Estimada
señora alcaldesa:
Me
dirijo a usted como uno de los muchos barceloneses preocupados por cómo está
evolucionando la ciudad de Barcelona, una ciudad a la que vi crecer y
modernizarse en puertas de los Juegos Olímpicos de 1992 y que desde entonces parece
haber quedado estancada en muchos aspectos.
Afortunadamente,
resido en un barrio condenado a evolucionar
y a reinventarse, aunque el que eso sea algo bueno está aún por ver.
Concretamente, tengo mi vivienda en el conjunto residencial que hay frente al
C.C. La Maquinista, esa extraña y floreciente zona que no alcanza a ser Sant
Andreu por muy poco pero que por ser relativamente nueva (antes todo esto eran
fábricas industriales) no tiene en su corazón el espíritu del Bon Pastor, por
lo que casi merecería ser considerado como un nuevo barrio, con sus equipaciones
correspondientes.
El
motivo de mi misiva es transmitirle mi preocupación y la de todos mis vecinos
(reunidos bajo el ala de la Associació Veïnal Maquinista Mercedes) por los proyectos que se están llevando a cabo
en los alrededores, siendo el más importante el que va a ocupar la antigua
fábrica Mercedes, esa horrenda parcela, escenario de parte de la novela Mundo Muerto, que me alegro de ver al
fin en derrumbe. Aunque no hay oficialmente nada confirmado, parece que el
proyecto ganador es uno tan espectacular que incluso ha sido nominado como
finalista del concurso MIPIM Awards.
Un proyecto espectacular, sin duda, que incluye zonas verdes e incluso un
campus universitario. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, y hay entre
los vecinos varios puntos de disconformidad con el proyecto que voy a tratar de
relatarle.

El
primero, quizá no el más importante a nivel social pero que sin duda afecta a
muchos de sus posibles votantes, es el de la altura de los pisos que se
pretenden construir. Bloques de catorce pisos de altura en contraposición a los
seis que tienen los de los actuales edificios de La Maquinista. No se trata
solo de que «tapen el sol», como podría protestar algún vecino, sino de la
ruptura brutal del skyline de la
ciudad, convirtiendo un proyecto sobre el papel bonito y espectacular en un
monstruo de hormigón. Entiendo la necesidad del promotor de tener el máximo de
pisos, a fin de cuentas la inversión no va a ser pequeña, pero desde la Associació se ha propuesto una solución
tan sencilla como lógica. Por imposición del Ajuntament, el proyecto incluye el
mantenimiento de la «Merceditas», una nave situada en el centro de la parcela que no tiene el
suficiente interés histórico como para justificar su existencia. Si se
aprovechase ese espacio para viviendas, tal y como se ha propuesto desde la Associació al Ajuntament, sin respuesta
por parte de este, se podría conseguir el mismo número de viviendas con
edificios más bajos. Y todos tan contentos.
El
segundo problema, y este sí que puede ser más preocupante, es el de la
masificación. Cualquiera que haya intentado la odisea de acercarse al Centro
Comercial un sábado por la tarde (sobre todo en la era prepandémica), sabe el
horror circulatorio que se forma, un colapso total que hace del todo
insuficientes los accesos a la ronda del Litoral y que acaban sufriendo los
vecinos residentes, esos que están viviendo los problemas circulatorios sin que
deban compensar el capricho de salir de compras un sábado. Para nosotros, el
acudir a una tienda de barrio se nos vuelve igual de insufrible. Ahora, súmele
a eso los cambios debido a la urbanización de La Mercedes (1.450 viviendas, 3.800 residentes, 2.000 estudiantes,
400 profesores, visitantes exteriores, etc.). Pero ahí no acaba la cosa, pues a
todo esto debemos añadir que a pocos metros del centro comercial (que por
cierto va a ser ampliado en 21.000 m²) se van a edificar otros 812 pisos (hablamos
de una población residente de unas 2.200 personas). No muy lejos, junto al
puente del Palomar, en el sector Colorantes, se van a crear 195 nuevas
viviendas, lo que implica, simplificando mucho, un colapso circulatorio total.
Teniendo en cuenta la relevancia del Centro Comercial de La Maquinista y el
volumen de clientes que tiene, no hace falta hacer muchos cálculos para
comprender que ni el transporte público será suficiente ni las calles van a
poder digerir la marea de gente que, entre residentes y clientes, se va a crear
a diario.
Y
eso por no hablar de la necesidad que habrá de muchos más equipamientos que, de
momento, ni están ni se les esperan. De momento, la única mejora real del
barrio será la cubierta de las vías del tren a la altura de la estación de Sant
Andreu Comtal, y eso solo lleva un par de décadas de retraso (y noto es culpa
de la Covid).
Por
eso, y ante la falta de respuestas por parte del Ayuntament en general y de
su segunda teniente de alcalde, la Sra.
Janet Sanz (responsable del área de l'Àrea d’Ecologia, Urbanisme i Mobilitat),
le pido, Sra. Colau, que recapacite y se reúna con los vecinos para buscar una
mejor solución para ambas partes, la ciudad y los ciudadanos.
Todos
queremos un Bon Pastor (y por extensión, una Barcelona) mejor, más moderna,
bonita y limpia. Pero para conseguirlo se deben escuchar a todas las partes. Ignorando
a los afectados no vamos a conseguir ir nunca hacia delante. En ocasiones como
esta, los carriles bicis no lo solucionan todo.
En
resumen, Sra. Colau (y Sra. Sanz), reflexionen sobre las implicaciones del
proyecto, hablen con los miembros de la Associació
y, antes de que sea tarde, busquemos el mejor camino para todos.
Atentamente:
Un humilde barcelonés más.
Actualización: Me comentan desde la Associació que, en ocasiones, hacer ruido sí que sirve de algo. Al fin desde el Ajuntament han tenido a bien mantener un encuentro con los vecinos para tratar de dar explicaciones y, quizá, acercar posturas. Veremos en que queda la cosa...