Tras
la algo fallida Amador, Un día perfecto es la nueva película
como director de Fernando León de Aranoa, célebre autor de títulos como Barrio, Princesas o, sobre todo, Los
lunes al sol, después de sus interesantes incursiones en el mundo del
documental.

Pese
al final de la contienda, el lugar está devastado por la guerra y los peligros
siguen a la orden del día, así que un asunto tan (aparentemente) trivial como
un cadáver arrojado en un pozo de agua es la excusa perfecta para seguir el
deambular de cinco cooperantes que se enfrentarán a la situación en perspectiva
a sus propios conflictos emocionales.
El
principal mérito de León de Aranoa es saber hacer un retrato de guerra desde un
punto de vista pacifista y humanitario, dejando claro el horror de la situación
sin necesidad de mostrar una sola escena de violencia, y permitiéndose incluso
endulzar la trama con pinceladas de humor negro que dan el necesario toque de cotidianidad
a la historia, humanizando de paso a sus personajes. Es este humor, sin
embargo, un peligroso juego que se mantiene en equilibrio inestable durante
todo el metraje, resultando a la postre tanto lo mejor como lo peor del film. Y
es que, si bien hay momentos que las chanzas y los diálogos a veces absurdos
entre sus protagonistas ayudan a digerir mejor la situación de un país condenado
a miseria y hambre, hay otros momentos en que los chistes no terminan de
funcionar, invitando a tomar demasiada distancia con el drama e incitando a
verlo todo a demasiada distancia.
Claro
que también puede ser que el doblaje al español no sea especialmente acertado,
recordando por momentos a una comedia francesa de esas que se doblan con el
piloto automático puesto más que a un film con un elenco notable de
intérpretes, encabezado por Tim Robbins, Benicio del Toro y Olga Kurylenko a los
que acompañan Mélanie Thierry y Fedja Štukan,
con Sergi López en una breve aparición dejando la semillita patria.
Como
sea, Un día perfecto busca emocionar
sin caer en el sentimentalismo fácil, y aunque no lo logre por completo sí
consigue reflejar la crudeza de un conflicto desde un punto de vista algo
inusual, el de los cooperantes, que sin ser militares ni llevar armas en su
equipo son los verdaderos héroes de la historia.
O
lo intentan, al menos.
Destaca
también una cuidada banda sonora que, poniendo banda sonora a las
impresionantes panorámicas en las escenas de carretera, cumple el mismo
objetivo que el humor de los diálogos: aliviar la tensión dramática au8nque con
el riesgo de trivializar demasiado.
Un día perfecto no es una película perfecta. Quizá ni siquiera sea la
mejor película de un director tan personal como es Fernando León de Aranoa,
pero sí es una buen oportunidad para conocer una realidad más allá de lo que
muestran los telediarios sin que el hambre o los asesinatos tengan porqué tener
más importancia, desde un punto de vista personal, que las aristas siempre
delicadas de una relación sentimental a distancia o, más aún, que un simple
balón de fútbol.
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