viernes, 17 de agosto de 2018

MENTES PODEROSAS

Si en el mundillo de Hollywood en general todos andan locos por conseguir tener bajo su amparo una franquicia adolescente que les garantice un buen futuro económico, en el caso de la Fox la cosa era más apremiante, pues acaban de finiquitar su último (relativo) éxito con la trilogía de El Corredor del Laberinto, de manera que Mentes Poderosas llega con la idea de suplir ese (supuesto) vacío y ser la njueva obra de referencia teenager.
No es necesario saber que se basa en una serie de novelas (inicialmente anunciada como trilogía, pero que va ya por el quinto volumen) para imaginar por donde van los tiros, pues una de las primeras dificultades con las que se encuentra el espectador al enfrentarse a la película es la de notar, apenas llegado el ecuador de la misma, que esto no es más que un planteamiento, sin que hayan muchas esperanzad de poder ver un final a la historia (ni en esta película ni, me temo, en un futuro próximo). Y es que me pregunto ¿a qué brillante directivo le pareció buena idea adaptar este batiburrillo de ideas tópicas y simplonas sin ninguna estrella que al menos anime algo el cotarro y encima con un presupuesto ridículo que ni siquiera pueda garantizar un poco de espectáculo?
Jennifer Yuh Nelson, directora de dos entregas de Kung Fu Panda y que debuta aquí con la imagen real, hace lo que puede con un desastre de guion muy tonto y confuso, que se limita a plantear situaciones de cara a futuras películas y que al final debe basar su fuerza en el (inevitable) romance imposible entre dos de los protagonistas y poco más.
No es mi intención destrozar una película que, conceptualmente, nació ya destrozada, pues no todo es malo en esta cosa que se vende prostituyendo los nombres de dos productos tan excelsos como el de Stranger Things y La llegada, así que voy a tratar de ser positivo y fijarme en algunas de sus virtudes, que con un poco de voluntad algo se encuentra.
Y es que si bien los cuatro actores protagonistas no lo hacen mal (en especial Amandla Stenberg, sobre quien cae todo el peso de la narración), hay que reconocerle la valentía de querer aspirar a todo sin apenas herramientas para hacerlo. Lo que podría ser una historia plana de niños correteando por un bosque y entrando en almacenes abandonados se convierte en una locura con campos de concentración, persecuciones repentinas de la mano de extravagantes cazarecompensas e incluso helicópteros que son arrojados contra un personaje en un momento determinado. No han puesto freno a una serie de secuencias que, por lo menos, sirve para animar un poco el asunto y evitan que el film sea un aburrimiento total, llegando a alcanzar incluso el nivel de aceptable.
Sobre el argumento, poco que contar. No porque no lo tenga, sino porque o bien está explicado de manera demasiado confusa o soy yo que apenas le prestó el interés necesario para entenderlo. O quizá es que hay que ver esas secuelas que no creo que lleguen a hacerse para terminar de encajar las piezas. En fin: chavales con poderes a lo X-Men perseguidos por el gobierno, por ellos mismos y por una asociación clandestina (que me mueven por ahí con flamantes coches Audi, muy discreto todo), no se sabe muy bien con que fin.
Pues eso, la nueva propuesta de saga YA, casi exclusiva para adolescentes, y que tiene todo los números para quedarse incompleta nada más empezar. Casi mejor esto que la tomadura de pelo que terminó resultando Divergente, ¿no?

Valoración: Cinco sobre diez.

LOS INCREÍBLES 2

Los Increíbles no solo es una de las mejores películas paridas por la factoría Pixar, ahora perteneciente a Disney, sino que supone toda una película de referencia dentro del cine de superhéroes, estando muy por encima de la mayoría de películas de este género en imagen real.
Con ella, Brad Bird demostró que era un gran realizador (baste ver su Misión Imposible: Protocolo Fantasma), aunque no tuviese el reconocimiento que merecía por la injustamente vapuleada Tomorrowland. Por eso, su retorno como director a la saga solo podía augurar cosas buenas, como así ha sucedido.
Los Increíbles 2 huye de esa carga emotiva y trascendental que tienen algunas de las más importantes películas de Pixar para centrarse solo en el entretenimiento puro y duro, apuntándose, eso sí, en esta moda de empoderar la figura femenina hasta el punto que casi merecía más llamarse Elastic Girl antes que Los Increíbles 2, pues durante mucho tiempo de metraje ella es la única super que vemos en pantalla, por más a que no se apueste tampoco por dotar al film de una lectura feminista extrema.
Continuando la historia tal y como quedó en la primera película, con los héroes considerados ilegales y la familia expectante a los posibles poderes del pequeño de la casa (algo que ya se adelantó en el cortometraje Jack-Jack ataca), la película juega la baza de dejar que todo el protagonismo caiga en la madre de la familia mientras que Mister Increíble debe hacerse caso de las tareas domésticas, siendo los gags relacionados con Jack-Jack los que mejor funcionan. A nivel visual, Bird está impecable y, siempre apoyado en la magnífica composición musical de Giacchino, consigue una película trepidante y muy divertida, con momentos de gran espectacularidad y un ritmo frenético, que ni decae ni satura en ningún momento.
La única pega que se le podría poner es, por otro lado, algo inevitable: su frescura. Cuando se estrenó Los Increíbles, el cine de superhéroes apenas estaba comenzando, y ver este remiendo de Los 4 Fantásticos animado era la mejor oportunidad para ver a un grupo de héroes compartiendo pantalla, más allá de lo que los X-Men de Singer nos pudieran ofrecer. Ahora, con Marvel batiendo récords entre dos y tres veces por año y DC haciendo lo que buenamente puede con sus propios personajes, resulta difícil encontrar algo en Los Increíbles 2 que pueda llegar a sorprender, desde el previsible giro que anuncia la identidad del villano de turno hasta la resolución de los conflictos. Pero en realidad, poco importa, ya que lo que se propone aquí es un espectáculo pirotécnico que aúna a la perfección acción y humor y que, si bien podría ser algo inferior a la primera entrega, augura un largo futuro a esta saga. Siempre que se sigan confiando los mandos a Brad Bird, por supuesto.
Por cierto, los resultados de taquilla dejan, una vez más, en evidencia a aquellos que llevan años augurando el fin de la burbuja de los superhéroes...

Valoración: Ocho sobre diez.

jueves, 16 de agosto de 2018

SOLO

Hugo Stuven es el director y guionista de Solo, una nueva muestra de cine de supervivencia inspirado en una historia real que ha contado con el propio protagonista como asesor del film.
En esta ocasión, estamos ante la desgracia de un surfista que cae por un acantilado en Fuerteventura y debe sobrevivir 48 horas con la cadera rota y múltiples heridas. Y, una vez más, es una película que invita a reflexionar sobre si el cine debe ser un reflejo de la realidad o apostar mejor por la magia y la fantasía. Hago este planteamiento porque, más allá de la maravillosa fotografía que convierte los paisajes de la isla en un elemento esencial para la historia, la película resulta sumamente aburrida. Tras un arranque que trae a la memoria a 127 horas, para caer luego en la supervivencia marina que tan bien reflejaba Infierno Azul, aunque sin tiburones de por medio. La diferencia es que la película de Jaume Collet-Serra era pura ficción, y podía hacer con el personaje lo que quisiera, y Stuven está atado a una realidad que, bajo mi punto de vista, arranca con un protagonista que no me cae nada bien y cuya desgracia me trae un poco sin cuidado, más cuando sabemos de antemano (la película se narra a modo de flashback) que va a tener un final feliz.
Así, se puede analizar también la diferencia entre realidad y verosimilitud que tan bien analizaba William Goldman en su libro Las aventuras de un guionista en Hollywood. Sin duda todo lo que se detalla en la película es textual con respecto a la epopeya auténtica de Álvaro Vizcaíno, pero reflejado en pantalla, escenas como la de la playa (llena de casualidades, tanto para bien como para mal) rozan casi la parodia.
Stuven, por último, se empeña en dar un trasfondo reflexivo a su obra, de manera que además de la historia de supervivencia tenemos un recorrido emocional por la psique del protagonista (correcto Alain Hernández) que no termina de funcionar demasiado. Son dos caras diferentes de una obra que brilla en el apartado técnico, con una fotografía maravillosa, pero simplona en cuanto a su pretenciosidad moralista.
Y, para colmo, cuenta con una Aura Garrido completamente desaprovechada.
En resumen, de interés para aquellos que se contenten con disfrutar de bellos paisajes o aprecien el valor del sufrimiento, pero muy floja como producto cinematográfico completo.

Valoración: Cuatro sobre diez.

BLACKWOOD

Después de que Rodrigo Cortés nos volviera a todos locos con la angustiante y caustrofóbica Buried y que flojeara un poco (pero tampoco mucho) con la tramposa Luces Rojas, el director gallego estrena su nuevo film tras un parón de casi seis años. Blackwood debería ser, pues, el retorno a lo grande de un realizador muy interesante y al que deberíamos seguir de cerca, pero por desgracia este último trabajo se posiciona entre lo más flojo de su por ahora breve filmografía.

Lo primero que llama la atención de Blackwood es que se trata del primer trabajo de Cortés en el que él mismo no colabora en el guion, lo cual parece indicar que se trata de un trabajo de encargo. Y no me parece casual que ese guion, basado en una novela de Lois Duncan sea lo peor de una película que pretende ser un relato gótico de terror y termina sucumbiendo a los tópicos más simples del cine de género patrio, que tras haber estado unos cuantos años en lo más alto parece ahora aletargado y en decadencia.
Aceptando la simpleza de su punto de partida (un grupo de problemáticas adolescentes son internadas en una mansión aislada donde nada será lo que parece), lo cierto es que el planteamiento del misterio que rodeará la película no está mal llevado, a fin de cuentas cortés es un gran director y cuenta aquí con dos actrices capaz de hacer grandes interpretaciones con dos personajes no demasiado elaborados (aunque infinitamente mejores que cualquiera de los otros protagonistas irrelevantes de la trama), como son AnnaSophia Robb y Uma Thurman, pero una vez están las cartas sobre la mesa y se sabe ya a qué estamos jugando, la cosa se derrumba sin posibilidad de salvación.
Lo peor es que recuerda a muchas cosas ya vistas con anterioridad (desde un concepto de internado secreto que bien podría hermanarse con la Escuela para jóvenes talentos del profesor Xabier como con el Hogar de Miss Peregrine para niños peculiares) hasta cualquier propuesta de casa encantada con Belén Rueda como hipotética protagonista. De hecho, es curioso las muchas similitudes que se podrían encontrar entre este título y otro tan reciento como fallido, No dormirás, incluyendo su desproporcionado y aparatoso final.
Blackhood se vende como una película de terror, pero al final se conforma con plantear un misterio sencillito, con algún momento de susto del montón y una conclusión en la que ni el trabajo visual de Cortés está a la altura.
Blackhood es, por lo tanto, una película totalmente prescindible, con alguna que otra virtud pero que para nada merece ser recomendada y que supone un borrón en la interesante filmografía de su director.

Valoración: Cuatro sobre diez.

jueves, 2 de agosto de 2018

UN MAR DE ENREDOS


Un mar de enredos es una de esas películas de las que un, a priori, no debería esperar nada bueno, y prueba de ello es su escasa promoción antes de su estreno. Es una comedia blanca y muy blandita, algo moralista y de corte familiar que no propone nada nuevo al espectador. De hecho, es tan poco original, que se trata de un remake de Un mar de líos (ya ven que no se han molestado en variar mucho el título en español, aunque en el original ambas se llamaban Overboard), que dirigiera en 1987 Garry Marshall y que, aunque era muy aceptable, tampoco es que fuese la panacea.
Un mar de enredos copia casi textualmente los mejores chistes de aquella, con el handycap de que la química entre los protagonistas, Anna Faris y Eugenio Derbez nunca podrá compararse a la que tuvieran Godie Hawn y Kurt Russell, aunque aquí se cambien los roles como nota de originalidad.
Sin embargo, tan bajas eran las expectativas que, una vez conseguimos obviar que es un remake e ignoramos el referente del 87, la película resulta, cuanto menos, entretenida.
Los que me leéis habitualmente ya sabéis que no soy muy seguidor del humor de casquería que tan bien funciona en el Hollywood más adolescente, por lo que siempre me congratulo de encontrarme con una comedia que apueste más por un humor sano y limpio, sin necesidad de recurrir al chiste fácil y zafio q8e pretenda provocar a base de mal gusto y poco más. Este es un pobre argumento pero que, al menos en mi caso, basta para aceptar esta comedia veraniega sobre un millonario déspota y vividor que tras un accidente marino pierde la memoria y es convencido de que está casado con una madre viuda a la que maltrató en su “vida anterior”.
Cierto es que el principio es un poco insulso, aunque afortunadamente consigue ir de menos a más, a medida que los actores se hacen con los personajes y consiguen que nos encariñemos con ellos, y que es fácil adivinar por donde van a ir los tiros en todo momento, pero la intriga nunca ha sido el fuerte de las comedias románticas al uso, y esta sigue a pies juntillas todos los esquemas propios de las mismas. Así, sin esperar sorpresas ni traumas argumentales, la película se desarrolla a toda vela (nunca mejor dicho) por derroteros tan conocidos que es difícil que nadie se pueda quejar de ser llevado a engaño.
Esto es lo que es y no hay más donde rascar. Comedia detono ligero, para todos los públicos, simpática y algo tontorrona, que se deja ver con una sonrisa y a la que poco se le puede exigir.

Valoración: cinco sobre diez.

sábado, 28 de julio de 2018

MISSION: IMPOSSIBLE - FALLOUT

Cuando en 1996 Brian De Palma hizo la que posiblemente sea su última gran película al adaptar la serie de televisión de Misión Imposible a la gran pantalla, pocos imaginaban hasta donde podría llegar esta saga, más si tenemos en cuenta el bajón anímico y de calidad que supuso su secuela M:I-2, por culpa tanto de un poco inspirado John Woo como de un guion torpe y deslavazado. Por suerte, en ese momento entró en la franquicia J.J.Abrams y le insufló nuevos aires. Con la coproducción de su compañía Bad Robot y el trabajo de sus guionistas de confianza Alex Kurtzman y Roberto Orci (junto a él mismo), lograron dar una vida nueva al agente Ethan Hunt, humanizándolo gracias al personaje de Michelle Monaghan y confirmando que el agente del FMI aún tenía cuerda para rato.
La primera cosa que llama la atención en Mission: Impossible - Fallout es la pequeña traición que se hace al espíritu de la serie. Si hasta ahora se había apostado por un director de diferente personalidad para cada entrega, de manera que diesen su toque personal a la saga (Brad Bird se encargó de Protocolo Fantasma y Christopher McQuarrie de Nación Secreta), en esta ocasión McQuarrie iba a repetir, siendo también responsable en solitario del guion. Una decisión , por otro lado, bastante lógica si se tiene en cuenta la buena química entre el director y el actor principal, un Tom Cruise al que ya había dirigido en Jack Reacher y de cuya imaginación salieron los guiones (o al menos parte de ellos) de Valkiria, Al filo del mañana y La Momia.
Mission: Impossible - Fallout tiene una clara vinculación con la anterior película, de manera que no funciona de manera tan independiente como el resto. Tanto es así, que casi cierra un ciclo que se inició con la película de Abrams, de manera que las cuatro piezas producidas bajo su tutela forman un arco que ayuda a desarrollar el personaje de Ethan Hunt, enriqueciéndolo.
Más allá de su complejo pero efectivo argumento, Mission: Impossible - Fallout sigue el esquema clásico del cine de espías, con tramas retorcidas, personajes de doble cara y giros imposibles de guion. Esto ayuda a que, pese a que uno de los giros más importantes se huela a distancia (en parte por culpa a que ya fue anunciado por cierta productora “rival” hace ya unos meses), esto no desluzca la trama en absoluto.
Otro elemento común de esta saga que aquí funciona a la perfección es su gran espectacularidad. Persecuciones imposibles en moto y helicóptero, saltos al vacío, peleas en lavabos, tiroteos... Fallout tiene de todo, y lo tiene alcanzando un gran nivel. Poco importa que la verosimilitud quede muchas veces en entredicho. No va de realismo la cosa, sino de diversión. Y Mission: Impossible - Fallout es una película muy muy divertida. Muy divertida pero, además, dolorosamente triste cuando conviene, con golpes bajos que dejan KO al fan del personaje y le invitan a sufrir como sufre el propio Hunt.
Y en medio de todo este fregado está Tom Cruise, uno de los actores más grandes que hay, pese a los muchos (e incomprensibles) odios que genere y con ese ligero resbalón que le supuso el año pasado La Momia (una película inferior pero a la que sigo defendiendo como producto de entretenimiento). Cruise es el amo y señor del cotarro, la pieza sobre la que gira todo el engranaje perfecto que es la trama de Fallout y que, sin embargo, no se hace tan cansino como para eclipsar a sus compañeros de reparto, con los ya indispensables Ving Rhames y Simon Pegg, la incorporación de Henry Cavill y su bigote y la recuperación de viejos amigos (y enemigos) cada uno con su momento de lucimiento de rigor.
Es fácil deshacerse en elogios ante Mission: Impossible - Fallout, y aunque cueste decidir si es la mejor de la saga (todas excepto la segunda rallan a muy buen nivel), no me cabe la menor duda de que se encuentra entre las mejores películas de acción que podemos disfrutar a lo largo de este año. Que un film dure dos horas y media y no haya ni un momento de aburrimiento, que nunca baje el ritmo y que tampoco sobrecargue con su desmedida acción tiene un mérito extraordinario.
Por eso esta es una grandísima película que nadie debe perderse. Y por eso Cruise/Hunt deben volver sí o sí. Porque queremos (necesitamos) saber que hay más allá de este final y si al fin el mejor agente de la Agencia FMI va a conseguir la paz que tanto merece o deberá seguir sacrificándose para salvar el mundo una y otra vez. La verdadera misión imposible es conseguir que la sexta entrega de una saga tenga semejante nivel. Y si la taquilla le respalda como parece que lo va a hacer, su siguiente misión, si decide aceptarla, será el acabose. Y ahí seguiré yo, fiel a mi cita con Hunt y sus damas (¡y qué tres damas se le juntan en este film!) para contemplarlo.

Valoración: Nueve sobre diez.

sábado, 21 de julio de 2018

MAMMA MIA! UNA Y OTRA VEZ

Secuela (aunque a la vez precuela) de la exitosa Mamma mia! de 2008, poco podría decirse sobre Mamma mia! Una y otra vez que pudiera sorprender. Calificativos como: “más de lo mismo”, “solo para fans de la primera película” o “secuela innecesaria” son los que más se van a repetir en las críticas que podáis leer sobre este film de Ol Parker y con las que no puedo estar más en desacuerdo.
Sí, efectivamente, Mamma mia! Una y otra vez es un film continuísta, que apuesta por repetir los esquemas de su predecesora y que no arriesga en absoluto. Incluso muchas de las canciones de Abba que suenan aquí estaban ya presentes en la anterior película. De manera que quien amase (y me consta que hay gente que lo hizo) al título que Meryl Streep protagonizó hace diez años disfrutará mucho al recuperar a esos personajes reunidos en una preciosa isla griega y conocer su pasado. Mientras que aquellos que odien los musicales per se también odiarán esta propuesta.
Sin embargo, yo me encuentro en un extremo que no se corresponde con ninguno de los dos mencionados. Me gustan los musicales. Los buenos musicales, debería añadir. Y Mamma mia!, bajo mi punto de vista, no lo era. Sí, es cierto que las canciones de Abba contagian alegría y que el colorido y los excesos visuales que decoraban la isla de Kalokairi convertían la experiencia en un viaje a un mundo de positividad y buen rollo. Sin embargo, no es menos cierto que el trabajo tras las cámaras de Phyllidia Lloyd era un verdadero despropósito. En sus manos, una de las mejores actrices que ha habido jamás como es Meryl Streep estaba horrorosa, pasándose la película haciendo muecas y reflejando su desconcierto ante la total ausencia de una dirección de actores como debería ser. Y algo parecido sucedía con los tres galanes del film, unos Pierce Brosnan, Colin Firth y Stellan Skarsgård que no parecen creerse nunca a sus personajes y que desde luego no se los llegan a tomar en serio. Solo la esforzada Amanda Seyfried parecía jugarse algo con la película, no en vano fue su primer gran trabajo en Hollywood. Y eso por no hablar de las coreografías, los momentos de humor absurdo y el tono caricaturesco de todo el film.
En la secuela, el cambio en la silla de director ha sido muy positivo y Ol Parker consigue darle el tono adecuado, sabiendo navegar con eficacia (y eso no siempre es fácil) entre las dos líneas temporales y consiguiendo que la historia, dentro de su sencillez, tenga más enjundia que en la primera película. Aquella fue escrita por Catherine Johnson, ahora el propio Parker (autor de los libretos, entre otros, de El exótico hotel Marigold y su secuela) se encarga de firmar el guion, ayudado en el argumento por Richard Curtis, cuya mano se aprecia claramente (pocos hay que sepan dominar el arte de las comedias románticas mejor que él).
En sus manos, los actores demuestran que se lo pasaron muy bien en el rodaje (que no es lo mismo que no tomárselo en serio) y logran contagiar esa sensación de gran fiesta que en realidad es la película, con esa aparición/cameo de Cher como la gran diva y esa mezcla generacional de los títulos de crédito que obligan, sí o sí, a salir de la sala con una sonrisa en los labios.
Se le pueden poner pegas, por supuesto, como su falta de ambición, las limitaciones de algunos de los actores que representan las versiones jóvenes de los tres presuntos padres o la simpleza el guion, pero todo queda compensado por el gran trabajo de Lily James (¿de verdad alguien se puede creer que Meryl Streep de joven se pareciese a ella?), una estrella en ciernes que se entrega a la causa derrochando simpatía y talento y consiguiendo (como casi todo el reparto juvenil) mimetizar los tics y gestos de sus contrapartidas adultas.
En resumen, esta película me parece todo lo que Mamma mia! prometía ser y no conseguía. Es una apuesta sencilla y sin más pretensiones que la de contagiar buen rollo y alegría, con coreografías bien diseñadas y la absurda locura que emana de las propias canciones de Abba.
Porque a mi sí me gustan los musicales. Estos musicales.

Valoración: siete sobre diez.

HOTEL TRANSILVANIA 3: UNAS VACACIONES MONSTRUOSAS

Estamos en una época que salvo honrosas excepciones el cine de animación parece nutrirse casi exclusivamente de refritos de otros éxitos, creando sagas antes que películas. Gru, mi villano favorito, Ice Age: la edad de hielo, Shrek (esta, afortunadamente, extinta), Como entrenar a tu dragón... Incluso Disney/Pixar está abusando de ello y, mientras está a la vuelta de la esquina Los Increíbles 2, tiene en cartera Ralph rompe Internet, Toy Story 4 y Frozen 2).
La última saga animada en hacer acto de presencia es la de Hotel Transilvania, que estrena su tercera entrega bajo el subtítulo de Unas vacaciones monstruosas.
Dirigida de nuevo por Genndy Tartakovsky, el realizador que lo empezó todo no tenía pensado hacerse cargo de las aventuras de Drácula y su “familia” de monstruos hasta que sufrió una experiencia realmente desastrosa durante unas vacaciones y le llegó la inspiración para incluso participar en el guion de esta nueva aventura de Drácula, Mavis y compañía. Quizá eso se pueda traducir en que Sony le ha dado algo más de libertad creativa, de manera que si bien no es una grandiosa película, como no lo es ninguna de la saga, sí sube un poco el listón. A los monstruos le sienta francamente bien abandonar su entorno habitual y el delirio visual que supone esa Atlántida que es el destino final de sus vacaciones y el tono de slapstic que tiene el enfrentamiento histórico entre Drácula y la familia Van Helsing da mucho juego.
También ayuda el que uno ya se conozca a los personajes al dedillo, permitiendo enfatizar más los chistes basados en sus personalidades y haciendo la trama más coral, aunque luego se termine retomando los lugares comunes (el triunfo del amor, la familia por encima de todo) para caer en convencionalismos que impiden que la película destaque más de lo debido.
Con todo, este Hotel Transilvania 3 es, posiblemente, la mejor de la saga y funciona como imaginativo entretenimiento. Es de esas películas locas y divertidas que puede entusiasmar a los más pequeños y que, por lo menos, no se convierte en una tortura para los padres.
A veces, tampoco hay que pedir mucho más.

Valoración: Seis sobre diez.

miércoles, 18 de julio de 2018

EL MEJOR VERANO DE MI VIDA

Ya hace algún tiempo, sobretodo a raíz del éxito de Dani Rovira con Ocho apellidos vascos y su secuela, que los monologuistas televisivos se han convertido en la nueva cantera para el cine español, con mayor o menor fortuna. Leo Harlem, padrino del “cuñaismo” y del humor más castizo y patrio, ha sido de los últimos en apuntarse a la moda, teniendo un papel bastante destacado en la insulsa Villaviciosa de al lado y copando todo el protagonismo en El mejor verano de mi vida.
Casi se podría decir que El mejor verano de mi vida es un vehículo para su exclusivo lucimiento, lo que ya de por sí supone un gran peligro. Soy muy fan del actor en su faceta de cómico de el club de la comedia, pero los antecedentes filmicos no auguraban buenos presagios. Sin embargo, hay otro elemento muy a tener en cuenta en la película y es el que consigue declinar la balanza hacia el sí más rotundo, consiguiendo que lo que a priori parecía una peliculilla más de humor paleto sea una comedia sensible y contagiadora de muy buen rollo. Me estoy refiriendo a Dani de la Orden, quien ya hiciera un buen trabajo en El pregón (aunque quizá algo absorbido por el carisma de sus estrellas protagonistas, de nuevo monologuistas más que actores) pero del que recuerdo con especial entusiasmo sus primeras obras, Barcelona nit d’estiu y, sobretodo, la fascinante Barcelona nit d’hivern.
El mejor verano de mi vida es una película que se cuece a ritmo lento, de manera que sus méritos van claramente de menos a más. El prólogo presentando al protagonista, un típico perdedor, granuja pero de buen corazón, es un arranque muy pobre que no mejora con esa especie de road movie que inicia con su hijo en busca de unas vacaciones a la altura de las circunstancias (es decir, lo mejor que se pueda pagar con cero dinero) y que presagiaba otra comedia rural heredera del cine de Paco Martínez Soria que no iba a aportar nada nuevo al panorama fílmico español. Pero hete aquí que tras el primer giro de guion entran en escena los personajes de Maggie Civantos y Stephanie Gil y entre ambas logran iluminar la pantalla (muy apreciable también la labor de Alejandro Serrano en el papel de hijo), dando un toque de humor absurdo y lujo al film (con que facilidad se cambia del turismo rural más hippie al snobismo de Marbella) que entra así en el buen camino, dejando de lado las cafrerías típicas de los chistes de tractores y paletos y dando paso a un buenrollismo que, aunque poco creíble en su narrativa, logra emocionar con momentos muy tiernos y conmovedores.
Este es el filón que mejor sabe explotar Dani de la Orden, y tras un comienzo titubeante logra imponer su marca, impregnando de frescura y buen humor (hay más sonrisas que carcajadas, eso sí) su película y logrando, con un tono muy blanco, una lección de positividad mucho más efectiva que otra reciente “feel good movie” como era Campeones, algo más manipuladora en cuanto a su sensiblería moral.
Puede que los más reticentes definan El mejor verano de su vida como una tontería sin demasiadas pretensiones, y quizá ese sea su punto de partida, pero el resultado final, con un Leo Harlem francamente encomiable, no puede ser más satisfactorio.
Sin duda, la película (española) del verano. Aunque se rodara en inverno.

Valoración: Siete sobre diez.

sábado, 14 de julio de 2018

EL RASCACIELOS

El rascacielos es el último film de acción concebido como vehículo de lucimiento de Dwayne Johnson, un actor con carisma cuyos trabajos casi siempre funcionan pero que no por ello es infalible (y ya se demostró con Los vigilantes de la playa). Normalmente el actor tiene dos vertientes más o menos diferenciadas, la de tipo duro y amenazador y la de sacarrón y algo autoparódico, y en esta ocasión toca la primera versión, en una cinta de pura acción con escasas dosis de humor que sin duda se habrían agradecido un poco, cosa curiosa en vista de los precedentes de su director.
El rascacielos no tiene nada de original, y ya su mismo planteamiento hace pensar en sus dos referentes más claros: El Coloso en llamas y, sobre todo, Jungla de Cristal. Así que muchos calculaban que el éxito o no de la película iba a depender de si Johnson conseguía tener la misma empatía que aquel joven y destrozado Bruce Willis o si iba a perder en las comparaciones. De forma ajustada, Johnson sale airoso del esfuerzo, pero no así el elemento más importante y diferenciador del film. Y es que aparte de machotes hormonados, lo que más distancia El rascacielos con Jungla de cristal tiene un culpable con nombre y apellidos: Rawson Marshall Thurber. Como si esto fuese cine de autor, el director de Somos los Miller y Un espía y medio se responsabiliza del guion y la realización, dejando claro que ni tiene la inspiración literaria de Jeb Stuart y Steven E. de Souza ni le llega a la suela de los zapatos al gran John McTiernan.
Su historia de un ataque organizado contra un imponente rascacielos y un sufrido héroe que debe rescatar a su familia no deja de ser una sucesión de situaciones demasiado agarradas por los pelos, con unos personajes bastante planos (y eso que el Will Sawyer protagonista tiene su drama inicial a lo Máximo riesgo, muy poco aprovechado) y muchos momentos de absurdo gratuitos. Además, las cartas se ponen demasiado pronto sobre la mesa, de manera que desde el minuto uno ya se sabe prácticamente todo lo que va a suceder, desde el rostro de cierto villano traidor hasta la resolución final, anticipada en una conversación entre el matrimonio protagonista nada sutil.
Así, que es inútil buscar algo de emoción en una película tan trillada que solo puede justificarse como que es un homenaje (la forma más sutil de camuflar la copia más descarada) de la mencionada Jungla de Cristal, incluyendo los saltos imposibles del protagonista rascacielos abajo (cambiando cuerda por manguera), el uso de la cinta adhesiva (mucho más ingeniosa en el film de McTiernan) o incluso una versión del antológico puñetazo de la sufrida esposa cambiando simplemente de objetivo. Incluso el momento “recorrido por la cara exterior del edificio” es muy inferior al visto, por ejemplo, en la muy superior Misión Imposible: Protocolo fantasma.
Con todo, hay que reconocer que la imaginación correspondiente al diseño del edificio La Perla es bastante atractivo, aunque luego Marshall Thurber no sepa lucir convenientemente ni el impresionante jardín vertical ni la estancia oculta en el interior de “la Perla”, y que, conforme a los tiempos que corren, la participación femenina es mucho más activa que en su modelo a imitar, con una recuperada Neve Cambell bastante acertada. Lo de la villana secundaria, una vez más, es un tópico demasiado trillado.
¿Qué se puede aprovechar, pues, de El rascacielos? Pues más o menos lo que ya se intuía con el tráiler (demasiado revelador en algunas escenas -un mal del cine actual que no parece tener solución-, inédito en otras): acción espectacular, piruetas argumentales y saltos imposibles. Dwayne Johnson y su Will Sawyer no consiguen ni mucho menos hacer olvidar al viejo John McClane (de hecho el protagonista bien podría ser el mismo personaje de San Andrés o cualquier otra peli de acción del actor de descendencia samoana), pero al menos cumplen con su parte de la función, esforzándose al máximo para dar entidad a un personaje pobremente escrito. La película tiene un ritmo frenético, agotador incluso, y aunque eso nos ea necesariamente positivo al menos consigue no aburrir en ningún momento, aunque a partir de cierto número de inverosimilitudes al espectador poco empieza a importarle el destino de los personajes.
En fin, puro entretenimiento, algo decepcionante en comparación con otros espectáculos circenses de Johnson, que sirve para pasar el rato pero con bastante menos de lo que cabría esperar.

Valoración: Cinco sobre diez.

jueves, 12 de julio de 2018

LA NOCHE DE LAS BESTIAS: LA PRIMERA PURGA

Cuando una cosa funciona se corre el peligro de abusar demasiado de ella. Eso bien lo saben en Hollywood, pero no es motivo para que no lo sigan haciendo. Y la saga de La noche de las bestias es un buen ejemplo de ello.
Concebida al amparo de Blummhouse, The Purgue: la noche de las bestias fue el vehículo que llevó a James DeMonaco a destacar como director tras unos años escribiendo interesantes libretos de acción, pero al final la saga lo ha logrado absolver y poco se ha prodigado más allá de la hasta hace poco trilogía.
Cuando aparecía que no había nada más que contar (y visto lo visto, así era), DeMonaco se ha sacado de la manga una precuela para tratar de contarnos (como si no quedase suficientemente claro en sus películas) el origen de la dichosa purga, aunque para plasmarlo en imágenes se ha hecho un cambio en la silla de director, siendo sustituido por el casi debutante Gerard McMurray. El resultado es una película con un estilo visual muy similar a las anteriores pero con un ritmo narrativo bastante más irregular.
La excusa de detallar el origen del evento no solo no aporta nada nuevo a la trama, sino que la vuelve redundante (¿de verdad necesita alguien que nos justifiquen el unos de esas máscaras tan psicodélicas marca de la casa?) y incluso afea un poco el mensaje politicosocial de las anteriores. Que para conseguir reducir la delincuencia se permita una noche de libre albedrío una vez al año es una salvajada, pero en caso de tener resultados positivos tiene su interés e incluso podría invitar a un macarronico debate sobre su conveniencia o no. Ahora, en esta precuela, cualquier atisbo de viabilidad se echa por tierra convirtiéndolo todo en una conspiración gubernamental del montón, con momentos tan absurdos e innecesarios como la escena final con Marisa Tomei (¿quién te engañó para hacer esto, tía May?).
Con todo, como suele suceder con los inventos de Blummhouse, la cosa les ha salido barata y, aunque amenaza con aburrir en algún momento, no deja de ser una peli de acción efectiva, que a buen seguro será suficientemente rentable como para asegurar más películas y dar luz verde a ese proyecto de serie de televisión del que se viene hablando desde hace algún tiempo. Sin embargo, el que no llegue a aburrir del todo tampoco justifica su existencia, y la utilización de unos personajes muy planos junto con unos actores de medio pelo (menudo bajón interpretativo ha dado esto, que empezó con Ethan Hawke y Lena Headey, pasó a Frank Grillo y Elizabeth Mitchell y ha acabado con este Y’lan Noel que aporta presencia y poco más).
En fin, La noche de las bestias: La primera purga, es un pasatiempo aceptable para los menos exigentes, pero demasiado tópica y que no muestra nada que no hayamos visto ya en pantalla.

Valoración: Cuatro sobre diez.