No
hay ninguna duda de que la novela de terror está en un momento muy fructífero
en nuestro país. Y si hablamos del género apocalíptico (y más concretamente de
la categoría zombie) la cosa es más que notable. Por ello, resultaba extraño
que el cine hubiese tardado tanto en fijarse en alguno de estos autores que,
educados bajo el manto del cine casposo de Romero y sus imitadores, beben los
vientos por muertos vivientes que caminan por un planeta desolado sin más
objetivo que hacerse una estupenda merienda a nuestra costa.

Dice
Miguel Ángel Vivas, director y coguionista de la película, que el cambio de
localidad es, precisamente, para evitar las influencias que el escritor haya
podido tener de Stephen King, el autor por antonomasia de Maine, pero eso no
evita que la película contenga un enorme guiño (me parecería lamentable que
hubiese sido involuntario) con un “falso final” que parece calcado al de una de
las películas que Frank Darabont ha adaptado basándose en un título del señor
King.
Con
algo de producción húngara, francesa y americana, la película –que viene apadrinada
por Jaume Collet Serra- ha sido filmada en inglés con un breve pero interesante
reparto internacional, encabezado por el “perdido” Matthew Fox, un secundario
de lujo como Jeffrey Donovan, la niña Quinn McColgan y la aportación patria de
Clara Lago.
Con
un estilo intimista y pausado, Extinción
quiere hablar más sobre las relaciones personales en momentos desesperados que
de simple terror, por lo que la historia que nos presenta es la de un padre y
una hija que malviven en un pueblo congelado sin tener contacto alguno (amistoso,
al menos) con su vecino (y aparentemente único superviviente en todo el
planeta) cuyos secretos del pasado han condenado a una enemistad eterna.

A
cambio, Vives consigue una atmosfera perturbadora, con escenas heladas
bellamente filmadas y una caracterización zombie ciertamente interesante,
logrando un producto que si bien no aporta nada novedoso al género si resulta
un entretenimiento digno y sobrecogedor.
Extinción
n o va a pasar a la historia de nuestro cine, como no lo hicieron otras
historias postapocalípticas como Fin
o Los últimos días, pero demuestran
que hay vida (o mejor dicho, muerte) más allá de Balagueró y Plaza y que la
epidemia zombie no ha hecho más que empezar.
Había
historias zombies gore, historias zombies cómicas y ahora, también, historias
zombies reflexivas.
Un
buen aperitivo en espera de la aplaudida Maggie
con Schwarzenegger.
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