Dejando
de lado Solo quiero caminar, que pasó
bastante desapercibida por las pantallas, Agustín Díaz Yanes es siempre
recordado por la irregular Alatriste.
Ahora, once años después, vuelve a contar con la colaboración de Arturo
Pérez-Reverte en una extraña maniobra con la que se adapta una historia inédita
para la que el propio escritor firma también el guion.

Para
ello, Agustín Díaz Yanes se ha rodeado de lo mejorcito en actores de nuestro
país, con nombres de la talla de Raúl Arévalo, Óscar Jaenada, José Coronado,
Juan José Ballesta, Luis Callejo, Antonio Dechent o Anna Castillo, además de la
breve pero intensa aparición de Juan Diego. Es curioso, sin embargo, que en una
historia tan masculina y viril quien consiga sobresalir la maravillosa Bárbara
Lennie. Recuerdo como tras el estreno de El niño muchos protestaban por lo poco que se prodigaba esta estupenda actriz
(ese mismo año deslumbró a todos con Magical Girl), y ahora que empieza a ser más frecuente verla nos encontramos con
esos productos de vergüenza ajena como la ridícula serie de El Incidente. Con Oro, Lennie consigue regresar al buen camino.
No
estamos ante una película redonda. Quizá Díaz Yanes y Pérez-Reverte, en su afán
por ser fieles a la realidad histórica, olvidaron dar algo más de profundidad a
sus protagonistas, mientras que la propia trama es demasiado lineal,
excesivamente plana. Los soldados van de un punto A a un punto B, enfrentándose
a los obstáculos del camino y punto. No hay ningún giro, ningún recoveco del
camino que logre sorprender demasiado y ninguno de los protagonistas, más allá
de las nobles u oscuras intenciones que puedan tener, tiene un pasado que nos
perita simpatizar demasiado con ellos.
Con
todo, el buen trabajo de los artistas, la firme dirección de Díaz Yanes y el
empaque técnico que logra que todo se vea con un realismo impecable, hacen de
la película una propuesta muy interesante y totalmente recomendable.
Valoración:
siete sobre diez.
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