martes, 30 de noviembre de 2021

Visto en Netflix: FAUCES DE LA NOCHE

Dirigida por Adam Randall, Fauces de la noche es una extraña mezcla de terror, acción y comedia que nunca termina de funcionar del todo, quizá precisamente por esa indecisión que impide que se dirija claramente hacia algún lugar concreto.

Posiblemente el terror sea lo que menos interesa a su director, por más que el eje central de film sea el vampirismo. Estamos más bien ante un intento de dar una vuelta de tuerca a los mundos secretos y conspiratorios que proponía John Wick pero con chupasangres en lugar de asesinos, siendo el protagonista, Benny (interpretado correctamente por Jorge Lendeborg Jr.) quien sirve de conductor y principal implicación emocional del espectador, aunque su personaje parece un remiendo del de Jamie Foxx en Collateral.

Así, la acción arranca con nuestro protagonista sustituyendo a su hermano como chofer, llevando a dos atractivas jóvenes de una fiesta a otra sin sospechar de que se trata de dos vampiras sedientas de sangre (aunque no tarda demasiado en descubrirse la sorpresa) intentando una especie de golpe de estado en la sociedad secreta orquestada por los vampiros. Esto indica que podríamos estar ante una posible franquicia (insisto en las comparaciones con John Wick en este sentido), pero por desgracia a medida que la acción avanza el interés por la película comienza a decaer, siendo sus escenas de acción demasiado pobres para merecer seguir comparándola (aunque sea solo en espíritu) con la trilogía (de momento) protagonizada por Keanu Reeves. Por ello, es cuando abraza la comedia negra cuando mejor funciona la cosa, aunque en eso también queda corta, poniéndose demasiado seria en su tramo final y provocando más indiferencia que emoción. Es en Abierto hasta el amanecer, quizá, en quien debería haberse fijado Randall para su propuesta. No es que la película llegue a aburrir, pero es tremendamente fácil de olvidar una vez finalizado su visionado, dando la sensación de que el director está más pendiente de gustarse a sí mismo, con planos imaginativos pero artificiales, que de contar una historia redonda.

En fin, otra muestra más de ambición desmedida que, sin ser mala, termina por diluirse poco a poco.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

Cine: ETERNALS

Cuando se anunció que Marvel había elegido a Chloé Zhao para dirigir Eternals, una realizadora de cine independiente que estaba empezando a dar mucho que hablar con su último trabajo, Nomadland (eso fue antes de que ganase el Oscar a la mejor dirección, entre otros muchos premios), estaba por ver si era uno de esos movimientos publicitarios en los que un autor de prestigio firma otra película prefabricada en el que apenas tienen margen de maniobra o si de verdad el MCU aspiraba a un film arriesgado y con señas diferenciales con el resto de sus películas.

Afortunadamente, el tiempo ha demostrado que se trataba de lo segundo, y si bien no sería del todo justo hablar de una película única y rompedora, es, desde luego, la más alejada de la fórmula habitual de películas Marvel que poblaban su Universo superheróico.

Narrando una ambiciosa (pero muy accesible) mitología de la que hasta ahora solo habíamos tenido ligeros apuntes, Eternals cuenta la historia de una raza cercana a la divinidad, llamada Eternos, que a lo largo de miles de años ha seguido las instrucciones de sus creadores, los Celestiales, se encargaban de proteger a los terrestres de una tercera raza, los Desviantes.

Una de las cosas que define a Eternals es su condición de coral, consiguiendo Chloé Zhao tener tiempo suficiente para dar entidad a cada uno de ellos. No es habitual, ya no en Marvel sino en cualquier película con aspiraciones a blockbuster, tener un tratamiento profundo de los personajes, y solo por eso Eternals ya merece una distinción especial.

Pero empezaba hablando de Chloé Zhao, y su huella se ve reflejada en la película en la composición de sus imágenes, más cercana al cine de Terrence Malick que de un film de superhéroes del montón. Por eso muchos han querido ver en Eternals un reflejo de La Liga de la Justicia de Zack Snyder, pudiendo asegurarse que representa lo que aquella quiso ser pero no lo consiguió por el batiburrillo de su argumento.

Pese a las diversas menciones al Universo Marvel, tales como el lapso provocado por el chasquido de Thanos o la pérdida de Iron man o el Capitán América, esta es también la película más independiente de la franquicia, no teniendo más vínculos con el MCU hasta llegar a las dos escenas postcréditos que, de nuevo, dejan los dientes largos ante lo que está por llegar a lo largo de esta Fase Cuatro o incluso Cinco.

Con un reparto de campanillas en la que destacan nombres ilustres como Angelina Jolie, Salma Hayeck,  Richard Madden o Kit Harington, es Gemma Chan quien sobresale con su magnetismo y personalidad.

Eternals es una película relativamente larga (más de dos horas y media), pero que no llega a aburrir en ningún momento, sabiendo esquivar los temidos valles argumentales pese a su carácter reflexivo e intimista. Cierto es que abundan los momentos de diálogos y los planos de atardeceres, remarcando la espiritualidad que reflejan estos Dioses modernos (y fuentes de inspiración de mitologías actuales, desde supuestas deidades mesopotámicas o griegas hasta personajes de comic de la editorial DC), pero eso no significa que la película carezca de las necesarias escenas de acción que, si bien en proporción a la duración del film podrían parecer menores que en otras películas del MCU, contienen una espectacularidad fuera de toda duda, evitando además caer en el exceso desproporcionado de otros clímax finales.

No quiero dejar de mencionar (por mucho que me duela dar voz a los tontos) la ridícula polémica que ha suscitado el film por la incursión de un personaje homosexual en sus filas. La realidad es que la película aboga por la integración y la diversidad, haciéndolo de una manera muy natural que no se siente para nada forzada y que corresponde más a la normalización que se debe hacer como reflejo de la sociedad actual que al simple postureo. Por eso, aplaudo especialmente a Disney no por la valentía del acto en sí sino por la negativa a censurar algunas escenas para permitir el estreno en países dirigidos por tipos de encefalograma plano. A veces, el dinero no lo es todo, cosa que parece sorprendente que defienda la casa del ratón y de lo cual me alegro.

En resumen, una magnífica película, muy criticada por aquellos que siguen prefiriendo los productos palomiteros vacíos e insulsos, que consigue unificar espectáculo con personalidad y que sube un peldaño la intensidad de una Fase Cuatro del MCU que ya con Shang Chi mostró su deseo de evolucionar pero a la que sigue faltando el espaldarazo definitivo, algo que sin duda sucederá en el siguiente capítulo, en el que nos dejaremos de precuelas póstumas y presentación de personajes para recuperar la grandeza de aquellos que sobrevivieron a Endgame.

 

Valoración: Ocho sobre diez.

Visto en Netflix: ALERTA ROJA

No es este lugar donde poner en duda las cualidades interpretativas de Dwayne Johnson, pero o que está fuera de debate es que uno de los secretos de su éxito es su tremendo carisma, más cuando tiene a alguien a la altura para darle la réplica. Ya se demostró con el binomio que formó con Jason Statham en Fast & Furious 7 y que repitió en Hobbs & Shaw, película en la que, además, compartía algunos segundos con Ryan Reynols, dando pie a algunos de los momentos más divertidos del spin-off. Quién sabe, incluso, si esa fue la semilla de la presente Alerta Roja.

El caso es que la película más cara hasta la fecha de Netflix centra casi todo su interés en la química que desprenden Johnson y Reynols, dos auténticos reyes de la comedia de acción, que demuestran compenetrarse a la perfección, dejando aire, eso sí, para que Gal Gadot pueda brillar también como la tercera en discordia. Quizá a simple vista sea ella quien tenga menos papel con el que lucirse, pero se agradece también que su personaje esté más alejado de lo que nos tiene acostumbrado, siendo un soplo de aire fresco en su carrera. Johnson y Reynols funcionan muy bien, pero no dejan de hacer una réplica de sus personajes más estereotipados.

Puede que el punto más débil del film se encuentre en su director y guionista, un Rawson Marshall Thurber más dotado para la comedia que para la acción que ya demostró en El Rascacielos, aquella versión supe tecnológica de Jungla de Cristal que no terminaba de funcionar del todo.

Alerta Roja es una comedia de altos vuelos sobre el clásico juego del gato y el ratón que deben unir fuerzas contra un enemigo (enemiga en este caso) común con una serie de robos de por medio. Siendo su argumento lo más flojo del film, hay que reconocerle que tiene un ritmo trepidante, con lo cual resulta imposible aburrirse ni un segundo, y aunque los giros de guion no sean nada del otro mundo encajan a la perfección en una película que carece de las pretensiones artísticas suficientes para estar a la altura de su ambición presupuestaria pero que como puro entretenimiento resulta muy efectiva. A lo mejor la principal pega que se le pueda poner es algo ajeno a su producción: me refiero a la coincidencia en el tiempo de demasiadas producciones enfocadas en robos de cajas fuertes aparentemente inexpugnables, pues en medio del hype por la conclusión definitiva de La casa de papel tenemos muy reciente, también en Netflix, Ejército de los ladrones, mientras que en cines está triunfando Way Down, de la que hablaré en breve.

Como sea, el vehículo de lucimiento para estas tres estrellas, guapos, fuertes y simpáticos, es un éxito garantizado, y, como ya nos tiene acostumbrados Netflix, tiene la pretensión de funcionar como posible franquicia.

El tiempo dirá…

 

Valoración: Siete sobre diez.

martes, 9 de noviembre de 2021

PRESENTACIONES DE EL HOMBRE DE TRAPO MATABA POR AMOR.

Los nervios a flor de piel. Caras conocidas entre el público. Alguna desconocida también. Mi editor, a un lado. Mi última novela, de cara a la audiencia, al otro. Me aclaro la voz, sabiendo que no llevo notas ni nada especialmente preparado. Solo una idea vaga sobre lo que voy a decir. Y, por una vez, mi nueva novela no es el tema de la noche.

Ricard, mi editor, me presenta. Lo miro de reojo, sabiendo que no es la presentación literaria al uso que se podría esperar. Me disculpo y abro la boca. Y, simplemente, dejo que las palabras fluyan.

Todo va como la seda. No queda nada en el tintero. Explico una historia de dolor y sufrimiento, aquella que se oculta entre las entrañas de El hombre de trapo mataba por amor. Regreso a esos días de hospitales y salas de espera, pero también a las agradables caminatas por la ribera del Tajo, buscando cobijo a la sombra de Trillo y dejándome envolver por la soledad mágica, casi fantasmal, de Bañuelos.

Como si de un exorcismo se tratara, dejo que todo salga de mi interior, los fantasmas atrapados en mis recuerdos, las lágrimas contenidas, los miedos nocturnos a la fatídica llamada telefónica… y todo eso con el macabro escenario, muy cinematográfico, eso sí, de la pandemia, con ese toque de queda tan claustrofóbico que fue el marco perfecto para terminar el último borrador de la novela pero que supuso también el adiós definitivo al último pilar que me quedaba en esta vida.

No vino todo el mundo, pero sí los importantes. Los que uno necesita tener a su lado en momentos como este. Un público entregado, emocionado, que se fueron dejando atrás alguna lagrimilla y un atronador aplauso a la memoria del verdadero protagonista de la jornada. Y entre ellos, como la luz de un faro guiando mis pasos, dos personas que sobresalían sobre los demás: Arelys, la persona que sacó mi corazón de su enfermizo letargo, y Noah, el relevo generacional, la deuda pendiente que tenía con mis padres y que no ha llegado tarde, como se podría pensar, sino en el momento oportuno. Dos estrellas en la noche, dos latidos que impulsan mi corazón.

Y con el aplauso, termina la primera parte de la presentación. Y termina mi homenaje. Suena tan fuerte que nos aseguramos de que mi padre, esté donde esté en estos momentos (a me gusta seguir llamándole Cielo), lo pueda escuchar.

Llega a continuación el momento de hablar de la novela propiamente dicha, pero eso ya no me importa tanto. Es la parte fácil de la presentación, la que podría hacer con los ojos cerrados. Al fin y al cabo, es hablar de una parte de mí mismo, de mi pasión, de mis sueños…

Hablo de espantapájaros, de asesinos, de guionistas y de anécdotas de cine, de corazones rotos y matrimonios maltrechos. Y callo más que hablo por aquello de no hacer spoilers. Pero incluso cuando hablo de eso, incluso cuando callo lo otro, es mi padre quien sigue presente, flotando por el ambiento, impregnándolo todo con su recuerdo.

La ceremonia, largamente aplazada por algo llamado restricciones sanitarias, termina. Nos sonreímos bajo las mascarillas, enmascarando nuestras emociones. Saludamos con el puño, con algún que otro abrazo ilegal furtivo. Y toca despedirse firmando los libros que los presentes tienen a bien comprar. Es entonces cuando tengo tiempo para algún saludo más íntimo, más personal. Reencuentros insospechados después de años de ausencia, familias que han crecido desde nuestro último encuentro, más felicitaciones mezcladas con pesares…

Son dos fechas mágicas. La primera, en Maçanet de la Selva, mi segundo hogar. El refugio de mi padre cuando mi madre se adelantó para buscar una parcela libre en el Cielo para su último viaje juntos.  El lugar donde, curiosamente, hice mi primera presentación, en ese caso Sanguijuelas, precisamente tres años justos antes de la segunda presentación de El hombre de trapo mataba por amor. Esta vez en Barcelona. Dos fiestas parejas. Dos sueños hechos realidad.

Dicen los que la han leído que El hombre de trapo es una novela buena, muy buena. Que se evidencia una evolución ascendente en mi estilo y que va a ser un gran éxito. No sé si será verdad. Ahora mismo, tampoco me importa demasiado. El hombre de trapo es la novela que he dedicado, de todo corazón, a Benito Medina, mi padre. Y con eso, tengo bastante.

Visto en Netflix: EJÉRCITO DE LOS LADRONES

Hace apenas un suspiro Zack Snyder se resarcía de su marcha por la puerta de atrás de Warner firmando un lucrativo contrato con Netflix que le permitiría, aparte de realizar varias películas (como la inminente Rebel Moon), crear su propio universo compartido.  La primera piedra de su franquicia fue Ejército de los muertos,  una locura zombi que poco tenía que ver con su mucho más sobria El amanecer de los muertos pero que funcionó francamente bien.

Plagada de aciertos y errores, casi todo el mundo coincidía en que lo mejor de la función era el experto en cajas fuertes interpretado por Mathias Schweighöfer, un verdadero roba planos que emboscada incluso al supuestamente molón Dave Batista. De manera que el siguiente peldaño de la escalera ha sido una precuela dedicada a prestarnos el pasado del personaje de Dieter, que resulta que en realidad se llama Sebastian, para así conocer (como si alguien lo hubiese preguntado) como había terminado metido en un aparatoso robo en unas Las Vegas plagada de muertos vivientes.

El caso es que si Ejército de los muertos se podía definir como una especie de Ocean's Eleven con zombies, en Ejército de los ladrones el elemento de terror se elimina de la ecuación,  quedado una cita de robos bastante aislada y con un humor que la aleja también de las películas de Sodelbergh.

De nuevo con un reparto coral pero donde sobresalen el propio Schweighöfer y Nathalie Emmanuel (la Missandei de Juego de tronos o Ramsey en Fast & Furious), Ejército de los ladrones combina la intriga, el humor, la acción e incluso unos toques de romance de manera bastante efectiva,  consiguiendo ser una propuesta sencilla pero muy entretenida.

Poco o nada hay en el estilo de Ejército de los ladrones, dirigida por el propio Schweighöfer, de la película de Snyder, por más que todo parta de su propio guion.  Con giros de guion rocambolescos y persecuciones propias de la saga de Vin Diesel, el hecho de ser consciente de sus propios carencias favorece mucho a la película, que lejos de la ambición de la película de zombis inicial, no busca más que ser un pasatiempo simpático y fugaz cuya principal pega podría ser precisamente, algunos momentos algo impostados, amén del epílogo, cuya única finalidad es unirlos al mundo de Ejército de los muertos,  y sin los cuales, vista como película independiente, habría sido más disfrutable a la par que coherente con el destino final del protagonista, lastrado también el argumento por tener que desembocar en un final acorde con el principio de la otra.

 

Valoración: Seis sobre diez.

Visto en Disney+: SOLO ASESINATOS EN EL EDIFICIO

Mientras todo el mundo continúa hablando sobre El juego del calamar, parece mentira que una de las series más interesantes de la temporada no provenga de Netflix ni de HBO. Técnicamente, no dondequiera es producción de Disney+.

No, Solo asesinatos en el edificio, pese a estar disponible en Disney+, es una producción de Hulu que se puede ver a través de Star y es, realmente, una de las series más disfrutables que podemos encontrar ahora mismo en las plataformas.

Si recordamos comedias clásicas como ¡Tres amigos!, El padre de la novia o Vuelve el padre de la novia nos encontraremos a dos actores míticos a la par que amigos que no habían vuelto coincidir desde 1995, aparte de un especial honorífico de Netflix de 2018. Me refiero a Steve Martín y Martín Short, dos clásicos de los escenarios que se han reencontrado gracias a esta serie creada por el primero, junto a John Hoffman, y que ambos producen junto a la tercera en discordia.

Para completar el equipo de estos dos veteranos (en cierto modo me vino a la mente la pareja Michael Douglas / Alan Arkin de El método Kominsky) tenemos a Selena Gómez, cada vez más cerca de ser una actriz de verdad y no sólo un producto más de la cantera Disney. Juntos componen una divertida aventura detectivesca con giros sorprendentes y apariciones inesperadas que enriquecen mucho la función.

Con un acertado equilibrio entre la intriga y el humor, la serie consigue además hacer de Nueva York un personaje más, mérito especial cuando la realidad es que casi toda la acción transcurre en el interior de un edificio. Es por eso que hay momentos en los que esta fábula a lo Agatha Christie recuerda al cine de Woody Allen, quizá ayudado por el hecho de que Gómez ha sido una de sus musasmás recientes.

Solo asesinatos en el edificio juega a los detectives, modernizando el cásico Cluedo para mezclarlo con el mundo de los podcasters (mucho más profesionalizado y lucrativo en los USA que en España), jugando con los contrastes generacionales de sus protagonistas y abrazando una nostalgia amable y para nada forzada. Lo hace, además, con una puesta en escena arriesgada y valiente, con un metalenguaje que permite convertir las reflexiones de uno de los protagonistas en un casting de Broadway o realizar todo un episodio completamente sin diálogos siguiendo los pasos de uno de sus secundarios sordo.

Así, Solo asesinatos en el edificio logra sorprender jugando con precisión unas cartas que, en la distancia, podría parecer que se sostiene sobre unas bases muy tópicas, pero que a medida que avanzan los episodios y nos dejamos seducir por sus personajes, va creciendo hasta alcanzar grandes cotas de satisfacción.

Visto en Netflix: LOCKE & KEY T2

Locke & key fue una de esas series que lo petó en Netflix en el momento de su estreno, consiguiendo que todo el mundo hablara de ella. Es cierto que la mayor parte del mérito cabe atribuírsela a Joe Hill y Gabriel Rodríguez, autores de los cómics queadapta,  pero hay que reconocerles a los responsables de la producción los aciertos de la misma.

No cuenta entre estos aciertos las libertades que se tomaron con respecto a la historia original con tal  de dejar las puertas abiertas a una secuela que, en vista de éxito, parecía obligada.  Ahora todo era cuestión de ver como se desenvolvían los guionistas libres de las limitaciones impuestas por Hill y Rodríguez y tras el estreno de la segunda temporada ya sabemos el veredicto: mal.

Definitivamente, esta nueva tanda de episodios demuestra que la serie se ha estirado de madera innecesaria,  dando su argumento tumbos y componiendo personajes que pocas veces actuaban siguiendo la lógica.  El tema de las llaves se les ha ido de las manos a los guionistas,  dejando que las curiosas peculiaridades mostradas en la temporada uno sean ahora disparatadas, obligando a una suspensión de la incredulidad excesiva, algo que pese a lo imposible de lo planteado en la temporada uno, tampoco era necesario. Además,  hay diálogos y situaciones que rozan el ridículo y ni siquiera es fácil mantener una empatía con los hermanos protagonistas que en los textos originales funcionaba muy bien.

No niego que tras haber pasado nuevas aventuras a su lado, no se consiga una cierta tensión, haciendo bastante efectivos los cliffhangers con los que terminan los episodios, pero dado que las resoluciones luego no eran todo lo satisfactorias posibles, tampoco sé si merece ser considerado como un acierto.

En fin, una decepción en toda regla que prueba que por abusar de los momentos WTF va a molar más y se equivoca estrepitosamente. El final hace pensar  en una tercera temporada, pero visto lo visto creo que yo me voy a bajar ya de carro y recuperar los dos tomos de la edición integral de los cómics.  Así recuperaré el buen sabor de boca.

viernes, 29 de octubre de 2021

LLEGA EL HOMBRE DE TRAPO

Estamos ante unos días de verdadero infarto y toca hacer un pequeño hueco para actualizar por aquí todas las novedades.


Por un lado, ya he ido informando en redes sociales de la inminente salida a la venta de mi nueva novela: El hombre de trapo mataba por amor. De hecho, ya la tenéis disponible en preventa en la web de Célebre Editorial.

Sin embargo, será mañana sábado, 30 de octubre, cuando esté a la venta de forma oficial. El pistoletazo de salida será mediante la presentación que tendrá lugar en la Biblioteca Municipal de Maçanet de la Selva, a las doce de la mañana.

Al día siguiente, y coincidiendo con la celebración de la noche de Halloween, los más próximos a la zona me podéis encontrar en un puesto aterrador junto al túnel del terror de la población gerundense, donde podréis adquirir ejemplares formados de cualquiera de mis tres novelas.

La semana siguiente, el sábado seis, haré una nueva presentación de la novela, esta vez en Barcelona. Será en la Biblioteca de Bon Pastor, también a las doce del mediodía.

El hombre de trapo mataba por amor es una historia de intriga alrededor de una serie de misteriosos asesinatos que, según los testigos, son obra de un espantapájaros que parece haber cobrado vida. Con la intención de buscar inspiración para su nueva película, la guionista Sandra Troncoso, en plena crisis creativa, y su marido viajan a la España profunda para seguir de cerca la investigación.

El hombre de trapo mataba por amor no solo es una novela de misterio y terror, sino que funciona como carta de amor al mundo del cine, aparte de profundizar en las interioridades de un matrimonio y su decadencia.

Pero, a nivel personal, lo más importante de la novela es la implicación de mi padre en el proceso creativo. Juntos nos dedicamos a recorrer los alrededores del su pueblo natal, Bañuelos, donde se sitúa la acción de la historia, encontrando la inspiración en los lugares más remotos y hermosos de las tierras del Cid o del Quijote, en lo que resultó ser nuestro último viaje juntos,

Fallecido en pleno estado de alarma, mi pare nunca llegó a ver el libro terminado, pero su espíritu impregna cada una de sus páginas, y eso la convierte en mi obra más personal y dolorosa.

Está dedicada a ti, papá. Y espero que, junto a mamá, acudáis a las presentaciones.

Y también a todos vosotros, queridos lectores.

Cine: VENOM: HABRÁ MATANZA

No siendo demasiado defensor de la primera película de Venom, incomprensible bombazo de taquilla, no iba con demasiadas expectativas a ver esta secuela, armándome de valor con aquello del «peor no será». Pero sí, se han superado. Y de nuevo salgo con bajona de una sala de cine.

Aceptando ya lo complejo que es aceptar a Venom sin tener a Spiderman cerca (en los comics fue su razón de ser), hay ya multitud de historias que podrían haberse adaptado (incluso con multitud de personajes diferentes unidos al simbionte alienígena), pero por alguna razón los de Sony han recurrido a Matanza (que me expliquen porque Carnage se llama aquí Matanza pero Venom no puede ser Veneno). A priori no sería una mala elección, siendo la némesis principal del antihéroe, pero cae en la soporífera rutina de repetir un esquema de película/enemigo que ya suena muy trillado. Me refiero a eso de tener un reverso oscuro, un espejo en el que mostrar lo que podría haber sido el héroe de haber tomado otro camino. Es volver a ver a Iron Man enfrentarse a Iron Monger, Hulk a Abominación, Ant Man a Chaqueta Amarilla, y así sucesivamente, con el precedente de que el propio Venom se había enfrentado ya a un simbionte malvado en su primera película, así que estamos ante una repetición de villano con color nuevo y unas motivaciones supuestamente más macabras.

He aquí donde cabe analizar la construcción del villano. Volviendo de nuevo a los comics, Venom nació como némesis de Spiderman, en un intento de crear nuevos villanos para el arácnido, muy anclados todos ellos en la era Ditko. Sin embargo, gustó tanto el personaje que pronto en la editorial decidieron ablandarlo, pasando de villano a anti-héroe (a la altura de Punisher o Lobezno en su etapa más cafre), algo muy de los noventa, para lo que convenía una nueva némesis más malvada y poderosa. De ahí que el simbionte tuviera un «hijo» que se fuese a unir a un asesino en serie psicópata y sin ningún tipo de código moral. Matanza Máxima sería el nombre de la saga más mítica, no tanto por su calidad (que tampoco era como para echar cohetes), sino por la gran cantidad de secundarios que se pasaban por ella y el salvajismo de su narrativa.

En su paso a la pantalla, por supuesto, Venom: Habrá matanza no ha podido contar con la presencia de Vengadores ilustres que se paseaban por el comic, y tampoco hacer gala de la violencia implícita en el mismo. Sin embargo, convertir cualquier historia de Matanza en una comedia de colegas como han hecho con esta película es ya obligar a dar un salto de fe demasiado grande.

Y es que sí, por más que el subtítulo de la secuela sea eso de «habrá matanza», la realidad es que no es para tanto. Incluso le han buscado un interés amoroso al villano (en el comic era una retorcida repica de supuesta familia que nada tenía de romántico) para darle un trasfondo más amable.

Pero no son las diferencias con respecto al comic lo más criticable de la película (esto es una adaptación, y hay que saber diferenciar entre ambos medios), sino el quiero y no puedo que es todo el rato y la gran diferencia entre las expectativas creadas y el resultado final. Compadezco al pobre Tom Hardy por los esfuerzos que hace para componer un personaje sin pies ni cabeza (aunque algo de culpa también tendrá, ya que participó en la escritura de la historia), mientras que Michelle Williams de nuevo se limita a pasar por ahí a cobrar el cheque, más o menos lo mismo que la desaprovechada Naomie Harris. Ni siquiera el normalmente solvente Woody Harrelson sabe muy bien qué hacer con su personaje, que podría haber sido un remiendo comiqueo de su mítico Asesinos natos y al final queda en agua de borrajas.

En resumen, una comedia de colegas con algún momento verdaderamente bochornoso (la «ruptura sentimental» entre Eddie y el simbionte o los intentos de Michelle Williams de seducirlo) con media película de tonterías sin mucho interés y otra media de acción desproporcionada digital que más parece un videojuego que otra cosa. Este Veneno sigue sin convencerme ni parecerse al que debería ser, pero la recreación de Matanza es ya para rogar a Andy Serkis que continúe interpretando a personajes digitales y deje la silla de dirección para otro.

 

Valoración: Tres sobre diez.

jueves, 28 de octubre de 2021

Visto en Netflix: CULPABLE

Pese a ser un remake de un film sueco, Culpable es una de esas películas marcadas por la dificultad de rodar en tiempos de pandemia.  Con un solo actor protagonista (más algún secundario fugaz) y unas cuantas estrellas invitadas prestando su voz,  y limitando su filmación a un espacio cerrado, es el rodaje ideal para compatibilizar con las recientes medidas de seguridad marcadas por el Covid-19.

Dirigida por Antoine Fuqua, se nota algo de encorsetamiento al tratarse de un director acostumbrado a la acción y los espacios abiertos.  Esto es, en cierto sentido, un trabajo de encargo, una manera de refugiarse en Netflix con una producción sencilla al servicio de un omnipresente Jake Gyllenhaal  que está en su salsa con todos los focos de atención sobre él, que consigue mantener una historia de intriga de madera más o menos efectiva siempre que se desconozca la película original, pues desvelados los giros, poco queda a lo que agarrarse.

Así, Culpable es una película pequeña pero efectiva, maximización sus escasos recursos, que puede recordar por  a formas a títulos como Buried, con Ryan Reynols  o Locke, con Tom Hardy, un formato que a Netflix le gusta bastante, como se pudo ver con títulos como Oxígeno, películas claustrofóbicas pero de presupuesto asequible.

Fuqua, pese a las limitaciones, se las apaña para para imponer un buen ritmo, jugado como puede con las pocas cartas de las que dispone y sacando el máximo partido de un actor,  Gyllenhaal (con quien ya había trabajado en Redención), que supera el desafío de cargar con toda la trama  a sus espaldas. 

De todas formas, aceptado la justificación de que las medidas sanitarias facilitaba este tipo de productos, Culpable no deja de tener cierto aroma a experimental,  añorando al Fuqua más explícito de Objetivo: la Casa Blanca o The Equalizer.

 

Valoración: Seis sobre diez.

Visto en Disney+: ¿QUÉ PASARÍA SÍ...?

Existen varios universos, superpuestos unos sobre otros. Eso, al menos, es lo que dictaminan los cómics de Marvel. Hay acontecimientos que marcan el futuro pero, en ocasiones, algo pude cambiar, una sutil diferencia que puede llegar a derivar en uno de esos nuevos universos alternativos.  Y Uatu, de la raza extraterrestre de Los Vigilantes,  es el único capaz de verlos todos. Esa era la premisa de la corrección de cómics What if? que por tierras españolas se tradujo como «¿Y sí…?» y ahora ha llegado el momento de incluir el multiverso en el mundo audiovisual del MCU.

La muerte de «El que permanece» en manos de Sylvie al final de la serie Loki rompió las barreras del multiverso, revelando, por el momento, su existencia y cuyas consecuencias no descubrirnos hasta Ant-man y la Avispa: Quantumania, a no ser que Spider-Man: sin camino a casa y sus vinculaciones con Bruja Escarlata y Doctor Strange nos adelante alguna pista de por dónde irán los tiros.

¿Qué pasaría si…?, la primera serie de animación del MCU, la adaptación de la mencionada serie de cómics, es una especie de aperitivo a ese multiverso que parece ser clave para la Fase Cuatro del Universo Marvel. Aparentemente, pese a estar dentro del canon, esto no es más que un simple divertimento, un lugar donde jugar con las diversas películas estrenadas en cine y retorcer sus posibilidades, ya sea cambiando la identidad de sus personajes (hay una Capitana América con el rostro de Penny Carter y un Star-Lord que no es Peter Quill, sino el príncipe T'Challa), ofreciendo versiones oscuras de algunos de ellos (tanto Doctor Strange como Hank Pym recorren ese camino) o incluso derivando en un desolador apocalipsis zombi.

Se trata, en apariencia, de historietas auto concluidas y sin vinculación tras con el resto del MCU, que, como todas las antologías, tienen una calidad irregular, con episodios muy planos alternándose con otros brillantes.  Con una animación tan extraña como hipnótica y la gracia de contar con la mayoría de actores originales poniendo voz a sus versiones animadas,  ¿Qué pasaría sí…? no pasa de ser, por ahora, un pasatiempo muy entretenido con sorpresa final que no debería tener más relevancia de la cuenta.  Pero sabiendo lo mucho que a Kevin Feige y los suyos les gusta jugar con nosotros,  ¿quién sabe si en algún momento veremos en live action a esa Capitana Carter o al imponente Visiontron (un amalgama entre Visión y Ultron).