En lo que llevamos de siglo, los fans del trepamuros hemos disfrutado de una trilogía de películas dirigidas por Sam Raimi, de una segunda saga (Amazing y su secuela) de Marc Webb que dejaron la historia inconclusa y del consiguiente reboot a manos de Jon Watts que representaba la tercera encarnación del héroe, esta vez dentro del MCU, que ya se había dejado ver en Capitán América: Civil War y que volvería para Vengadores: Infinity War. Ante esta multitud de variantes de Spider-man, cabría preguntarse: ¿hacía falta otra nueva historia, con nuevo personaje y nueva explicación de su origen?

Para los despistados (que siempre hay alguno) déjenme recordarles que estamos ante una película de animación. Sony (que no Marvel) se ha liado la manta a la cabeza y después de no haber sabido comprender lo suficientemente bien al personaje (ni a Venom, ya que estamos, pero eso es otra historia), ha decidido arriesgar y producir una de las películas más extrañas y alucinantes que se hayan podido ver jamás. Y no solo por su argumento (a ver cuanto niño entiende esto de los universos paralelos y las teorías cuánticas), sino por el estilo de la animación, que rememora el dibujo en 2D de una manera increíble y rompiendo todos los esquemas de lo que habíamos visto hasta ahora.

Así, el Miles Morales que protagoniza el film es un calco de la versión de Bendis, mientras que Spidrman Noir nació de la imaginación de David Hide, Spider Gwen de debe a Jason Latour y Robbi Rodríguez, Spider-Ham tuvo su origen de la mano de Tom DeFalco y Mark Armstrong en una colección paródica datada en 1983 y Peni Parker y su SP//dr fueron creados para el evento Spiderverso de Slott como homenaje al género Manga. Además, la película nos presenta dos Peter Parker, el que comparte universo con Miles (y que podría ser el mismo de las películas de Tobey Maguire) y otro de un Universo alternativo en la que ya es un adulto, divorciado y con unos quilos de más.
La historia de la película cuenta como, tras el abandono de su mujer y su hijo y su posterior muerte en un accidente, Wilson Fisk, con ayuda de una Doctora Octopus, crea un portal interdimensional con el fin de rescatar a otras versiones de ellos y traerlos a su propio mundo, sin importarle las consecuencias que sus actos puedan tener en el continuo espacio-tiempo.
Semejante locura sin duda sería demasiado demencial para una película de acción real, en la que se suele exigir un mínimo de lógica y coherencia narrativa, pero esto es puro comic, son las viñetas transformadas en imágenes en movimiento, y aquí todo funciona a la perfección. La película avanza como un espectáculo cargado de humor y desenfreno, pero sin renunciar a un toque muy inteligente de autoparodia (esa insistencia en explicar los orígenes de cada personajes, por ejemplo) o incluso a la dosis justa de emotividad que demuestra que, aparte de espectáculo, esto también tiene alma.

Spider-man: Un nuevo Universo es casi perfecta en su forma y en su fundo, una hermosa y muy digna manera de rendir homenaje a Lee (el primero de os muchos que van a venir en breve) y a Ditko (ambos fallecidos en este 2018) y una maravillosa aventura en la que todo tiene cabida, desde la seriedad más sombría de la versión Noir hasta el despiporre de los dibujos animados más cartoon, y que con sus casi dos horas de metraje se hace increíblemente corta. Es tan grandioso todo lo que está sucediendo en pantalla, que a uno le habría gustado que durase al menos dos horas más para poder enamorarse un poco más de esta Gwen superviviente, de este Peter redimido y, sobre todo, de ese adolescente llamado miles que todavía tiene un mundo por descubrir.
Afortunadamente, ya hay datos sobre la secuela y, si van por el camino que indica su inevitable escena postcréditos, el listón va a ponerse todavía más alto.
Tiempo al tiempo.
Valoración: Nueve sobre diez.
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