Yo,
Daniel Blake es la nueva película de Ken Loach tras la interesante Jimmy’s Hall y que supone una nueva
colaboración con guionista habitual, Paul Laverty, después de que este se
tomara un respiro para escribir la estupenda El Olivo.

Yo, Daniel Blake es una película amarga en la que Loach reflexiona con
sarcasmo sobre la estupidez de una burocracia compleja y ridícula y la falta
total de empatía de unos trabajadores gubernamentales incapaces de salirse del
camino estipulado y ofrecer soluciones que no sean contempladas por los
formularios y los programas informáticos. Pese al dolor y la desesperación que
rezuma la película no todo está perdido, y Loach y Laverty esparcen pequeñas
pinceladas de optimismo en forma de los diferentes secundarios que van
apareciendo a lo largo de la película y que permiten pensar que no todo está
perdido en esta sociedad consumista y digitalizada en la que vivimos.
Sin
caer en el sentimentalismo barato, Loach consigue conmover a la vez que
indignar con una historia sobre el sufrimiento humano y la fuerza del espíritu,
personificados en la figura de un hombre que, pese a las adversidades, se niega
a perder la escasa dignidad que le queda y aspira a luchar contra el sistema,
por más que las nuevas tecnologías sean una más de las muchas barreras del
camino.
Una
película conmovedora pese a que contiene momentos ligeramente previsibles y no
llega a sorprender en ningún momento, quizá porque estamos ya demasiado
acostumbrados a ver injusticias como las del film a nuestro alrededor. No es
cuestión de revelarnos y alzarnos contra el sistema, pero sí es reconfortante
que alguien alce la voz de vez en cuando, y para eso Loach es único.
Valoración:
Siete sobre diez.
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