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domingo, 25 de diciembre de 2016

Análisis: LA MEJOR PELÍCULA DE LA SAGA STAR WARS

Llevaba tiempo con ganas de escribir un artículo como este, un año concretamente. Pero en su momento no fue posible por el pánico que había al tema spoilers (algo que parece no se está respetando mucho con Rogue One), después llegaron los blockbusters de Batman V. Superman, el amanecer de la justicia y Capitán América: Civil War y eso lo eclipsó todo y… entre una cosa y otra pasó el momento y el artículo sin escribir.
Pero la llegada de diciembre y lo que eso significa para Star Wars, ya que parece que implicará un estreno al menos hasta 2020, me ha dado una buena excusa para recuperarlo.
El caso es que me apetecía hablar un poco en general de la saga creada por George Lucas poniendo especial atención a la que considero que es la mejor película de la franquicia, una película que ha arrasado en taquilla pero que se ha llevado críticas muy duras, sobre todo por parte de los fans más acérrimos de la misma.
Y es que sí, pretendo reivindicar a Star Wars: El despertar de la Fuerza como la mejor película de la saga. Y no solo la mejor, sino que a mucha distancia del resto, siendo El Imperio contraataca la que más se le acerca (y quedando, al menos en mi opinión, la reciente Rogue One en tercera posición).
Sí, sé que muchos me vais a tildar de osado pero esto es así. Y es que ya para empezar, hasta el momento en que el señor Abrams se pasó por la franquicia, la cosa estaba muy chuchurría. No tuvo la libertad que sin duda le dejaron para revivir a Star Trek (y no creo que nadie dude que de las trece películas de esa saga las dos suyas son las mejores), pero aun así hay bastante de su sello para poder salvar del olvido a los personajes creados por Lucas hace ya muchos años. Porque, no nos engañemos, por más que se decía que era fácil hacer lo que quisiera con Star Trek porque la saga agonizaba, no creo que la de Star Wars se encontrase en mucho mejor estado, más tras los palos que se llevó la trilogía moderna.
Eso, además, era el principal handycap para Abrams, que supo ya de antemano que iba a ser imposible contentar a todos los fans con su película. Por un lado, los warie (como se conoce a los fans de la saga) no perdonan a Lucas el destrozo que hizo con el pasado de sus personajes y algunos incluso reniegan de los capítulos Uno a tres, sin importarles que fuesen creados directamente por el inventor de todo esto, pero por otro lado hay toda una generación para los que esos episodios son los que pudieron ver y disfrutar en el cine y que aman con locura, siendo para ellos los episodios Cuatro a Seis algo añejo y alejado en el tiempo.
Como sea, Abrams solo tenía una posibilidad para salir indemne de su propósito: reiniciar la saga. Cierto es que puede que se haya excedido un poco en ello y las críticas que dicen que El despertar de la Fuerza es casi un remake de Una nueva esperanza no anden muy desencaminados, pero creo que tampoco habían muchas alternativas. Así, el despertar de la Fuerza supone volver a los orígenes para empezar un viaje nuevo. Un viaje con nuevos compañeros y nuevas metas, pero que debe partir de un punto conocido, con esos planetas desérticos y esas cantinas de tipos duros que nos hacen sentir como en casa. Y con una nueva Estrella de la Muerte, por supuesto.
Permitidme pues analizar con detalles los rasgos que definen, a mi entender, a El despertar de la Fuerza como la mejor película de la saga.

Dirección: J.J. Abrams es, de lejos, el mejor director de la saga. Eso va a escocer a muchos, pero lo digo sin rubor. George Lucas es un gran creador de ideas y su imaginación no tiene límites, pero como director es mediocre. Una nueva Esperanza es simplona y su trilogía secular se pierde en juegos de artificio digitales desaprovechando un imponente reparto. Empecemos por el jefe: George Lucas sólo ha firmado como director seis películas, de las cuales THX 1138 no pasa de ser un experimento muy concienzudo y American Graffitti ha pasado a la historia por su banda sonora, no por su realización. Un tipo que lleva cuarenta años viviendo de un solo producto no es precisamente un prodigio como director, ¿no creéis? Siguiendo con la lista nos encontramos con Irvin Kershner. No quiero decir nada malo de este director, pero su currículo tampoco es que sea como para echar cohetes. Fuera de la saga se ha limitado a realizar copias muy inferiores a las originales, como las películas La venganza de un hombre llamado caballo, Robocop 2 o Nunca digas nunca jamás, película Bond que ni siquiera pertenece a la saga oficial. Al menos cuando trabajó para el Imperio logró superar a su predecesora, eso está claro, aunque su película no gustó en su momento y es de las que menos recaudación ha tenido. Y para hablar de Richard Marquand habría que decir que lo de filmar El retorno del Jedi le debió tocar en una tómbola. Nada destacable ha hecho aparte de esa película a no ser que nos conformemos con Al filo de la sospecha. Y mientras, el señor Abrams, centrándonos en él sólo como director, hizo posible el insuperable piloto de Perdidos, las dos entregas ya comentadas de Star Trek, la emocionante Misión Imposible III, la maravillosa Super8, y lo que le queda por delante… En El despertar de la Fuerza muestra su pericia moviendo la cámara, imprimiendo ritmo a la acción, como director de actores… Los combates aéreos son los mejores de toda la saga y él fue, además, el máximo impulsor de volver a utilizar maquetas y métodos más artesanales para combinar con el CGI que diesen un aroma más nostálgico a la película y que tan bien le sientan.

Personajes: De nuevo debo pedir perdón, pero los personajes clásicos siempre me parecieron una chufla. Sí, Han Solo mola, no lo niego, pero su personaje es más plano que una tabla de planchar. Solo sobrevive gracias al carisma de su intérprete. Los aparentes protagonistas reales, los hermanitos Skywalker me han parecido siempre un par de pamemos que ni parecen tener sangre Jedi en las venas ni nada de nada. Dicen que a un gran personaje se le valora por su antagonista, y en ese sentido sí que Darth Vader es el p**o amo, aunque si alguien viese su diseño por primera vez en el presente seguramente se daría un hartón de reír. El problema con él viene cuando Lucas se empeñó en descubrirnos al hombre tras la máscara, y entonces todo se fue al traste. Anakin Skywalker necesita tres películas para mostrarnos su viaje al lado oscuro y solo consigue caer en el ridículo. Una de las cosas que más se han criticado de El despertar de la Fuerza es a Kylo Ren, pero a mí es un personaje que me encanta. En lugar del megalomaniático de su abuelo, que quería conquistar la galaxia así porque así (como cualquier villano de opereta, vamos), en el caso de Ren nos encontramos con una maldad mucho más real. ¿Qué es un pelele y un llorica? ¡Por supuesto! El hijo de Han y Leia es un acomplejado de la vida que nunca ha podido superar la leyenda de sus padres y que adora como un friki cualquiera el recuerdo de su abuelo. El típico chaval que en nuestra época habría pagado una pasta gansa por el casco quemado y maltrecho de Vader en eBay y que un buen día se habría ido a una universidad americana y habría cometido una masacre. O habría terminado convenciendo a un pueblo entero para que lo siguieran a provocar una guerra por toda Europa. Ese es Kylo Ren, que naturalmente no llega a las suelas de los zapatos a Vader aunque sus motivaciones sean mucho más claras y comprensibles que las de Anakin, pero que solo al final de la película abraza verdaderamente al Lado Oscuro. El verdadero malo está por llegar.
En el lado de los buenos, todos los personajes de El despertar de la Fuerza me parecen muy molones. Poe Dameron es el héroe por antonomasia, reuniendo a lo mejor de Han Solo y de Luke Skywalker. Finn representa al héroe a su pesar, al tipo inseguro que saca Fuerzas de donde no las hay porque en el fondo pretende hacer lo correcto. Y Rey… ¿qué vamos a decir de Rey? Me enamoró nada más verla. Es un personaje magnífico, mezcla de Fuerza, ira juvenil, ingenuidad y sensualidad. Quizá por lo bien escrita que está o por el buen trabajo de Daisy Ryder, pero todo el peso de la película cae sobre sus espaldas y ella lo aguanta estoicamente. Una vez más Abrams demuestra que se le dan bien las protagonistas femeninas (Felicity, Alias, Super8) y entre ambos consiguen crear un personaje que desde su primera aparición se ha convertido ya en un clásico y en el mejor personaje de la saga. Y su colofón final es la maravillosa melodía que le compone John Williams, sin duda la mejor pieza de la banda sonora de esta película.
Y encima, tenemos por ahí a viejos conocidos que nos traer agradables recuerdos del pasado y cuyas historias no dejan de ser un colofón a su periplo en la saga, sobretodo en el caso de Han Solo que al fin cumple el deseo del actor Harrinson Ford en morir tras solicitarlo ya en El Imperio contraataca.

Los actores: No es cuestión de repetirme, pero Daisy Ryder está magnífica y merece ser considerada también el gran descubrimiento de la franquicia. Si echamos la vista atrás comprobaremos que Mark Hamill y Carie Fisher eran (problemas varios aparte) más bien limitaditos y sus carreras posteriores así lo demuestran. Del equipo clásico solo Harrinson Ford logró el estrellato, aunque también él es más destacable por su carisma que por su talento interpretativo. Que su otro gran papel en la historia del cine sea Indiana Jones, que en cuanto a personalidad es un calco de Solo, ya lo dice todo. Naturalmente, en el elenco de secundarios había una gran calidad, con nombres como Peter Cushing, Alec Guinness o James Earl Jones poniendo voz a Darth Vader, pero incluso gente de tanto talento iba perdida al reconocer ellos mismos que no tenían ni idea de qué iba Una nueva Esperanza mientras la rodaban. Algo parecido sucedió en la trilogía moderna. Se encuentra en esta un reparto casi inmejorable, con nombres como Natalie Portman, Liam Neeson, Ewan McGregor, Terence Stamp, Samuel L. Jackson, Christopher Lee, Jimmy Smits, Joel Edgerton o Rose Byrne, pero a ninguno de ellos se les saca partido, convirtiéndolos casi en malos actores. Ello es culpa a lo mal que dirige Lucas, que -según palabras de los propios actores- se limitaba a quedarse mirando desde una esquina sin dar ninguna indicación a los intérpretes. Y, cuando la mayoría de las escenas se filman con un partenier que no está y con un fondo verde como único decorado, es algo mortal. Y eso obviando ya a actores mediocres o directamente malos como Billy Dee Williams o Hayden Christensen, este último piedra angular sobre la que cimentar toda la saga.
Al lado de estos, John Boyega o Oscar Isaac están muy bien, sobre la calidad de Adam Driver hay poco que discutir (y quien se empeñe en criticar su elección porque es “feo” me parece realmente triste) y si es cierto que Max von Sydow sabe a poco y que Domhnall Gleeson no hace su mejor papel. Aunque algo parecido sucede en la más reciente película, Rogue One (que por más que lleve el apóstrofe de “Una historia de Star Wars” para mí no es un spin off, como será Han Solo, pues su trama está tan integrada en el argumento, haciendo de puente entre la trilogía moderna y la antigua como para cambiar incluso la percepción de ver ahora Una nueva esperanza, que merece ser considerada parte de la saga oficial, una especie de Episodio 3.5), donde Felicity Jones lo hace bien pero sin mejorar sus registros en Un monstruo viene a verme, Inferno o, especialmente, La teoría del todo, donde se comía al protagonismo de Eddie Redmayne y se llevó una nominación al Oscar. Algo más flojito se encuentra diego Luna, aunque quizá sea más culpa de la simpleza del personaje que suya, aunque de eso hablaremos más adelante.
 
Los bichejos y robotos: Ahora sí. Ahora llegamos al punto donde los fans que hayáis aguantado este rollo hasta ahora me vais a condenar definitivamente. Y es que debo decirlo bien claro: no soporto ni a R2-D2, ni a C-3PO ni a Chewbacca. Más aún: los odio. Son un constante lastre para la historia, estúpidos e inconsistentes. De Chewbacca, que recordad que no es más que una versión del chucho de Lucas, lo hemos tenido que seguir soportando en la película de Abrams, pero al menos ahí tiene un papel algo más interesante que limitarse a pilotar y berrear al viento. Cierto es que también a él le pertenece la pifia más comentada del film, en la escena final, pero esto sí que debemos atribuírselo a Abrams, que no todo va a ser perfecto. En cuanto a los robots, nunca le he pillado la gracia al humor de estos dos y en cada película nueva estaba deseando que alguien reventara de un disparo definitivo al repelente de C-3PO y que el engreído de R2-D2 se quedase atascado en la arena de Tatooine. En cambio, BB-8 es una delicia. Cumple a la perfección su función de alivio cómico sin entorpecer a la narrativa ni caer en el ridículo, sabe enternecer y mostrar una gran expresividad pese a sus limitaciones obvias y tiene un diseño brillante. 
Y también me ha gustado especialmente K-2SO, donde por fin un androide se convierte en un personaje con la misma importancia que el resto, participa en la acción y tiene un final trágico que casi emociona más que las muertes de los humanos.
Siguiendo con los “bichejos”, la gran invención de Lucas (junto a Darth Vader) es Yoda, una maravilla diseñada por Frank Oz, hasta que Lucas lo estropeó con su versión digitalizada. Sin embargo, son los muñecotes estos los que terminan por estropear el recuerdo de esta saga; la trilogía clásica porque en su desenlace la presencia de los Ewoks es demasiado fundamental como para obviarla, y eso hace que la película se infantilice y roce el ridículo en demasiadas ocasiones, y en la moderna por la inclusión de tipos como Jar Jar Binks, sobre el que no creo que valga la pena hablar demasiado, ¿verdad?

Los efectos visuales: No voy a extenderme demasiado en este tema pues resulta evidente que la tecnología de hoy en día permite hacer cosas inimaginables hace cuarenta años, y solo por ello hay que quitarse el sombrero ante lo que consiguió Lucas con cuatro duros. Sin embargo, no puedo evitar pensar en el ridículo que hacen las marionetas que deambulan alrededor de Jabba el Hutt que me recuerdan a los mupples o la artificiosidad de toda la trilogía moderna, donde el CGI ha quedado desfasado en pocos años. Por ello aplaudo de nuevo la decisión de Abrams de recurrir a maquetas y escenarios reales siempre que ha sido posible y conseguir unificar esto con un CGI que está ahí e todo momento pero que no resulta cantoso en ninguna escena.
Por otro lado, los diseños también han sufrido con el paso de los años. Si bien las naves son magistrales y conceptos como La Estrella de la Muerte o el Halcón Milenario son ya parte de la historia del cine, los uniformes de los soldados caen de nuevo en el ridículo, y han lastrado a todo un universo que se ve obligado a repetir esos errores. Quizá en su momento molaban, pero viendo Rogue One se me saltaban las lágrimas de risa al ver los orinales negros que lleva los soldados de la Alianza rebelde en la cabeza o al recordar la inutilidad de las armaduras de los Stormtroopers.

Argumento: Y dejo para el final el punto más conflictivo, allá donde todos dicen que Abrams y sus guionistas se limitan a copiar la historia del Episodio IV sin más. Puedo entender que a un nivel muy superficial esto sea cierto, y ya he comentado al principio que considero un poco excesivo el querer retroceder tanto para poder empezar de cero, pero tampoco me parece necesariamente malo (simplemente mejorable). Hay que insistir en que los fans más acérrimos han visto las películas cientos de veces, y posiblemente las vean en el orden cronológico dela historia, no de su rodaje, pero para la mayoría de los aficionados al cine, esto es lo que viene después de Las Guerras clon, después de la trilogía moderna en la que todo era tan digital y tecnológico, así que el recuperar los planetas desérticos y las selvas tropicales suponía en realidad un cambio respecto a lo ya existente.
Se habla mucho en la saga de que la Fuerza utiliza un equilibrio, y aquí el personaje de Rey lo que hace es reiniciar un ciclo tal y como lo hiciera Luke años atrás, para que ese equilibrio pueda seguir existiendo. El misterio acerca de sus padres no es más que un guiño a lo que realmente es esta enorme saga, un culebrón galáctico donde todo el mundo está conectado de alguna manera con el resto y las casualidades no lo son tanto. Respecto al detalle de que Rey sea una excelente luchadora no le veo el menor problema. Al fin y al cabo, la Fuerza corre por su interior. No olvidemos que es una muchacha desamparada en un planeta no demasiado amable y que ha crecido apañándoselas sola y defendiéndose por sí misma, así que saber luchar y manejar la espada laser es algo casi instintivo. Puestos a ser meticulosos, me resulta más extraño que un granjero como Luke aprenda a pelear y a pilotar cazas de combate de la noche a la mañana, mientras que su adiestramiento (incompleto, recordemos) en El Imperio contraataca se basaba más en preparar su espíritu que en aprender a usar un arma.
Ya he defendido anteriormente a Kylo Ren, cuyo diseño del uniforme es mucho mejor que el de Vader (si dejamos de lado el misticismo que le ofrece el paso del tiempo al alter ego de Anakin) y su capacidad para manipular la Fuerza es innegable al ser capaz de detener en el aire el disparo de Poe Dameron. Y eso que no abraza del todo a su lado oscuro hasta el final de la película, donde sacrifica su humanidad en la escena en la que ejecuta a su entregado padre. Las rabietas infantiles que tiene cuando se encuentra con un fracaso son un rasgo más de su personalidad que lo definen mejor de lo que se definió nunca a Anakin, mientras que ¿acaso su propio padre, pese a ser un héroe rebelde, no tenía demasiadas veces un comportamiento algo inmaduro?
Por cierto, que tampoco veo mal que han Solo haya vuelto a ser un contrabandista. Cierto que tras su separación de Leia parece que hay una historia sin contar (y que parece que se quedó en la mesa de montaje), pero cuando alguien se separa de la mujer a la que ama, sean cuales sean los motivos, regresar a un entorno familiar suele ser lo más normal. Y no hay nada más familiar para Han que el Halcón Milenario, aparte de que ser contrabandista es lo que mejor sabe hacer.
Respecto a la construcción de la Starkiller tampoco lo veo como un gran problema. Ya en El Imperio contraataca, tras la destrucción de la primera Estrella de la Muerte, lo primero que hace el Imperio es construir una nueva. En Rogue One nos explican, además, que en el Imperio no andan sobrados de ingenieros y eso propicia que repita su arma más mortífera una y otra vez. Alguien ha comentado en una ocasión que las Estrellas de la Muerte son como los tanques de guerra. Que con el paso de los años se mejoran los diseños pero siguen siendo, en su forma, tanques. Y cuanto más grande y poderoso sea un ingenio como ese más inevitable es que tenga algún punto débil.
Si nos ceñimos a la historia como tal, hay que reconocer que lo contado en la trilogía original es más bien flojito. Una nueva esperanza no era más que un western galáctico (algo a lo que Joss Whedon llevó a su máxima expresión en Firefly) y que su desarrollo no era precisamente como para encumbrar a los guionistas. Es, por el contrario, en la trilogía moderna donde se encuentran los mejores guiones y donde la historia avanza de verdad, con unas tramas políticas verdaderamente interesantes y que en manos de otro director más competente habrían resultado ser de lo mejor de la saga. Lástima que todo se tuerza pro culpa de la historia de amor y posterior caída a los infiernos de Anakin y a la inclusión de cosas tan absurdas como los midiclorianos, algo que Abrams hace bien en ignorar lo mismo que Edgars en Rogue One.
Es por ello que tampoco vamos a pedir peras al olmo y esperar que las siguientes cintas de Star Wars ganen un Oscar por su libreto, pero creo que al menos en El despertar de la Fuerza bastan unas pocas pinceladas para definir a sus personajes (ese es el problema de Luna en Rogue One, que su personaje no tiene un trasfondo definido y por eso su cambio de actitud no resulta convincente, aunque eso no sea necesariamente culpa del actor).

Siempre he pensado que la mitomanía y la leyenda de Star Wars estaba muy por encima de su calidad, y que la película original tiene tantos errores que de ser vista ahora por primera vez no pasaría de ser un film de aventurillas espaciales del montón, de ritmo lento y situaciones ridículas. Hay innumerables fallos que el paso del tiempo y la grandiosidad de sus seguidores se han encargado de ocultar (recuerdo ahora cuando los robóticos se esconden en una casa ante una redada del imperio y los soldados de Asalto la pasan por alto simplemente porque la puerta está cerrada, o la torpeza con la que está planificada la persecución en las motos voladoras), pero todo vale y se perdona si fue hace veinte años, pero es de recibo ponerlo a parir si es de esta década. Son los tiempos del haiterismo, me temo.
En fin, que para alguien que ha visto varias veces la saga completa pero nunca se ha sentido un fan acérrimo de la misma, la película de Abrams logró emocionarme. Y sus guiños a la franquicia, por más que previsibles y manipuladores, a mí me convencieron.
Por todo esto y muchas cosas más que será mejor dejar para no convertir este comentario en un ensayo de mil páginas, parí mí El despertar de la Fuerza es la mejor película de toda la saga, seguida de lejos por El Imperio contraataca y poniendo en tercer lugar a la entretenidísima Rogue One.

¿Y vosotros qué opináis? ¿Cuál es para vosotros la mejor de todas?

lunes, 21 de diciembre de 2015

STAR WARS: EL DESPERTAR DE LA FUERZA (9d10)

Al fin llegó el día. Llevábamos unos cuantos años esperándolo, desde que Disney comunicó que había comprado los derechos de LucasFilm y anunció el proyecto de realizar una nueva trilogía (luego se hablaría de los spin-off, las series, los comics…). Aunque, en realidad, llevábamos mucho tiempo más reprimiendo ese deseo de volver al Universo que creo George Lucas en 1977 y que nos amagó en 1999 con La amenaza fantasma, un despropósito digital donde Lucas traicionaba sus propios ideales y demostraba que era mucho mejor creador que director.
No entendía, sin embargo, esa fiebre galáctica que invadía a toda la humanidad, hablando de la película más esperada de la historia y de records de taquilla, algo que imagino que ya se habló con la nueva trilogía y que quedó en una profunda depresión para el aficionado. 
Yo, por mi parte, sí esperaba la película con ganas, pero no por el factor Galáctico que no tenía claro si iba a ser capaz de remontar el vuelo por sí solo, sino por mi profunda admiración y fe ciega en J.J.Abrams, padre espiritual de la magistral Lost (Perdidos) y cuyas películas (todas sin excepción) hasta la fecha me han agradado notablemente. Su filmografía, por sí sola, ya habla de lo que el realizador neoyorquino iba a ser capaz de ser. No en vano había resucitado dos sagas en peligro de extinción (Misión Imposible estaba muy tocada tras la película de John Woo y Star Trek literalmente muerta) y había demostrado su respeto por el cine de fantasía que Lucas, Spielberg y compañía representaban a finales de los setenta y principios de los ochenta con Super8. Visto esto, ¿quién mejor que él para conseguir aunar en una película dos cosas tan antagónicas como era orientar una saga hacia nuevos horizontes pero recurriendo para ello a sus orígenes más clásicos?
Por ello, en lo único que se le puede criticar a su Star Wars (escrito  a medias con Michael Arndt –otro con currículo pequeño pero brillante- y retocado por el gran Lawrence Kasdan, quien ya se hiciera cargo de escribir los episodios seis y siete, los mejores de las seis conocidas hasta ahora) es la sencillez del guion. Abrams no ha venido para inventar nada, como hiciera Lucas en los episodios uno a tres, y por eso no hay nada de riesgo en una historia que recuerda mucho (quizá demasiado) a la trama original. Protagonista de padres desconocidos en un planeta desértico, robotito con planos ocultos en su interior, villano enmascarado de voz metálica y una nueva Estrella de la Muerte. Por eso, El despertar de la fuerza es una continuación tanto como un respetuoso lavado de cara a los conceptos preconcebidos, algo que (con mayor o menor acierto) es la tercera vez que vemos en las pantallas en lo que va de año, tras Terminator Genesis y Jurasic World.
A partir de ahí, todo es magia pura. Abrams, quien asegura que ha tenido total libertad por parte de Disney para ofrecer su propio punto de vista de la saga, se saca de la manga a un puñado de actores jóvenes que enamoran al público desde su primera aparición en pantalla, especialmente la pareja que lleva el mayor peso de la película, unos hasta ahora desconocidos Daisy Ridley y John Boyega que consiguen en segundos tener más carisma que el denostado Hayden Christensen en las dos películas que protagonizó (es un decir), consiguiendo sin duda que sus personajes entren por la puerta grande en el imaginario popular de la franquicia por delante, incluso, de interpretaciones de actores consagrados como fueron en su momento Ewan McGregor, Natalie Portman o Liam Neeson (¿alguien se acuerda de que forman parte de esta saga?). Junto a ellos, destacan también rostros algo más conocidos, como Oscar Isaac y Domhnall Gleeson, mientras que el caso de Adam Driver debe ser considerado aparte, ya que su personaje (que no voy a mencionar aquí) es el que queda más pendiente de evolucionar en futuras películas.
Hago aquí un inciso para disculparme si soy algo parco en explicaciones argumentales, pese a que en el momento en que se publique este comentario medio mundo habrá visto ya la película, pero visto el magnífico trabajo que ha hecho Disney por mantener al público hambriento de spoilers (y eso que han inundado el medio audiovisual con carteles, merchandising y trailers) y sin saber nada de la trama (algo que, por cierto, se le da muy bien a Abrams: recordad el interés que logró despertar con una película presupuestariamente pequeña como fue Monstruoso) no voy a ser yo quien desvele nada que no deba saberse antes de ver la película en pantalla grande.
Decía que la película logra reunir a un interesante elenco de jóvenes promesas que para nada chirrían. Todo el primer acto forma parte de un reinicio en toda regla y uno se identifica enseguida con los nuevos héroes, en especial la potente presencia de esa muchacha, frágil y guerrera a la vez, que es Rey, mientras que el nuevo juguete llamado BB-8 consigue derrochar simpatía y ternura como no se había visto desde los tiempos de WALL.E.
Pero el tráiler ya había adelantado que no se iba a tratar de una aventura en el espacio más. Hay cabida para la nostalgia y toda la sala se estremece al reconocer un maltratado Halcón Milenario, al ver aparecer por primera vez, pistola en mano, a Han Solo y Chewbacca, o al reencontrarnos con la versión madura de ese mito de peinados imposibles que era Leia Organa. Y así, mientras la aventura prosigue por nuevos derroteros, los guiños a lo clásico se reproducen sin cesar, demostrando que por más que la película vaya a entusiasmar a los chavales de nueva cuña que ya lo fliparon hace un año con Guardianes de la Galaxia esto es, en realidad, un homenaje a una generación que ya baila entre la cuarentena y el lustro y que sufrieron viendo como un CGI que ha envejecido francamente mal se apoderaba de los esperados episodios uno a tres y violaba, de paso, la esencia de la saga original.
Y tanto es el tributo que Abrams ofrece a la historia que incluso las pantallas verdes han sido reducidas al mínimo concepto en este rodaje, regresando a las maquetas, animatronics, maquillajes y localizaciones en escenarios naturales que tan bien lucen en pantalla. Hay digitalización, desde luego (que se lo digan a los irreconocibles Andy Serkis, Lupita Nyong’o o Simon Pegg) pero en ningún momento el ordenador predomina sobre la historia ni se cae en el delirio visual que alcanzó cuotas de videojuego en algunos momentos de El ataque de los Clones.
El despertar de la fuerza no es una película perfecta, y le falta la independencia argumental necesaria para alejarse de los clichés preconcebidos, pero es una primera piedra necesaria para expandir el universo y dar forma a una nueva trilogía que, sin duda, tomará su propio camino a partir del episodio ocho. En cierto modo, necesitábamos volver a sentirnos en casa para poder partir de cero y empezar a andar de nuevo hacia horizontes desconocidos. Y el equipo formado por Rey, Finn, Poe Dameron y BB-8 enfrentados a Kylo Ren, el nuevo villano de la saga, ha demostrado que es capaz de luchar por su propio destino con total independencia.
Quizá si algo me rechinó ligeramente (y perdonen los que consideren esto casi una blasfemia) es la banda sonora. Creo firmemente que un director debe trabajar siempre con el compositor con quien mejor se entienda, y si muchos echaban en falta la labor de John Williams en la magnífica El puente de los espías de Steven Spielberg yo habría preferido que Abrams hubiese podido contar con su músico de cabecera, el compositor Michael Giacchino. Ya en Súper8 demostró que se le daba bien recrear el estilo de Williams y con Misión Imposible y Jurassic World se especializó en crear nuevas composiciones partiendo de registros icónicos.
Como sea, Abrams ha demostrado que, además de ser un magnífico director, es un cachondo. Solo a nivel anecdótico os diré que Giacchino sí está en la película, pero como actor. Igual que Daniel Craig. Hasta aparecen Yoda y Obi Wan Kenobi. ¿No me creéis? Quizá en un tiempo, cuando se pueda hablar sin temor a los spoilers, os resuelva el misterio. Mientras, contentaos con la aparición de viejos colegas del director, como Greg Grunberg, o con la recuperación de Anthony Daniels y Peter Mayhew, el ilustre cameo de Max von Sydow y la presencia de la “jugadora de tronos” Gwendoline Christie.
Y sí, también sale Mark Hammil. Pero no diré nada más sobre el tema.
En fin, una película para disfrutar de principio a fin, en la que buscar deslices argumentales es renunciar a la magia del espectáculo, donde se recupera toda la épica que la lucha entre el imperio y la República merecen y donde la Fuerza es de nuevo un poder espiritual más que un concepto científico (¿alguien entendió alguna vez eso de los midiclorianos?).
No sé si será la mejor entrega de la saga (El Imperio Contraataca rozaba la perfección y puso el listón muy alto), pero se le acerca. Yo, probablemente, sea con la que más he disfrutado. Y, aunque confieso que era el primer escéptico tras el final de El ataque de los clones, la historia que comenzó en una galaxia muy, muy lejana debe continuar.
Que la Fuerza nos acompañe.