Siempre que se estrena una película infantil me
enfrento a la misma encrucijada: ¿se debe valorar la obra en cuestión como un
producto cinematográfico más o se debe ser más benevolente con ella por el
simple hecho de estar destinada a los niños?

Digo esto porque en ocasiones se me ha criticado que
juzgue con dureza estupideces como aquella Stand by me, Doraemon con la que sufrí más que con la reciente Saw VIII, o que proteste porque
encuentre títulos como Río 2 o la
última de Ice Age insuficientes y muy
faltos de talento. Es para niños, me dicen, como si ello significara que no merecen
tener un guionista entregado ni un director brillante tras ellas.
Paddington 2 (como en menor medida lo
fue la primera) ha venido a darme la razón. Las aventuras en Londres de este
osezno peruano creado por Michael Bond (recientemente fallecido y a quien va
dedicada la película) es una película puramente familiar, con los más pequeños
de la casa como público preferente (hablamos de un oso parlante, no hay que
olvidarlo). Pero Paul King, quien ya dirigiese la muy recomendable primera
entrega hace tres años, se toma muy en serio su trabajo y consigue culminar una
película brillante, con un gran sentido del humor, planos muy estudiados y,
sobre todo, con mucha magia. Paddington 2
es puro cine, con referencias visuales al humor clásico de Harold Lloyd o
Chaplin y capaz de emocionar, entretener y divertir sin sufrir altibajos ni
caer en la vergüenza ajena de otras producciones similares.
De nuevo el reparto demuestra que se creen lo que
están haciendo, con un desbocado Hugh Grant ocupando el puesto de villano en
sustitución de la Nicole Kidman de la primera entrega y con el regreso del resto
de los protagonistas, que ya tienen en sus planes de futuro la tercera entrega.
Hay, además, momentos de gran inspiración visual,
desde el precioso libro pop-up que recrea Londres o las dos secuencias
animadas.
Así que sí, sí es posible exigirle a una película
infantil que no sea, además, una tortura para los adultos. Paddington 2 no es, en el fondo, una obra para niños, sino para
todo el mundo que disfrute de la magia del cine y no teman arriesgarse a soltar
una lagrimita con la que podría ser una de las mejores películas de estas navidades.
Valoración: Ocho sobre diez.
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