sábado, 20 de octubre de 2018

SLENDER MAN

Creepypasta: historia corta de terror recogida y compartida a través del Internet con la intención de asustar o inquietar al lector.
Una de estas historias más populares es la de Slender man, una creación de Victor Plume (seudónimo de Eric Knudsen), que ganó un concurso de fotografías retocadas con el objetivo de parecer elementos paranormales inspirado en elementos de La niebla, de Stephen King. Una vez en la red, otros usuarios añadieron al personaje de cualidades aterradoras, tentáculos y llegó a convertirse casi en una de las mayores leyendas urbanas que estuvo a punto de causar un asesinato en manos de dos niñas de doce años que aspiraban a ser sus “apoderadas”.

Sirva esta introducción para tratar de comprender el origen de esta película y el porqué lo que podría haber sido una interesante propuesta de terror ha terminado siendo un bodrio insoportable.
En su tráiler inicial, las escenas truculentas (una chica clavándose un bisturí en un ojo es uno de los ejemplos más contundentes) presagiaban algo angustiante y aterrador, pero en Sony, la productora principal del film, les preocupó las consecuencias que la película pudiera tener en la gente y, amparada por los hechos reales de las dos niñas, decidieron recortar escenas a lo loco hasta convertirla en una película PG13 en lugar de la R inicialmente prevista. Vamos, lo mismo que hicieron ya con Venom imitando a lo que Warner había hecho ya con Megalodón).
El resultado es una película insufriblemente aburrida, con saltos en el argumentos, cortes abruptos y situaciones incomprensibles. La película es tan aburrida que ni siquiera contiene los sangrantes jumpscares de turno para sobresaltar al espectador adormecido. Después de lo que me despaché con La monja, no esperaba en tan poco tiempo encontrarme con una película de terror peor que aquella (y eso que en Sitges se ve un poco de todo), pero esta Slender man es insultantemente sosa, incompleta y absurda.
No todo debe ser culpa del estudio. El despropósito es tal (solo alguna escena onírica aislada o el diseño visual del propio Slender man se pueden salvar de la quema) que cuesta pensar que la versión sin recortes pudiera ser mucho mejor, aunque imagino que por lo menos tendría algún susto o momento que excite las sensaciones del sufrido espectador. Pero es que la historia es la que es y las actrices tampoco dan para mucho más.
En fin, un desastre que ni ha gustado ni (a juzgar pos su taquilla) ha interesado y que demuestran que no todos pueden imitar a James Blumm y sacar provecho de la nada.

Valoración: Dos sobre diez.

FIRST MAN

Lo primero que hay que reconocer al enfrentarse a First man es la valentía de su director, Damien Challeze, de alejarse de su zona de confort musical, después de haberse dado a conocer con Whiplash y deslumbrar con La Ciudad de las Estrellas (La la land). Por otro lado, esa valentía es a la vez una rémora para el film, que, teniendo en cuenta que el gran desenlace de la misma es de sobra conocida por todos (dejemos de lado a los escépticos), adolece de un ritmo tan lento y pesado que termina por condenar a la película al aburrimiento.
Estamos ante un retrato del astronauta Neil Armstrong, desde antes de ingresar en la NASA hasta su famoso alunizaje en 1969. No es la primera vez, ni será la última, en la que se conoce a la perfección el desenlace de una película (ahí están éxitos como los de Titanic, La Pasión de Cristo o incluso Rogue One), pero para ello debería estar la pericia del director para conseguir que pese a ello el film resulte emocionante. Sin salirnos del tema, el Apolo 13 de Ron Howard es un claro ejemplo de ello. Sin embargo, parece que Challaze no confíe demasiado en sus dotes para marcar el ritmo (algo contradictorio para tratarse de un director tan dotado para la música) y prefiere dejar todo el peso de la historia en el aspecto más intimista de la misma. Así, First man es una sucesión de primeros planos de Ryan Gosling y del interior de cabinas espaciales desde su punto de vista, recargando la narración en el drama personal del protagonista (la muerte de una hija) y dejando que su relación con su esposa tenga casi el mismo empaque que la propia carrera espacial.
Por otro lado, está el elemento Gosling. El protagonista de La la land es un gran actor, pero con una pasividad facial estudiada que puede resultar algo peligrosa si no se sabe controlar bien. Era una de las cosas que más lastraban a Blade Runner 2049 y lo mismo sucede en First man. Su cara de palo no hace sino amplificar esa sensación de aburrimiento y todos los que acudan a esta película en busca de contagiarse por el sueño de conquistar el espacio quedará decepcionado. No siquiera hay, hasta llegar el tramo final, planos en los que lucir el vuelo de las naves o los impresionantes paisajes espaciales. Es esta casi una versión pobre, aunque realista, de Intestellar, y lo único que puede sacarse de provecho es comprobar de primera mano la precariedad de los módulos espaciales, que parecen chatarra en comparación con las naves preparadas para surcar el hiperespacio que acostumbramos a ver en el cine de ciencia ficción, y se juguetea ligeramente con la dualidad hipócrita en las altas esferas del gobierno americano, que disfrazan con el sueño de conquistar el espacio la mera intención de vencer e algo a los soviéticos. Aunque para ver los entresijos de la carrera espacial desde un punto de vista mucho más interesante, e incluso divertido, me quedo mejor con la estupenda Figuras ocultas.
No negaré que la película remonta algo en su tramo final, cuando llegamos a la misión del Apolo 11, en la que Challaze se decide al fin a separar la cámara del casco de las naves y logra imprimir algo de emoción al film, consiguiendo que el conocimiento del espectador por lo que va a suceder se convierta ahora en complicidad (con el consiguiente enfado de los sectores más conservadores de los USA por negarles la escena en la que se planta la bandera americana sobre la superficie lunar), aunque quien más luce en estos momentos es el compositor de cabecera de Challeze, Justin Hurwitz, quien realmente aporta ese puntito emotivo que necesita la película para no condenarse definitivamente.
En resumen, un paso atrás en la carrera de Challaze, que quizá necesite regresar a donde más cómodo se mueve para recuperar energías, en una película correcta pero demasiado fría, que por querer ser muy intimista no consigue emocionar y que en ningún momento consigue transmitir la angustia y la presión que supone ser astronauta, casi carne de carnaza para el banco de pruebas que en aquel momento era la NASA, y cuyo principal interés es casi como documental sobre la figura de un hombre que, pese a haber pasado a la historia, no tenía una historia tan interesante como para ser resumida en una película.

Valoración: Cuatro sobre diez.

COLD WAR

Cold War significa Guerra Fría, y aunque la película no esté ambientada en la época en la que los Estados Unidos y la Unión Soviética se enfrentaban prácticamente en todo, ya sea en la Carrera Espacial, en la nuclear o en la deportiva, sino en los años cincuenta, el concepto sirve como excelente metáfora de lo que es la historia de amor entre los dos protagonistas, el compositor musical Viktor y la artista Zula.

De entrada, Cold War es una película complicada para el espectador medio. No en vano se trata de un film polaco, filmado en blanco y negro, en formato 4:3 y que arranca con numerosos temas musicales del folclore local. Sin embargo, poco a poco, la historia de un amor de ida y vuelta, que por momentos roza lo enfermizo, se va apoderando del espectador, que se convierte en cómplice involuntario de una trama que se alarga en el tiempo durante dos décadas, utilizando la música como narrador de la misma (la música popular polaca deja paso al jazz, aunque se empiezan a ver los primeros pasos del rock’n’roll).
Aunque el argumento podría llevar a pensar en una nueva (y diferente) versión de Ha nacido una estrella, pronto comprobamos que, puestos a buscar un referente americano para reconocerla, Cuando Harry encontró a Sally estaría más cerca de su concepto base, si eliminamos el tono de comedia y lo sustituimos por un aroma trágico que nace con las penurias de la postguerra y se apodera de los protagonistas hasta su contundente (y dolorosamente poético) final.
Mención aparte merece el tratamiento de la fotografía, que con ese blanco y negro tan intenso y luminoso consigue que algunos planos posean una fuerza y una belleza desgarradora, ayudando así a integrarse en una historia que, desnuda de tanto adorno visual, resultaría casi el retrato de una obsesión. El amor, en este caso, es más un elemento de angustia que romántico, y el destino que parece empeñado en unir los caminos de los dos amantes cada vez que se distancian parece más un bromista cruel que un lazo de unión.
Cuesta entrar en ella, pero cuando se consigue, lo difícil es salir sin sentirse embriagado por su poderío.

Valoración: Siete sobre diez.

LA CASA DEL RELOJ EN LA PARED

Estrella de la comedia hace una década, Jack Black llevaba un tiempo pasando desapercibido por la taquilla hasta que protagonizó Pesadillas, esa aventura juvenil de terror en la que daba vida al escritor R.L. Stine y que no estaba nada mal. Está a punto de estrenarse su secuela (que tiene una pinta horrible) y Black ha pasado de ella para protagonizar una película distinta pero muy en la línea de aquella y también con aspiraciones a ser el inicio de una nueva saga.

La casa del reloj en la pared podría ser una especie de mezcla entre esa Pesadillas y el mundo de Harry Potter, con un niño inadaptado socialmente que descubre que hay brujos en su familia y una amenaza del pasado a la que hay que hacerle frente.
Quizá lo que más llame la atención de esta películas sea la elección de su director. Eli Roth debutó a la sombra de Tarantino y se convirtió en un gurú del cine de terror más sangriento y desagradable, aunque con el paso de los años cada película suya ha ido perdiendo fuerza a la vez que adeptos. Poco parece quedar ya en él de su amor por lo macabro de Hostel, y posiblemente el fracaso de títulos como Toc Toc (Knock knock en su título original, no confundir con la comedia protagonizada por Paco León) lo han llevado a renunciar definitivamente a sus instintos más primarios para buscar la reconciliación con el público, algo que, al fin y al cabo, no es muy diferente de lo que han hecho otros antaño ilustres realizadores como Tim Burton, Guy Ritchie o Kenneth Branagh.
Al menos, algo de oscuridad queda en este director que, aún haciendo una película para niños, consigue momentos ligeramente inspirados que pueden llegar a recordar en algo a ese terror infantil que disfrutábamos en los ochenta y que ahora parecería tan inadecuado.
Sin embargo, no hay que buscar más de lo que ofrece, y La casa del reloj en la pared no es más que un simple divertimento que destaca gracias a sus dos protagonistas, el mencionado Black y la siempre efectiva Kate Blanchet, y a unos efectos especiales de nivel. Con estos elementos, Roth se las apaña para componer un divertimento que podrá gustar (e incluso asustar) a los más jóvenes y que no molestará a los adultos, funcionando como cine de evasión familiar y poco más, aunque espero que esto sea solo un alto en el camino y el realizador recupere algún día su fuerza perdida.

Valoración: Cinco sobre diez.

LA SOMBRA DE LA LEY

Con la estupenda El desconocido, el realizador Dani de la Torre ya demostró pertenecer a ese grupo de cineastas que han mamado toda su vida cine americano y no se sienten obligados a trabajar bajo ese estigma que impone que una película española deba estar condicionada por unas reglas propias de nuestra filmografía, obsesionada con unas diferencias con respecto al Hollywood de toda la vida que, si bien es muy de agradecer en algunos casos (tómese como ejemplo el cine de Almodóvar) es lo que en muchos otros condiciona ese desprecio irracional por la producción patria.

La sombra de la ley es una película española, pero que nace con una ambición desmedida y unas ganas terribles de ser una hermana bastarda de Scorsese y Coppola, directores en cuyos espejos aspira a reflejarse sin rubor alguno. Pocas veces se había hecho en nuestro país una película con semejantes delirios de grandeza, que reflejasen una época bastante poco visitada (el propio director reconoció que desconocía la existencia de gánsters en España) con un diseño de producción muy lujoso, desde la exquisitez de los decorados (qué magnífica es esa Barcelona en pleno desarrollo), el vestuario y hasta el más mínimo detalle de la ambientación, rematada por una banda sonora que llega a la cumbre con la voz de Ainoha Arteta, para que no falte de nada.
Y con semejante propósito, no podía faltar un reparto a la altura, con el inconmensurable Luis Tosar a la cabeza pero bien secundado por Michelle Jenner, Ernesto Alterio, Fernando Cayo, Vicente Romero, Manolo Solo o Paco Tous.
La sombra de la ley es una película de mafiosos ambientada en la Barcelona de 1921, que arranca con el espectacular robo a un tren cargado de armas del ejército y la posterior investigación policial, que sospecha que los anarquistas son quienes están detrás del asunto.
Así pues, La sombra de la ley es un thriller de época en toda regla, pero es mucho más que eso: es un retrato social de una sociedad convulsa, posiblemente la que marcó los cimientos de muchos de los problemas que nos acucian hoy en día (y que pocas veces se han visto reflejados en el cine, aunque me viene a la mente Tierra y Libertad, de Ken Loach), una reflexión sobre el poder y la codicia y, ¿cómo no?, una carta de amor a ese cine marcado por grandes títulos como Los Intocables de Eliot Ness de Brian de Palma o Érase una vez en América, de Sergio Leone.
La película es, por tanto, técnicamente perfecta y argumentalmente muy interesante, con espectaculares planos secuencia y escenas de acción muy impactantes. Es quizá en sus excesos donde se puede encontrar alguna fisura que empañe el resultado final. Es tanto lo que pretende abarcar Dani de la Torre, abordar tantas historias y hacerlas tan corales, que el ritmo termina por verse afectado, siendo en ese sentido algo inferior a El desconocido. La corrupción de las altas esferas, el trafico de influencias, los conflictos sociales de los trabajadores que marcan los primeros sindicatos, los movimientos feministas en manos de las sufragistas, la historia de amor alrededor del music hall... Muchas ramas para un tronco que a lo primero que aspira es a ser un buen policíaco y se empaña ligeramente ante la imposibilidad de conseguir la justa medida a todas ellas.
Con todo, la película raya la excelencia y es una extraordinaria propuesta para universalizar, una vez más, nuestro cine y nuestra historia.

Valoración: Ocho sobre diez.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Sitges 2018: GHOSTLAND

Se cerró la maratón, y por tanto la 51 edición del festival de Sitges, con Ghostland, una película de terror con un toque clásico y que entre tanta película reflexiva, humor alucinógeno y acción oriental supone un regreso a las raíces del festival, en su vertiente más terrorífica y sangrienta.
Ghostland cuenta la historia de una madre y sus dos hijas que se trasladan a una casa en las afueras de un pueblo donde son atacadas por un enfermizo psicópata obsesionado con las muñecas. Años después, el trágico suceso continuará dominando sus mentes y sus miedos.
Así pues, Ghostland se incluye dentro del subgénero de las home invasión, pudiendo no aportar nada realmente novedoso al género más que una cuidada puesta en escena y un ambiente sórdido y algo más gore de lo habitual. Sin embargo, cierto giro de guion ofrece un toque de originalidad y la acercan al homenaje de la literatura de terror, aquí personificada en el amor del autor (y por extensión de una de las protagonistas) por Lovecraft pero que, viendo la cotidianidad del terror que propone el film, estaría más cercano a Stephen King que a los monstruos lovecraftianos.
Podría ser que el espectador, más alejado del mundo literario, aquel consumidor de palomitas que solo aspire a pegar unos cuantos botes en su butaca al ritmo de los sustos repentinos, sienta una ligera decepción ante una historia que podría resultarle demasiado tramposa y poco verosímil, pero a diferencia de otras películas que utilizan el mismo truco de guion (y que no voy a nombrar por no hacer un spoiler, pero que una vez vista vienen enseguida a la cabeza) tienen un velo completamente real y que cualquier aspirante a escritor podrá reconocer con una sonrisa en los labios.
De manera que Ghostland funciona de manera bastante efectiva como película de terror con drama familiar por medio e icónico villano incluido, pero es además un buen homenaje a los clásicos literarios de terror al que solo se le puede achacar que no hubiese mantenido ese juego literario hasta sus últimas consecuencias.
Además, las jóvenes protagonistas rayan a muy buen nivel, y el director Pascal Laugier, que ya sabe lo que es ganar un premio en Sitges gracias a Martyrs, logra mantener la intriga con muy buen pulso, consiguiendo asustar sin abusar más de la cuenta de los jumpscares de turno.

Valoración: Siete sobre diez.


Sitges 2018: THE NIGHT COMES FOR US

Después de tanta locura argumental y metalenguaje, resulta reconfortante encontrarse con una película como la de The night comes for us. Heredera clara de The Raid y su secuela, de Gareth Evans, The night comes for us es una apuesta de Netflix arriesgada por su brutalidad y violencia explícita, lo cual, a la vez, son las mejores armas del film. Su director, Timo Tjahjanto, lleva ya varias películas coqueteando con el cine de acción pero sin alcanzar la perfección que consigue con este título.
Es cierto que el argumento es lo de menos, y que apenas puede resumirse en una línea (un antiguo sicario traiciona a la tríada a la que pertenecía y desata una violenta batalla en las calles de Djakarta en su intento de proteger a una niña), pero es la entidad de sus protagonistas y, sobretodo, las impresionantes coreografías de lucha lo que dan valor a la película.
De hecho, la trama casi podría parecer una de tantas peliculillas de acción de Jason Statham, solo que sin pasar por la estricta censura de Hollywood. Allí nunca se permitiría estrenar en cines algo así, con una brutalidad tal que hace que al lado de estos protagonistas John Wick parezca una colegiala.
Parece curioso que en un festival donde el terror se disfraza de gore con relativa facilidad, sea una película de acción la más sangrienta de las que he disfrutado en estos días, pero realmente la puesta en escena de Tjahjanto, al que trabajar para Netflix parece haberle dado alas, es deliciosamente excesiva. La brutalidad de la película es acongojante, sin tiempo apenas para dar respiro al espectador, deliberadamente explícita y cruelmente dolorosa.
Joe Taslim y Iko Uwais (al que tenemos actualmente en cartelera en Milla 22) componen un duelo terrible en un clímax final que tiene el gran mérito de ser extremadamente largo sin llegar nunca a agotar, como sucedía, por ejemplo, con aquellos finales eternos de John Woo. Además, Tjahjanto, que también es autor del guion, consigue otro mérito en su película que no suele alcanzar los productos de Hollywood. Y es que el sí sabe sacarle partido a esa moda que supone incorporar a una mujer como subalterna del malo de turno y que al final solo termina siendo una imagen de postureo muy chula. En The night come for us no hay una, sino dos mujeres en el bando de los villanos, y más allá de conformar un icono visualmente interesante resultan, junto a un tercer personaje femenino que parece ir por libre, otra de las peleas el film que alcanza la grandeza por su espectacularidad sublime y descarnada.
En resumen, The night come for us es una película de acción de un ritmo impecable y unas coreografías brillantes, con apenas algún punto de humor aislado (aquí no hay tiempo para tonterías) y no recomendable para estómagos delicados. Una orgía de sangre y violencia extremadamente gore y, a la vez, elegantemente ejecutada.

Valoración: Siete sobre diez.

Sitges 2018: UNDER THE SILVER LAKE

Cuando parecía que la cosa ya no podía ponerse más extraña llega David Robert Mitchell y su Under the Silver Lake. A primera vista, esta película podría ser una comedia de intriga convencional ambientada en el lujo de alquiler del Los Angeles más exclusivo, con los eternos don nadies aspirantes a actores entremezclándose con la elitista realeza en sus fiestas privadas de excesos y secretos.
Todo parece estar interconectado a los ojos de Sam (genial Andrew Garfield que incluso se permite el lujo de autopariodarse a sí mismo y a su fallida encarnación de Spiderman), que tras obsesionarse con la repentina desaparición de su preciosa vecina, a la que acababa de conocer, se convence de que toda la ciudad está plagada de mensajes ocultos, pistas conspiranoides que lo embargan de una paranoia propia del personaje de Mel Gibson en la película de Richard Donner llamada, precisamente, Conspiración.
Pese a que nos encontramos en terreno conocido y nos sentimos casi como en casa acompañando a Sam en sus andanzas por los caserones de Hollywood y coqueteando con supermodelos de saldo, con un aroma que recuerda en algo al de Dos buenos tipos, de Shane Black, aunque también hay algo del Mulholland Drive de David Lynch o del Puro Vicio de Paul Thomas Anderson. De hecho, si nos ponemos a buscar, la película está cargada de referencias hasta límites infinitos, algunas muy evidentes (Hitchcoock el primero, of course), otras más sutiles, y algunas, incluso, propias, como la que hace Michell a su primera película, El mito de la adolescencia.
La película dibuja a Los Angeles como una especie de telaraña en la que todo está enlazado, así como los misterios que se van planteando. De hecho, durante buena parte del film, uno no puede dejar de pensar en el “efecto Lost”. ¿Recordáis que una de las quejas hacia la mítica serie era que con cada temporada se iban añadiendo nuevos misterios y parecía evidente que iba a ser imposible resolverlos todos en la última? Pues algo parecido pasa con Under the Silver Lake. Un asesino de perros, una aparición espectral, el secuestro de un millonario... A cada nuevo paso que da el protagonista se encuentra con una nueva pregunta en su camino y va a resultar imposible que todas tengan respuestas. En este sentido, quizá el director abusa un poco del recurso de “que cada espectador saque sus propias conclusiones”, y aunque es bueno que no te lo den todo mascado y alguno de los misterios se pueden adivinar más que verlos resueltos en pantalla, hay algunas preguntas sin contestar que pueden llegar a enojar un poco. O quizá todo es cuestión de volver a ver la película otra vez y estar más atento a las pistas ocultas.
De regalo, el director de It follows vuelve a sacarse de la mano un personaje espectral, un tal “beso de buho” que aunque tiene un tono muy loco en medio de esta comedia negra no quedaría nada mal si se diera un paseo por el Warrenverso. Yo compraba.
En fin, un estupendo y estimulante rompecabezas, divertido y loco, referencial de la cultura pop y la confirmación de que habrá que tener muy en cuenta los siguientes pasos de David Robert Mitchell.

Valoración: Siete sobre diez.

Sitges 2018: IN FABRIC

Si extraña era High life, me quedo sin palabras a la hora de tratar de definir In fabric, la película de Peter Strickland. El camino fácil sería decir que se trata de una historia de terror sobre un vestido que tiene vida propia y destruye la vida allá por donde pasa, pero si el concepto parece absurdo la puesta en escena lo es más aún. Y no lo digo como algo especialmente negativo, que tampoco es eso.
In fabric es una paranoia grotesca y surrealista que podría (o no) esconder un mensaje en contra del consumismo mediante dos bloques argumentales diferentes alrededor del vestido rojo de marras.
Primero seguimos a la cajera de un banco que adquiere el vestido en las rebajas y luego a un reparador de lavadoras que recibe el vestido como broma en su despedida de soltero. En ambos casos el vestido mostrará tener conciencia propia y destruirá desde dentro las familias de ambos protagonistas, pero, lejos de ser esto un siempre cuento macabro al estilo de los relatos de Stephen King (el escritor de Maine ha fantaseado muchas veces con máquinas con vida propia e instintos asesinos, ya sean un coche, unos camiones o incluso una lavadora), tiene aquí unos tintes surreales en manos de los empleados de unas galerías comerciales, las dependientas posibles encarnaciones modernas y consumistas de unas brujas y el supervisor de claro aspecto vampírico.
Fetichismo, anuncios de contactos y los pilares de una nueva religión surgida de los grandes almacenes y con las Rebajas como mandamiento principal. Nada es fácil en esta película de anuncios psicodélicos, filtros de colores, luces estroboscópicas y planos que parecen filmados bajo los efectos de fuertes alucinógenos y contrastan así con el gris que parece envolver las vidas de los protagonistas. En el fondo, Strickland parece tan pagado de sí mismo como comentaba acerca de Claire Denis en High life, aunque así al menos el ritmo es más acelerado y la locura reflejada en la pantalla alcanza al espectador lo suficiente como para llegar a disfrutar con esta demencial rareza tanto visual como argumental.
Muchos momentos del film rozan el sinsentido, pero lo hace con un humor negro y una desconcertante y enfermiza intriga que termina por resultar adictiva y permite llegar a su clímax final enganchados a la historia, por más que no sepamos aún de qué demonios va esto.

Valoración: Cinco sobre diez.

Sitges 2018: HIGH LIFE

Parecía que iba a empezar bien la maratón que suponía la traca final del Festival de Sitges con el estreno de High life, de Claire Denis, protagonizada por Robert Pattinson, ese actor que parecía condenado a vivir siempre a la sombra de Crepúsculo y ha terminado convertido en actor de culto del cine indie y presencia casi fija en Sitges.
La película cuenta la historia de un grupo de convictos a los que se les da la oportunidad de realizar una compleja misión espacial: viajas hasta los límites de un agujero negro en busca de una fuente de energía alternativa para la Tierra a la vez que aprovecharán el tiempo que dura la travesía para someterse a extraños experimentos sexuales. No es difícil suponer que con un planteamiento así la película va a ser extraña y perturbadora, con un ritmo lento y angustiante que puede recordar por momentos al Under the skin de Johathan Glazer, más interesada en la reflexión y el misticismo de sus imágenes y silencios que en la propia ciencia ficción.
De hecho, si nos ponemos exigentes, poco de ciencia hay en una película que, de no tratarse de una metáfora pura y dura, no tendría ni pies ni cabeza, empezando por esa nave estructuralmente absurda y que, al parecer, se pilota sola.
Denis pretende invitar al espectador a realizar un ejercicio de interiorización muy intenso, y por momentos lo consigue, pero se descompensa demasiado en lo excesivo de algunas escenas, deambulando entre lo desagradable y lo ridículo, con un erotismo muy extremo, y obliga a ese espectador a que se fuerce por entrar en su juego, por abrazar sus ideas con los ojos cerrados y se entregue a la película sin complejos ni miramientos. Y cono eso se corre el peligro de que, como en mi caso, no se consiga conectar. Por ello, desde mi punto de vista, High life termina por resultar pedante, apuntando a que la Denis se gusta demasiado a sí misma y se entrega más a la forma que al fondo y presenta una película que, pese a sus buenos intérpretes, resulta insufriblemente aburrida. Ni el juego de los saltos temporales, que insinúan un ligero toque de intriga, logran apasionar un producto que parece no ir a ninguna parte y que no puedo definirlo de otra manera más que tedioso.
Provocativo y, por momentos, hipnótico, pero tedioso, al fin y al cabo.

Valoración: Cuatro sobre diez.

SITGES 2018: PALMARÉS


Se terminó una edición más del Festival internacional de Cinema Fantàstic de Sitges, un festival que nació siendo un referente del frikismo más aterrador y que ahora está cada vez más volcado en el fantástico que en el las masacres sangrientas de antaño.
Dicen que esta edición, la número 51, ha sido de las mejores de toda su historia. No seré yo quien lo niegue, ya que como he comentado en otras entradas mi paso por Sitges este año ha sido casi anecdótico y no he visto ninguna de las películas galardonadas, pero lo que sí es una realidad es que alguno de los estrenos más sonados, como SuperLópez o ese nuevo Halloween, han decepcionado a la crítica. Tampoco parece que Clímax, de Gaspar Noé, que se ha llevado el primer premio, haya entusiasmado demasiado, mientras que la presencia de grandes artistas como M. Night Shyamalan, John Carpenter, Peter Weir o Nicolas Cage se han visto eclipsados por tipos como Rubious o el tal Wismichu y esa tomadura de pelo que fue su “no película” Bocadillo.
Polémicas al margen, el caso es que Clímax ha sido elegida mejor película de la sección oficial, mientras que Lazzaro felice, de Alice Rohrwacher se ha llevado el premio especial del jurado y Upgrade se ha quedado con el premio del público.
A nivel individual, Panos Cosmatos ha sido designado mejor director por Mandy, Hassan Majuni ha sido el mejor actor por Pig y Andrea Riseborough se ha quedado con el premio a la mejor actriz por Nancy.
Como ya sabéis, en Sitges se reparten doscientos millones de premios más, pero estos son los más destacados. Podéis consultar el resto de premiados en la web oficial del Festival.
Y hasta aquí lo que ha dado de sí el festival. Insisto, los medios especializados lo han definido como uno de las mejores ediciones. Me esperaré a escuchar los comentarios de podcasters y blogueros. Son más fiables. Al menos, para mí.
A continuación, una breve reseña de las cinco películas que pude ver en la maratón final. Veremos cuantas de ellas llegan a estrenarse en cines y de qué manera.