel. En breve, DC. Ahí sí que hay tela que cortar…

LOS GUARDIANES DE LA GALAXIA, VOL. 2: Siguen molando...

Cuando en 2014 Marvel dio luz vede a Los Guardianes de la Galaxia todos en la compañía eran conscientes del gran riesgo que estaban corriendo al apostar por una película tan diferente de lo que hasta ese momento había ofrecido el MCU y adaptando además unos personajes tan poco reconocibles no solo para el aficionado de a pie sino incluso para el fandom más marvelita.
Sin embargo, pese a contar con un director casi de serie B y un reparto poco estelar (los dos actores más taquilleros se limitaban a poner voz a sus personajes), el film fue un gran éxito y logró expandir aún  más el universo Marvel en el cine.
Sin contar con el factor sorpresa a su favor, la esperada secuela de esa ya mítica película, que repite director y casting, podría tenerlo muy difícil para contentar a los fans. El hype generado era incontrolable y la proximidad de La guerra del Infinito hacía prever que esta película iba a ser clave para el futuro de la saga fílmica. Sin embargo, James Gunn ha demostrado que no se deja amedrantar ante nada y ha apostado por arriesgar de nuevo concibiendo una historia más alejada si cabe del resto del Universo Marvel. Si en la primera película había una presencia importante de Las Gemas del Infinito o de la amenaza latente de Thanos, en Los Guardianes de la Galáxia Vol. 2 no hay más que unas menciones casuales. Se trata esta vez de ver como los Guardines se labran su propio camino, alejados (por el momento) del resto de héroes cuya existencia ni siquiera conocen. Esta es, por tanto, una especie de película de transición, una excusa para conocer la maduración del grupo, en espera del gran acontecimiento final. Lo cual no implica, por otro lado, que sea una grandísima película.
Efectivamente, Gunn consiguió que Los Guardianes de la Galaxia fuese una magnífica carta de presentación para este improbable grupo de compañeros más que amigos para ahora, ya enamorados todos de los personajes, empezar a indagar en ellos. Así, tal y como suceda en la saga de Fast&Furious, la unión del equipo debe ser la clave para vencer a las adversidades, convirtiendo esa camaradería inicial en algo muy parecido a una familia. Pero para ello, tal y como mandan los cánones, primero deben ser separados, fragmentados para debilitarlos y poder apreciar así sus puntos flacos y temores.
Con semejante planteamiento, se puede adivinar que Los Guardianes de la Galaxia, Vol. 2 es una película más intimista y de corte personal que su predecesora. Y aunque así es, que nadie se lleve a engaño. No se ha perdido el sentido del humor. Al contrario, este se ha potenciado más aún, llegando a límites insospechados (magnífica la escena inicial en la que una gran batalla se ve apenas de pasada mientras la cámara se centra en un bebé Groot bailando) pero totalmente autoconscientes, que en manos de un director más torpe podrían haber caído el ridículo pero que aquí lo esquivan consiguiendo que todo sea una gran fiesta.
La gran baza de la película, por tanto, es la milimétrica precisión con la que Gunn sabe conjugar tres elementos de difícil encaje: el cachondeo, la sensibilidad y la épica.
Los Guardianes de la Galaxia, Vol. 2 es una película delirante tremendamente divertida, con un uso de la luz y el color casi alucinógeno, pero a la vez contiene escenas muy emocionantes y acción espectacular y, en algún momento, incluso invita a la lagrimita.
Aunque sin duda el bebé Groot será quien arrase en las jugueterías este verano, todo el reparto vuelve a estar a gran nivel, teniendo más  momentos de lucimiento debido a ese tono introspectivo que comentaba antes, y reforzando las relaciones entre ellos. Así, Gunn consigue recuperar personajes de la película anterior que de otra manera podrían haber chirriado y tiene tiempo de incluir incluso a algunos nuevos, como Mantis o Stakar Ogord.
Como acostumbra a suceder en las películas Marvel, si en algo flaquea la película es en la sensación de que se enfrenten a una verdadera amenaza, pero eso es un peaje que se paga con gusto cuando lo importante aquí es la diversión por encima de todo.
Por ello, Gunn plantea dos conflictos que a la postre importan más que el propio destino del universo (resueltos de manera dispar) como son las relaciones paternofiliares y fraternales sobre las que se asienta la parte sentimental del film, aunque haya tiempo también para indagar sobre el amor, la lealtad o la soledad.
He oído alguna queja por ahí sobre la falta de “magia” de esta secuela con respecto a la original, y aun sin compartirla del todo puedo llegar a entenderla. Tal y como sucediera con Los Vengadores y Los Vengadores: la era de Ultron, cuando la película original es casi insuperable las comparaciones resultan siempre odiosas, y ambas franquicias tienen unas características que impiden que sus secuelas busquen un rumbo nuevo a la vez que tampoco pueden limitarse a repetir los esquemas. Por eso agradezco que Gunn haya arriesgado, distanciándose del resto del MCU (qué fácil habría sido meter por aquí a Iron man, que al fin y al cabo en el comic estuvo un tiempo compartiendo aventuras con los Guardianes) y buscando una conexión casi literal con el papel (no imaginé que tendría la osadía de ofrecer una imagen del auténtico Ego), regalando al fan algún que otro cameo que puede quedar como un simple chiste o abrir las puertas a lo que nos espera en una futura película.
Lo que sí que no ha cambiado son las referencias ochenteras (David Hasselford incluido), la impresionante banda sonora (que en esta ocasión funciona como perfecto acompañamiento al guion), el derroche de imaginería y las interpretaciones cargadas de carisma, con la incorporación de un Kurt Russell que, aparte de demostrar que en eso de la rejuveneción facial Marvel está un peldaño por encima de sus competidoras (y se está convirtiendo, después del Michael Douglas de Ant man y el Robert Downey Jr. de Civil War, en una marca de la casa), se permite un homenaje a su amigo John Carpenter con un arranque que recuerda, y mucho, a Starman.
En definitiva, un gran espectáculo que invita a disfrutar y nada más que disfrutar. Ya lo dicen en la propia película: “Hay dos tipos de personas: los que bailan y os que no”. Pero sea del tipo que sea cada uno, esta película le va a gustar.

Valoración: Ocho sobre diez.

sábado, 29 de abril de 2017

JOHN WICK. PACTO DE SANGRE. Contundente y efectiva.

Hace apenas tres años cayó en manos de Keanu Reeves un proyecto llamado John Wick (Otro día para matar) que entusiasmó tanto al actor que lo convirtió en una apuesta personal. 
Actuando como productor se trajo a la silla de dirección a Chad Stahelski y David Leitch (aunque el segundo no estuvo acreditado por cuestiones sindicales), a los que conocía por su trabajo como especialistas en Matrix, y a un interesante reparto de secundarios. Al final, la productora no creyó en esta especie de variante de la saga de Venganza de Liam Neeson y la película tuvo una muy mala distribución, no llegando a estrenarse en muchos países incluido el nuestro. Eso no impidió, sin embargo, que cuadriplicase su presupuesto en taquilla y que, en tan poco tiempo, alcanzase el rango de film de culto, lo que hacía casi obligatoria una secuela que, esta vez sí, se estrena por todo lo alto.
Ahora con Chad Stahelski como director (Leitch está a punto de estrenar Atómica, con Charlize Theron), John Wick: Pacto de sangre es una digna secuela que ofrece justamente lo que promete: acción a raudales con grandes coreografías y espectaculares tiroteos.
Puede que el Wick de Reeves tenga un cierto aroma a justiciero ochentero más cercano al estilo Bronson o Norris más que al personaje que creara Luc Beson, pero todos los referentes que se quieran buscar están incluidos en esta espiral de locura y violencia (hay incluso un homenaje a La dama de Shanghái) a mayor lucimiento de las artes marciales de Reeves.
John Wick sigue siendo un hombre que huye de su pasado y que solo pide que lo dejen vivir en paz junto a su perro, pero cuando uno tiene las manos manchadas de sangre eso no suele ser tarea fácil. 
Todo el mundo (y ese todo cobra aquí un sentido casi literal) se puede llegar a convertir en el enemigo de un hombre que resulta imparable y mortal con cualquiera de las tres armas que mejor maneja: las pistolas, los coches o sus propios puños. 
Dotando al personaje de un aire de leyenda que permite que el tipo, con apenas dos películas, pueda estar ya en el imaginario popular codeándose con tipos como James Bond o Ethan Hunt, su estilo rudo y de pocas palabras recuerda también en algo al Jack Reacher de Tom Cruise, dejando que sean sus actos quienes hablen por él.
La película es conscientemente excesiva en todo momento, rindiendo tributo también al mundo del videojuego (este podría ser el Hitmanque ni Timothy Olyphant ni Rupert Friend supieron recrear), para lo cual es imprescindible destacar la labor de Stahelski. El director, más allá de limitarse a encuadrar bien, da toda una lección en cuanto a lo que es dirigir escenas de acción, jugando también con las luces y los colores para conseguir hermosas composiciones. 
Mucho se está elogiando la escena de las escaleras mecánicas, pero la muerte de Gianna D'Antonio es una maravilla visual, con la sangre cubriendo su desnudez hasta lograr la apariencia de un vestido mortuorio.
Con un buen puñado de secundarios (la reunión de Reeves y Laurence Fishburne obliga a una nostálgica sonrisa, echándose de menos la presencia de Carrie Ann Moss para acabar de rematarlo) y un guion tan simple como efectivo, John Wick: Pacto de sangre puede resultar abrumadora a determinado público que no sepa apreciar las coreografías salvajes y violentas de un estilo denominado Gun Fu que aquí se convierte casi en una danza mortal.
Nadie debería meterse con John Wick, pero como parece que hay quien no aprende, ya está en camino la tercera entrega. Keanu Reeves, denostado los últimos años, es el nuevo héroe del cine de acción. Y aún tiene mucho que decir.

Valoración: siete sobre diez.

martes, 25 de abril de 2017

AMAR, fallida radiografía de amor adolescente

Amar es la ópera prima del cortometrajista Esteban Crespo, una historia donde también debutan los dos actores protagonistas sobre el primer amor, ese amor adolescente que tanto duele y que tan arraigado queda en nuestros corazones.
Crespo pretende dotar a la película de una naturalidad tal que toma decisiones de cámara arriesgadas que no siempre le funcionan. Son sus dos protagonistas, con ese descaro que solo la juventud ofrece, quienes más consiguen impregnar de naturalidad al film, aunque en ocasiones (sobre todo en los diálogos del final) el tono de voz patina un poco, quizá debido a un exceso de complacencia del director.
Hay también por ahí un grupo de veteranos secundarios de cierto prestigio, pero no tienen suficientes minutos para lucir ni sus subtramas aportan demasiado a la historia, de manera que son infrautilizados, más allá del posible reclamo publicitario.
Más allá de esto, el gran lastre de Amar es su propia premisa. Y no porque sea un guion malo, ya que lo que explica es exactamente lo que el director quiere explicar, sino porque no interesa a nadie.
La definición de la delgada línea que separa el amor del dolor está muy bien definida, y es fácil identificarse en algún momento con los personajes. ¿quién no ha sufrido, gozado, amado u odiado en algún momento de su juventud como lo hacen los dos protagonistas? Sin embargo, el que las historias mostradas en pantalla se asemejen a nuestras propias experiencias no es sinónimo de que interesen a nadie. También si nos muestran a alguien comiéndose una manzana o yendo a la compra nos veríamos reflejados, y eso no significa que tenga que hacerse una película sobre ello.
Así, Amar termina siendo rutinaria y aburrida, como si el espectador se encontrase de bajón en medio de una discoteca y en lugar de bailar se dedica a observar a las parejas que hay a su alrededor. Es Amar un ejercicio de voyerismo apático y sin gracia, donde los pocos momentos en los que Crespo pretende romper la rutina (los momentos ascensor, las máscaras de gas) rozan el ridículo.
Desde aquí siempre he pretendido animar y apoyar a los nuevos talentos, y espero que Crespo tenga nuevas oportunidades en un futuro para demostrar de lo que es capaz, ya que en Amar demuestra, por lo menos, que tiene una personalidad propia y claridad de ideas, pero eso no quita para que la película me pareciera totalmente insustancial y descafeinada.

Valoración: Cuatro sobre diez.

domingo, 23 de abril de 2017

MUNDO MUERTO EN SANT JORDI

Permitidme apartarme una vez más del tema del cine para volver a recordaros la publicación de mi primera novela, Mundo Muerto.
Hoy se celebra en Catalunya la diada de Sant Jordi, que coincide con la conmemoración, en el resto de España, del fallecimiento de Cervantes y, en el resto del mundo, con el de Shakespeare (estas fechas no son correctas, pero eso es tema para otra ocasión), lo que se traduce en el día Internacional del libro.
Esto significa que Catalunya se llenará de librerías abarrotadas y calles llenas de puestos de libros, compitiendo con la venta de rosas (la otra gran tradición catalana en este bonito día), por lo que me complace comunicaros que durante toda la mañana me podréis encontrar en la librería LibrUp, en la calle Roselló, 361 de Barcelona. Esta librería se dedica casi en exclusiva a autores nóveles y a la autoedición, así que si alguno no puede venir o se agotan los ejemplares antes de tiempo que nadie se preocupe, aquí podrán encontrar Mundo Muerto el resto del año.
Además, por la tarde estaré firmando ejemplares en la parada de la librería especializada Mon Mitic, que se instalará en el paseo de Fabra i Puig, más o menos delante del club natació Sant Andreu.
Además, hay otras librerías donde también podréis encontrar el libro, al menos durante estos días. Este es el listado completo:

LibrUp: C. Rosellón, 361 de Barcelona
Mon Mitic: Camil Fabra, 5 de Barcelona
Canales: Fabra i Puig, 1-3 de Barcelona
Nuria: Cami Ral, 8 de Tordera
Camí Ral: Camí Ral, 50 de Tordera
Punt i Seguit: Av. Catalunya, 21 de Maçanet de la Selva

A los que estas librerías les pille lejos, les recuerdo que también puede adquirirse por Amazon, tanto en formato físico como digital. Tenéis a vuestra disposición una página de Facebook dedicada al libro donde podéis ir encontrando noticias actualizadas así como un botón de compra.
Por último, además de compartir con vosotros un póster promocional, os pido a todos aquellos que hayan comprado el libro por Amazon que dejen un comentario en la página de compra. Con una puntuación de tres o más estrellas conseguiré más visibilidad y os estaré eternamente agradecido.
Y con esto termino con mi autopromoción, que ya me estoy poniendo pesadito. A partir de ahora, el cine volverá a dominar el blog. Y si no, John Wick se encargará de ello, no os preocupéis.
¡¡¡Feliz Sant Jordi (o día de la rosa, o día internacional del libro, o San Jorge, o día clave para la liga con el Madrid-Barça…) a todos!!!

sábado, 15 de abril de 2017

FAST & FURIOUS 8: Rizando el rizo a lo grande.

Normalmente cuando una franquicia es capaz de alcanzar su octava entrega se le puede suponer ciertos síntomas de cansancio y abuso de repetir continuamente la misma fórmula, normalmente agotada. Lo lógico es que eso ocurra incluso mucho antes, como lo demuestran sagas tipo Rambo, Rocky o Bourne, y cuya única excepción que me viene ahora mismo a la mente es Misión Imposible.
En el caso de Fast & Furious es justamente lo contrario: cada entrega aspira (y normalmente lo consigue) a superar a la anterior. Aparentemente condenada a la extinción tras sus tres primeras secuelas (en la última de las cuales tuvieron que recuperar al “difunto” Vin Diesel para tratar de salvar las naves, tal y como han intentado, sin demasiado acierto, hacer también en la mediocre xXx), la saga supo reinventarse tras el quinto episodio, casualmente con la entrada de Dwayne Johnson en el equipo, haciendo que las carreras de coches sean más una marca de la casa a las que se le buscaba cualquier excusa para colar una escenita de coches tuneados rugiendo, chicas de shorts imposibles y música de hip hop que como verdadero motor de la acción. Justin Lin supo convertir una franquicia aparentemente agotada en un espectáculo tan argumentalmente ridículo como aparatosamente divertido, y anulando todo signo de verosimilitud en favor del más difícil todavía sus películas conformaban todo un cúmulo de escenas imposibles de las que era imposible no disfrutar.
James Wan tomó el relevo en Furious 7 y la taquilla rompió récords, tristemente ayudada por el fallecimiento de Paul Walker, y el nuevo cambio de cromos en la silla de director, ocupada ahora por F. Gary Gray sin que el estilo se haya resentido lo más mínimo. Tan asentado está el aspecto visual de la saga que con Gray (que curiosamente ya había dirigido a Diesel en Diablo, a Theron y Stathan en The italian job y a Johnson en Be cool) apenas se ha apreciado cambio alguno desde la mencionada quinta entrega.
La gran duda en Fast & Furious 8estaba en ver como sobrevivía la película a la ausencia de Paul Walker. Su personaje formaba una “extraña pareja” con el de Vin Diesel y se hacía difícil que el hinchado actor pudiese sobrellevar por sí solo el peso de la acción. Y si bien es cierto que la trama argumental se centra sobre todo en su figura, podría ser esta la película en la que menos minutos de metraje ocupa, mientras que sus limitaciones actorales son suplidas con creces por la otra “extraña pareja” que forman Dwayne Johnson y Jason Stathan, dos tipos que se comen la pantalla cada vez que aparecen en ella.
La trama casi es lo de menos. Con el tema de la familia de nuevo como estribillo machacón, la cosa va de una supervillana que quiere controlar el mundo mediante hackeos informáticos o algo así. La verdad, es lo que menos importa. Lo verdaderamente importante aquí es conseguir escenas antológicas, momentos de adrenalina pura que ahora mismo parecen imposibles de superar en futuras entregas si no fuese porque en las anteriores ya había pensado eso mismo. Las escenas de la bola de demolición, los “coches zombies” o todo lo relacionado con el submarino son apabullantes, y el único pero está en que parte de la sorpresa se ha estropeado por culpa de un tráiler que mostraba demasiado.
El verdadero éxito de la serie, aparte de la espectacularidad, está en el carisma que desprenden sus personajes. Y para ello resulta imprescindible contar con una retahíla de actores que quitan el hipo. Pese a las bajas que ha ido sufriendo el equipo a lo largo de las ocho películas, las incorporaciones no han sido moco de pavo, y aquí la cosa ronda el imposible. Kurt Russell repite y parece que lo hace para quedarse, todo indica que Scott Eastwood va a ser la nueva incorporación a la familia y Charlize Theron logra componer una villana de altura, un personaje que en manos de cualquier otra actriz podría haber caído en el ridículo. Se suele decir que en el cine de principios de siglo hay carencia de buenos villanos (y las pelis Marvel o DC son un buen ejemplo de ello, Loki aparte), pero la mezcla de cinismo, demagogia y maldad con que impregna Theron a su personaje la hacen destacar por encima de todo.
Y eso sin contar con alguna otra sorpresa actoral que prefiero reservarme.
Fast & Furious 8 está a la altura (si no por encima) de las anteriores, siendo un espectáculo visual, una descarga de diversión con toques muy acertados de humor y las clásicas gotitas de trascendentalismo dramático. Una delicia donde todo vale y donde nada se puede analizar con demasiada seriedad. Estamos en una fiesta, y lo único que importa es pasárselo en grande. Y de nuevo lo consiguen.
Además, hay un nuevo homenaje para Paul Walker, los cuales nunca serán suficientes.
Ya estoy deseando que empiecen a haber noticias sobre la novena entrega. Yo, desde luego, no me la perderé.

Valoración: Ocho sobre diez.


jueves, 13 de abril de 2017

UN GOLPE CON ESTILO, risas de geriátrico

Últimamente hay tantas películas protagonizadas por un grupo de actores de avanzada edad que casi se ha convertido en un género propio. Comedias geriátricas, las llaman por ahí. El caso es que estas suelen estar cortadas por un mismo patrón: grandes actores haciendo cuatro tonterías que resultan simpáticas y entrañables pero poco más.
Un golpe con estilo no difiere mucho de esa apreciación, aunque es posible que su humor funcione mejor que en otras ocasiones. Muy heredera de Ocean’s Eleven (con homenaje al Rat Pack incluido), la película es un remake de una peli de 1979 a mayor gloria de George Burns.
Tres jubilados ven como los mamoneos empresariales los dejan sin su pensión, mientras que el banco, debido a sus hipotecas abusivas, está a punto de quitar la casa a uno de ellos. Después de presenciar un atraco en su banco, este decide que robar el banco es más sencillo de lo que parece, y ve así el final a todos sus problemas.
Con el juego de querer robar a su propio banco, la crítica a los abusos de las financieras y la dudosa moralidad de no robar más que lo que es justo, Un golpe con estilo podría ser una hermana simplona de Comanchería, por más que aquí la denuncia social se pierda rápidamente entre chistes de achaques y dolores.
Esto no es más que una reunión de amigos que quieren pasárselo bien, quizá cansados de que a ciertas edades el cine solo les ofrezca papeles secundarios. Es lo que ya sucedía en Tipos legales, Plan en Las Vegas o Ahora o nunca, y lo cierto es que ese buen rollo y esa camaradería logra traspasar las pantallas y contagiar al espectador.
Claro que tener a tres actores oscarizados como protagonistas también ayuda mucho. Morgan Freeman, Michael Caine y Alan Arkin no son moco de pavo, pero el elenco de secundarios tampoco es manco: Christopher Lloyd, Ann-Margret, Joey King, Matt Dillon y John Ortíz también andan por ahí.
En resumen, una película muy agradable de ver, divertida y entrañable, que no inventa nada, pero invita a evadirse de todo durante poco más de hora y media y, después, con una sonrisa en los labios, a otra cosa, mariposa.

Valoración: Seis sobre diez.

NEGACIÓN, enjuiciando la verdad.

Aunque parezca mentira, incluso hoy en día hay gente que se empeña en negar hechos tan evidentes de la historia como, por ejemplo, la existencia del Holocausto.
David Irving es uno de los negacionistas más populares. A medio camino entre el historiador y el showman, Irving demandó en 1996 a la editorial Penguin books y a la escritora Deborah Lipstadt, acosándolos de difamarlo en el libro Denying the Holocaust.
Negación, dirigida sin estridencias por Mick Jackson (director que arrasó hace décadas con El Guardaespaldas, tropezó con Volcano y ha estado refugiado en la televisión desde entonces), relata lo acontecido durante el juicio, que se plantea como una especie de David contra Goliat, aunque, en este caso, la verdad y la razón estaba del lado de Goliat.
El principal mérito de la película es que pese a saberse (si no se conoce el caso real se puede, como poco, intuir) el veredicto final de antemano, la película mantiene la tensión y no pierde interés en ningún momento, mostrando como un pleito irrelevante por difamación se convirtió en un juicio mundial sobre la existencia o no del Holocausto. Puede que en algún momento se eche en falta algún giro narrativo de esos tan efectivo en las películas de juicios y que los planteamientos secundarios (el sistema judicial de Estados unidos es el correcto, el británico el chapucero; los abogados son los buenos, los periodistas los torpes…) se solventen de manera que todo el mundo quede contento. Pero no importa, ya que no es de eso de lo que quiere hablar Jackson, más interesado (siendo él mismo judío) en desacreditar a los negacionistas y defensores de Hitler que en crear una película de suspense.
Cuenta para ello con la ayuda de un excelente reparto que raya a muy buen nivel. No es nada que deba sorprendernos de Rachel Weisz o Tom Wikilson, siempre excelentes, pero merece un aplauso Timothy Spall, habituado a personajes desagradables pero que otorga a Irving una despreciable humanidad que casi roza la repulsión compasiva, aunque no puedo dejar de nombrar a otros grandes actores como Andrew Scott o Mark Gatiss (ambos viejos conocidos de la magnífica serie Sherlock).
Hay muchas películas que se empeñan en desempolvar los horrores del Tercer Reich, y Negación lo hace, no recreándose en las víctimas, sino clamando por la verdad y la justicia histórica. Y eso siempre es un punto añadido.

Valoración: siete sobre diez.

EL BEBÉ JEFAZO, notable locura animada

Por más que Dreamswords sea la segunda productora de animación más importante del mundillo mainstream, uno tiene siempre la sensación de que están un poco acomplejados por la todopoderosa Disney/Pixar, lo que la ha llevado en sus últimos años a malvivir de sus éxitos del pasado agotando fórmulas como en los casos de Shreck, Madagascar, Kung Fu Panda o Cómo entrenar a tu dragón.
Sin embargo, con El bebé jefazo deciden dar un golpe sobre la mesa y, por fin, confeccionar una película inteligente y muy divertida, repleta de momentos memorables y donde, además, hacen un ejercicio de combinación de estilos de animación muy efectiva.
El planteamiento no puede ser más surrealista: en la fábrica donde se crean los bebés la mayoría de ellos son seleccionados para que los acoja una familia, pero solo unos pocos con características muy concretas son elegidos para el cargo de jefes. Cuando el nuevo hermano de Tim llega a casa la vida de este se pone patas arriba, pues el nuevo bebé se hace con el control de todo, pero muy pronto se dará cuenta de que hay algo que no cuadra. En realidad, el bebé es un infiltrado para hacer espionaje industrial contra una empresa que crea cachorritos de perro, la mayor competencia en temas de amor para los bebés.
Sí, así contado parece una marcianada, lo sé, pero todo tiene un sentido, un encaje perfecto en una alocada y tierna comedia que sirve como claro alegato en favor a la maternidad y al amor fraternal pero que es también un canto a la imaginación.
La premisa de la película dirigida por Tom McGrath es muy ingeniosa, y la historia consigue mantenerse fiel hasta el final, sin desvaírse por el camino ni perder un ápice de locura. Es una lástima perdernos con el doblaje el que dicen es un trabajo fenomenal de Alec Baldwin, pero lo cierto es que José Coronado está a la altura poniendo voz a este bebé descreído, malhablado y marimandón, adaptándose perfectamente al personaje.
El bebé jefazo es luminosa y colorida, quizá algo tópica en algún gag concreto, pero que funciona a la perfección, con una animación que no tiene nada que envidiar a su competidora. Una buena oportunidad para disfrutar estas vacaciones en familia.

Valoración: Siete sobre diez.

domingo, 9 de abril de 2017

LIFE (VIDA): Lujoso aperitivo para el nuevo Alien

Que la nueva película de Daniel Espinosa (director de la entretenida El invitado y la irregular El niño 44) con guion de Rhett Reese y Paul Wernick (los mismos que se inventaron ese pelotazo que fue Deadpool) está claramente inspirada en Alien, el octavo pasajero de Ridley Scott es una obviedad tan grande que ni los propios responsables son capaces de negarlo.
Hay mucho más en Life (vida) que huele a fotocopia de otras películas, pero tal y como suceda con Redención, lo importante es el resultado final, y en este caso el resultado final es ciertamente estimulante.
Se podría decir de esta epopeya claustrofóbica y aterradora sobre un alien mortal que amenaza a los cinco integrantes de la Estación Espacial Internacional que no deja una huella demasiado profunda en el espectador, pero hay que reconocerle que durante la proyección logra cumplir con creces todos sus objetivos, resultando emocionante, emotiva y angustiante. Con una clasificación R se permite ser algo más sangrienta que otras producciones del estilo y su construcción en formato de cine de slasher (que eso era, al fin y al cabo, el Alien de Scott) atrapa desde el primer momento, como en un macabro juego de ruleta rusa en el que nunca se sabe quién será la siguiente víctima.
Resulta curioso que en el mismo fin de semana se estrenen dos films de corte similar (y Life, como Órbita 9, también tiene un cartel algo tramposo), pero en el caso del film de Espinosa el dilema moral que se plantea no se esquiva a la primera de cambio, sino que resulta tan contundente que no genera debate posible: si es necesario, todos deben morir con tal de que el alienígena no llegue a la Tierra. Esta amenaza (y el detalle de que estemos ante una recreación casi perfecta de la auténtica Estación Internacional) son los dos puntos diferenciadores más claros con respecto a Alien.
Espinosa busca siempre el horror mediante la sensación de claustrofobia, moviendo la cámara con delicadeza entre los recovecos de la nave (atención al magnífico plano secuencia que abre el film) y recreándose en la gravedad cero que sufren sus protagonistas (esto la aúna, a su vez, con Gravity), y aunque apenas tenga tiempo de definir mejor a sus personajes, las cuatro pinceladas que se da de cada uno me resulta suficiente. Al fin y al cabo, esto no va a ser el inicio de una franquicia como comentaba al respecto de Power Rangers.
Sí se echa en falta algo más de valentía a la hora de plasmar el terror, ya que no se llega a jugar bien las bazas de la clasificación R y Espinosa apuesta más por la luz y la limpieza de lo que lo hacía Scott, pero la mezcla de unos efectos especiales que crean un ser creíble y terrorífico, el lujoso reparto y el ritmo de la acción que penas deja respiro convierten Life (Vida) en un entretenimiento apasionante y muy recomendable.
Puede que sea injusto compararla constantemente con Alien, pero eso es a lo que sus creadores han querido jugar. Al fin y al cabo, en unos días el propio Scott lo sufrirá en sus propias carnes con el estreno de Alien: Covenant.

Valoración: Siete sobre diez.

ÓRBITA 9: ciencia ficción elegante con guion de baratillo

Que una película de supuesta intriga y con varios giros de guion en su argumento desvele el primero de ellos en la propia sinopsis publicada en los medios de comunicación dice muy poco acerca de la confianza que su productora tiene en ella.
Trataré de no caer en ese error: Helena es una chica nacida en una nave espacial con destino a un planeta por colonizar. Cuando un problema con el oxígeno obliga a sus padres a abandonar la nave para que pueda sobrevivir, Clara tiene que crecer sin más compañía que la voz metálica de su ordenador de a bordo. Pero su vida cambiará cuando un operario intercepte la nave para solventar la avería.
Bajo esta premisa llega esta apuesta española por el cine de ciencia ficción más intimista y pausado. Disfrazado de thriller distópico, Órbita 9 es en el fondo una historia de amor imposible, unos Romeo y Julieta del futuro que deberán superar muchos desafíos para lograr que su amor prospere. Con ello, el director Hatem Khraiche renuncia casi por completo al siempre interesante debate sobre si es aceptable el sufrimiento de uno por el bien de muchos, en una sociedad al borde del colapso y en la que esa nueva colonia puede ser la última esperanza.
Más preocupado por la sensiblería romántica que por el verdadero trasfondo, Khraiche prefiere dibujar directamente al responsable de tomar semejante decisión como al villano de la película, liquidando cualquier debate de un plumazo y dejándonos con una película que aspira a mucho y queda en nada.
Con una Clara Lago que solventa con buen hacer su personaje, el film cojea más por la parte de Álex González, al que la banda sonora no ayuda mucho tapándole la mayoría de frases (ahora se entiende que en X-Men: Primera Generación no llegue a decir una sola frase). Con todo, ninguno de ellos (ni la efímera Belén Rueda, tramposo reclamo publicitario del poster) pueden hacer nada con una historia que de tan intimista que pretende ser llega a aburrir, pero que cuando intenta apretar un poco el acelerador es cuando más destacan los absurdos de un guion totalmente inverosímil y esperpéntico.
Órbita 9 tiene una factura impecable, y siempre es de agradecer que una película española asuma riesgos con la ciencia ficción, pero cuando la cosa no funciona, no funciona.

Valoración: Cuatro sobre diez.