Soy
consciente de que todos los trabajadores del mundo hacen sus tareas a cambio de
un jornal y que, como tal, cualquier trabajo es tan digno como el que más.
Pero, ¿en serio necesita Kevin Spacey hacer películas como esta?

No
pasaría la cosa de ser una variante de los típicos telefilmes Disney con mensaje
moralista de fondo si no fuese por los nombres de prestigio que esconde detrás.
Junto al mencionado Spacey están también Jennifer Garner, Christopher Walken y
sobretodo, y quizá sea lo más decepcionante, Barry Sonnenfeld tras las cámaras,
aquel director que empezó su carrera con la brillantez y el derroche visual de La familia Adams y los Hombres de Negro y que se ha perdido gas
como una gaseosa mal tapada.
Empieza
la película con un muestrario de videos graciosos de gatos sacado de internet y
al final eso mismo resulta ser la película, un video de cien minutos de un gato
haciendo monerías al que, por lo menos, han metido una subtrama en forma de
conflicto empresarial que por lo menos da un mínimo interés a aquellos que han
superado la barrera de los diez años.
Con
una serie de tics bastante previsibles (el padre que dedica más tiempo al
trabajo que a la familia,la incomunicación matrimonial, el hijo que quiere
demostrar su valía fuera de la sombra familiar…) lo mejor que se puede decir de
la película es que por lo menos, no aburre. Es todo una tontería enorme,
monumental, plana y totalmente falta de identidad, pero contiene algunos
chistes que funcionan, al gatito está bastante bien hecho y los peques se lo
pasarán en grande.
Los
grandes echamos en falta que, por lo menos, los diálogos en boca de Kevin
Spacey sean un poco más ingeniosos.
Valoración:
Cuatro sobre diez.
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