lunes, 4 de agosto de 2014

ANARCHY: LA NOCHE DE LAS BESTIAS (6d10)

Ya avisó en 2013 James DeMonaco que The Purgue : La noche de las bestias sería tan solo el primer capítulo de una saga que, tras los buenos resultados en taquilla, parece que va a tener representación anual, eso sí, cambiando intérpretes y esquemas.
Así, en Anarchy: La noche de las bestias (todo un despropósito de traducción al español del título original: The Purgue: Anarchy), nos encontramos de nuevo ante la fatídica noche en la que todo está permitido. 
Con la excusa de liberar a la bestia que todos llevamos dentro, durante esta determinada noche del año la ley no existe y los robos, asesinatos y violaciones no podrán ser juzgados ni castigados.
Mientras en el primer episodio del año pasado Ethan Hawke y Lena Headey descubrían que los sofisticados sistemas de seguridad de su casa de una rica zona residencial no iban a protegerles de la locura que se extendía la noche de la Purga, en esta ocasión nos trasladamos a los barrios pobres del extrarradio donde un variopinto grupo de desconocidos deberán aunar fuerzas para sobrevivir en plena calle.
Con un arranque que casi parece compuesto por tres historias diferentes, a modo de cortometrajes entremezclados que terminan confluyendo en una sola trama, vamos a conocer a Sergeant, una especie de justiciero (brillante Frank Grillo) que emulando a clásicos como Charles Bronson y un look que recuerda al Punisher de Marvel se aventura por las vacías calles de la ciudad con un objetivo en mente, aunque por el camino se verá obligado a salvar a Eva y Cali (madre e hija) y a la pareja a punto de separarse formada por Shane y Liz.
En la película que abría la saga, DeMonaco apostaba por una historia claustrofóbica que brillaba gracias al brutal concepto de la Purga y a la estética de los agresores, pero que se desinflaba a medida que avanzaba la acción, cayendo en tópicos y volviéndose previsible y rutinaria. 
Quizá para no atascarse más todavía, en esta ocasión ha cambiado radicalmente el escenario y ha apostado por los espacios abiertos, con persecuciones de coches y francotiradores que dificultan las odiosas comparaciones con el film de Hawke y Headey. Sin la posibilidad de sorprender que a priori ofrecía aquella, DeMonaco no se avergüenza en imitar, sobre todo en el tramo final del film, a otros títulos centrados en la caza al hombre, como El malvado Zaroff o Blanco humano
Con buenas dosis de acción y un ritmo ligero, DeMonaco se permite, además, tintar su película con un tono de crítica social que, curiosamente, se convierte a la vez en lo mejor y lo peor del film. Capaz de condenar la situación económica actual de un plumazo con una sola escena (un bróker ahorcado sobre la puerta de un juzgado), se podría aplaudir su discurso moralista contra el poder y la clase alta, aun rozando la demagogia, pero cuyas buenas intenciones caen en saco roto al reconocer en el mismo prólogo de la película que las intenciones de los llamados “Nuevos Padres Fundadores” con la Purga han conseguido sus propósitos y Estados unidos se ha convertido en una nación sin delitos, sin paro y sin pobreza. 
Así pues, DeMonaco bien podría haber apostado mejor por el debate entre la doble moral no ya de los gobernantes sino de nosotros mismos sobre si aceptamos el “todo vale por la causa” o preferimos ser libres e independientes a cambio de pasar hambre y penurias.
Pero tampoco vamos a exigir una lectura demasiado sesuda a una película que no pretende más que entretener con buenos momentos de acción y ligeras dosis de terror que, sin ser una maravilla, por lo menos logra distanciarse de su antecesora lo suficiente como para poder disfrutar de la misma sin tener la sensación de que nos quieren vender más de lo mismo.
No dudo que en un futuro muy cercano la propuesta se vaya a agotar y canse al más pintado, pero por ahora, sin ser una maravilla, cumple. Y con eso ya debe valer.


SEX TAPE: ALGO PASA EN LA NUBE (6d10)

Tan bien se lo debieron pasar el director Jake Kasdan con Cameron Diaz y Jason Segel en Bad Teacher  que el trío ha decidido repetir untos en Sex Tape (y en breve lo harán de nuevo en Bad Teacher 2), una comedia con pinta de gamberra donde un matrimonio en plena crisis de pasión deciden grabarse en video para revolucionar así sus hormonas y apelar con ello a la lujuria. 
La jugada surge efecto, pero una vez consumada la demencial velada en lugar de borrar el estimulante video este termina sincronizándose con toda una colección de iPods que la desventurada pareja ha regalado recientemente a amigos y familiares, con lo que el “simpático” video porno casero de Annie y Jay queda al alcance de todos ellos, incluyendo al del hijo de sus mejores amigos que no tiene otra ocurrencia que chantajearlos bajo la amenaza de colgarlo en una web pornográfica.
Sex Tape se ha publicitado (y mucho) como una comedia sexual en la que se destacaba, sobre todo, las escenas de desnudos de la Diaz (para los interesados, queden informados que sólo van a ver culo, y repartido a partes iguales con el de Segel; no sé por qué los desnudos de él no tienen la misma resonancia) y aunque es cierto que la película contiene, al menos en su primera mitad, con muchas escenas de sexo (quizá se podrían definir incluso como de un erotismo muy muy light), la verdad es que el concepto de comedia sexual se diluye rápidamente para convertirse en comedia sin más (incluso lo de gamberra le viene grande), de un blanco que deslumbra y exageradamente políticamente correcta.
Así, una vez vista, lo que más se recuerda de ella no son los cuerpos de sus protagonistas retozando sino sus peripecias para recuperar los iPods regalados, siendo la segunda parte de la película la más divertida y en la que entran en acción los brillantes secundarios del film para ayudar a Diaz y Segel a mantener la función. Y no es que la pareja no tenga química, pues esta es innegable, pero es la aportación de Rob Corddry, Ellie Kemper y, sobretodo, de Rob Lowe y Jack Black, la que posibilita los momentos más delirantes y aplaudidos.
Divertida sin más pretensiones, es de agradecer la práctica ausencia de gags escatológicos o la sutil crítica a un mundo tecnológicamente interconectado donde la privacidad parece haber desaparecido y la persecución a la que antaño eran sometidos los famosos puede caer sobre cualquier anónimo que cometa el más ligero desliz en la red.
Hace ya algún tiempo comenté que la comedia americana parece estar madurando, y que la época de los American Pie y el resto de bazofias de cacaculopedopis estaban destinadas a pasar a mejor vida. 
El éxito de la saga Resacón en Las Vegas, las producciones de Judd Apatow y hasta los cambios de registros de comediantes más zafios como Adam Sandler así lo parecían demostrar  y en esta nueva ola de comedias el tema no va ya tanto de adultos que quieren negarse a crecer y seguir comportándose como críos sino todo lo contrario. 
El matrimonio, los hijos, ya no son, en definitiva, una lacra, y la solución ante la falta de tiempo que dedicar a la pasión o la simple ausencia de apetito sexual no es ya un problema trágico que haya que resolverse a golpe de ingenio, sino un simple paso más en el camino, una etapa concluida que da pie a otra nueva, que con comprensión e inteligencia puede resultar igual de apasionante que la anterior.
De esta manera, Sex Tape, al final, no es una reflexión gamberra y cachonda sobre el sexo, sino una mirada al desgaste del matrimonio y al amor que, a la postre, resulta incluso tierna y clarificadora.
Esto, naturalmente, va a defraudar a muchos adolescentes que se acerquen a su cine sólo por la idea de ver a Cameron Diaz en pelotas (ya les ocurrió lo mismo con Sandra Bullock en La proposición; si es que no aprenden…) y enfadará a los revolucionarios que acusen a este film de panfletario y conservador, e incluso podrían acusarla de ser simplemente un anuncio increíblemente alargado de Apple, pero esto es lo que realmente hay. 
Son los nuevos tiempos, y hasta un líder de la escatología como Seth MacFarlane lo ha entendido cuando derivó la gamberrada que podría haber sido Mil maneras de morder el polvo en una historia de amor.
Y a quien no le guste, siempre puede recurrir a Redtube. Eso si el discurso de Jack Black no les ha quitado las ganas…


AVIONES: EQUIPO DE RESCATE (6d10)

Cuando se promociona el estreno de un título de estas características como: “la nueva película de los Estudios Disney” siempre se olvidan de mencionar que el estudio firmante se llama en realidad Disneytoons. Me explicaré: Disneytoons es en realidad una variante nacida del sello ya desaparecido de Disney en Australia que se dedica en la actualidad a productos de animación para la televisión.
Esto resultaba muy evidente en Aviones, estrenada el año pasado, un telefilm animado de calidad insuficiente como para ser estrenada por todo lo alto y que deberíamos comparar a productos Disney menores como las películas de Campanilla o las secuelas de títulos clásicos como La Sirenita, El Rey León, etc. Sin embargo, algún cerebrito de la compañía pensó que el truco de copiar descaradamente a la compañera de viaje Pixar y sus Cars podría ser una buena manera de sacarse un dinerillo y Aviones se estrenó por todo lo grande, estafando a los sufridos padres y aburriendo a los pobres niños que se tragaron una película insulsa, mal hecha y tremendamente aburrida cuya única intención parecía ser la de vender juguetitos en forma de aviones con boca y ojos.
Apenas un año después llega una secuela (hay que seguir exprimiendo la teta), cuando lo normal en una película Disney sería una producción de entre tres y cuatro años. Afortunadamente, alguien ha debido tener un arrebato de conciencia y el listón ha subido lo suficiente como para considerar esta secuela como un film mínimamente digno y lo suficientemente divertido y emocionante como para justificar la hora y media que se le debe dedicar.
Aviones: equipo de rescate recupera los personajes de la primera entrega pero tiene el acierto de profundizar en la personalidad del protagonista, Dusty, y sacarlo de su elemento fundamental -las carreras de élite- para enfrentarlo a un nuevo desafío y a nuevos compañeros de aventuras en una historia con mucho más argumento que su antecesora lo que facilita que las bromas y las situaciones cómicas sean mucho más inspiradas, mientras que los momentos dramáticos –inspirados en las películas de catástrofes clásicas- sean también más intensos.
Sigue sin entusiasmarme la idea de aparatos que se comportan como seres humanos, pero al menos en esta ocasión han logrado entretenerme y provocarme alguna que otra sonrisa, acompañando las peripecias de Dusty con una calidad técnica mejorada que, si bien no oculta totalmente sus carencias televisivas por lo menos sí las disimula.
Aviones: equipo de rescate no es una gran película Disney, pero al menos se deja ver sin avergonzar. Y eso, por sí solo, ya era más de lo que a priori uno podía esperar de ella.

MARSELLA (6d10)

Escrita y dirigida por la tarraconense Belén Macías, de amplio bagaje televisivo, Marsella se presenta como un enfrentamiento (tanto a nivel de personajes como interpretativo) entre dos mujeres por el amor y la custodia de una niña.
Sara, interpretada por María León con una solvencia excelente, aunque rozando peligrosamente en encasillamiento en un tipo de personaje tan realista y castizo como absolutamente carente de glamour cinematográfico, es la madre biológica de Claire, a la que abandonó por sus graves problemas con la bebida y de la que el estado se hizo cargo tras un incidente que podría haber tenido graves consecuencias. Virginia, elegante y sufrida Goya Toledo, aunque no siempre todo lo convincente que debería, es la madre de acogida de la pequeña, la única madre que la pequeña Claire ha conocido y que junto a su marido le ha brindado una vida cómoda y una impecable educación.
Ahora, años después, Sara se ha rehabilitado y recuperado la custodia de su hija, con la que se marcha hasta Marsella en busca del padre que nunca conoció como excusa para pasar un tiempo a solas con ella y aprender a conocerse y quererse de nuevo. Pero una serie de decisiones equivocadas y desesperadas forzará que el camino de Sara y Virginia se cruce de nuevo y ambas madres compartan coche y maternidad en busca de esa figura paterna que se intuye en el horizonte como la última pieza del puzle que supone para Claire su pasado y sus orígenes.
Una lucha de egos, un duelo entre dos mujeres obligadas a competir entre sí por el cariño de aquella que ambos consideran su hija, que invita a la reflexión sobre si  la paternidad y el amor fraternal está necesariamente ligada a una cuestión biológica o si puede ir mucho más allá y el amor puede y debe imponerse a cuestiones simplemente genéticas. En este sentido, la película avanza con notable firmeza, ofreciendo diversos elementos de juicio para que cada cual se forme su propia opinión, con escenas contundentes entre ambas actrices cargadas de una gran fuerza emocional y cuya carga dramática se ve compensada por la sencilla calidez de la protagonista, magnífica Noa Fontanals, que también se encarga de interpretar la canción que cierra el film, y con la presencia del camionero interpretado por Edu Fernández que impone con su presencia un alivio a la tensión entre las féminas y un toque de cordura necesario para poder comprender la armonía y comprensión con la que, pese a todo, transcurre el trayecto.
Sin embargo, la labor de Belén Macías se tuerce al tomar decididamente partido por una de las protagonistas al llegar a la recta final de esta intensa road movie, impidiendo que esa reflexión a la que estaba invitando al espectador llegue a buen puerto e imponiendo sus propias ideas, lo que hace pensar –junto a la dedicatoria final-, que la historia de Marsella es mucho más personal de lo que debería y que la propia Macías es parte implicada, por lo que –en términos legales- el juicio debería declararse nulo.
Y no es que la directora no tenga derecho a ser partidista en su historia (que para eso es suya), sino que al hacerlo pierde la credibilidad, manipulando a uno de los personajes para que actué no como debería sino como a ella le interesa para su propio fin. Cualquier persona que haya estado implicado en un caso de resolución de maternidad, acogida o incluso adopción sabe que detrás e la bonita fachada que supone el querer defender y proteger a un niño se esconde un sentimiento puramente egoísta. Si se pretende ser realista (y la película aparentemente lo pretende), el argumento no versa en torno a qué es lo mejor para Claire, sino en quién es mejor madre para ella. Y que llegados al final (y no voy a revelar cuál es, por supuesto), una de las dos renuncie a todo por lo que ha luchado sólo porque en un momento de revelación repentina pueda llegar a aceptar que quizá ella no vaya a ser lo mejor para la niña es, simplemente, irreal. Así, Macías tira por la borda su emotiva epopeya con una resolución manipulada que rompe con la propia construcción de uno de los personajes, por más que ello de pie a un plano bello y metafórico centrado en una solitaria veleta.
Con todo, si el espectador es capaz de prescindir de este error final y componer su propio juicio de valor, la película resulta emotiva, intensa y con muy buenas interpretaciones, con lo que su visionado resulta claramente recomendable. Aunque el final se desinfle…

sábado, 19 de julio de 2014

EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS (8d10)

Miedo le tenía a esta película debido al enorme hype que estaba produciendo. Tantas noticias y críticas diciendo que se trata de la película del año, casi una obra maestra, no hacían más que provocar mi desconfianza ante un nuevo producto sobredimensionado que no podía más que decepcionar.
Pues nada más lejos de la realidad. La secuela de El origen del Planeta de los Simios (que a su vez, como esta, era precuela del clásico El Planeta de los simios) es esplendida, maravillosa, grandiosa y genial.
Protagonizada por un monstruoso Andy Serkis que se merece el Oscar ya (y si no es posible dárselo porque no se le ve el rostro que inventen una categoría especial urgentemente), la película continúa tal y como quedó su antecesora, con los simios viviendo en libertad y un virus mortal para los humanos propagándose por todo el planeta. Diez años después, los simios han construido una comunidad que los muestra a medio camino entre su naturaleza salvaje y los rasgos de humanidad que el aumento de inteligencia ha formado en ellos. Así, se nos presentan como una especie de tribu ancestral, cazadora en grupo y portadores de armas de hierro y constituida en una sociedad liderada por Cesar, que se ha convertido, además, en cabeza de familia.
Por su parte, un escaso grupo de humanos ha logrado sobrevivir a la epidemia al ser inmunes al virus, pero para garantizar su supervivencia dependen de poner en funcionamiento una central energética ubicada en una presa que está, precisamente, en territorio simio. Mientras en el campamento establecido en San Francisco el líder humano Dreyfuss se encargará de armar y preparar a sus hombres para un posible combate Malcolm y un escaso puñado de humanos más tratarán de negociar un acuerdo con los simios.
Sin embargo, no todos los humanos van a aceptar de primeras la amistad de los simios, ni todos los simios se van a prestar a colaborar con los humanos.
Lo que podría parecer una película de aventuras con tintes naturistas pronto se convierte en una película bélica, sin contemplaciones. Cruel y sanguinaria, El amanecer del Planeta de los Simios se entiende como una metáfora de la imposibilidad de entendimiento entre dos razas diferentes, y cómo el odio más irracional puede conducir a la hecatombe sin que la lógica ni los sentimientos puedan evitarlo. Jugando constantemente en apuntar a unos y a otros como los “malos” de la peli, la película no ofrece un villano general (aunque sí uno particular), pues el quid de la cuestión es que los humanos se han vuelto demasiado animales y los animales demasiado humanos, con lo que el conflicto será, finalmente, inevitable.
La película está dirigida con maestría por Matt Reeves, amiguete de correrías de J.J. Abrams quien le dio la oportunidad de debutar en cine con la interesante Monstruoso a la que siguió la estupenda adaptación americana de la película nórdica Déjame entrar. Juntos además habían colaborado ya en la serie Felicity, lo que se puede comprobar en la participación en la película de Keri Russell, protagonista de la serie y no demasiado prodigada en cine. Otro viejo conocido de la familia es Kirk Acevedo, famoso por su doble papel de Charlie Francis en Fringe y que aquí tiene un breve pero determinante papel.
Reeves completa ahora su mejor película hasta la fecha, luciéndose en las escenas de acción y sabiendo mantener el ritmo sin caer en la sensiblería ni el maniqueísmo y regalándonos alguna escena especialmente inspirada, como la del tanque en pleno campo de batalla.
Como protagonistas del film (aparte, insisto, del fenomenal Andy Serkis) encontramos a Jason Clarke (actor sosete que se dio a conocer en La noche más oscura y será el nuevo John Connors) y a Gary Oldman, los cuales hacen unas interpretaciones sufridas pero sin demasiado espacio para el lucimiento. Y es que si hay que ponerle algún pero a la peli (alguno se lo pone, yo no) es lo superficialmente dibujados que están los personajes, de los cuales apenas sabemos nada aparte de que perdieron a seres queridos debido a la epidemia de la que muchos responsabilizan a los simios. 
Sin embargo, en mi opinión, no necesitamos conocer mucha más de ellos, pues los verdaderos protagonistas del film, los que mueven el motor de la acción, son los simios, y en ese bando, aparte de conocer de antemano el pasado de Cesar y de su segundo a bordo Koba quedan suficientemente bien definidos en la película para comprender sus sentimientos y motivaciones aún sin haber visto la anterior.
Como colofón final a una película que supera con creces (y eso sólo es ya todo un mérito) a la obra de Rupert Wyatt y se sitúa a la par (aunque los ritmos narrativos y las secuencias de acción son totalmente diferente, como corresponden a las épocas de rodaje) al clásico que protagonizó Charlton Heston allá por 1968 tenemos a Michael Giacchino como autor de la banda sonora, otro más que salió de la factoría Abrams pero que ya brilla con luz propia y que aquí consigue una impagable obra musical que engrandece aún más la película.
Simpática y tierna en algunos momentos, dura y trágica en otros y decididamente trepidante y emocionante pero sin renunciar a la reflexión en ningún momento, El Amanecer del Planeta de los Simios es, probablemente, la mejor película estrenada este año, por lo menos en lo que a cine comercial se refiere, y es que sus guionistas han logrado escribir el libreto de una película cargada de efectos especiales y personajes digitales sin permitir que estos se coman a la historia.
Magnífica. No hay más que decir.



jueves, 17 de julio de 2014

SABOTAGE (7d10)

Resulta interesante a la par que curiosa y casi hasta desconcertante, la nueva incursión en el cine del bueno de Schwarzenegger. 
Se trata de su curta película (sin contar el breve y divertido cameo de Los Mercenarios) tras su regreso a Hollywood después de su etapa política y visto el calibre de esta última película parece claro que, pese a que está confirmado que repetirá los roles de Conan y de Terminator, el austriaco va a continuar apostando por el riesgo, como ya hiciera a principios de su carrera.
Los que seguimos al héroe de acción por antonomasia de los 80’ sabemos que sus personajes adrenalíticos sueles estar cargados de una ironía y un sentido del humor que parecían (a diferencia de los films de Stallone, al menos al principio de su carrera) hasta dulcificar la violencia que podía contener sus películas, incluso en manos de directores tan extremos como Paul Verhoeven. Sabotage, sin embargo, huye de cualquier ápice de humor, siendo una película madura, realista e incómoda, con grandes dosis de sangre y violencia e incluso algo de sexo.
En realidad, el culpable de todo esto es David Ayer, guionista de la magnífica Training day (de Antoine Faqua, con Denzel Washington y Ethan Hawke) y que se encargó de dirigir (además de escribir) títulos tan destacados como Vidas al límite o Sin tregua (y actualmente rueda Fury, con Brad Pitt), todas ellas películas muy oscuras donde se muestra la crudeza que se oculta tras la realidad del mundo policíaco, mucho menos heroico y magnificado de lo que el cine suele retratarlo.
En esta ocasión, Schwarzenegger interpreta a John 'Breacher' Wharton, el líder de un grupo de asalto de la DEA que si bien son toda una leyenda en su lucha contra la droga tienen también una cara oculta cuando, en su último trabajo, tratan de robar diez millones de dólares de un cártel. Pero todo va a salir mal: uno de sus hombres muere en la misión, el gobierno se huele algo y comienzan a investigarlos y, para colmo, el dinero desaparece sin que ninguno de ellos sepa que ha pasado. Tras seis meses siendo investigados las aguas parecen volver a su cauce, pero entonces, uno a uno, los duros mercenarios comenzarán a ser asesinados, siendo la última misión del grupo simplemente sobrevivir, con la forzosa colaboración de la investigadora de homicidios Caroline Brentwood.
Con un reparto ligeramente coral en el que destacan Olivia Williams (recordada por ser la mujer de Bruce Willis en El sexto sentido, aunque su papel más celebrado fue en An Education), Sam Worthington (Avatar, Furia de Titanes), Terrence Howard (Iron Man, Prisioneros) y Mireille Enos (de la serie The Killing y, más recientemente, Guerra Mundial Z), y con la presencia fugaz del “perdido” Josh Holloway, Joe Manganiello o Martin Donovan, Arnold Schwarzenegger termina por coronarse como rey de la función, aunque las escenas de acción recuerden que el paso de los años no son algo baladí y su despliegue físico se limite a escenas de tiroteos y poco más.
Sabotage toma inspiración en la clásica novela de Agatha Christie Diez negritos, ya que David Ayer construye toda la trama alrededor del misterioso asesino que, indudablemente, conoce a fondo las cualidades de cada uno de los miembros del grupo. Así, la película se desarrolla con un notable ritmo, sin renunciar a escenas sucias, incómodas y hasta enfermizas, mutando del thiller al slasher (hay momentos de auténtico gore) para culminar en un tono casi crepuscular que podría recordar films de Sam Peckinpah o incluso Clint Eastwood. Ayer se desenvuelve con su estilo habitual, con una cámara nerviosa e inquieta y escenas de puro videojuego, consiguiendo un resultado final loco, desmedido y algo irregular.
El principal defecto de la película, sin embargo, debe encontrarse precisamente en el guion, en una historia que comienza a flaquear cuando se empiezan a desatar las sorpresas y que obliga a dudar de las motivaciones de algunos personajes, para lo que alguna situación totalmente forzada (como el affaire entre Schwarzenegger y Williams) no ayuda demasiado.
Con todo, entretenida y disfrutable siempre y cuando seamos conscientes de que vamos a ver a una serie de personajes corruptos, malhablados y desagradables, no al viejo amigo Arnie al que tanto habíamos echado de menos.

miércoles, 16 de julio de 2014

SÓLO LOS AMANTES SOBREVIVEN * (7d10)

El amor… Ese misterioso sentimiento que une dos almas durante… ¿días?, ¿meses?, ¿años? ¿Quizá toda la eternidad?
Ese es el punto de partida de la nueva obra de Jim Jarmusch, la posibilidad de que el amor pueda ser realmente eterno, superar el paso de los años (y de los siglos) y ser capaz de sobrevivir por encima de todo.
Adam y Eve son un matrimonio de vampiros que se aman por encima de todo. Sin embargo, esta no es una película de vampiros, y quien acuda a ella esperando ver sangre y violencia se llevará una gran decepción, aunque hay quien puede ver aquí el reverso retorcido y brillante de Crepúsculo. Pero Sólo los amantes sobreviven es, sobre todo, una película de Jim Jarmusch, con todo lo bueno y malo que ello conlleva. Aquí están todos sus tics, sus manías y sus fobias, y es evidente que no se trata de una producción adecuada para todos los gustos.
Semejante en cuanto a simbología a la Byzantium de Neil Jordan, aunque mucho más onírica y poética, Sólo los amantes sobreviven comienza con una primera mitad lenta, plagada de imágenes imposibles, de sonidos escrupulosamente calculados, con Tom Hiddleston y Tilda Swinton casi como únicos protagonistas, llevando todo el peso de la narración y mostrando unas interpretaciones tan brillantes como comedidas. Cierto es que la melancolía triste y lánguida que propone Jarmusch casi puede resultar insoportable y excesiva, pero la aparición de la hermana de Eve, Ava (Mia Wasikowska) introduce un elemento discordante que rompe la apacible vida de los no muertos y los precipita hacia una lucha por la supervivencia casi agónica.
Con Anton Yelchin y John Hurt como secundarios de lujo, Sólo los amantes sobreviven es hermosa, apasionada, visualmente hipnótica y necesariamente dolorosa.
Jarmusch en estado puro.

EL SECRETO DEL COFRE DE MIDAS (5d10)

Plagada de figuras consagradas como mandan los cánones, El secreto del cofre de Midas es una película de aventuras juvenil que pese a su aparentemente aparatoso diseño de producción aspira a poco más que a entretener con una trama heredera de las aventuras de Indiana Jones y el desahogo cómico de Los Goonies, con algún toque de misterio  rocambolesco a lo Harry Potter (o, puestos a comparar, y ya que hay dinero español metido en la producción, a lo Zipi y Zape).
El tesoro del cofre de Midas no es una mala película, y al analizarla hay que tener en cuenta que va dirigida a un público objetivo casi infantil, pero ello no implica que debamos tragar con todo y transigir con las niñerías que en algunos momentos nos quieren colar con semejante excusa.
Quitando a las tres estrellas mediáticas que tampoco es que deban tener muchos grandes papeles entre los que elegir (a saber: Sam Neill, Michael Sheen y Lena Headey) y al protagonista, un Aneurin Barnard que aprueba justito, algunas interpretaciones son lamentables, como es el caso de los esbirros del villano de turno o el hermano del protagonista. La dirección es bastante plana y no sabe en ningún momento imprimir el ritmo necesario que necesita la historia y los giros argumentales son tan previsibles que renuncian al instante a toda opción de sorprender. Y para colmo está la pretensión de querer ser el inicio de una nueva saga, una más de las muchas que ansían llenar el hueco dejado por el mago de J.K. Rowling, aunque es evidente que ya de partida las novelas de dicha señora eran mucho más populares que las del tal Graham P. Taylor (esto, al parecer sería el inicio de la trilogía de Mariah Mundi).
Pero superada la pataleta inicial debo confesar que la historia del joven que, desesperado por la desaparición de sus padres y su hermano pequeño, debe resolver el misterio alrededor de un cofre que se supone contiene un gran poder distrae durante gran parte de su metraje, donde se agradece los esfuerzos de los actores de "verdad" por resultar creíbles, aunque Sheen roza demasiado la caricatura. Así, El secreto del cofre de Midas es suficientemente correcta como para agradar y entretener, al menos hasta llegar a su clímax final, donde todas las buenas intenciones que hay por el camino se van al traste con un desenlace totalmente ridículo que estropea todo lo visto hasta ahora.
Ctreo que el principal problema del cine juvenil actual es prescindir de las ideas originales y abusar de novelitas en busca desesperada de nuevas sagas con un peso excesivo en el protagonista tal y como sucediera con Percy Jackson y compañía. ¿Dónde han quedado esos grandes creadores de historias de los 80 que conseguían grandes películas juveniles con una gran originalidad (Regreso al futuro, Gremlins, Los Goonies…)?
Pese a todo, cumple lo poco que se le puede exigir, y no se le debe pedir mucho más. Habrá que conformarse…

martes, 15 de julio de 2014

BAJO LA MISMA ESTRELLA (7d10)


No es nada novedoso combinar en una misma película drama y romance, más si el drama viene provocado por la existencia de una enfermedad terminal. 
De hecho, cada generación posee su propio ejemplo y aunque ninguna logrará superar a Love Story (no ya por su calidad sino por su trascendencia social que la convirtieron, junto a su tema musical, en un clásico imperecedero) me vienen a la mente títulos como Elegir un amor con Julia Roberts o Un pedacito de cielo con Kate Hudson (de hecho este mismo fin de semana se ha estrenado, coincidiendo en cartelera con Bajo la misma estrella, Ahora y siempre, con Dakota Fanning enferma de leucemia.
Sin embargo pocas películas de este amargo género tienen el acierto de saber disfrazarse de comedia para enfrentarse a la enfermedad desde el humor (muy negro, por supuesto) y la ironía.
Hazel Grace es una adolescente que lucha a diario contra un cáncer de tiroides que se le ha extendido por los pulmones. Sin embargo, su mayor preocupación no es enfrentarse al dolor y la muerte, sino la imposibilidad de llevar una vida normal, tanto en la relación con sus propios padres como ante la posibilidad de encontrar amigos que la comprendan en lugar de comparecerla. Su única vía de escape es la novela Un dolor imperial, del americano afincado en Ámsterdam Peter Van Houten, al que se aferra como si fuese un bote salvavidas pese a lo abrupto de su final. Pero todo cambia cuando conoce a Gus Waters, que aparentemente ha derrotado a un osteosarcoma que se ha llevado por delante su pierna derecha, y obsesionado por no ser olvidado. Pronto entablan una gran amistad (a la que hay que sumar a Isaac, el mejor amigo de Gus, cuyo cáncer de ojos lo acerca a una irremediable ceguera) que, naturalmente, terminará derivando en amor.
Teniendo en cuenta estos elementos y el detalle de que todo parte de una exitosa novela juvenil de John Green, el director Josh Boone lo tenía muy fácil para caer en la tentación del melodrama de lágrima fácil y romance adolescente empalagoso,  pero la película prefiere apostar por el optimismo y el deseo de vivir que ya reflejaba la novela, huyendo del abuso de escenas de hospital y momentos de sensiblera fácil para construir una historia de amor dónde las alegrías pretenden superar a las tragedias y donde de lo que se trata es de saber vivir, no de saber morir, y con el romántico viaje a Ámsterdam para conocer al escritor como punto álgido de la historia.
Posiblemente el gran acierto del film haya que encontrarlo en su pareja protagonista, con una gran Shailene Woodley, que está sensacional cargando con todo el peso de la película (y que demuestra que puede ser una gran actriz dramática como se vio en Los descendientes mejor que la heroína aplaudida por muchos entre los que no me incluyo por esa tontería de Divergente) y con un Ansel Elgort (precisamente su hermano en la mencionada distopía) que no se queda atrás, y con el toque de calidad que aportan dos veteranos como Laura Dern y Willem Dafoe en roles secundarios. 
Woodley y Elgort poseen una química innegable que traspasa la pantalla y logran que sus personajes resulten creíbles y transmitan toda la carga emocional precisa para poder empatizar con ellos.
Pero al fin, por muchos momentos distendidos y pese a tener a dos adolescentes descubriendo el amor, el verdadero y gran protagonista es el cáncer y ello obliga a que, irremediablemente, todo tenga que derivar hacia el drama. Ya lo avisa Hazel Grace en la escena inicial: la vida real no es como en las películas y no todo puede arreglarse con una canción de Peter Gabriel.
Así que nadie se lleve a engaños: la historia de Hazel Grace y Gus nos hará reír, emocionarnos, enamorarnos y hasta soñar. Pero también nos hará llorar, no lo dudéis. Porque, al fin y al cabo, llega un momento en que la realidad debe tomar el mando.
Con la única pega de un metraje quizá algo excesivo y un ritmo algo errático (el viaje a Ámsterdam es un punto clave de la historia, pero está situado apenas a mitad de la película: aquí alguien debería haberle hablado a Josh Boorne de la diferendia entre el ritmo narrativo de una novela y el de una película) , Bajo la misma estrella (título que homenajea al propio Shakespeare) es emocionante y apasionada y merece ser vista tanto por lo que es como por saber evitar lo que podría haber sido.
Y es que por fin alguien ha entendido que una película protagonizada por adolescentes no debe ir dirigida sólo a adolescentes. Y más mientras Hollywood siga tratando a los adolescentes como a imbéciles. 

lunes, 14 de julio de 2014

EL ABUELO QUE SALTÓ POR LA VENTANA Y SE LARGÓ (5d10)

El abuelo que saltó por la ventana y se largó es una comedia con tintes bastante negros  que llega a nuestro país avalada por el gran éxito de crítica y público en su país natal, Suecia, y sin más referentes que un simpático y algo explicito tráiler, ya que ni el director ni los protagonistas han protagonizado nada relevante más allá de sus propias fronteras.
Basada en la novela de Jonas Jonasson de gran éxito, cuenta la increíble historia de Allan Karlsson, un anciano que el mismo día que cumple los cien años decide huir de la residencia donde reside mientras repasa mentalmente toda su vida, de manera que nos vamos a encontrar con dos historias paralelas en dos líneas temporales diferentes.
Lo que a priori parece una simpática fábula sobre los años dorados de un longevo sueco toma rápidamente unos tintes bien negros cuando descubrimos la obsesión, ya desde niño, de Allan por los explosivos y toda la ternura y complicidad hacia la tercera edad que pudiéramos esperar del film se difuminan por completa, dejándonos perplejos y sin capacidad de reacción.
No voy a protestar por encontrarme ante una película diferente a la que me esperaba (eso siempre es más culpa del espectador que del realizador), pero sí algo decepcionado ante una historia demasiado irregular que parte de la base de que hay un tipo casi omnipresente que en ningún momento se esfuerza por provocar el más mínimo ápice de empatía. Allan es un psicópata, borracho y egoísta de principio a fin, y eso es algo que me cuesta perdonarle al protagonista de una película, más cuando todo (desde su pequeña historia particular hasta la historia de toda la humanidad) gira alrededor suyo. Afortunadamente, el surrealismo de sus aventuras y el cuarteto con el que acabará formando equipo en el presente compensan esas carencias de simpatía y permiten disfrutar la película como lo que es, una comedia negra absurda y con tendencia al slastic.
No cabe duda de que se trata de una ambiciosa apuesta a nivel visual (contiene múltiples explosiones, diversos decorados ambientados en otras épocas y hasta la presencia de un submarino nuclear ruso), pero no a nivel argumental, donde renuncia a toda muestra de credibilidad en favor del “más increíble todavía”. 
Así, tanto la película como la novela en que se basa, debe su existencia sin rubor alguno al Forrest Gump de Robert Zemeckis, ya que a lo largo de su vida Allan, como Forrest, será testigo (cuando no partícipe directo) de diversos momentos históricos claves para nuestra sociedad, lo que lo llevará a conocer a personajes tan dispares como Franco, Truman, Stalin, Gorvachev o Regan, siendo parte vital del proyecto Manhattan, contemplando la caída del muro de Berlín o teniendo activa participación en la Guerra Fría. Y Allan, como Forrest, pasará por todos esos hechos como quien no quiere la cosa, casi sin ser consciente de ello.
Por otro lado, en su historia en el presente el robo absurdo e injustificado de una maleta repleta de dinero le hará ser objetivo tanto de la policía como de una banda de moteros en la que se supone debemos encontrar la metáfora que de sentido al film y nos demuestre lo poderosamente  deseoso de vivir que tiene el anciano protagonista.
No sirve este título, pues, para reflexionar sobre los estragos de la edad ni como metáfora de una sociedad empeñada en destruirse a sí misma (por más que sea lo que pretenda) pero sí es un buen divertimento que entretiene capaz de mostrar momentos de gran brillantez que elevan la calidad de la historia para a continuación desinflarse completamente con el absurdo más espantoso.
Distraída y esporádicamente inspirada, no está a la altura de lo que se le presume, y el hecho de contar con un mismo actor para interpretar a Allan Karlsson no ayuda demasiado, pareciendo su maquillaje en toda la parte en la que es centenario como salido de Muchachada Nui.
La película, que sube en intensidad a medida que avanza la acción para caer estrepitosamente en su tramo final (ridícula la policía sueca y más ridículo –y repetitivo- el final con el mafioso), intenta enamorar, consiguiéndolo por momentos. Su protagonista, ni lo intenta ni lo consigue.

EL SUEÑO DE ELLIS * (6d10)

Interesante reflexión sobre la inmigración en manos de James Gray (director acostumbrado a trabajar con Joaquin Phoenix), representada en la figura de Ewa Cybulska ( Marion Cotillard), una refugiada polaca que acepta la ayuda de Bruno Weiss (Phoenix) para lograr ser aceptada en los Estados Unidos a pesar del alto precio que deba pagar por ello.
Ambientada a principio de los años 20, la isla de Ellis constituía el último obstáculo para entrar en la Tierra de las Oportunidades y allí era donde terminaban por forjarse o destruirse los sueños de todos aquellos que deseaban dejar atrás su pasado y comenzar de cero en el “nuevo continente”.
En el caso de la protagonista la enfermedad de su hermana Magda (es retenida en el hospital de Ellis al diagnosticarle tuberculosis) la impulsa a trabajar como actriz en el cabaret que dirige Bruno, aunque el objetivo final del erótico espectáculo no es otro que el de ofrecer chicas de alterne con cierta discreción.
Atrapada en un mundo que aborrece y teme, Ewa encontrará una vía de escape cuando conoce a Orlando (Jeremy Renner), un mago del espectáculo que le promete ayudarla a ella y su hermana y llevarlas a California. Se crea ahí un peligroso triángulo que sólo podrá terminar en tragedia debido al enfermizo enamoramiento de Bruno.
Esta es solo una de las muchas historias que podrían haberse producido en una época en la que Europa era un lugar maltratado por la Gran Guerra y del que convenía escapar, pero bien puede trasladarse a cualquier época o país, y esa es la gran virtud de la película. No es simplemente la historia de una polaca obligada a prostituirse. No es sólo la crónica de un país convertido en una promesa de esperanza. La isla de Ellis es intemporal. Puede ser Gibraltar. Puede ser la costa italiana. Puede ser la frontera con México…
La isla de Ellis es aquel lugar en donde un hombre capaz de renunciar a sus raíces por un futuro puede permitirse soñar.
Y mientras se pueda soñar habrá esperanza.