En
una época en la que mes sí, mes también, nos encontramos con alguna adaptación
del tres al cuarto de esas novelitas para adolescentes femeninas que se engañan
creyendo que fantasear con los machos alfa de estas obras (evidentes sucedáneos
de los Vales, Superpops y pegatinas forracarpetas de otras generaciones) es el
equivalente a consumir literatura de verdad (guiño, guiño) no voy a hacerme el
sorprendido por la apatía total y absoluta que desprende este título, penúltima
entrega de una saga que no debió pasar de la primera.

Con
una distopía en la que la metáfora politicosocial implícita (el poder corrompe)
se repite hasta en dos ocasiones en la misma película (y eso que se supone que
solo adapta la mitad de la novela), no hay espacio para la sorpresa en esta
sucesión de clichés tan mal dirigida como interpretada. Si en Los Juegos del
Hambre se jugaba a que el personaje encarnado por Julianne Moore terminaba
siendo tan dañino como el villano que era Donald Sutherland, en esta ocasión es
Naomi Watts quien tras derrocar a Kate Winsley termina alzándose con el papel
de villana para que luego pase a manos de Jeff Daniels. Y ojo, no estoy
soltando ningún spoiler. No solo salta a la legua desde el primer minuto que
entra en escena (y por si no somos muy perspicaces el guaperas de la función,
Cuatro, se asegura de recordarlo constantemente) sino que incluso se puede ver
en el propio tráiler.

Resulta
curioso además, como la supuesta necesidad de partir en dos la novela para
poder adaptarla mejor no consiga que lo poco que se puede rascar de la historia
quede bien explicado. Mientras la protagonista Tris y sus amiguitos campan a
sus anchas al otro lado del muro (empeñados en realizar acciones sin sentido y
poco acordes con sus propios personajes), la historia de la lucha que se
produce en Chicago, aquella que han dejado atrás, entre las fracciones de Naomi
Watts y la de Octavia Spencer , es narrada de forma confusa y apática, mientras
que los esfuerzos por infantilizar tanto la cosa impiden que se vea la más
mínima gota de sangre incluso tras un disparo en la nuca a bocajarro, lo que
resta el pretendido dramatismo de las muertes.

Y
es que si algo demuestra el anodino papel de Tris en este tercer capítulo de la
saga es su total falta de carisma y personalidad, limitándose a ser una
marioneta que se aleja sin pretenderlo del papel de líder al que debía
someterse la Katniss de Los Juegos delHambre.
Quizá
la única virtud de la película sea el esfuerzo por disimular que se trata de
una mitad de película y darle una entidad más episódica que la saga inspirada
en las novelas de Suzanne Collins o el desenlace de la franquicia de Harry Potter no supieron hacer. Pequeño
mérito ante tan enorme despropósito plano y sin garra suficiente para llegar al
menos a entretener.
Valoración:
tres sobre diez.
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