Corría
el año 2009 y la saga Star Trek
(televisiva y cinematográficamente hablando) parecía totalmente agotada y
defenestrada hasta que llegó el nuevo rey Midas de Hollywood J.J.Abrams y se
sacó de la chistera una mezcla entre remake/secuela/reboot que funcionó
estupendamente y ofreció una segunda juventud para las aventuras del Enterprise
y su tripulación por más que los trekkies más radicales echaran pestes de ella.

No
es este el único cambio importante que hay tras los créditos de Star Trek: Más allá, ya que los
guionistas de las dos primeras entregas (Alex Kurtzman y Roberto Orci), fieles
colaboradores de Abrams, dejaron los papeles en manos de Simon Pegg y Doug
Jung. También Carol Marcus, el personaje de Alice Eve en Star Trek: En la oscuridad, desaparece sin comentario alguno.
Por
el resto, todo sigue como siempre, con la tripulación de la Enterprise bien
definida y la personalidad del capitán James T. Kirk evolucionando de película
en película. Atrás han quedado los días de las chiquilladas, y tras los hechos
de En la oscuridad el personaje al
que da vida Chris Pine es ya un mando responsable y formal que incluso parece
cansado ya de las aventuras espaciales y se plantea sentar la cabeza
definitivamente.
Con
la entrada de Pegg en el equipo de guionistas se podría pensar que la cosa iba
a ser mucho más humorística, pero el protagonista de Zombies Party parece saberse muy bien las inquietudes de los
trekkies recuperando a la Enterprise del espíritu aventurero de la que quizá
carecía en las dos películas anteriores y recordando que se trata de una nave
de exploración y no bélica, por más que la guerra termine persiguiéndola a
ella.


En
resumen, que estamos ante un nuevo gran espectáculo visual, una delicia de
película, divertida, emocionante y adrenalítica, algo loca en algunos momentos
(el capitán Kirk haciendo motocrós en un planeta extraño), pero que no consigue
despegar del todo en busca de esta nueva identidad que la diferencia del
trabajo de Abrams, colocándola un pasito por debajo de las dos anteriores
estregas. Incluso el gran Michael Giacchino parece algo más acomodado que en
otras ocasiones.
Película
a la que se le pueden poner objeciones, y bastantes, pero que sigue siendo un
magnifico entretenimiento.
Valoración:
siete de diez.
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