El
guionista Jason Hall parece algo obsesionado con los traumas de los
excombatientes de guerra al regresar a casa, y tras plasmar en papel la
edulcorada historia de ese racista psicótico que protagonizaba El Francotirador, de Clint Eastwood,
reincide en el tema para su debut como director.

Hall
parece querer hacer su versión actualizada de El regreso, de Hal Ashby, pero solo consigue componer unas
historias deshilachadas y de escaso interés (quizá en otras manos escenas como
la del banco podría haber tenido un trasfondo dramático más impactante) en las
que apenas logra ahondar lo suficiente como para que nos interesen de verdad
sus protagonistas. O bien no es capaz de mostrar de manera correcta la caída a
los infiernos de los personajes o quizá le falta tiempo para desarrollar tres
historias a la vez (cinco si contamos con la de los dos personajes que no
llegan a regresar). Mejores cosas se han visto en televisión, como en la serie Homeland o incluso en una de las subtramas
de The Punisher, o en la
incomprendida película de Ang Lee Billy Lynn.
O
quizá el problema es que sea una película demasiado americana dirigida
especialmente a un publico americano, y que no logra traspasar las fronteras de
la empatía y la comprensión.
No
es, al menos, un panfleto manipulador como aquel El Francotirador (por lo menos aquí, en una escena en la que se requiere a un bebé, no se ha usado una muñeca), por lo que permite que su visionado sea correcto,
sin que debamos exigirle nada más que las consabidas hora y media de personajes
quejándose por lo mal que lo han pasado y las pesadillas que se han traído
después de luchar en nombre de un país que no parece dispuesto a recompensarlos
por ello.
Valoración:
Cinco sobre diez.
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