Creada
para el formato televisivo con más de un centenar de cortometrajes en su haber,
La oveja Shaun es la nueva incursión
en cine de la compañía Aardman, aquella que ya nos deslumbró con Rebelión en la granja y Wallace & Gromit, y que continúa
apostando por el laborioso trabajo del stop-motion con figuras de plastilina
como base para la animación.

Bajo
estos varemos, la película, que sortea sin problemas la (a priori) dificultad
de conseguir atrapar sin necesidad de diálogos, es una sucesión de gags tan
afortunados como simples que con seguirá hacer las delicias del público
infantil sin menospreciar por ello a los adultos que se acerquen a ella con
curiosidad.
Poco
más se podría decir de entrada para analizar una muy correcta y divertida
fábula (sin ser por ello la mejor pieza de los chicos de Aardman) si no fuese
por la insistencia en otros medios de definirla como una obra de extrema
inteligencia destinada más al público adulto que al infantil. Y a partir de
ello quiero hacer una pequeña reflexión sobre el tema.
¡Basta
ya de disfrazar las películas para niños de obras maduras y reflexivas o de
pretender que sean los mayores el público objetivo de las mismas! La oveja Shaun es una película para
niños, y quien diga lo contrario, simplemente, miente.

Así que dejémonos ya de milongas y de hablar de películas de dibujos que son
más para mayores que para niños (que las hay, pero esa ya es otra liga, como
los anime tipo Akira o El despertar de los titanes) que son en
realidad una excusa para justificar (como si hiciese falta hacerlo) que un
mayor pueda pasarlo bien con determinados títulos.
La oveja Shaun es, en fin, una película decididamente infantil. Que
puede gustar a todo tipo de público, perfecto, pero cuyo objetivo es provocar
las carcajadas de los más pequeños con el loable propósito de no tratarlos como
si por ser de poca edad fuesen también de escasa inteligencia.
La oveja Shaun es tronchante, dinámica, imaginativa y visualmente
espectacular, pero no llega a ser una joya de la animación con aspiraciones a
convertirse en un clásico inmortal porque, para empezar, ni siquiera lo busca.
Animación
de calidad y bien hecha. No tiene más. Tampoco menos. Y si un adulto tiene
tentaciones de verla, que lo haga. No es necesario justificarse por ello. Ni
mucho menos avergonzarse.
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