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domingo, 7 de octubre de 2018

VENOM

Como cambian las cosas en tan solo unos meses. Hace apenas algunas semanas esperaba con ganas este estreno, más viendo el tráiler que prometía una versión bastante oscura al personaje y con un look mucho más fiel al que se vio en Spider-man 3. Sin embargo, a medida que se acercaba el momento del estreno las sensaciones eran cada vez más agoreras, con cambios en la sala de montaje para suavizar la violencia, críticas vetadas y Tom Hardy, su protagonista, diciendo que lo que más le gustaba del film se había quedado en la sala de montaje. Así que llegado el momento del estreno mis expectativas estaban más bien por los suelos.
Al final, la cosa no ha llegado a ser un desastre, pero casi. No estamos hablando de una completa basura, como Los 4 Fantásticos de Josh Trank, ni siquiera es tan insuficiente como Catwoman o Elektra, pero tampoco se sitúa muy por encima. De hecho, quitando esos tres casos fragantes, creo que habría que considerarla como una de las peores adaptaciones al comic de los últimos años, más si nos centramos en las dos grandes, Marvel y DC. ¿Recuerdan Daredevil o Green lantern? Pues por ahí van los tiros.

Y es que lo que Sony ha hecho con la película es casi un suicidio cinematográfico. De entrada, porque no se concibe un personaje como Venom (y mira que me fastidia esa manía de no traducir los nombres, tal y como sí sucede en el cómic) sin Spiderman. El personaje no tiene sentido sin el arácnido y por ello en esta película nos encontramos con unas motivaciones que no están nunca demasiado claras. Si en Sony no podían contar con el lanzaredes para su película, mejor que no la hubiesen hecho. ¿Cómo se explica, por ejemplo, el look del personaje? Yo les doy la respuesta: no se explica, y punto.
Luego está el tema de la violencia. Veneno es un antihéroe, un ser que transita por la delgada línea entre el villano y el héroe, y por ello necesita un punto de oscuridad en sus acciones. Lo mismo que Deadpool, con quien Fox sí se atrevió a hacer lo que aquí no. O de Lobezno, cuya última película, Logan, la única que apuesta por ello, es la mejor de la saga. ¿Se imaginan un Punisher con censura? ¿O un Motorista Fantasma con tono familiar? Bueno, la verdad es que sí. Ya lo hicieron, y así les quedó. Sumen estos dos personajes a la lista de desastres, por favor...
Lo de Venom es casi más grave, pues muestran un quiero y no puedo. El tipo arranca cabezas de cuajo, pero todas fuera de plano y sin que se vea ni una gota de sangre. Casi se diría que rodaron las escenas y luego se eliminaron de la sala de montaje, y prueba de ello son los momentos incongruentes de guion o las tramas que avanzan a saltos, sin que veamos ciertas explicaciones en pantalla.
Así que desde este punto de vista, Venom es un desastre total, con un guion insuficiente y cobarde, unos personajes planos (solo Eddie Block tiene algo de trasfondo) y un solo actor, Hardy, que merezca ser mínimamente destacado. A su lado hay toda una ganadora del Oscar como Michelle Williams que apenas sirve para hacer bonito. 
A eso, hay que sumarle una dirección muy deficiente, donde la oscuridad no sirve para dar un tono más serio al personaje sino para hacer más confusas las escenas de lucha, con unos antagonistas que no dan la talla y siguiendo el esquema ya muy manido de poner un villano como la contrapartida oscura del héroe (algo que después de verlo en Iron Man contra Iron Monger, Hulk contra Abominación o Ant Man contra Chaqueta Amarilla ya cansa un poquito), algo especialmente absurdo cuando ya el héroe debería ser una contrapartida oscura de Spiderman y que hace que no me interese en absoluto la secuela que aspiran a hacer por prometer más de lo mismo. Y si encima todo se reduce a escenas de lucha por ordenados muy mal filmadas, pues mejor pasar página...
Último detalle: el humor. Venom no tiene humor. No es una película cómica. O no debería serlo. Pero la gente se reía en muchas ocasiones. Y cuando la gente se ríe en una película sin chistes, la cosa no puede ser peor. Todos los diálogos internos entre Eddie Block y Venom son de traca y, para no rasgarse las vestiduras, lo único que se puede hacer el resignarse y apuntarse al coro de risas que entristecen aún más el resultado final.
Para colmo, y esto no es solo culpa de la peli, sino también de su poco sentido de la oportunidad, una de las escenas supuestamente más espectaculares trata sobre una larguísima persecución que los malos, en coche, hacen sobre el prota, que va en moto. ¿Tienen fresca la persecución de Misión Imposible: Fallout? Pues no hay más que hablar.
¿No hay nada entonces que se pueda salvar de Venom? Pues tampoco es eso. Al fin y al cabo estamos hablando de una película con un tipo poderoso arrancando cabezas a los malos. Y aunque sea fuera de plano, eso siempre mola. Además, el pobre de Hardy, ese actor especializado en personajes a los que apenas se les ve el rostro (Bane, Mad Max, el piloto de Dunkerque) se esfuerza por sacar adelante un papel sin mucho a lo que rascar (ya he dicho que las motivaciones nunca están claras, y tanto él como su alter ego simbionte pasan de un lado a otro de la balanza moral de manera caprichosa). Y al fin y al cabo es una película entretenida. Estúpida y mal hecha, pero entretenida. Y resulta impagable que para el diseño del personaje se hayan basado en la caracterización que en su momento llevaron a Veneno a lo más alto del panorama comiquero de finales de los noventa de las manos de Todd McFarlane y Mark Bagley, cuando el personaje apenas acababa de debutar y parecía que podía molar mucho.
Una de las cosas que en Sony se tendrían que preguntar es: ¿se puede hacer una película interesante de Veneno? Si miramos sus apariciones en cómic, las dudas son razonables. Ha tenido muchas miniseries alejado de la sombra de Spiderman, pero la mayoría muy mediocres. Es un caso de esos en los que la leyenda es más grande que el propio personaje. Así que la respuesta, posiblemente, sea que no, lo mismo que no concibo una película en solitario de Kraven, el Cazador (como se rumoreó durante cierto tiempo) o de Morbius, geniales en la galería de villanos pero sin entidad suficiente para protagonizar sus propias películas.
En vista del desastre potencial que es este Venom (que ya tiene unas críticas nefastas y que, al igual que otro título mediocre por su falta de valentía y calidad narrativa como fue Escuadrón Suicida seguramente hará bastante taquilla), mi consejo para Sony está claro: que se dejen de experimentos y, tal y como hicieron ya con Spiderman (y el éxito fue claro), dejen los personajes de Marvel en manos de Marvel. En el MCU, Veneno puede molar mucho. En el Universo Spiderman sin Spiderman, no.
Eso sí, la escena postcréditos es lo mejor del film. Casi una pequeña obra maestra. Por cierto (y no explico más por no caer en el spoiler), ¿he dicho ya que la escena postcréditos de Venom no tiene nada que ver con Venom?
Pues eso. Una lástima. Otra más.

Valoración: Cuatro sobre diez.

viernes, 22 de abril de 2022

Reflexiones: DESCIFRANDO EL SONY-VERSO

Todavía sigo con pesadillas y algo trastornado desde que soporté vi en cines Morbius, la última pieza hasta ahora de ese complicado (o eso consiguen ellos que sea) universo compartido que se está gestando desde Sony. Como dicen que es bueno enfrentarse a tus terrores, he decidido hacer un ligero repaso a lo que algunos llaman el Sony-verso, que no deja de ser más que una manera menos confusa de llamar a lo que en realidad es el Spider-verso sin Spider-Man.

Para los no iniciados, empezaré por el principio. Hace muchos años ya (décadas incluso, lo cual me recuerda lo mayor que soy), Marvel pasaba por una profunda crisis económica, que solo logró capear a costa de vender los derechos de sus principales activos a diversas compañías cinematográficas. Era mucho antes de que tuviesen su propia división de cine, cuando Marvel Studios existía solo para hacer productos de animación o figurar como coproductoras en las películas que en realidad hacían otros. Era la época que propició bodrios como The Punisher: El Vengador (1989), Capitán América (1990), The Punisher (2004), Elektra y Man Thing  (ambas de 2005) o El Motorista Fantasma (2007) de cuya secuela he decidido olvidarme; productos de medio pelo como Blade (1998), Daredevil (2003) o Los Cuatro Fantásticos (2005) y su secuela (2007) –Los Cuatro Fantásticos de Corman y la conocida como Los Cuatro Tranktásticos merecen un artículo aparte- o, al fin, películas de bastante más nivel como la saga de X-Men iniciada en el 2000, la del Spider-Man de Sam Raimi que nació en el 2002, el Hulk de Ang Lee (2003) y The Amazing Spider-Man, que vio la luz en 2012, ya con el MCU batiendo récords y mostrando el camino a seguir.

De todo ello, repartido en ciento y la madre de productoras, en Sony se quedaron con los derechos de Spider-Man tras un complicado laberinto que incluye la bancarrota de la Cannon y la adaptación jamás realizada por James Cameron.

Viendo como en casa del vecino la cosa funcionaba más o menos bien, con el descomunal éxito del Superman de Donner del 78 y la batmanía que desencadenó el Batman de Tim Burton en 1989 (aunque parece que en Warner se querían especializar en iniciar estupendas sagas que terminarían en el ridículo más espantoso), y que Blade y X-Men (que estaba en preproducción cuando se empezó a hablar de Spider-Man) y que en los despachos amenazaban con poner de moda a los tipos en pijama (es un decir, por aquella época se tenía bastante miedo a representar a los superhéroes con los coloridos looks de los comics), en Sony dieron luz verde al proyecto de Sam Raimi pesado para convertirse en trilogía.

Spider-Man, Spider-Man 2 (considerada una de las mejores películas de superhéroes por muchos aficionados) y Spider-Man 3 funcionaron de maravilla, sobre todo la tercera, que demostró que debía haber arácnido para rato aunque la crítica no fue muy compasiva con ella. Ciertamente, hubo muchos problemas en ese rodaje, principalmente debido a las discrepancias entre el director y la productora, que quiso influir demasiado en el argumento, lo que propició que el proyecto de Spider-Man 4 cayera en saco roto. Por un lado, porque Raimi no conseguía la libertad creativa que ansiaba. Por otro, porque mientras se trabajaba en el proyecto ya se estaban en negociaciones con otro actor y otro director para hacer un reboot de la saga.

Así pues, sin Raimi en el carro, Tobey Maguire dijo adiós al personaje de manera definitiva (o eso se creía en aquel momento) para dar paso a una versión más juvenil y refrescante. Andrew Garfield sería el encargado de ponerse el traje azulgrana mientras que la contratación de Mark Webb, un director que había triunfado gracias a una comedia romántica, dejaba muy claras las intenciones de Sony en cuanto al tono del film.

Como era de prever, la cosa funcionó muy bien en el aspecto personal, consiguiéndose una muy buena química entre Maguire y Emma Stone, pero cuando el primero se ponía el uniforme de faena (horrible, por cierto), la cosa se venía abajo. No fue un gran éxito, pero sí lo suficiente para que su secuela viera la luz. Y aunque esta vez el uniforme y el tono del protagonista rozaban la perfección, un mal villano y demasiada paja destinada a encaminar  a convertir esto (maldita manía) en trilogía, maltrató el resultado final, consiguiendo que fuese una de las películas menos valoradas del trepamuros y condenándolo a la cancelación con muchas tramas por resolver, entre ellas la de la hipotética creación del grupo de villanos llamados Los Seis Siniestros con la idea de que tuviesen película propia.

Es buen momento para abrir un pequeño paréntesis para anotar que junto a los derechos del personaje el contrato incluía también a sus secundarios, provocando un montón de dolores de cabeza y abogados mirando con lupa para decidir a qué héroe iba ligado cada secundario. Para poner un ejemplo, Peter Parker (Spider-Man) trabajaba en el Daily Bugle junto a Ben Urich, periodista muy ligado en los comics a la historia del duende Verde. Sin embargo, en el celuloide Urich fue considerado secundario de Daredevil, apareciendo en la película protagonizada por Ben Affleck (de New Regency en asociación con la Fox) así como en la serie de Netflix. Sin embargo, en la primera trabaja para el New York Post y en la segunda para el New York Bullet, ya que el Daily Bugle sí había quedado en manos de Sony. Algo similar al conflicto surgido entre Wanda/Bruja Escarlata y Pietro/Mercurio (ambos mutantes y Vengadores) entre Fox y Marvel que, en este caso, se solucionó con un acuerdo que satisfizo a ambas productoras.

Sigamos. El caso es que en Sony sabían que tenían a la gallina de los huevos de oro en su poder, pero no tenían ni idea de cómo utilizarlo. Veían ojipláticos como en Marvel, con personajes en aquel momento considerados de segunda fila como Iron man, Capitán América o Thor, estaban creando un gran imperio.

La gran diferencia entre ambos tenía un nombre: Kevin Feige. El gran gurú de Marvel Studios había estado metido en casi todas las producciones basadas en comics Marvel de otras productoras, pero no fue hasta que naciera el MCU que le dieran plena libertad para hacer lo que quisiera, demostrando que incluso en Hollywood conviene a veces confiar en el que más sabe, y no solo en los que mejor analizan los datos y las calculadoras. Amy Pascal, su igual en Sony, quería su perspicacia y en Marvel querían a Spider-Man, así que lo imposible se hizo realidad y llegaron al acuerdo de compartir al personaje. Y así fue como un nuevo Spider-Man, interpretado por Tom Holland, llegó a desembarcar en el MCU para hacer una breve pero aplaudida intervención en El Capitán América: Civil War antes de tener su propia película en solitario, Spider-Man: Homecoming (2017), de Jon Watts, que sería producida por Sony pero con el desarrollo artístico en manos de Marvel.

Al fin en Sony veían la luz con su niño mimado, aunque no les gustaba eso de compartir beneficios (y mucho menos méritos), por lo que empezaron a buscar alternativas. Como ya he explicado, la adquisición de los derechos de Spider-Man incluía a sus secundarios, de manera que decidieron de desarrollar un universo propio a imagen y semejanza del MCU o del DCEU de Warner, pero con dichos secundarios, que para eso les seguían perteneciendo. Y así fue como llegó a los cines Venom (2018), un anti-héroe que comenzó como villano de Spider-Man en los tebeos y con una historia inevitablemente vinculada al mismo. Es su película, sin embargo, no había mención alguna al alter ego de Peter Parker, por lo que la gran pregunta era si ese nuevo universo y el del MCU eran el mismo. Había indicios de que no, como el que en Venom los neoyorquinos se sorprendieran al descubrir que hay seres alienígenas, como si la batalla de Nueva York de Los Vengadores de Joss Whedon (2012) nunca hubiese existido.

Venom no gustó nada a los aficionados a los comics, pero por lo visto sí al resto del mundo, pues fue un gran éxito de taquilla. Eso propició que en Sony se envalentonasen y hubo una agria disputa en los despachos para decidir qué iba a pasar con el futuro de Spider-Man tras el estreno de su secuela: Lejos de casa (2019). Durante mucho tiempo las negociaciones estuvieron rotas y el Spidey de Tom Holland quedó oficialmente desligado del MCU, teniendo que mediar el propio actor para buscar una manera de conseguir un entendimiento entre Amy Pascal y Kevin Feige. Al final, tras provocar no pocos infartos entre los Marvel-zombies, el acuerdo fructificó y Marvel, con Feige a la cabeza, volvió a colaborar en una tercera película que cerrase la trilogía en solitario del héroe, amén de sus apariciones en Vengadores: Infinity War (2018) y Vengadores: End Game (2019).

Mientras las aguas volvían a su cauce, Sony se superó a sí misma con la secuela de Venom, titulada Habrá matanza (2021). De nuevo una película espantosa (peor incluso que la primera) y de nuevo éxito en taquilla. En Sony lo tenían claro: tenían su propio filón de oro. Pero seguía sin estar claro si estaba unido al MCU o no. La escena postcréditos parecía dejar una pista cuando el Venom de Tom Hardy desaparece del lugar en el que se encuentra para aparecer en un hotel de aspecto caribeño y ver en un informativo una referencia directa al final de Spider-man: Lejos de casa.

Y llegó el evento del año. ¡Qué digo del año…! ¡Del siglo! Tras una pandemia que había dinamitado los cimientos del cine, tras dos años de salas vacías y películas rogando a Netflix que se hiciera con sus derechos, tras tres películas haciendo presagiar que el MCU empezaba a mostrar signo de debilidad… Llegó Spider-Man: No way home (2021), la película que lo cambió todo.

Si hablamos de Universos propios, en la tercera aventura del Spider-Man de Holland se liaron la manta a la cabeza y, con la torpe ayuda del Doctor Strange, lo pusieron todo patas arriba. Un truco de ilusionismo (por arte de birlibirloque, vamos) abrió portales entre varios universos, trayendo al MCU elementos extraños, tales como villanos (y posteriormente a los propios héroes) de las sagas de Raimi y Webb. Ver juntos a Holland, Maguire y Garfield era mucho más que un sueño hecho realidad y la película cumplió con las expectativas y mucho más. Si el guion arreglaba muchos de los defectos de las películas anteriores y se convertía en una gran fiesta de celebración de veinte años del Hombre Araña cinematográfico, la taquilla se volvió loca, elevando la película hasta el sexto puesto de la película más taquillera de la historia, algo imposible de imaginar hace apenas unos años por cualquier directivo de la Sony, Pascal incluida. Todo era alegría y felicidad, con una unión de villanos portentosa y muy efectiva pero… ¡un momento! A todo esto, ¿dónde está Venom? Pues había que esperar hasta la escena postcréditos para descubrir que el bueno de Tom Hardy se había pasado toda la película medio borracho en el bar del hotel al que fue a parar al final de Venom: Habrá matanza escuchando de boca del camarero la invasión de Thanos y los fatídicos efectos del chasquido cuando, de repente, es transportado de nuevo a su propio universo, dejando, eso sí, un pequeño resto de simbionte sobre la barra. Más allá de la gracia del chiste o de la decepción de algunos fans, esto significaba claramente dos cosas:

1.- Que Venom no pertenece al mismo universo que el MCU y que, por lo tanto, no va a verse nunca las caras con el Spider-Man de Holland a no ser que vuelvan a recurrir al truco de los saltos entre Universos. Y…

2.- Que Holland se queda definitivamente en el MCU, desligándose del supuesto Sony-verso y con las semillas plantadas por si algún día quieren hacerle su propio Venom.

Y, para bien o para mal, todo parecía más o menos claro. Pero resulta que la maquinaria de Sony no paraba y ya tenían a punto de caramelo su siguiente película con un secundario del lanzarredes. En este caso, era el turno de Morbius (2022) y su tráiler avanzaba cosas interesantes y a la vez confusas, como que pertenece al mismo universo que algún Spider-Man, que también comparte el espacio-tiempo con Venom y que iba a interactuar con el Buitre que Michael Keaton interpretó en Spider-Man: Homecoming. ¿Confundidos? El resto del mundillo friki también.

Vayamos por partes, como diría Jack, el Destripador. Por un lado, la película. De nuevo un bodrio. Un despropósito cuya taquilla ha sido razonablemente más coherente que con Venom. De entrada, unos números increíbles que hacían presagiar un nuevo triunfo para Sony, pero la caída de la recaudación en el segundo fin de semana fue de órdago. El boca a oreja la ha puesto a caer de un burro y los datos finales no van a ser nada halagüeños. Y eso con Kraven, el Cazador ya en la línea de salida y proyectos bastante avanzados como Madame Web. Veremos en que termina esto. Por otro lado, las explicaciones. Nadie ha dicho nada demasiado concreto, pero por lo poco que se le ha podido sacar al director y las diferencias entre el tráiler y el metraje final podemos sacar unas cuantas conclusiones.

De entrada, que la esperanza de muchos fans de que el universo de Venom y Morbius fuese el mismo que el de algunos de los Spider-Men anteriores de momento no es más que eso, la esperanza de los fans. Se había hablado de que Andrew Garfield iba a aparecer en Morbius, aunque solo fuese un cameo, rumor acrecentado por los reshoots de última hora del film, pero al final nada de nada. Y la escena del tráiler en la que se veía un grafiti de un Spider-Man que recordaba mucho al de Maguire, eliminada de la versión de cines. Dice el director que él en realidad no la llegó a filmar, y que fue un injerto gestado desde la propia dirección de Fox, lo que nos da pistas de lo que ha pasado: Hasta la llegada de No way home, el Sony-verso sí aspiraba a ser el mismo del MCU. De ahí la vinculación con Spider-Man y la aparición del Buitre de Keaton. Tras la realización de la tercera película del Spidey de Marvel, las cosas han cambiado, cada uno va por su rumbo y borrón y cuenta nueva. Esto  no significa que aún nos puedan contar que ya hay un Spider-man en el universo de Venom y Morbius (el de Maguire, el de Garfield o uno nuevo), pero de ser así tendremos que esperar a alguna película futura que nos lo confirme.

¿Qué sucede, entonces, con el Buitre? Eso queda explicado en las escenas postcréditos de Morbius, unas escenas absurdas y torpemente representadas pero que cumplen su cometido de poner los puntos sobre las íes (hasta que a alguien de Sony se le ocurra un nuevo cambio de rumbo). Adrian Toomes, el Buitre, en los tráileres estaba en prisión y tenía una conversación con Morbius animándole a aceptar su don, dejando patente que comparten espacio. En la versión que ha llegado en cines, todo esto se ha eliminado para mostrarnos a Toomes en la cárcel del MCU (es decir, donde fue a parar tras los hechos acontecidos en Homecoming) para ser transportado (la razón ni se dice ni merece que la esperemos) por uno de los portales multiversales que abre Dr. Strange en Far from home para ir a parar al universo de Venom y Morbius, propiciando un encuentro con este último (tampoco es que nos den ninguna explicación de cómo tiene el traje volador del Buitre en este universo, ¿para qué la coherencia?) que da pie a conjeturar que el proyecto de una película de Los Seis Siniestros sigue en pie.

Hasta aquí, los hechos. Ahora solo quedan las conjeturas. Insisto una vez más en que el Spider-Man de Holland sigue perteneciendo a Sony, pero ya no se podrá cruzar en el camino de Venom o Morbius (o cualquiera otra de las peliculillas que estén por llegar) a no ser que nos repitan la jugada del multiverso (que en Sony son capaces de todo). Ahora parece que lo primordial es crear al grupo de Los Seis Siniestros, que no tienen por qué coincidir con los miembros presentados en los comics. Así, podríamos tener al Buitre, Mobius y Venom haciendo equipo (la coherencia de esto también está fuera de toda lógica, pero bueno), pero siguen faltando tres miembros más (supongo que uno de ellos sería Kraven, el Cazador), aparte de necesitar a alguien contra quien enfrentarse. Como descarto el regreso de Willem Dafoe y Alfred Molina, cuyos arcos como Duende Verde y Dr. Octopus quedaron muy bien cerrados en Far from home, y el público ha enloquecido viendo a Garfield retomando el traje del arácnido, la solución más fácil sería la de hacer realidad un Amazing Spider-Man 3 e incorporar aquella saga al Sony-verso. Así, tendríamos ya al Spider-Man de Sony y tanto el Lagarto como Electro podrían unirse al grupo de villanos, algo que, de hecho, ya pretendía hacer el Duende Verde interpretado por Dane DeHaan en la malograda saga de Webb.

En fin, que no sé si este resumen ha servido para aclarar un poco el panorama superheróico de Sony o para complicarlo aún más, pero por lo menos yo me he quedado a gusto. Lo que es innegable es que aquellos que se empeñan en despreciar lo conseguido por Marvel con el MCU y se niegan a ver sus méritos, que se den una vuelta por el DCEU y su jaleo de líneas temporales, el despropósito que termino siendo el Universo X de Fox o lo que le está sucediendo a Sony. Eso pasa cuando no hay un plan a seguir ni alguien con la cabeza bien amueblada encargado de poner la casa en orden (y no miro a Lucasfilm por no irme por las ramas). Personalmente, creo que la única esperanza de arreglar el desaguisado de Sony es que realmente se traigan a Garfield de vuelta (también se ha especulado con un Spider-Man 4 que Raimi estaría encantado de hacer, pero veo a Maguire un poco lejos del personaje) y que el Sony-Verso sea, como siempre debió ser, el Spider-verso. Y mientras, el Spidey de Holland a hacer sus cositas con sus colegas vengadores. Podría ser algo confuso tener a dos Spider-Men diferentes a la vez, pero si nos hemos comido a dos Batman y tres Jokers (sin contar con los productos televisivos), tampoco es que nos vayamos a rasgar las vestiduras porque entre Marvel y Sony jueguen a lo mismo, ¿no?

viernes, 29 de octubre de 2021

Cine: VENOM: HABRÁ MATANZA

No siendo demasiado defensor de la primera película de Venom, incomprensible bombazo de taquilla, no iba con demasiadas expectativas a ver esta secuela, armándome de valor con aquello del «peor no será». Pero sí, se han superado. Y de nuevo salgo con bajona de una sala de cine.

Aceptando ya lo complejo que es aceptar a Venom sin tener a Spiderman cerca (en los comics fue su razón de ser), hay ya multitud de historias que podrían haberse adaptado (incluso con multitud de personajes diferentes unidos al simbionte alienígena), pero por alguna razón los de Sony han recurrido a Matanza (que me expliquen porque Carnage se llama aquí Matanza pero Venom no puede ser Veneno). A priori no sería una mala elección, siendo la némesis principal del antihéroe, pero cae en la soporífera rutina de repetir un esquema de película/enemigo que ya suena muy trillado. Me refiero a eso de tener un reverso oscuro, un espejo en el que mostrar lo que podría haber sido el héroe de haber tomado otro camino. Es volver a ver a Iron Man enfrentarse a Iron Monger, Hulk a Abominación, Ant Man a Chaqueta Amarilla, y así sucesivamente, con el precedente de que el propio Venom se había enfrentado ya a un simbionte malvado en su primera película, así que estamos ante una repetición de villano con color nuevo y unas motivaciones supuestamente más macabras.

He aquí donde cabe analizar la construcción del villano. Volviendo de nuevo a los comics, Venom nació como némesis de Spiderman, en un intento de crear nuevos villanos para el arácnido, muy anclados todos ellos en la era Ditko. Sin embargo, gustó tanto el personaje que pronto en la editorial decidieron ablandarlo, pasando de villano a anti-héroe (a la altura de Punisher o Lobezno en su etapa más cafre), algo muy de los noventa, para lo que convenía una nueva némesis más malvada y poderosa. De ahí que el simbionte tuviera un «hijo» que se fuese a unir a un asesino en serie psicópata y sin ningún tipo de código moral. Matanza Máxima sería el nombre de la saga más mítica, no tanto por su calidad (que tampoco era como para echar cohetes), sino por la gran cantidad de secundarios que se pasaban por ella y el salvajismo de su narrativa.

En su paso a la pantalla, por supuesto, Venom: Habrá matanza no ha podido contar con la presencia de Vengadores ilustres que se paseaban por el comic, y tampoco hacer gala de la violencia implícita en el mismo. Sin embargo, convertir cualquier historia de Matanza en una comedia de colegas como han hecho con esta película es ya obligar a dar un salto de fe demasiado grande.

Y es que sí, por más que el subtítulo de la secuela sea eso de «habrá matanza», la realidad es que no es para tanto. Incluso le han buscado un interés amoroso al villano (en el comic era una retorcida repica de supuesta familia que nada tenía de romántico) para darle un trasfondo más amable.

Pero no son las diferencias con respecto al comic lo más criticable de la película (esto es una adaptación, y hay que saber diferenciar entre ambos medios), sino el quiero y no puedo que es todo el rato y la gran diferencia entre las expectativas creadas y el resultado final. Compadezco al pobre Tom Hardy por los esfuerzos que hace para componer un personaje sin pies ni cabeza (aunque algo de culpa también tendrá, ya que participó en la escritura de la historia), mientras que Michelle Williams de nuevo se limita a pasar por ahí a cobrar el cheque, más o menos lo mismo que la desaprovechada Naomie Harris. Ni siquiera el normalmente solvente Woody Harrelson sabe muy bien qué hacer con su personaje, que podría haber sido un remiendo comiqueo de su mítico Asesinos natos y al final queda en agua de borrajas.

En resumen, una comedia de colegas con algún momento verdaderamente bochornoso (la «ruptura sentimental» entre Eddie y el simbionte o los intentos de Michelle Williams de seducirlo) con media película de tonterías sin mucho interés y otra media de acción desproporcionada digital que más parece un videojuego que otra cosa. Este Veneno sigue sin convencerme ni parecerse al que debería ser, pero la recreación de Matanza es ya para rogar a Andy Serkis que continúe interpretando a personajes digitales y deje la silla de dirección para otro.

 

Valoración: Tres sobre diez.

viernes, 8 de abril de 2022

Cine: MORBIUS

En el cine, como en la vida en general, resulta difícil satisfacer a todo el mundo. Si películas exitosas como las de Marvel o Star Wars cuenta con feroces detractores que apuntan a una simpleza argumental, películas de mala calidad como Morbius invitan ya al desprecio más absoluto. Porque Morbius es mala, sí. Muy mala, incluso, aunque tal y como los que defienden el cine de superhéroes hacemos matices para señalar las diferencias creativas del «buen cine», el malo también merece de estas distinciones.

Y es que lo mejor que se puede decir de Morbius es que, a diferencias de otras películas superheróicas destrozadas por la crítica como Elektra, Cuatro Fantásticos o Venom (especialmente su secuela), esta no llega a ofender. Quizá la cosa es que es tan plana y simple que no le alcanza ni para eso, no lo sé, pero es un alivio encontrarse con una película que simplemente no tiene los baremos de calidad necesarios (de nuevo el guion es el punto más sangrante, aunque habría que hacer un poco de hincapié en sus bochornosos efectos especiales o su confuso montaje), sin ser por ello insultante. En películas como las recientes propuestas de Sony alrededor de Venom, daba la sensación de que no lo habían hecho mejor porque no les había dado la gana, menos preciando al espectador con una desidia total. En Morbius, sin embargo, el balance es más indicativo de que sus responsables, simplemente, no daban para más, empezando por un Daniel Espinosa terriblemente torpe en los momentos de filmar la acción (y eso que su Life me gustó bastante) y unos Matt Sazam y Burk Sharpless que parecen haberse enfrentado al guion sin conocer para nada al personaje, no teniendo el espectador nunca claro cuáles son los poderes de Morbius ni sus motivaciones. Realmente, se nota que a nadie (ni siquiera a los aficionados al comic) les importa demasiado este personaje secundario de las colecciones arácnidas que si tiene película propia es porque Sony no tiene mucho más donde rascar a la hora de crear ese insulso universo que pretenden hacer a consta de los despojos de Spider-man (a falta de que algún día nos confirmen si en este universo existe ya algún Peter Parker –ya sea con el rostro de Andrew Garfield o el de Tobey Maguire- o no).

Morbius sigue a rajatabla los esquemas de una película de orígenes que ya en los noventa había pasado de moda, con todos sus defectos: media película anodina para que conozcamos al personaje, un villano que no deja de ser una fotocopia oscura del héroe y una resolución que, en el caso que nos ocupa, es más precipitada y torpe que nunca. Sin entrar en spoilers, solo diré que el héroe (por llamarlo de alguna manera) descubre una manera de derrotar al villano, se enfrenta y lo derrota. Así, sin más. No hay ni un ápice de épica en ese anticlímax que define la confrontación final y en la que, incluso, se le niega la mínima dosis de drama que podría haber gracias a repetir literalmente la jugada que ya hiciera Sony en Venom: Habrá matanza.

Setenta y cinco millones no es un presupuesto tan desdeñable como para que la película tenga un acabado visual tan mediocre, aunque posiblemente un buen pellizco se haya desviado hacia el reparto, lo único salvable de la película. No acabo de entender muy bien qué copia del guion entregaron a Matt Smith o Jared Leto (que se está convirtiendo, tras su Joker, en un especialista en las peores encarnaciones de personajes de comic sin que sea culpa suya), pero mucho me temo que la definitiva no. Claro que también es cierto que esta no es la película que se pretendía hacer en un principio, y que el éxito de Spiderman: No way home cambiaron muchas cosas (de la que hablaré en un futuro artículo), pero eso no es excusa para un caos narrativo, plano e insulso, que ha provocado que la gran mayoría de los comentarios de la gente sean referentes a las escenas postcréditos. Y encima, para mal.

En resumen, otra torpeza de Sony que demuestra que sin el amparo de Marvel en general y Kevin Feige en particular no son capaces de dar la talla, a la vez que una respuesta en taquilla que evidencia, por otro lado, que el logotipo de Marvel vende entradas por sí solo y que púbico y crítica no siempre suelen ir de la mano, aunque me da la sensación de que estamos en uno de esos casos en los que pese a los excelentes números de su semana de estreno, el boca-oreja va a perjudicar mucho al rendimiento económico del film.

Casi parece que Sony esté pidiendo a gritos que Marvel les pague una pasta por recuperar a sus personajes, pero mientras eso no ocurra y la teta siga dando leche, los despropósitos fílmicos seguirán. Tras esto, ¿alguien duda que Kraven, Madame Web o Silver Sable van a ser iguales de desastrosas? La cuestión es saber en qué momento van a dejar de dar dinero. Espero, por el bien del cine y de los personajes, que sea pronto. Ho es que vaya a echar mucho de menos a cualquiera de estos personajes dentro del UCM, pero un poco de penica de ver lo que está pasando con Venom o saber que nunca vamos a tener una adaptación como se merece de La última cacería de Kraven de DeMatteis sí que me da.

 

Valoración: Cuatro sobre diez.

sábado, 8 de enero de 2022

Reflexiones: EL DÍA EN QUE UNA ARAÑA SALVÓ AL CINE (Parte uno)

Obligaciones varias me han impedido dedicarme al blog tanto como me gustaría, y aunque ya hace un par de años que dejé de elaborar las típicas listas sobre lo mejor y lo peor del año, me gusta de vez en cuando escribir alguna reflexión alejada de lo que son reseñas de películas o series propiamente dichas. Ese fue, de hecho, la razón del cambio de nombre de hace ya un tiempo, cuando El panda cinéfilo se convirtió en Las cosas del Panda y esto debía convertirse casi en el blog de un escritor más que en un foro de cine. Como veis, al final el cambio no ha sido tanto.

El caso es que una de las reflexiones que quería haber escrito a mediados de noviembre y que, como muchas otras han quedado en el tintero, era sobre mi previsión de que el cine, que había quedado muy tocado durante la pandemia (de eso sí que llegué a hablar en su momento), solo tenía una posibilidad de sobrevivir al miedo de los espectadores y al asentamiento de las plataformas digitales. Y eso sin contar con la inestimable participación de las propias productoras, que tienen ocurrencias tan poco comprensibles como estrenar sus películas en cines y plataformas a la vez, propiciando fracasos como los de Viuda Negra o Dune. Por no hablar de títulos que directamente han sido ignorados por el gran público, como Chaos Walking, El Escuadrón Suicida, El último duelo, Última noche en el Soho, Wonder Woman 84… Y no es solo una cuestión de calidad, pues otros títulos de dudosa enjundia como Fast&Furious 9 o Venom: Habrá matanza han conseguido, al menos, salvar los papeles.

Por ello, parecía claro que el mundo del cine necesitaba un bombazo que funcionara como puñetazo encima de la mesa, un éxito que invitara al público a volver a las salas y que empecemos a dejar atrás considerar recaudaciones medianas de alrededor de cuatrocientos millones de dólares como grandes éxitos. Y esa película que debería salvar al cine no es otra que Spiderman: No way home, no solo porque Marvel es (casi) siempre una garantía de éxito sino porque las diversas filtraciones (no todas ellas reales) dejaban las expectativas por las nubes. Por ello, cualquier cosa que no fuese una taquilla superior a los mil millones de dólares podría suponer el último clavo en el ataúd de los cines. En el momento de escribir estas líneas, la película de Jon Watts roza los 1.400 millones y aún no se ha estrenado en países como China.

Consagrada ya como el éxito del año y, de seguir así, codearse con los títulos del top ten (sin pandemias ni gaitas), es hora de repasar si al final, la película que nos ha devuelto al cine es merecedora de su logro o no. Y, casi un mes después de su estreno, ya es momento de poder hablar de ella sin cortarse un pelo.

Por ello, os aviso de que vais a encontrareis spoilers de Spiderman: No way home de aquí en adelante. Si por lo que sea no la habéis visto aún, os remito a mi reseña sin spoilers.

Lo primero que llama la atención, más allá de la extraña, caótica pero efectiva campaña publicitaria, es su guion, firmado por Chris McKenna y Erik Sommers, responsables de toda la saga del Spider-man de Holland, aparte de Ant-Man y la Avispa. Si por un lado la narrativa es totalmente absurda y, por momentos ridícula, con decisiones tomadas por los protagonistas difíciles de entender, villanos que cambian de parecer de un momento a otro y situaciones marcadas más por la necesidad que por la lógica, por otro lado contiene el mejor tratamiento de personajes visto en una película palomitera en mucho tiempo. Las interacciones entre los tres Peters (sí, aquí tenéis el primer spoiler) es impecable a la par que desternillante, y logra elevar el concepto de fan service a cotas inimaginables.

Es mérito del guion el conseguir que la participación del Spiderman de Andrew Garfield y el de Tobey Maguire sean funcionales, consiguiendo rememorar sus antiguos roles sin que el paso del tiempo chirríe demasiado, convirtiendo la película en una especie de reencuentro del espectador con unos viejos amigos a los que tenía ya perdidos en el tiempo (veinte años han pasado desde que Maguire se pusiera por primera vez el traje azulgrana).

Con la mente maestra de Kevin Feige detrás de todo, la película parece tener dos objetivos claros: por un lado, finalizar la evolución del Peter Paker de Holland, con lo que estamos, sobre todo a partir del segundo tercio del film, en la película más oscura y dramática de la trilogía. Si bien he comentado en el pasado que este es mi Spider-man favorito, continúa ligeramente alejado del Spidey de los comics, por lo menos en su versión más canónica. Su pertenencia al MCU y su relación con Los Vengadores, en concreto con Tony Stark, suponía una losa que, hasta ahora parecía insalvable para acercar más al héroe a su versión de los tebeos. Sin embargo, alejado ya del legado de Iron Man, Peter asume al fin la responsabilidad por sus errores y toma las decisiones correctas, incluso a base de enfrentarse a otro vengador, uno tan poderoso como el Dr. Strange. Además, estaba pendiente el tema de saber cómo murió su tío Ben. Ya saben, esa especie de mentor que le otorgó esa lección de vida resumida en la frase de: «todo gran poder conlleva una gran responsabilidad», al que conocemos de los comics y de los Spidermen de Sam Raimi y Marc Webb. Y la respuesta era la más obvia y la que teníamos delante de las narices durante todo el tiempo: puede que este Peter tuviese un tío Ben que muriese asesinado, pero quien ha ejercido como mentora y quien le ha regalado la famosa frase no es más que la tía May de Marisa Tomei, una tía May que provoca el giro de guion que desemboca en la madurez de Peter gracias a que la película hace algo que ni siquiera en los comics se han atrevido a hacer: matándola (nota friki: en realidad, la tía May sí murió en los comics, pero poco tiempo después decidieron «deshacer» esa muerte y decir que quien murió fue otra persona).

El segundo propósito que Marvel parece tener con respecto a esta película es deshacer los muchos problemas que tenían las películas del arácnido hechas por Sony en solitario. Detalles como la escena en la que Willem Dafoe destroza la horrorosa máscara del Duende Verde, la eliminación de la pigmentación azul enel rostro de Electro o las burlas hacia el Rinho mecanizado son solo algunos ejemplos de ello. La película de Jon Watters se mete en muchos jardines, y de todos ellos sale victorioso.

Quizá no sea la película más emocionante de Marvel (en lo que acción se refiere), pese a contar con una escena final brutal, casi demasiado oscura como para ser admisible en una película supuestamente infantil (y es que compite a niveles de violencia con la pelea final entre Stark y Steve Rogers en Civil War), pero sí de las más emotivas, teniendo en la caída de MJ al vacío un momento tan estremecedor como la propia muerte de tía May. Esto sirve, además, para continuar la historia del Spidey de Amazing Spiderman 2 y cerrar las heridas provocadas por la muerte de Gwen.

Hay pequeñas correcciones, guiños e incluso metalenguaje (como los chistes hacia el dolor de espalda del Spidey de Maguire, las conversaciones sobre los lanzaredes orgánicos de este  o la presentación visual del meme más famoso de la serie de animación).

Y todo ello para conseguir completar el viaje del héroe hacia su maduración, en un desenlace totalmente desligado al resto del MCU y que propicia que, por primera vez, utilice un uniforme calcado al de los comics, en una situación muy similar al Peter cafre y fatalista que concibieron Stan Lee y Steve Ditko, aunque todo hace pensar que lo están encaminando hacia los años universitarios (¿alguien más está pensando en Gwen Stacy y Harry Osborn?) de la etapa de John Romita. Cierto es que el hechizo que lo rompe todo es algo forzado (aquí volvemos a darle vueltas a los problemas de guion), pero por una vez, el fin justifica los medios. Me viene a la mente el caso de Venom, tanto en su película de origen como en su penosa secuela. En ambos, el guion presentaba situaciones casi tan torpes como las de No way home, pero además iban acompañadas de unos personajes horriblemente mal construidos, diálogos espantosos y villanos incomprensibles. En este caso, los errores e guion son simples excusas para alcanzar un objetivo sublime. Es como si estuviésemos ante una película pensada para niños de diez o doce años, con la salvedad de que tiene el mérito de conseguir que cualquier espectador, ya sea treintañero, cuarentón o incluso de los que ya pintan canas (o calvas) se convierta, por un par de horas, en un niño de diez o doce años.

Falta por ver qué nos encontraremos en el futuro del trepamuros (aunque me cuesta creer que Zendaya vaya a desaparecer de la ecuación), aunque lo que parece claro es que va a quedarse en el MCU durante mucho tiempo. De hecho, las dos escenas postcrédito son toda una declaración de intenciones: la primera, por dejar bien claro que el Venom de Tom Hardy pertenece a un universo diferente al del Spider-man de Tom Holland, por lo que es improbable que vayan a cruzar nunca sus pasos (si acaso sí con el de Garfield, si nos creemos los rumores de que va a aparecer en la inminente Morbius). La segunda, porque es en realidad un tráiler de la siguiente película del MCU, Dr. Strange en el Multiverso de la locura, algo muy llamativo si tenemos en cuenta que quien manda aquí, a nivel publicitario, es Sony. Así que el hecho de que ahora ya nadie conozca a Peter Parker y ni siquiera el resto de los Vengadores sepan ya la identidad secreta de Spider-man no debería ser impedimento alguno (de hecho, hay confirmada al menos una aparición de Spidey en otra película ajena a su saga). Y, por cierto, por el contrario de lo que se está diciendo por ahí (y esto que viene a continuación quizá no le interese a aquellos alejados del mundo de los comics, pero no puede evitar soltarlo), esto no es una adaptación del famoso Mefistazo.

Me explico: en los comics, en cierto momento, se dio una situación similar a la que vive Spidey en el MCU: Peter se había desenmascarado y su vida se vuelve bastante complicada. La puntilla la dio un disparo mortal a tía May, por lo que, en una de las decisiones más rocambolescas (y polémicas) de la editorial, Peter decide hacer un pacto con el diablo (que en el Universo Marvel está representado por Mefisto): salvar la vida de tía May a cambio de que su matrimonio con MJ (sí, por aquel entonces estaban casados) cayese en el olvido. Esto supuso el fin de una etapa y en el siguiente episodio nadie conocía la identidad secreta de Peter, amén de la resurrección (también incomprensible) de algún personaje fallecido tiempo atrás. Sin embargo, con el paso del tiempo se buscó una justificación apra todo ello, de manera que la única conexión con Mefisto fue la inicialmente planteada (una vida a cambio de un matrimonio), de manera que la recuperación del secreto de Peter se debió en realidad… ¿lo adivináis? de un hechizo del Dr. Extraño (Strange en la spelículas). Es decir, que por mucho que muchos se pregunten porqué Marvel ha decidido recuperar en cine una de las aventuras más odiadas por los fans, la respuesta es que esto no es, al final, ningún Mefistazo, lo mismo que la decisión de Peter es, aquí, un ejemplo de nobleza y responsabilidad, todo lo contrario que en el comic. Una vez más, la película ha logrado superar al comic.

Añadimos a todo esto unas interpretaciones de primera, cameos sorpresas como el de Matt Murdock (que conecta esta película con la serie de Ojo de Halcón y su recuperado Kingpin) y un ritmo trepidante que impide al espectador darle muchas vueltas a la coherencia del argumento, un uso inteligente (y no gratuito) del concepto del fan service y las gotas de nostalgia justas, y tenemos las respuestas a porqué una película de Spider-man está destinada a salvar al mundo del cine, además de romper por el camino unos cuantos records de taquilla.

sábado, 2 de marzo de 2019

DESTROYER. UNA MUJER HERIDA

Algo curioso sucede con Nicole Kidman, una de las actrices más olvidadas y minusvaloradas de la actualidad. Cada vez que aparece en una película se escucha o lee algún comentario del tipo: “la recuperación de Nikole Kidman”, como si la actriz hubiese estado desaparecida del panorama cinematográfico y el mundo se hubiese olvidado de ella. O hay algún chiste acerca del abuso del Botox que le redujo su expresividad facial (reconocido por ella misma) y siguiese arrastrando esa cruz de por vida. Por eso, su aparición en Aquaman fue una sorpresa para muchos (en un papel pequeño pero que le permite actuar de verdad, no como el esperpento de personaje que le tocó a Michelle Williams en Venom). Así que nadie ha debido ver sus grandes trabajos en PaddingtonEl sacrificio de un ciervo sagrado o la maravillosa Little big lies (aparte de aparecer en otros títulos recientes tan destacables como El editor de librosLion La seducción).
Ahora, con Destroyer: Una mujer herida, por la que ha sido nominada al Globo de Oro, aunque sin llegar a entrar en la pugna final por los Oscar, Kidman vuelve a estar en boca de todos, aunque sin duda este trabajo ya habrá sido obviado cuando llegue su próximo estreno. ¡Qué fácil es olvidar…!
Y hago esta especie de ensayo tan alargado sobre la Kidman porque, pese al buen trabajo de Karyn Kusama (una de esas directoras esporádicas en cuyo haber apenas tiene la olvidable Æon Flux, la reivindicable Jennifer’s body y la estimable La invitación) y la inteligencia del guion, amén de unos buenos actores secundarios, Nicole Kidman en el cuerpo y alma de la película y todo gira en torno a ella. Y por eso, el que esta sea una gran película es debido, básicamente, a que ella la hace grande.
Y no solo por el tópico de “actriz guapa haciendo de fea”, que de eso hay un rato, sino porque su presencia llena la pantalla hasta límites imposibles y es inútil pensar en Destroyer y no pensar en ella, con ese primer plano de su rostro destrozado y su mirada perdida con que se inicia la película y que te persigue hasta el final de todo.
Una inteligente jugada del film es saber combinar con acierto dos esquemas básicos en su argumento. Por un lado, nos encontramos ante el típico drama de una mujer que, debido a sus errores del pasado, ha tirado por la borda su vida y ahora ve como su relación con su hija (quizá de lo poco bueno que haya en ella) está irremediablemente perdida. Vamos, lo que podría ser el drama social típico de los Oscar que podría recordarnos a productos del tipo The Florida Project, por ejemplo. Por el otro, tenemos un thriller policiaco que arranca con el descubrimiento de un cadáver, contado en dos tiempos sobre una pareja de policías infiltrada en una banda de atracadores y las consecuencias de ello en el futuro.
Así, se puede sufrir con el drama de una mujer maltratada por el alcohol y los fantasmas que la atormentan mientras que nos devanamos los sesos tratando de unir las piezas del puzle y disfrutando de los giros de un guion que nos conduce a su antojo, despistando, pero sin caer en la trampa absurda de o inverosímil.
Hay además, un buen puñado de caras conocidas en el reparto, como Toby Kebbell (quien fuera el Muerte de la malograda Cuatro Fantásticos) o Sebastian Stan (el Soldado de Invierno de Marvel), que acompañan, sin llegar nunca a su altura, a una Kidman por momentos irreconocible cuya intensidad casi podría ser aprovechada en una película de terror, ya que el sufrimiento y la desesperación que logra transmitir con su silencio y sus miradas realmente asusta y pone la carne de gallina.
Destroyer: una mujer herida tiene un ritmo algo lento que quizá pueda incomodar a algunos, pero es que, por encima de todo, es una película de personajes, y conviene conocer bien a la protagonista, que puede resultar odiosa de entrada, para terminar comprendiéndola hasta identificarse con su dolor.
Una película brillante con una interpretación definitivamente devastadora.


Valoración: Ocho sobre diez.

domingo, 7 de octubre de 2018

CHRISTOPHER ROBIN

Si miramos los resultados en taquilla de las últimas películas de los Estudios Disney (es decir, dejando de lado las películas Disney que pertenecen a Marvel, Lucasfilm o Pixar), nos encontramos que todas sus producciones originales han sido sonoros fracasos, desde la infravalorada John Carter de Marte que abrió la veda hasta la desastrosa Un pliegue en el tiempo. Por eso quizá la idea de centrarse en actualizar sus clásicos animados en imagen real no sea tan descabellado, y ahí están Maléfica, Cenicienta o La Bella y la Bestia para demostrarlo.
Llega el turno ahora de Christopher Robin, película que recupera a los personajes de A.A.Milner y actualiza al mítico Winnie the Pooh, aunque el protagonismo esté centrado, en esta ocasión, en su amiguito humano, el Christopher Robin del título.
No soy nada conocedor de la mitología de Pooh y sus compañeros, por lo que no analizaré esta película desde el punto de vista de una adaptación, como sí haré con Venom, sino como una película más, dejando de lado la fidelidad con los personajes originales, aunque me consta que ese es uno de los aspectos positivos del film.
Argumentalmente, está claro que Disney no ha querido correr ningún riesgo, y ha repetido con descaro la fórmula que ya usó hace casi tres décadas Steven Spielberg en una jugada parecida al adaptar en imagen real a Peter Pan en Hook. Es decir, el personaje ha crecido, convirtiéndose en un padre de familia que está tan centrado en su trabajo que apenas tiene tiempo para ellos y que, por descontado, ha olvidado el mundo de fantasía de su niñez. Sin embargo, su pasado viene a por él para recordarle quién era y dónde se encuentra el secreto de la felicidad (en la familia, claro, siento haceros el spoiler...)
Christopher Robin es una película muy blanca, que funciona a nivel familiar y que, gracias al buen trabajo de Ewan McGregor y a la comicidad de los muñequetes, sin abusar demasiado con ellos, se hace digerible para adultos y entrañable para los niños. Esto es Christopher Robin y no hay más de dónde sacar. No es que uno se esperara algo de la mala leche de Ted, por descontado, pero siguiendo el ejemplo de otros peluches parlantes no puedo dejar de lamentarme que no siguieran el camino marcado por Paddington y su secuela, que emanaba amor por el cine y un esfuerzo por realizar una película inteligente a la par que infantil. Con Marc Forster a los mandos, en su primer trabajo tras el desastre que le supuso Guerra Mundial Z, la película es correcta y poco más, un producto prefabricado que resume lo mejor y lo peor que puede definir a una compañía como Disney.
Así que, sin pedir peras al olmo, lo mejor que se puede decir de este film es que no aburre, cumple con las expectativas y da, rozando unos mínimos, con lo que promete. Es cine infantil de evasión y ligero adoctrinamiento familiar y poco más.

Valoración: Cinco sobre diez.

sábado, 20 de octubre de 2018

SLENDER MAN

Creepypasta: historia corta de terror recogida y compartida a través del Internet con la intención de asustar o inquietar al lector.
Una de estas historias más populares es la de Slender man, una creación de Victor Plume (seudónimo de Eric Knudsen), que ganó un concurso de fotografías retocadas con el objetivo de parecer elementos paranormales inspirado en elementos de La niebla, de Stephen King. Una vez en la red, otros usuarios añadieron al personaje de cualidades aterradoras, tentáculos y llegó a convertirse casi en una de las mayores leyendas urbanas que estuvo a punto de causar un asesinato en manos de dos niñas de doce años que aspiraban a ser sus “apoderadas”.

Sirva esta introducción para tratar de comprender el origen de esta película y el porqué lo que podría haber sido una interesante propuesta de terror ha terminado siendo un bodrio insoportable.
En su tráiler inicial, las escenas truculentas (una chica clavándose un bisturí en un ojo es uno de los ejemplos más contundentes) presagiaban algo angustiante y aterrador, pero en Sony, la productora principal del film, les preocupó las consecuencias que la película pudiera tener en la gente y, amparada por los hechos reales de las dos niñas, decidieron recortar escenas a lo loco hasta convertirla en una película PG13 en lugar de la R inicialmente prevista. Vamos, lo mismo que hicieron ya con Venom imitando a lo que Warner había hecho ya con Megalodón).
El resultado es una película insufriblemente aburrida, con saltos en el argumentos, cortes abruptos y situaciones incomprensibles. La película es tan aburrida que ni siquiera contiene los sangrantes jumpscares de turno para sobresaltar al espectador adormecido. Después de lo que me despaché con La monja, no esperaba en tan poco tiempo encontrarme con una película de terror peor que aquella (y eso que en Sitges se ve un poco de todo), pero esta Slender man es insultantemente sosa, incompleta y absurda.
No todo debe ser culpa del estudio. El despropósito es tal (solo alguna escena onírica aislada o el diseño visual del propio Slender man se pueden salvar de la quema) que cuesta pensar que la versión sin recortes pudiera ser mucho mejor, aunque imagino que por lo menos tendría algún susto o momento que excite las sensaciones del sufrido espectador. Pero es que la historia es la que es y las actrices tampoco dan para mucho más.
En fin, un desastre que ni ha gustado ni (a juzgar pos su taquilla) ha interesado y que demuestran que no todos pueden imitar a James Blumm y sacar provecho de la nada.

Valoración: Dos sobre diez.

sábado, 19 de febrero de 2022

Cine: UNCHARTED

Cuando Ruben Fleischer (responsable de las divertidas películas de Zombieland pero también de la decepcionante Venom) se hizo cargo de la dirección de Uncharted, adaptación del videojuego de Sony, pocos esperaban gran cosa del proyecto. Y es que pese a poder sacarse algo interesante de alguna Resident Evil o de las diversas encarnaciones de Lara Croft, el mundo de los videojuegos sigue siendo terreno minado para el mundo del cine. Sin embargo, lo primero que aclaró es que no pensaba hacer una adaptación al uso, sino una película de aventuras más inspirada en esquemas propios de Indiana Jones que en la propia mecánica del juego.

Esa es quizá la principal baza de una película de la que podemos obviar su referente digital si queremos y que funciona estupendamente bien como película de acción con mucho humor y una gran química entre sus dos protagonistas, Tom Holland y mark Wahlberg.

Puestos a buscar referentes, la película se acerca más a la fórmula de La Búsqueda que a Indiana Jones, por aquello de tener que resolver acertijos al más puro estilo Dan Brown, sin que eso sea precisamente malo. No es una película de constante acción, un tiovivo de adrenalina, pero las set pieces que contiene son brillantes y muy bien dirigidas, permitiendo que todo fluya con mucha más naturalidad que, por ejemplo, la reciente Agentes 355, atropellada y temblorosa.

Ello no implica que no haya las suficientes referencias y guiños (cameos incluidos) para agradar a los fans del juego, siendo Wahlberg un perfecto Victor Sullivan y funcionando Holland perfectamente como un Nathan Drake novato al que le queda mucho recorrido por delante (la escena postcrédito deja clara las intenciones de franquicia), pudiendo ser este Drake un digno sucesor (a la espera de lo que ocurra en Indiana Jones 5, a la que tengo verdadero pavor) del famoso arqueólogo.

Además, desde el punto de vista personal, me emociona especialmente el hecho de que gran parte de la acción transcurra en mi ciudad, demostrando como Barcelona (y otras muchas ciudades de España) pueden ser hermosos e interesantes escenarios fílmicos y que no estamos acostumbrados a ver (no con tanta corrección, al menos).

En resumen, divertida y emocionante, con momentos tronchantes (aunque hay que reconocer que el tipo de humor que practica Holland está muy cerca del de su propio Spiderman) y que consigue dejarte con ganas de que sea un gran éxito y podamos ver más aventuras de Nathan Drake en la gran pantalla.

 

Valoración: Ocho sobre diez.