Llegó
la gran noche del cine español. Una noche especialmente interesante dado la
calidad de las películas de este año y el pronóstico incierto que todos
teníamos a priori, con la esperanza de que la actuación de Dani Rovira
(protagonista del éxito del año y nominado a mejor actor debutante) como
presentador esté a la altura de las circunstancias, después de los tristes
antecedentes de años anteriores. Y eso que el anuncio previo de la gala, pese a
las estrellas participantes, era bastante desastroso.

Con
pulcra puntualidad empieza la gala con un interesante montaje visual acompañado
por las voces de Ana Belén, Eduardo Noriega, Lolita, Miguel Poveda, Hugo Silva,
Fran Perea y el propio Dani Rovira. Se trata de un recorrido por la
cinematografía española muy bien enlazado y, aunque se insiste en convertir a
actores en cantantes no parece que se vaya a caer en el ridículo del año
pasado.
Me
decepciona que Dani Rovira arranque la gala con un alegato reivindicativo
dejando de lado el humor, y cuando por fin se lanza lo encuentro flojo y
engarrotado. Con lo que yo admiro a Rovira en su faceta como monologuista le
falta garra y mala leche en una presentación básicamente de peloteo y
alabanzas. Sólo el falso discurso de agradecimiento se salva de la quema.
Irregular
las nominaciones a la mejor película europea, por lo que el premio para la
polaca Ida estaba más que cantado. El primer bloque de premios se salda con un
balance bastante favorable para La Isla
Mínima, que se queda con sus cuatro primeras estatuillas (vestuario, montaje,
dirección artística y la actriz revelación personificada en Nerea Barros). Sólo
Musarañas interrumpe la racha
llevándose el maquillaje y peluquería).
El
primer descanso en las entregas sirve para un breve número de claqué que sólo
sirve para hacer algo de autocrítica y burlarse del espectáculo musical de la
gala anterior.
Tras
los premios al mejor sonido (primer premio para El Niño) y el merecido y obvio premio para la dirección de fotografía
para La Isla Mínima (ya lleva cinco)
entra en escena el presidente de la academia, González Macho, con un discurso
que se puede resumir como más de lo mismo. Por un lado, la razón que pueda
tener en sus quejas no deja de reflejar el eterno complejo de llorón, mientras
que el éxito de este año en taquilla del cine español tampoco debe cegarnos e
impedirnos ver una realidad no tan bonita como puede parecernos.
Discursos
demagógicos aparte, continúa la ceremonia con la entrega a los premios al mejor
corto, con discursos largos y que, seamos realistas, a casi nadie en la sala le
interesaban. Y, curiosamente, los autores de cortos son los que hacen los
agradecimientos más largos.

A
continuación, un espectacular y brillante video muestra un completo recorrido
por la extensa filmografía de Antonio Banderas, que pone a todo el público en
pie al recoger el premio honorífico de manos de su amigo y mentor Pedro
Almodóvar. Parece que la polémica que algunos quisieron crear al conocerse este
premio queda ya en el olvido. Divertido y reflexivo su agradecimiento. Puede
que algo largo, pero un Goya honorifico no se gana todos los días y Antonio
Banderas es el actor más grande que ha dado nuestro país y se le puede permitir
todo.

Y
llegados a este punto se introduce una novedad en la gala de este año, un video
con trailers de las futuras películas españolas. ¿Publicidad impuesta? A estas
alturas de la noche se hace un poco pesado, como la actuación (se supone que
humorística-musical) de Álex Odogherti. Parece que el humor que esta noche han
destinada a la gala no es de mi estilo, pues me siento completamente
desubicado. Y la aparición de Langui y sus aspiraciones artísticas no me ayudan
lo más mínimo.
Pero
lo que aquí importa de verdad es la pugna entre La Isla Mínima y El Niño,
y en la siguiente tangada la película de Daniel Monzón intenta recortar terreno
gracias a los efectos especiales, el diseño de producción y a la mejor canción
(Niño sin miedo, con la voz de India
Martínez, que ya podría haber cantado en lugar de hacernos tragar la tontada de
Odogherti) mientras que el policiaco de Alberto Rodríguez se lleva la banda
sonora y el guion original.

Es
el momento del tradicional video con los fallecidos durante el año (apenas hay
tiempo para aplaudir la aparición de Amparo Baró y Paco de Lucía) cuando el
respetable descubre que se está llegando a la una de la mañana y aún queda todo
lo importante. Definitivamente, los horarios no van a cumplirse, y por más que
suponga un alivio el cambio de día de domingo a sábado no es excusa suficiente
para alargar hasta el agotamiento una gala que en su arranque parecía avanzar
con agilidad y que en algún momento perdió el control de su ritmo.
.jpg)
Más
autopublicidad del cine que viene, más actuaciones musicales (Miguel Poveda de
nuevo) que eternizan la noche (¡que alguien me pegue un tiro, por Dios!) y por
fin el cuadro de honor: Javier Gutiérrez, merecido ganador a la interpretación
masculina; el premio para Bárbara Lennie como actriz hace que me reconcilie un
poco con la academia; Alberto Rodríghuez se lleva (a estas alturas ya no hay
espacio para las sorpresas) el mejor director y la película… ¿la adivinan?...
pues sí, La Isla Mínima, Goya entregado por una aplaudida Penélope Cruz.

Otra
cosa sería hablar de la gala. No voy a decir que haya sido peor que la del año
pasado, pero sí más decepcionante. Han sido tres horas y medias que perdió su
emoción cuando antes de su ecuador ya reveló sus cartas triunfadoras y en las
hemos aguatado estoicamente, al pie del cañón y twitter en mano. Mucho se
esperaba de Dani Rovira, pero ni ha sabido transmitir el arte de sus monólogos
ni el público ha conectado con su humor más allá de los abrazos peloteros y las
adulaciones excesivas, como si quisiera emular a la gran Ellen Degeneres de los
pasados Oscars. Al final ha resultado menos reivindicativa de lo acostumbrado,
pero también menos divertida, menos ligera y menos entretenida.
Otra
vez será…
No hay comentarios:
Publicar un comentario