Malas Madres es la nueva película del dúo formado por Jon Lucas y
Scott Moore, que debutaron con la insuficiente Noche de marcha pero que serán siempre recordador por haber escrito
aquella gamberrada tan aplaudida que fue Resacón en Las Vegas, aunque en honor a la verdad no han vuelto a hacer nada
memorable desde entonces.

Desconozco
que le está pasando a la comedia actual que, pese a regar sus guiones con
chistes obscenos y escatológicos, terminan resultando más moralistas que un
telefilm de Disney (recuerden el reciente caso de Hermanísimas), como si la mala baba que se gastaban los Reitman,
Landis y compañía y que solo lograron rozar en sus primeros films Judd Apatow o
los hermanos Farrelly se hubiese agotado ya. O quizá es producto de una nueva
corriente de puritanismo y conservadorismo en la sociedad americana. El caso es
que lo que se promete como una gamberrada rompedora y desafiante termina siendo
una comedia blandita y moralizadora, casi panfletaria. Y si no, atentos a las
escenas que acompañan a los títulos de crédito finales.

La
película es divertida, no lo voy a negar, y los personajes logran que empatices
con ellos, mostrando un variado repertorio de filias y fobias (algunos rozando
el tópico más clasicista), pero ese regusto a mensaje buenrollero impide
disfrutar del todo del show, casi como si a uno le obligaran a quedarse a
barrer y limpiar después de la fiesta.
La
vida se ha edulcorado, y aunque aquí encontremos malas madres, malos hijos,
malas esposas, malos maridos y malos profesores, la irreductible unión
fraternal entre las bunas amigas (¿qué importa que nos acabemos de conocer?,
que diría Sabina) podrá con todo.
Comedia
de carcajadas contadas y sonrisa estable, algo más simpática que la media
habitual pero muy poca cosa para ser obra de quien es. Y es que la sombra del Resacón es alargada…
Valoración:
Seis sobre diez.
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