Ya
he ha hablado mucho de la falta de originalidad que hay en el Hollywood actual.
En algunos casos, como el que nos ocupa hoy, la cosa es mucho más curiosa, pues
Criminal no solo tiene el mismo
planteamiento que una película muy reciente como Eternal sino que es capaz de traerse aquí incluso a su actor protagonista
para repetir la jugada aunque cambiando de bando.

Afortunadamente,
en manos de Douglas Cook y David Weisberg, autores del guion de La Roca (posiblemente la mejor película
hasta la fecha de Michael Bay), la película desemboca en un frenesí de acción y
emociones que permite que lo absurdo de su planteamiento se diluya en más de
dos horas de puro entretenimiento.

Pese
a todo, quizá sea Costner el único que verdaderamente destaca interpretativamente,
dando lo mejor de sí mismo consciente de que cada fracaso en taquilla es una
oportunidad perdida para él. También es su personaje el que mejor evoluciona a
lo largo del film lo que le permite mayor variedad de registros, cosa que el
actor sabe agradecer sosteniendo por si solo la película.
Todo
es muy enrevesado, muy cogido por los pelos, pero estamos ante una de esas
películas que es conveniente no analizar mucho y dejarse llevar por su ritmo y
sus persecuciones, tiroteos y sus momentitos de emotividad, que también los
tiene. Y todo ello con una cámara muy limpia y luminosa. Es decir, todo de lo
que carece una película a priori mucho más seria e interesante como se suponía
que era la simplona Jason Bourne.
Criminal no inventa nada nuevo, ni tampoco lo pretende. Ni
siquiera prueba a sacar partido a las decisiones médicas moralmente discutibles
en las que se basa. Es un producto de lucimiento para la acción y poco más. Y
con ello debería bastar.
Valoración:
siete sobre diez.
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