sábado, 12 de diciembre de 2020

Visto en Amazon Prime: MATAR A SANTA

Matar a Santa, propuesta navideña recaída, en esta ocasión, en Amazon Prime, es una extraña cinéfila de acción donde sus directores y guionistas, Ian y Eshom Nelms, proponen un mundo donde Santa Claus, camuflado bajo el nombre de Chris Cringle, es real, vive junto a su esposa Ruth en Alaska y se enfrenta a la crisis de valores de los niños de hoy en día que le obliga a aceptar un encargo del Gobierno para poder mantener la fábrica de elfos activa.

Por otro lado, tenemos a un engreído y odioso niño rico que, incapaz de aceptar la derrota, decide contratar a un psicótico sicario para matar a Santa tras recibir su merecida reacción de carbón la noche de Navidad.

Seriamente planteamiento llevaría a pesar en una comedia algo desmadrada, pero los Nelms prefieren guardarlo muy en serio y presentar su honor en forma de sutiles detalles, como el hecho de que Santa cobre un subsidio por parte del gobierno, pero el trasfondo invita más a la sonrisa ligera que a la carcajada. Llegados al final, donde tras dos tramas que siguen a Santa y al sicario por separado, en confinamiento final tiene aroma puro de western, con una dosis de acción bien medida y ejecutada.

Así, estrenos ante una interesante y divertida película de acción donde el trasfondo navideño es casi lo de menos y a la que se echa en falta una dosis más gamberra de humor negro, algo que desmitificara más la figura del «gordo» como ya hacían títulos como Bad Santa años atrás.

Lo mejor, como no podía ser de otra manera, la presencia siempre magnífica de Mel Gibson, que presenta a un Papá Noel que vendría a ser la cara amarga del que compone Kurt Russell en sus Crónicas de Navidad.

 

Valoración: Seis sobre diez.

Visto en Netflix: LA NAVIDAD MÁGICA DE LOS JANGLE

Ante la falta de grandes propuestas cinematográficas, Netflix se ha autoproclamado como «el Salvador de la Navidad», y aunque la mayoría de sus propuestas son simples telefilms bastante insulsos, siente hay alguna cosita destacable con la que contentar a los más pequeños de la casa. Tras lo bien que están funcionando Crónicas de Navidad y la maravilla que fue Klaus, este año llega otra propuesta infantil bastante interesante.

Con Forest Whitaker y Keegan-Michael Key como rostros más reconocibles, La Navidad mágica de los Jangle es un musical con forma de cuento mágico que bebe tanto de los relatos de Charles Dickens como del indicado visual del Tim Burton de antaño.

Realizada con bastante ambición, la historia cuenta la pugna entre dos fabricantes de juguetes que empezaron trabajando juntos (un argumento que recuerda en parte a Crónicas de Navidad,parte dos) hasta que la decepción de uno de ellos por sentirse infravalorado lo lleva a robarle los inventos al otro.

Estamos ante un cuento cargado de magia y buenos sentimientos, al que se le echa un poco en falta potenciar el elemento navideño (la acción podría transcurrir en cualquier otra época, la verdad), donde se resaltan los valores propios de propuestas navideñas como el amor por la familia, la lealtad, el perdón y, sobre todo, el creer siempre en la magia.

La imaginería visual es una maravilla, más teniendo en cuenta que es una película original de Netflix, y gana mucho con el uso de marionetas para los flashbacks, aunque puede que en algún momento se abuse algo de las canciones. O quizá eso sea cosa mía, ya he dicho en repetidas ocasiones que no me gusta que en las películas de imagen real (por muy infantiles que sean) me doblen a los cantantes. Eso hace que los temas compuestos por John Legend desluzcan bastante y resulten harto repetitivos.

Con todo, una interesante propuesta familiar que flojea algo en su argumento pero es una delicia visual.

 

Valoración: Siete sobre diez.

Visto en Amazon Prime: GUNS AKIMBO

No sé si el representante de Daniel Radcliffe es, en realidad, su peor enemigo, o si es que su obsesión por desligarse de la sombra de Harry Potter lo lleva a elegir papeles tan extremos como desconcertantes. Y es que si recordamos Horns (sobre un tipo que un día amanece con un buen par de cuernos -literales- en la cabeza), Swiss army man (donde hace toda la película de un cadáver pedorro -de nuevo literal-) y esta Guns Akimbo, en la que le clavan sendas pistolas en las manos y se pasa media película huyendo en calzoncillos, pues no parece que el chaval vaya para galán de Hollywood, la verdad, aunque cierto es que con lo que ganó con la saga de J.K. Rowling bien se lo puede permitir.

Guns Akimbo está definida en el algoritmo de Amazon Prime como comedia negra, acción y violencia, pero en realidad pertenece a un género muy particular que es el molonismo. O al menos aspira a ello, ya que en el fondo es un tostón interminable que busca conseguir con un ritmo adrenalítico muy en la línea de Crack, veneno en la sangre, ocultar los muchos agujeros de un film tan absurdo como ridículo.

El arranque quiere parecer una crítica al submundo de los juegos y apuestas de Internet, capaces de sorber el seso a las masas, tal como Nerve o Ready Player One, pero de ahí no pasa la cosa. Un juego a muerte seguido desde la red (algo que ya inventaron en Marvel para el lucimiento de un personaje bastante olvidable de Spider-Man) y un hater de Internet que toca las narices a quien no debe es la base de un cúmulo de escenas mediocres de persecuciones, tiroteos y salpicaduras de sangre con planos cortos y rápidos que parecen querer imitar (mal) el estilo de Edgard Whrite y que dan pie a unos personajes tan mal desarrollados como poco empáticos.

No diré que una vez puestos en harina no sea fácil aguantar hasta el final, pero la colección de villanos que transmitirán a lo peor de las pelis de los noventa, la antagonista que se supone que es una máquina de matar y falla más que un tiro de feria y el patetismo del personaje de Radcliffe hace que ese deseo del director Jason Lei Howden (que también escribió el guion bajo vaya usted a saber qué mezcla extraña de drogas) de que todo «mole mazo», pero para molar de verdad lo único que debería haber hecho es pegar un tiro en la peineta escenas al papanatas del ex niño mago y pasar pronto a otra cosa, mariposa.

En el fondo, no es que aburra, más bien enfada. Y eso es casi peor.

 

Valoración: Tres sobre diez.

Visto en Netflix: LA BESTIA

Llegada de la vecina Francia, La Bestia no deja de ser una nueva vuelta de tuerca de la clásica película de acción en la que a un padre más chulo que un ocho le secuestran a alguien de la familia y remueve cielo y tierra hasta lograr el rescate. Algo muy propio de Charles Bronson de quien robaron buena nota Bruce Willis, Mel Gibson, Steven Seagal y, más recientemente, Liam Neeson.

Estamos más o menos ante un esquema muy arquetípico. A un macho con pasado militar y desgraciado de la familia le secuestran su niñita y, ante la aparente ineficacia de la policía, decide tomarse la justicia por su mano. Algo que, con el aspecto físico que se gasta en esta película Fabrizio Gifuni no es como para tomarse en broma.

Se nota, tanto en la puesta en escena como en la estructura argumental, que no estamos ante una película americana, pues aquí el drama se impone sobre la acción y no hay espacio para la clásica socarronería propia del género. Leonida, el protagonista, es duro y despiadado, parco en palabras, pero muy efectivo. Está, quizá, más emparentado con el protagonista de la saga Venganza, quizá por lo de ser en ambos casos producciones europeas, aunque ya se sabe que Luc Besson es un artesano del copia y pega hollywoodiense

Con secuencias de acción duras y bien filmadas, plagadas de peleas de esas que duelen de verdad, y un ritmo que alterna con eficacia la acción con los necesarios interrogados dramáticos, La Bestia es de esas películas que se ve sabiendo más o menos lo que va a venir a continuación, pero sin embargo uno no puede dejar de estar pendiente de la pantalla, enganchado y hasta un poco angustiado.

 

Valoración: Siete sobre diez.

Visto en Netflix: NOCHEVIEJA EN EL MAGNOLIA

A medida que se acercan las fechas mágicas que deriven este mes de diciembre, y abre la insistente sequía de grandes títulos en las carteleras, es cuestión de seguir buceando por el infinito baúl de películas navideñas de Netflix con el fin de encontrar algo que destaque entre la morralla general.

Caídos de lleno en el género de la comedia romántica (cómo añoro esa época en que cuando uno hablaba de películas navideñas lo primero que venía a la mente eran maravillas como Sólo en casa, Jungla de cristal, Gremlins, etc. ), Nochevieja en el Magnolia tenía un aura que me inspiró un punto de confianza. El que los protagonistas compartirán un programa de radio y que fuesen ávidos de la infancia llegando de toda la vida sus propios sentimientos me invitaba a pensar en una película donde el humor fuese más sutil que visual, sin que el tema navideño fuese un exceso empalagoso y con diálogos mínimamente ingeniosos. Y aunque no es que estamos ante una película de Woody Allen, lo cierto es que si me encontré con un interesante desarrollo de personajes que, por más que deambulen por un terreno de sobras conocido, consiguieron captar mi atención y simpatía.

Esta es la clásica historia de un chico y una chica abre el dilema de enfrentar la amistad con el amor y sobrevivir a ello, y con este planteamiento no se puede engañar a nadie, pero también es un recuerdo de aquella época en que la radio acumulaba más seguidores que los influencers de Internet, de fiestas de Nochevieja en grandes salones al ritmo de jazz y de una época que, aunque ya caduca, no por ello deja de ser maravillosa. Un guion que, al final, resulta muy neoyorquino, por más que la acción se suponga que transcurre en Chicago aunque en realidad esté filmada en Canadá.

Una película agradable y simpática de ver donde los protagonistas brillan consiguiendo enamorar (a la vez que enamorarse) tanto a sus regidores radiofónicos como a los espectadores del film, pudiendo perdonarle sus errores sin odiarlos ni reuniéndonos por el empalague de la clásica moralina navideña ñoña.

 

Valoración: Seis sobre diez.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Visto en Amazon Prime: HISTORIAS LAMENTABLES

Javier Fesser es un realizador peculiar. Dotado de un extraño sentido del humor que ya desarrolló junto a su hermano en el grupo Gomaespuma y que consolidó en su primera película importante, El milagro de P. Pinto, su concepto del absurdo le dio validez para romper taquillas con La gran aventura de Mortadelo y Filemón (que bajo mi gusto fue un horror) pero algo debió rechinarle a él mismo para redimirse con su última aproximación al personaje, esta vez en animación, con Mortadelo y Filemón contraJimmy el Cachondo. Y en esas que, cuando uno menos se lo espera, se lió la manta a la cabeza y se nos puso serio, como en Camino o, sobretodo, su gran éxito: Campeones.

Se diría que la película protagonizada por Javier Gutiérrez le abriría las puertas a hacer lo que le diera la gana en su siguiente proyecto, pero pocos imaginarían que este fuese otro relato de humor absurdo y personajes grotescos financiado por Amazon en formato antología.

Efectivamente, Historias lamentables recupera ese humor cafre basado en personajes caricaturescos, casi bufones, sobre los que plantear mil y una desgracias. No soy muy seguidor de Fresser y su filosofía, pero debo admitir que esta vez ha conseguido el más difícil todavía, con una colección de historias con las que lleva al límite a los protagonista pero sin llegar a pasarse de la raya. No es sencillo abusar de unos protagonistas hasta la caricatura más burda y que la pena o el odio (o ambas cosas, que todo es posible) que despiertan en el espectador no provoque rechazo, pero Fresser llega hasta esos límites sin rebasarlos, consiguiendo que al final lo que cuente es el divertimento con que se nos explica todo.

Podría ser que alguna de las historias resulte un pelín alargada, pero incluso en el difícil ejercicio de proponer tramas tan diferentes y que todas funcionen igual de bien sale bien parado.

Cada uno podrá tener su segmento preferido (yo me inclino por el último), pero será ya más cosa de gustos personales que responsabilidad de Fresser, que mantiene un nivel más o menos igual en todos ellos.

Para mí, que consideró Campeones como una películilla bien intencionada pero poco más, exageradamente tópica y ñoña), esta es la prueba de madurez de un director que ha conseguido al fin aunar sus fobias y su personalidad con un producto equilibrado y fácil de digerir. Sin duda, su mejor trabajo hasta la fecha, puede que a la par de su aproximación animada del mundo de Francisco Ibáñez.

 

Valoración: Ocho sobre diez.

Visto en Amazon Prime: TERMINAL

La primera impresión que uno tiene al echar un vistazo a Terminal es la de pedantería. El desconocido Vaughn Stein escribe y dirige esta especie de policiaco noir alrededor de una femme fatalle y un grupo de hombres de aspecto oscuro y desolador. Todo transcurre alrededor de un bar situado en la terminal de una línea de tren, lo que puede sugerir el origen del título, aunque también se podría aludir al estado de algún protagonista. Desde el primer momento, parece claro que la vida no va a terminar bien para la mayoría de ellos.

De entrada, todo invita a que estamos ante una historia muy oscura, pero Stein busca jugar con la luz y los colores de una forma harto radical, casi como si Nicolas Winding Refn hiciera una nueva versión del Sin City de Frank Miller. Incluso utiliza un montaje que rompe las líneas temporales constantemente como ya hiciera, en su versión, Robert Rodríguez.

Stein, con una ambición muy superior a los resultados obtenidos, pretende elaborar una trama criminal llena de giros desconcertantes y sorpresas, pero es con el montaje, con saltos adelante y atrás en el tiempo, con lo que consigue crear algo de interés, obligando de paso a esforzarse al espectador para no perderse detalle. Con una narrativa lineal sin duda los descosidos serían más visibles y el guion no pasaría de ser plano e incluso algo torpe.

Por todo ello, da la sensación que se desaprovecha un interesante reparto (pienso, sobretodo, en Mike Meyers y Simon Pegg), siendo Margot Robbie la auténtica estrella de la función. Ella es quien se lo pasa bomba en todo este desaguisado, y aunque es lo mejor del film junto a la cuidada y elegante fotografía, no basta para levantar una película que ofrece mucho menos de lo que promete y que, viendo el toque de absurda locura de la protagonista, podría verse como una precuela de la propia Harley Quinn.

Con todo, esas trampas que sirven para enmascarar la simpleza del guion, como los neones y las piruetas dialécticas, apuntan un punto de interés suficiente como para alcanzar un aprobado. Justo y rasgado, eso sí, pero la Robbie bien lo vale.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

lunes, 30 de noviembre de 2020

Cine: LAS BRUJAS DE ROALD DAHL

Una de las cosas más atractivas de la fiesta de Halloween es que suele venir acompañada de algún estreno potente en cines, ya sea para un público más festivalero (como fue la propia La noche de Halloween) o encarado a un público infantil (como fue el caso de Pesadillas). La apuesta principal de este año fue Las brujas de Roald Dahl, de Robert Zemeckis, aunque debido a que este año el terror está en nuestro día a día en forma de pandemia, el estreno pillo con los cines de parte de España (como poco los de toda Catalunya) cerrados.

Tras la reapertura de las salas del pasado viernes (a ver cuánto dura), al fin se ha estrenado en Barcelona, donde resido, y la presencia del bueno de Zemeckis tras las cámaras es una excusa obligada para regresar a la acogedora oscuridad de un cine.

Cierto es que no es el mejor momento del director (su anterior film pasó por las carteleras casi de tapadillo tras unas críticas demoledoras) y está claro que sus mejores películas están ya realizadas. Él mismo debe saber que no va a repetir obras maestras como la trilogía de Regreso al futuro, ¿Quién engañó a Roger Rabitt? o incluso La muerte os directa tan bien, de la que soy gran defensor. Y eso que no soy un apasionado de la que se supone que es su obra maestra, Forest Gump. Pero también es cierto que cuando se ha dejado de tonterías digitales (deja las innovaciones tecnológicas para James Cameron, Bob) y se ha puesto serio, tampoco le ha ido tan mal, como demuestra Aliados.

Producida por Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón, siendo el primero quien pegaba dirigirla inicialmente, uno de los méritos del guion es que consigue hacer lo que no supo hacer, por ejemplo, la reciente Rebeca. Es decir, ser una nueva versión de una novela y no una simple fotocopia de un film anterior. Así, Zemeckis logra desmarcarse de la versión de Nicolas Roeg ofreciendo su propio punto de vista del clásico cuento de Dahl, provocando, de paso, que las comparaciones entre la bruja de Angelica Houston y Anne Hatthaway sean estériles. Puede gustar más una u otra, ser mejor una u otra, pero por lo menos son diferentes.

Sorprende que Zemeckis haya regresado a un tono infantil del que llevaba años alejado sin renunciar por ello a ofrecer unas gotas de terror que pueden asustar a los niños de hoy en día, demasiado sobreprotegidos para según qué cosas (esto se puede tener, probablemente, a la mano de Del Toro, que también ha juguetear con el guion).

Siguiendo con relativa fidelidad la obra de Dahl, la película recurre a una elegante fotografía y un colorido muy vistoso para retratar ese peculiar aquelarre encabezado por una Hatthaway que parece pasárselo bomba ante la desesperación de una Octavia Spencer mucho más contenida. Ayuda, y mucho, el uso de unos efectos visuales muy cartoon para dar rienda suelta a los poderes de la gran bruja sin llegar al exceso. Zemeckis, esta vez, sabe cuál es el límite y su planificación visual, aunque rozando la caricatura, nunca llega a molestar ni resultar grotesca. Tampoco puedo poner ninguna pega a la «humanización» de ciertos roedores, también convincente y divertida.

Sí se le puede echar en falta un punto de la mala baba que se gastaba antaño, algo que se encontraba también en la obra iniciática de Tim Burton o en otras adaptaciones de Dahl como la Matilda de Danny DeVito, pero hay que recordar que esto es terror para niños, y reiteró que los niños de ahora no son como los de los ochenta y los noventa, que podían disfrutar de las salvajadas de los Gremlins o los piratas deformes de Los Goonies sin acabar con traumas infantiles.

En fin, divertida y entretenida, emotiva sin ser ñoña y absurda pero sin caer en el ridículo. Un buen Zemeckis que recuerda al que una vez fue, firmando una película para toda la familia que, visto el panorama de estrenos que tenemos, los cines vendrían tratar de aguantar en cartelera con el propósito de que pueda ser la película de las navidades.

 

Valoración: Siete sobre diez.

Visto en Netflix: CRÓNICAS DE NAVIDAD, SEGUNDA PARTE

Kurt Russell, que nos tiene acostumbrados a su imagen de tío duro pero socarrón, como los inolvidables MacReady de La cosa, Snake Plissken en 1997: Rescate en Nueva York y su secuela o Gabriel Cash en Tango y Cash, empezó a darse a conocer en películas de Disney, y aunque haya cambiado la casa del ratón por Netflix, tras una segunda juventud gracias a sus colaboraciones con Tarantino y sus apariciones en el MCU y como secundario recurrente en la saga de Fast & Furious, ahora parece haberse asegurado la jubilación gracias a Crónicas de Navidad, cuya primera entrega fue todo un éxito hace un par de años.

Con Goldie Hawn como partenier de lujo (su esposa en la vida real ya aparecía en la anterior película, aunque en aquel momento parecía sólo un chiste para cerrar el film), Crónicas de Navidad, segunda parte busca cambiar la fórmula para no ser una mera repetición, y aunque repite protagonista (eficaz Darby Camp, que tras su participación en Big little lies ya puede presumir de codearse con las grandes estrellas) no se limita a copiar el esquema, buscando ampliar el universo aunque el objetivo final, salvar la Navidad, obviamente sea el mismo.

Cuando se iba a estrenar Crónicas de Navidad, imagino que con la idea de diferenciarlos del resto de pastiches navideños, se publicitó como «de los productores de Harry Porter y la piedra filosofal», y para remarcar más esa idea el propio Chris Columbus se ha responsabilizado de dirigir Crónicas de Navidad, segunda parte, amar de coescribir el guion, y aunque es un realizador de prestigio eso no tiene que ser necesariamente bueno. Ha llovido mucho ya desde la mítica Sólo en casa y parece que en la actualidad Columbus hice más de las tartas que otra cosa, como prueba lo flojito que fue su último trabajo, Pixels.

Es quizá por eso, o por el intento de la historia de ser más infantil y edulcorada, que esta secuela parece tener menos garra que la anterior, que sin ser tampoco nada demasiado transgresor, sí tenía un aire más gamberro. Puede que el problema sea el abuso digital. Sí la primera película transcurría en su mayoría eh el mundo real y sólo se veía un atisbo del Polo Norte, aquí hay un aviso de elfos que no sólo infantilizan el resultado final, sino que demuestra las limitaciones presupuestarias lógicas de un producto de estas características. No me parece casual que la mejor secuencia de la película sea, precisamente, la del aeropuerto de Detroit, una de las pocas que suceden con protagonista humanos y sobre la emotividad funciona muy bien.

Dejando de lado comparaciones, hay que reconocer que la película sigue estando muy por encima de otras propuestas navideñas, un subgénero muy en horas bajas, y que consigue el propósito de entretener y recordar que el espíritu de estas fiestas no son sólo los regalos y el delirio consumista, sino estar con los seres queridos y recordar a los que nos han dejado ya.

En fin, que a falta de tiempos mejores, estamos ante una secuela aceptable, que invita a pesar que hay crónicas para rato, con un Russell en su salsa y que confirma que la película navideña por excelencia sigue siendo Qué bello es vivir, por lo que es gratificante saber que también en la aldea de Papá Noel se mantiene la tradición de revisitarla año tras año.

 

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 28 de noviembre de 2020

Visto en Amazon Prime: JUEGO DE ESPÍAS

Creo que últimamente estamos (yo el primero) abusando mucho de lamentar las películas que, por culpa del cierre de los cines, han recaído en la pantalla pequeña, pero lo cierto es que quizá muchas de esas películas tampoco habrían tenido un hueco en las carteleras en un año normal. Ese, sin embargo, no es el caso de Juego de espías, comedia de acción dirigida por Peter Segal cuyos carteles promocionales inundaban los cines justo antes del confinamiento de marzo.

Se podría decir que cuando Arnold Schwarzenegger (héroe de acción indiscutible de los ochenta y los noventa codo con codo con Stallone) decidió dar el salto a la comedia de la mano de Ivan Reitman con Poli de guardería (1990), creó una nueva moda. Ciertamente, resultaba muy divertido ver a un armario de puro músculo interactuando con un indefenso niño, y muchos fueron los que siguieron su ejemplo: Dwayne Johnson (cuando aún era conocido como The Rock) lo hizo en Padre por sorpresa, Vin Diesel en Un canguro superduro, y ahora es turno de otro ex campeón de lucha libre reconvertido en actor, Dave Bautista, al que siempre se recordará por su papel de Drax, el destructor, en Guardianes de la Galaxia y su secuela (y, algún día, si Dios quiere, su tercera entrega).

La premisa es un calco casi insultante de la mencionada Poli de guardería. Un agente y su compañera deben espiar a una joven madre con lazos familiares con un peligroso terrorista. En aquella, era la ex mujer; en esta la cuñada.

Afortunadamente, aquí terminan las similitudes y mientras Schwarzenegger se camuflaba (es un decir) bajo la piel de un profesor de guardería, Bautista ocupa un apartamento vecino en el que instalar un sofisticado equipo de vigilancia. Aquí, es la hija de la vigilada (adorable Chloe Coleman) quien toma cartas en el asunto y, tras descubrir la tapadera de los agentes, se las ingenia para aprovecharse de la situación.

Aunque en este tipo de propuestas más o menos infantiles siempre hay un punto de moralina, no es la intención de Peter Segal, especialista en comedias de este tipo, la de buscar moralejas. Más bien opta por aprovecharse de la química entre los dos protagonistas y buscar situaciones inverosímiles en las que la envergadura de Bautista resulten ridículas o donde se demuestre lo detenidamente manipuladores que pueden ser los pequeños. Ni siquiera importa mucho lo que pase con el villano de la función, casi olvidado hasta el último acto donde la comedia da paso a la acción (incluyendo un claro homenaje -no quiero pensar en plagio- a Mentiras arriesgadas, también con Schwarzenegger), sin importar que por el camino se hayan desaprovechado un poco las bazas de los secundarios, pues por ahí pasean Kristen Schaal (El último hombre en la tierra), Ken Jeong (Resacón en Las Vegas) o Parisa Fitz-Henley (Luke Cage).

En fin, comedia familiar sin más aspiraciones que la de entretener con una propuesta simpática aunque con regusto a algo ya visto.

 

Valoración: Seis sobre diez.

Visto en Netflix: LOS FAVORITOS DE MIDAS

Con el éxito de Gambito de dama todavía dando de qué hablar, Netflix estrena su última mini serie con aroma a pelotazo: Los favoritos de Midas.

Dirigida por Mateo Gil, guionista habitual de Amenábar en cuya faceta como director no había conseguido atraparme aún (sus dos últimas películas, Proyecto Lázaro y Las leyes de la termodinámica, no acabaron de convencerme), su debut televisivo es por la puerta grande, con un proyecto hecho a medida para el lucimiento del inmenso Luis Tosar a los que acompaña como trío protagonista Willy Toledo (no voy a entrar en la polémica sobre su participación en la serie, más allá de opinar que es una pena habernos perdido tanto tiempo a un actor tan bueno por culpa de no saber -él y los demás- diferenciar al actor de la persona) y Marta Belmonte.

Los favoritos de Midas adapta muy libremente una novela de Jack London, trasladada para la ocasión en un Madrid más o menos actual (la ola de disturbios que la asolan la convierten casi en una distopía).

Con un planteamiento de esos que enganchan desde el principio e invitan al debate y la reflexión, la serie arranca con un anónimo dirigido a un adinerado empresario diciéndole que si no les entrega cincuenta millones de euros mataran desconocidos de manera aleatoria.

No es este el único dilema al que se deberá enfrentar Víctor Genovés, el personaje al que da vida Tosar, y la manera en la que se entregará a cada uno de ellos, que en alguna ocasión será reprochable desde el punto de vista del espectador y en otros puede (o no) coincidir con este, está las claves para entender el mensaje que nos ofrece Mateo Gil.

La pena es que si Gil es un gran guionista, todavía le queda camino para ser un director completo. Un caso similar, salvando las distancias, al de Aaron Sorkin. Y es que en ocasiones da la sensación de que Gil confía poco en sí mismo abusando de unos diálogos demasiado sobre explicativos, mientras que en otras ocasiones se pasa de frenada y abusa de los momentos intimistas que si bien ayudan a definir el momento personal por el que pasa el tal Genovés, rompe bastante con el ritmo de la serie.

Así es como también desmerece al personaje de la periodista Mónica Báez, que parece que va a ser determinante en la trama para convertirse, en demasiados momentos, en una simple mujer florero, para que a la postre pese más lo que otros personajes hacen respecto a ella que sus propias acciones y decisiones.

Como sea, sin teniendo en cuenta el abuso de la suspensión de la credulidad al que en ocasiones nos obliga Gil, lo que no se le puede llegar a la serie es ser sumamente entretenida y hasta adictiva, y pese a distar mucho de ser redonda, el duelo interpretativo entre Tosar y Toledo y el brillante final (que seguro que mucha gente no habrá comulgado con él o, simplemente, no lo habrán entendido) sean suficientes como para que me incline a recomendarla sin ninguna duda.