domingo, 20 de septiembre de 2020

Visto en Disney+: MULÁN

A priori, se podría decir que la nueva versión de Mulán tiene la virtud de no ser una simple fotocopia de la película animada original, como sucede con otras live actions, día de la que me he quedado amargamente en ocasiones anteriores. Sin embargo, en Disney parece no haber comprendido la raíz del problema, volviendo a fallar a la hora de adaptar uno de sus clásicos.

Puestos a hacer remakes (algo, por otro lado, sin ninguna justificación artística, más allá del deseo de ganar dinero sin demasiado esfuerzo), lo que deberían hacer es tratar de mantener la esencia de la historia y los personajes sin por ello estar limitados a repetir un guion de manera casi textual. Lo que la directora Niki Caro hace en esta nueva versión es alterar el concepto que rodeaba a la protagonista para crear un personaje nuevo que no consigue igualar la magia de la original para, al final, volver a contar casi la misma historia.

Puede que la culpa de ello sea esa mal entendida moda de remarcar el poder femenino y dar un tono de empoderamiento muy sano (incluso necesario) que cuando se hace de manera natural pero que roza el ridículo cuando se pretenden forzar las cosas. Qué se lo pregunten si no a Elizabeth Banks y sus Ángeles de Charlie. La Mulán animada ya era, efectivamente, una chica triunfando en un mundo de hombres, pero era mucho más. Representaba el triunfo del débil, la muestra de que con empeño y esfuerzo podía estar a la altura de cualquiera. En la película de Caro la protagonista, con la excusa del poder del Chi, es casi una super heroína, alguien fuera de lo común, cuya única preocupación es la de esconder sus poderes previamente como discurso contra las convicciones machistas que, dado la época y el lugar tampoco es fácil extrapolar a la sociedad actual.

Otra diferencia importante entre ambas versiones, y esta, a priori también debería haber sido positiva, radica en el intento de ser más realista. Por lo menos eso vendía su directora ante las preguntas sobre la ausencia del dragón Mushu o de los números musicales. Pero tampoco eso se traduce en acierto, ya que ese realismo choca con la escena de los villanos de la historia subiendo por las murallas como si la gravedad no existiese, los poderes mágicos de una bruja inventada para la ocasión o las propias piruetas imposibles en combate de Mulán. Puede que llegados a este punto alguno de vosotros pueda quejarse de que estoy cayendo demasiado en la comparativa, y que la Mulán de 2020 merece ser valorada por sí misma, pero es que tampoco así se salva completamente. Esa mezcla de magia y realismo que busca la directora nunca llega a funcionar del todo, provocando una irregularidad terrible, y el buen aporte interpretativo se ve empañado por el poco provecho que se saca de los actores más reconocibles, léase Jason Scott Lee, Jet Li o Donnie Yen.

Es en el apartado visual donde mejor luce el film, que sin llegar a las cotas de títulos como Tigre y dragón (en quien se quiere inspirar), al menos ofrece una hermosa plasticidad y un brillante colorido. Y aquí la pega es que Disney nos haya castigado quitándonos la posibilidad de ver el film en pantalla grande.

Dicho todo esto, no es que la película sea un horror, pues pese a lo plano de su protesta resulta entretenida y es fácil simpatizar con la protagonista, pero está claro que después de estar llamada a ser la gran producción Disney del año es innegable que el resultado final es decepcionante y que sus problemas pueden más que sus virtudes. Una propuesta extraña que no parece saber nunca a quien va dirigida, demasiado bélica para un público infantil, demasiado blanda para uno adulto.

En resumen, y dejando de lado polémicas políticas que no vienen al caso ni deben influir a la hora de valorar la calidad de un film, estamos ante un entretenimiento sin alma que, pese a los esfuerzos por ser diferente termina siendo como todas las demás live actions de Disney. Réplicas vacías de títulos inolvidables.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Reflexiones: YO CONFIESO

Hoy escribo una entrada nueva con el firme propósito de haceros dos confesiones. La primera corresponde a hace ya muchos años, y he tratado de purgar mi culpa desde entonces. Veréis, en una época algo primigenia de Internet, en la edad del emule y el megaupload, yo pirateaba mucho. Y cuando digo mucho me refiero a todo. Viéndolo en perspectiva me doy cuenta de que era más un comportamiento compulsivo que otra cosa, una obsesión por el coleccionismo llevado al extremo. Lo hacía, sin embargo, con la conciencia tranquila, justificándome a mí mismo con la certeza de que en el fondo no estaba perjudicando a nadie. Y así era. Sabía que con mis actos la industria no iba a dejar de ganar ni un céntimo, pues aun descargándome discografías completas de mis grupos preferidos yo continuaba comprando CD's originales, y pese a piratear todos los estrenos de vídeo yo continuaba acudiendo una o dos veces semanales al cine. Incluso me atrevería a afirmar que invertía más dinero en cine y música que la mayoría de mis amigos. Pero ello no es motivo para ocultar la cruda realidad: lo que había estaba mal.

Con el paso del tiempo las cosas cambiaron y un click en mi cabeza me hizo tomar conciencia de ello. La piratería pasó de alegal a ilegal y la excusa de que había cosas imposibles de ver de otra manera (estoy pensando sobre todo en series) están ahora disponibles en diversas plataformas de streaming que posiblemente cuesten menos de lo que yo (y muchos como yo) invertidos en bobinas de CD's Verbatim. Los estuches con cientos de películas que jamás veré (cuando me apetece revisionar algo acabo antes comprobando si está en alguna plataforma) están amontonados en altillos y he llegado incluso a comprar packs de series originales (Lost es un buen ejemplo de ello) que me han apasionado por limpiar mi conciencia de haberlas visto originalmente piratas (en este ejemplo concreto es probable que muera sin haber llegado a desprecintar los DVD's de Perdidos).

Ahora, como digo, he pasado página. La oferta de series y películas es casi infinita y Spotify y Amazon Music da acceso a todas las canciones del mundo. Y yo me he convertido en un firme enemigo de la piratería.

Y hete aquí que el estás viene Disney y, con la excusa de la pandemia, del miedo (infundado) a ir al cine y sobre todo (o eso sospecho yo) la rutina económica que le pregonan sus parques temáticos, ha decidido estrenar su gran apuesta del verano, Mulán, directamente en Disney+.

No es nada descabellado, ni mucho menos inédito. La propia Disney lo hizo ya con Artemis Fowl y Netflix está salvando a muchas películas españolas del ostracismo (casos de Ofrenda a la tormenta u Orígenes secretos, por ejemplo). La gracia del tema está en que hay que pagar un plus por ella. Es decir, uno está suscrito a Disney+ pagando religiosamente la cuota correspondiente (la plataforma con el catálogo más limitado del mercado, por cierto) y cuando aparece algo aparentemente interesante (y digo aparentemente porque ni las críticas ni los visionados corresponden a lo que ellos se esperaban, pero de eso ya hablaré en mi artículo de opinión correspondiente) toca pasar por caja.

Quienes justifican esto aluden al hecho de que tres entradas de cine (caso habitual de un estreno infantil: dos padres y al menos un niño) ya compensan el precio, pero no entienden que no es una simple cuestión económica. No es el caso de mi pataleta, al menos. Sería lo mismo si el precio a pagar fuese de un solo euro. Ya reniego de otras plataformas que lo tienen como práctica habitual, como Filmin, y no pienso ceder a esta especie de chantaje propuesto por la casa del ratón. Bastante triste es renunciar a ver en pantalla grande la película, cuatro su aspecto visual es uno de sus mayores atractivos, cono para encima pagar dos veces por verla. Así que, más allá de que sea merecido o no por sus cualidades artísticas, me alegro de la respuesta del público y del descalabro que el film ha supuesto para la compañía.

Disney ha cambiado las reglas del juego y el público ha respondido dándole la espalda. Y la mejor conclusión de ello ha sido que al menos La Viuda Negra tiene su estreno en cines garantizado. Cuando, ya es otra cosa.

Y así llegamos a mi segura confesión.

Sí, confieso haberme descargado Mulán. Y más por rebeldía que por verdadero interés en ella (al fin y al cabo, en unos meses se verá sin problemas en la plataforma). Y en un par de días, mi reseña...

sábado, 12 de septiembre de 2020

Lecturas: EL 2099 TIENE PROBLEMAS

En 1992, en Marvel comics, con el pretexto de ordenar un poco el sindiós de futuros alternativos existentes, se inventaron una nueva línea editorial, 2099, que se suponía iba a representar el futuro oficial del Universo tradicional (que por aquel entonces tenía la nomenclatura de 616). El problema es que pese a la calidad de productos como el Spiderman 2099 de Peter David y Rick Leonardi y algún apunte interesante (como Doom 2099), el resto no funcionó y, cuando terminó por ser cancelada, volvió a ser un nuevo futuro alternativo.

Sin embargo, la idea era buena y algunos personajes potentes, con lo que La casa de las ideas volvía a recurrir una y otra vez a ese futuro de nuevos héroes, siendo el propio Spiderman quien más se iba a dejar ver e incluso consiguiendo recientemente una nueva colección, de nuevo a los guiones de Peter David.

Y en esas que, un año después de celebrar el 80 aniversario de la existencia de Marvel, alguien se ha dado cuenta de que estamos exactamente a ochenta años del 2099, coincidencia que bien valía una saga con ínfulas de dar una segunda oportunidad a dicho futuro alternativo.

El hombre al mando ha sido Nick Spencer, aunque no está demasiado claro si por vocación o por obligación. El supuesto evento, englobado bajo el título de 2099 tiene problemas, se supone que transcurre en varios episodios de la colección regular que guioniza, Amazing Spider-man, y una serie de especiales, de los cuales él se ha hecho cargo de tres, el que abre la historia (Alpha), uno centrado en el Spiderman 2099 y el capítulo final (Omega), mientras que el resto son historias más o menos auto conclusivas de diversos personajes del 2099, reinvenciones de los ya conocidos en la extinta línea editorial, con un surtido de lo más variopinto de autores. En España, estos episodios aislados han sido recopilados en dos volúmenes, apropiadamente titulados 2099: Alpha y 2099: Omega.

El resultado ha sido una colección de historias deslavazadas, sin nada que ver unas con otras más que intentar sentar las bases de ese 2099 que, por alguna razón que no alcanzo a comprender, ya no es el 2099 que se creó en 1992 pero que tampoco difiere tanto del mismo, imagino que con la esperanza (equivocada, ya os lo digo) de revivir ese futuro. Historias que en su mayoría no funcionan y que resultan vistazos planos y esquemáticos de personajes poco interesantes (de nuevo quizá Doom es el único que destaca un poco por su revelador final) que, para colmo, no tiene una unión demasiado concreta con lo que está sucediendo en la colección clásica del trepamuros.

En Amazing Spider-man, en concreto los números 32 a 36 (que Panini ha editado en los comics 14 a 16 de El asombroso Spider-man), Spencer plantea una historia en el presente en el que se produce un magnicidio contra el Dr. Muerte que puede provocar un conflicto internacional catastrófico si Spider-man, con ayuda de su recién descubierta hermana Teresa, no lo impide. Para ello, dispone de un artefacto capaz de predecir el futuro cuyo principal problema es ser capaz de crear la energía necesaria para ponerlo en marcha, y cuya aparición (totalmente gratuita y confusa) del Spiderman 2099 es crucial.

El evento estaba anunciado para España a lo largo del segundo trimestre del año, pero la crisis provocada por la pandemia del Covid19 y el posterior confinamiento lo han atrasado de manera que no ha sido hasta agosto en que se ha podido leer por completo, aunque se me han indigestado tanto los tomos de Alpha y Omega (que ahora sé que me podría haber ahorrado) que no es hasta esta misma semana que los he logrado terminar.

La conclusión que saco de todo esto es que o bien soy muy cortito de miras y no he entendido nada (y en vista de lo que me ha pasado con Tenet no es algo a descartar de manera inmediata) o el evento es una completa basura. Algo hay de interés en la aventurilla de Spidey con Muerte, pero todas las vinculaciones con el 2099 son tan gratuitas como confusas. Después de leer todos los episodios de la saga y los dos tomos especiales, sigo sin saber qué narices le sucede al 2099 y me mantengo a la espera de que alguien me lo cuente. Ni siquiera podría apostar si el Miguel O’Hara (la identidad civil de Spiderman 2099) de los episodios de Amazing es el mismo de su historia en el tomo Omega ni cual es su continuidad con respecto al creado por Peter David.

Y, como suelo decir siempre, lo peor de todo es que resulta tan confuso como aburrido. Una mezcolanza de ideas y conceptos que no van a ningún sitio y que al final no puede definirse más que como una inmensa tomadura de pelo, un sacacuartos que no tiene ni la épica ni el sentido de un evento Marvel tradicional.

Me quedad la duda de si es un nuevo patinazo de Spencer (que empezó bien como relevo de Dan Slott en Amazing Spider-man pero que ya empieza a desinflarse) o si es una imposición editorial para ver si es posible traer el 2099 de vuelta, pero sea como sea, conmigo que no vuelvan a contar. El 2099 tiene problemas, eso está claro, pero no por los eventos (sean cuales sean) causados por Doom, sino por la falta de ingenio y organización de sus guionistas.

Una lástima, pero que le vamos a hacer. Como no vuelva David a arreglarlo…

Visto en Netflix: UNA NOCHE DE LOCOS

Viendo el panorama que nos presenta la cartelera española semana tras semana, con una infinidad de títulos menores y solo tres películas verdaderamente interesantes en los dos últimos meses (Tenet, Padre no hay más que uno 2 y Los Nuevos Mutantes), no hay más remedio que seguir rebuscando en los estrenos de las plataformas de streaming (y Netflix es la más prolífica de todas), aunque sea para conformarse con títulos menores como el Una noche de locos que nos ocupa.

Dirigida por Trish Sie, la película es tan poco ambiciosa que es fácil ver como simple pasatiempo, sin esperar de ella más que un rato distraído con aventurillas para toda la familia. Con un argumento que recuerda al Spy Kids de Robert Rodriguez, un grupo de chavales, capitaneado por Sadie Stanley, la heroína de las películas de Kim Possible, debe enfrentarse al secuestro del padre de dos de ellos, embarcándose en una peligrosa aventura que los llevará a descubrir el pasado secreto de uno de ellos.

Pocos nombres ilustres hay en el reparto, aunque la presencia de Ken Marino siempre es un aporte cómico efectivo, más allá de Joe Manganiello (quien estaba destinado a ser Deathstroke en la defenestrada continuación de La Liga de laJusticia) y Malin Akerman (todavía recordada por la ya lejana Watchmen), siendo los chavales quienes llevan el principal peso del film. En este aspecto, sin momentos verdaderamente memorables, lo mejor que se puede decir es que la combinación de acción y comedia funciona, y pese a la ridiculez de los planteamientos y la multitud de deux ex machina que hay que tragar, al final, teniendo en cuenta que estamos ante una película puramente familiar, el aprobado resulta merecido.

En resumidas cuentas, peliculilla del montó para ver en una tarde de aburrimiento que distrae siempre que se acepte sin demasiadas exigencias.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

Visto en Netflix: MALDITA

Tras el éxito que en el pasado ha tenido Netflix con las adaptaciones de comics, y visto los buenos resultados de sus productos de espada y brujería al estilo The Witcher (o, incluso, Des Encanto), la posibilidad de aunar ambos géneros en uno parecía una apuesta segura.

Así, Maldita es la adaptación de un comic de corte artúrico en el que se reinventa el mito de la legendaria Excalibur y se explica la historia de la Dama del lago y de cómo Nimue llegó a convertirse en ella.

Pese a no haber podido leer el comic todavía, no dudo de lo fiel que la adaptación pueda ser al mismo, dado que sus dos máximos responsables están vinculados a la producción de Netflix, Frank Miller como productor y Tom Wheeler como showrunner. Sin embargo, el principal foco de atención recae en sus protagonistas, en especial en Katherine Langford y Gustaf Skarsgård, que parecen obligados a luchar constantemente contra el peso de sus interpretaciones anteriores. Por parte de Langford, que no tarda en hacerse dueña y señora de la serie, es evidente que consigue que uno se olvide de inmediato de la Hannah de Por 13 razones con la que saltó a la fama, mientras que Skarsgård lo tiene un poco más complicado para no comparar constantemente su Melín con el Loki de la serie Vikingos. No obstante, ambos elevan el nivel de la serie y hacen olvidar interpretaciones más pobres, en especial la de un Devon Terrell algo perdido en su papel de un Arturo muy iniciático.

Cabe decir que aquellos que sean muy amantes de las leyendas artúricas y quieran ver aquí poco menos que una precuela de Excalibur (que a día de hoy sigue siendo la mejor aproximación al mito que se ha hecho en cine, y eso que el film de John Boorman está cerca de cumplir los cuarenta años), tomándose muchas licencias en cuanto a los orígenes y relaciones entre personajes, pero esa es una de las ventajas cuando se juega con personajes mitológicos de tan diversa historia. Hay que recordar que no hay una obra original sobre el Rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda, sino que todo parte de diversas leyendas y poemas, muchas de ellas contradictorias entre sí.

Lo que no se le puede negar es una producción de nivel, muy por encima de la de The Witcher, con la que comparte no pocas semejanzas, y aunque haya algunas limitaciones que obligan a abusar en ciertos momentos de las escenas oscuras, en ningún momento hay nada que rechine o que invite al ridículo. Al fin y al cabo, hay momentos en los que parece querer jugar a ser Juego de Tronos con un presupuesto muy inferior.

Puede decepcionar que no todo quede solucionado en una temporada, algo que le habría ido muy bien dado el inevitable desenlace al que está condenada, pero tener que aguardar a una segunda temporada es un peaje que se puede pagar con gusto si la apuesta sigue siendo igual de válida e interesante.

No estamos ante la serie del año ni se puede hablar de obra maestra, pero es sin duda una producción muy interesante en la que ha sabido apostar por un punto de vista adulto, sin escatimar en sangre y violencia, evitando caer en la tentación de perderse en tramas juveniles y amoríos estériles que no habrían hecho sino entorpecer la historia.

Y mención aparte merecen, por cierto, las animaciones que sirven de transición entre secuencias que conectan directamente con los libros en los que se basa.

domingo, 6 de septiembre de 2020

Cine: TENET

En un momento de Tenet, durante su arranque inicial (ese en el que apenas pasa nada, más que gente hablando de cosas), una científica explica al protagonista: «No intentes entenderlo, solo siéntelo». Obviamente, se trata de meta cine, y con esa frase Christopher Nolan está hablando directamente al espectador.
Y es que pese a todos los esfuerzos del realizador por dar largas y pesadas explicaciones sobre como funciona su propia versión de viajes en el tiempo (amparada, eso sí, poro sesudas y complejas teorías cuánticas reales), lo cierto es que el argumento es un caos completo y, por momento, absurdo donde Nolan peca de lo de siempre, de querer ser demasiado complejo y trascendental. Querer dotar de un velo de realismo a algo así, en lugar de apostar por la diversión pura y dura de Matrix, por ejemplo, es su principal error. Esto provoca que, llegados al segundo acto, uno se sienta completamente desorientado y nada le importe demasiado. No siquiera resulta fácil cogerle cariño a un protagonista que, pese a estar tan perdido y desorientado como el propio público, nunca llega a generar suficiente empatía. Quizá la culpa de ello es que todo el mundo parece entender las leyes de la física cuántica a la primera, haciendo que uno se sienta más tonto todavía.
Solo en el tercer acto las cosas empiezan a reconducirse. Ahí, si el espectador acepta la regla de no tratar de entenderlo y deja el cerebro bajo la butaca, la película se convierte en un espectáculo interesante y adrenalítico, con giros de guion que, aunque menos sorprendentes de lo deseado, funcionan y con vueltas de tuerca muy divertidas e interesantes. Y así es como se con sigue salvar una película que, por otra parte, contiene todos los tics y defectos del cine de Nolan.
Quizá el problema sea mío, pues siempre he aceptado que no digiero bien el cine de este autor, o quizá sea una cuestión de Fe. La ciencia cuántica va, en cierto modo, de eso, ya que es, por definición, indemostrable. Y si hablamos de viajes temporales (un tema que por otro lado me apasiona), el caso de las paradojas imposibles (como la del abuelo, varias veces mencionadas en el film), me parecen un canelo. Algo parecido me sucedió con la cansina Interestellar. Yo soy más de la teoría (si queremos aceptar la posibilidad de los viajes temporales) de los universos paralelos, de lo que también habla el film. Y es que ras tanto parloteo que genera más confusión que respuestas (en el fondo se pasan casi una hora para explicar lo que en Endgame se aclara en una escena, mientras que la máxima de que «saber demasiado pude ser peligroso para tomar decisiones» es expuesta en esa misma película por el Dr. Extraño con un solo gesto.
Puede resultar irrisorio comparar la grandilocuencia de Tenet con la insuperable conclusión de la saga del Infinito de Marvel, pero si queremos ponernos realmente trascendentales con el tema, me quedo con La llegada de Denis Villeneuve. Al menos esa sí te sabía tocar el corazón.
En fin, que puede que sea demasiado tonto como para entender una película tan «inteligente» como esta (aún no sé qué pinta Michael Caine en todo esto, o los giros argumentales del tipo al que da vida Robert Pattinson), o a lo mejor es Nolan quien es tan listo que solo hace películas (el bodrio de Dunkerque es otra cosa) tan complejas para obligar al espectador a pasar dos veces (al menos) por caja para tratar de encontrarle el sentido a todo lo visto en pantalla. Al menos, eso sí, se puede confirmar que el director es fiel a sí mismo, realizando aquí un trabajo que es 100% Nolan, con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva.
En mi caso, al menos, fui capaz de seguir el consejo del que hablaba al principio de mi comentario y, aceptando la realidad de que no iba a enterarme de nada, decidí entregarme al espectáculo palomitero y, gracias en parte a un Kenneth Brannagh al que, pese a cosas como Artemis Fowl, nunca dejaré de admirar, como gran villano de la función, conseguí pasármelo relativamente bien.
 
Valoración: Seis sobre diez.

lunes, 31 de agosto de 2020

Cine: LOS NUEVOS MUTANTES

Ironías de la vida, cuando más complicado es que se estrene una película interesante a causa de los estragos del Covid, Los Nuevos Mutantes ha resultado beneficiarse de ello, pues tras una infinidad de postergaciones y re-rodajes, parecía hace apenas unos meses que nunca iba a llegar a ver la luz, ni siquiera mediante Disney +.
De hecho, su realización ha sido tan errática como su conceptualidad propiamente dicha, pues nacida bajo el amparo de Fox y en el mismo Universo que el resto de los X-Men, ha terminado estrenándose siendo ya parte del catálogo de Disney y con un proyecto para reiniciar la historia mutante partiendo de cero. Y el resultado no puede ser más alejado del estilo Disney, con adolescentes mal hablados, violencia explicita, toques de terror, buenos que matan sin remordimientos y romances políticamente incorrectos. Y eso por no mencionar que el villano final de la función es, en cierto sentido, un oso monstruoso…
Con semejantes antecedentes, resultaba curioso saber que iba a resultar del film, adiado por muchos antes siquiera de su estreno, que se basa en el arco argumental de Chris Claremont y Bob McLeod (el cual no parece muy satisfecho con el resultado). No en vano nos encontramos con un film de personajes desconocidos por un lado, pero con un reparto muy atractivo para el target más juvenil por otro, con la inmensa Anya Taylor-Joy robando escenas a doquier y con caras conocidas de Stranger Things y Juego de Tronos.
Al final, el resultado no solo es aceptable, sino muy recomendable. No voy a negarle cierta pereza en su primer tercio de película, cuando es necesaria una presentación calmada de los personajes pero que, para ser una película de superhéroes (más o menos) se hace algo cansina. Luego todo va como un tiro, y solo en el acto final, donde se debe rendir algo de tributo al género con un desenlace de traca se hecha en falta algo más de terror a la propuesta (que por lo visto en escenas sueltas debió quedarse en la sala de montaje). Con ello, la película al menos puede presumir de ofrecer algo totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados, lo que no es poco, y para mi gusto merece estar entre las tres mejores películas de mutantes junto a X-Men: primera generación y Logan (a Deadpool lo dejo aparte por razones obvias).
Josh Boone, el director y coguionista, es un director surgido del cine juvenil, con Bajo la misma estrella como su mayor éxito, pero que parece sentirse cómodo con el terror, pues ejerce de showrunner en la inminente nueva adaptación en formato serie de Apocalipsis, de Stephen King. Suya fue la idea de retratar la historia de este grupo de jóvenes en clave de terror, presentándolos de manera independiente en un extraño hospital donde se pueden reconocer referencias y tributos al cine de género, sabiendo crear un tono muy malrollero y donde la buena labor de los actores hacer que todo parezca más coherente de lo que es, en especial una Anya Taylor-Joy que, aunque sobre el papel no sea la protagonista principal, cuyo honor recae en Blu Hunt, quizá la más desconocida del reparto, consigue sobresalir por encima del resto, dragón Lockheed incluido. De hecho, se podría encontrar en el argumento nexos en común con Glass, precisamente la última película protagonizada por la actriz de Florida.
Si se quiere, se pueden encontrar ciertas carencias a la película, como el hecho ya comentado de que no se termine de apostar por el tono oscuro y macabro hasta sus últimas consecuencias o el hecho de carecer de un final redondo, quedando algunas preguntas sin responder (aunque todo parece indicar que iban a ir asociadas a la escena postcréditos de X-Men: Apocalipsis) debido a la intención inicial (ya descartada) de que esto fuese una trilogía, pero debo confesar que salí francamente satisfecho de la película y que me va a resultar una verdadera lástima no volver a ver a estos personajes en una película. Todos consiguen, de una manera u otra, hacerse querer y el hecho de que nunca se haga mención a nada demasiado específico sobre los mutantes que la aten irremediablemente a la saga de Singer podrían invitar a pensar que Disney podría aprovechar el buen sabor de boca que está dejando la película para apostar por sus protagonistas, pero me temo que es demasiado atípica y arriesgada para ellos. Y el elemento LGTB puede ser la gota que colma el vaso.
Una lástima, pero al menos hemos tenido la posibilidad de disfrutar de esta primera película, con un final más o menos cerrado, y podemos soñar con la posibilidad de ver, de vez en cuando, películas más atrevidas y arriesgadas de lo habitual.

Valoración: Ocho sobre diez.

domingo, 23 de agosto de 2020

Visto en HBO: LO QUE HACEMOS EN LAS SOMBRAS. T2.

Es posible que Taika Waititi no sea un creador del gusto de todos. Su humor, inteligente y absurdo a la vez, puede crear controversias, y aunque no terminó por convencerme A la caza de los ñumanos, lo cierto es que su Thor Ragnarok es de lo más radical y diferente que se ha podido ver en el MCU de Marvel mientras que Jojo Rabbit es una completa maravilla.
Antes que todo esto escribió y dirigió Lo que hacemos en las sombras junto a su amigo Jemaine Clement en su Nueva Zelanda natal, y aunque no fue lo que se dice un bombazo (tuvo un estreno muy discreto, es una de esas joyitas que yo personalmente descubrí, casi por casualidad, en el Festival de Sitges), poco a poco se ha ido convirtiendo en película de culto hasta que, hace un año, en FX Networks decidieron apostar por ella para convertirla en serie de televisión.
Distribuida en España por HBO, acaba de concluir la segunda temporada de las particulares peripecias de cuatro vampiros que comparten piso en New Jersey y solo puedo decir que no solo se mantiene el nivel de la primera (que ya era muy alto), sino que por momentos incluso lo supera. Con las cartas ya sobre la mesa y conociendo ya a los protagonistas, la serie se permite arriesgar por terrenos desconocidos, como en el episodio en que el vampiro Laszlo abandona su comunidad, abandonando así la zona de confort de la serie, dando más papel a Colin Robinson, un vampiro psíquico realmente desternillante, y manteniendo la zona costumbre de incluir cameos memorables, en este caso destaca la presencia siempre formidable de Mark Hamill. No obstante, y buscando huir de la mera repetición de situaciones, esta segunda temporada inicia una interesante línea argumental paralela centrada no en los vampiros sino en Guillermo, el «familiar» humano que hace de sirviente para Nandor y que se erige, por sorpresa, en el verdadero motor de la temporada.
Igual de absurda, irreverente y extravagante que la primera temporada o la película, esta nueva tanda de episodios de Lo que hacemos en las sombras dejan con un muy buen sabor de boca. Por momentos tronchante, es digna heredera del buen hacer de Waititi, aquí solo productor, ya que su entrada en el mundo de Star Wars a través de The Mandalorian no le habrá dejado mucho tiempo para dirigir, como sí hiciera en tres episodios de la primera temporada. Y con un final de temporada que, como no podía ser de otra manera, deja con ganas de más.

domingo, 16 de agosto de 2020

Visto en HBO: ENCURTIDO EN EL TIEMPO

Se podría pensar, viendo los resultados de crítica de ciertas películas de Netflix, que algunos autores pierden fuelle con el cambio de formato. Pero viendo la primera película original de HBO Max con Seth Rogen como protagonista y productor (Y un amigo de la casa en la silla de director), parece que el problema es contagioso.
Y es que pese a las aspiraciones de comedia que tiene Encurtido en el tiempo, a la hora de la verdad lo más gracioso del film es su flipante título en español. El film arranca en 1919, cuando un inmigrante judío que busca la prosperidad en los Estados Unidos mediante un empleo miserable en una fábrica de encurtidos cae en un tanque de pepinillos justo el día en que la factoría quiebra. La salmuera lo conserva intacto hasta que es rescatado cien años después, y es ahí donde se produce el verdadero arranque de la película, con nuestro héroe conociendo a su único familiar vivo y tratando de adaptarse a un mundo totalmente nuevo para él.
Con un planteamiento similar a Eternamente joven (no voy a mencionar al Capitán América por no pasarme de obvio) y con Rogen haciendo un doble papel, las posibilidades cómicas son casi infinitas. Sin embargo, el guionista Simon Rich, que adapta su propia novela, prefiere buscar el sentimentalismo, resultando más un drama que una comedia.
Quizá si desde el primer momento se hubiese apostado claramente por el drama la propuesta habría funcionado muy bien, ya que el mensaje sobre la familia, el honrar a los padres y la fuerza de la identidad están muy presentes en todo momento, y hay momentos muy hirientes a la par que simpáticos en la crítica hacia la sociedad actual, movida por el capitalismo, las redes sociales y la frivolidad. Pero no es así, y hay toques demasiado absurdos como para ignorar que esto es, de alguna manera, una comedia. Y como tal, no me funciona en absoluto.
Encurtido en el tiempo es una película extraña, que para colmo ha sido estrenada en nuestro país solo en versión original (otra prueba de lo chapucera que es la plataforma de HBO España), que mezcla de manera aleatoria géneros e intenciones y que tiene mucha menos gracia de lo que pretende, aunque a cambio funciona bien en el apartado más íntimo y familiar, inculcando (como no podía ser de otra manera con Rogen de por medio) un adoctrinamiento judío algo excesivo.
En fin, propuesta irregular, una fábula simpática pero no divertida, muy alejada de las propuestas locas (aunque cada vez más blancas) a las que Rogen nos tiene acostumbrados.

Valoración: Cinco sobre diez.

Visto en Netflix: PROYECTO POWER

Hace ya bastantes años algunos de esos iluminados que antaño dominaban en Hollywood vaticinaron la inminente explosión de la burbuja superheroica en el cine. Ha pasado el tiempo y lejos de suceder eso, los seres con poderes están cada vez más presentes en nuestras vidas.
Hay que renovarse, eso sí, y Proyecto Power, el último estreno importante de Netflix, se engloba dentro de esas películas, como El Protegido o Chronicle, aspira a proponer un enfoque diferente al género.
Con Jamie Foxx y Joseph Gordon-Levitt (ambos con experiencia en la materia) como principal reclamo, aunque bien acompañados por la joven Dominique Fishback, la película narra, en clave policiaca, la aparición de una nueva droga que otorga cinco minutos de poderes a quien la toma. La premisa es interesante y ofrece un toque de originalidad con el juego de no saber qué poder va a corresponder a casa persona, pero el guion pronto cae en clichés demasiado vistos y los supuestamente sorprendentes giros de guion se intuyen desde lejos.
Así, podríamos hablar una vez más de una oportunidad perdida, ya que al final de la historia nos encontramos en un terreno demasiado conocido y no queda nada de ese propósito de diferenciarse de una película de superhéroes al uso. Sin embargo, una vez aclarado esto, hay que reconocer que tampoco se puede acusar a la película de aburrida. Los directores, Henry Joost y Ariel Schulman, de los que sus trabajos más conocidos son Nerve y Viral, parecen que van dando ligeros pasitos en su ascenso a la cima de Hollywood y con este film pretenden opositar para debutar en las grandes ligas, aunque en ciertos momentos se les nota un poco flojos en cuanto a la acción se refiere, con coreografías menos deslumbrantes de lo que cabría desear.
Al fin, y gracias en parte al buen hacer del trío protagonista, la película es un entretenimiento a que no se le pueden sacar demasiadas virtudes, pero tampoco muchas pegas. Una película más para enriquecer el catálogo de la plataforma y que propone un buen rato de entretenimiento, aunque muy por debajo de las expectativas que había creado.

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 15 de agosto de 2020

Cine: PADRE NO HAY MÁS QUE UNO 2. LA LLEGADA DE LA SUEGRA

Hace apenas un año Santiago Segura reafirmaba con Padre no hay más que uno esa blancura que su cine había empezado a abrazar con Sin rodeos, dejando de lado la cafrería de Torrente quizá influenciado por la baja recaudación de la quinta entrega -pese a todo, la mejor de todas-, demostrando un cierto cansancio del público más fiel al personaje).
Que apenas haya transcurrido un año entre esa película y su secuela (confinamiento mediante) parecía presagiar lo peor y era fácil imaginar que estábamos ante un caso de estiramiento de chicle y oportunismo barato. Pese a que cada vez hay más ejemplos, en la filmografía española seguimos sin acostumbrarnos a las secuelas, y que eso se convierta en una saga, y de manera tan precipitada, además, no era buena señal.
Sin embargo, libre ya de las ataduras que suponía estar ligado a un argumento ajeno (la película argentina Mamá se fue de viaje), Segura y su coguionista Marta González de Vega se las han ingeniado para que esta continuación mantenga las virtudes de la primera entrega, sabiendo potenciar los puntos de humor y aprovechándose de la base que supone conocer (y querer) a los personajes de antemano.
Con Segura más protagonista que nunca (un tema de fechas obligó a que el personaje de Toni Acosta tuviera menos presencia de lo deseado), Padre no hay más queuno 2: la llegada de la suegra arranca con brillantez, con Javier, el padre protagonista, en un momento exultante, pero todo se tuerce con el anuncio de un nuevo embarazo de Marisa. A partir de ahí las escenas de humor se suceden casi en forma de mini historietas que funcionan, pero amenazan con agotarse rápidamente. Y justo cuando uno piensa que la cosa va para abajo se produce la entrada en escena de la suegra (la siempre contundente Loles León), como un torbellino dispuesto a ponerlo todo patas arriba. Y ahí la cosa remonta de nuevo, giro sorpresa final incluido.
Así, Padre no hay más que uno 2 sigue los mimbres de la primera película, funcionando estupendamente bien y resultando muy divertida y refrescante, repitiendo (pero no fotocopiando) la fórmula. Eso sí, es tan continuista que aquellos a los que no les gustó la primera película no van a encontrar aquí argumento alguno para poderla defender, pero aquellos que ya se lo pasaran pipa con la primera aventura de este padre de familia numerosa van a ver sus expectativas sobradamente colmadas.
La eficacia de la película, el carisma de Segura y la inteligencia (no exenta de cierto riesgo) de estrenar antes incluso de lo previsto, siendo casi la única propuesta importante de la cartelera, están convirtiendo el film en uno de los grandes éxitos del año. Y eso, en un m omento en que el cine parece en peligro de muerte por virus mundiales y políticos ineptos, es una extraordinaria noticia.

Valoración: Siete sobre diez.