sábado, 31 de diciembre de 2016

CdS: LA HORA DECISIVA: la película perdida de Disney

En ocasiones hay películas que cuesta creer que no lleguen a ser estrenadas en nuestro país. Títulos como La hora decisiva son quizá la respuesta a la pregunta de por qué Disney se gastó lo que se gastó en hacerse con las productoras LucasFilm y Marvel, y es que parece que últimamente, dejando de lado sus productos de animación, no son capaces de acertar en sus apuestas más independientes, como demuestra el descalabro (e insisten en ello) de Piratas del Caribe, las sagas fallecidas antes de tiempo de El llanero Solitario o John Carter y el fracaso de la secuela de Alicia en elpaís de las maravillas.
En el caso que nos ocupa, sorprende que siendo un film Disney y con un reparto tan interesante hayamos tenido que esperar a su estreno en plataformas digitales para poder disfrutarla, más cuando las películas sobre héroes anónimos reales están tan de moda.
Ciertamente, la película, que cuenta la historia del mayor rescate jamás realizado por la Guardia Costera, no es gran cosa, y alguno de los grandes nombres que aparecen en ella apenas tienen ocasión de lucirse, pero tampoco hay nada que justifique un hipotético descalabro en taquilla y su marginación en el baúl de los recuerdos.
Sin duda el mayor defecto del film está en el poco ritmo que el director Craig Gillespie, recordado básicamente por el remake de Noche de miedo (aunque se dio a conocer de manera prometedora con Lars y una chica de verdad), sabe imponerle, no sé si por carencias presupuestarias o porque simplemente el proyecto le venía grande. Dejándose llevar demasiado por una historia de amor algo cansina (como si pretendiese hacer una especie de Pearl Harbor a lo heroico), las acciones en altamar no resultan tan espectaculares como cabría suponer y no hay un crescendo emocional que culmine en un clímax apoteósico, lo cual desmerece mucho la función. Y más cuando el retraso ha provocado que la viese después de otro título de características relativamente similares como Marea negra, contra la que pierde en todas sus comparaciones.
Chris Pine no lo hace del todo mal, aunque no termina de convencer, dando la sensación de que él mismo no se cree muy bien el personaje, y tampoco Casey Affleck cuenta con un guion suficientemente definido como para poder lucirse, mientras que Ben Foster Y Eric Bana tampoco consiguen aportar nada de su talento (como muestra, baste ver esta misma semana el estreno de Comanchería, donde Pine y Foster coinciden de nuevo y ahí sí que lo dan todo).
Aún con esas, la película es suficientemente interesante y entretenida como para merecer un visionado, aunque está claro que no pretende competir en la misma liga de otros héroes que han poblado este 2016 como el de Sully, Hasta el último hombre o la mencionada Marea Negra.

Valoración: Cinco sobre diez.

MINE: dos horas tiradas a la basura.

Me gustaría haber podido terminar este 2016 por todo lo alto, pero la primera de las películas vistas este viernes (os recuerdo que la magnífica Comanchería la tenéis comentada en los especiales que realicé durante el pasado festival de Sitges) es un bufo de tomo y lomo.
Firmada por dos directores que ni siquiera se atreven a dar sus apellidos (Fabio & Fabio) e interpretada (es un decir) y producida (eso explica muchas cosas) por Armie Hammer, Mine pretende ser una historia minimalista, de pocos personajes (aunque sobran más de la mitad) que utiliza la excusa de un hombre enfrentado a su casi segura muerte para realizar un viaje interior, existencial y fantasmal, capaz de aburrir al más pintado.
Ya su punto de partida no sonaba muy interesante (un soldado pisa una mina en pleno desierto y debe permanecer más de sesenta horas sin poder moverse esperando a que llegue la ayuda), pero con apuestas semejantes o más arriesgadas si cabe Rodrigo Cortés nos brindó la excelente Buried y Danny Boyle la angustiante 127 horas, así que la cosa no era tampoco un imposible.
Sin embargo, apoyada en unas interpretaciones pobres y unos diálogos de vergüenza ajena, la película no logra tensionar, emocionar ni entretener en ningún momento, no provocando más que el sopor más espantoso y con un desenlace que se ve venir de lejos. No hay nada estimulante en la película que invite a darle una oportunidad, siendo lamentable como en algunas salas la están proyectando aun a costa de haber descartado proyectar Comanchería.
No me extiendo más en mi opinión porque afortunadamente estoy borrando rápidamente la película de mi memoria (aunque las casi dos horas perdidas nadie me las va a devolver), aunque desde aquí le digo al bueno de Hammer que si de verdad pretende ser una estrella de Hollywood debería hacérselo mirar un poco. Era lo peor de Operación U.N.C.L.E. y de El llanero Solitario mejor ni hablar.
No es tampoco que sea espantosamente mala. Simplemente es la nada más absoluta e irrelevante, aunque pretenda contener una mística muy espiritual y pedantemente intencionada.

Valoración: tres sobre diez.

martes, 27 de diciembre de 2016

ASSASSIN'S CREED: por fin un videojuego entretenido.

En un año donde Warcraft ha sido uno de los más sonados fracasos de taquilla (tan solo camuflado por el relativo éxito que ha tenido la película en China), Assassin'sCreed se erigía como la segunda oportunidad del mundo de los videojuegos de triunfar en Hollywood tras la mala fortuna que están teniendo en adaptaciones anteriores (la saga de Resident Evil y Prince of Persia es, quizá, de lo más potable del género), aunque las perspectivas no parecían muy halagüeñas.
Finalmente, si nos fiamos de los primeros resultados de taquilla, las previsiones se han cumplido y la película va camino a ser un nuevo fracaso comercial, pero lo cierto es que en esta ocasión no es tanto culpa de sus autores como de sus aspiraciones.
Lo primero que chirriaba en el proyecto era la elección de su director: Justin Kurzel no parecía el más indicado para una superproducción ambientada en el mundo de los videojuegos, más cuando lo único destacable de su filmografía anterior es Macbeth, donde contó ya con Michael Fassbender y Marion Cotillard. Sin embargo, una vez vista la película, es evidente el motivo de su elección, y es que las similitudes visuales entre Assassin's Creed y Macbeth son más que notables. De hecho, parece ser que fue el propio Fassbender, también productor, quien sugirió al director.
Así, con la adaptación de Shakespeare como referente, estaba claro que nos íbamos a encontrar ante una película bastante personal, donde la imagen y el estilismo predomina sobre las formas y que podría ser algo indigesta para el público más consumista. Además, su historia no adapta ningún juego en concreto, sino que se inspira libremente en la trama general sobre la eterna disputa entre Templarios y Assassins por hacerse con el fruto del Edén, un artefacto con el que poder dominar las mentes de toda la humanidad. Sin embargo, en los juegos estas luchas se han producido en Jerusalén, Florencia, Roma o Constantinopla, mientras que la película se centra en la España de 1492, lo que se traduce en una importante presencia de actores españoles en la película (con el gran Javier Gutiérrez y Carlos Bardem a la cabeza) y diversas panorámicas de la Sevilla del siglo XV o del Madrid actual (resulta curiosa la presencia del estadio Vicente Calderón).
Esta historia nueva más algunas notables diferencias son las que tampoco van a convencer a los grandes seguidores de la saga (que quizá no perdonen que la acción en el presente sea tan o más importante que la del pasado), lo que deja el target del film bastante reducido. Sin embargo, la realidad es que estamos ante una estupenda película de acción e intriga, cuya trama es bastante previsible aunque exigente con el espectador, y donde las escenas de acción están deliciosamente coreografiadas. El propio director ha querido rechazar los efectos digitales al máximo y se dice que Fassbender y la actriz Ariane Labed realizaron ellos mismos el 95% de sus escenas. Quizá aquí esté uno de los puntos débiles del film, que ante esta declaración de intenciones el director abusa de un montaje atropellado que en algunos momentos impide disfrutar completamente de lo que se está viendo.
Cierto es que la historia no soporta un análisis profundo en busca de verosimilitud, como tampoco lo haría el juego (en el fondo esto va de un tipo que se traslada al pasado gracias a la secuencia genética de su ADN, idéntica a la de un antepasado suyo), pero el ritmo narrativo, el buen hacer de los actores y sobretodo la impecable ejecución técnica (aunque tambiés se abusa un poco del "postureo" de algunos personajes) hacen de Assassin's Creed una película muy disfrutable y, probablemente, la mejor adaptación de un videojuego hasta la fecha.
Eso sí, en la 20th. Century Fox han apostado fuerte por un cine diferente y personal y la jugada puede haberles salido rana. Se pretendía hacer una trilogía. Habrá que ver si lo consigue.

Valoración: siete sobre diez.

lunes, 26 de diciembre de 2016

¡CANTA!: buen rollo a todo ritmo.

Aunque esté a años luz de Pixar y Disney, Illumination se está consolidando como una buena alternativa que en este 2016 se ha propuesto demostrar que hay vida más allá de Gru y sus inseparables Minions.
Tras el buen sabor de boca que dejó Mascotas, ¡Canta! es su propuesta para copar el mercado navideño más infantil y a buen seguro que lo pueden lograr. Y eso sin desesperar al público adulto gracias, sobre todo, al buen tino que ha tenido la distribuidora española en dejar las versiones originales de las canciones, de manera que podamos escuchar las voces de Seth MacFarlane, Reese Witherspoon, Scarlett Johansson, Taron Egerton o Tori Kelly, en lugar de unas copias de baratillo como acostumbra a pasar en las películas de Disney.
¡Canta!, como su propio nombre indica, es un musical en toda regla, con una recopilación de grandes éxitos tan variada que alguno u otro debe por fuerza tocar la fibra del espectador. Una selección que podría incluso rozar el exceso, aunque lo cierto es que el director Garth Jennings ha sabido medir muy bien los tempos para que no se alcance la saturación.
Desde el punto de vista argumental la cosa es muy sencilla: un koala apasionado por el mundo del espectáculo tiene un teatro al borde de la ruina y se le ocurre convocar un concurso musical como último recurso para salvarlo. El problema será cuando una confusión provoque que el premio de mil dólares se eleve hasta los cien mil.
Como se puede imaginar todo el mundo, estamos ante una película que se aprovecha del boom de los realitys musicales y que propone a una serie de protagonistas bastante coral de los que conoceremos pinceladas de sus vidas, personalidades y problemas como si de un Gran hermano animal se tratase. No estamos, por lo tanto, ante una comedia totalmente desternillante, pero sí muy simpática, que invita al optimismo y al buen rollo y que tiene su secreto en el desarrollo de personajes y no en la simple sucesión de accidentes que suelen definir las películas de Illumination.
¡Canta! no va a ser una de las películas del año, pero sí está a un digno nivel y consigue entretener siempre y cuando uno sea consciente de las expectativas que debe tener y asuma que juega en una liga diferente a Vaiana y compañía.

Valoración: siete sobre diez.

BELLEZA OCULTA: manipulación estéril

Las Navidades son unas fechas propicias para los buenos sentimientos y los deseos de felicidad, y en Hollywood suelen aprovecharlo para realizar películas sentimentales que nos acaricien el alma y traten de hacer temblar nuestro férreo lagrimal. Cada año hay alguna película de estas características, pero algo debe fallas cuando tras más de un siglo de cine sigue habiendo una única película navideña por definición: Qué bello es vivir, aunque muchos aceptarían poner en segundo lugar a la más actual Love Actually.
En el 2014, sin ir más lejos, se estrenó una película que la crítica machacó pero que a mí, que soy más bueno que el pan, logró enternecerme: Canción de invierno, que al menos contaba con la ventaja de que renunciaba por completo a la realidad y se dejaba llevar por la locura emotiva con ángeles de por medio. En el caso de Belleza oculta, sin embargo, se pretende jugar al sentimentalismo barato, casi pornográfico, dándole unos toques de magia navideña que lo único que hacen es hacerla caer en el ridículo más espantoso y otorgando a la cinta un final que empobrece su ya de por sí triste desarrollo.
Allan Loeb y David Frankel son, respectivamente, el guionista y el director de esta tontería que a priori resultaba llamativa pro su impresionante reparto. Entre los dos perpetran una historia de supuesta amistad empresarial en la que un desconsolado padre lleva dos años perdido en su propio mundo tras la muerte de su niña de seis años. Para tratar de hacerle reaccionar (o, en el mejor de los casos, confirmar su demencia y poder vender la empresa sin necesitar su permiso), sus amigos y socios deciden contratar a tres actores de teatro para que se le presenten en forma de fantasmas, representando a la Muerte, al Amor y al Tiempo. Todo muy coherente, vamos.
No es extraña la participación de Will Smith en el proyecto, ya que continua en su caída libre desde que está empeñado en hacer solo papeles familiares de llorón empedernido (lo de Escuadrón Suicida debió ser solo por sacarse una pasta, y aun así mantiene este rol), y es por ello que quizá sea el único que se esfuerza en tomarse la cosa en serio. Del resto, lo mejor que se puede decir es que simplemente pasaron por allí el día de rodaje y soltaron sus frases, aunque eso solo es una forma suave de decir que están horribles y que dan hasta lastimica verlos, sobretodo en el caso de un Edward Norton al que es cada vez más difícil verlo en un buen papel. Naomi Harris, Kate Winslet, Michael Peña, Keira Knightley, Jacob Latimore y Helen Mirren completan el elenco, siendo esta última la única que, al menos, tiene algún momento de inspiración, con un leve toque de humor.
La teoría dice que la película ha cosechado críticas espantosas, siendo bodrio lo más suave que se ha dicho de ella. La realidad es que ha sido el peor estreno en la carrera de Will Smith (y el avispado que hiciera coincidir el estreno americano con Rogue One tampoco es que ayudara mucho). Personalmente, una vez visto el planteamiento inicial y aceptando que estaba ante un telefilm de lujo donde lo único que se busca es manipular al espectador a base de pedantería y desgracias varias, decidí dejarme llevar y traté de interesarme al menos por ver a donde me conducía semejante tontada, pero el previsible giro final y el intento de dotar de cierta magia espiritual al asunto terminaron por sacarme definitivamente del film.
Quizá algún día Will Smith acepte sus limitaciones y decida volver a hacernos reír. Mientras, lo único que conseguirá es seguir dando pena. En el mal sentido…

Valoración: Tres sobre diez.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Análisis: LA MEJOR PELÍCULA DE LA SAGA STAR WARS

Llevaba tiempo con ganas de escribir un artículo como este, un año concretamente. Pero en su momento no fue posible por el pánico que había al tema spoilers (algo que parece no se está respetando mucho con Rogue One), después llegaron los blockbusters de Batman V. Superman, el amanecer de la justicia y Capitán América: Civil War y eso lo eclipsó todo y… entre una cosa y otra pasó el momento y el artículo sin escribir.
Pero la llegada de diciembre y lo que eso significa para Star Wars, ya que parece que implicará un estreno al menos hasta 2020, me ha dado una buena excusa para recuperarlo.
El caso es que me apetecía hablar un poco en general de la saga creada por George Lucas poniendo especial atención a la que considero que es la mejor película de la franquicia, una película que ha arrasado en taquilla pero que se ha llevado críticas muy duras, sobre todo por parte de los fans más acérrimos de la misma.
Y es que sí, pretendo reivindicar a Star Wars: El despertar de la Fuerza como la mejor película de la saga. Y no solo la mejor, sino que a mucha distancia del resto, siendo El Imperio contraataca la que más se le acerca (y quedando, al menos en mi opinión, la reciente Rogue One en tercera posición).
Sí, sé que muchos me vais a tildar de osado pero esto es así. Y es que ya para empezar, hasta el momento en que el señor Abrams se pasó por la franquicia, la cosa estaba muy chuchurría. No tuvo la libertad que sin duda le dejaron para revivir a Star Trek (y no creo que nadie dude que de las trece películas de esa saga las dos suyas son las mejores), pero aun así hay bastante de su sello para poder salvar del olvido a los personajes creados por Lucas hace ya muchos años. Porque, no nos engañemos, por más que se decía que era fácil hacer lo que quisiera con Star Trek porque la saga agonizaba, no creo que la de Star Wars se encontrase en mucho mejor estado, más tras los palos que se llevó la trilogía moderna.
Eso, además, era el principal handycap para Abrams, que supo ya de antemano que iba a ser imposible contentar a todos los fans con su película. Por un lado, los warie (como se conoce a los fans de la saga) no perdonan a Lucas el destrozo que hizo con el pasado de sus personajes y algunos incluso reniegan de los capítulos Uno a tres, sin importarles que fuesen creados directamente por el inventor de todo esto, pero por otro lado hay toda una generación para los que esos episodios son los que pudieron ver y disfrutar en el cine y que aman con locura, siendo para ellos los episodios Cuatro a Seis algo añejo y alejado en el tiempo.
Como sea, Abrams solo tenía una posibilidad para salir indemne de su propósito: reiniciar la saga. Cierto es que puede que se haya excedido un poco en ello y las críticas que dicen que El despertar de la Fuerza es casi un remake de Una nueva esperanza no anden muy desencaminados, pero creo que tampoco habían muchas alternativas. Así, el despertar de la Fuerza supone volver a los orígenes para empezar un viaje nuevo. Un viaje con nuevos compañeros y nuevas metas, pero que debe partir de un punto conocido, con esos planetas desérticos y esas cantinas de tipos duros que nos hacen sentir como en casa. Y con una nueva Estrella de la Muerte, por supuesto.
Permitidme pues analizar con detalles los rasgos que definen, a mi entender, a El despertar de la Fuerza como la mejor película de la saga.

Dirección: J.J. Abrams es, de lejos, el mejor director de la saga. Eso va a escocer a muchos, pero lo digo sin rubor. George Lucas es un gran creador de ideas y su imaginación no tiene límites, pero como director es mediocre. Una nueva Esperanza es simplona y su trilogía secular se pierde en juegos de artificio digitales desaprovechando un imponente reparto. Empecemos por el jefe: George Lucas sólo ha firmado como director seis películas, de las cuales THX 1138 no pasa de ser un experimento muy concienzudo y American Graffitti ha pasado a la historia por su banda sonora, no por su realización. Un tipo que lleva cuarenta años viviendo de un solo producto no es precisamente un prodigio como director, ¿no creéis? Siguiendo con la lista nos encontramos con Irvin Kershner. No quiero decir nada malo de este director, pero su currículo tampoco es que sea como para echar cohetes. Fuera de la saga se ha limitado a realizar copias muy inferiores a las originales, como las películas La venganza de un hombre llamado caballo, Robocop 2 o Nunca digas nunca jamás, película Bond que ni siquiera pertenece a la saga oficial. Al menos cuando trabajó para el Imperio logró superar a su predecesora, eso está claro, aunque su película no gustó en su momento y es de las que menos recaudación ha tenido. Y para hablar de Richard Marquand habría que decir que lo de filmar El retorno del Jedi le debió tocar en una tómbola. Nada destacable ha hecho aparte de esa película a no ser que nos conformemos con Al filo de la sospecha. Y mientras, el señor Abrams, centrándonos en él sólo como director, hizo posible el insuperable piloto de Perdidos, las dos entregas ya comentadas de Star Trek, la emocionante Misión Imposible III, la maravillosa Super8, y lo que le queda por delante… En El despertar de la Fuerza muestra su pericia moviendo la cámara, imprimiendo ritmo a la acción, como director de actores… Los combates aéreos son los mejores de toda la saga y él fue, además, el máximo impulsor de volver a utilizar maquetas y métodos más artesanales para combinar con el CGI que diesen un aroma más nostálgico a la película y que tan bien le sientan.

Personajes: De nuevo debo pedir perdón, pero los personajes clásicos siempre me parecieron una chufla. Sí, Han Solo mola, no lo niego, pero su personaje es más plano que una tabla de planchar. Solo sobrevive gracias al carisma de su intérprete. Los aparentes protagonistas reales, los hermanitos Skywalker me han parecido siempre un par de pamemos que ni parecen tener sangre Jedi en las venas ni nada de nada. Dicen que a un gran personaje se le valora por su antagonista, y en ese sentido sí que Darth Vader es el p**o amo, aunque si alguien viese su diseño por primera vez en el presente seguramente se daría un hartón de reír. El problema con él viene cuando Lucas se empeñó en descubrirnos al hombre tras la máscara, y entonces todo se fue al traste. Anakin Skywalker necesita tres películas para mostrarnos su viaje al lado oscuro y solo consigue caer en el ridículo. Una de las cosas que más se han criticado de El despertar de la Fuerza es a Kylo Ren, pero a mí es un personaje que me encanta. En lugar del megalomaniático de su abuelo, que quería conquistar la galaxia así porque así (como cualquier villano de opereta, vamos), en el caso de Ren nos encontramos con una maldad mucho más real. ¿Qué es un pelele y un llorica? ¡Por supuesto! El hijo de Han y Leia es un acomplejado de la vida que nunca ha podido superar la leyenda de sus padres y que adora como un friki cualquiera el recuerdo de su abuelo. El típico chaval que en nuestra época habría pagado una pasta gansa por el casco quemado y maltrecho de Vader en eBay y que un buen día se habría ido a una universidad americana y habría cometido una masacre. O habría terminado convenciendo a un pueblo entero para que lo siguieran a provocar una guerra por toda Europa. Ese es Kylo Ren, que naturalmente no llega a las suelas de los zapatos a Vader aunque sus motivaciones sean mucho más claras y comprensibles que las de Anakin, pero que solo al final de la película abraza verdaderamente al Lado Oscuro. El verdadero malo está por llegar.
En el lado de los buenos, todos los personajes de El despertar de la Fuerza me parecen muy molones. Poe Dameron es el héroe por antonomasia, reuniendo a lo mejor de Han Solo y de Luke Skywalker. Finn representa al héroe a su pesar, al tipo inseguro que saca Fuerzas de donde no las hay porque en el fondo pretende hacer lo correcto. Y Rey… ¿qué vamos a decir de Rey? Me enamoró nada más verla. Es un personaje magnífico, mezcla de Fuerza, ira juvenil, ingenuidad y sensualidad. Quizá por lo bien escrita que está o por el buen trabajo de Daisy Ryder, pero todo el peso de la película cae sobre sus espaldas y ella lo aguanta estoicamente. Una vez más Abrams demuestra que se le dan bien las protagonistas femeninas (Felicity, Alias, Super8) y entre ambos consiguen crear un personaje que desde su primera aparición se ha convertido ya en un clásico y en el mejor personaje de la saga. Y su colofón final es la maravillosa melodía que le compone John Williams, sin duda la mejor pieza de la banda sonora de esta película.
Y encima, tenemos por ahí a viejos conocidos que nos traer agradables recuerdos del pasado y cuyas historias no dejan de ser un colofón a su periplo en la saga, sobretodo en el caso de Han Solo que al fin cumple el deseo del actor Harrinson Ford en morir tras solicitarlo ya en El Imperio contraataca.

Los actores: No es cuestión de repetirme, pero Daisy Ryder está magnífica y merece ser considerada también el gran descubrimiento de la franquicia. Si echamos la vista atrás comprobaremos que Mark Hamill y Carie Fisher eran (problemas varios aparte) más bien limitaditos y sus carreras posteriores así lo demuestran. Del equipo clásico solo Harrinson Ford logró el estrellato, aunque también él es más destacable por su carisma que por su talento interpretativo. Que su otro gran papel en la historia del cine sea Indiana Jones, que en cuanto a personalidad es un calco de Solo, ya lo dice todo. Naturalmente, en el elenco de secundarios había una gran calidad, con nombres como Peter Cushing, Alec Guinness o James Earl Jones poniendo voz a Darth Vader, pero incluso gente de tanto talento iba perdida al reconocer ellos mismos que no tenían ni idea de qué iba Una nueva Esperanza mientras la rodaban. Algo parecido sucedió en la trilogía moderna. Se encuentra en esta un reparto casi inmejorable, con nombres como Natalie Portman, Liam Neeson, Ewan McGregor, Terence Stamp, Samuel L. Jackson, Christopher Lee, Jimmy Smits, Joel Edgerton o Rose Byrne, pero a ninguno de ellos se les saca partido, convirtiéndolos casi en malos actores. Ello es culpa a lo mal que dirige Lucas, que -según palabras de los propios actores- se limitaba a quedarse mirando desde una esquina sin dar ninguna indicación a los intérpretes. Y, cuando la mayoría de las escenas se filman con un partenier que no está y con un fondo verde como único decorado, es algo mortal. Y eso obviando ya a actores mediocres o directamente malos como Billy Dee Williams o Hayden Christensen, este último piedra angular sobre la que cimentar toda la saga.
Al lado de estos, John Boyega o Oscar Isaac están muy bien, sobre la calidad de Adam Driver hay poco que discutir (y quien se empeñe en criticar su elección porque es “feo” me parece realmente triste) y si es cierto que Max von Sydow sabe a poco y que Domhnall Gleeson no hace su mejor papel. Aunque algo parecido sucede en la más reciente película, Rogue One (que por más que lleve el apóstrofe de “Una historia de Star Wars” para mí no es un spin off, como será Han Solo, pues su trama está tan integrada en el argumento, haciendo de puente entre la trilogía moderna y la antigua como para cambiar incluso la percepción de ver ahora Una nueva esperanza, que merece ser considerada parte de la saga oficial, una especie de Episodio 3.5), donde Felicity Jones lo hace bien pero sin mejorar sus registros en Un monstruo viene a verme, Inferno o, especialmente, La teoría del todo, donde se comía al protagonismo de Eddie Redmayne y se llevó una nominación al Oscar. Algo más flojito se encuentra diego Luna, aunque quizá sea más culpa de la simpleza del personaje que suya, aunque de eso hablaremos más adelante.
 
Los bichejos y robotos: Ahora sí. Ahora llegamos al punto donde los fans que hayáis aguantado este rollo hasta ahora me vais a condenar definitivamente. Y es que debo decirlo bien claro: no soporto ni a R2-D2, ni a C-3PO ni a Chewbacca. Más aún: los odio. Son un constante lastre para la historia, estúpidos e inconsistentes. De Chewbacca, que recordad que no es más que una versión del chucho de Lucas, lo hemos tenido que seguir soportando en la película de Abrams, pero al menos ahí tiene un papel algo más interesante que limitarse a pilotar y berrear al viento. Cierto es que también a él le pertenece la pifia más comentada del film, en la escena final, pero esto sí que debemos atribuírselo a Abrams, que no todo va a ser perfecto. En cuanto a los robots, nunca le he pillado la gracia al humor de estos dos y en cada película nueva estaba deseando que alguien reventara de un disparo definitivo al repelente de C-3PO y que el engreído de R2-D2 se quedase atascado en la arena de Tatooine. En cambio, BB-8 es una delicia. Cumple a la perfección su función de alivio cómico sin entorpecer a la narrativa ni caer en el ridículo, sabe enternecer y mostrar una gran expresividad pese a sus limitaciones obvias y tiene un diseño brillante. 
Y también me ha gustado especialmente K-2SO, donde por fin un androide se convierte en un personaje con la misma importancia que el resto, participa en la acción y tiene un final trágico que casi emociona más que las muertes de los humanos.
Siguiendo con los “bichejos”, la gran invención de Lucas (junto a Darth Vader) es Yoda, una maravilla diseñada por Frank Oz, hasta que Lucas lo estropeó con su versión digitalizada. Sin embargo, son los muñecotes estos los que terminan por estropear el recuerdo de esta saga; la trilogía clásica porque en su desenlace la presencia de los Ewoks es demasiado fundamental como para obviarla, y eso hace que la película se infantilice y roce el ridículo en demasiadas ocasiones, y en la moderna por la inclusión de tipos como Jar Jar Binks, sobre el que no creo que valga la pena hablar demasiado, ¿verdad?

Los efectos visuales: No voy a extenderme demasiado en este tema pues resulta evidente que la tecnología de hoy en día permite hacer cosas inimaginables hace cuarenta años, y solo por ello hay que quitarse el sombrero ante lo que consiguió Lucas con cuatro duros. Sin embargo, no puedo evitar pensar en el ridículo que hacen las marionetas que deambulan alrededor de Jabba el Hutt que me recuerdan a los mupples o la artificiosidad de toda la trilogía moderna, donde el CGI ha quedado desfasado en pocos años. Por ello aplaudo de nuevo la decisión de Abrams de recurrir a maquetas y escenarios reales siempre que ha sido posible y conseguir unificar esto con un CGI que está ahí e todo momento pero que no resulta cantoso en ninguna escena.
Por otro lado, los diseños también han sufrido con el paso de los años. Si bien las naves son magistrales y conceptos como La Estrella de la Muerte o el Halcón Milenario son ya parte de la historia del cine, los uniformes de los soldados caen de nuevo en el ridículo, y han lastrado a todo un universo que se ve obligado a repetir esos errores. Quizá en su momento molaban, pero viendo Rogue One se me saltaban las lágrimas de risa al ver los orinales negros que lleva los soldados de la Alianza rebelde en la cabeza o al recordar la inutilidad de las armaduras de los Stormtroopers.

Argumento: Y dejo para el final el punto más conflictivo, allá donde todos dicen que Abrams y sus guionistas se limitan a copiar la historia del Episodio IV sin más. Puedo entender que a un nivel muy superficial esto sea cierto, y ya he comentado al principio que considero un poco excesivo el querer retroceder tanto para poder empezar de cero, pero tampoco me parece necesariamente malo (simplemente mejorable). Hay que insistir en que los fans más acérrimos han visto las películas cientos de veces, y posiblemente las vean en el orden cronológico dela historia, no de su rodaje, pero para la mayoría de los aficionados al cine, esto es lo que viene después de Las Guerras clon, después de la trilogía moderna en la que todo era tan digital y tecnológico, así que el recuperar los planetas desérticos y las selvas tropicales suponía en realidad un cambio respecto a lo ya existente.
Se habla mucho en la saga de que la Fuerza utiliza un equilibrio, y aquí el personaje de Rey lo que hace es reiniciar un ciclo tal y como lo hiciera Luke años atrás, para que ese equilibrio pueda seguir existiendo. El misterio acerca de sus padres no es más que un guiño a lo que realmente es esta enorme saga, un culebrón galáctico donde todo el mundo está conectado de alguna manera con el resto y las casualidades no lo son tanto. Respecto al detalle de que Rey sea una excelente luchadora no le veo el menor problema. Al fin y al cabo, la Fuerza corre por su interior. No olvidemos que es una muchacha desamparada en un planeta no demasiado amable y que ha crecido apañándoselas sola y defendiéndose por sí misma, así que saber luchar y manejar la espada laser es algo casi instintivo. Puestos a ser meticulosos, me resulta más extraño que un granjero como Luke aprenda a pelear y a pilotar cazas de combate de la noche a la mañana, mientras que su adiestramiento (incompleto, recordemos) en El Imperio contraataca se basaba más en preparar su espíritu que en aprender a usar un arma.
Ya he defendido anteriormente a Kylo Ren, cuyo diseño del uniforme es mucho mejor que el de Vader (si dejamos de lado el misticismo que le ofrece el paso del tiempo al alter ego de Anakin) y su capacidad para manipular la Fuerza es innegable al ser capaz de detener en el aire el disparo de Poe Dameron. Y eso que no abraza del todo a su lado oscuro hasta el final de la película, donde sacrifica su humanidad en la escena en la que ejecuta a su entregado padre. Las rabietas infantiles que tiene cuando se encuentra con un fracaso son un rasgo más de su personalidad que lo definen mejor de lo que se definió nunca a Anakin, mientras que ¿acaso su propio padre, pese a ser un héroe rebelde, no tenía demasiadas veces un comportamiento algo inmaduro?
Por cierto, que tampoco veo mal que han Solo haya vuelto a ser un contrabandista. Cierto que tras su separación de Leia parece que hay una historia sin contar (y que parece que se quedó en la mesa de montaje), pero cuando alguien se separa de la mujer a la que ama, sean cuales sean los motivos, regresar a un entorno familiar suele ser lo más normal. Y no hay nada más familiar para Han que el Halcón Milenario, aparte de que ser contrabandista es lo que mejor sabe hacer.
Respecto a la construcción de la Starkiller tampoco lo veo como un gran problema. Ya en El Imperio contraataca, tras la destrucción de la primera Estrella de la Muerte, lo primero que hace el Imperio es construir una nueva. En Rogue One nos explican, además, que en el Imperio no andan sobrados de ingenieros y eso propicia que repita su arma más mortífera una y otra vez. Alguien ha comentado en una ocasión que las Estrellas de la Muerte son como los tanques de guerra. Que con el paso de los años se mejoran los diseños pero siguen siendo, en su forma, tanques. Y cuanto más grande y poderoso sea un ingenio como ese más inevitable es que tenga algún punto débil.
Si nos ceñimos a la historia como tal, hay que reconocer que lo contado en la trilogía original es más bien flojito. Una nueva esperanza no era más que un western galáctico (algo a lo que Joss Whedon llevó a su máxima expresión en Firefly) y que su desarrollo no era precisamente como para encumbrar a los guionistas. Es, por el contrario, en la trilogía moderna donde se encuentran los mejores guiones y donde la historia avanza de verdad, con unas tramas políticas verdaderamente interesantes y que en manos de otro director más competente habrían resultado ser de lo mejor de la saga. Lástima que todo se tuerza pro culpa de la historia de amor y posterior caída a los infiernos de Anakin y a la inclusión de cosas tan absurdas como los midiclorianos, algo que Abrams hace bien en ignorar lo mismo que Edgars en Rogue One.
Es por ello que tampoco vamos a pedir peras al olmo y esperar que las siguientes cintas de Star Wars ganen un Oscar por su libreto, pero creo que al menos en El despertar de la Fuerza bastan unas pocas pinceladas para definir a sus personajes (ese es el problema de Luna en Rogue One, que su personaje no tiene un trasfondo definido y por eso su cambio de actitud no resulta convincente, aunque eso no sea necesariamente culpa del actor).

Siempre he pensado que la mitomanía y la leyenda de Star Wars estaba muy por encima de su calidad, y que la película original tiene tantos errores que de ser vista ahora por primera vez no pasaría de ser un film de aventurillas espaciales del montón, de ritmo lento y situaciones ridículas. Hay innumerables fallos que el paso del tiempo y la grandiosidad de sus seguidores se han encargado de ocultar (recuerdo ahora cuando los robóticos se esconden en una casa ante una redada del imperio y los soldados de Asalto la pasan por alto simplemente porque la puerta está cerrada, o la torpeza con la que está planificada la persecución en las motos voladoras), pero todo vale y se perdona si fue hace veinte años, pero es de recibo ponerlo a parir si es de esta década. Son los tiempos del haiterismo, me temo.
En fin, que para alguien que ha visto varias veces la saga completa pero nunca se ha sentido un fan acérrimo de la misma, la película de Abrams logró emocionarme. Y sus guiños a la franquicia, por más que previsibles y manipuladores, a mí me convencieron.
Por todo esto y muchas cosas más que será mejor dejar para no convertir este comentario en un ensayo de mil páginas, parí mí El despertar de la Fuerza es la mejor película de toda la saga, seguida de lejos por El Imperio contraataca y poniendo en tercer lugar a la entretenidísima Rogue One.

¿Y vosotros qué opináis? ¿Cuál es para vosotros la mejor de todas?

sábado, 24 de diciembre de 2016

FELIZ NAVIDAD 2016

Pues ya ha llegado. Estamos de nuevo en el día en que se celebra la Nochebuena y que supone el punto de partida de las fiestas navideñas. Unas fechas en las que nos prodigamos en buenos propósitos, nos reencontramos con la familia y compartimos manjares y bebidas para celebrar el nacimiento de Jesús.
Y si queda tiempo libre, por supuesto, es una época ideal para ir al cine...
Aunque el Panda no se toma ni un respiro para hacer vacaciones en el blog, sí es momento de dejar de lado las películas y limitarme simplemente a desearos unas muy felices fiestas y que os aventuréis en el nuevo año con alegría e ilusiones renovadas.

viernes, 23 de diciembre de 2016

PATERSON + EL EDITOR DE LIBROS: Pasión por escribir por partida doble.

Tengo por costumbre dedicar una entrada a cada estreno que quiero comentar, pero en enero de este año rompí la norma haciendo una sesión doble (así fue también como las disfruté en el cine, una detrás de otra) de dos películas que tenían mucho en común: Macbeth y La Novia.
Y como para cerrar el círculo, voy a repetir la jugada en una de las últimas entradas del año, ya que tanto Paterson como El editor de libros, aun siendo completamente diferentes entre sí (no hay aquí esas similitudes artísticas de las anteriores mencionadas) sí comparten una cosa en común, el amor por la literatura y el reflejo de ese arte a través de su autor. Y también, como en los films de Justin Kurzelm y Paula Ortíz, las he visto seguidas en el cine.
Paterson es la última película del peculiar Jim Jarmusch, un autor tan indefinible como poco prolífico cuya película más reciente era esa extraña historia de amor vampírico Sólo los amantes sobreviven. Protagonizada por Adam Driver, el Kylo Ren de El despertar de la Fuerza, cuenta la historia de un conductor de autobuses llamado Paterson que reside, precisamente, en el barrio de New Jersey con quien comparte nombre, y de donde también es, entre otros, el poeta William Carlos Williams, referente principal del protagonista. Enamorado de la hermosa Laura (Golshifteh Farahani), con quien comparte casa junto al perro Marvin, la vida de Paterson representa una anodina pero reconfortante rutina (desayuno-trayecto en bus-cena-paseo de Marvin-cerveza en el bar) interrumpida tan solo por sus inspiraciones poéticas a las que da vida en la libreta que lleva siempre consigo. Su vida, sencilla y armónica, se contrapone con los impulsos casi irracionales de Laura que lo mismo aspira a enriquecerse haciendo cupcakes como quiere aprender a tocar una guitarra para ser una estrella country, todo ello mientras redecora constantemente su casa a base de un minimalista blanco y negro. Es esa dualidad lo que permite que la pareja funcione, sirviendo uno como contrapunto del otro y teniendo la poesía como el fruto perfecto de su relación. Así, Paterson es una declaración de amor al día a día, una demostración de la pureza del arte y de la simpleza de la inspiración. Driver consigue con su temple sosegado y apacible condensar toda su fuerza interior, toda su pasión, en esos poemas absurdamente cotidianos, inspiradores y hermosos, que rompen con la monotonía precisamente desde la propia rutina.
Se podría decir que Paterson es también la antítesis del malogrado escritor Thomas Wolfe, un artista histriónico, excéntrico y excesivo en todos los sentidos. Wolfe, que escribía novelas de cinco mil páginas y se desgarraba por dentro cada vez que tenía que recortar un solo párrafo para alcanzar una cantidad mínima publicable, fue contemporáneo de Hemingway y Scott Fitzgerard, y posiblemente habría sido mucho más grande que ellos si no fuese por su prematura desaparición. El editor de libros no va exactamente sobre Wolfe, sino que se centra más bien en Max Parkins, el descubridor de esos tres genios de la literatura norteamericana, pero es sin duda su relación con Wolfe lo que lo definió como persona y como editor.
El actor Michael Grandage debuta como director con una película que detalla la historia real entre estos dos hombres, dos amigos enfrentados por sus caracteres dispares, aprovechando para analizar, de paso, la pasión por las letras, la fuerza arrolladora de las palabras que Wolfe exterioriza golpeando a los que los rodean con ella sin importarle las consecuencias. Ambos, Perkins y Wolfe, están interpretados magníficamente por Colin Firth y Jude Law, aunque es Nicole Kidman la que sobresale por encime de todo el reparto dando vida a Aline Bernstein, amante de Wolfe y fuente de inspiración (también andan por ahí Laura Linney, Guy Pearce y Dominic West).
Thomas Wolfe es un personaje real, mientras que Paterson es ficticio, pero ambos sirven para reflejar dos formas de entender un arte, de conmover mediante sus escritos, sirviendo de verdadera fuente de inspiración a todos aquellos que alguna vez han soñado, aunque sea brevemente, en llegar a escribir. Jarmusch dibuja una historia sosegada con un estilo brutalmente personal, convirtiendo las propias imágenes en poesía; Grandage, por el contrario, retrata la pasión desde el convencionalismo con una historia fílmicamente muy clásica. Ambos, a su manera, reflejan lo que es el proceso de creación, y ambos, curiosamente, utilizan una metáfora similar: Paterson se relaja contemplando una cascada en las afueras de New Jersey mientras Wolfe describe la vida como un rio que se aleja y acerca constantemente.
Y en ambas películas, cada una a su manera y a su modo, se refleja el arte en estado puro: una con poemas visuales, la otra con diálogos arrebatadores. Al final, el arte es sentimiento. Y tanto Paterson como El editor de libros describen a la perfección el sentimiento de sus autores. Como dos caras de un mismo espejo. O, quizá, dos versos de un mismo poema.

Valoración: Ocho sobre diez (ambas) 

OPERACIÓN ANTHROPOID, el precio de una victoria.

Si en los ochenta la guerra de Vietnam copaba las carteleras americanas y con el cambio de siglo el enemigo a batir procedía de oriente medio, en la actualidad hay un revival de películas ambientadas en la II Guerra Mundial realmente sorprendente, desde grandes producciones en manos de Spielberg, Zemeckis, Gibson o Nolan hasta productos europeos que sirven para limpiar conciencias y recordar las manos manchadas de sangre del pasado.
Operación Anthropoid está más próxima al segundo grupo, siendo una coproducción entre Francia, Reino unido y la República Checa, por más que contenga en su reparto protagonista a rostros conocidos del cine americano como Cillian Murphy (visto recientemente en En el corazón del mar), Jamie Dornan (demostrando que hay vida tras el insulso Christian Grey) y Toby Jones (que ya sabe cómo se las gastan los nazis tras su presencia en El Capitán América y su secuela).
Dirigida por el británico Sean Ellis, la película describe el atentado que un grupo de paracaidistas acomete contra Reinhard Heydrich, una de las figuras más aterradoras del régimen nazi y principal impulsor de la Solución final. La película se divide en tres partes bien marcadas, las reuniones clandestinas para planificarlo todo, el atentado en sí y las repercusiones que provocaron, y aunque tiene un ritmo irregular al menos puede decirse que va claramente de menos a más, consiguiendo que una historia, que no por conocida deja de ser interesante, termine convenciendo pese a los bostezos de su arranque.
Y es que sin duda lo peor del film es el trabajo de su director que, empleando una película de trazo grueso y sucio, buscando quizá algo de autenticidad, se dedica a mover la cámara nerviosamente y a presentar unos personajes que no terminan nunca de definirse lo suficiente como para seducir al espectador, impidiendo el lucimiento de sus protagonistas.
Así, la primera media hora del film es pesada y reiterativa, demasiado cercana al lenguaje televisivo, animándose algo durante el atentado, aunque no lo suficiente, pero remontando el vuelo y resultando trepidante y frenética en su tramo final. Así, pese a ser una película mediocre cuyo principal valor es el histórico consigue dejar un buen sabor de boca gracias a su clímax, donde Ellis parece renunciar a su estilo narrativo anterior y decide ponerse las pilas para conseguir filmar de forma convincente la acción y el drama, aunque quizá peque en centrarse demasiado en sus protagonistas y pasando demasiado de puntillas detalles tan importantes y atroces como la destrucción de Lícide.
Una vez más, la realidad supera a la ficción y el horror nazi sirve como base para un film histórico que pese a la torpeza de su director termina por convencer.

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 17 de diciembre de 2016

ROGUE ONE, brillante episodio bélico.

Después de la compra de la franquicia Star Wars por parte de Disney era evidente que la compañía de las orejas iba a hacer todo lo posible para rentabilizar la operación al máximo, y tras estrenarse el año pasado el episodio siete de la saga, El despertar de la Fuerza, llega ahora la segunda parte de su ambicioso plan, una serie de spin off o historias paralelas que arrancan con este Rogue One y al que seguirán Han Solo y, posiblemente, Boba Fett.
Sin embargo, Rogue One no es una historia tan alejada de la saga original como podría parecer, por más que los protagonistas sean personajes nuevos y no se paseen por aquí Luke Skywalker, Han Solo, Chewbacca, etc. pues las referencias son tantas que quien se acerque a esta película son ser conocedor del universo creado por George Lucas hace ya la friolera de treinta y nueve años, hasta el punto de servir perfectamente de puente entre la trilogía moderna y la clásica y poderse considerar casi como el episodio 3,5.
No le tenía yo mucha fe a esta película, principalmente por la poca estima que le tengo a su director, Gareth Edwars, tras la sobrevalorada Monsters (de cuya insoportable secuela solo era productor) y la cansina Godzilla. Sin embargo, parece que en Disney lo han atado en corto, sacando solo sus mejores cualidades y añadiendo escenas filmadas posteriormente por Tony Gilroy. 
El resultado, una película entretenidísima, mucho más seria de lo que a primera vista podría parecer (aunque luego seguirán acusando a Disney de infantilizar sus franquicias, como si Capitán américa: El Soldado de Invierno o Civil War fuesen comedietas) y que está cerca de las mejores películas de la saga (aunque no es momento ahora de discutir cuales son estas).
Casi se podría hablar de que hay dos películas dentro de Rogue One, y es que casi todos sus análisis permiten un desdoblamiento de conceptos.
Por un lado, como ya he comentado, se alterna una historia ya conocida, el robo de los planos de la Estrella de la Muerte por parte de la Resistencia, para lo que se recurre a algunos personajes ya conocidos y que no voy a nombrar para mantener la sorpresa (al menos yo, que traté de evitar todos los trailers que me fueron posibles, me sorprendí en no pocas ocasiones), con una trama nueva alrededor del ingeniero que diseñó el arma definitiva y su hija (aquí todo va de padres e hijos, eso ya lo sabemos).
Luego, tenemos dos partes muy diferenciadas en cuanto a su estructura, una primera muy pegada a la ideología Star Wars, con sus pequeñas batallitas, sus planetas exóticos, sus bichejos y sus conspiraciones políticas, y una segunda que es cine bélico sin contemplaciones. Evidentemente, no se trata de una guerra cruda y descarnada como la de Hasta el último hombre, pero sí que va más allá de los simples combates aéreos para ofrecer un despliegue militar intenso y dramático que, puestos a hablar de ciencia ficción, podría evocar más al Starship Troopers de Verhoeven que a la dicotomía propia de Lucas.
Incluso si extrapolamos este desdoblamiento a la nueva generación ofrecida por Disney, parece como si en Rogue One hubiesen querido hacer todo lo contrario que en El despertar de la Fuerza. Si en una se repetían esquemas y situaciones y localizaciones ya conocidas, en esta hay un montón de lugares y razas alienígenas nuevos, mientras que por el contrario si en el film de Abrams los personajes creados recordaban a los clásicos pero en busca de su propio destino aquí esos personajes son muy diferentes a lo esperado pero en un marco de sobras conocido. Allí habían nuevos Jedis y luchas con espadas laser, mientras que la fuerza era una mitología  casi olvidada, y por el contrario aquí los Jedis están extintos y no hay duelos de espadas pero se recupera ese misticismo casi religioso que se le supone a la Fuerza. En lo que sí coinciden ambas películas es en que el protagonismo recaiga sobre una chica, una figura fuerte, valerosa e independiente de lo que sí podríamos culpar a Disney y a su nuevo enfoque del descafeinado concepto que tenía de sus “princesas” (sirva Vaiana como ejemplo más reciente), claro que incluso en este punto se podría argumental que ya la Amidala que interpretara Natalie Portman iba por esos derroteros.
Al frente de la función tenemos a la actriz de moda, una Felicity Jones que posiblemente vaya a ser la actriz más taquillera del año gracias al bombazo que será esta nueva entrega de Star Wars y a lo que ya está amasando la española Un monstruo viene a verme, siendo Infernosu único desliz en este 2016. A su lado se reúne un variopinto (quizá si se hayan pasado un poco con la variedad racial) grupo encarnado por Diego Luna, Wen Jiang, Riz Ahmed, Alan Tudyk (aunque este solo prestando su voz al robot K-2SO) y Donnie Yen, dando vida al que puede ser el personaje más interesante y atractivo de la película.
Con estos elementos, los guionistas Chris Weitz y Tony Gilroy se las han apañado para concebir una historia muy entretenida e intensa pese a que, de una forma u otra, ya sepamos cual va a ser el desenlace final. Sin embargo, no todo van a ser virtudes en Rogue One y hay que reconocer que quizá les haya faltado algo de tiempo para poder desarrollar un poco más las personalidades de sus protagonistas, en especial ese Cassian al que da vida Diego Luna cuyos cambios de actitud no resultan demasiado creíbles. 
En un segundo visionado para recrearse en los detalles se pueden descubrir, además demasiados deux ex machina, demasiadas situaciones absurdas concebidas solo para permitir el avance de la acción, como interruptores o controles de antenas situados en lugares ridículos, pero a cambio no hay por aquí personajes estorbo que saquen de las casillas al espectador, como los dichosos Ewoks o el odiado Jar Jar Binks. Incluso el nuevo robot creado para la ocasión (y es que hay que vender juguetes, que nadie lo olvide), pese a ofrecer algunos de los momentos más simpáticos, no es un simple recurso cómico y participa bastante de la acción. Quizá el exceso de personajes (o de grandes actores) les haya lastrado un poco haciendo que tipos como Forest Whitaker o Mads Mikkelsen parezcan algo desaprovechados, pero tampoco se puede tener todo.
No estamos ante un drama bélico desgarrador, tampoco se trataba de eso, pero sí es bastante más adulta (siempre dentro de lo que pueda considerarse adulta una historia dentro del Universo Star Wars) y oscura de lo que me esperaba, y hay momentos de gran belleza visual, sobre todo los planos generales y las explosiones, en las que sí han permitido a Edwars buscar esa especie de poesía plástica que es una de sus cualidades. Las batallas aéreas no están a la altura de las de Abrams y hay momentos en los que se intuye un exceso de lo digital (dudo que hayan aquí tantas maquetas artesanales como en El despertar de la fuerza), pero se puede perdonar a cambio de disfrutar de una primera hora entretenida, una segunda hora magnífica y un epílogo final que emociona de verdad, sobre todo gracias al buen hacer de Michael Giacchino que consigue una efectiva banda sonora muy apegada a las referencias de Williams.
Y no he comentado nada sobre los villanos, a uno de los cuales no quiero nombrar por no chafar la sorpresa, pero la verdad… sabiendo que aparece Darth Vader, poco importa el resto.
En fin que, aunque no sea perfecta y puede que algunos la acusen de carecer de la épica que arrastra de por sí la saga familiar Skywalker, yo la pondría en el top tres de la franquicia. Y eso, tratándose de lo que podríamos considerar una película “menor” ya es decir mucho. Eso sí, resulta un divertimento añadido contemplar a los menos frikis del cine sin entender nada sobre el salto cronológico respecto a la anterior película.

Valoración: Ocho sobre diez. 

viernes, 16 de diciembre de 2016

EL FARO DE LAS ORCAS, drama con tintes naturalistas.

Roberto Bubas, más conocido como Berto, es un guardafauna de la Patagonia Argentina que se hizo célebre por su trabajo de investigación sobre las orcas por las que mantiene una lucha activista por su defensa y protección. Además de aparecer en diversos documentales en los que aparece nadando y comunicándose con tan impresionantes animales, ha escrito también un libro inspirado en su conmovedora relación con un niño autista cuya vida cambió gracias a su contacto con dichas orcas.
En esta novela es en la que se ha basado el cordobés Gerardo Olivares para dar forma a la película El faro de las orcas, una mezcla entre drama maternofilial, historia de amor y documental naturalista. Con Maribel Verdú y Joaquín furriel como cabeza de cartel, pero sin olvidar el destacable trabajo del niño Joaquín Rapalini o la presencia de Ana Calentano, la película funciona mejor como oda a la naturaleza, mostrando su crueldad y hermosura a la vez (no en vano Olivares se inició como documentalista) que como drama personal, posiblemente por culpa de que, ya sea más o menos real lo que se cuenta, uno puede ir adivinando lo que va a pasar en todo momento. Quizá por culpa de esa ausencia de sorpresa o por lo planos que resultan los personajes, demasiado arquetípicos y esquematizados, que la parte central de la película se me antoja algo pesada, solo siendo capaz de remontar en sus instantes finales, cuando Olivares pone toda la carne en el asador y apunta directamente al corazón.
Independientemente de cómo funcione la impostada historia de amor, estamos de nuevo ante una excelente interpretación de Maribel Verdú, que es quien lleva el peso dramático de la película por más que el guion quiera destacar a Berto por encima de ella. La propia actriz ha confesado que con esta historia es con la que más ha llorado de todas las que ha filmado, y posiblemente cualquier madre pueda entender sus palabras, pero algo no termina de funcionar en la conexión entre los dos personajes.
Eso sí, conviene destacar a los paisajes argentinos, hermosos acantilados al final de tierras áridas e inhóspitas, como un personaje más de la historia, así como a las propias orcas, cuyo uso de animatronics y retoques digitales no desentonan en absoluto.
En resumen, un drama con tintes optimistas que emociona en algunos momentos pero que no termina de convencer.

Valoración: Seis sobre diez.