domingo, 4 de diciembre de 2022

Visto en Netflix: MIÉRCOLES

Desde que fuesen creados por Charles Addams en 1933, La Familia Addams han sido todo un referente cultural, ya sea en televisión, con la mítica serie de 1964, en cine, con los dos títulos dirigidos por Barry Sonnenfeld y una tercera entrega más discretita, en animación (Amazon ha presentado recientemente la secuela) o incluso en teatro, ganando la batalla a la pugna creativa que en los 60’ tenía con La familia Munster.

Sin embargo, pese a los icónicos que puedan ser Morticia Addams, Cosa o ese mayordomo/chofer tan a lo monstruo de Frankenstein, quien ha destacado siempre por encima de los demás ha sido Miércoles, la hija de la pareja protagonista, una siniestra muchacha de aspecto gótico y gustos macabros que consigue ser fácilmente el centro de atención de la historia, más cuando es Cristina Ricci quien le da vida.

Por eso, no ha resultado nada extraño que la nueva aportación audiovisual de los Addams se centrara en la figura de esta, quedando la duda de si encontrarían una actriz a la altura de lo esperado y si abandonar el tono coral de las propuestas anteriores sería lo suficientemente interesante para llegar a gustar.

La respuesta es un rotundo sí. Coqueteando peligrosamente a veces con el misterio teenager propio de Enola Holmes o incluso Harry Potter, Miércoles es, ante todo, un gran acierto de casting, teniendo en Jenna Ortega a una protagonista tan fácil de amar como de odiar. De la mano de Tim Burton, que además de ejercer de productor sientas las bases de la serie dirigiendo cuatro de los ocho episodios de la temporada, Miércoles triunfa en esa independización familiar de la muchacha, obligada a estudiar en una peculiar escuela tras haber sido expulsada de varios colegios normales, donde lidiará con sirenas, hombres lobos y monstruos homicidas sin la protección directa de su familia. Pero que nadie se preocupe, que aun en tono muy secundario, todos ellos harán acto de presencia en algún momento que otro, siendo el Gomez de Luis Guzmán el que menos me convence mientras que la Morticia de Catherine Zeta-Jones casi anda pidiendo a gritos su propio spin off.

Cierto es, para que no todo sea tan positivo, que hay momentos en los que se echa en falta un poco más de mala baba. Hay mucho humor negro, sí, pero más en forma de frases lapidarias en boca de Miércoles que en la propia acción, haciendo que lamentemos, una vez más, la domesticación que el bueno de Burton ha sufrido, muy alejado de los delirios visuales que lo hicieron grande. Con todo, la balanza se inclina claramente al lado positivo, con giros más o menos previsibles que enganchan al espectador, homenajes encubiertos (como la presencia casi irreconocible de la Miércoles más emblemática, una Ricci que ejerce ahora de profesora) y unos efectos visuales simpaticotes.

No es perfecta, pero sí lo suficientemente macarra como para no caer en la ñoñería de otras producciones similares y dar más importancia a las muertes y desmembramientos que a la posibilidad de una subtrama romántica, consiguiendo hacer evolucionar el personaje de Miércoles sin traicionar su esencia y ofreciendo momentos impagables en su enfrentamiento con su compañera de piso, su opuesto en todos los sentidos.

Una serie muy recomendable que, solo por poner en la palestra a Jenna Ortega ya lo merece todo.

Visto en Disney+: GUARDIANES DE LA GALAXIA: ESPECIAL FELICES FIESTAS

Hay muchas películas navideñas (demasiadas, diría yo) que se basan en la siguiente premisa: «hay que salvar la Navidad». Este podría ser el punto de partida de Guardianes de la Galaxia: especial Felices Fiestas, el segundo especial de Marvel para Disney+ después del interesante La maldición del Hombre Lobo, que podríamos convertir en meta lenguaje y decir que James Gunn, autor del episodio, lo que ha venido a hacer (en n paréntesis demasiado breve tras su salto a DC) es salvar todo el MCU.

No soy de los que sueltan pestes sobre la Fase Cuatro ya conclusa, y hablaré más en detalle sobre eso en mi inminente análisis sobre Wakanda Forever ya con spoilers a tutiplén, pero sí le reconozco una medianía con claros signos de agotamiento que provoca que el recuerdo del desenlace de la Saga del infinito nos produzca nostalgia, como si fuese un hecho muy lejano en el tiempo.

Este especial devuelve la energía y la fuerza y da, teniendo en cuenta que no es ni pretende ser más que una tontería divertida y sin mucho trasfondo, esperanzas de cara a una Fase Cinco que, al menos en lo que a películas se refiere, pinta bastante bien, al menos a tenor por los primeros avances vistos, el de Ant-Man y la Avispa: Quantumanía y, precisamente, el de Guardianes de la Galaxia, volumen 3.

A través en un correveidile de esos que siempre terminan malinterpretando la información original, los Guardianes se enteran de que Starlord tiene un trauma al no haber podido celebrar ninguna Navidad desde que fue secuestrado por Yondu y Mantis y Drax se disponen a subsanarlo de la manera más sencilla: yendo a la tierra a buscar el regalo perfecto, que va a resultar ser, ni más ni menos, que el propio Kevin Bacon.

A partir de esta premisa, el episodio (que a su modo homenajea al odiado –y casi inexistente- programa navideño de Star Wars) es una sucesión de situaciones absurdas al servicio de Pom Klementieff (ya se merecía esta chica su minuto de gloria en el UCM) y Dave Bautista, derrochando química a borbotones, algo de acción (poca, no hay un villano al uso, que para eso es Navidad), muchas canciones navideñas al estilo Gunn y el toque justo de sensiblería que, de nuevo, juega a caminar en el límite entre lo ridículamente ñoño y el homenaje sincero.

Guardianes de la Galaxia: especial Felices Fiestas no es un capítulo intrascendente para comprender el hilo narrativo de la saga, pero es un estupendo divertimento que irradia buen rollo y emotividad y nos resarce un poco del escamoteo que nos pegaron en Thor: Love & Thunder mientras aguardamos el inminente tercer volumen de sus grandes éxitos musicales.

Una fiesta de Navidad donde, salvo Gamora, no ha querido faltar nadie (aunque acierta al no poner de nuevo a Peter Quill en el centro de la pantalla) y que da na vuelta de tuerca al lenguaje meta que, en otro sentido y dirección, ya jugueteaba Hulka en su serie.

 

Valoración: ocho sobre diez.

Visto en Netflix: EL PAÍS DE LOS SUEÑOS

El último intento de Netflix de conseguir una franquicia lucrativa para adolescente lo ha buscado en un guion original de  David Guion y Michael Handelman, por más que se podría haber apostado (y perdido) a que había alguna saga infinita de novelas YA a sus espaldas. Pero no, todo esto de El país de los sueños es original (por decir algo) y una muestra más del poderío de la plataforma de streaming que ha lanzado la casa por la ventana con un diseño de producción espectacular y vinculando al cast unos nombres de campanillas, con Jason Momoa, Kyle Chandle o Chris O’Down dando réplica, a las órdenes de Francis Lawrence, a una desconocida pero eficiente Marlow Barkley.

Lawrence, consagrado en este género gracias a su aportación a la saga de Los juegos del hambre (a la que va a regresar en breve) podía haber aceptado El país de los sueños para olvidar el regusto amargo que supuso su Gorrión Rojo, pero tampoco es que estemos ante un gran trabajo de realización, siendo perezoso en muchos momentos y no sabiendo esquivar las limitaciones (que las hay, y se nota) de presupuesto para reflejar en pantalla la ambición que propone el guion.

Quizá con un poco más de mimo la historia habría funcionado muy bien como metáfora sobre la pérdida y el dolor que supone llegar a aceptar la muerte de un ser querido (algo de lo que hablaba, mucho mejor, El teléfono del señor Harrigan), pero las buenas intenciones se pierden entre los derroteros de un correcalles onírico que toma demasiadas cosas prestadas al Origen de Nolan o incluso a los mundos del Dr. Stranger de Derrickson o Raimi. Hay omentos en los que parece que la película va a brillar con luz propia, aspirando a recuperar el tono del Tim Burton de sus primero años (incluso con un efímero toque daliniano), pero todo es un espejismo, como ese Flip al que da vida Momoa que parece pedir a gritos la presencia de Jonnhy Deep.

Quizá, apostando más por la profundad sentimental, por la diversión más desenfrenada y con un poco más de dinero (o imaginación), la cosa podría haber lucido francamente bien, pero la realidad es que todo queda condenado a una peliculita algo infantiloide tan fácil de disfrutar como de olvidar a los cinco minutos.

Una verdadera pena.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

Visto en Disney+: DESENCANTADA, VUELVE GISELLE

Hace ya la friolera de quince años se estrenó (en cines, por supuesto), Encantada: la historia de Giselle, una simpática comedia  que, pese a pertenecer a Disney, parecía querer burlarse un poco de los tópicos de los cuentos de hadas, ridiculizando a las princesas de fantasía y los momentos (en ocasiones bochornosos) musicales de esas películas.

Lo que tenemos ahora es, como se suele decir, una secuela tardía y posiblemente innecesaria que, como metáfora del paso del tiempo (no solo en la ficción, sino también en la vida real, se ha estrenado directamente en streaming, por más que su protagonista esté ahora mucho más consagrada que cuando se realizó la primera película y se haya logrado recuperar a los protagonistas secundarios (aunque tampoco es que tenga un mérito exagerado haber conseguido recuperar a Patrick Dempsey y James Marsden).

Con Amy Adams como protagonista casi absoluta (sería de justicia mencionar a su lado a Gabriella Baldacchino sustituyendo a Rachel Duff en el papel de Morgan), Desencantada: vuelve Giselle arranca tal y como finalizó la anterior entrega, con Giselle viviendo en el mundo real y enfrentándose a problemas, como la aceptación social o la rebeldía de Morgan, inexistentes en su mundo de origen. Por eso, cuando tiene la oportunidad de usar un deseo para que la realidad se vuelva un poco mágica lo hace sin sudas, desconociendo las fatales consecuencias que eso va a acarrear a su familia y a todo el mundo de Andalasia.

En un sentido estructural y narrativo, la película funciona bien, siguiendo la lógica que hay tras el intercambio de roles y evocando al clásico refrán de que aunque la mona se vista de seda… Así, se podía pensar en cualquier historia sobre la dificultad de encajar en un entorno nuevo o las dificultades para conseguir la aceptación de los hijos (más cuando ni siquiera son biológicos) tras imponerles un cambio de hábitos drástico.

Sin embargo, en el punto negativo cabe señalar que la película ha perdido la frescura y la originalidad que tenía la pieza original, volviéndose previsible y rutinaria y son ofrecer nada especialmente estimulante que la justifique. Ni siquiera Amy Adams parece estar muy cómoda con su retorno, a juzgar por su trabajo interpretativo.

En resumen, que estamos ante un buen pasatiempo que puede convencer a los más pequeños o a un público aficionado a los cuentos de hadas pero que dejará indiferentes a aquellos que busquen algo un poquito más ácido o con más mala leche. Y es que, después de tanto Shrek, Érase una vez, La escuela del Bien y del Mal… eso de jugar a mundos donde los cuentos de hadas son reales y entremezclar a sus personajes más clásicos ha perdido el factor sorpresa…

 

Valoración: Cinco sobre diez.

Visto en Netflix: EL GABINETE DE CURIOSIDADES DE GUILLERMO DEL TORO

Estrenada en la semana previa a Halloween por Netflix, no ha sido hasta ahora que he terminado con la primera tanda de episodios de El gabinete de curiosidades, una serie antológica apadrinada por Guillermo del Toro que viene a ser una versión actualizada de clásicos como Historias desde la Cripta, Historias para no dormir, etc. Incluso copia de algunos de sus antecesores, como Alfred Hitchcock o Narciso Ibáñez Serrador, la presencia del propio Del Toro presentando cada uno de los episodios mediante un gabinete (de ahí el título) lleno de cajones secretos que, a la postre, resulta ser de lo mejor de la serie.

Pese a la ausencia del director mexicano en tareas de realización, hay un elenco de autores de primer nivel que representan lo más destacado, a la par que variado, del panorama cinematográfico de terror actual, lo que ya de entrada es un buen estímulo para ver esta serie. Desde un punto de vista estrictamente cinematográfico, hay que reconocerle una puesta en escena impecable, con potentes interpretaciones, una gran ambientación y vistosos efectos especiales y de maquillaje para dar forma a pesadillas diversas que podrían tener un denominador más o menos en común con la obra de Lovecraft (y posiblemente sea lo más cercano que Del Toro vaya a estar de este autor tras el fiasco de su proyecto sobre Las montañas de la locura).

Ahora bien, consciente como soy del entusiasmo general que ha causado la serie, y tras curiosear algunos rankings que se han hecho por ahí en lo que los episodios que más me han aburrido son algunos de los que más han gustado, debo considerar que la satisfacción que la propuesta vaya a generar en el espectador va a depender más que nunca del gusto y las expectativas de cada uno. A mi parecer, y entendiendo que toda serie antológica cae obligatoriamente en una cierta irregularidad, la serie va de más a menos, con algunos pasajes ciertamente estimulantes, como los que esconden monstruos en trasteros de alquiler o morgues fantasmagóricas pero con otros que me han parecido insufribles, desde el despropósito de Pan Cosmatos en un episodio, el de La Visita, que me parece directamente mal dirigido, hasta el aburrimiento que me provoca Jennifer Kent en El murmullo, una oda al dolor por la pérdida que no me ofrece nada nuevo y que bien podría aprender algo de directores como Almenábar o Bayona.

En fin, una colección de cuentos que evoca a otra producción mucho más divertida del mejicano: Historias de miedo para contar en la oscuridad, que parece que ha entusiasmado mucho por ahí pero que a mí me ha producido sensaciones muy encontradas, cosa que ha provocado que haya tardado tanto en terminar la serie aunque, contradicciones mías, espere con ganas una segunda temporada. Y es que el proyecto es muy apetecible, por más que el resultado no haya sido todo lo redondo que a mí me habría gustado.

domingo, 13 de noviembre de 2022

Cine: BLACK PANTHER: WAKANDA FOREVER

Después de una combinación de películas y series algo tambaleante a causa de los reajustes impuestos por la pandemia y las cenizas provocadas por la explosión triunfal que fue EndGame, la Fase Cuatro del UCM ha concluido al fin no sin pocas críticas por la bajada de calidad o interés de sus propuestas. Se suponía que la película que cerraba la fase, la secuela de Black Panther, iba a ser la que subiese el listón y diese un manotazo sobre la mesa, pero ya os digo –y esta es sólo mi modesta opinión-, que no ha sido así, considerando que Dr. Stanger y el multiverso de lalocura o incluso la infravalorada Eternals (dejo de lado Spiderman: no way home por lo de no ser 100% Marvel) están un peldaño por encima de la nueva película de Ryan Coogler.

Es cierto que Black Panther: Wakanda forever nació ya con no pocos problemas. A la inesperada muerte de Chadwick Boseman cuando ya estaba arrancando la producción y los cambios que hubo que hacer al guion deprisa y corriendo hay que añadirle las pesadillas que, al parecer, ha provocado la actriz Letitia Wright debido a su postura negacionista con respecto a las medidas de seguridad contra la Covid-19 durante el rodaje. A eso hay que sumarle la necesidad de distanciar al antagonista del film, Namor, de la versión de Aquaman ofrecida por Warner en el DCEU, consiguiendo que finalmente el personaje interpretado por Tenoch Huerta se parezca al rey de Atlantis de las viñetas como un huevo a una castaña (y eso que a la postre tampoco es que el Aquaman de Jason Momoa tuviera mucho que ver con su contrapartida comiquera).

El caso es que desde el primer momento queda claro que Wakanda forever debe funcionar como homenaje a Boseman, cosa que no solo me parece estupendo, sino que considero que era de justicia, pero de ahí a ser una pleitesía constante hay un largo trecho. Tanto, que el problema más grande que tengo con la secuela de Black Panther es la desaparición del personaje de Black Panther, convertido aquí en un fantasma al que se le espera durante demasiado tiempo y que cuando al fin aparece ni luce como merece ni está a tiempo de arreglar el desaguisado.

No es Wakanda forever una mala película, ni mucho menos. Pero sus excesivos 161 minutos dan para mucho, incluso para el aburrimiento. Y, sin embargo, queda la sensación de que falta tiempo para explicar mejor las cosas. Me viene a la mente, por ejemplo, la presencia superflua del ejército de Namor (¿realmente pinta algo Namora), la aparición casi gratuita de Everett Ross y Valentina Allegra de Fontaine (más allá, la segunda,  de servir de nexo entre películas y adelantar su participación en Thunderbolts), lo desaprovechada que resulta IronHearth o la nula mención a Zemo después de los sucesos de Falcon y el Soldado de Invierno.

No es, insisto, una mala película. Debería calificarla de buena, incluso. Tiene una gran dirección e interpretaciones muy potentes (destaco a Angela Basset, siendo el tal Huerta de lo que menos me ha gustado). Pero a la vez acumula demasiadas cositas que no me han terminado de funcionar como para evitar sentirme decepcionado de la misma. No es que en su momento fuese de los que quedase enamorado de la primera Black Panther (me alegré de su nominación al Oscar por mi condición de marvelita confeso, pero a la vez lo encontré fuera de lugar), pero lo que tengo claro es que vistos los derroteros de esta continuación (con decisiones que, creo, son un error por parte de Marvel) no me apetece nada la hipotética Black Panther 3.

Y esto no tiene nada que ver con decisiones polémicas como el cambio de identidad de Namor (este no es Namor, pero no por cuestiones de etnia) o el mensaje feminista que ya empieza a ser muy repetitivo. No. Mi problema, aparte de los momentos aburridos que hay en su ritmo, es que la trama no me enganchó en absoluto. Es muy emotiva, cosa que me parece bien, y juega a provocar la lagrimita en no pocas ocasiones, pero la ausencia de Boseman (o de T’Challa, que para el caso es lo mismo) no debería traducirse en la ausencia de Black Panther. Es esa falta de protagonismo, de liderazgo con el que alguien tome el control de la historia, lo que me invita a perder el interés en la misma y conformarme con lo mismo que ya me ofreció Coogler en la primera entrega: un buen pulso visual, gran banda sonora y muy vistoso vestuario.

No hay nada a nivel narrativo que justifique la decisión de Kevin Feige de cerrar la Fase Cuatro en este punto, pero a nivel conceptual me parece un acierto. Dejando de lado las apuestas seguras de Spiderman y Dr. Strange, el resto se ha caracterizado por no saber exactamente hacia donde se quería dirigir. Esperemos que, con la llegada de Marvels, la Fase Cinco sea la que se dedique a enderezar el rumbo.

 

Valoración: Seis sobre diez.

martes, 8 de noviembre de 2022

Visto en Netflix: EL ÁNGEL DE LA MUERTE

Charles Cullen fue un enfermero que alrededor del cambio de siglo fue vagando por diversos hospitales dejando un reguero de muertes a su paso. En el juicio, fue declarado culpable de 29 pero se calcula que el número total de víctimas podría rondar los 400. No lo hacía por piedad, ni por venganza. Eran muertes aleatorias, fortuitas y fruto de una mente desequilibrada. Aunque lo que da verdadero pavor es cómo podían todos los hospitales por los que pasó tener sospechas de su conducta y no decir nada.

Esa es la base principal de El ángel de la muerte, película dirigida por el danés Tobias Lindholm que tiene en Eddie Redmayne y Jessica Chastain como principales reclamos comerciales.

Pese a ser un gran detractor de Redgrayne (no me avergüenza definirlo como el peor actor del mundo), su amaneramiento y mirada tortuosa le van como anillo al dedo al personaje de Cullen, casi un amalgama del Norman Bates de Psicosis con quien podría compartir un trauma infantil con madres muertas de por medio como vaga justificación por sus actos. Chastain, por su parte, interpreta a una enfermera con problemas de corazón que empieza simpatizando mucho con Cullen (un verdadero encanto si se desconoce su verdadera cara) pero que, con las cartas sobre la mesa, es la principal impulsora de su detención, colaborando estrechamente con el departamento de homicidios.

Podría parecer que me estoy volviendo muy flexible con el tema de los spoilers, pero tanto el tráiler como las primeras secuencias del film dejan más o menos claro por dónde van los tiros, anulando el misterio de la ecuación de la película. Hay una investigación policial, cierto, pero no con el fin de descubrir al asesino, sino de descubrir cómo atraparlo. Imagino que el caso causó tal conmoción en los Estados Unidos que no valía la pena jugar a resolver pistas, estando ya todo el mundo en sobre aviso del final, pero ello lastra a la narrativa, tornándola algo pesada e incluso aburrida por omentos. Además, el apocamiento de Cullen y el agotamiento de la enfermera Amy Loughren consiguen traspasar la pantalla y contagiar de cierta apatía al espectador que, pese a lo interesante de la historia, puede tener que lidiar con más de un bostezo a lo largo de los estirados  121 minutos de metraje.

No es que Lindholm tenga una larga trayectoria como director, pero es una lástima que no le hayan dejado encargarse también del guion, ya que solo con ver su trabajo en La Caza u Otra ronda uno puede pensar que habría sacado mucho más petróleo del que nos encontramos en un film algo plano y que, desde España (donde por mucho que nos quejemos tenemos una estupenda Seguridad Social), no queda demasiado lejos todo. Y es que hay momentos en que parecen más interesados en denunciar tanto al sistema sanitario americano en general (los problemas de Loughren por aguantar hasta conseguir, por contrato, seguro médico) como de los hospitales privados en particular. Pero, atados como están a la realidad de la historia, poco pueden hacer por denunciar sin hacer demasiada sangre.

En fin, una película que explica unos hechos atroces de manera más o menos fiel, con buenas interpretaciones, pero que necesita un añadido extra para ser capaz de emocionar como debería.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

Visto en Netflix: ENOLA HOLMES 2

Desde siempre Netflix anda buscando su propia franquicia que le augure una fidelidad a largo plazo, y la buena acogida, hace un par de años, de Enola Holmes dejaba claro que por aquí podía estar el camino, algo que se confirma con el desenlace de Enola Holmes 2 invitando a nuevas aventuras de la teórica hermana del detective más famoso del mundo (con permiso de Poirot).

Enola Holmes 2, con una Millie Bobby Brown en estado de gracia, sigue a pies juntillas los tics marcados por la primera película (no en vano repiten director –Harry Bradbeer- y guionistas –Jack thorne y el propio Bradbeer), aunque se atreven a desligarse más de la cuenta de la historia original de Nancy Springer para incluso llegar a abrazar, peligrosamente añadiría, la obra de Arthur Conan Doyle.

Tras los hechos de la primera película, Enola Holmes 2 debía avanzar en la independencia de su protagonista, ayudándola a crearse una fama propia y escapar de la sombra de su hermano. Sobre el papel, eso es lo que hace, llegando a verbalizarlo incluso cuando en un momento dado rechaza crear con él una agencia de detectives llamada Holmes & Holmes. Sin embargo, esto no es lo que la película nos ofrece, pues la presencia constante de Henry Cavill en pantalla junto a la revelación del villano detrás de todo el asunto provoca que Sherlock termine robando el protagonismo a la joven Enola y resulte mucho más interesante esperar una tercera entrega del habitante de Baker Street y su nuevo compañero de piso que de la astuta e incipiente feminista que da nombre a la saga.

Pese a ello, la película funciona como un tiro, con un caso a resolver algo más elaborado que en la primera película y un ritmo que, libre ya de las imposiciones estéticas de las «películas de origen», da alas a la acción y combina muy bien el humor con la aventura, jugueteando de paso con la crítica social con ese feminismo latente tan bien personalizado en la figura de Helena Bonham-Carter. Lástima que la elección de David Thewlis (viendo los papeles que ha interpretado últimamente el actor) ayude a intuir parte del misterio antes de tiempo.

En resumidas cuentas, una muy apreciable aventura juvenil que merece continuidad pero que debe aprender a romper con la marca Sherlock si no quiere quedar atrapada en las redes del mismo, siendo víctima de, precisamente, aquello contra lo que pretende luchar.

 

Valoración: Siete sobre diez.

Cine: EL CUARTO PASAJERO

Pocos directores hay tan activos y prolíficos (a excepción, quizá, de Dani de la Orden), como Álex de la Iglesia, que apenas hace un año presentaba Veneciafrenia, una de sus películas más flojas, teniendo por medio el rodaje de la serie 30 Monedas e impulsando esa colección de películas que produce bajo el nombre de The Fear Collection.

Resulta curioso cómo, de entre su extensa filmografía (generalmente brillante), Veneciafrenia resulte uno de sus títulos menores. Y digo lo de curioso porque justo su siguiente película, esta divertidísima El cuarto pasajero, se podría encontrar entre lo mejor de su filmografía. Pese a que podemos etiquetar a De la Iglesia como un amante del fantástico, es en la comedia donde mejor se mueve y en esta película se encuentra más lúcido que nunca, consiguiendo un ritmo que nunca decae (y eso que la parte del atasco está rozando el estiramiento) y culminando en un final adecuado, evitando esta vez que los ataques (muchas veces inmerecidos) que sus conclusiones tienen.

Formando tándem una vez más con Jorge Guerricaechevarría, El cuarto pasajero recurre al concepto (aunque nunca se nombra como tal) del Blablacar para meter a cuatro desconocidos en un trayecto en coche entre Bilbao y Madrid, algo no del todo novedoso ya que es un planteamiento similar a la también reciente ¿Con quién viajas? Sin desmerecer a los protagonistas de aquellas y dejando de lado cualquier comparación odiosa, el gran acierto de De la Iglesia ha sido la dirección de actores, ya que consigue extraer petróleo de la vis cómica de Alberto San Juan, mientras que la locura de Ernesto Alterio, cada vez más cómodo en papeles extravagantes, es una gozada.

De la Iglesia recurre además a algunos de sus «sospechosos habituales», tales como Blanca Suárez, Carlos Areces, Enrique Villén o Jaime Ordóñez, para terminar de rematar la jugada de una road movie trepidante que, en el fondo, oculta una comedia romántica muy convencional, en un ejercicio bastante más contenido de lo que su director nos tiene acostumbrados y que en este caso le sienta fenomenal a la película.

Cierto es que el enfrentamiento entre los personajes de Alterio y San Juan los lleva a unos límites que puede obligar al espectador a sentir algo de empatía hacia ellos, en caso contrario pueden llegar a resultar odiosos. Este es, quizá, el único peaje a pagar para una película distendida, refrescante y sin más pretensiones que hacer pasar un buen rato con bastantes carcajadas y algún destello de oscuridad marca de la casa.

 

Valoración: Siete sobre diez.

lunes, 7 de noviembre de 2022

Visto en Netflix: SI LO HUBIERA SABIDO

Si lo hubiera sabido es una de esas series de producción españolas que de vez en cuando aparecen en Netflix así de tapadillo, sin hacer demasiado ruido, y se cuelan entre lo más visto más por la simpatía que producen que por el interés real que desprenden, algo similar a lo que sucedía con El tiempo que te doy.

En este caso, Si lo hubiera sabido plantea una historia de desamor entre un matrimonio ya desencantado conformado por Miquel Fernández y Megan Montaner que, tras diez años casados (pero toda la vida juntos) y dios hijos en común no son capaces de encontrar la ilusión perdida. En estas es que ella se lamenta del día en que aceptó casarse con él, asegurando que, de haberlo sabido, no habría actuado igual. Ese pensamiento lo tiene, concretamente, la noche de la luna de sangre (sí, la misma de Perfectos desconocidos), lo que provoca que su deseo se haga realidad y retroceda diez años en el tiempo, precisamente al momento en que aceptó la propuesta, pudiendo decidir tomar otro rumbo en su vida.

Estamos ante una variante del clásico efecto mariposa, así que más que una serie sobre viajes en el tiempo se trata de un universo paralelo donde sus decisiones (sabiendo más o menos lo que pueden repercutir), cambiarán el rumbo de su vida.

Con una subtrama criminal que tampoco es que vaya a ningún sitio pero sirve para entretener, la serie consigue interesar, pese a lo tramposa que se vuelve en no pocas ocasiones. Cierto es que su desenlace final puede decepcionar (incluso enfada) a muchos, pero era una consecuencia lógica que cabía esperarse más o menos.

Con todo, el camino recorrido es muy agradable, el ritmo es adecuado (aunque en ocasiones uno se pregunta si no habría funcionado mejor como una sola película) y los personajes enganchan, lo que es suficiente argumentación para dejarse llevar por la historia de amor y desamor con moraleja incluida y disfrutar de una especie de culebrón tragicómico con evocación al concepto del What if? al más puro estilo Marvel.

Visto en Amazon Prime: DESAPARECIDA SIN RASTRO

Desaparecida sin rastro, dirigida por Brian Goodman, tiene un título en español tan ridículo como aburrido, que rememora a los clásicos films de sobremesa de Antena3 los domingos. Y, de hecho, de eso mismo se trataría si no contase en su epato con Jaimie Alexander  y su protagonista sea el mismísimo Gerard Butler.

De Butler uno se lo puede esperar ya todo, desde comedias románticas más o menos resultonas hasta productos de acción de testosterona masculina(como la saga Fallen) pasando por bodrios inconsistentes como aquella cosa de Geostorm, pero por desgracia para él son películas de medio pelo como esta que nos ocupa la que mejor define su carrera en los últimos años.

Desaparecida sin rastro cuenta la historia de una mujer que desaparece en una gasolinera ante la desesperación de su marido en vísperas de un proceso de separación. Pese a lo evidente del secuestro, el guion deambulará entre investigaciones torpes de la policial sospechas recaídas sobre el propio marido y, evidentemente, la decisión de este de apañárselas por su cuenta hasta hallar una especie de campamento a lo Charles Mason donde se precipita el desenlace final.

Con semejante argumento no vale la pena incidir demasiado en lo tópico de su guion, haciendo que la película nos remita a mil situaciones familiares y sin que en ningún momento haya el menor giro de guion capaz de inquietar o desconcertar lo más mínimo. Ni siquiera la limitada capacidad actoral de Butler se exprime aquí al máximo, demostrando que se trata de otro caso más de trabajo alimenticio para pagar la hipoteca más que otra cosa.

Sin embargo, hay que reconocerle también que, pese a  lo previsible que es, no aburre en ningún momento, consiguiendo, de alguna forma, enganchar al espectador y mantenerlo atento a los acontecimientos. Es poco a lo que rascar, pero suficiente para un público conformista al que nunca se pretende engañar. Es un Butler menor, y quien se espere algo diferente a lo obtenido es que andaba muy perdido.

Como reflexión final, cabe preguntarse hacia dónde va dirigido el cine actual. Sin duda esta película habría sido un fracaso total de haber pasado por cines, pero su estreno en Amazon la ha convertido en una de las propuestas más vistas en España. Es un mérito efímero, pero mérito al fin y al cabo, que nos invita a pensar en el panorama cinematográfico actual.

 

Valoración: Cinco sobre diez.