sábado, 23 de noviembre de 2019

SECRETOS DE ESTADO

En 2015, el director Gavin Hood demostró que después de haberse hecho cargo de películas tan fallidas como X-Men Orígenes: Lobezno o El juego de Ender, era capaz de dar lo mejor de sí mismo si se ponía serio con la talentosa Espías desde el cielo. En la misma línea se encuentra Secretos de estado, donde vuelve a centrarse en la intriga política en lugar de desarrollar su faceta más palomitera para relatar la historia real de Katharine Gun, una traductora británica que trabajó para la Oficina Central de Comunicaciones del Gobierno donde tuvo acceso a un memorando sobre un espionaje ilegal orquestado por los gobiernos de Estados unidos y Gran Bretaña con el fin de conseguir apoyos para orquestar la guerra de Irak y decide filtrarlo la prensa.
Sin entrar en hacer demasiadas valoraciones morales (uno podría debatir sobre si es lícito traicionar a su país -incumpliendo un contrato que ella firmó voluntariamente- por subsanar su propia conciencia), Hood opta por hacer un relato bastante sobrio, limitándose a plasmar una realidad (ya se sabe que en esto de las historias reales nunca se es completamente objetivo) para que cada uno se quede con su versión. Para ello, divide la narrativa en dos subtramas que confluyen entre ellas, la del juicio por traición a la que someten a Katherine y la que corresponde a la investigación periodística. Es quizá esta segunda propuesta la que resulta más estimulante, recordando en ciertos momentos a films como Spotlight Los archivos del Pentágono, reflejos de una época en la que el periodismo era serio y comprometido.
Para la realización de la película, Hood se ha rodeado de un gran reparto, encabezado por la siempre solvente Keira Knightley a la que rodean bien nombres tan importantes como Matthew Goode, Ralph Fiennes, Matt Smith o Rhys Ifans entre otros.
Con todo, la película no es del todo redonda, quedando algo por debajo de la mencionada Espías desde el cielo, quizá porque está historia se dilata más en el tiempo (era increíble la tensión que la otra transmitía sin salir apenas de una habitación), lo que provoca un ritmo más irregular que en ocasiones decae ligeramente.
Con todo, no deja de ser una propuesta interesante aparte de una denuncia sobre como los gobiernos manipulan a su antojo, quedando generalmente inmunes por ello.

Valoración: Seis sobre diez.

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