Decía
Alejandro Amenábar que, cuando se estaba inspirando para escribir el guion de
esta película, algún de sus referentes era La
semilla del diablo. Y precisamente con esa película de Polanski (con su
traducción al español, al menos), junto con el hecho de que esté inspirada en
hechos reales (cosa que se advierte al principio del film), comparte uno de los
principales problemas: el título es ya de por sí un gran spoiler, una pista
demasiado evidente para que, quien sepa un poco del tema, se pueda adivinar el
desenlace de la historia.

¿Significa
esto que Regresión sea una mala
película? Ni mucho menos. La historia es interesante, el suspense está bien
construido y la dirección es magnífica. También los actores están de nota, con
una sufrida Emma Watson que si bien precisa de pocos registros para su
personaje los representa con solvencia.
¿Dónde
está, pues, el problema de la película? ¿Por qué la han criticado
despiadadamente por donde quiera que haya pasado? La clave hay que buscarla en
el nombre del director, ni más ni menos. Si analizamos la película simplemente
por sus valores cinematográficos no sería justo tacharla de floja (me parecen
alucinantes las comparaciones que han hecho con telefilmes de sobremesa de medio
pelo), pues como película funciona perfectamente, incomoda y acongoja cuando lo
pretende y deja una incómoda sensación de mal rollo en el cuerpo tras su
visionado. Y todo esto está muy bien si la comparamos a películas como Libranos del mal o the Babadock, películas interesantes pero pequeñas en su
concepción. Pero es que estamos hablando de Alejandro Amenábar. Se supone que
es ya uno de los grandes, un maestro del suspense, que ha triunfado cuando ha
cambiado de género (y su Oscar así lo demuestra) y que se ha atrevido a tantear
las películas de gran presupuesto (y yo soy la que defiendo la arriesgada y
poco convencional Ágora). Y eso le
obliga a jugar en ligas mayores, teniendo que compararse con El Exorcista, La profecía o su propia Los
otros. Y ahí es cuando se le pueden poner pegas al film.

Efectiva
y efectista, puede que fuerce un poco la situación, obligando al espectador a
dejarse llevar y creer sin muchas preguntas lo que le están contando. Pero ello
no impide que la atmosfera envolvente sea magnífica y que, si somos ajenos a
los hechos reales, nos dejemos llevar por la trama hasta que las pequeñas
mistas en forma de migajas que Amenábar nos ofrece nos desvelen la auténtica
verdad.
Regresión es una buena película, que nadie lo dude. Simplemente,
no es la mejor de Amenábar. Y tras seis años sin dirigir y con el aliciente de
regresar al género en el que mejor se desenvuelve se esperaba más de él. Esto,
y no otra cosa, es el gran pecado de la película. Y es injusto condenarla por
las expectativas más que por su calidad.
Otro
tema, del que ni Amenábar ni nadie perteneciente a la creación artística del
film tienen responsabilidad alguna, es la vergonzosa campaña que algunos cines
están haciendo de cobrar un euro extra “por todo el morro” para ver esta
película. Es algo que se va a extender durante los primeros diez días de exhibición
y que sí me invitan, no ya a recomendar no verla en cines, sino a esperar a que
pasen esos días (es decir, los dos fines de semana inminentes a su estreno)
para hacerlo. No sé si es una decisión tomada por los exhibidores o por la
distribuidora (que curioso, es de Warner), pero esta práctica abusiva no va a
hacerle ningún bien al film y no hace más que confirmar alguna de mis pataletas
en forma de comentario del mes. Con decisiones como esta van a dar la razón a
los que siguen diciendo que el cine es caro…
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